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Revolución
en Nepal
¡El mundo
va a cambiar de base!
Al cierre de esta edición
(fines de noviembre), se agudiza aún más la lucha
de clases en Nepal. Del 10 al 12 de noviembre de 2002, un bandh
nacional (paro general), bajo la dirección del Partido Comunista
de Nepal (Maoísta), paralizó la capital de Katmandú
y las pocas zonas del país que todavía están
en manos de los reaccionarios. A las 22 horas del 13 de noviembre,
el Ejército Popular de Liberación (EPL) lanzó
ofensivas simultáneas en Kalanga, cuartel general del distrito
de Jumla y un retén policíaco en Takukot, distrito
de Gorkha.
En Kalanga, durante
7 horas de combates, el EPL mantuvo a mil soldados del Ejército
Real de Nepal atrapados en las barracas. Murieron 33 oficiales y
soldados enemigos. La prensa capitalina dice que dos helicópteros
con aparatos infrarrojos dejaron 55 elementos del EPL muertos.
El distrito de Gorkha
(centro del país) está a 95 km de la capital y es
la cuna de la monarquía. En el retén policíaco
de Takukot, las fuerzas de seguridad fueron derrotadas, con saldo
de 26 muertos, en un combate de hora y media.
A fines de noviembre,
la prensa capitalina se alarmó ante los avances del EPL en
el este del país y advirtió la potencial pérdida
del prestigio del gobierno ante la inminente caída de los
accesos a Sagarmatha (Everest) en manos de los maoístas.
Los partidos parlamentarios
y el palacio real están muy divididos, el Estado se tambalea
bajo los golpes del EPL, y el sistema político se sacudió
cuando el rey Gyanendra dio un golpe de Estado en octubre y disolvió
el parlamento y el gobierno. – Un Mundo Que Ganar
1. INTRODUCCIÓN
Los pobres, pisoteados y despojados de Nepal, que llevan 7 años
librando una Guerra Popular para cambiar la situación del
país, están izando en la “cima del mundo”
la bandera roja de la revolución. Conocido como productor
de soldados mercenarios para ejércitos extranjeros, el país
ha sido transformado en una cuna de soldados del proletariado internacional.
La mujer, esclavizada durante siglos bajo la dominación feudal,
se ha levantado y empuñado las armas para tomar el futuro
en sus propias manos, en los albores del siglo 21. Antes conocido
como paraíso para vacacionistas, se ha convertido en un país
de importancia estratégica para los imperialistas, y para
las masas revolucionarias del mundo entero.
Con la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta)
[PCN (M)], un valioso destacamento del Movimiento Revolucionario
Internacionalista (MRI), se ha desarrollado y organizado un ejército
de nuevo tipo, llamado Ejército Popular de Liberación,
Nepal (EPL). En los combates con el enemigo y en el trabajo de unir
y movilizar a las masas, se ha desarrollado al nivel de pelear en
brigadas (cientos de soldados). El gobierno reaccionario ha tenido
que retirarse de grandes partes del campo donde sólo contaba
con fuerzas pequeñas. El poder político rojo, con
el que las masas rompen con las milenarias tradiciones, florece
en todo el país, y la sociedad entera advierte el avance
de la revolución hacia la victoria nacional. Todo esto ocurre
en un mundo en que no existe ningún país gobernado
por el pueblo.
Por siglos, la vida de las masas de Nepal ha cambiado poco. Las
relaciones sociales y económicas del país fueron moldeadas
por la dependencia de la India y del occidente. Su población
ha constituido una reserva de mano de obra barata para la India,
y sus recursos naturales alimentan la economía de ésta.
La belleza natural del país lo ha hecho un coto de privilegio
de los turistas occidentales, quienes pueden admirar el monte Sagarmatha
(Everest) y maravillarse de la vida de un país aparentemente
“ajeno” al caos y tumulto de la industria y las relaciones
codiciosas típicas de las sociedades capitalistas. Pero este
placentero paisaje alberga miseria para las masas, cuyo trabajo
enriquece a los terratenientes feudales, a la élite de Katmandú
y a sus patrones indios, y cuyos niños se matan trabajando,
a menudo como migrantes en los peores trabajos en la India.
El sistema político corresponde a dicha realidad social
decadente. Durante siglos los monarcas han gobernado el sistema
feudal. Las reformas desde 1950 han hecho cambios superficiales
y han dejado intacto el sistema de opresión. Es decir, Nepal
necesita una revolución democrática que libere al
pueblo y desencadene las fuerza productivas. Tal como Mao Tsetung
enseñó, en la época del imperialismo le corresponde
al proletariado, representado por su partido comunista de vanguardia,
estar al frente de las masas y dirigir la revolución de nueva
democracia, barrer los vestigios medievales y la dependencia extranjera
y permitir que el país avance hacia el socialismo y el comunismo
como parte de la revolución proletaria mundial.
El 13 de febrero de 1996, el PCN (M) se atrevió a iniciar
la guerra popular, un toque de clarín de un nuevo futuro,
que estalló en una bien planeada ola de ataques que sacudieron
al país, pero que fue subestimada por la élite occidentalizada.
En los primeros años, pequeñas unidades de guerrilleros
se movilizaron y se organizaron en el campo. Armados con armas primitivas
y a veces algún rifle moderno arrebatado al enemigo, combatieron
en escaramuzas con las fuerzas policíacas y las bandas de
matones ligadas a los terratenientes feudales que mantienen al campesinado
sometido. Pero el programa de revolución agraria y de transformación
social, económica y política se ganó a muchos
partidarios y prendió la conciencia de la juventud, las mujeres
y los pobres, y cobraba fuerza progresivamente.
En los 7 años desde entonces, la revolución ha hecho
grandes avances confrontando y derrotando las sucesivas olas de
represión y terror de los matones reaccionarios y las fuerzas
policiales militarizadas, y últimamente al Ejército
Real de Nepal (ERN).
En la situación actual (otoño de 2002), el gobierno
central casi no tiene presencia en gran parte del campo. Las fuerzas
armadas del viejo Estado han sufrido derrotas importantes, en la
región occidental que es la plaza fuerte de la revolución,
y en las regiones central y oriental.
Fuera de la capital de Katmandú, el ERN controla algunas
barracas en los cuarteles generales distritales y algunas partes
del Terai, un llano fértil colindante con la India. De una
población de 23 millones, 10 millones viven en las zonas
dominadas por el poder rojo. Las clases dominantes están
entre la desesperación y la furia vengativa.
Políticamente, el enemigo está aislado y en crisis.
La fuerza de la revolución ha impedido que el gobierno celebre
las elecciones programadas para noviembre de 2002. Al cierre de
esta edición, el rey Gyanendra ha destituido al primer ministro
y ha tomado el Poder en sus manos, y así eliminado las reformas
conseguidas por el levantamiento popular de 1990. Aun en las regiones
controladas por el enemigo, existe apoyo a la revolución
mediante la participación masiva en bandhs (paros
generales) y otras formas de lucha.
El futuro de Nepal se está jugando entre los dos cuarteles
generales: el gobierno central en la capital de Katmandú,
y las zonas rurales unidas alrededor del distrito occidental de
Rolpa, la zona revolucionaria principal. Los amos tradicionales
de Nepal –los imperialistas y los indios– aumentan su
ayuda al gobierno con la esperanza de que éste pueda retomar
la iniciativa. Al mismo tiempo, los revolucionarios movilizan a
las masas para las pruebas decisivas que vienen. El resultado de
estas batallas tendrá un profundo impacto en el país
y en el futuro de la revolución en la India y en el mundo.
2. LA SITUACIÓN
OBJETIVA
¿UNA VIDA
PINTORESCA, O CRUEL OPRESIÓN FEUDAL?
El imperialismo y el feudalismo han mantenido al pueblo en condiciones
que parecen medievales en comparación con Europa. Todavía
existen las tribus raute y kusunda, que llevan una vida nómada
en los bosques y viven de la cacería. La abundancia de agua
es una burla, pues las masas tienen que compartir el agua para beber
con el ganado en estanques que colectan el agua de la lluvia. En
el campo, las mujeres tienen que traer agua de los ríos o
manantiales en jarras u ollas, a menudo a más de tres horas
de camino, escalando y bajando empinados senderos a pie.
De acuerdo a The Worker [El obrero], órgano del
PCN (M), el producto nacional bruto es de 180 dólares por
persona, el segundo más bajo en el mundo. Cerca del 70% de
la población vive debajo del nivel de pobreza absoluta. El
país entero es muy pobre, con una aguda polarización
de clases y grandes disparidades. El 10% de la población
tiene más del 46.5% del ingreso nacional y el 65% de las
tierras de cultivo.
La situación de la mujer es especialmente opresiva. Las
hijas están marginadas de la educación, no son herederas
de la propiedad familiar y son obligadas a llevar una vida de amas
de casa. Algunas se casan antes de los 13 años. La esperanza
de vida es de 56 años, pero la de la mujer, que sostiene
“la mitad del cielo”, es más baja. Nepal es uno
de los pocos países donde la esperanza de vida de la mujer
es menor a la del hombre, reflejo del peso del patriarcado. Muchas
mujeres mueren en el parto, y muchos niños mueren de desnutrición,
cólera y gripe; la tasa de mortalidad infantil es superior
a 75 por mil, 10 veces la de países como Japón y Suecia.
Los servicios médicos en el campo son casi inexistentes.
Pocas aldeas tienen postas médicas, ni hablar de hospitales.
En la mayoría de estos poblados un enfermo tiene dos opciones:
curarse usando hierbas y curanderos tradicionales, o una muerte
prematura. Son comunes la malaria, tifoidea, cólera y tuberculosis.
Debido a su comercialización, los servicios médicos
son muy caros en las grandes ciudades e incluso para la clase media
es difícil comprar medicamentos. Existe una tasa muy baja
de alfabetismo; de acuerdo al gobierno, es menos de 50%, y los jóvenes
con educación tienen que ir a la India u otros países
en busca de trabajo. (Datos de The Worker, #3, 1997; III Conferencia
sobre los Países Menos Desarrollados de la ONU, estudio del
país de Nepal, Bruselas, 14-20 mayo 2001; Enciclopedia
británica).
En su vida cotidiana, el campesinado recoge lo que necesita para
subsistir y vende las hierbas, ghee y frutas que siembra en el campo.
En las regiones remotas, es necesario obtener de los mercados sal,
pimienta negra, medicinas y ropa, y cargarlos en la espalda a distancias
de más de 15 días a pie. En las regiones montañosas,
las mulas y los caballos son los principales medios de transporte.
En tales condiciones, la vida es muy cara; por ejemplo, el precio
de los productos importados puede ser de 15 a 20 veces más
que el de los mercados.
Los imperialistas nunca han considerado a Nepal un “tigre
asiático”. Durante décadas han ignorado el sufrimiento
y la pobreza del pueblo y han mantenido al país en las condiciones
de atraso del tercer mundo.
UN PAÍS
ENCADENADO A LA INDIA Y AL OCCIDENTE
Estas amargas condiciones reflejan la posición de Nepal
en el sistema imperialista mundial. Ha sido fuertemente dominado
por la India por generaciones. Millones de migrantes nepaleses tienen
los trabajos peor pagados en las ciudades de la India. En su mayoría,
son jóvenes o adultos de edad media, por lo común
una fuente importante del crecimiento económico de un país,
pero su trabajo sirve a los ricos indios. Esto explica en parte
las condiciones crueles en que vive la mujer: a cargo del hogar,
de las pequeñas granjas y de la crianza de los niños.
Nepal surte a la India materia prima, como madera, y en particular
enormes cantidades de energía hidroeléctrica barata.
Es la tercera fuente de energía hidroeléctrica del
mundo, después de Brasil y China, pero no ha sido desarrollada
para las masas, quienes viven a la luz de fogatas y en algunos lugares
lámparas de parafina. Irónicamente, el país
no tiene la energía que necesita, y en las ciudades y aldeas
donde existe la energía eléctrica, la radio y la televisión
son considerados un lujo.
También es un gran mercado para productos de la India.
El “tratado de paz y amistad” de 1950 acentúa
la dependencia hacia la India y dificulta el desarrollo de la industria
nacional. De acuerdo al tratado, Nepal debe obtener los productos
industriales que necesite de la India, constituyendo así
un mercado seguro para ésta.
El turismo occidental es una de las principales fuentes de divisas,
junto con lo que remite desde la India su otra exportación
principal: los trabajadores migratorios. No obstante, la mayor parte
de los ingresos que entran por sus atracciones turísticas
(p. e., las expediciones a los Himalaya) va a parar a manos de los
intermediarios occidentales (hasta el 90% del costo de una expedición),
y no a la economía del país.
Los tratados secretos de las clases dominantes indias con las
clases dominantes nepalesas hacen que Nepal dependa fuertemente
de la India, incluso para su seguridad nacional. Según un
tratado de 1965, las armas y municiones del ejército nepalés
las debe suministrar el gobierno indio, o en su defecto deben ser
compradas a un país del tercer mundo que recomienda ese gobierno.
