UN MUNDO QUE GANAR
  Revolución en Nepal

¡El mundo va a cambiar de base!

Al cierre de esta edición (fines de noviembre), se agudiza aún más la lucha de clases en Nepal. Del 10 al 12 de noviembre de 2002, un bandh nacional (paro general), bajo la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), paralizó la capital de Katmandú y las pocas zonas del país que todavía están en manos de los reaccionarios. A las 22 horas del 13 de noviembre, el Ejército Popular de Liberación (EPL) lanzó ofensivas simultáneas en Kalanga, cuartel general del distrito de Jumla y un retén policíaco en Takukot, distrito de Gorkha.

En Kalanga, durante 7 horas de combates, el EPL mantuvo a mil soldados del Ejército Real de Nepal atrapados en las barracas. Murieron 33 oficiales y soldados enemigos. La prensa capitalina dice que dos helicópteros con aparatos infrarrojos dejaron 55 elementos del EPL muertos.

El distrito de Gorkha (centro del país) está a 95 km de la capital y es la cuna de la monarquía. En el retén policíaco de Takukot, las fuerzas de seguridad fueron derrotadas, con saldo de 26 muertos, en un combate de hora y media.

A fines de noviembre, la prensa capitalina se alarmó ante los avances del EPL en el este del país y advirtió la potencial pérdida del prestigio del gobierno ante la inminente caída de los accesos a Sagarmatha (Everest) en manos de los maoístas.

Los partidos parlamentarios y el palacio real están muy divididos, el Estado se tambalea bajo los golpes del EPL, y el sistema político se sacudió cuando el rey Gyanendra dio un golpe de Estado en octubre y disolvió el parlamento y el gobierno. – Un Mundo Que Ganar

1. INTRODUCCIÓN

Los pobres, pisoteados y despojados de Nepal, que llevan 7 años librando una Guerra Popular para cambiar la situación del país, están izando en la “cima del mundo” la bandera roja de la revolución. Conocido como productor de soldados mercenarios para ejércitos extranjeros, el país ha sido transformado en una cuna de soldados del proletariado internacional. La mujer, esclavizada durante siglos bajo la dominación feudal, se ha levantado y empuñado las armas para tomar el futuro en sus propias manos, en los albores del siglo 21. Antes conocido como paraíso para vacacionistas, se ha convertido en un país de importancia estratégica para los imperialistas, y para las masas revolucionarias del mundo entero.

Con la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)], un valioso destacamento del Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), se ha desarrollado y organizado un ejército de nuevo tipo, llamado Ejército Popular de Liberación, Nepal (EPL). En los combates con el enemigo y en el trabajo de unir y movilizar a las masas, se ha desarrollado al nivel de pelear en brigadas (cientos de soldados). El gobierno reaccionario ha tenido que retirarse de grandes partes del campo donde sólo contaba con fuerzas pequeñas. El poder político rojo, con el que las masas rompen con las milenarias tradiciones, florece en todo el país, y la sociedad entera advierte el avance de la revolución hacia la victoria nacional. Todo esto ocurre en un mundo en que no existe ningún país gobernado por el pueblo.

Por siglos, la vida de las masas de Nepal ha cambiado poco. Las relaciones sociales y económicas del país fueron moldeadas por la dependencia de la India y del occidente. Su población ha constituido una reserva de mano de obra barata para la India, y sus recursos naturales alimentan la economía de ésta. La belleza natural del país lo ha hecho un coto de privilegio de los turistas occidentales, quienes pueden admirar el monte Sagarmatha (Everest) y maravillarse de la vida de un país aparentemente “ajeno” al caos y tumulto de la industria y las relaciones codiciosas típicas de las sociedades capitalistas. Pero este placentero paisaje alberga miseria para las masas, cuyo trabajo enriquece a los terratenientes feudales, a la élite de Katmandú y a sus patrones indios, y cuyos niños se matan trabajando, a menudo como migrantes en los peores trabajos en la India.

El sistema político corresponde a dicha realidad social decadente. Durante siglos los monarcas han gobernado el sistema feudal. Las reformas desde 1950 han hecho cambios superficiales y han dejado intacto el sistema de opresión. Es decir, Nepal necesita una revolución democrática que libere al pueblo y desencadene las fuerza productivas. Tal como Mao Tsetung enseñó, en la época del imperialismo le corresponde al proletariado, representado por su partido comunista de vanguardia, estar al frente de las masas y dirigir la revolución de nueva democracia, barrer los vestigios medievales y la dependencia extranjera y permitir que el país avance hacia el socialismo y el comunismo como parte de la revolución proletaria mundial.

El 13 de febrero de 1996, el PCN (M) se atrevió a iniciar la guerra popular, un toque de clarín de un nuevo futuro, que estalló en una bien planeada ola de ataques que sacudieron al país, pero que fue subestimada por la élite occidentalizada. En los primeros años, pequeñas unidades de guerrilleros se movilizaron y se organizaron en el campo. Armados con armas primitivas y a veces algún rifle moderno arrebatado al enemigo, combatieron en escaramuzas con las fuerzas policíacas y las bandas de matones ligadas a los terratenientes feudales que mantienen al campesinado sometido. Pero el programa de revolución agraria y de transformación social, económica y política se ganó a muchos partidarios y prendió la conciencia de la juventud, las mujeres y los pobres, y cobraba fuerza progresivamente.

En los 7 años desde entonces, la revolución ha hecho grandes avances confrontando y derrotando las sucesivas olas de represión y terror de los matones reaccionarios y las fuerzas policiales militarizadas, y últimamente al Ejército Real de Nepal (ERN).

En la situación actual (otoño de 2002), el gobierno central casi no tiene presencia en gran parte del campo. Las fuerzas armadas del viejo Estado han sufrido derrotas importantes, en la región occidental que es la plaza fuerte de la revolución, y en las regiones central y oriental.

Fuera de la capital de Katmandú, el ERN controla algunas barracas en los cuarteles generales distritales y algunas partes del Terai, un llano fértil colindante con la India. De una población de 23 millones, 10 millones viven en las zonas dominadas por el poder rojo. Las clases dominantes están entre la desesperación y la furia vengativa.

Políticamente, el enemigo está aislado y en crisis. La fuerza de la revolución ha impedido que el gobierno celebre las elecciones programadas para noviembre de 2002. Al cierre de esta edición, el rey Gyanendra ha destituido al primer ministro y ha tomado el Poder en sus manos, y así eliminado las reformas conseguidas por el levantamiento popular de 1990. Aun en las regiones controladas por el enemigo, existe apoyo a la revolución mediante la participación masiva en bandhs (paros generales) y otras formas de lucha.

El futuro de Nepal se está jugando entre los dos cuarteles generales: el gobierno central en la capital de Katmandú, y las zonas rurales unidas alrededor del distrito occidental de Rolpa, la zona revolucionaria principal. Los amos tradicionales de Nepal –los imperialistas y los indios– aumentan su ayuda al gobierno con la esperanza de que éste pueda retomar la iniciativa. Al mismo tiempo, los revolucionarios movilizan a las masas para las pruebas decisivas que vienen. El resultado de estas batallas tendrá un profundo impacto en el país y en el futuro de la revolución en la India y en el mundo.

2. LA SITUACIÓN OBJETIVA

¿UNA VIDA PINTORESCA, O CRUEL OPRESIÓN FEUDAL?

El imperialismo y el feudalismo han mantenido al pueblo en condiciones que parecen medievales en comparación con Europa. Todavía existen las tribus raute y kusunda, que llevan una vida nómada en los bosques y viven de la cacería. La abundancia de agua es una burla, pues las masas tienen que compartir el agua para beber con el ganado en estanques que colectan el agua de la lluvia. En el campo, las mujeres tienen que traer agua de los ríos o manantiales en jarras u ollas, a menudo a más de tres horas de camino, escalando y bajando empinados senderos a pie.

De acuerdo a The Worker [El obrero], órgano del PCN (M), el producto nacional bruto es de 180 dólares por persona, el segundo más bajo en el mundo. Cerca del 70% de la población vive debajo del nivel de pobreza absoluta. El país entero es muy pobre, con una aguda polarización de clases y grandes disparidades. El 10% de la población tiene más del 46.5% del ingreso nacional y el 65% de las tierras de cultivo.

La situación de la mujer es especialmente opresiva. Las hijas están marginadas de la educación, no son herederas de la propiedad familiar y son obligadas a llevar una vida de amas de casa. Algunas se casan antes de los 13 años. La esperanza de vida es de 56 años, pero la de la mujer, que sostiene “la mitad del cielo”, es más baja. Nepal es uno de los pocos países donde la esperanza de vida de la mujer es menor a la del hombre, reflejo del peso del patriarcado. Muchas mujeres mueren en el parto, y muchos niños mueren de desnutrición, cólera y gripe; la tasa de mortalidad infantil es superior a 75 por mil, 10 veces la de países como Japón y Suecia.

Los servicios médicos en el campo son casi inexistentes. Pocas aldeas tienen postas médicas, ni hablar de hospitales. En la mayoría de estos poblados un enfermo tiene dos opciones: curarse usando hierbas y curanderos tradicionales, o una muerte prematura. Son comunes la malaria, tifoidea, cólera y tuberculosis. Debido a su comercialización, los servicios médicos son muy caros en las grandes ciudades e incluso para la clase media es difícil comprar medicamentos. Existe una tasa muy baja de alfabetismo; de acuerdo al gobierno, es menos de 50%, y los jóvenes con educación tienen que ir a la India u otros países en busca de trabajo. (Datos de The Worker, #3, 1997; III Conferencia sobre los Países Menos Desarrollados de la ONU, estudio del país de Nepal, Bruselas, 14-20 mayo 2001; Enciclopedia británica).

En su vida cotidiana, el campesinado recoge lo que necesita para subsistir y vende las hierbas, ghee y frutas que siembra en el campo. En las regiones remotas, es necesario obtener de los mercados sal, pimienta negra, medicinas y ropa, y cargarlos en la espalda a distancias de más de 15 días a pie. En las regiones montañosas, las mulas y los caballos son los principales medios de transporte. En tales condiciones, la vida es muy cara; por ejemplo, el precio de los productos importados puede ser de 15 a 20 veces más que el de los mercados.

Los imperialistas nunca han considerado a Nepal un “tigre asiático”. Durante décadas han ignorado el sufrimiento y la pobreza del pueblo y han mantenido al país en las condiciones de atraso del tercer mundo.

UN PAÍS ENCADENADO A LA INDIA Y AL OCCIDENTE

Estas amargas condiciones reflejan la posición de Nepal en el sistema imperialista mundial. Ha sido fuertemente dominado por la India por generaciones. Millones de migrantes nepaleses tienen los trabajos peor pagados en las ciudades de la India. En su mayoría, son jóvenes o adultos de edad media, por lo común una fuente importante del crecimiento económico de un país, pero su trabajo sirve a los ricos indios. Esto explica en parte las condiciones crueles en que vive la mujer: a cargo del hogar, de las pequeñas granjas y de la crianza de los niños.

Nepal surte a la India materia prima, como madera, y en particular enormes cantidades de energía hidroeléctrica barata. Es la tercera fuente de energía hidroeléctrica del mundo, después de Brasil y China, pero no ha sido desarrollada para las masas, quienes viven a la luz de fogatas y en algunos lugares lámparas de parafina. Irónicamente, el país no tiene la energía que necesita, y en las ciudades y aldeas donde existe la energía eléctrica, la radio y la televisión son considerados un lujo.

También es un gran mercado para productos de la India. El “tratado de paz y amistad” de 1950 acentúa la dependencia hacia la India y dificulta el desarrollo de la industria nacional. De acuerdo al tratado, Nepal debe obtener los productos industriales que necesite de la India, constituyendo así un mercado seguro para ésta.

El turismo occidental es una de las principales fuentes de divisas, junto con lo que remite desde la India su otra exportación principal: los trabajadores migratorios. No obstante, la mayor parte de los ingresos que entran por sus atracciones turísticas (p. e., las expediciones a los Himalaya) va a parar a manos de los intermediarios occidentales (hasta el 90% del costo de una expedición), y no a la economía del país.

Los tratados secretos de las clases dominantes indias con las clases dominantes nepalesas hacen que Nepal dependa fuertemente de la India, incluso para su seguridad nacional. Según un tratado de 1965, las armas y municiones del ejército nepalés las debe suministrar el gobierno indio, o en su defecto deben ser compradas a un país del tercer mundo que recomienda ese gobierno.

Los tratados han estrangulado el crecimiento de la economía, en especial la autosuficiencia. Las intenciones de las clases dominantes indias son tratar a Nepal como parte de la India bajo el pretexto de un tratado de igualdad y amistad, y subyugar al pueblo nepalés mediante el control de la industria y las armas. O sea, bajo la dominación india en el sistema imperialista mundial, Nepal está condenado a continuar en la más extrema pobreza, sin posibilidad de desarrollo ni educación, y a depender de sus bellezas naturales y la exportación de su juventud.

