UN MUNDO QUE GANAR


La esperanza en el Medio Oriente:

La justa lucha del pueblo palestino, no el proceso de paz

Buró de Información del Movimiento Revolucionario Internacionalista

10 de febrero de 2002

El pueblo palestino, si bien sólo unos cuantos millones, sigue forjando un hito de la historia universal: batalla indoblegablemente contra las tropas de asalto de la avanzada mesooriental del imperialismo yanqui, Israel. Hace más de un año, el verdugo israelí Ariel Sharon llevó a mil soldados y policías armados a la mezquita Al‑Aqsa, importante símbolo de la religión musulmana en Jerusalén oriental, ciudad considerada la capital histórica de Palestina por los palestinos y los árabes. Con su violación de este lugar importante, Israel buscaba humillar al pueblo palestino e imponer su supremacía incondicional.

           El pueblo palestino respondió con una segunda Intifada. La región jamás conocerá la paz hasta que haya justicia.

           Durante más de 50 años, el gobierno israelí, respaldado y armado por los imperialistas más poderosos del mundo, ha llevado a cabo repetidas agresiones militares y desatado su superioridad militar en la región. Ha atacado y vencido a los vecinos regímenes árabes en guerras de agresión (1956, 1967 y 1973) y anexó a más territorio palestino a fin de reforzar un cinturón de seguridad alrededor del territorio que ocupó en 1948 para crear a Israel. Los partidos Laborista y Likud colonizaron los territorios ocupados, a pesar de la condena unánime de la comunidad internacional, incluso resoluciones de la ONU. Apresaron a decenas de miles de palestinos; torturaron a miles a pesar de la condena de los grupos de derechos humanos internacionales; azuzaron a escuadrones de la muerte para asesinar a los opositores; bombardearon las instalaciones de la Autoridad Palestina con cazas F‑16; mediante la destrucción de miles de casas, dejaron a 40.000 palestinos sin techo. Con su enorme arsenal de armas nucleares, biológicas y químicas y el apoyo del imperialismo yanqui, amenazan a cualquiera que los desafíe en la región.

           Es un Estado colono que se ha valido de todo para someter a sus oponentes. No obstante, no conocerá la paz. Tras 50 años de sangre, terror y muerte, los esbirros sionistas del imperialismo yanqui no han logrado aplastar la oposición a su ocupación. Esta situación confirma poderosamente la verdad de Mao Tsetung de que dondequiera que haya opresión, habrá resistencia.

           Por tanto, hacía diez años, los cabecillas imperialistas estadounidenses, George Bush y Bill Clinton, presionaron por un proceso de paz en el Medio Oriente, supuestamente para imponer un relevo de la guardia semejante a lo ocurrido en Sudáfrica. Se emprendió un "proceso" que le prometía al pueblo palestino poner fin a la opresión y degradación. Se acordó la paz en Oslo, se firmó en la Casa Blanca entre Arafat y Rabín, se ratificó en siete reuniones, se registró en innumerables documentos y se anunció ante el mundo entero.

           Todo fue una trampa. Ahora, es obvio que la palabrería almibarada de los imperialistas era una trampa elegante para hacer que Arafat y los compradores palestinos, y sus secuaces, hicieran el trabajo sucio de aplastar a las masas palestinas. La Autoridad Palestina de Arafat ni siquiera tiene el control del agua en los territorios ocupados. Israel les permite tener apenas suficientes armas para reprimir la oposición a la ocupación, y nada para desafiarla. El supuesto descubrimiento de un solo barco de armas destinado a Palestina que ni siquiera equivale a las armas que importa Israel a diario, suscitó aullidos de los medios de comunicación del imperialismo.

           Hace un año, impacientes ante la incapacidad de Arafat de refrenar la resistencia del pueblo palestino, los gobiernos estadounidense e israelí colocaron en el Poder a Ariel Sharon, el carnicero de Beirut quien presidió la matanza de cientos de civiles palestinos en los campamentos de refugiados de Sabra y Chatila en El Líbano en 1982. Las tropas de Sharon han invadido mucho del territorio supuestamente gobernado por la Autoridad Palestina, lo que pone al desnudo que desde el principio la "Autoridad" estaba desprovista de lo que el líder revolucionario ruso, Lenin, identificó como el eje del poder estatal: las fuerzas armadas.