Los tratados han estrangulado el crecimiento de la economía,
en especial la autosuficiencia. Las intenciones de las clases dominantes
indias son tratar a Nepal como parte de la India bajo el pretexto
de un tratado de igualdad y amistad, y subyugar al pueblo nepalés
mediante el control de la industria y las armas. O sea, bajo la
dominación india en el sistema imperialista mundial, Nepal
está condenado a continuar en la más extrema pobreza,
sin posibilidad de desarrollo ni educación, y a depender
de sus bellezas naturales y la exportación de su juventud.
LAS CADENAS INTERNAS
QUE SUBYUGAN A LAS MASAS
Nepal es un país multinacional y multilingüístico,
dominado por las castas altas brahmin y chetries, mientras que las
minorías nacionales conocidas como janajatíes
(la mayoría de la población) viven bajo la dominación
de clase y de casta, el saqueo y la humillación. Las castas
altas han robado la mayoría de las tierras fértiles
en los valles y en las regiones prósperas del Terai, y la
mayor parte de los cargos de gobierno y del comercio y empresas
importantes. La calidad de las tierras se divide en cuatro clases:
abbal (la mejor), doyem (muy buena), sim
(buena) y char (normal). La mayoría de las dos primeras
es controlada por los terratenientes; los campesinos poseen las
dos últimas.
La sociedad está dividida en terratenientes; campesinos
ricos, medios y medios inferiores; campesinos pobres; y campesinos
sin tierra. Bajo las relaciones semifeudales de producción,
los terratenientes no tan acaudalados apenas tienen la misma riqueza
que un desempleado europeo que sólo cuenta con sus necesidades
básicas. Un terrateniente promedio tiene más tierra
de la necesaria para sobrevivir; su propia casa; ganado y aves para
producir abono y comida; y no trabaja su tierra ni cuida su ganado.
Un campesino rico tiene dos yuntas de bueyes, ganado y aves para
producir leche, carne y abono, y trabaja la tierra en parte con
trabajo asalariado y en parte con trabajo compartido (la ayuda mutua
de temporal), y tiene un sirviente en casa. Los campesinos medios
y campesinos medios de la capa inferior tienen una yunta de bueyes,
tierra suficiente para compartir trabajo, y una producción
que apenas da para comer durante el año. Los campesinos pobres
tienen una parcela sin ganado, y la producción a duras penas
da para comer medio año. No comparten su trabajo pero lo
venden. Los campesinos sin tierra venden su mano de obra y la vida
de su familia es una forma de esclavitud por contrato.
Bajo las relaciones de producción semifeudales y su dependencia
de la India, Nepal tiene poca producción industrial. Las
pocas industrias que tienen las trasnacionales y la burguesía
nacional con la colaboración de la clase compradora capitalista
nepalesa, son principalmente de licor, vino y fármacos, y
sacan provecho de la mano de obra infantil barata. La mayoría
de los productos con la etiqueta “hecho en Nepal”, como
relojes, radios y televisores, no se fabrican ahí; se ensamblan
con partes importadas de la India, el Japón y otros países.
Como híbrido del feudalismo y del capitalismo comprador,
el capitalismo burocrático se ha desarrollado y se ha afianzado
profundamente en la sociedad. El capital burocrático ha tenido
a las masas bajo el yugo de la explotación múltiple.
Por ejemplo, si un campesino quiere poner una granja avícola,
tiene que sobornar a la dependencia gubernamental y a la industria
correspondientes. Asimismo, muchas veces se soborna a los burócratas
del registro de la tierra para transferir el título de la
tierra de un campesino a un terrateniente. En Nepal, como no hay
trabajo de tiempo completo en ningún sector, un terrateniente
es al mismo tiempo un industrial, un miembro del parlamento o ministro,
y un capitalista burocrático. Y, un campesino trabaja en
el campo y en la industria, vendiendo su mano de obra.
A esta sociedad putrefacta, jaula de nacionalidades, la protegen
el Estado reaccionario, los fusiles de la policía y el ejército,
y el sistema de reglas y leyes reaccionarias.
3. LA LUCHA POPULAR
(UN BREVE REPASO)
CRISIS EN EL
SISTEMA PARLAMENTARIO: LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA
En 1990, surgió un gran movimiento de masas contra estas
condiciones opresivas, resultado de una larga lucha contra la monarquía
feudal, que se agudizó en los años 1970 y 1980. Antes
de 1990, bajo el sistema feudal Panchayat, los partidos políticos
estaban prohibidos, y se gobernaba mediante consejos de nobles y
el rey era la máxima autoridad. El levantamiento de 1990
obligó a las clases dominantes a aceptar cambios en el gobierno
y reestablecer el sistema parlamentario. Las masas pensaron que
así tendrían una vida mejor, con carreteras en los
lugares remotos del país, electrificación, medicamentos,
un desarrollo global del país, y la eliminación de
la miseria. Y, creyeron que mejorarían las condiciones de
vida, educación y empleos, y se abolirían la injusticia
social, como la opresión de la mujer y su posición
de desigualdad, la opresión de castas, y la subordinación
de minorías nacionales y la discriminación contra
ellas en los servicios del gobierno. En una palabra, con el nuevo
gobierno la corrupción y el nepotismo serían cosa
del pasado.
No obstante, los males de la sociedad empeoraron, desvaneciendo
las esperanzas del pueblo. A pesar de enorme lucha y sacrificio,
el sistema parlamentario fue sólo un cambio de gobierno.
Ese “cambio” no era sino “vino añejo en
odres nuevos”. El sistema y las relaciones sociales eran los
mismos, y se mantenían las formas de explotación,
opresión y atraso. El sistema parlamentario (aun en el caso
de uno que tiene la más amplia gama de fuerzas políticas
posible) no pudo traer la revolución de nueva democracia
que tanto se necesitaba. No pudo romper con el imperialismo; dejó
la monarquía y el Ejército Real (la columna vertebral
del Estado) intactos; y, como no se dio una revolución agraria,
se preservó el semifeudalismo. O sea, no se operaron cambios
en el carácter de clase del Estado y la sociedad.
Desde el establecimiento del sistema parlamentario en 1990 y las
primeras elecciones en 1991, el parlamento no ha solucionado los
problemas de las masas. Los partidos se dedican a ampliar su influencia
y poder, a robar al pueblo, y a maquinar conspiraciones para maniobrar
y derrocarse unos a otros. Es común ver las más extremas
formas de corrupción y nepotismo en el gobierno. Y, se ha
suprimido el derecho de protesta y oposición, mientras que
no se atienden las cuestiones de nacionalidad, democracia y condiciones
de vida.
Es más, en la frontera sur, el gobierno indio ha continuado
interviniendo en las asuntos internos de Nepal y se ha inmiscuido
más en las esferas económica, política y hasta
geológica. El parlamento, en lugar de criticar a esas intervenciones,
las ha avalado. Los sucesivos gobiernos del país no han estado
dispuestos o no han sido capaces de abrogar los tratados unilaterales
que imponen la dominación india. Y, han estado más
dispuestos a ser títeres de las clases dominantes indias
y así traicionar al pueblo. En medio de fuertes protestas
populares, en 1996 el gobierno nepalés negoció y firmó
el Tratado de Mahakali con el gobierno indio, que estipula que Nepal
entregue el agua de Mahakali a la India. Las fuerzas que después
formaron el PCN (M) criticaron a la conspiración del rey,
del partido del Congreso Nepalés y del “Frente de Izquierda”,
pero la propaganda de los medios informativos nacional e internacional
describieron el tratado como “muy beneficioso”. Con
el paso del tiempo y con la mayor conciencia de los hechos, se despejaron
las ilusiones. Durante este período, los maoístas
dirigieron constante y firmemente a las masas en una serie de luchas
políticas para desenmascarar estas conspiraciones.
A pesar de la nueva fachada parlamentaria, el gobierno reprimió
vilmente a la oposición arrestando, torturando y encarcelando
a cientos de personas que protestaban por su posición. En
1993, tres personas murieron en Katmandú durante una protesta
contra el gobierno. Básicamente, se ha reducido el proceso
democrático al acto de poner papeletas en las urnas. Aunque
el gobierno, de cuando en cuando, confeccionaba cifras para demostrar
el milagroso crecimiento de la economía, el país cayó
en mayor pobreza y se empeoró la vida de las masas.
Se ha preguntado por qué el sistema parlamentario fracasó
en Nepal. Y se responde, espontáneamente, que la joven democracia
aún no ha echado raíces suficientemente profundas.
No obstante, cuanto más profundamente eche raíces
esta “democracia”, más saquea, reprime y vende
la patria y más crisis genera. Los revolucionarios de Nepal
observaron mientras que, al otro lado de la frontera, la China maoísta
impulsó el mejoramiento grande e palpable de la vida de las
masas y, paso a paso, redujo las enormes disparidades típicas
del país. Mientras China era socialista, mostró que
millones de pobres y oprimidos pueden tomar el Poder y enfrentarse
al imperialismo. Tras el golpe de Estado que colocó a Deng
Xiao-ping en el Poder, se ha visto que China ya no es socialista
y que bajo el gobierno de la burguesía revisionista, el pueblo
chino de nuevo vive en la miseria de la explotación capitalista.
En la India, existe la “mayor democracia” del mundo,
pero todo mundo conoce la miseria del pueblo ahí, la rapiña
que comete la burguesía india y los grandes y frecuentes
levantamientos de las masas. ¿Dónde ha funcionado
la democracia parlamentaria? Las clases dominantes reaccionarias
aplican el método de las elecciones para echar las raíces
de su “democracia”, pero ésta sólo avala
a la burguesía reaccionaria y a los autócratas feudales
vendepatrias, saqueadores y represores.
AMANECE UN NUEVO
FUTURO
En una situación de mayor descontento y desilusión
de mayores sectores de la población con el “camino
pacífico” del cambio tan querido por los teóricos
liberales y en que millones de personas exigían con urgencia
un cambio dramático, el partido emprendió los preparativos
para dar el audaz paso de iniciar la forma más alta de lucha
revolucionaria: la guerra.
En 1996, el PCN (M) dio inicio a la guerra popular de una manera
muy distinta a las que han iniciado los partidos de vanguardia proletarios
de otros países: dirigió a miles de personas a desencadenar
una ola de levantamientos. Los primeros blancos eran los representantes
del feudalismo, del capitalismo burocrático-compradores y
de los órganos del Estado. En la ola inicial, llevó
a cabo cerca de 5.500 acciones grandes y pequeñas contra
el enemigo, cosa que prendió un amplio debate político
en diversas clases y entre los intelectuales y los partidos de dentro
y de fuera del parlamento. Tras las acciones, el enemigo aumentó
la represión policíaca de la población: arrestos
en todo el país, asesinatos en masa y muchas otras barbaridades.
(UMQG Nos. 1996/22 y 1998/23 contienen más información
sobre los preparativos para iniciar la guerra popular y el primer
año de la guerra.)
Con el inicio de la guerra popular, se operaron enormes cambios
en el terreno político. Al comienzo, el enemigo estaba perplejo,
sin saber cómo tratar la nueva situación, pero por
las circunstancias, no pudo detenerse para pensarlo. Cuanto más
avanzaba la guerra popular, más se sumía en crisis
el parlamento. Los guerrilleros del pueblo hostigaban constantemente
a las reaccionarias fuerzas policiales. Los agentes del enemigo
y la nobleza rural fueron expulsados de las aldeas, primero en las
colinas, y en especial en la región occidental más
atrasada del país. Con el debilitamiento de la policía,
el gobierno del partido del Congreso Nepalés azuzó
a sus paramilitares, armados para asesinar a las masas. Algunos
paramilitares robaron tierras, violaron a las mujeres y espiaron
a los revolucionarios maoístas a fin de montar emboscadas
en su contra. Después, los paramilitares echaron la culpa
de los delitos a los revolucionarios. Por otro lado, cuando los
maoístas castigan a estos delincuentes, las clases dominantes
dicen que los maoístas matan a “civiles inocentes”.
Los guerrilleros encabezados por los maoístas se apoderaron
de los fusiles de los paramilitares y al comienzo, mediante acciones
de castigo y advertencias contra los ataques, trataron de obligarlos
a dejar sus actividades. Fueron aniquilados algunos reaccionarios
empedernidos que colaboraban con la policía en los arrestos
y asesinatos y que persistían en sus acciones pese a las
advertencias.
Con los mayores avances de la guerra popular, aumentaron las actividades
de los paramilitares y el gobierno desató a policías
élites para llevar a cabo más represión, atacando
a muchos partidarios y simpatizantes de la revolución. Las
fuerzas revolucionarias llevaron a cabo una campaña para
“hacer ciego al elefante”, o sea, destruir los “ojos
del elefante” (los paramilitares encabezados por el partido
del Congreso Nepalés que eran los ojos de los policías
élites “elefantes”). Con la disminución
de la actividad de los paramilitares, las fuerzas armadas revolucionarias
contaban con mayor libertad para combatir los policías élites.