LAS CADENAS INTERNAS QUE SUBYUGAN A LAS MASAS

Nepal es un país multinacional y multilingüístico, dominado por las castas altas brahmin y chetries, mientras que las minorías nacionales conocidas como janajatíes (la mayoría de la población) viven bajo la dominación de clase y de casta, el saqueo y la humillación. Las castas altas han robado la mayoría de las tierras fértiles en los valles y en las regiones prósperas del Terai, y la mayor parte de los cargos de gobierno y del comercio y empresas importantes. La calidad de las tierras se divide en cuatro clases: abbal (la mejor), doyem (muy buena), sim (buena) y char (normal). La mayoría de las dos primeras es controlada por los terratenientes; los campesinos poseen las dos últimas.

La sociedad está dividida en terratenientes; campesinos ricos, medios y medios inferiores; campesinos pobres; y campesinos sin tierra. Bajo las relaciones semifeudales de producción, los terratenientes no tan acaudalados apenas tienen la misma riqueza que un desempleado europeo que sólo cuenta con sus necesidades básicas. Un terrateniente promedio tiene más tierra de la necesaria para sobrevivir; su propia casa; ganado y aves para producir abono y comida; y no trabaja su tierra ni cuida su ganado. Un campesino rico tiene dos yuntas de bueyes, ganado y aves para producir leche, carne y abono, y trabaja la tierra en parte con trabajo asalariado y en parte con trabajo compartido (la ayuda mutua de temporal), y tiene un sirviente en casa. Los campesinos medios y campesinos medios de la capa inferior tienen una yunta de bueyes, tierra suficiente para compartir trabajo, y una producción que apenas da para comer durante el año. Los campesinos pobres tienen una parcela sin ganado, y la producción a duras penas da para comer medio año. No comparten su trabajo pero lo venden. Los campesinos sin tierra venden su mano de obra y la vida de su familia es una forma de esclavitud por contrato.

Bajo las relaciones de producción semifeudales y su dependencia de la India, Nepal tiene poca producción industrial. Las pocas industrias que tienen las trasnacionales y la burguesía nacional con la colaboración de la clase compradora capitalista nepalesa, son principalmente de licor, vino y fármacos, y sacan provecho de la mano de obra infantil barata. La mayoría de los productos con la etiqueta “hecho en Nepal”, como relojes, radios y televisores, no se fabrican ahí; se ensamblan con partes importadas de la India, el Japón y otros países.

Como híbrido del feudalismo y del capitalismo comprador, el capitalismo burocrático se ha desarrollado y se ha afianzado profundamente en la sociedad. El capital burocrático ha tenido a las masas bajo el yugo de la explotación múltiple. Por ejemplo, si un campesino quiere poner una granja avícola, tiene que sobornar a la dependencia gubernamental y a la industria correspondientes. Asimismo, muchas veces se soborna a los burócratas del registro de la tierra para transferir el título de la tierra de un campesino a un terrateniente. En Nepal, como no hay trabajo de tiempo completo en ningún sector, un terrateniente es al mismo tiempo un industrial, un miembro del parlamento o ministro, y un capitalista burocrático. Y, un campesino trabaja en el campo y en la industria, vendiendo su mano de obra.

A esta sociedad putrefacta, jaula de nacionalidades, la protegen el Estado reaccionario, los fusiles de la policía y el ejército, y el sistema de reglas y leyes reaccionarias.

3. LA LUCHA POPULAR (UN BREVE REPASO)

CRISIS EN EL SISTEMA PARLAMENTARIO: LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA

En 1990, surgió un gran movimiento de masas contra estas condiciones opresivas, resultado de una larga lucha contra la monarquía feudal, que se agudizó en los años 1970 y 1980. Antes de 1990, bajo el sistema feudal Panchayat, los partidos políticos estaban prohibidos, y se gobernaba mediante consejos de nobles y el rey era la máxima autoridad. El levantamiento de 1990 obligó a las clases dominantes a aceptar cambios en el gobierno y reestablecer el sistema parlamentario. Las masas pensaron que así tendrían una vida mejor, con carreteras en los lugares remotos del país, electrificación, medicamentos, un desarrollo global del país, y la eliminación de la miseria. Y, creyeron que mejorarían las condiciones de vida, educación y empleos, y se abolirían la injusticia social, como la opresión de la mujer y su posición de desigualdad, la opresión de castas, y la subordinación de minorías nacionales y la discriminación contra ellas en los servicios del gobierno. En una palabra, con el nuevo gobierno la corrupción y el nepotismo serían cosa del pasado.

No obstante, los males de la sociedad empeoraron, desvaneciendo las esperanzas del pueblo. A pesar de enorme lucha y sacrificio, el sistema parlamentario fue sólo un cambio de gobierno. Ese “cambio” no era sino “vino añejo en odres nuevos”. El sistema y las relaciones sociales eran los mismos, y se mantenían las formas de explotación, opresión y atraso. El sistema parlamentario (aun en el caso de uno que tiene la más amplia gama de fuerzas políticas posible) no pudo traer la revolución de nueva democracia que tanto se necesitaba. No pudo romper con el imperialismo; dejó la monarquía y el Ejército Real (la columna vertebral del Estado) intactos; y, como no se dio una revolución agraria, se preservó el semifeudalismo. O sea, no se operaron cambios en el carácter de clase del Estado y la sociedad.

Desde el establecimiento del sistema parlamentario en 1990 y las primeras elecciones en 1991, el parlamento no ha solucionado los problemas de las masas. Los partidos se dedican a ampliar su influencia y poder, a robar al pueblo, y a maquinar conspiraciones para maniobrar y derrocarse unos a otros. Es común ver las más extremas formas de corrupción y nepotismo en el gobierno. Y, se ha suprimido el derecho de protesta y oposición, mientras que no se atienden las cuestiones de nacionalidad, democracia y condiciones de vida.

Es más, en la frontera sur, el gobierno indio ha continuado interviniendo en las asuntos internos de Nepal y se ha inmiscuido más en las esferas económica, política y hasta geológica. El parlamento, en lugar de criticar a esas intervenciones, las ha avalado. Los sucesivos gobiernos del país no han estado dispuestos o no han sido capaces de abrogar los tratados unilaterales que imponen la dominación india. Y, han estado más dispuestos a ser títeres de las clases dominantes indias y así traicionar al pueblo. En medio de fuertes protestas populares, en 1996 el gobierno nepalés negoció y firmó el Tratado de Mahakali con el gobierno indio, que estipula que Nepal entregue el agua de Mahakali a la India. Las fuerzas que después formaron el PCN (M) criticaron a la conspiración del rey, del partido del Congreso Nepalés y del “Frente de Izquierda”, pero la propaganda de los medios informativos nacional e internacional describieron el tratado como “muy beneficioso”. Con el paso del tiempo y con la mayor conciencia de los hechos, se despejaron las ilusiones. Durante este período, los maoístas dirigieron constante y firmemente a las masas en una serie de luchas políticas para desenmascarar estas conspiraciones.

A pesar de la nueva fachada parlamentaria, el gobierno reprimió vilmente a la oposición arrestando, torturando y encarcelando a cientos de personas que protestaban por su posición. En 1993, tres personas murieron en Katmandú durante una protesta contra el gobierno. Básicamente, se ha reducido el proceso democrático al acto de poner papeletas en las urnas. Aunque el gobierno, de cuando en cuando, confeccionaba cifras para demostrar el milagroso crecimiento de la economía, el país cayó en mayor pobreza y se empeoró la vida de las masas.

Se ha preguntado por qué el sistema parlamentario fracasó en Nepal. Y se responde, espontáneamente, que la joven democracia aún no ha echado raíces suficientemente profundas. No obstante, cuanto más profundamente eche raíces esta “democracia”, más saquea, reprime y vende la patria y más crisis genera. Los revolucionarios de Nepal observaron mientras que, al otro lado de la frontera, la China maoísta impulsó el mejoramiento grande e palpable de la vida de las masas y, paso a paso, redujo las enormes disparidades típicas del país. Mientras China era socialista, mostró que millones de pobres y oprimidos pueden tomar el Poder y enfrentarse al imperialismo. Tras el golpe de Estado que colocó a Deng Xiao-ping en el Poder, se ha visto que China ya no es socialista y que bajo el gobierno de la burguesía revisionista, el pueblo chino de nuevo vive en la miseria de la explotación capitalista. En la India, existe la “mayor democracia” del mundo, pero todo mundo conoce la miseria del pueblo ahí, la rapiña que comete la burguesía india y los grandes y frecuentes levantamientos de las masas. ¿Dónde ha funcionado la democracia parlamentaria? Las clases dominantes reaccionarias aplican el método de las elecciones para echar las raíces de su “democracia”, pero ésta sólo avala a la burguesía reaccionaria y a los autócratas feudales vendepatrias, saqueadores y represores.

AMANECE UN NUEVO FUTURO

En una situación de mayor descontento y desilusión de mayores sectores de la población con el “camino pacífico” del cambio tan querido por los teóricos liberales y en que millones de personas exigían con urgencia un cambio dramático, el partido emprendió los preparativos para dar el audaz paso de iniciar la forma más alta de lucha revolucionaria: la guerra.

En 1996, el PCN (M) dio inicio a la guerra popular de una manera muy distinta a las que han iniciado los partidos de vanguardia proletarios de otros países: dirigió a miles de personas a desencadenar una ola de levantamientos. Los primeros blancos eran los representantes del feudalismo, del capitalismo burocrático-compradores y de los órganos del Estado. En la ola inicial, llevó a cabo cerca de 5.500 acciones grandes y pequeñas contra el enemigo, cosa que prendió un amplio debate político en diversas clases y entre los intelectuales y los partidos de dentro y de fuera del parlamento. Tras las acciones, el enemigo aumentó la represión policíaca de la población: arrestos en todo el país, asesinatos en masa y muchas otras barbaridades. (UMQG Nos. 1996/22 y 1998/23 contienen más información sobre los preparativos para iniciar la guerra popular y el primer año de la guerra.)

Con el inicio de la guerra popular, se operaron enormes cambios en el terreno político. Al comienzo, el enemigo estaba perplejo, sin saber cómo tratar la nueva situación, pero por las circunstancias, no pudo detenerse para pensarlo. Cuanto más avanzaba la guerra popular, más se sumía en crisis el parlamento. Los guerrilleros del pueblo hostigaban constantemente a las reaccionarias fuerzas policiales. Los agentes del enemigo y la nobleza rural fueron expulsados de las aldeas, primero en las colinas, y en especial en la región occidental más atrasada del país. Con el debilitamiento de la policía, el gobierno del partido del Congreso Nepalés azuzó a sus paramilitares, armados para asesinar a las masas. Algunos paramilitares robaron tierras, violaron a las mujeres y espiaron a los revolucionarios maoístas a fin de montar emboscadas en su contra. Después, los paramilitares echaron la culpa de los delitos a los revolucionarios. Por otro lado, cuando los maoístas castigan a estos delincuentes, las clases dominantes dicen que los maoístas matan a “civiles inocentes”. Los guerrilleros encabezados por los maoístas se apoderaron de los fusiles de los paramilitares y al comienzo, mediante acciones de castigo y advertencias contra los ataques, trataron de obligarlos a dejar sus actividades. Fueron aniquilados algunos reaccionarios empedernidos que colaboraban con la policía en los arrestos y asesinatos y que persistían en sus acciones pese a las advertencias.

Con los mayores avances de la guerra popular, aumentaron las actividades de los paramilitares y el gobierno desató a policías élites para llevar a cabo más represión, atacando a muchos partidarios y simpatizantes de la revolución. Las fuerzas revolucionarias llevaron a cabo una campaña para “hacer ciego al elefante”, o sea, destruir los “ojos del elefante” (los paramilitares encabezados por el partido del Congreso Nepalés que eran los ojos de los policías élites “elefantes”). Con la disminución de la actividad de los paramilitares, las fuerzas armadas revolucionarias contaban con mayor libertad para combatir los policías élites.

Las fuerzas armadas del pueblo intensificaron sus ataques militares sobre los puntos débiles del enemigo, principalmente en los retenes policiales menos fortificados, lo que traía ventajas políticas, pues era posible obligar al enemigo a asumir una posición defensiva táctica y de ahí, pasar a una posición defensiva estratégica. O sea, como dijo Mao, “lanzar uno contra diez” desde el punto de vista estratégico y “lanzar diez contra uno” desde el punto de vista táctico. Aunque el enemigo contaba con más fuerzas entonces (y ahora) a nivel nacional, que las fuerzas del pueblo, y por ende éstas tienen que lanzar “uno contra diez” desde el punto de vista estratégico, es posible concentrar una abrumadora fuerza superior desde el punto de vista táctico para eliminar a las concentraciones enemigas (“diez contra uno”). Para hacerlo, se desarrollaron unidades más grandes de las fuerzas del pueblo: primero combinaron tres pelotones (unos 30 elementos) en una compañía (100 elementos) y luego, combinaron tres compañías en una brigada. Un batallón, conformado de tres brigadas, o unos mil elementos, participó por primera vez en el combate en 2002. Se constituyen algunas formaciones grandes permanentes, y en otras circunstancias, las formaciones grandes se constituyen solamente por la duración de una campaña determinada. Ante la estrategia y las tácticas de la guerra revolucionaria, el enemigo ha tenido que reducir el número de retenes policiales a un puñado de delegaciones grandes. En Rolpa, el total de 39 retenes se redujo a 8; en el vecino distrito de Rukum, de 29 retenes se redujo a 8; en el distrito de Jajarkot (también en la plaza fuerte occidental), de 15 retenes se redujo a 6; y así sucesivamente por todo el país. A la vez, el enemigo perdía el poder político al nivel local, pues en esas zonas el gobierno dejó de funcionar. Las acciones militares triunfantes sobre la policía militarizada también quebrantaron la moral de la policía y del mismo gobierno, y provocaron muchas deserciones de las bases de las fuerzas reaccionarias.