           El proceso de paz despegó en cierta coyuntura de la política mundial: el imperio socialimperialista soviético se había derrumbado, hundiendo a gran cantidad de sus títeres y Estados clientelares. Las reaccionarias fuerzas compradoras que habían confiado en el llamado Gran Hermano soviético, comenzaron a temblar de miedo ante el poderío del imperialismo yanqui. Arafat e importantes sectores de la élite palestina concluyeron que no había alternativa salvo aceptar la carnada de las negociaciones. Por ende, trocaron la revolución palestina por un plato de promesas y las minúsculas migajas de poder que los imperialistas les echaron. Hoy, Arafat y la Autoridad Palestina están prensados entre mayores demandas de los Estados Unidos y sus perros de ataque israelíes, y la inmarcesible demanda de justicia y liberación de las masas palestinas. Entretanto, Hamas, Jihad Islámico y otros fundamentalistas islámicos trafican con la mayor desilusión hacia Arafat a fin de apuntalar su propia alternativa reaccionaria: un régimen teocrático islámico.

           El proceso de paz no ha traído ningún cambio en la vida del pueblo ni se ha acercado a la liberación, cosa que ha suscitado mayor furia y desilusión de las masas palestinas. Esta situación ha llegado a ser un importante punto de viraje de la política mundial. Los imperialistas estadounidenses enfrentan una crisis económica y se valen de los sucesos del 11 de septiembre para ampliar su dominación global y aplastar toda oposición. Dejan de lado la apariencia de intervención honrada en el Medio Oriente, pose adoptada durante el mandato clintoniano, y ahora convocan a su perro de ataque israelí a golpear con mayor fuerza. En las últimas semanas, las fuerzas israelíes han ocupado grandes partes de Cisjordania y la Gaza y se han valido de la red de colonos y puestos militares para detener todo movimiento de los palestinos y amenazar a la Autoridad Palestina. Mientras que Arafat y sus secuaces cosechan los frutos de la capitulación que sembraron, sin poder complacer ni a los amos imperialistas y sionistas ni a las masas enfurecidas, sus antiguos amigos y amos, los socialdemócratas europeos y los jeques reaccionarios y generales arrogantes de los países árabes, de repente han descubierto que más vale callarse. Es una maldición ser lacayo del imperialismo.

           La lucha de los palestinos se aproxima a una coyuntura. Arafat tiene menos capacidad de contener la resistencia popular a la ocupación israelí. De la Gaza y Cisjordania sale un constante chorro de personas dispuestas a morir en la lucha contra Israel y se perfila un descontento sin precedente de los palestinos dentro de Israel, a los cuales los israelíes llaman con arrogancia los árabes israelíes, dizque para diferenciarlos de sus parientes palestinos. Los israelíes aun han propuesto imponer un aislamiento físico total sobre los habitantes árabes de Jerusalén. El propio proceso de paz se viene a pedazos. No tiene fin la capitulación de Arafat; unas cuantas fuerzas ven en los ataques de los dinosaurios religiosos del Hamas Islámico el camino hacia la liberación. Los sionistas señalan los claros rasgos reaccionarios de sus oponentes islámicos a fin de echar por tierra sus declaraciones de representar una alternativa; no obstante, )es posible encontrar a un contraparte más apropiado de los rasgos odiamujer, oscurantistas de los partidos ultrafundamentalistas judíos al interior del Estado sionista que el propio Hamas?

           La revolución palestina jamás ha padecido una falta de valor. No falta valor sino unos líderes quienes comprenden y creen que sea posible organizar a las masas palestinas en una fuerza de vanguardia capaz de enfrentar y derrotar al aparato militar sionista respaldado por el imperialismo en el campo de batalla y seguir haciéndolo. Los maoístas siempre han tomado partido con el indoblegable pueblo palestino en la lucha por derrotar, con las armas en las manos, a la ocupación sionista y construir una Palestina roja sobre las cenizas del Estado colono, un Estado democrático laico en que toda la población palestina tenga los mismos derechos y ejerce el verdadero poder. Hoy, muchas personas critican tal visión por no viable. No obstante, los argumentos de viabilidad que se han planteado para justificar el proceso de paz imperialista sólo han ocultado la nueva cara de la misma opresión y destierro del pueblo palestino. Marx comentó que los proletarios tienen que pasar por una guerra revolucionaria no sólo para derrocar a las clases explotadoras sino también para adecuarse para el ejercicio del poder. En Palestina, el fuego de la guerra revolucionaria de liberación que derroque al Estado sionista respaldado por los Estados Unidos despejará las cicatrices y los horrores que azotan el alma del pueblo, y lo que parece imposible en el mundo de hoy llegará a ser un poder revolucionario verdadero y faro de los oprimidos del mundo.

           Con los avances del pueblo palestino en estas aguas tormentosas, el Movimiento Revolucionario Internacionalista reafirma su inquebrantable apoyo a su causa justa y llama a todos los revolucionarios y personas progresistas a redoblar sus actividades de apoyo.

           Más información: BCM RIM, 27 Old Gloucester Sreet, Londres WC1N 3XX Reino Unido

[Traducción de Un Mundo Que Ganar.]