Las fuerzas armadas del pueblo intensificaron sus ataques militares
sobre los puntos débiles del enemigo, principalmente en los
retenes policiales menos fortificados, lo que traía ventajas
políticas, pues era posible obligar al enemigo a asumir una
posición defensiva táctica y de ahí, pasar
a una posición defensiva estratégica. O sea, como
dijo Mao, “lanzar uno contra diez” desde el punto de
vista estratégico y “lanzar diez contra uno”
desde el punto de vista táctico. Aunque el enemigo contaba
con más fuerzas entonces (y ahora) a nivel nacional, que
las fuerzas del pueblo, y por ende éstas tienen que lanzar
“uno contra diez” desde el punto de vista estratégico,
es posible concentrar una abrumadora fuerza superior desde el punto
de vista táctico para eliminar a las concentraciones enemigas
(“diez contra uno”). Para hacerlo, se desarrollaron
unidades más grandes de las fuerzas del pueblo: primero combinaron
tres pelotones (unos 30 elementos) en una compañía
(100 elementos) y luego, combinaron tres compañías
en una brigada. Un batallón, conformado de tres brigadas,
o unos mil elementos, participó por primera vez en el combate
en 2002. Se constituyen algunas formaciones grandes permanentes,
y en otras circunstancias, las formaciones grandes se constituyen
solamente por la duración de una campaña determinada.
Ante la estrategia y las tácticas de la guerra revolucionaria,
el enemigo ha tenido que reducir el número de retenes policiales
a un puñado de delegaciones grandes. En Rolpa, el total de
39 retenes se redujo a 8; en el vecino distrito de Rukum, de 29
retenes se redujo a 8; en el distrito de Jajarkot (también
en la plaza fuerte occidental), de 15 retenes se redujo a 6; y así
sucesivamente por todo el país. A la vez, el enemigo perdía
el poder político al nivel local, pues en esas zonas el gobierno
dejó de funcionar. Las acciones militares triunfantes sobre
la policía militarizada también quebrantaron la moral
de la policía y del mismo gobierno, y provocaron muchas deserciones
de las bases de las fuerzas reaccionarias.
Por los sentimientos antimonárquicos de la población
y por los profundos problemas sociales, el atraso económico
y la desenfrenada corrupción en el gobierno reaccionario,
muchos policías huyeron durante su entrenamiento. De acuerdo
a su carácter reaccionario, el Estado sancionó a 83
policías por pedir licencia en 2000 y multó a 8 inspectores
policiales por negarse a ir a las zonas de guerra. Dos inspectores,
de relativamente alto nivel, renunciaron.
El PCN (M) pidió repetidas veces que el gobierno respetara
las Convenciones de Ginebra sobre prisioneros de guerra. Por otro
lado, a las personas que capturan los maoístas, las liberan
o las ganan a participar en el gran proceso de la revolución.
Los maoístas capturaron a un vicejefe de la policía,
Thule Rai, y tres meses después lo soltaron sano y salvo.
Cuando se reportó a la jefatura en Katmandú, el Estado
lo arrestó y lo encerró en un hospital psiquiátrico.
Como los policías y los integrantes de las fuerzas armadas
han conocido las diferencias entre el Estado reaccionario y el Estado
revolucionario y han comenzado a reconocer que la guerra maoísta
es para emancipar al pueblo, tienden a desertar con mayor frecuencia
e ingresar al ejército guerrillero revolucionario. El Camarada
Ramesh (de Rolpa), un mártir, había abandonado el
Ejército Real; emuló las heroicas hazañas de
sus camaradas y en una acción, cayó en el combate
contra el Estado reaccionario.
El partido fundamenta políticamente sus acciones militares,
y a su vez éstas realzan la ofensiva política de la
revolución. Y, como señaló Mao, es una ley
de la guerra que los reaccionarios intentan hacer que el bando revolucionario
pelee hasta la muerte en una sola batalla. El reaccionario Estado
intentó aplicar varias veces esta orientación y el
partido del proletariado respondió con su estilo maoísta
de combate: atraer al enemigo para que penetre profundamente y asestar
golpes de gracia en sus puntos más débiles.
En abril de 2002, los guerrilleros encabezados por los maoístas
atacaron la delegación de la policía de Rukumkot,
ubicada en lo que la policía consideraba una zona muy segura.
Tuvo un alto nivel militar de fortificación y fue una importante
avanzada de los paramilitares, una fuerza élite. El ataque
fue una victoria militar y, además, una importante victoria
política de los revolucionarios. El enemigo había
confiado en que esta delegación fuerte y bien fortificada
con armamento sofisticado pudiera mantener elevada la moral de la
policía reaccionaria. El ataque guerrillero elevó
la moral del pueblo y asestó un fuerte golpe militar y político
al enemigo.
El gobierno del partido del Congreso Nepalés lanzó
varios operativos contra el pueblo, pero en cada caso sufrió
una derrota humillante. El avance de la guerra popular sacudía
una y otra vez al viejo Estado: el partido asestaba golpes cuantitativos
y cualitativos siempre más poderosos al enemigo. El nivel
cualitativamente superior de las acciones, como la destrucción
del retén policial de Rukumkot y la captura de Dunai (el
cuartel distrital de Dolpa) en septiembre de 2001, no sólo
obligaba al enemigo a asumir una posición extremadamente
defensiva sino atraía la atención de las potencias
imperialistas, los amos del Estado nepalés.
La dirección del partido hizo el análisis de que
se desarrollaba un empate entre los dos bandos. No obstante, retos
mucho mayores estaban por delante, en particular, aunque la revolución
había derrotado en su mayor parte a la policía militarizada
y ésta había tenido que permanecer acuartelada, aún
no había combatido directamente con las principales fuerzas
del Estado: el Ejército Real de Nepal.
EL GOBIERNO ANTE
CRUENTAS RIÑAS INTESTINAS Y MAYORES ATAQUES
El imperialismo yanqui y el expansionismo indio, y las clases
reaccionarias internas, presionaban al rey para que movilizara al
Ejército Real de Nepal en contra del pueblo. Debido a las
contradicciones al interior del palacio real y de la lucha por el
poder entre el palacio real y el parlamento, el rey de entonces,
Birendra, no despachó al ejército. Y, no aplicó
las medidas genocidas que proponían muchos integrantes de
las clases dominantes. El gobierno hizo fuertes demandas y los imperialistas
presionaron fuertemente a favor del despliegue del ejército
contra la revolución. La monarquía permitió
que el comandante del ejército emitiera una declaración
de que el ejército no iba a movilizarse para reprimir la
violencia interna y que era la responsabilidad del gobierno resolver
la situación usando la policía. El ejército
iba a actuar, pero no para salvar el pescuezo de sus oponentes parlamentarios.
Fue obvio que, en esencia, la monarquía quería recuperar
los poderes constitucionales que había perdido en 1990.
Los golpes de la revolución y la intensificación
del conflicto en el seno de los reaccionarios provocaron otra crisis
en el gobierno y la renuncia del primer ministro Girija Koirala.
En medio del tumulto interno y la preparación secreta de
un complot para aplastar la guerra popular, el rey, la reina y la
mayor parte de la familia real fueron masacrados el 1º de junio
de 2001. El reaccionario empedernido Gyanendra, el hermano del difunto
rey Birendra, asumió el trono, entonces desprovisto de toda
legitimidad a los ojos de las masas.
En respuesta a la masacre real, el milenario sistema monárquico
feudal de Nepal prácticamente se vino a pedazos. La clase
de comerciantes comprador-capitalistas, encabezada por el ex narcotraficante,
bandolero haragán y tristemente célebre capitalista-burocrático,
Gyanendra Shah, se ha constituido en nuevo gobierno. Gyanendra Shah,
quien (con razón) se considera el artífice de la matanza
real, con la ayuda del imperialismo yanqui y el expansionismo indio
de la noche a la mañana se declaró rey de Nepal. En
todo el país, grandes multitudes se tomaron las calles y
denunciaron al presunto asesino, pero los partidos parlamentarios,
incluidos los “comunistas”, le dieron su aval. Los revisionistas
del Partido Comunista Nepalés Unido (Marxista-Leninista),
conocido como el “UML”, el mayor partido “comunista”
revisionista del país, han apoyado mucho a la monarquía.
El gran filósofo del proletariado, Carlos Marx, señaló
que una revolución fuerte engendra una contrarrevolución
fuerte. Por ejemplo, poco después de la masacre real, la
captura de 62 policías militarizados del retén de
Holleri en julio de 2001 por las fuerzas armadas del pueblo, obligó
al Ejército Real de Nepal a salir de las barracas. Por primera
vez, el ejército del rey se enfrentó directamente
a las fuerzas guerrilleras en una prueba de fuerza. Al comienzo,
el ERN tuvo una misión triple: rescatar a los 62 policías
capturados, recuperar los fusiles confiscados por los guerrilleros
maoístas y desarmar a los combatientes revolucionarios. Aparte
de fracasar contundentemente en su misión, el ERN sufrió
una derrota humillante a manos de los maoístas. No obstante,
ningún elemento del ERN murió en los combates, si
bien hubo algunos heridos, y el ERN se retiró y prometió
jamás volver a seguir las órdenes del gobierno de
enviar sus tropas para atacar al pueblo. La batalla anticipó
la lucha que se cernía entre los verdaderos contendientes
en Nepal: el ERN, el epitome del poder estatal de la autocracia
feudal, con el rey a la cabeza, y el ejército revolucionario,
la columna vertebral del naciente poder rojo, con el PCN (M) a la
cabeza.
LAS NEGOCIACIONES
La masacre de la familia real ocurrió en una encrucijada
del proceso revolucionario del país. Las fuerzas armadas
revolucionarias habían corrido a las fuerzas policiales militarizadas,
y la primera intervención del Ejército Real de Nepal
había fracasado. Ante las riñas intestinas de los
reaccionarios, el rey nombró a un nuevo primer ministro,
Deuba; éste ordenó que las fuerzas armadas del gobierno
regresaran a las barracas y solicitó negociaciones con el
PCN (M). El partido aceptó y participó en varias charlas
con el gobierno, y mantuvo un cese al fuego en esos meses.
Durante las negociaciones, ambos bandos de la contienda realizaron
febriles preparativos para la reanudación de los combates.
Los reaccionarios tuvieron que restaurar el orden en sus fuerzas
armadas, fuertemente golpeadas por la revolución y desmoralizadas
por la masacre real. Y aceleraron sus iniciativas para obtener armamento
moderno y ayuda de otros países. Los revolucionarios aceleraron
su trabajo, movilizaron a las masas a favor de la guerra popular
en todo el país y apresuraron sus preparativos militares
para llevar la guerra a un nivel superior. En esos meses, las fuerzas
armadas bajo la dirección del PCN (M) se organizaron a un
nivel superior en una convención nacional en septiembre de
2001, en que se formó el Ejército Popular de Liberación.
Y se reorganizó y se consolidó el frente único
revolucionario formando un comité de organización
central, el Consejo Unido del Pueblo Revolucionario.
El partido consideró que las negociaciones eran necesarias
para ganar la batalla de opinión pública contra el
enemigo, diciendo que tal vez cualquier fuerza revolucionaria tendría
que participar este frente de lucha. En la historia, pocas fuerzas
reaccionarias han podido ganar solamente con la fuerza armada en
una guerra contra combatientes rebeldes, y casi siempre pierden
en las negociaciones con los insurgentes. Los grandes pensadores
proletarios, Lenin y Mao, analizaron que las negociaciones, o el
rechazo de las mismas, deben servir al avance general de la revolución.
El PCN (M) señala que dos tendencias incorrectas pueden
manifestarse con relación a las negociaciones: el rechazo
absoluto de las negociaciones y la línea capitulacionista.
Ningún partido revolucionario puede darse el lujo de comprometer
la línea del partido, el ejército popular, las bases
de apoyo ni el poder político que las masas han ganado en
la lucha. Mao Tsetung resumió: “La manera de ‘responder
medida por medida’ depende de la situación. Algunas
veces, no ir a negociar es responder medida por medida, y, otras
veces, ir a negociar también es responder medida por medida.
Tuvimos razón al no ir antes, también la tenemos al
ir esta vez; en ambos casos hemos respondido medida por medida.
Esta vez, hicimos bien en ir allá, porque deshicimos los
falsos rumores difundidos por el Kuomintang de que el Partido Comunista
no quería la paz ni la unidad” (Mao Tsetung, “Sobre
las negociaciones de Chungching”, Obras escogidas,
t. 4). (UMQG 1995/21 explica las ideas del Movimiento Revolucionario
Internacionalista al respecto.)
En Nepal, el enemigo siempre ha buscado liquidar el movimiento
revolucionario, y por ende, una y otra vez ha maniobrado para obtener
ventaja, tomar la iniciativa y destruir a los maoístas; la
táctica de los maoístas ha sido aislar al máximo
al enemigo, mantener la iniciativa en las manos del pueblo y combatir
al enemigo medida por medida. Los integrantes del movimiento revolucionario
de todo el mundo siguen de cerca esta experiencia y la debaten.
UN NUEVO INICIO
A fines de 2001 e inicios de 2002, se operó un cambio dramático:
como las fuerzas revolucionarias habían concluido que el
enemigo estaba desenmascarado y aislado y que no tenía caso
prolongar las negociaciones, asestaron duros golpes a tres cuarteles
generales distritales; en uno, en el distrito Dang, estaban ubicados
unas importantes barracas del ejército así como un
arsenal del Ejército Real de Nepal para sus operativos en
la región occidental (la plaza fuerte de la revolución).
