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¡Contra
la “guerra global” imperialista, guerra popular hasta el comunismo!
Partito Comunista maoista – Italia
(Partido Comunista Maoísta – Italia) - 8 de octubre de 2001
El imperialismo yanqui, gendarme del mundo y enemigo
#1 de los oprimidos del mundo, ha recibido un golpe en el corazón
simbólico de su poderío económico y militar y de su estilo de vida.
El mito de
su poder absoluto e invencibilidad, el mito de sus órganos de espionaje,
antisubversivos y represivos —la CIA y el FBI— ha sufrido un golpe
sin precedente en la historia reciente del imperio.
Dejando de
lado las declaraciones oficiales de gobiernos, regímenes, representantes
de movimientos y organizaciones oficiales en los países oprimidos
y aparte de la simpatía por las muchas víctimas inocentes e indefensas
en el World Trade Center, es obvio que en todo el mundo los oprimidos
han expresado su alegría de que por fin, la bestia ha sufrido una
herida, tras haber pasado la vida viendo incontables víctimas de
guerras, represión y opresión producto de décadas de acciones yanquis,
directas e indirectas: desde Palestina y América Latina hasta Asia
y África, millones de niños muertos por bombas y sanciones en Irak,
en los Balcanes, en el Medio Oriente, sin mencionar a quienes mueren
de inanición, enfermedad y opresión dondequiera que dominen los
imperialistas yanquis y occidentales.
Nosotros,
como comunistas marxista-leninista-maoístas, como proletarios de
vanguardia, compartimos los sentimientos de los oprimidos. Nunca
dudaremos jamás acerca de qué lado estar y proclamamos firmemente:
“¡Abajo el imperialismo yanqui!” “¡Cosecha lo que siembra!”.
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La bestia
yanqui se declara, de una manera horripilante, chovinista, xenofóbica
y racista, la cuna de la civilización y democracia; proclama que
sus símbolos y ciudades son intocables, casi sagrados. Para remachar
su dominio, con cinismo trafica con el pesar e indignación de la
población estadounidense por las víctimas con el propósito de desatar
mediante el bombardeo de Afganistán y su guerra global contra el
llamado “terrorismo”, una guerra y cruzada contra todos los pueblos
oprimidos, contra todos aquéllos quienes luchan por la liberación
y contra todos los países que no se alinean con ellos. Por medio
de su armamento y violencia, apuntan a imponer su dominio de hierro
al servicio de la ganancia y de los amos de las finanzas e industria,
los barones del petróleo y los señores de la guerra. Todos los Estados
imperialistas, sean de derecha o “izquierda”, se han unido a esta
cruzada fascista, belicista e imperialista.
Los Estados
Unidos siempre ha librado guerras de baja intensidad y hoy quiere
hacerlo de manera sin precedente y hacer que se le reconozca como
la defensa legítima de la “civilización occidental”.
Los hombres
quienes bombardearon a Hiroshima y Nagasaki, quienes desataron guerras
contra Vietnam, Irak y Yugoslavia y masacraron a millones de personas,
quienes asesinaron a 500.000 comunistas en Indonesia, quienes orquestaron
golpes de Estado como el de Chile, quienes formaron escuadrones
de la muerte en Guatemala y otro países, quienes han colocado bombas
hechas en la CIA en las ciudades de sus propios aliados a fin de
apuntalar gobiernos proyanquis, quienes han respaldado, armado y
financiado repetidas matanzas de palestinos por los sionistas israelíes,
ahora más que nunca quieren seguir en el mismo plan. A nombre del
combate al “terrorismo”, quieren imponer el TERROR IMPERIALISTA.
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Los autores
de los ataques del 11 de septiembre, sean los Osama Bin Laden u
otras personas, son una expresión de los señores feudales engendrados,
nutridos, financiados y armados con tareas anticomunistas y antiprogresistas
por los mismos imperialistas que dicen combatir. En ausencia o por
la debilidad de los auténticos partidos comunistas y frentes unidos
antiimperialistas dirigidos por el proletariado, estas fuerzas trafican
con la rebelión del pueblo, en particular en los países árabe-musulmanes.
Representan sectores de las clases dominantes compradoras que ya
se alimentan de la explotación del pueblo y venden a precio de remate
los recursos y, donde están en el Poder, imponen regímenes reaccionarios
y oscurantistas como los de Afganistán, Irán y los países árabe-musulmanes
en general. Donde estas fuerzas están en el Poder, oprimen a las
masas y el poder económico está en manos de los imperialistas. La
forma de lucha que utilizan, en este caso inclusive, si bien generaría
devastación, nunca contribuirá a fortalecer la guerra de liberación
del pueblo ni la unidad entre los oprimidos y los proletarios y
los explotados, es decir, la única arma global ganadora contra imperialismo.