Por los sentimientos antimonárquicos de la población y por los profundos problemas sociales, el atraso económico y la desenfrenada corrupción en el gobierno reaccionario, muchos policías huyeron durante su entrenamiento. De acuerdo a su carácter reaccionario, el Estado sancionó a 83 policías por pedir licencia en 2000 y multó a 8 inspectores policiales por negarse a ir a las zonas de guerra. Dos inspectores, de relativamente alto nivel, renunciaron.

El PCN (M) pidió repetidas veces que el gobierno respetara las Convenciones de Ginebra sobre prisioneros de guerra. Por otro lado, a las personas que capturan los maoístas, las liberan o las ganan a participar en el gran proceso de la revolución. Los maoístas capturaron a un vicejefe de la policía, Thule Rai, y tres meses después lo soltaron sano y salvo. Cuando se reportó a la jefatura en Katmandú, el Estado lo arrestó y lo encerró en un hospital psiquiátrico. Como los policías y los integrantes de las fuerzas armadas han conocido las diferencias entre el Estado reaccionario y el Estado revolucionario y han comenzado a reconocer que la guerra maoísta es para emancipar al pueblo, tienden a desertar con mayor frecuencia e ingresar al ejército guerrillero revolucionario. El Camarada Ramesh (de Rolpa), un mártir, había abandonado el Ejército Real; emuló las heroicas hazañas de sus camaradas y en una acción, cayó en el combate contra el Estado reaccionario.

El partido fundamenta políticamente sus acciones militares, y a su vez éstas realzan la ofensiva política de la revolución. Y, como señaló Mao, es una ley de la guerra que los reaccionarios intentan hacer que el bando revolucionario pelee hasta la muerte en una sola batalla. El reaccionario Estado intentó aplicar varias veces esta orientación y el partido del proletariado respondió con su estilo maoísta de combate: atraer al enemigo para que penetre profundamente y asestar golpes de gracia en sus puntos más débiles.

En abril de 2002, los guerrilleros encabezados por los maoístas atacaron la delegación de la policía de Rukumkot, ubicada en lo que la policía consideraba una zona muy segura. Tuvo un alto nivel militar de fortificación y fue una importante avanzada de los paramilitares, una fuerza élite. El ataque fue una victoria militar y, además, una importante victoria política de los revolucionarios. El enemigo había confiado en que esta delegación fuerte y bien fortificada con armamento sofisticado pudiera mantener elevada la moral de la policía reaccionaria. El ataque guerrillero elevó la moral del pueblo y asestó un fuerte golpe militar y político al enemigo.

El gobierno del partido del Congreso Nepalés lanzó varios operativos contra el pueblo, pero en cada caso sufrió una derrota humillante. El avance de la guerra popular sacudía una y otra vez al viejo Estado: el partido asestaba golpes cuantitativos y cualitativos siempre más poderosos al enemigo. El nivel cualitativamente superior de las acciones, como la destrucción del retén policial de Rukumkot y la captura de Dunai (el cuartel distrital de Dolpa) en septiembre de 2001, no sólo obligaba al enemigo a asumir una posición extremadamente defensiva sino atraía la atención de las potencias imperialistas, los amos del Estado nepalés.

La dirección del partido hizo el análisis de que se desarrollaba un empate entre los dos bandos. No obstante, retos mucho mayores estaban por delante, en particular, aunque la revolución había derrotado en su mayor parte a la policía militarizada y ésta había tenido que permanecer acuartelada, aún no había combatido directamente con las principales fuerzas del Estado: el Ejército Real de Nepal.

EL GOBIERNO ANTE CRUENTAS RIÑAS INTESTINAS Y MAYORES ATAQUES

El imperialismo yanqui y el expansionismo indio, y las clases reaccionarias internas, presionaban al rey para que movilizara al Ejército Real de Nepal en contra del pueblo. Debido a las contradicciones al interior del palacio real y de la lucha por el poder entre el palacio real y el parlamento, el rey de entonces, Birendra, no despachó al ejército. Y, no aplicó las medidas genocidas que proponían muchos integrantes de las clases dominantes. El gobierno hizo fuertes demandas y los imperialistas presionaron fuertemente a favor del despliegue del ejército contra la revolución. La monarquía permitió que el comandante del ejército emitiera una declaración de que el ejército no iba a movilizarse para reprimir la violencia interna y que era la responsabilidad del gobierno resolver la situación usando la policía. El ejército iba a actuar, pero no para salvar el pescuezo de sus oponentes parlamentarios. Fue obvio que, en esencia, la monarquía quería recuperar los poderes constitucionales que había perdido en 1990.

Los golpes de la revolución y la intensificación del conflicto en el seno de los reaccionarios provocaron otra crisis en el gobierno y la renuncia del primer ministro Girija Koirala. En medio del tumulto interno y la preparación secreta de un complot para aplastar la guerra popular, el rey, la reina y la mayor parte de la familia real fueron masacrados el 1º de junio de 2001. El reaccionario empedernido Gyanendra, el hermano del difunto rey Birendra, asumió el trono, entonces desprovisto de toda legitimidad a los ojos de las masas.

En respuesta a la masacre real, el milenario sistema monárquico feudal de Nepal prácticamente se vino a pedazos. La clase de comerciantes comprador-capitalistas, encabezada por el ex narcotraficante, bandolero haragán y tristemente célebre capitalista-burocrático, Gyanendra Shah, se ha constituido en nuevo gobierno. Gyanendra Shah, quien (con razón) se considera el artífice de la matanza real, con la ayuda del imperialismo yanqui y el expansionismo indio de la noche a la mañana se declaró rey de Nepal. En todo el país, grandes multitudes se tomaron las calles y denunciaron al presunto asesino, pero los partidos parlamentarios, incluidos los “comunistas”, le dieron su aval. Los revisionistas del Partido Comunista Nepalés Unido (Marxista-Leninista), conocido como el “UML”, el mayor partido “comunista” revisionista del país, han apoyado mucho a la monarquía.

El gran filósofo del proletariado, Carlos Marx, señaló que una revolución fuerte engendra una contrarrevolución fuerte. Por ejemplo, poco después de la masacre real, la captura de 62 policías militarizados del retén de Holleri en julio de 2001 por las fuerzas armadas del pueblo, obligó al Ejército Real de Nepal a salir de las barracas. Por primera vez, el ejército del rey se enfrentó directamente a las fuerzas guerrilleras en una prueba de fuerza. Al comienzo, el ERN tuvo una misión triple: rescatar a los 62 policías capturados, recuperar los fusiles confiscados por los guerrilleros maoístas y desarmar a los combatientes revolucionarios. Aparte de fracasar contundentemente en su misión, el ERN sufrió una derrota humillante a manos de los maoístas. No obstante, ningún elemento del ERN murió en los combates, si bien hubo algunos heridos, y el ERN se retiró y prometió jamás volver a seguir las órdenes del gobierno de enviar sus tropas para atacar al pueblo. La batalla anticipó la lucha que se cernía entre los verdaderos contendientes en Nepal: el ERN, el epitome del poder estatal de la autocracia feudal, con el rey a la cabeza, y el ejército revolucionario, la columna vertebral del naciente poder rojo, con el PCN (M) a la cabeza.

LAS NEGOCIACIONES

La masacre de la familia real ocurrió en una encrucijada del proceso revolucionario del país. Las fuerzas armadas revolucionarias habían corrido a las fuerzas policiales militarizadas, y la primera intervención del Ejército Real de Nepal había fracasado. Ante las riñas intestinas de los reaccionarios, el rey nombró a un nuevo primer ministro, Deuba; éste ordenó que las fuerzas armadas del gobierno regresaran a las barracas y solicitó negociaciones con el PCN (M). El partido aceptó y participó en varias charlas con el gobierno, y mantuvo un cese al fuego en esos meses.

Durante las negociaciones, ambos bandos de la contienda realizaron febriles preparativos para la reanudación de los combates. Los reaccionarios tuvieron que restaurar el orden en sus fuerzas armadas, fuertemente golpeadas por la revolución y desmoralizadas por la masacre real. Y aceleraron sus iniciativas para obtener armamento moderno y ayuda de otros países. Los revolucionarios aceleraron su trabajo, movilizaron a las masas a favor de la guerra popular en todo el país y apresuraron sus preparativos militares para llevar la guerra a un nivel superior. En esos meses, las fuerzas armadas bajo la dirección del PCN (M) se organizaron a un nivel superior en una convención nacional en septiembre de 2001, en que se formó el Ejército Popular de Liberación. Y se reorganizó y se consolidó el frente único revolucionario formando un comité de organización central, el Consejo Unido del Pueblo Revolucionario.

El partido consideró que las negociaciones eran necesarias para ganar la batalla de opinión pública contra el enemigo, diciendo que tal vez cualquier fuerza revolucionaria tendría que participar este frente de lucha. En la historia, pocas fuerzas reaccionarias han podido ganar solamente con la fuerza armada en una guerra contra combatientes rebeldes, y casi siempre pierden en las negociaciones con los insurgentes. Los grandes pensadores proletarios, Lenin y Mao, analizaron que las negociaciones, o el rechazo de las mismas, deben servir al avance general de la revolución.

El PCN (M) señala que dos tendencias incorrectas pueden manifestarse con relación a las negociaciones: el rechazo absoluto de las negociaciones y la línea capitulacionista. Ningún partido revolucionario puede darse el lujo de comprometer la línea del partido, el ejército popular, las bases de apoyo ni el poder político que las masas han ganado en la lucha. Mao Tsetung resumió: “La manera de ‘responder medida por medida’ depende de la situación. Algunas veces, no ir a negociar es responder medida por medida, y, otras veces, ir a negociar también es responder medida por medida. Tuvimos razón al no ir antes, también la tenemos al ir esta vez; en ambos casos hemos respondido medida por medida. Esta vez, hicimos bien en ir allá, porque deshicimos los falsos rumores difundidos por el Kuomintang de que el Partido Comunista no quería la paz ni la unidad” (Mao Tsetung, “Sobre las negociaciones de Chungching”, Obras escogidas, t. 4). (UMQG 1995/21 explica las ideas del Movimiento Revolucionario Internacionalista al respecto.)

En Nepal, el enemigo siempre ha buscado liquidar el movimiento revolucionario, y por ende, una y otra vez ha maniobrado para obtener ventaja, tomar la iniciativa y destruir a los maoístas; la táctica de los maoístas ha sido aislar al máximo al enemigo, mantener la iniciativa en las manos del pueblo y combatir al enemigo medida por medida. Los integrantes del movimiento revolucionario de todo el mundo siguen de cerca esta experiencia y la debaten.

UN NUEVO INICIO

A fines de 2001 e inicios de 2002, se operó un cambio dramático: como las fuerzas revolucionarias habían concluido que el enemigo estaba desenmascarado y aislado y que no tenía caso prolongar las negociaciones, asestaron duros golpes a tres cuarteles generales distritales; en uno, en el distrito Dang, estaban ubicados unas importantes barracas del ejército así como un arsenal del Ejército Real de Nepal para sus operativos en la región occidental (la plaza fuerte de la revolución). Después de que el partido notificó al gobierno de que iba a retirarse de las negociaciones, atacaron los tres cuarteles. En el distrito Syanga de la región central, atacaron a las 10 horas. En Ghorahi, el cuartel del distrito Dang, lanzaron el ataque una hora después, y por tanto, el enemigo ya estaba sobre aviso. La acción en Dang fue un éxito aplastante y electrizó a todo el país. A continuación un relato recibido de los camaradas del PCN (M):

“Nos enfrentamos a 175 soldados y 30 elementos élites bien entrenados. Entre los elementos dirigidos por el PCN (M) figuraban un batallón, dos compañías y algunos pelotones: 1.335 del EPL y 700 milicianos. En el cuartel de Dang había barracas del ERN, la oficina del Jefe Distrital de la Policía (JDP), una delegación policial (thana), la Principal Oficina Distrital (POD, o la principal oficina administrativa) y un campamento de entrenamiento de policías militarizados, así como un banco, un tribunal distrital, una oficina de registro de tierras y las demás oficinas distritales. En la oficina del JDP, había 150 elementos armados; en la thana, 45; y en la POD, 35. Nos apoderamos de todo. El enemigo estaba sobre aviso. En la región central, el ataque empezó a una hora determinada. En Dang, atacamos una hora después, y el mando del ejército había puesto sus elementos en alerta, en espera de un posible ataque de los maoístas. Atacamos a las 23 horas. Los combates duraron dos horas. Murieron el comandante y 16 elementos. Siete camaradas murieron. Los demás soldados se rindieron, pero los dejamos libres; algunos huyeron.