Después de que el partido notificó al gobierno de
que iba a retirarse de las negociaciones, atacaron los tres cuarteles.
En el distrito Syanga de la región central, atacaron a las
10 horas. En Ghorahi, el cuartel del distrito Dang, lanzaron el
ataque una hora después, y por tanto, el enemigo ya estaba
sobre aviso. La acción en Dang fue un éxito aplastante
y electrizó a todo el país. A continuación
un relato recibido de los camaradas del PCN (M):
“Nos enfrentamos a 175 soldados y 30 elementos élites
bien entrenados. Entre los elementos dirigidos por el PCN (M) figuraban
un batallón, dos compañías y algunos pelotones:
1.335 del EPL y 700 milicianos. En el cuartel de Dang había
barracas del ERN, la oficina del Jefe Distrital de la Policía
(JDP), una delegación policial (thana), la Principal Oficina
Distrital (POD, o la principal oficina administrativa) y un campamento
de entrenamiento de policías militarizados, así como
un banco, un tribunal distrital, una oficina de registro de tierras
y las demás oficinas distritales. En la oficina del JDP,
había 150 elementos armados; en la thana, 45; y
en la POD, 35. Nos apoderamos de todo. El enemigo estaba sobre aviso.
En la región central, el ataque empezó a una hora
determinada. En Dang, atacamos una hora después, y el mando
del ejército había puesto sus elementos en alerta,
en espera de un posible ataque de los maoístas. Atacamos
a las 23 horas. Los combates duraron dos horas. Murieron el comandante
y 16 elementos. Siete camaradas murieron. Los demás soldados
se rindieron, pero los dejamos libres; algunos huyeron.
“Capturamos enormes cantidades de material. Habíamos
previsto movilizar a miles de personas para llevarse el material,
pero eso no fue suficiente. Lo trasladamos en un total de 30 vehículos:
autobuses, jeeps, tractores y camiones militares.
“Confiscamos 92 rifles autocargadores, 12 ametralladoras
ligeras, dos ametralladoras pesadas, 5 piezas de artillería
81 mm, 3 lanzadores de proyectiles, 3 morteros de 2 pulgadas, 48
metralletas, 40.000 municiones, 9 pistolas 9 mm, 150 rifles .306,
y algunas armas que aún no dominamos. Pudimos llevar el material
en los vehículos hasta cierto punto, donde fue necesario
cargar el material al hombro o en mula. Destruimos los vehículos
y el material muy pesado, aunque el enemigo declaró con gran
fanfarria que los había recuperado”.
Las acciones sin precedente representaron un “trueno de
primavera” del pueblo, y un nueva jornada de la historia revolucionaria
del país. Los camaradas del partido, recordando la aguda
lucha que se vivió en el partido en 1996 para decidirse,
atreverse y sacrificarse a fin de iniciar la guerra popular, las
llaman “un nuevo inicio”.
La nueva ola de lucha concuerda con la posición del partido
de que la revolución no puede permanecer inactiva, que periódicamente
tendrá que dar nuevos saltos o enfrentar la posibilidad de
un revés. Los triunfos en la ola de ataques y en los combates
al Ejército Real de Nepal representan otro avance y un gran
salto adelante en la historia del movimiento comunista del país.
LA MONARQUÍA
MORIBUNDA AGONIZA
Tras el fracaso de las negociaciones y los espectaculares ataques
de las fuerzas revolucionarias, la camarilla del rey suspendió
muchas cláusulas de la “constitución”
e impuso un estado de emergencia. En la capital, el gobierno arrestó
a personalidades progresistas, prohibió reuniones de más
de 2 personas y cerró los periódicos que apoyaban
al pueblo. Con la imposición del estado de emergencia nacional,
la nueva camarilla patrocinada por los Estados Unidos se jactó
de que acabaría con los maoístas en cosa de 3 meses.
No obstante, el EPL, mediante varios operativos militares nacionales
exitosos, logró desmentir esa propaganda. En los últimos
8 meses de la emergencia, en particular en 2002, se han dado encuentros
cada vez mayores entre el EPL y el ERN, en que el primero ha tenido
triunfos cualitativamente mayores.
La guerra de 7 años se ha desarrollado de manera desigual
en las distintas regiones y ha tenido avances desiguales entre las
zonas montañosas y el Terai. En general, el EPL ha estado
tomando la iniciativa política y militar.
Desde el comienzo del estado de emergencia, el enemigo intentó
cercar desde tres lados a la principal plaza fuerte de la insurgencia
en el occidente del país. Invadió desde Baglung en
el oriente, desde Dang y Salyan en el sur, y desde Surkhet en el
occidente, con el propósito de destruir los tres distritos
revolucionarios de Rukum, Rolpa y Jajarkot.
Según su estrategia, el ERN entró a las aldeas en
que se había informado que no había fuerzas maoístas;
mató de manera cruel, bárbara e indiscriminada “a
diez por uno”, y tachó de “maoístas”
a los muertos. O sea, para matar a un maoísta, mataba a 10
personas. Según su lógica, cuando hay 10 personas,
debe haber al menos un maoísta entre ellas.
El 16 de febrero de 2002, el EPL lanzó un ataque histórico
al cuartel general distrital de Achham y el aeropuerto de Sanfebagar
y destruyó completamente el ejército y las fuerzas
policiales. Y, lanzó otro heroico ataque a los campamentos
base de Lamahi y Satbaria. Los ataques hicieron que se agudizara
más la crisis en el gobierno. Las fuerzas reaccionarias se
retiraron y reanudaron las matanzas de civiles.
En mayo de 2002, ocurrieron dos batallas importantes. Los camaradas
del PCN (M) informan:
“En Lisne, concentramos nuestras fuerzas según el
plan de capturar el cuartel distrital de Pyuthan. El enemigo estaba
sobre aviso (cuando se reúnan 2.500 personas, es difícil
evitar que el enemigo se entere.) Enviaron tres compañías:
de Pyuthan, de Rolpa y del campamento base. Intentaban cercarnos
por tres flancos. Cuando nos enteramos, cambiamos de plan; en lugar
de atacar al cuartel distrital, los camaradas decidieron trabar
combate con las fuerzas enemigas que se aproximaban justo en el
campo de batalla. Decidimos dividir nuestras fuerzas y combatir
a cada una de las compañías enemigas. Aplicamos el
principio de combatir en líneas interiores a fin de cercarlas.
“Nuestras fuerzas detectaron, con equipo de comunicaciones,
que el enemigo avanzaba hacia Lisne a fin de cercarnos y aplastarnos.
Un sector de nuestras fuerzas dio caza a la compañía
de Pyuthan. Ésta huyó y jamás intentó
volver. Las otras dos compañías capturaron una aldea
vecina. Destazaron a sangre fría a un niño de 10 años
y violaron a las mujeres. Obligaron a una señora a indicarles
el camino. Cuando ya estaban muy cerca, la señora se lanzó
a correr hacia nosotros. Capturamos a los violadores y los castigamos
con la muerte de acuerdo a la exigencia de la víctima. Los
cercamos en una forma de U; eran las 9 horas. El enemigo huyó
y le dimos caza. Abandonaron sus uniformes y fusiles. Las masas
mataron a pedradas a 5 huidos. Y parece que, sin saberlo el EPL,
había un asesor yanqui presente en las fuerzas del ERN, quien
escapó con los soldados que abandonaron sus uniformes y huyeron.
“La otra compañía también intentó
huir abandonando sus fusiles y uniformes y saltando a las barrancas.
Por el camino lamentaban su derrota. Las masas aplaudían
y celebraban. Incluso al principio nosotros no conocíamos
la magnitud de su derrota, pues se dio en un lugar remoto. Después,
nos informamos de la verdadera situación: el ERN huyó
tras media hora de combate.
“Dos días después del combate de Lisne, el
EPL capturó Gam, uno de los más fortificados campamentos
del ERN. Parece que lo fortificaron según el plan de los
asesores militares yanquis. La mayoría de las fuerzas del
ERN fueron vencidas y sus fusiles y municiones capturados. Tras
estas dos derrotas importantes, el ERN estaba muy desmoralizado.
“El partido considera que la derrota de las tres compañías
del ERN durante el día y la gran derrota en Gam constituyen
un ejemplo de una nueva etapa de combate en que, si bien la guerra
de guerrillas sigue siendo un factor constante, el EPL ha realizado
la guerra de movimientos y hasta la guerra de posiciones. Eso confirma
el análisis del partido acerca de la actual etapa de la guerra
popular”.
A fines de agosto de 2002, se dio otro importante encuentro entre
el ERN y el EPL en Chalabang Rolpa, en que el ERN fue completamente
derrotado. De 500 soldados del ERN y 450 del EPL, murieron 13 del
primero y 7 del último. En la primera semana de septiembre,
el PCN (M) lanzó una serie de ataques. En el primero, en
Sandhikharka, el cuartel distrital de Arghakhanchi fue completamente
destruido, murieron 69 soldados y policías, y cientos fueron
arrestados. Un día antes, el EPL atacó una delegación
policial en Bhiman en el distrito Sindhuli de la región oriental,
y 59 policías murieron. En los audaces ataques, el EPL confiscó
todo el armamento y municiones, y 60.1 millones de rupias.
Ante esta situación y por desesperación, el gobierno
ha estado realizando campañas policiales y militares contra
el pueblo. Aprobó la Ley de Prevención y Castigo contra
el Terrorismo y tildó de “terroristas” a los
maoístas; suspendió los pocos derechos de la población;
arrestó u hostigó a docenas de periodistas y personas
revolucionarias, progresistas e incluso no progresistas. En un campamento
militar, el gobierno torturó y asesinó a Krishna Sen,
el poeta y artista revolucionario y director del conocido semanario
Janadesh y del diario Janaahwan, ambos relacionados
estrechamente con el PCN (M), a fin de impedir que las masas recibieran
el mensaje de los maoístas, dar un mensaje del gobierno a
los partidarios de la revolución y parar las protestas populares
contra la brutalidad del ERN.
Un objetivo de los reaccionarios es romper los lazos entre el
partido y las masas y “decapitar” la revolución.
Esperan aislar al partido del pueblo, capturar a activistas, aislar
a la dirección, y arrestar y eliminar a los líderes.
Por ende, hasta han ofrecido recompensas por entregar a docenas
de líderes del partido, al estilo de “se busca vivo
o muerto del Viejo Oeste” de su padrino, el presidente yanqui
George Bush.
Al mismo tiempo, mediante innumerables crímenes contra
el pueblo, quieren obligar al EPL a participar en combates hasta
la muerte. De acuerdo al objetivo de la guerra contra el pueblo,
el ERN cometió el vil crimen de cortarle la cabeza a varias
personas y enterrarlas en fosas comunes. Al igual que en el Perú,
mataron a varios presos políticos, que habían traído
a Lamahi desde varios penales del país, y a simpatizantes
de los maoístas de las vecinas aldeas. Tras matarlos, el
ERN dijo que los maoístas habían muerto en combate.
Tras decapitar a los presos, el ERN metió las cabezas en
bolsas de yute y se atribuyó el delito a los maoístas,
diciendo que los maoístas habían mutilado a sus camaradas
y amigos a fin de ocultar su identidad.
En el campo, el ERN no patrulla abiertamente donde considera que
haya fuerzas del EPL. Un alto oficial del ERN, Dipak Gurung, admitió
que la guerra contra los maoístas iba a ser prolongada, pues,
cuando una milicia revolucionaria de 50.000 elementos se transforme
en ejército, será muy difícil que el ERN obtenga
una victoria rápida. No obstante, el enemigo seguirá
soñando con una victoria contra el pueblo, hasta su ruina.
CRISIS DE NUEVAS
ALTURAS
Los resonantes triunfos del EPL en el campo de batalla han repercutido
en las clases dominantes nepalesas y en sus propios amos imperialistas.
El gobierno yanqui, y en especial el británico, que ha sido
uno de los impulsores de la oposición a la guerra popular,
aumentaron su ayuda a la aislada camarilla del rey.
El 4 de octubre de 2002, el rey invocó la constitución
y, tomándose el poder ejecutivo absoluto, destituyó
al gobierno de Deuba y aplazó indefinidamente las elecciones
nacionales programadas para noviembre. Sus acciones representaron
un cambio cualitativo rápido en el escenario político
del país, borraron las pocas conquistas que había
obtenido el pueblo en el levantamiento de 1990, y desenmascararon
a la camarilla revisionista UML, que trabajaba tiempo extra para
apuntalar a la monarquía.
Cuanto más el enemigo reprima a los revolucionarios, más
estallidos de resistencia provoca. Así es la ley de la dialéctica.
Tras la Operación Romeo del enemigo, el partido logró
dar inicio a la guerra popular. Tras el lanzamiento de la operación
Kilo Sera 2 del enemigo, la revolución estableció
zonas guerrilleras y luego bases de apoyo. Y tras la imposición
del estado de emergencia del enemigo, las fuerzas maoístas
alcanzaron la etapa del equilibrio estratégico. El enemigo
está condenado a levantar otra piedra la que sólo
dejará caer sobre los propios pies; o sea, la derrota de
la mayor represión del gobierno podría llevar a que
los revolucionarios declaren un gobierno revolucionario de nueva
democracia en Nepal.