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Todos los
países imperialistas occidentales, así como Japón, Rusia y China,
han declarado su aceptación de esta guerra, pero debajo de esa unanimidad
ruge una encarnizada rivalidad por intereses económicos, geoestratégicos,
comerciales y financieros, por el control de materias primas, petróleo,
etc. Esos intereses, a mediano y largo plazo, no se sacrificarán
a los Estados Unidos. Los imperialistas se unen en la misma cruzada
contra los pueblos del mundo, si bien con profundas divisiones entre
sí, lo que socava en lo estratégico su “potencia de fuego”. Además,
los costos y consecuencias internos de esta guerra global podrían
y llegarán a ser más explosivos para los países imperialistas.
La Guerra
Santa del Sr. Bush es agresión imperialista global que en apariencia
va contra el “terrorismo islámico” y los “Estados canallas”, pero
en los hechos va contra las guerras populares, luchas armadas antiimperialistas,
rebeliones de los pueblos árabes, palestino y musulmanes quienes
todavía no cuentan con la dirección roja, proletaria que los dirija
hacia la victoria, y los gobiernos que no se alineen con el dominio
imperialista. Lanzan una guerra global para asfixiar las aspiraciones
de los pueblos y países oprimidos.
***
En los países
imperialistas occidentales, la Guerra Santa impone un Estado de
guerra, un Estado policial, fascista y nazi moderno basado en la
defensa racial de los valores y estilo de vida levantado a costa
del hambre de la mayoría de los pueblos del mundo. Necesitan un
Estado policial para hacer la guerra contra los movimientos de masas
antiglobalización en que —desde Seattle hasta Génova— la juventud
entra a la lucha, desafiando los intereses de los amos del mundo,
de los señores de la guerra y sus valores y estilo de vida, la “civilización”
a que rinden culto Bush y Berlusconi. Necesitan un Estado de guerra
para hacer la guerra contra los proletarios y oprimidos en las ciudadelas
metropolitanas, contra los afroamericanos e inmigrantes latinos,
turcos, árabes, asiáticos y africanos quienes, por medio de rebeliones
y resistencia —desde los Estados Unidos y el Reino Unido hasta Francia,
etc.— luchan contra la explotación, discriminación, racismo y esclavitud.
Desde luego,
los imperialistas cuentan con el apoyo de los medios de comunicación
y pueden sacar provecho del “efecto 11 de septiembre”, ¿pero hasta
qué punto?
Mientras que
defienden la “seguridad”, “libertad” y “civilización”, lanzan crisis,
recesiones y gastos militares contra los proletarios y pobres quienes
ya conforman una gran parte de la población de los países imperialistas,
ocultos por los muchos WTC, y al mismo tiempo recortan y eliminan
libertades democráticas y derechos individuales y colectivos, desatando
más barbarie contra las masas.
***
Las masas
pueden responder a esta Guerra Santa únicamente acelerando la lucha
por defender la vida y las aspiraciones de autodeterminación nacional
y social. Los regímenes reaccionarios y títeres serán los primeros
en pagar, lo que confirma la contradicción principal en el mundo
de hoy: la existente entre el imperialismo y los pueblos oprimidos
y en ese sentido, el viento de la revolución es la tendencia principal.
El imperialismo es un tigre de papel, un coloso con pies de barro.
Los sucesos del 11 de septiembre confirmaron esta verdad, si bien
de forma perversa, y las luchas del pueblo deben pasar a primer
plano para manifestarla, tanto en los países que ya están en “el
ojo del huracán” como los que le entrarán pronto.
Contra la
guerra global imperialista, debemos responder impulsando guerras
populares, de acuerdo a las particularidades y formas para los diversos
países, imperialistas u oprimidos, hasta la victoria de los proletarios
y las masas y la realización de un mundo libre de imperialismo y
guerra: el comunismo.
¡Contra la agresión imperialista en Afganistán,
apoyemos la lucha de liberación de las masas de Afganistán!
¡No a la cruzada “antiterrorismo”!
¡No al Estado de guerra y policial!
¡Imperialismo es agresión, guerra,
represión y opresión contra el pueblo!
¡Proletarios y pueblos oprimidos,
uníos por la guerra popular hasta el comunismo!
(Traducción de Un Mundo Que Ganar)
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