¡Oponérsele, resistir y derrotar la agresión
yanqui en Irak!
Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista
noviembre de 2002
Casi nunca se ha anunciado con anticipación,
con tanta fanfarria y premeditación, un crimen. Los imperialistas
yanquis han declarado sus descaradas intenciones de invadir a
Irak, matar o capturar a los líderes del Estado, apoderarse de
los yacimientos de petróleo y ocupar al país con una gran fuerza
militar cuando menos "varios años". Ya han escogido al futuro
gobernador militar de Irak: el general yanqui Tommy Franks. En
su campaña de agresión, los imperialistas yanquis desconocen la
opinión de los pueblos de todo el mundo, e incluso de la mayoría
de sus aliados, quienes se oponen por diversas razones a tal aventura.
Además, han declarado su intención de pasar por alto a la Organización
de las Naciones Unidas o de prácticamente ir al extremo de disolverla
en caso de que ésta no le dé carta blanca para atacar. Y casi
nadie cree en el pretexto para este crimen: de que Irak produce
armas de destrucción masiva.
La guerra que se prepara es un reflejo
de las crecientes tensiones en la situación internacional desde
el 11 del septiembre de 2001 y de la declaración de una "guerra
contra el terrorismo" apuntada a todas las personas, organizaciones
o Estados que el gobierno yanqui considere una amenaza a sus intereses,
a la vez que continúa su terrorismo de ayer, hoy y mañana. Aunque
dicen que tienen en la mira a la reaccionaria camarilla de Saddam
Hussein, en los hechos su meta es subyugar a los pueblos de Irak
y de toda la región. En particular, refleja el conflicto que se
agudiza entre el imperialismo y los pueblos y naciones oprimidos
de Asia, África y América Latina, la principal contradicción en
el mundo de hoy. El imperialismo yanqui, como mandamás y eje del
sistema imperialista mundial, se ve en la necesidad de ser el
policía mundial y lanzar frecuentes intervenciones militares directas
en muchos países. Ha puesto a Irak en la mira de su nueva doctrina
de autoridad absoluta.
La arrogancia de los imperialistas yanquis
y su crimen anunciado ya han generado amplia oposición: en el
Medio Oriente, Europa y los Estados Unidos, centenares de miles
de personas han marchado contra sus planes bélicos. Si desatan
una guerra de agresión, es probable que prenda una tormenta de
resistencia mundial como no se ha visto desde hace años.
Debemos desechar ilusiones, pues el
imperialismo yanqui es un enemigo poderoso y sanguinario que no
abandonará fácilmente sus planes criminales. Las otras potencias
imperialistas les apoyarán con entusiasmo (tal como Inglaterra),
o probablemente les apoyarán mientras patalean y chillan (tal
como Francia). Los Estados anteriormente socialistas, tal como
China, desde hace mucho cambiaron de color y no se opondrán a
los Estados Unidos. Solamente los pueblos del mundo, entre ellos
las masas en los Estados Unidos, podrán prevenir o detener la
agresión contra Irak y en lo fundamental destruir el sistema imperialista
mismo.
Pese al armamento y dinero que tenga
y pese al apoyo o servilismo que reciba de sus aliados y lacayos,
la clase dominante estadounidense tiene una debilidad fundamental
de la cual no puede zafarse: representa a un puñado relativamente
pequeño de personas y sus intereses están en conflicto con aquellos
de la gran mayoría de los pueblos del mundo. El imperialismo yanqui
es como un sicario que blande una navaja en el mercado: puede
intimidar un tiempo a la multitud pacífica, aturdida temporalmente
por su arma y comportamiento, pero una vez que las víctimas se
unan es posible someter al más fuerte matón.
En la historia, se ha probado una y
otra vez que "si bien las armas de destrucción masiva y terror
en manos de los imperialistas son muy reales" son las masas
quienes en verdad son los fuertes. Incluso algunos imperialistas
han advertido a George Bush acerca de los peligros generados por
sus ambiciones desbocadas. No obstante, cegados a causa de su
arrogancia y desprecio a las masas y de su afán de aún mayores
ganancias, los imperialistas no pueden aprender las lecciones
de la historia. Es posible detener su reaccionaria violencia únicamente
mediante la resistencia y en lo fundamental la revolución. Aunque
se ciernen nubarrones de una guerra imperialista, brilla la esperanza
de un futuro diferente: la Guerra Popular en Nepal que alcanza
nuevas alturas en los montes Himalaya, y las guerras populares
y luchas armadas revolucionarias que se libran en el Perú, las
Filipinas, la India, Turquía y otros países, y los poderosos movimientos
de resistencia de las masas que se gestan en las ciudadelas imperialistas.
El Comité del Movimiento Revolucionario
Internacionalista convoca a todas las fuerzas comunistas, revolucionarias
y progresistas a oponérsele, resistir y derrotar la agresión del
imperialismo yanqui contra Irak, y a redoblar la lucha revolucionaria.