SOBRE LA ESTRATEGIA
QUE SE APLICA EN NEPAL
Una importante característica de la guerra popular que
se libra con la dirección del Partido Comunista de Nepal
(Maoísta) es que viene avanzando por medio de una serie de
grandes saltos y pasos rápidos. No obstante, es una guerra
popular prolongada, tal como explicó el Presidente Mao, que
corresponde a los países con características semifeudales
y semicoloniales como Nepal. El 80% de la población vive
en el campo, y las relaciones de producción del país
son semifeudales. La mayoría de la población vive
de la agricultura. Bajo las relaciones semicoloniales, la industria
se desarrolla de manera desequilibrada y no se integra a la economía
nacional sino a la economía india y a la economía
imperialista mundial. Otra característica del país
es que la clase burocrático-capitalista es el “híbrido”
de los terratenientes feudales y la clase capitalista-compradora.
La estrategia de la guerra popular prolongada es: cercar las ciudades
desde el campo estableciendo bases de apoyo rurales, arrebatando
el Poder poco a poco a las clases opresoras y por último
tomando el Poder en todo el país. El proceso se desarrolla
mediante tres etapas. La primera es la defensiva estratégica,
la segunda el equilibrio estratégico y la tercera la ofensiva
estratégica. En la primera, es necesario librar la guerra
de guerrillas y, en el curso de los combates, el ejército
popular desarrolla la guerra de movimientos y la de posiciones.
Asimismo, con el crecimiento de la fuerza del nuevo Poder en manos
del pueblo, el ejército popular se desarrolla avanzando a
niveles superiores de formaciones, de las escuadras y pelotones
de los años iniciales a las compañías, las
brigadas y los batallones de hoy organizados en el Ejército
Popular de Liberación, que se concentran de modo que, con
el desenvolvimiento de las etapas estratégicas de la guerra,
puedan combatir grandes y bien armadas fuerzas enemigas.
El histórico documento de la III Sesión Plenaria
del Comité Central del PCN (M), que esboza la estrategia
y las tácticas militares de la revolución nepalesa,
explica que Nepal tiene sus propias particularidades, y por tanto
el desarrollo de la guerra popular habrá que tener su propio
desenvolvimiento específico. Se ha dicho que en un pequeño
país sin salida al mar, como Nepal, no es posible iniciar
y desarrollar una guerra popular prolongada ni formar bases de apoyo.
El PCN (M) detalló las características específicas
del país y explicó que, precisamente por ellas, la
revolución ha podido avanzar. Entre las particularidades
figuran: un Estado feudal centralizado; un terreno favorable en
que grandes sectores de la población viven en zonas remotas
con una débil presencia del gobierno; la extrema pobreza
de las masas; la extensa influencia del comunismo y del espíritu
revolucionario en el seno del pueblo; y el hecho de que gran cantidad
de nepaleses trabajan en la India, han tenido contacto con ideas
revolucionarias y pueden servir como una especie de retaguardia
de apoyo. (Este histórico documento del PCN [M] aparece en
UMQG 1998/23 y The Worker, #3, 1997.) Según
el análisis del partido, la principal contradicción
en el país es la existente entre el pueblo y el Estado reaccionario,
compuesto del feudalismo y el capitalismo comprador-burocrático
apuntalado por el imperialismo. Al inicio, los primeros blancos
de la guerra popular eran los representantes de estas instituciones
reaccionarias, cosa que generó un debate político
en todo el país.
Desde el inicio de la guerra popular, el partido ha subrayado
la interdependencia de la lucha política y la lucha militar,
o sea, cuando ataca a las fuerzas armadas enemigas, el partido no
sólo debe responder con golpes militares sino que también
puede responder con ataques políticos, y cuando el enemigo
lanza un ataque político, el partido también puede
responder con ataques militares. En síntesis, los ataques
políticos justifican los ataques militares, y viceversa.
El partido se refiere a sus iniciativas políticas a nivel
nacional como la “intervención política en el
centro”, que se basa en los ataques militares desde abajo.
Existen dos estrategias básicas de la revolución
proletaria en la época del imperialismo, desarrolladas por
Lenin y Mao, respectivamente: la estrategia de la insurrección
y la estrategia de la guerra popular prolongada. Lenin aplicó
la estrategia insurreccional a Rusia, que tenía relaciones
de producción capitalistas desarrolladas y una clase obrera
y donde la contradicción principal era la existente entre
la burguesía y el proletariado. En la insurrección,
la dirección de la clase obrera planea la estrategia y las
tácticas de la insurrección; la clase obrera y otros
sectores de las masas empuñan las armas y toman el Poder
en ciertos centros, o lo toman en el centro político; y luego
inician una guerra civil en el resto del país contra el enemigo
de modo que, al apoderarse poco a poco del territorio, el proletariado
llegue a conquistar el Poder nacional. En los países semifeudales
y semicoloniales, en la guerra popular prolongada el proletariado
inicia la toma del Poder en el campo librando una guerra civil desde
el comienzo.
El PCN (M) sostiene que en el actual contexto mundial, o sea,
en medio de la extrema polarización de la propiedad mediante
el Fondo Monetario Internacional, la globalización y los
programas de ajuste estructural, la enorme brecha entre los ricos
y los pobres, el desarrollo de la electrónica y las comunicaciones
y, con la internacionalización de los capitales y de la clase
capitalista, la internacionalización de la clase obrera y
de los pobres y, en esencia, en un momento en que todo el mundo
está reducido a una pequeña aldea, no es suficiente
aplicar una sola estrategia para hacer la revolución en el
mundo de hoy. Si bien aún son válidas las diferencias
fundamentales entre los dos tipos de países, el PCN (M) señala
que es necesario incorporar elementos de la estrategia y las tácticas
del camino revolucionario para los países imperialistas en
la estrategia general de la guerra popular prolongada que se aplica
en Nepal y países semejantes, y viceversa. Así, el
partido describe este proceso como la “fusión de la
insurrección y la guerra popular”.
Los camaradas del PCN (M) están muy conscientes de que
Nepal es un pequeño país en el mapamundi. No obstante,
desde 1996, se ha constituido en un poderoso polo de atracción,
despertando las esperanzas del proletariado del mundo, enarbolando
la bandera roja de la revolución en la cima del mundo y avanzando
como base de apoyo de la revolución proletaria mundial. En
la época del imperialismo y de la revolución proletaria,
y en el siglo 21, el que sea grande o pequeño un país,
no se puede considerar a ninguna fuerza revolucionaria auténtica
como débil. Como dijo Mao, cuando libramos una guerra justa,
independientemente de cuán grande sea el enemigo, un país
pequeño o una fuerza pequeña puede vencer a un enemigo
mucho poderoso que libra una guerra injusta. La guerra en Nepal
es una guerra internacionalista, una guerra del proletariado internacional.
LA SITUACIÓN
DE HOY: EQUILIBRIO ESTRATÉGICO
Los golpes que han asestado los combatientes revolucionarios,
el EPL, al viejo Estado concentrado en el ERN, representan el triunfo
del pueblo sobre el enemigo. La derrota de las tropas enemigas refleja
la derrota de la moral del viejo Estado, producto de las “debacles”
que han sufrido la policía y fuerzas élites en sus
campamentos militares bien fortificados. La situación ha
generado un empate entre el reaccionario Estado y la revolución,
es decir, la guerra popular ha dado un salto a una etapa superior,
al equilibrio del poder entre el partido y el enemigo, de la etapa
de la defensiva estratégica al equilibrio estratégico.
En junio de 2002, tras una importante reunión del Comité
Central, el PCN (M) divulgó un importante documento que dice:
“a pesar del desarrollo desigual de la guerra popular según
el desarrollo desigual del país, ésta ha alcanzado
la etapa del equilibrio estratégico en el desarrollo de la
guerra popular, y es importante entender que hace preparativos para
lanzar la ofensiva estratégica mediante ofensivas tácticas”.
El empate no puede permanecer estático mucho tiempo; el enemigo
desesperado tratará de recuperar sus posiciones perdidas
y el partido tendrá que tomar la ofensiva táctica
a fin de poder pasar a la ofensiva estratégica. Es una situación
de equilibrio, un punto de viraje decisivo, en que las fuerzas revolucionarias
y las fuerzas reaccionarias por igual luchan por cambiar la situación
a su favor y obligar al otro bando a pasar a la defensiva.
¿Cómo han evaluado los revolucionarios maoístas
la fuerza del pueblo y la del enemigo? Y, ¿cómo han
llegado el partido y las fuerzas revolucionarias al nivel del equilibro
estratégico? ¿Quiere decir que el partido y el enemigo
ya cuenten con cantidades iguales de soldados y armamento? No. El
ejército reaccionario aún cuenta con fuerzas armadas
mayores y más fuertes y aún cuenta con más
armas. Ante los avances de la guerra popular, el enemigo ha recibido
más ayuda militar y económica de los imperialistas.
No obstante, los revolucionarios maoístas, a pesar de tener
menos soldados y armas, aprovechan su propia superioridad política
y militar en el campo de batalla. Es importante tomar en cuenta
el poder político que los revolucionarios maoístas
han podido forjar y sostener con el Ejército Popular de Liberación
y con la movilización de las masas. Este poder se enfrenta
directamente al poder del sistema reaccionario. Ésta es una
encrucijada crítica en el movimiento revolucionario.
La existencia de un equilibrio estratégico en la guerra
no quiere decir que exista la misma situación en todo el
país. Según el análisis del partido, aunque
existe una situación general de equilibrio estratégico
en todo el país, el ejército reaccionario en la región
occidental está a la defensiva y el ejército revolucionario
está tomando la ofensiva tanto política como militar.
En la región central, el ejército reaccionario aún
está a la ofensiva y en la región oriental predomina
una especie de equilibrio.
Y es importante señalar que el país está
dividido en tres zonas de combate: las principales zonas, las zonas
guerrilleras y las zonas de propaganda. En las principales zonas,
se ha desarrollado un embrión de poder político rojo;
en las zonas guerrilleras el enemigo ha concentrado sus fuerzas,
y se desenvuelven combates, operaciones de bloqueo y resistencia
armada; en las zonas de propaganda las principales formas de lucha
en apoyo a la guerra popular son: la propaganda política,
las actividades abiertas de masas y la movilización de la
clase media. La dialéctica de acciones exitosas tanto en
los ataques armados en las zonas guerrilleras como los paros generales
exitosos en las zonas de propaganda, ha sumido al enemigo en una
serie de crisis políticas muy difíciles. Últimamente,
las acciones guerrilleras se han convertido en una de las principales
formas de lucha en las antiguas zonas de propaganda. Se libra la
guerra de guerrillas urbana en la capital de Katmandú, como
ensayo general para la futura insurrección y la toma del
poder nacional.
El PCN (M) lucha fuertemente por romper el empate llevando la
guerra a un nivel cualitativamente superior. Desde hace mucho, han
tenido cierta influencia en el partido las ideas mecanicistas predominantes
en el movimiento comunista de que el desarrollo cuantitativo automáticamente
salta al desarrollo cualitativo. “En el transcurso de la lucha
contra las ideas reformistas y evolucionarias de desarrollo en el
movimiento comunista nepalés –escribe el Presidente
Prachanda–, el partido hizo un aporte importante para afilar
la ciencia del desarrollo de la dialéctica marxista sobre
choques, rupturas, saltos y catástrofes” (The Worker,
#6, p. 10). La experiencia ha demostrado que para avanzar a nuevas
etapas, se requieren nuevos saltos y nuevas rupturas. La necesidad
de hacer estas rupturas en primer lugar y de continuar dando los
saltos cualitativos a medida que avance la revolución, es
una experiencia importante para un partido del MRI, y todo el Movimiento
saca buenas lecciones de la experiencia de los camaradas nepaleses.
EJERCER EL PODER
POLÍTICO ROJO
El desarrollo del poder popular significa el crecimiento de las
bases de apoyo rojas, que constituyen la “médula de
la revolución”, según lo expresa el Presidente
Gonzalo del Partido Comunista del Perú respecto a la guerra
popular en ese país. Como ningún enemigo del mundo
puede permitir ni permitirá que florezcan las bases de apoyo
rojo, el reaccionario Estado nepalés ha tratado de parar
en seco la guerra popular. Pese a los deseos del enemigo, la revolución
ha echado raíces aún más profundas en el seno
de las masas populares.
Desde el principio los cuadros del partido han llevado el concepto
del poder político y las bases de apoyo en sus mochilas.
Con la expulsión de la policía y las fuerzas armadas
del campo, el pueblo enfrenta una nueva situación, en que
han dejado de operar hasta las funciones más elementales
del gobierno. Pero el pueblo necesita que el poder funcione, a fin
de organizar las condiciones de subsistencia y de obtener sus necesidades
básicas. Por ende, con la dirección del partido, se
han encargado de formar nuevos organismos políticos, que
se han convertido en el embrión del poder político
rojo en el campo.