“Capturamos enormes cantidades de material. Habíamos previsto movilizar a miles de personas para llevarse el material, pero eso no fue suficiente. Lo trasladamos en un total de 30 vehículos: autobuses, jeeps, tractores y camiones militares.

“Confiscamos 92 rifles autocargadores, 12 ametralladoras ligeras, dos ametralladoras pesadas, 5 piezas de artillería 81 mm, 3 lanzadores de proyectiles, 3 morteros de 2 pulgadas, 48 metralletas, 40.000 municiones, 9 pistolas 9 mm, 150 rifles .306, y algunas armas que aún no dominamos. Pudimos llevar el material en los vehículos hasta cierto punto, donde fue necesario cargar el material al hombro o en mula. Destruimos los vehículos y el material muy pesado, aunque el enemigo declaró con gran fanfarria que los había recuperado”.

Las acciones sin precedente representaron un “trueno de primavera” del pueblo, y un nueva jornada de la historia revolucionaria del país. Los camaradas del partido, recordando la aguda lucha que se vivió en el partido en 1996 para decidirse, atreverse y sacrificarse a fin de iniciar la guerra popular, las llaman “un nuevo inicio”.

La nueva ola de lucha concuerda con la posición del partido de que la revolución no puede permanecer inactiva, que periódicamente tendrá que dar nuevos saltos o enfrentar la posibilidad de un revés. Los triunfos en la ola de ataques y en los combates al Ejército Real de Nepal representan otro avance y un gran salto adelante en la historia del movimiento comunista del país.

LA MONARQUÍA MORIBUNDA AGONIZA

Tras el fracaso de las negociaciones y los espectaculares ataques de las fuerzas revolucionarias, la camarilla del rey suspendió muchas cláusulas de la “constitución” e impuso un estado de emergencia. En la capital, el gobierno arrestó a personalidades progresistas, prohibió reuniones de más de 2 personas y cerró los periódicos que apoyaban al pueblo. Con la imposición del estado de emergencia nacional, la nueva camarilla patrocinada por los Estados Unidos se jactó de que acabaría con los maoístas en cosa de 3 meses. No obstante, el EPL, mediante varios operativos militares nacionales exitosos, logró desmentir esa propaganda. En los últimos 8 meses de la emergencia, en particular en 2002, se han dado encuentros cada vez mayores entre el EPL y el ERN, en que el primero ha tenido triunfos cualitativamente mayores.

La guerra de 7 años se ha desarrollado de manera desigual en las distintas regiones y ha tenido avances desiguales entre las zonas montañosas y el Terai. En general, el EPL ha estado tomando la iniciativa política y militar.

Desde el comienzo del estado de emergencia, el enemigo intentó cercar desde tres lados a la principal plaza fuerte de la insurgencia en el occidente del país. Invadió desde Baglung en el oriente, desde Dang y Salyan en el sur, y desde Surkhet en el occidente, con el propósito de destruir los tres distritos revolucionarios de Rukum, Rolpa y Jajarkot.

Según su estrategia, el ERN entró a las aldeas en que se había informado que no había fuerzas maoístas; mató de manera cruel, bárbara e indiscriminada “a diez por uno”, y tachó de “maoístas” a los muertos. O sea, para matar a un maoísta, mataba a 10 personas. Según su lógica, cuando hay 10 personas, debe haber al menos un maoísta entre ellas.

El 16 de febrero de 2002, el EPL lanzó un ataque histórico al cuartel general distrital de Achham y el aeropuerto de Sanfebagar y destruyó completamente el ejército y las fuerzas policiales. Y, lanzó otro heroico ataque a los campamentos base de Lamahi y Satbaria. Los ataques hicieron que se agudizara más la crisis en el gobierno. Las fuerzas reaccionarias se retiraron y reanudaron las matanzas de civiles.

En mayo de 2002, ocurrieron dos batallas importantes. Los camaradas del PCN (M) informan:

“En Lisne, concentramos nuestras fuerzas según el plan de capturar el cuartel distrital de Pyuthan. El enemigo estaba sobre aviso (cuando se reúnan 2.500 personas, es difícil evitar que el enemigo se entere.) Enviaron tres compañías: de Pyuthan, de Rolpa y del campamento base. Intentaban cercarnos por tres flancos. Cuando nos enteramos, cambiamos de plan; en lugar de atacar al cuartel distrital, los camaradas decidieron trabar combate con las fuerzas enemigas que se aproximaban justo en el campo de batalla. Decidimos dividir nuestras fuerzas y combatir a cada una de las compañías enemigas. Aplicamos el principio de combatir en líneas interiores a fin de cercarlas.

“Nuestras fuerzas detectaron, con equipo de comunicaciones, que el enemigo avanzaba hacia Lisne a fin de cercarnos y aplastarnos. Un sector de nuestras fuerzas dio caza a la compañía de Pyuthan. Ésta huyó y jamás intentó volver. Las otras dos compañías capturaron una aldea vecina. Destazaron a sangre fría a un niño de 10 años y violaron a las mujeres. Obligaron a una señora a indicarles el camino. Cuando ya estaban muy cerca, la señora se lanzó a correr hacia nosotros. Capturamos a los violadores y los castigamos con la muerte de acuerdo a la exigencia de la víctima. Los cercamos en una forma de U; eran las 9 horas. El enemigo huyó y le dimos caza. Abandonaron sus uniformes y fusiles. Las masas mataron a pedradas a 5 huidos. Y parece que, sin saberlo el EPL, había un asesor yanqui presente en las fuerzas del ERN, quien escapó con los soldados que abandonaron sus uniformes y huyeron.

“La otra compañía también intentó huir abandonando sus fusiles y uniformes y saltando a las barrancas. Por el camino lamentaban su derrota. Las masas aplaudían y celebraban. Incluso al principio nosotros no conocíamos la magnitud de su derrota, pues se dio en un lugar remoto. Después, nos informamos de la verdadera situación: el ERN huyó tras media hora de combate.

“Dos días después del combate de Lisne, el EPL capturó Gam, uno de los más fortificados campamentos del ERN. Parece que lo fortificaron según el plan de los asesores militares yanquis. La mayoría de las fuerzas del ERN fueron vencidas y sus fusiles y municiones capturados. Tras estas dos derrotas importantes, el ERN estaba muy desmoralizado.

“El partido considera que la derrota de las tres compañías del ERN durante el día y la gran derrota en Gam constituyen un ejemplo de una nueva etapa de combate en que, si bien la guerra de guerrillas sigue siendo un factor constante, el EPL ha realizado la guerra de movimientos y hasta la guerra de posiciones. Eso confirma el análisis del partido acerca de la actual etapa de la guerra popular”.

A fines de agosto de 2002, se dio otro importante encuentro entre el ERN y el EPL en Chalabang Rolpa, en que el ERN fue completamente derrotado. De 500 soldados del ERN y 450 del EPL, murieron 13 del primero y 7 del último. En la primera semana de septiembre, el PCN (M) lanzó una serie de ataques. En el primero, en Sandhikharka, el cuartel distrital de Arghakhanchi fue completamente destruido, murieron 69 soldados y policías, y cientos fueron arrestados. Un día antes, el EPL atacó una delegación policial en Bhiman en el distrito Sindhuli de la región oriental, y 59 policías murieron. En los audaces ataques, el EPL confiscó todo el armamento y municiones, y 60.1 millones de rupias.

Ante esta situación y por desesperación, el gobierno ha estado realizando campañas policiales y militares contra el pueblo. Aprobó la Ley de Prevención y Castigo contra el Terrorismo y tildó de “terroristas” a los maoístas; suspendió los pocos derechos de la población; arrestó u hostigó a docenas de periodistas y personas revolucionarias, progresistas e incluso no progresistas. En un campamento militar, el gobierno torturó y asesinó a Krishna Sen, el poeta y artista revolucionario y director del conocido semanario Janadesh y del diario Janaahwan, ambos relacionados estrechamente con el PCN (M), a fin de impedir que las masas recibieran el mensaje de los maoístas, dar un mensaje del gobierno a los partidarios de la revolución y parar las protestas populares contra la brutalidad del ERN.

Un objetivo de los reaccionarios es romper los lazos entre el partido y las masas y “decapitar” la revolución. Esperan aislar al partido del pueblo, capturar a activistas, aislar a la dirección, y arrestar y eliminar a los líderes. Por ende, hasta han ofrecido recompensas por entregar a docenas de líderes del partido, al estilo de “se busca vivo o muerto del Viejo Oeste” de su padrino, el presidente yanqui George Bush.

Al mismo tiempo, mediante innumerables crímenes contra el pueblo, quieren obligar al EPL a participar en combates hasta la muerte. De acuerdo al objetivo de la guerra contra el pueblo, el ERN cometió el vil crimen de cortarle la cabeza a varias personas y enterrarlas en fosas comunes. Al igual que en el Perú, mataron a varios presos políticos, que habían traído a Lamahi desde varios penales del país, y a simpatizantes de los maoístas de las vecinas aldeas. Tras matarlos, el ERN dijo que los maoístas habían muerto en combate. Tras decapitar a los presos, el ERN metió las cabezas en bolsas de yute y se atribuyó el delito a los maoístas, diciendo que los maoístas habían mutilado a sus camaradas y amigos a fin de ocultar su identidad.

En el campo, el ERN no patrulla abiertamente donde considera que haya fuerzas del EPL. Un alto oficial del ERN, Dipak Gurung, admitió que la guerra contra los maoístas iba a ser prolongada, pues, cuando una milicia revolucionaria de 50.000 elementos se transforme en ejército, será muy difícil que el ERN obtenga una victoria rápida. No obstante, el enemigo seguirá soñando con una victoria contra el pueblo, hasta su ruina.

CRISIS DE NUEVAS ALTURAS

Los resonantes triunfos del EPL en el campo de batalla han repercutido en las clases dominantes nepalesas y en sus propios amos imperialistas. El gobierno yanqui, y en especial el británico, que ha sido uno de los impulsores de la oposición a la guerra popular, aumentaron su ayuda a la aislada camarilla del rey.

El 4 de octubre de 2002, el rey invocó la constitución y, tomándose el poder ejecutivo absoluto, destituyó al gobierno de Deuba y aplazó indefinidamente las elecciones nacionales programadas para noviembre. Sus acciones representaron un cambio cualitativo rápido en el escenario político del país, borraron las pocas conquistas que había obtenido el pueblo en el levantamiento de 1990, y desenmascararon a la camarilla revisionista UML, que trabajaba tiempo extra para apuntalar a la monarquía.

Cuanto más el enemigo reprima a los revolucionarios, más estallidos de resistencia provoca. Así es la ley de la dialéctica. Tras la Operación Romeo del enemigo, el partido logró dar inicio a la guerra popular. Tras el lanzamiento de la operación Kilo Sera 2 del enemigo, la revolución estableció zonas guerrilleras y luego bases de apoyo. Y tras la imposición del estado de emergencia del enemigo, las fuerzas maoístas alcanzaron la etapa del equilibrio estratégico. El enemigo está condenado a levantar otra piedra la que sólo dejará caer sobre los propios pies; o sea, la derrota de la mayor represión del gobierno podría llevar a que los revolucionarios declaren un gobierno revolucionario de nueva democracia en Nepal.

SOBRE LA ESTRATEGIA QUE SE APLICA EN NEPAL

Una importante característica de la guerra popular que se libra con la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) es que viene avanzando por medio de una serie de grandes saltos y pasos rápidos. No obstante, es una guerra popular prolongada, tal como explicó el Presidente Mao, que corresponde a los países con características semifeudales y semicoloniales como Nepal. El 80% de la población vive en el campo, y las relaciones de producción del país son semifeudales. La mayoría de la población vive de la agricultura. Bajo las relaciones semicoloniales, la industria se desarrolla de manera desequilibrada y no se integra a la economía nacional sino a la economía india y a la economía imperialista mundial. Otra característica del país es que la clase burocrático-capitalista es el “híbrido” de los terratenientes feudales y la clase capitalista-compradora.

La estrategia de la guerra popular prolongada es: cercar las ciudades desde el campo estableciendo bases de apoyo rurales, arrebatando el Poder poco a poco a las clases opresoras y por último tomando el Poder en todo el país. El proceso se desarrolla mediante tres etapas. La primera es la defensiva estratégica, la segunda el equilibrio estratégico y la tercera la ofensiva estratégica. En la primera, es necesario librar la guerra de guerrillas y, en el curso de los combates, el ejército popular desarrolla la guerra de movimientos y la de posiciones. Asimismo, con el crecimiento de la fuerza del nuevo Poder en manos del pueblo, el ejército popular se desarrolla avanzando a niveles superiores de formaciones, de las escuadras y pelotones de los años iniciales a las compañías, las brigadas y los batallones de hoy organizados en el Ejército Popular de Liberación, que se concentran de modo que, con el desenvolvimiento de las etapas estratégicas de la guerra, puedan combatir grandes y bien armadas fuerzas enemigas.