El poder popular quiere decir darle al pueblo una combinación
de capacidades social, política y militar de modo que puedan
dirigir las administración cotidiana de la vida en las zonas
liberadas, en especial en las esferas administrativa, legislativa
y jurídica. Entre las principales tareas que el nuevo Poder
tiene que cumplir figuran: la seguridad social, los proyectos de
desarrollo y la formación de un sistema de transacciones
económicas entre los aldeanos y su desarrollo educativo y
cultural, y la politización y la militarización de
la población para continuar la lucha revolucionaria. El PCN
(M) aplica la dialéctica a la relación entre la destrucción
y la construcción. El principal aspecto en la actual etapa
es la destrucción del viejo Estado, y la construcción
del nuevo poder político es secundaria, pero también
es necesario emprender ésta y, en los hechos, es imprescindible
para hacer avanzar el primer aspecto.
En 2001, a fines del quinto año de la guerra popular, se
aceleraban la expansión y la consolidación de la principal
forma de bases de apoyo en diferentes regiones del país.
En Rukum, Rolpa, Jajarkot y Salyan, distritos de la región
occidental del país, los Comités Unidos del Pueblo
Revolucionario ya ejercían abiertamente el poder político
rojo y constituían los principales órganos de administración.
Los principales diarios capitalinos publicaban noticias frecuentes
de esas zonas. Algunos Comités Populares, que las masas llaman
el gobierno del pueblo, invitaron a periodistas a participar e informar
sobre gigantescos mítines abiertos. El 26 de agosto de 2000,
el comité de la aldea de Korchawang celebró un gran
mitin abierto a sólo tres horas a pie de Liwang, el cuartel
general distrital de Rolpa, donde el comité realizó
una conferencia de prensa al día siguiente, la cual tuvo
por objeto dar a conocer a todo el país que los Comités
Populares han estado operando como embriones del gobierno de nueva
democracia al nivel local. Los comités al nivel local realizan
actividades políticas, culturales, económicas, sociales
y educativas y ejercen poderes coercitivos mediante órganos
como las fuerzas armadas del pueblo, los tribunales del pueblo y
las cárceles del pueblo. Los avances del poder político
van de la mano con los avances de la guerra popular. Sin desarrollar
el poder militar, el núcleo del poder del pueblo, a niveles
cualitativa y cuantitativamente superiores, sería imposible
extender y consolidar las bases de apoyo en las zonas relativamente
estables de la revolución.
Los Comités Populares, en la mayoría de los casos
conformados de 11 integrantes, son elegidos en elecciones generales
convocadas por el partido de acuerdo al sistema de integración
triple, forma de organización forjada bajo la dirección
de Mao en la Revolución Cultural de China, que reúne
a representantes de diversos sectores sociales. En Nepal, se combinan
representantes del partido, del Ejército Popular de Liberación
y de otras fuerzas, tales como las personalidades y los elementos
democráticos y nacionalistas de la pequeña burguesía
que participan en calidad de representantes de varios partidos,
tales como cuadros rebeldes locales del partido del Congreso Nepalés
o del UML. En las elecciones, son elegibles y participan como candidatos
personas independientes, elementos que antes apoyaron y trabajaron
por partidos, como el Rashitriya Prajatantra (RPP), quienes se han
rebelado contra el programa reaccionario de su partido, así
como otras fuerzas.
Los comités dirigen varios departamentos, los más
importantes siendo el administrativo, el económico, el social,
el cultural, el educativo y el de desarrollo. El de desarrollo administrativo
se dedica, en general, a las actividades jurídicas, por ejemplo
problemas de la tierra, transacciones comerciales y financieras,
y cuestiones relacionadas con los tribunales del pueblo. Los comités
fijan precios mínimos para todas las categorías de
productos.
Un aspecto importante del ejercicio del poder político
rojo en las bases de apoyo es la seguridad de la población.
Como ya existen las bases de apoyo, los Comités Populares
administran sus propias cárceles móviles y campamentos
de trabajo, en que están retenidos elementos de la policía
y funcionarios administrativos corruptos capturados y rufianes,
delincuentes y paramilitares arrestados. Si bien hoy, la protección
de la nueva sociedad es el aspecto principal de los campamentos,
se administran sobre la base de principios que están diametralmente
opuestos a las cámaras de torturas de la vieja sociedad,
y buscan transformar a fondo el pensamiento de los detenidos y enseñarles
a ser integrantes que aportan a la nueva sociedad.
AUTOSUFICIENCIA
Y TIERRA PARA QUIENES LA TRABAJAN
Un reto importante de las fuerzas revolucionarias en medio de
enfrentarse al enemigo en el campo de batalla, es reestructurar
las relaciones económicas de modo que satisfagan las necesidades
de la guerra popular así como sienten las bases de una economía
autosuficiente que corresponde a los intereses del pueblo. Para
hacerlo, es necesario romper con las relaciones económicas
que han encadenado la economía del país y la han moldeado
en beneficio de las necesidades del mercado indio y del sistema
imperialista mundial, y será imposible hacerlo a menos que
se desencadene a las masas en esta esfera para crear nuevas formas
de organización económica que apoyen el mayor avance
de la guerra popular hoy y aseguren que un futuro Nepal revolucionario
pueda resistir un embargo económico contrarrevolucionario
o hasta una futura invasión.
El eje de la economía del país es la cuestión
de la tierra. La mayoría de las tierras fértiles,
las llanuras bajas, están en lo que se llama el Terai; están
en el sur del país y van del este al oeste y colindan con
la India. Desde hace mucho, la familia real y sus numerosos familiares
(los rana) han controlado éstas y los valles, como el Terai
interior. La mayor parte de las demás tierras que han cultivado
las masas, la han robado los altos burócratas. El partido
aplica la política de expropiar las tierras de estos terratenientes
y de repartirlas entre los campesinos según el principio
de la “tierra para quienes la trabajan”. En el curso
de hacer avanzar la guerra popular y forjar las bases de apoyo,
la mayoría de los terratenientes feudales locales han abandonado
sus tierras y huido a las ciudades. Y, algunas tierras han sido
arrebatadas directamente al enemigo. Se entregan todas las parcelas
de tierra y otras propiedades a los campesinos, principalmente los
sin tierra, quienes tienen prioridad, y a los campesinos pobres;
las demás tierras expropiadas se dedican a la producción
cooperativa (o sea, se establecen los sistemas de producción
de estas tierras sobre bases cooperativas).
Además de aplicar el método de cultivos cooperativos,
los Comités Populares han empezado a desarrollar la producción
colectiva. Los aldeanos han favorecido el sistema de cultivos colectivos,
y se ha establecido la “Comuna Juni” como modelo del
cultivo colectivo.
En la región occidental del Terai, la mayoría de
las tierras las cultivan los tharus, una comunidad nepalesa que
vive en las llanuras del sur. Los terratenientes feudales reaccionarios
les robaron estas tierras y los obligaron a trabajar como esclavos
por contrato, o kamaiyas, en sus propias tierras. Hoy,
los kamaiyas se han levantado bajo la dirección
del PCN (M) y luchan por derrocar a los terratenientes y retomar
las tierras.
Cuando el movimiento del Terai apenas se iniciaba y alcanzaba
un punto álgido, el parlamento declaró la “erradicación
del sistema de esclavitud de Kamaiya Pratha”. No obstante,
el auténtico cambio no proviene de los salones de banquetes
de los ricos y poderosos, ni crearon esos señores ningún
plan mágico. Sin resolver los problemas que surgen de las
relaciones de producción de la sociedad, no es posible resolver
el problema de los tharus. La abolición del sistema kamaiya
con un decreto parlamentario sin ofrecer una alternativa viable,
creó nuevos problemas para los campesinos sin tierra y sin
techo. Fracasó el plan de los reaccionarios de sembrar confusión
entre la gran mayoría de los tharus y de desviarlos del camino
de la revolución maoísta, pues seguían agudizándose
las contradicciones entre los terratenientes y los campesinos sin
tierra. Hoy, debido al tratamiento correcto del problema de la tierra
y de aplicar la línea de masas de persistir en politizar
y armar a los campesinos, casi toda la comunidad ha asumido con
entusiasmo el lema maoísta “tierra para quienes la
trabajan”.
Como la tarea inmediata del partido es destruir las relaciones
de producción imperantes, el plan de producción se
ha orientado principalmente hacia el desarrollo de un sistema económico
autosuficiente movilizando todos los recursos locales. Desde esta
perspectiva, en las bases de apoyo se forman pequeñas industrias
que reciben materias primas del campo. La producción se orienta
a satisfacer las necesidades básicas e inmediatas del pueblo.
En particular, las pequeñas empresas se dedican a producir
los materiales que requiere el ejército popular, así
como productos personales y del hogar, tales como gorros, calcetines,
guantes, suéteres, sarapes, sábanas, bolsas y papel.
Surgen nuevas maneras de abordar los diversos problemas que no
se habían nunca considerado antes. Por lo general, se ha
prohibido la producción de alcohol, porque fomenta la ebriedad
y el abuso de las mujeres, y porque requiere enormes cantidades
de grano. Hoy, la prioridad en la distribución de granos
es la alimentación del pueblo y de los soldados del ejército
de liberación.
“EL PASADO
HAY QUE HACER AÑICOS”
La cultura del pueblo es un factor muy importante en la transformación
y la revolucionarización de la sociedad. A menos que se lleve
a cabo una revolución cultural desde el principio, será
imposible elevar la conciencia de las masas y transformar su concepción
del mundo de modo que concuerde relativamente con el nivel de los
activistas revolucionarios. Por tanto, desde el inicio del movimiento,
y de mayor importancia, desde el inicio del establecimiento de la
sociedad revolucionaria, los revolucionarios maoístas deben
enseñar y movilizar a las masas en las esferas ideológica,
política y cultural. En este sentido, se están operando
grandes cambios en las bases de apoyo: las masas revolucionarias
rompen con las costumbres y tradiciones viejas, podridas y opresivas
(como los matrimonios arreglados y el acoso sexual) y establecen
nuevas prácticas emancipadoras. Hoy, en las bases de apoyo
del país, las masas desafían y luchan contra los milenarios
tabúes de matrimonios entre diferentes castas, matrimonios
por amor y segundos matrimonios de viudas.
En las bases rojas, las celebraciones revolucionarias reemplazan
a las viejas celebraciones religiosas reaccionarias. En la tradición
hindú, hay muchos ritos y ceremonias religiosos. Antes del
establecimiento del poder político rojo, se realizaban grandes
celebraciones como Dasain y Rij. Ante la elevación
del prestigio de las celebraciones revolucionarias, han disminuido
fuertemente las antiguas celebraciones, pues las masas las abandonan
y crean una nueva cultura. El Primero de Mayo, el día del
proletariado internacional, y los natalicios de Marx, Engels, Lenin,
Stalin y Mao, así como el Histórico Día del
Inicio de la Guerra Popular (13 de febrero), el Día de los
Mártires y el Día Internacional de la Mujer, son celebraciones
muy importantes en las bases de apoyo. Al perder su cultura vieja
y retrógrada, los reaccionarios han estado delirando de que
“se ha elevado a las mujeres hasta las azoteas”, “se
rompen las relaciones cordiales entre hermanos y hermanas porque
se han dividido la propiedad de los padres entre ellos”, y
“los intocables regresan a la cocina”. En oposición
a esos delirios reaccionarios, las masas siguen asestando golpes
a las relaciones y prácticas sociales antiguas hasta que
se eliminen completamente.
Se toma más conciencia de que la religión es “el
opio del pueblo”, según observó Marx, y que
las creencias hindúes apoyan ideológica y políticamente
a la monarquía feudal. Y se comienza a ver que se reproducen
y se refuerzan mediante la religión muchas prácticas
fundamentalistas religiosas, en especial las que tienen elementos
antipopulares, tales como la división de la sociedad en castas,
cosa que la religión hindú practica con especial crueldad
y astucia sosteniendo que la miseria y la opresión de los
pisoteados representan un castigo por los pecados que han cometido
en una vida anterior, y que los lujos y los privilegios de las castas
altas representan una recompensa por sus bondades anteriores. Con
el fomento de tales divisiones, las clases explotadoras han estado
perpetuando la subyugación de las masas básicas. Desde
el inicio de la guerra popular y mediante el desarrollo de las bases
de apoyo, las masas comienzan a deshacerse de la religión
y a redescubrir la humanidad en sí mismas.
En el curso de movilizar a las masas, los combatientes del Ejército
Popular de Liberación participan en la producción
y en la política, y en las actividades militares. En estas
actividades, es importante combatir y eliminar el analfabetismo,
que es un enemigo de la revolución, mediante las campañas
de alfabetización, así como las campañas de
salud y higiene que ya se realizan entre las masas.
Desde el surgimiento del embrión del poder político
rojo en el campo, el PCN (M) ha prestado mucha atención a
los derechos de las minorías nacionales, por ejemplo, aplicando
el principio del derecho de las naciones a la autodeterminación.
En las zonas de las minorías nacionales (janajatíes)
donde ha sido expulsado el viejo Estado, éstas ejercen el
poder. Por primera vez desde su sometimiento, o sea, desde la unificación
del país en un solo nación-Estado a fines del siglo
18, las masas mismas están participando en la construcción
de su propio futuro. Los camaradas janajatíes juegan un papel
dirigente en los asuntos del partido. Con estas nuevas prácticas,
se empieza a eliminar la dominación de la nación khash
(la casta dominante, originariamente habitantes de la región
de Khashan del país) sobre las minorías nacionales.
Se aplica la integración triple mencionada arriba en las
Comités Populares para forjar el poder político rojo.
Se forman los Comités Populares sobre la base de la alianza
obrero-campesina, en que participan representantes de las fuerzas
democráticas y nacionalistas, y del partido y del ejército
popular.
El PCN (M) ha dirigido la formación de los tribunales populares
en las zonas del poder político rojo. Antes, las masas sufrían
bajo los funcionarios del gobierno y los terratenientes feudales
y su capital usurero. Los terratenientes robaban las tierras pertenecientes
a los campesinos pobres, y muchos campesinos tenían que vivir
endeudados y en la miseria. Aunque las masas siempre han sabido
que los explotadores les han estado robando, no podían decir
nada en su contra, pues los terratenientes disfrutaban de la protección
del Estado. Hoy, donde el Poder esté en manos del pueblo,
los tribunales populares están corrigiendo las injusticias
impuestas por los reaccionarios. En las zonas bajo el control del
pueblo, los campesinos han podido retomar las tierras robadas por
los terratenientes, y allanar, capturar y destruir los bancos en
que los terratenientes han depositado los documentos de las hipotecas
que los mantenían en una servidumbre permanente.
LAS MUJERES SE
LIBERAN DE LAS 4 MONTAÑAS
Mientras que la sociedad nepalesa ha estado bajo el dominio de
tres montañas de opresión –feudalismo, capitalismo
burocrático e imperialismo–, las mujeres de Nepal llevan
a cuestas una más, el patriarcado, es decir la dominación
masculina. Ni que decir de las mujeres hindúes de las “castas
inferiores”, que han padecido brutalidades indecibles así
como un inmenso sufrimiento social.
En la sociedad feudal, las mujeres no tienen derechos de propiedad.
Inclusive en las “buenas familias” o familias adineradas
de la burguesía, es poco frecuente encontrar títulos
de propiedad a nombre de las mujeres.
Es obligación de las mujeres aceptar por esposo al hombre
que hayan elegido sus padres. Las niñas novia y los matrimonios
entre una joven y un hombre mayor son frecuentes, en ambos casos
la tradición hindú lo permite y la pobreza los obliga.
Las mujeres no pueden divorciarse, pero los hombres pueden tener
más de una esposa. Las viudas no pueden volver a casarse,
y es su obligación servir a la familia de su esposo como
esclavas por el resto de su vida. Los hombres sí pueden volver
a casarse si su esposa muere.
Estas prácticas sociales tan irracionales e injustas son
cosa del pasado en las bases de apoyo de la revolución. A
partir del establecimiento del poder político popular, la
propiedad de la tierra es concedida tanto a hombres como a mujeres.
Esta práctica ha hecho añicos uno de los principales
grilletes que esclavizaba a las mujeres y que las obligaba a llevar
una vida de absoluta subordinación y servilismo a los hombres
y como consecuencia a toda la sociedad. El inicio de este proceso
ha generado entusiasmo y fuerza en muchas mujeres para exigir y
ganar respeto social. Este proceso, y la participación de
las mujeres en los frentes político y militar, son una de
las principales conquistas sociales generadas por la extensa participación
de las mujeres en el ejercicio del poder político rojo y
su enorme compromiso con la guerra popular.
Día con día crece la participación de las
mujeres en el partido, en el Ejército Popular de Liberación
y en el nuevo poder político y se eleva a más altos
niveles. Gran número de mujeres comienza a organizarse en
las fuerzas armadas dirigidas por los maoístas. Armadas con
la ideología maoísta y fusiles en la mano, desatan
su furia contra los odiados explotadores y el Estado reaccionario
que protege a los viles enemigos del pueblo. Las mujeres de Nepal,
que desde el comienzo de su existencia sirven de esclavas a los
hombres en este sistema patriarcal, que han aguantado incontables
ritos reaccionarios feudales, y que han recibido el trato de adornos
y objetos del placer sexual del hombre, han comenzado a desafiar
esas costumbres y sacudir violentamente esas relaciones sociales.
Se están operando esos cambios de manera mucho más
rápida en los pocos años que lleva la guerra popular
que en las varias décadas de reformas.
En varias ocasiones, las mujeres combatientes se han sorprendido
del alcance de su nueva determinación y fuerza para transformar
sus condiciones y castigar a sus enemigos en la sociedad. Se guían
por la llama roja de la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo-maoísmo
(MLM) y aplican la ciencia de la revolución a las duras condiciones
de Nepal de hoy. Actualmente se han vuelto más conscientes
de sus propios intereses y de los de los enemigos en la sociedad
de clases y de castas, y eso es la fuente de su coraje y fuerza,
de su amor por el pueblo y de su odio al enemigo.
El valor de las mujeres en el movimiento revolucionario causa
gran inspiración, si no asombro. Cuando son capturadas, no
temen por sus vidas, aunque las tropas enemigas les apliquen brutales
torturas, las violen tumultuariamente y les arranquen los ojos antes
empaparlas de gasolina y quemarlas vivas.
El compromiso de muchas mujeres con el gran proceso de la revolución
estremece fuertemente a todo el país. Por ejemplo, una señora
de 50 años de la región occidental decidió
vengar la muerte de su esposo, asesinado por el ejército
reaccionario durante el estado de emergencia tras haber tenido que
vivir en la clandestinidad varios años. Con una férrea
determinación, se incorporó al partido y al ejército
popular, lo que asustó a las tropas enemigas e inspiró
a muchas personas a unirse a la revolución. Se extendió
la noticia incluso a sectores de las clases medias, quienes manifestaron
que las acciones militares contra la guerra popular no solucionarían
el conflicto político-social. Y, el país se electrizó
por la fuga de 5 presas maoístas que cavaron un túnel
para escapar.
El levantamiento de las mujeres significa el levantamiento de
la mitad del pueblo. Los reaccionarios jamás aceptarán
que la mujer es una fuerza que puede hacer época; no pueden
sino tratarlas como seres débiles. Como las mujeres revolucionarias
del mundo, las mujeres rebeldes de Nepal están demostrando
que pueden hacer historia conquistando el poder político
y transformando las relaciones sociales sobre nuevas bases.
BREVE RESEÑA
HISTÓRICA DEL MOVIMIENTO COMUNISTA DE NEPAL
El avance del nuevo poder popular en las regiones de Mahabharat
y las colinas Chure de Nepal, refleja no sólo el ascenso
del pueblo, sino también una larga batalla en el frente ideológico
y político al interior del partido comunista, es decir, una
férrea lucha entre las dos líneas que se desarrolló
hasta que se forjó una línea política e ideológica
correcta. Una vez desarrollada una auténtica dirección
maoísta a través de la lucha entre las dos líneas
en el partido y de la lucha de clases en la sociedad, la causa de
pueblo ha seguido avanzando sin pausa en medio de avances y retrocesos.
Al inicio, los procesos revolucionarios de los países vecinos
influyeron enormemente en el movimiento comunista de Nepal. El PCN
(M), un contingente del proletariado internacional, subraya que
la línea maoísta desarrollada en Nepal es la síntesis
de las guerras más avanzadas que nuestra clase ha iniciado
en Rusia y China, y recientemente en el Perú. Es la síntesis
de un profundo estudio y férrea lucha en el Movimiento Revolucionario
Internacionalista (MRI) al interior del movimiento comunista internacional.
Una breve historia del Partido Comunista de Nepal (Maoísta)
[PCN (M)] salió en UMQG 1996/22.
En la histórica II Conferencia en 2001 (ver UMQG
2001/27), el PCN (M) prestó mucha atención a la historia
de la ideología del proletariado y a su desarrollo en Nepal.
El desarrollo de la guerra popular de Nepal fue una consecuencia
del desarrollo ideológico del partido y como dijo Lenin,
la ideología es el factor decisivo en la revolución.
Mao lo desarrolló más, diciendo que si el partido
tiene una línea correcta, puede construir un ejército
popular, bases de apoyo y por último conquistar el poder
político, pero si tiene una línea errónea,
perderá todo lo que tiene. Cada revolución es el producto
de una línea correcta; esta línea se desarrolla aplicando
el marxismo-leninismo-maoísmo a las condiciones específicas
del país. Esto lo probamos una vez más en Nepal, donde
la forja de una línea correcta por el PCN (M) ha sido la
clave para el avance de la revolución.
De particular importancia en la lucha por iniciar la guerra popular
en Nepal fue la larga lucha contra el grupo oportunista dirigido
por Mohan Bikran Singh. Singh cayó en una variación
ecléctica del dogmatismo de Hoxha (una corriente revisionista
que surgió poco después de la muerte de Mao en 1976,
que intentó revocar los veredictos correctos en el movimiento
comunista internacional sobre las contribuciones de Mao a la teoría
revolucionaria). En especial, Singh argumentaba que era erróneo
usar el término “maoísmo” o considerarlo
como una tercera etapa en el desarrollo de la ideología del
proletariado, bajo el pretexto de que seguíamos en la época
del imperialismo. Singh defendió los errores de Stalin y
del anterior movimiento comunista para negar y oponerse a los grandes
aportes de Mao a la ideología del proletariado. Concluyó
que la guerra popular no podría triunfar en Nepal. Se forjó
la línea revolucionaria maoísta en Nepal luchando
contra el pensamiento dogmato-revisionista de la “Escuela
de Pensamiento de Singh”.
Desde luego, otras luchas entre las dos líneas importantes
ocurrieron en el curso de desarrollar el movimiento comunista en
Nepal. Como se mencionó, el Partido Comunista Nepalés
Unido (Marxista-Leninista), conocido como UML, de manera muy particular
y ruin, contribuyó a apuntalar al tambaleante régimen
reaccionario. Durante 9 meses en 1998, el UML fue socio importante
en el gobierno y controló, entre otros puestos, el ministerio
encargado de reprimir a los revolucionarios. Últimamente,
como la monarquía se ha convertido en una institución
desacreditada y vacía, el UML en su intento de darle vida
nueva, ha jurado lealtad al rey. El UML recibió en sus oficinas
al embajador yanqui, quitando las fotos de Lenin, Stalin y Mao para
no ofender a su “honorable invitado”. Los maoístas
también lucharon contra otras líneas reformistas como
la del “insurreccionalismo” de Nirmal Lama. Una lección
importante de la lucha contra estas tendencias fue la de captar
que, sin forjar en los hechos una alternativa revolucionaria, ninguna
organización revolucionaria puede vencer al revisionismo.
En estas luchas entre las dos líneas, el PCN (M) ha trabajado
no sólo para mantener los principios revolucionarios sino
aplicarlos a la práctica. Desarrolló el planteamiento
maoísta de que “el partido es una unidad de contrarios”
y recalcó que el camino de la revolución pasa por
choques, rupturas, saltos y catástrofes. Guiados por los
principios marxista-leninista-maoístas, el PCN (M) buscó
la unidad con diversas tendencias que se encontraban en el movimiento
revolucionario, y de esta forma se deslindaron todavía más
los campos revolucionario y reformista. Así, para poder iniciar
la guerra popular, el PCN (M) tuvo que romper con las ideas y tradiciones
que aún predominaban en el movimiento comunista de Nepal,
como el parlamentarismo. (Los precursores del PCN [M] contaban con
13 representantes en el parlamento.) Al mantener los principios
revolucionarios básicos, es decir, el partido, la línea
revolucionaria y las fuerzas revolucionarias, se realizaron simultáneamente
4 preparativos: político-ideológico, organizativo,
logístico y de guerra. Para desarrollar la guerra popular,
el partido consideraba que aún son necesarios estos preparativos
y los realiza con el objeto de alcanzar un determinado nivel cualitativo
y cuantitativo de guerra así como de hacer avances y dar
mayores saltos.
El PCN (M) llama a esta síntesis del proceso revolucionario
de Nepal, desarrollado mediante avances y retrocesos y grandes desafíos,
el marxismo-leninismo-maoísmo y el Camino Prachanda. De acuerdo
a su análisis, el marxismo-leninismo-maoísmo es la
ideología básica y la teoría política,
la ciencia de la revolución, y el Camino Prachanda es el
conjunto de ideas relacionadas a las particularidades de la revolución
en Nepal, que sirven como principios-guía. En el proceso
de aplicar correctamente del marxismo-leninismo-maoísmo y
hacer mayores avances políticos y militares, el partido ha
analizado que se han hecho más contribuciones al marxismo-leninismo-maoísmo
en el proceso de hacer avanzar la guerra popular en Nepal.