El histórico documento de la III Sesión Plenaria del Comité Central del PCN (M), que esboza la estrategia y las tácticas militares de la revolución nepalesa, explica que Nepal tiene sus propias particularidades, y por tanto el desarrollo de la guerra popular habrá que tener su propio desenvolvimiento específico. Se ha dicho que en un pequeño país sin salida al mar, como Nepal, no es posible iniciar y desarrollar una guerra popular prolongada ni formar bases de apoyo. El PCN (M) detalló las características específicas del país y explicó que, precisamente por ellas, la revolución ha podido avanzar. Entre las particularidades figuran: un Estado feudal centralizado; un terreno favorable en que grandes sectores de la población viven en zonas remotas con una débil presencia del gobierno; la extrema pobreza de las masas; la extensa influencia del comunismo y del espíritu revolucionario en el seno del pueblo; y el hecho de que gran cantidad de nepaleses trabajan en la India, han tenido contacto con ideas revolucionarias y pueden servir como una especie de retaguardia de apoyo. (Este histórico documento del PCN [M] aparece en UMQG 1998/23 y The Worker, #3, 1997.) Según el análisis del partido, la principal contradicción en el país es la existente entre el pueblo y el Estado reaccionario, compuesto del feudalismo y el capitalismo comprador-burocrático apuntalado por el imperialismo. Al inicio, los primeros blancos de la guerra popular eran los representantes de estas instituciones reaccionarias, cosa que generó un debate político en todo el país.

Desde el inicio de la guerra popular, el partido ha subrayado la interdependencia de la lucha política y la lucha militar, o sea, cuando ataca a las fuerzas armadas enemigas, el partido no sólo debe responder con golpes militares sino que también puede responder con ataques políticos, y cuando el enemigo lanza un ataque político, el partido también puede responder con ataques militares. En síntesis, los ataques políticos justifican los ataques militares, y viceversa. El partido se refiere a sus iniciativas políticas a nivel nacional como la “intervención política en el centro”, que se basa en los ataques militares desde abajo.

Existen dos estrategias básicas de la revolución proletaria en la época del imperialismo, desarrolladas por Lenin y Mao, respectivamente: la estrategia de la insurrección y la estrategia de la guerra popular prolongada. Lenin aplicó la estrategia insurreccional a Rusia, que tenía relaciones de producción capitalistas desarrolladas y una clase obrera y donde la contradicción principal era la existente entre la burguesía y el proletariado. En la insurrección, la dirección de la clase obrera planea la estrategia y las tácticas de la insurrección; la clase obrera y otros sectores de las masas empuñan las armas y toman el Poder en ciertos centros, o lo toman en el centro político; y luego inician una guerra civil en el resto del país contra el enemigo de modo que, al apoderarse poco a poco del territorio, el proletariado llegue a conquistar el Poder nacional. En los países semifeudales y semicoloniales, en la guerra popular prolongada el proletariado inicia la toma del Poder en el campo librando una guerra civil desde el comienzo.

El PCN (M) sostiene que en el actual contexto mundial, o sea, en medio de la extrema polarización de la propiedad mediante el Fondo Monetario Internacional, la globalización y los programas de ajuste estructural, la enorme brecha entre los ricos y los pobres, el desarrollo de la electrónica y las comunicaciones y, con la internacionalización de los capitales y de la clase capitalista, la internacionalización de la clase obrera y de los pobres y, en esencia, en un momento en que todo el mundo está reducido a una pequeña aldea, no es suficiente aplicar una sola estrategia para hacer la revolución en el mundo de hoy. Si bien aún son válidas las diferencias fundamentales entre los dos tipos de países, el PCN (M) señala que es necesario incorporar elementos de la estrategia y las tácticas del camino revolucionario para los países imperialistas en la estrategia general de la guerra popular prolongada que se aplica en Nepal y países semejantes, y viceversa. Así, el partido describe este proceso como la “fusión de la insurrección y la guerra popular”.

Los camaradas del PCN (M) están muy conscientes de que Nepal es un pequeño país en el mapamundi. No obstante, desde 1996, se ha constituido en un poderoso polo de atracción, despertando las esperanzas del proletariado del mundo, enarbolando la bandera roja de la revolución en la cima del mundo y avanzando como base de apoyo de la revolución proletaria mundial. En la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y en el siglo 21, el que sea grande o pequeño un país, no se puede considerar a ninguna fuerza revolucionaria auténtica como débil. Como dijo Mao, cuando libramos una guerra justa, independientemente de cuán grande sea el enemigo, un país pequeño o una fuerza pequeña puede vencer a un enemigo mucho poderoso que libra una guerra injusta. La guerra en Nepal es una guerra internacionalista, una guerra del proletariado internacional.

LA SITUACIÓN DE HOY: EQUILIBRIO ESTRATÉGICO

Los golpes que han asestado los combatientes revolucionarios, el EPL, al viejo Estado concentrado en el ERN, representan el triunfo del pueblo sobre el enemigo. La derrota de las tropas enemigas refleja la derrota de la moral del viejo Estado, producto de las “debacles” que han sufrido la policía y fuerzas élites en sus campamentos militares bien fortificados. La situación ha generado un empate entre el reaccionario Estado y la revolución, es decir, la guerra popular ha dado un salto a una etapa superior, al equilibrio del poder entre el partido y el enemigo, de la etapa de la defensiva estratégica al equilibrio estratégico.

En junio de 2002, tras una importante reunión del Comité Central, el PCN (M) divulgó un importante documento que dice: “a pesar del desarrollo desigual de la guerra popular según el desarrollo desigual del país, ésta ha alcanzado la etapa del equilibrio estratégico en el desarrollo de la guerra popular, y es importante entender que hace preparativos para lanzar la ofensiva estratégica mediante ofensivas tácticas”. El empate no puede permanecer estático mucho tiempo; el enemigo desesperado tratará de recuperar sus posiciones perdidas y el partido tendrá que tomar la ofensiva táctica a fin de poder pasar a la ofensiva estratégica. Es una situación de equilibrio, un punto de viraje decisivo, en que las fuerzas revolucionarias y las fuerzas reaccionarias por igual luchan por cambiar la situación a su favor y obligar al otro bando a pasar a la defensiva.

¿Cómo han evaluado los revolucionarios maoístas la fuerza del pueblo y la del enemigo? Y, ¿cómo han llegado el partido y las fuerzas revolucionarias al nivel del equilibro estratégico? ¿Quiere decir que el partido y el enemigo ya cuenten con cantidades iguales de soldados y armamento? No. El ejército reaccionario aún cuenta con fuerzas armadas mayores y más fuertes y aún cuenta con más armas. Ante los avances de la guerra popular, el enemigo ha recibido más ayuda militar y económica de los imperialistas. No obstante, los revolucionarios maoístas, a pesar de tener menos soldados y armas, aprovechan su propia superioridad política y militar en el campo de batalla. Es importante tomar en cuenta el poder político que los revolucionarios maoístas han podido forjar y sostener con el Ejército Popular de Liberación y con la movilización de las masas. Este poder se enfrenta directamente al poder del sistema reaccionario. Ésta es una encrucijada crítica en el movimiento revolucionario.

La existencia de un equilibrio estratégico en la guerra no quiere decir que exista la misma situación en todo el país. Según el análisis del partido, aunque existe una situación general de equilibrio estratégico en todo el país, el ejército reaccionario en la región occidental está a la defensiva y el ejército revolucionario está tomando la ofensiva tanto política como militar. En la región central, el ejército reaccionario aún está a la ofensiva y en la región oriental predomina una especie de equilibrio.

Y es importante señalar que el país está dividido en tres zonas de combate: las principales zonas, las zonas guerrilleras y las zonas de propaganda. En las principales zonas, se ha desarrollado un embrión de poder político rojo; en las zonas guerrilleras el enemigo ha concentrado sus fuerzas, y se desenvuelven combates, operaciones de bloqueo y resistencia armada; en las zonas de propaganda las principales formas de lucha en apoyo a la guerra popular son: la propaganda política, las actividades abiertas de masas y la movilización de la clase media. La dialéctica de acciones exitosas tanto en los ataques armados en las zonas guerrilleras como los paros generales exitosos en las zonas de propaganda, ha sumido al enemigo en una serie de crisis políticas muy difíciles. Últimamente, las acciones guerrilleras se han convertido en una de las principales formas de lucha en las antiguas zonas de propaganda. Se libra la guerra de guerrillas urbana en la capital de Katmandú, como ensayo general para la futura insurrección y la toma del poder nacional.

El PCN (M) lucha fuertemente por romper el empate llevando la guerra a un nivel cualitativamente superior. Desde hace mucho, han tenido cierta influencia en el partido las ideas mecanicistas predominantes en el movimiento comunista de que el desarrollo cuantitativo automáticamente salta al desarrollo cualitativo. “En el transcurso de la lucha contra las ideas reformistas y evolucionarias de desarrollo en el movimiento comunista nepalés –escribe el Presidente Prachanda–, el partido hizo un aporte importante para afilar la ciencia del desarrollo de la dialéctica marxista sobre choques, rupturas, saltos y catástrofes” (The Worker, #6, p. 10). La experiencia ha demostrado que para avanzar a nuevas etapas, se requieren nuevos saltos y nuevas rupturas. La necesidad de hacer estas rupturas en primer lugar y de continuar dando los saltos cualitativos a medida que avance la revolución, es una experiencia importante para un partido del MRI, y todo el Movimiento saca buenas lecciones de la experiencia de los camaradas nepaleses.

EJERCER EL PODER POLÍTICO ROJO

El desarrollo del poder popular significa el crecimiento de las bases de apoyo rojas, que constituyen la “médula de la revolución”, según lo expresa el Presidente Gonzalo del Partido Comunista del Perú respecto a la guerra popular en ese país. Como ningún enemigo del mundo puede permitir ni permitirá que florezcan las bases de apoyo rojo, el reaccionario Estado nepalés ha tratado de parar en seco la guerra popular. Pese a los deseos del enemigo, la revolución ha echado raíces aún más profundas en el seno de las masas populares.

Desde el principio los cuadros del partido han llevado el concepto del poder político y las bases de apoyo en sus mochilas. Con la expulsión de la policía y las fuerzas armadas del campo, el pueblo enfrenta una nueva situación, en que han dejado de operar hasta las funciones más elementales del gobierno. Pero el pueblo necesita que el poder funcione, a fin de organizar las condiciones de subsistencia y de obtener sus necesidades básicas. Por ende, con la dirección del partido, se han encargado de formar nuevos organismos políticos, que se han convertido en el embrión del poder político rojo en el campo.

El poder popular quiere decir darle al pueblo una combinación de capacidades social, política y militar de modo que puedan dirigir las administración cotidiana de la vida en las zonas liberadas, en especial en las esferas administrativa, legislativa y jurídica. Entre las principales tareas que el nuevo Poder tiene que cumplir figuran: la seguridad social, los proyectos de desarrollo y la formación de un sistema de transacciones económicas entre los aldeanos y su desarrollo educativo y cultural, y la politización y la militarización de la población para continuar la lucha revolucionaria. El PCN (M) aplica la dialéctica a la relación entre la destrucción y la construcción. El principal aspecto en la actual etapa es la destrucción del viejo Estado, y la construcción del nuevo poder político es secundaria, pero también es necesario emprender ésta y, en los hechos, es imprescindible para hacer avanzar el primer aspecto.

En 2001, a fines del quinto año de la guerra popular, se aceleraban la expansión y la consolidación de la principal forma de bases de apoyo en diferentes regiones del país. En Rukum, Rolpa, Jajarkot y Salyan, distritos de la región occidental del país, los Comités Unidos del Pueblo Revolucionario ya ejercían abiertamente el poder político rojo y constituían los principales órganos de administración. Los principales diarios capitalinos publicaban noticias frecuentes de esas zonas. Algunos Comités Populares, que las masas llaman el gobierno del pueblo, invitaron a periodistas a participar e informar sobre gigantescos mítines abiertos. El 26 de agosto de 2000, el comité de la aldea de Korchawang celebró un gran mitin abierto a sólo tres horas a pie de Liwang, el cuartel general distrital de Rolpa, donde el comité realizó una conferencia de prensa al día siguiente, la cual tuvo por objeto dar a conocer a todo el país que los Comités Populares han estado operando como embriones del gobierno de nueva democracia al nivel local. Los comités al nivel local realizan actividades políticas, culturales, económicas, sociales y educativas y ejercen poderes coercitivos mediante órganos como las fuerzas armadas del pueblo, los tribunales del pueblo y las cárceles del pueblo. Los avances del poder político van de la mano con los avances de la guerra popular. Sin desarrollar el poder militar, el núcleo del poder del pueblo, a niveles cualitativa y cuantitativamente superiores, sería imposible extender y consolidar las bases de apoyo en las zonas relativamente estables de la revolución.

Los Comités Populares, en la mayoría de los casos conformados de 11 integrantes, son elegidos en elecciones generales convocadas por el partido de acuerdo al sistema de integración triple, forma de organización forjada bajo la dirección de Mao en la Revolución Cultural de China, que reúne a representantes de diversos sectores sociales. En Nepal, se combinan representantes del partido, del Ejército Popular de Liberación y de otras fuerzas, tales como las personalidades y los elementos democráticos y nacionalistas de la pequeña burguesía que participan en calidad de representantes de varios partidos, tales como cuadros rebeldes locales del partido del Congreso Nepalés o del UML. En las elecciones, son elegibles y participan como candidatos personas independientes, elementos que antes apoyaron y trabajaron por partidos, como el Rashitriya Prajatantra (RPP), quienes se han rebelado contra el programa reaccionario de su partido, así como otras fuerzas.

Los comités dirigen varios departamentos, los más importantes siendo el administrativo, el económico, el social, el cultural, el educativo y el de desarrollo. El de desarrollo administrativo se dedica, en general, a las actividades jurídicas, por ejemplo problemas de la tierra, transacciones comerciales y financieras, y cuestiones relacionadas con los tribunales del pueblo. Los comités fijan precios mínimos para todas las categorías de productos.

Un aspecto importante del ejercicio del poder político rojo en las bases de apoyo es la seguridad de la población. Como ya existen las bases de apoyo, los Comités Populares administran sus propias cárceles móviles y campamentos de trabajo, en que están retenidos elementos de la policía y funcionarios administrativos corruptos capturados y rufianes, delincuentes y paramilitares arrestados. Si bien hoy, la protección de la nueva sociedad es el aspecto principal de los campamentos, se administran sobre la base de principios que están diametralmente opuestos a las cámaras de torturas de la vieja sociedad, y buscan transformar a fondo el pensamiento de los detenidos y enseñarles a ser integrantes que aportan a la nueva sociedad.

AUTOSUFICIENCIA Y TIERRA PARA QUIENES LA TRABAJAN

Un reto importante de las fuerzas revolucionarias en medio de enfrentarse al enemigo en el campo de batalla, es reestructurar las relaciones económicas de modo que satisfagan las necesidades de la guerra popular así como sienten las bases de una economía autosuficiente que corresponde a los intereses del pueblo. Para hacerlo, es necesario romper con las relaciones económicas que han encadenado la economía del país y la han moldeado en beneficio de las necesidades del mercado indio y del sistema imperialista mundial, y será imposible hacerlo a menos que se desencadene a las masas en esta esfera para crear nuevas formas de organización económica que apoyen el mayor avance de la guerra popular hoy y aseguren que un futuro Nepal revolucionario pueda resistir un embargo económico contrarrevolucionario o hasta una futura invasión.

El eje de la economía del país es la cuestión de la tierra. La mayoría de las tierras fértiles, las llanuras bajas, están en lo que se llama el Terai; están en el sur del país y van del este al oeste y colindan con la India. Desde hace mucho, la familia real y sus numerosos familiares (los rana) han controlado éstas y los valles, como el Terai interior. La mayor parte de las demás tierras que han cultivado las masas, la han robado los altos burócratas. El partido aplica la política de expropiar las tierras de estos terratenientes y de repartirlas entre los campesinos según el principio de la “tierra para quienes la trabajan”. En el curso de hacer avanzar la guerra popular y forjar las bases de apoyo, la mayoría de los terratenientes feudales locales han abandonado sus tierras y huido a las ciudades. Y, algunas tierras han sido arrebatadas directamente al enemigo. Se entregan todas las parcelas de tierra y otras propiedades a los campesinos, principalmente los sin tierra, quienes tienen prioridad, y a los campesinos pobres; las demás tierras expropiadas se dedican a la producción cooperativa (o sea, se establecen los sistemas de producción de estas tierras sobre bases cooperativas).

Además de aplicar el método de cultivos cooperativos, los Comités Populares han empezado a desarrollar la producción colectiva. Los aldeanos han favorecido el sistema de cultivos colectivos, y se ha establecido la “Comuna Juni” como modelo del cultivo colectivo.

En la región occidental del Terai, la mayoría de las tierras las cultivan los tharus, una comunidad nepalesa que vive en las llanuras del sur. Los terratenientes feudales reaccionarios les robaron estas tierras y los obligaron a trabajar como esclavos por contrato, o kamaiyas, en sus propias tierras. Hoy, los kamaiyas se han levantado bajo la dirección del PCN (M) y luchan por derrocar a los terratenientes y retomar las tierras.

Cuando el movimiento del Terai apenas se iniciaba y alcanzaba un punto álgido, el parlamento declaró la “erradicación del sistema de esclavitud de Kamaiya Pratha”. No obstante, el auténtico cambio no proviene de los salones de banquetes de los ricos y poderosos, ni crearon esos señores ningún plan mágico. Sin resolver los problemas que surgen de las relaciones de producción de la sociedad, no es posible resolver el problema de los tharus. La abolición del sistema kamaiya con un decreto parlamentario sin ofrecer una alternativa viable, creó nuevos problemas para los campesinos sin tierra y sin techo. Fracasó el plan de los reaccionarios de sembrar confusión entre la gran mayoría de los tharus y de desviarlos del camino de la revolución maoísta, pues seguían agudizándose las contradicciones entre los terratenientes y los campesinos sin tierra. Hoy, debido al tratamiento correcto del problema de la tierra y de aplicar la línea de masas de persistir en politizar y armar a los campesinos, casi toda la comunidad ha asumido con entusiasmo el lema maoísta “tierra para quienes la trabajan”.

Como la tarea inmediata del partido es destruir las relaciones de producción imperantes, el plan de producción se ha orientado principalmente hacia el desarrollo de un sistema económico autosuficiente movilizando todos los recursos locales. Desde esta perspectiva, en las bases de apoyo se forman pequeñas industrias que reciben materias primas del campo. La producción se orienta a satisfacer las necesidades básicas e inmediatas del pueblo. En particular, las pequeñas empresas se dedican a producir los materiales que requiere el ejército popular, así como productos personales y del hogar, tales como gorros, calcetines, guantes, suéteres, sarapes, sábanas, bolsas y papel.

Surgen nuevas maneras de abordar los diversos problemas que no se habían nunca considerado antes. Por lo general, se ha prohibido la producción de alcohol, porque fomenta la ebriedad y el abuso de las mujeres, y porque requiere enormes cantidades de grano. Hoy, la prioridad en la distribución de granos es la alimentación del pueblo y de los soldados del ejército de liberación.

“EL PASADO HAY QUE HACER AÑICOS”

La cultura del pueblo es un factor muy importante en la transformación y la revolucionarización de la sociedad. A menos que se lleve a cabo una revolución cultural desde el principio, será imposible elevar la conciencia de las masas y transformar su concepción del mundo de modo que concuerde relativamente con el nivel de los activistas revolucionarios. Por tanto, desde el inicio del movimiento, y de mayor importancia, desde el inicio del establecimiento de la sociedad revolucionaria, los revolucionarios maoístas deben enseñar y movilizar a las masas en las esferas ideológica, política y cultural. En este sentido, se están operando grandes cambios en las bases de apoyo: las masas revolucionarias rompen con las costumbres y tradiciones viejas, podridas y opresivas (como los matrimonios arreglados y el acoso sexual) y establecen nuevas prácticas emancipadoras. Hoy, en las bases de apoyo del país, las masas desafían y luchan contra los milenarios tabúes de matrimonios entre diferentes castas, matrimonios por amor y segundos matrimonios de viudas.

En las bases rojas, las celebraciones revolucionarias reemplazan a las viejas celebraciones religiosas reaccionarias. En la tradición hindú, hay muchos ritos y ceremonias religiosos. Antes del establecimiento del poder político rojo, se realizaban grandes celebraciones como Dasain y Rij. Ante la elevación del prestigio de las celebraciones revolucionarias, han disminuido fuertemente las antiguas celebraciones, pues las masas las abandonan y crean una nueva cultura. El Primero de Mayo, el día del proletariado internacional, y los natalicios de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, así como el Histórico Día del Inicio de la Guerra Popular (13 de febrero), el Día de los Mártires y el Día Internacional de la Mujer, son celebraciones muy importantes en las bases de apoyo. Al perder su cultura vieja y retrógrada, los reaccionarios han estado delirando de que “se ha elevado a las mujeres hasta las azoteas”, “se rompen las relaciones cordiales entre hermanos y hermanas porque se han dividido la propiedad de los padres entre ellos”, y “los intocables regresan a la cocina”. En oposición a esos delirios reaccionarios, las masas siguen asestando golpes a las relaciones y prácticas sociales antiguas hasta que se eliminen completamente.

Se toma más conciencia de que la religión es “el opio del pueblo”, según observó Marx, y que las creencias hindúes apoyan ideológica y políticamente a la monarquía feudal. Y se comienza a ver que se reproducen y se refuerzan mediante la religión muchas prácticas fundamentalistas religiosas, en especial las que tienen elementos antipopulares, tales como la división de la sociedad en castas, cosa que la religión hindú practica con especial crueldad y astucia sosteniendo que la miseria y la opresión de los pisoteados representan un castigo por los pecados que han cometido en una vida anterior, y que los lujos y los privilegios de las castas altas representan una recompensa por sus bondades anteriores. Con el fomento de tales divisiones, las clases explotadoras han estado perpetuando la subyugación de las masas básicas. Desde el inicio de la guerra popular y mediante el desarrollo de las bases de apoyo, las masas comienzan a deshacerse de la religión y a redescubrir la humanidad en sí mismas.

En el curso de movilizar a las masas, los combatientes del Ejército Popular de Liberación participan en la producción y en la política, y en las actividades militares. En estas actividades, es importante combatir y eliminar el analfabetismo, que es un enemigo de la revolución, mediante las campañas de alfabetización, así como las campañas de salud y higiene que ya se realizan entre las masas.

Desde el surgimiento del embrión del poder político rojo en el campo, el PCN (M) ha prestado mucha atención a los derechos de las minorías nacionales, por ejemplo, aplicando el principio del derecho de las naciones a la autodeterminación. En las zonas de las minorías nacionales (janajatíes) donde ha sido expulsado el viejo Estado, éstas ejercen el poder. Por primera vez desde su sometimiento, o sea, desde la unificación del país en un solo nación-Estado a fines del siglo 18, las masas mismas están participando en la construcción de su propio futuro. Los camaradas janajatíes juegan un papel dirigente en los asuntos del partido. Con estas nuevas prácticas, se empieza a eliminar la dominación de la nación khash (la casta dominante, originariamente habitantes de la región de Khashan del país) sobre las minorías nacionales. Se aplica la integración triple mencionada arriba en las Comités Populares para forjar el poder político rojo. Se forman los Comités Populares sobre la base de la alianza obrero-campesina, en que participan representantes de las fuerzas democráticas y nacionalistas, y del partido y del ejército popular.

El PCN (M) ha dirigido la formación de los tribunales populares en las zonas del poder político rojo. Antes, las masas sufrían bajo los funcionarios del gobierno y los terratenientes feudales y su capital usurero. Los terratenientes robaban las tierras pertenecientes a los campesinos pobres, y muchos campesinos tenían que vivir endeudados y en la miseria. Aunque las masas siempre han sabido que los explotadores les han estado robando, no podían decir nada en su contra, pues los terratenientes disfrutaban de la protección del Estado. Hoy, donde el Poder esté en manos del pueblo, los tribunales populares están corrigiendo las injusticias impuestas por los reaccionarios. En las zonas bajo el control del pueblo, los campesinos han podido retomar las tierras robadas por los terratenientes, y allanar, capturar y destruir los bancos en que los terratenientes han depositado los documentos de las hipotecas que los mantenían en una servidumbre permanente.

LAS MUJERES SE LIBERAN DE LAS 4 MONTAÑAS

Mientras que la sociedad nepalesa ha estado bajo el dominio de tres montañas de opresión –feudalismo, capitalismo burocrático e imperialismo–, las mujeres de Nepal llevan a cuestas una más, el patriarcado, es decir la dominación masculina. Ni que decir de las mujeres hindúes de las “castas inferiores”, que han padecido brutalidades indecibles así como un inmenso sufrimiento social.

En la sociedad feudal, las mujeres no tienen derechos de propiedad. Inclusive en las “buenas familias” o familias adineradas de la burguesía, es poco frecuente encontrar títulos de propiedad a nombre de las mujeres.

Es obligación de las mujeres aceptar por esposo al hombre que hayan elegido sus padres. Las niñas novia y los matrimonios entre una joven y un hombre mayor son frecuentes, en ambos casos la tradición hindú lo permite y la pobreza los obliga. Las mujeres no pueden divorciarse, pero los hombres pueden tener más de una esposa. Las viudas no pueden volver a casarse, y es su obligación servir a la familia de su esposo como esclavas por el resto de su vida. Los hombres sí pueden volver a casarse si su esposa muere.

Estas prácticas sociales tan irracionales e injustas son cosa del pasado en las bases de apoyo de la revolución. A partir del establecimiento del poder político popular, la propiedad de la tierra es concedida tanto a hombres como a mujeres. Esta práctica ha hecho añicos uno de los principales grilletes que esclavizaba a las mujeres y que las obligaba a llevar una vida de absoluta subordinación y servilismo a los hombres y como consecuencia a toda la sociedad. El inicio de este proceso ha generado entusiasmo y fuerza en muchas mujeres para exigir y ganar respeto social. Este proceso, y la participación de las mujeres en los frentes político y militar, son una de las principales conquistas sociales generadas por la extensa participación de las mujeres en el ejercicio del poder político rojo y su enorme compromiso con la guerra popular.

Día con día crece la participación de las mujeres en el partido, en el Ejército Popular de Liberación y en el nuevo poder político y se eleva a más altos niveles. Gran número de mujeres comienza a organizarse en las fuerzas armadas dirigidas por los maoístas. Armadas con la ideología maoísta y fusiles en la mano, desatan su furia contra los odiados explotadores y el Estado reaccionario que protege a los viles enemigos del pueblo. Las mujeres de Nepal, que desde el comienzo de su existencia sirven de esclavas a los hombres en este sistema patriarcal, que han aguantado incontables ritos reaccionarios feudales, y que han recibido el trato de adornos y objetos del placer sexual del hombre, han comenzado a desafiar esas costumbres y sacudir violentamente esas relaciones sociales. Se están operando esos cambios de manera mucho más rápida en los pocos años que lleva la guerra popular que en las varias décadas de reformas.

En varias ocasiones, las mujeres combatientes se han sorprendido del alcance de su nueva determinación y fuerza para transformar sus condiciones y castigar a sus enemigos en la sociedad. Se guían por la llama roja de la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo-maoísmo (MLM) y aplican la ciencia de la revolución a las duras condiciones de Nepal de hoy. Actualmente se han vuelto más conscientes de sus propios intereses y de los de los enemigos en la sociedad de clases y de castas, y eso es la fuente de su coraje y fuerza, de su amor por el pueblo y de su odio al enemigo.

El valor de las mujeres en el movimiento revolucionario causa gran inspiración, si no asombro. Cuando son capturadas, no temen por sus vidas, aunque las tropas enemigas les apliquen brutales torturas, las violen tumultuariamente y les arranquen los ojos antes empaparlas de gasolina y quemarlas vivas.

El compromiso de muchas mujeres con el gran proceso de la revolución estremece fuertemente a todo el país. Por ejemplo, una señora de 50 años de la región occidental decidió vengar la muerte de su esposo, asesinado por el ejército reaccionario durante el estado de emergencia tras haber tenido que vivir en la clandestinidad varios años. Con una férrea determinación, se incorporó al partido y al ejército popular, lo que asustó a las tropas enemigas e inspiró a muchas personas a unirse a la revolución. Se extendió la noticia incluso a sectores de las clases medias, quienes manifestaron que las acciones militares contra la guerra popular no solucionarían el conflicto político-social. Y, el país se electrizó por la fuga de 5 presas maoístas que cavaron un túnel para escapar.

El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de la mitad del pueblo. Los reaccionarios jamás aceptarán que la mujer es una fuerza que puede hacer época; no pueden sino tratarlas como seres débiles. Como las mujeres revolucionarias del mundo, las mujeres rebeldes de Nepal están demostrando que pueden hacer historia conquistando el poder político y transformando las relaciones sociales sobre nuevas bases.

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL MOVIMIENTO COMUNISTA DE NEPAL

El avance del nuevo poder popular en las regiones de Mahabharat y las colinas Chure de Nepal, refleja no sólo el ascenso del pueblo, sino también una larga batalla en el frente ideológico y político al interior del partido comunista, es decir, una férrea lucha entre las dos líneas que se desarrolló hasta que se forjó una línea política e ideológica correcta. Una vez desarrollada una auténtica dirección maoísta a través de la lucha entre las dos líneas en el partido y de la lucha de clases en la sociedad, la causa de pueblo ha seguido avanzando sin pausa en medio de avances y retrocesos.

Al inicio, los procesos revolucionarios de los países vecinos influyeron enormemente en el movimiento comunista de Nepal. El PCN (M), un contingente del proletariado internacional, subraya que la línea maoísta desarrollada en Nepal es la síntesis de las guerras más avanzadas que nuestra clase ha iniciado en Rusia y China, y recientemente en el Perú. Es la síntesis de un profundo estudio y férrea lucha en el Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI) al interior del movimiento comunista internacional. Una breve historia del Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)] salió en UMQG 1996/22.

En la histórica II Conferencia en 2001 (ver UMQG 2001/27), el PCN (M) prestó mucha atención a la historia de la ideología del proletariado y a su desarrollo en Nepal. El desarrollo de la guerra popular de Nepal fue una consecuencia del desarrollo ideológico del partido y como dijo Lenin, la ideología es el factor decisivo en la revolución. Mao lo desarrolló más, diciendo que si el partido tiene una línea correcta, puede construir un ejército popular, bases de apoyo y por último conquistar el poder político, pero si tiene una línea errónea, perderá todo lo que tiene. Cada revolución es el producto de una línea correcta; esta línea se desarrolla aplicando el marxismo-leninismo-maoísmo a las condiciones específicas del país. Esto lo probamos una vez más en Nepal, donde la forja de una línea correcta por el PCN (M) ha sido la clave para el avance de la revolución.

De particular importancia en la lucha por iniciar la guerra popular en Nepal fue la larga lucha contra el grupo oportunista dirigido por Mohan Bikran Singh. Singh cayó en una variación ecléctica del dogmatismo de Hoxha (una corriente revisionista que surgió poco después de la muerte de Mao en 1976, que intentó revocar los veredictos correctos en el movimiento comunista internacional sobre las contribuciones de Mao a la teoría revolucionaria). En especial, Singh argumentaba que era erróneo usar el término “maoísmo” o considerarlo como una tercera etapa en el desarrollo de la ideología del proletariado, bajo el pretexto de que seguíamos en la época del imperialismo. Singh defendió los errores de Stalin y del anterior movimiento comunista para negar y oponerse a los grandes aportes de Mao a la ideología del proletariado. Concluyó que la guerra popular no podría triunfar en Nepal. Se forjó la línea revolucionaria maoísta en Nepal luchando contra el pensamiento dogmato-revisionista de la “Escuela de Pensamiento de Singh”.

Desde luego, otras luchas entre las dos líneas importantes ocurrieron en el curso de desarrollar el movimiento comunista en Nepal. Como se mencionó, el Partido Comunista Nepalés Unido (Marxista-Leninista), conocido como UML, de manera muy particular y ruin, contribuyó a apuntalar al tambaleante régimen reaccionario. Durante 9 meses en 1998, el UML fue socio importante en el gobierno y controló, entre otros puestos, el ministerio encargado de reprimir a los revolucionarios. Últimamente, como la monarquía se ha convertido en una institución desacreditada y vacía, el UML en su intento de darle vida nueva, ha jurado lealtad al rey. El UML recibió en sus oficinas al embajador yanqui, quitando las fotos de Lenin, Stalin y Mao para no ofender a su “honorable invitado”. Los maoístas también lucharon contra otras líneas reformistas como la del “insurreccionalismo” de Nirmal Lama. Una lección importante de la lucha contra estas tendencias fue la de captar que, sin forjar en los hechos una alternativa revolucionaria, ninguna organización revolucionaria puede vencer al revisionismo.

En estas luchas entre las dos líneas, el PCN (M) ha trabajado no sólo para mantener los principios revolucionarios sino aplicarlos a la práctica. Desarrolló el planteamiento maoísta de que “el partido es una unidad de contrarios” y recalcó que el camino de la revolución pasa por choques, rupturas, saltos y catástrofes. Guiados por los principios marxista-leninista-maoístas, el PCN (M) buscó la unidad con diversas tendencias que se encontraban en el movimiento revolucionario, y de esta forma se deslindaron todavía más los campos revolucionario y reformista. Así, para poder iniciar la guerra popular, el PCN (M) tuvo que romper con las ideas y tradiciones que aún predominaban en el movimiento comunista de Nepal, como el parlamentarismo. (Los precursores del PCN [M] contaban con 13 representantes en el parlamento.) Al mantener los principios revolucionarios básicos, es decir, el partido, la línea revolucionaria y las fuerzas revolucionarias, se realizaron simultáneamente 4 preparativos: político-ideológico, organizativo, logístico y de guerra. Para desarrollar la guerra popular, el partido consideraba que aún son necesarios estos preparativos y los realiza con el objeto de alcanzar un determinado nivel cualitativo y cuantitativo de guerra así como de hacer avances y dar mayores saltos.

El PCN (M) llama a esta síntesis del proceso revolucionario de Nepal, desarrollado mediante avances y retrocesos y grandes desafíos, el marxismo-leninismo-maoísmo y el Camino Prachanda. De acuerdo a su análisis, el marxismo-leninismo-maoísmo es la ideología básica y la teoría política, la ciencia de la revolución, y el Camino Prachanda es el conjunto de ideas relacionadas a las particularidades de la revolución en Nepal, que sirven como principios-guía. En el proceso de aplicar correctamente del marxismo-leninismo-maoísmo y hacer mayores avances políticos y militares, el partido ha analizado que se han hecho más contribuciones al marxismo-leninismo-maoísmo en el proceso de hacer avanzar la guerra popular en Nepal.

INTERVENCIÓN IMPERIALISTA Y EXPANSIONISTA EN NEPAL

Debido a los avances de la guerra popular y a la crisis tan profunda en que se han sumido las clases dominantes, especialmente la desintegración del sistema monárquico feudal, el imperialismo yanqui y el expansionismo indio han estado acelerando sus actividades contra el pueblo de Nepal. La gran incapacidad del régimen reaccionario para enfrentar los retos que impone el poder popular y su desesperación, hacen que el imperialismo yanqui se prepare en serio para lanzar una intervención más directa. La situación se torna cada vez más inestable tras el surgimiento de nuevos cambios en el escenario político, como la destitución del primer ministro, la usurpación del poder ejecutivo por la monarquía y el establecimiento de un gobierno conformado de personas que no pertenecen a ningún partido político o por lo menos no tienen la recomendación de éstos, entre ellos algunos tristemente célebres partidarios del sistema Panchayat, que es la forma de monarquía que existió en Nepal antes de 1990.

En febrero de 2002, Colin Powell, secretario de Estado yanqui, fue a Nepal. En mayo de 2002, el primer ministro Deuba fue de visita a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Gran Bretaña y los Estados Unidos han provisto, respectivamente, 40 y 22 millones de dólares en “ayuda”. Además, los yanquis enviaron una docena de expertos militares para conocer las tres regiones del país y elaborar unos planes de operaciones. Testigos vieron a dos militares yanquis en el operativo de cerco en Lisne. Es obvio que las fuerzas imperialistas ya están interviniendo en Nepal.

La agresión yanqui contra el mundo está llegando a su clímax, amenazando la seguridad y la estabilidad de todos los países. Los Estados Unidos golpea al Medio Oriente y sus emisarios recorren la región de Asia y muestran sus fauces como perros rabiosos. Con esta lógica, el gobierno yanqui utiliza los sucesos del 11 de septiembre como un “arma mágica” para intervenir donde quiera y cuando quiera. La estrategia general del imperialismo yanqui es de aplastar cualquier tipo de lucha que atente contra sus intereses, como las luchas antifeudales, antiimperialistas, y los movimientos de liberación nacional, democráticos y socialistas. Al tildar a todos de “terroristas”, justifican sus acciones contrarrevolucionarias para destruir cualquier oposición e intensificar su explotación sobre los miles de millones de seres humanos por todo el mundo.

El sueño de los imperialistas yanquis de usar su poderío militar para establecerse como superpotencia unipolar permanente suscita, a la vez, una mayor resistencia en todo el mundo. La gran miseria generada por los imperialistas en Asia, África y América Latina convierte a esas tres regiones en el centro de los levantamientos, que Mao llamó el “centro de las tempestades de la revolución mundial”. El naciente poder político rojo en los montes Himalaya, en el contexto de ese mundo tumultuoso, tiene profundas implicaciones para el sur de Asia y más allá.

Para contrarrestar el potencial de mayor turbulencia regional, el gobierno yanqui ya tomó la decisión sin precedente de establecer una oficina del FBI en Delhi, la capital india. Cuando el PCN (M) dirigió la histórica operación sobre el cuartel distrital de Achham, el gobierno yanqui dio a conocer su intención de construir una base militar en Nepal, afirmando que “Nepal es un país con importancia estratégica”. Aun cuando parece que las acciones de los imperialistas yanquis provienen de una posición de fuerza, en esencia son una manifestación del movimiento de las contradicciones en el sistema imperialista mundial. Por duro que el imperialismo intente sofocar los movimientos revolucionarios, sólo conseguirá intensificar y agudizar la contradicción principal entre los imperialistas y las naciones y pueblos oprimidos, así como agudizar las contradicciones entre los imperialistas.

En toda esta ofensiva yanqui, el gobierno indio ha intensificado sus acciones fascistas contra los pueblos del sur de Asia, y está reprimiendo los movimientos revolucionarios y de liberación nacional en toda la región. Han promulgado diversas leyes draconianas, como la Ley de Prevención del Terrorismo (POTA) para mantener su paraíso de rapiña sobre las masas indias. Bajo esta ley, han arrestado a periodistas y trabajadores sociales nepaleses y los han deportado a Nepal, sin juicio alguno ni otras “bondades” democráticas. También han arrestado a maoístas heridos de Nepal que estaban en tratamiento en hospitales privados de la India y los han entregado a la policía de Nepal. Estas acciones reflejan que el gobierno indio quiere mantener su dominación sobre Nepal.

El Estado hegemónico indio jamás aceptará que el pueblo de Nepal se libere y determine su propio destino. El gobierno indio está temeroso de que el gobierno de Nepal pueda ser derrotado por la revolución de nueva democracia y que el país se convierta en una base de apoyo para la revolución mundial. Está sumamente preocupado de que los avances revolucionarios en Nepal aumenten el descontento, ya de por sí muy fuerte, en la misma India. En tiempos en que el gobierno indio se ve obligado a enviar un millón de tropas a la frontera con Pakistán, y en los que la insurgencia maoísta se extiende en varios estados de la India, la idea de tener que centrar su atención en Nepal no es algo que les deleite.

El costo de la guerra con los revolucionarios maoístas podría ser varias veces más que el de la guerra que la India ya sostiene con los movimientos de liberación nacional en Cachemira y Bodo. L. K. Advani, ministro del Interior indio, mostró preocupación sobre la Federación Soviética del Sur de Asia propuesta por el PCN (M), en que los pueblos liberados del sur de Asia se agruparían en una unión voluntaria. Tras la formación del Comité de Coordinación de Partidos y Organizaciones Maoístas del Sur de Asia (CCPOMSA), las clases dominantes indias han tenido en la mira a Nepal y preparan una campaña de represión contra el movimiento maoísta.

Existe latente la posibilidad de que el gobierno indio intervenga en Nepal en cualquier momento. A petición del gobierno de Nepal, su homólogo indio envío sin demora armas, municiones y helicópteros, para ayudar al ERN en la lucha contra los maoístas. Un ejemplo de la ayuda del gobierno indio es el reciente arresto y deportación de un miembro del Comité Central del PCN (M), entregado al gobierno de Nepal.

Al otro lado de la frontera, la China revisionista sigue de cerca los acontecimientos en Nepal. A la burguesía china, aún horrorizada por el recuerdo de la Gran Revolución Cultural Proletaria, la asustará enormemente ver el nacimiento de un Nepal maoísta en su frontera sur. Y, les preocupa muchísimo la posibilidad de que la India ocupe a Nepal, pues eso perturbaría el frágil equilibrio de poder en la frontera indo-china, donde se han suscitado fuertes choques armados en el pasado. Al gobierno chino le inquieta mucho la posibilidad de que el gobierno indio, en colaboración con la alianza yanqui-británica, envíe tropas a Nepal.

No es posible concluir una discusión del papel de los imperialistas sin mencionar otras fuerzas que desafortunadamente han estado muy dispuestas a hacer parte del trabajo sucio de desinformar. Nos referimos a las organizaciones no gubernamentales (ONG) nacionales e internacionales que han recibido enormes cantidades de dinero para colaborar en la censura a los revolucionarios. Estas fuerzas han aparecido como mala hierba y difundido cientos de mentiras, como que “los revolucionarios están violando los derechos humanos” y “reclutando niños en el EPL”. Si fueran verdaderos testigos de los acontecimientos, se darían cuenta quiénes son los verdaderos “terroristas” y quiénes están violando los derechos humanos.

¿Acaso estaban dormidos cuando sus amos mataron a miles de personas en los últimos 7 años? ¿Acaso no es “terror” el que el gobierno asesinara a campesinos que trabajaban en sus tierras en Nepal occidental? ¿O que el gobierno reaccionario asesinara a presos políticos en distintas partes del país, y cuando en Lamahi mataran a sangre fría a docenas de presos políticos traídos de varias cárceles? ¿No era “terror” que el gobierno asesinara a los escolares Dil Badahur Ramtel, Subhadra Sapkota, Jamuna Chaudhary y otros que protestaban por el arresto de sus maestros? Mientras estas fuerzas chillaban acerca de las terribles “violaciones de los derechos humanos” por parte de los revolucionarios, se callaron cuando la fascista camarilla de Gyanendra-Paras ofrecía enormes recompensas por entregar a los dirigentes y cuadros maoístas que habían luchado por cambiar dramáticamente a la sociedad nepalesa y traerla al siglo 21, y sólo veían “violaciones de los derechos humanos” cuando las masas se levantaban y resistían al ejército genocida. Estas fuerzas tapaban los crímenes del Estado reaccionario y de las potencias imperialistas y así daban su aval al Estado cuando éste asesinaba a las masas.

Mientras el poder popular se desarrollaba en el país, los imperialistas y los reaccionarios se empeñaban en desaparecerlo. Ante esta situación, es crucial que los revolucionarios maoístas impulsen una amplia solidaridad mundial con la guerra popular. Como lo ha señalado el Movimiento Revolucionario Internacionalista, debemos forjar apoyo a la revolución nepalesa en todas las actividades contra la agresión yanqui en Irak y en otros países. La reciente gira europea que patrocinó el Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo para promover la solidaridad con la guerra popular en Nepal, llegó a miles de personas y mostró el potencial de mayores acciones.

Se acerca la hora para que los revolucionarios maoístas cumplan con su deber internacionalista, que Lenin definió como “trabajar abnegadamente para desarrollar el movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país, y apoyar (con propaganda, solidaridad y ayuda material) esta lucha, ésta y sólo esta línea, en todos los países sin excepción” (“Las tareas del proletariado en nuestra revolución”).

EL PODER POLÍTICO ROJO BRILLA EN EL HORIZONTE

La sociedad de Nepal está pasando por una enorme prueba de fuego. Encuentros violentos sin precedentes están ocurriendo entre las fuerzas del pasado y aquellas del futuro. Bajo la dirección del PCN (M), las fuerzas avanzadas del futuro se han unido en todo el país y lanzado una ofensiva contra el viejo y podrido Estado feudal. Los elementos atrasados y reaccionarios se han unido bajo la camarilla medieval y retrógrada de Gyanendra y Paras, que sobrevive con el apoyo del imperialismo yanqui y del expansionismo indio. La corriente de la guerra popular que libran los grandes héroes del pueblo de Nepal para liberarse de todas las formas de la explotación del hombre por el hombre, se ha desarrollado en el Ejército Popular de Liberación y forjado bases de apoyo y el poder político rojo, y constituye un desafío histórico al régimen feudal autocrático. En el lado opuesto, el régimen feudal, en aras de defender los intereses del sistema reaccionario, ha degenerado en la camarilla fascista de Gyanendra y, es más, en el fascismo del Ejército Real de Nepal, para reprimir al movimiento del gran pueblo de Nepal.

Es claro que el país se ha dividido en dos polos: el palacio real y el cuartel general de Rolpa. Los dos polos están diametralmente opuestos: manifiestan dos ideologías, dos épocas, dos ejércitos en el campo de batalla. Millones de nepaleses de todos los sectores, sean campesinos o labriegos, proletarios o personas de la clase media o la burguesía nacional, ya se han tomado partido con la nueva sociedad, rechazando la podrida y vieja sociedad reaccionaria. La hora ha llegado para que todos los sectores de la población elijan con urgencia entre el naciente poder revolucionario maoísta científico y el sistema autocrático feudal medieval respaldado por el imperialismo.

En la historia del movimiento revolucionario de Nepal, en muchas ocasiones no se tuvo un correcto análisis, o debido a las debilidades de las fuerzas revolucionarias, los reaccionarios pudieron imponer sus intereses en contra de aquellos de las masas. Pero bajo la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), el pueblo de Nepal cuenta con el Ejército Popular de Liberación, las bases de apoyo y el apoyo de las masas en todo el país. En contraste, el sistema reaccionario está completamente aislado del pueblo, tiene una base y superestructura carcomidas y se mantiene en pie únicamente con un ejército reaccionario y el apoyo y ayuda de los imperialistas. Aunque el régimen reaccionario recibe ayuda de los países imperialistas, ello no refleja la voluntad de los habitantes de esos países. En todo el mundo, el proletariado tiene el deber de clase de destruir los Estados reaccionarios y construir las bases rojas de la revolución proletaria mundial, y en general, los habitantes de los países imperialistas tienen un interés común al lado de los revolucionarios y el pueblo de Nepal. La renuncia de la viceprimera ministra de Bélgica, la Sra. Magda del partido Verde, en protesta por el envío de armas a Nepal, es una expresión de las contradicciones en los gobiernos de los países imperialistas, y refleja el sentir de las masas de esos países contra la intervención para apuntalar a regímenes reaccionarios como la monarquía de Nepal.

Aún se dice que la revolución en Nepal no triunfará y que ni las condiciones objetivas ni las subjetivas están maduras para la revolución. Según este argumento, aunque la revolución triunfara, no habría otros Estados revolucionarios que apoyaran al nuevo Estado nepalés, y por lo tanto, a menos que se dé una revolución en la India u otros países grandes, la revolución en Nepal es prematura. No obstante, esta lógica no corresponde a la realidad objetiva.

Primero, si uno no hace nada por la revolución o por la guerra revolucionaria, las condiciones objetivas y subjetivas jamás estarían maduras. Para los revolucionarios maoístas, la maduración de las condiciones objetivas y subjetivas es relativa. Mao expresó que las condiciones objetivas en el mundo están maduras para la revolución, y lo que tienen que hacer los revolucionarios es desarrollar las condiciones subjetivas. Desde entonces han sucedido muchos grandes cambios políticos. El imperialismo ha estado intensificando la explotación de las masas del mundo, y las contradicciones entre el imperialismo y las naciones y pueblos oprimidos se han agudizado. La situación ha preparado las condiciones para hacer la revolución en todo el mundo.

Segundo, hacer la revolución no es ofrecer un banquete; requiere una práctica basada en una ideología científica y la política del marxismo-leninismo-maoísmo. Si las condiciones subjetivas no hubieran existido, la guerra popular nunca se habría desarrollado al nivel que tiene hoy. La verdad es que las condiciones subjetivas se están desarrollando en el transcurso de la guerra dirigida por el partido revolucionario maoísta. En Nepal, las masas no tenían ni bases de apoyo ni el poder político antes del inicio de la guerra popular y ni se habían formado ni el Ejército Popular de Liberación ni las milicias populares. Como dijo Mao, se aprende a combatir en el curso mismo de la guerra.

Tercero, si bien no existen Estados revolucionarios en el mundo de hoy, el proceso de la revolución está en ascenso en todo el mundo. En el vecino país de la India, la lucha revolucionaria dirigida por los partidos maoístas –el Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista) (Guerra Popular) y el Centro Comunista Maoísta– avanza en importantes partes del país, y el Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista) (Naxalbari) y otras fuerzas maoístas se preparan para abrir nuevos frentes de lucha. Además, todo el sur de Asia hierve con movimientos de liberación nacional. Y, los movimientos de masas (que se desarrollan de manera cualitativa y cuantitativa con un carácter revolucionario) contra el imperialismo en Europa y los Estados Unidos, y la férrea resistencia contra el imperialismo en el Medio Oriente, indican que la furia latente en la sociedad ha alcanzado un punto explosivo. El Movimiento Revolucionario Internacionalista ha luchado por vincular los movimientos maoístas, dando una dirección ideológica al movimiento comunista internacional, y se desarrolla como centro embrionario de una internacional comunista de nuevo tipo. En el sur de Asia, la CCPOMSA trabaja para coordinar las luchas de los partidos y organizaciones maoístas de la región. Estos hechos dan un potente respaldo a la lucha del pueblo de Nepal.

Imaginemos, además, el impacto que tendría la victoria de una revolución dirigida por maoístas en Nepal, en el seno de los campesinos pobres de la India, y la claridad que tal victoria daría en las luchas entre las dos líneas que rugen en el movimiento revolucionario de la India. El descontento y la rebelión ya arden en grandes partes del país, y millones de nepaleses viven en todas las ciudades de la India. Nepal colinda con algunas de las regiones más candentes de la India, donde han existido focos de descontento revolucionario en el pasado y el presente: Bihar, Bengala Occidental y Jarkhand. La histórica aldea de Naxalbari donde se inició una lucha armada en los años 1960, está ubicada cerca de la frontera indo–nepalesa.

Los imperialistas están muy conscientes del significado de la batalla que se libra en Nepal, y también deben estarlo los revolucionarios proletarios. En momentos en que los imperialistas aceleran su intervención y agresión en todo el mundo, lo que está en juego es la posibilidad de que el proletariado rompa la cadena del imperialismo, cosa que urge muchísimo y que se ha esperado desde hace mucho. Es una lucha dirigida por un partido marxista-leninista-maoísta con la determinación de liberar a Nepal al servicio de la revolución proletaria mundial. La revolución en Nepal necesita y se merece el apoyo de todos aquellos que luchan contra los amos actuales del mundo viejo y luchan por edificar uno nuevo.

El futuro de 23 millones de personas en Nepal se decidirá en los tiempos por venir. En un extremo está un futuro encadenado al pasado, un mundo de opresión y miseria que no es ajeno a nadie que haya vivido o visto el último escalón del orden imperialista mundial. En el otro extremo está una visión completamente diferente: una en que los montes Himalaya brillan de rojo y el monte Sagarmatha sonríe ante el transcurrir de nuevos días, ante la alborada de un Nepal de nueva democracia. Se aproxima el día en que una parte de los más pisoteados del planeta se pondrá de pie, enarbolando la bandera roja nuevamente sobre la faz de la tierra y continuando por el camino de la historia que forjaron la Comuna de París, la Revolución de Octubre y la gran Revolución China. Será el día en que el proletariado internacional dé un paso más en la realización de la revolución socialista y continúe la transformación del mundo en una sociedad sin clases, el comunismo.