INTERVENCIÓN
IMPERIALISTA Y EXPANSIONISTA EN NEPAL
Debido a los avances de la guerra popular y a la crisis tan profunda
en que se han sumido las clases dominantes, especialmente la desintegración
del sistema monárquico feudal, el imperialismo yanqui y el
expansionismo indio han estado acelerando sus actividades contra
el pueblo de Nepal. La gran incapacidad del régimen reaccionario
para enfrentar los retos que impone el poder popular y su desesperación,
hacen que el imperialismo yanqui se prepare en serio para lanzar
una intervención más directa. La situación
se torna cada vez más inestable tras el surgimiento de nuevos
cambios en el escenario político, como la destitución
del primer ministro, la usurpación del poder ejecutivo por
la monarquía y el establecimiento de un gobierno conformado
de personas que no pertenecen a ningún partido político
o por lo menos no tienen la recomendación de éstos,
entre ellos algunos tristemente célebres partidarios del
sistema Panchayat, que es la forma de monarquía que existió
en Nepal antes de 1990.
En febrero de 2002, Colin Powell, secretario de Estado yanqui,
fue a Nepal. En mayo de 2002, el primer ministro Deuba fue de visita
a los Estados Unidos y a la Unión Europea. Gran Bretaña
y los Estados Unidos han provisto, respectivamente, 40 y 22 millones
de dólares en “ayuda”. Además, los yanquis
enviaron una docena de expertos militares para conocer las tres
regiones del país y elaborar unos planes de operaciones.
Testigos vieron a dos militares yanquis en el operativo de cerco
en Lisne. Es obvio que las fuerzas imperialistas ya están
interviniendo en Nepal.
La agresión yanqui contra el mundo está llegando
a su clímax, amenazando la seguridad y la estabilidad de
todos los países. Los Estados Unidos golpea al Medio Oriente
y sus emisarios recorren la región de Asia y muestran sus
fauces como perros rabiosos. Con esta lógica, el gobierno
yanqui utiliza los sucesos del 11 de septiembre como un “arma
mágica” para intervenir donde quiera y cuando quiera.
La estrategia general del imperialismo yanqui es de aplastar cualquier
tipo de lucha que atente contra sus intereses, como las luchas antifeudales,
antiimperialistas, y los movimientos de liberación nacional,
democráticos y socialistas. Al tildar a todos de “terroristas”,
justifican sus acciones contrarrevolucionarias para destruir cualquier
oposición e intensificar su explotación sobre los
miles de millones de seres humanos por todo el mundo.
El sueño de los imperialistas yanquis de usar su poderío
militar para establecerse como superpotencia unipolar permanente
suscita, a la vez, una mayor resistencia en todo el mundo. La gran
miseria generada por los imperialistas en Asia, África y
América Latina convierte a esas tres regiones en el centro
de los levantamientos, que Mao llamó el “centro de
las tempestades de la revolución mundial”. El naciente
poder político rojo en los montes Himalaya, en el contexto
de ese mundo tumultuoso, tiene profundas implicaciones para el sur
de Asia y más allá.
Para contrarrestar el potencial de mayor turbulencia regional,
el gobierno yanqui ya tomó la decisión sin precedente
de establecer una oficina del FBI en Delhi, la capital india. Cuando
el PCN (M) dirigió la histórica operación sobre
el cuartel distrital de Achham, el gobierno yanqui dio a conocer
su intención de construir una base militar en Nepal, afirmando
que “Nepal es un país con importancia estratégica”.
Aun cuando parece que las acciones de los imperialistas yanquis
provienen de una posición de fuerza, en esencia son una manifestación
del movimiento de las contradicciones en el sistema imperialista
mundial. Por duro que el imperialismo intente sofocar los movimientos
revolucionarios, sólo conseguirá intensificar y agudizar
la contradicción principal entre los imperialistas y las
naciones y pueblos oprimidos, así como agudizar las contradicciones
entre los imperialistas.
En toda esta ofensiva yanqui, el gobierno indio ha intensificado
sus acciones fascistas contra los pueblos del sur de Asia, y está
reprimiendo los movimientos revolucionarios y de liberación
nacional en toda la región. Han promulgado diversas leyes
draconianas, como la Ley de Prevención del Terrorismo (POTA)
para mantener su paraíso de rapiña sobre las masas
indias. Bajo esta ley, han arrestado a periodistas y trabajadores
sociales nepaleses y los han deportado a Nepal, sin juicio alguno
ni otras “bondades” democráticas. También
han arrestado a maoístas heridos de Nepal que estaban en
tratamiento en hospitales privados de la India y los han entregado
a la policía de Nepal. Estas acciones reflejan que el gobierno
indio quiere mantener su dominación sobre Nepal.
El Estado hegemónico indio jamás aceptará
que el pueblo de Nepal se libere y determine su propio destino.
El gobierno indio está temeroso de que el gobierno de Nepal
pueda ser derrotado por la revolución de nueva democracia
y que el país se convierta en una base de apoyo para la revolución
mundial. Está sumamente preocupado de que los avances revolucionarios
en Nepal aumenten el descontento, ya de por sí muy fuerte,
en la misma India. En tiempos en que el gobierno indio se ve obligado
a enviar un millón de tropas a la frontera con Pakistán,
y en los que la insurgencia maoísta se extiende en varios
estados de la India, la idea de tener que centrar su atención
en Nepal no es algo que les deleite.
El costo de la guerra con los revolucionarios maoístas
podría ser varias veces más que el de la guerra que
la India ya sostiene con los movimientos de liberación nacional
en Cachemira y Bodo. L. K. Advani, ministro del Interior indio,
mostró preocupación sobre la Federación Soviética
del Sur de Asia propuesta por el PCN (M), en que los pueblos liberados
del sur de Asia se agruparían en una unión voluntaria.
Tras la formación del Comité de Coordinación
de Partidos y Organizaciones Maoístas del Sur de Asia (CCPOMSA),
las clases dominantes indias han tenido en la mira a Nepal y preparan
una campaña de represión contra el movimiento maoísta.
Existe latente la posibilidad de que el gobierno indio intervenga
en Nepal en cualquier momento. A petición del gobierno de
Nepal, su homólogo indio envío sin demora armas, municiones
y helicópteros, para ayudar al ERN en la lucha contra los
maoístas. Un ejemplo de la ayuda del gobierno indio es el
reciente arresto y deportación de un miembro del Comité
Central del PCN (M), entregado al gobierno de Nepal.
Al otro lado de la frontera, la China revisionista sigue de cerca
los acontecimientos en Nepal. A la burguesía china, aún
horrorizada por el recuerdo de la Gran Revolución Cultural
Proletaria, la asustará enormemente ver el nacimiento de
un Nepal maoísta en su frontera sur. Y, les preocupa muchísimo
la posibilidad de que la India ocupe a Nepal, pues eso perturbaría
el frágil equilibrio de poder en la frontera indo-china,
donde se han suscitado fuertes choques armados en el pasado. Al
gobierno chino le inquieta mucho la posibilidad de que el gobierno
indio, en colaboración con la alianza yanqui-británica,
envíe tropas a Nepal.
No es posible concluir una discusión del papel de los imperialistas
sin mencionar otras fuerzas que desafortunadamente han estado muy
dispuestas a hacer parte del trabajo sucio de desinformar. Nos referimos
a las organizaciones no gubernamentales (ONG) nacionales e internacionales
que han recibido enormes cantidades de dinero para colaborar en
la censura a los revolucionarios. Estas fuerzas han aparecido como
mala hierba y difundido cientos de mentiras, como que “los
revolucionarios están violando los derechos humanos”
y “reclutando niños en el EPL”. Si fueran verdaderos
testigos de los acontecimientos, se darían cuenta quiénes
son los verdaderos “terroristas” y quiénes están
violando los derechos humanos.
¿Acaso estaban dormidos cuando sus amos mataron a miles
de personas en los últimos 7 años? ¿Acaso no
es “terror” el que el gobierno asesinara a campesinos
que trabajaban en sus tierras en Nepal occidental? ¿O que
el gobierno reaccionario asesinara a presos políticos en
distintas partes del país, y cuando en Lamahi mataran a sangre
fría a docenas de presos políticos traídos
de varias cárceles? ¿No era “terror” que
el gobierno asesinara a los escolares Dil Badahur Ramtel, Subhadra
Sapkota, Jamuna Chaudhary y otros que protestaban por el arresto
de sus maestros? Mientras estas fuerzas chillaban acerca de las
terribles “violaciones de los derechos humanos” por
parte de los revolucionarios, se callaron cuando la fascista camarilla
de Gyanendra-Paras ofrecía enormes recompensas por entregar
a los dirigentes y cuadros maoístas que habían luchado
por cambiar dramáticamente a la sociedad nepalesa y traerla
al siglo 21, y sólo veían “violaciones de los
derechos humanos” cuando las masas se levantaban y resistían
al ejército genocida. Estas fuerzas tapaban los crímenes
del Estado reaccionario y de las potencias imperialistas y así
daban su aval al Estado cuando éste asesinaba a las masas.
Mientras el poder popular se desarrollaba en el país, los
imperialistas y los reaccionarios se empeñaban en desaparecerlo.
Ante esta situación, es crucial que los revolucionarios maoístas
impulsen una amplia solidaridad mundial con la guerra popular. Como
lo ha señalado el Movimiento Revolucionario Internacionalista,
debemos forjar apoyo a la revolución nepalesa en todas las
actividades contra la agresión yanqui en Irak y en otros
países. La reciente gira europea que patrocinó el
Movimiento de Resistencia de los Pueblos del Mundo para promover
la solidaridad con la guerra popular en Nepal, llegó a miles
de personas y mostró el potencial de mayores acciones.
Se acerca la hora para que los revolucionarios maoístas
cumplan con su deber internacionalista, que Lenin definió
como “trabajar abnegadamente para desarrollar el movimiento
revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país,
y apoyar (con propaganda, solidaridad y ayuda material) esta lucha,
ésta y sólo esta línea, en todos los países
sin excepción” (“Las tareas del proletariado
en nuestra revolución”).
EL PODER POLÍTICO
ROJO BRILLA EN EL HORIZONTE
La sociedad de Nepal está pasando por una enorme prueba
de fuego. Encuentros violentos sin precedentes están ocurriendo
entre las fuerzas del pasado y aquellas del futuro. Bajo la dirección
del PCN (M), las fuerzas avanzadas del futuro se han unido en todo
el país y lanzado una ofensiva contra el viejo y podrido
Estado feudal. Los elementos atrasados y reaccionarios se han unido
bajo la camarilla medieval y retrógrada de Gyanendra y Paras,
que sobrevive con el apoyo del imperialismo yanqui y del expansionismo
indio. La corriente de la guerra popular que libran los grandes
héroes del pueblo de Nepal para liberarse de todas las formas
de la explotación del hombre por el hombre, se ha desarrollado
en el Ejército Popular de Liberación y forjado bases
de apoyo y el poder político rojo, y constituye un desafío
histórico al régimen feudal autocrático. En
el lado opuesto, el régimen feudal, en aras de defender los
intereses del sistema reaccionario, ha degenerado en la camarilla
fascista de Gyanendra y, es más, en el fascismo del Ejército
Real de Nepal, para reprimir al movimiento del gran pueblo de Nepal.
Es claro que el país se ha dividido en dos polos: el palacio
real y el cuartel general de Rolpa. Los dos polos están diametralmente
opuestos: manifiestan dos ideologías, dos épocas,
dos ejércitos en el campo de batalla. Millones de nepaleses
de todos los sectores, sean campesinos o labriegos, proletarios
o personas de la clase media o la burguesía nacional, ya
se han tomado partido con la nueva sociedad, rechazando la podrida
y vieja sociedad reaccionaria. La hora ha llegado para que todos
los sectores de la población elijan con urgencia entre el
naciente poder revolucionario maoísta científico y
el sistema autocrático feudal medieval respaldado por el
imperialismo.
En la historia del movimiento revolucionario de Nepal, en muchas
ocasiones no se tuvo un correcto análisis, o debido a las
debilidades de las fuerzas revolucionarias, los reaccionarios pudieron
imponer sus intereses en contra de aquellos de las masas. Pero bajo
la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta),
el pueblo de Nepal cuenta con el Ejército Popular de Liberación,
las bases de apoyo y el apoyo de las masas en todo el país.
En contraste, el sistema reaccionario está completamente
aislado del pueblo, tiene una base y superestructura carcomidas
y se mantiene en pie únicamente con un ejército reaccionario
y el apoyo y ayuda de los imperialistas. Aunque el régimen
reaccionario recibe ayuda de los países imperialistas, ello
no refleja la voluntad de los habitantes de esos países.
En todo el mundo, el proletariado tiene el deber de clase de destruir
los Estados reaccionarios y construir las bases rojas de la revolución
proletaria mundial, y en general, los habitantes de los países
imperialistas tienen un interés común al lado de los
revolucionarios y el pueblo de Nepal. La renuncia de la viceprimera
ministra de Bélgica, la Sra. Magda del partido Verde, en
protesta por el envío de armas a Nepal, es una expresión
de las contradicciones en los gobiernos de los países imperialistas,
y refleja el sentir de las masas de esos países contra la
intervención para apuntalar a regímenes reaccionarios
como la monarquía de Nepal.
Aún se dice que la revolución en Nepal no triunfará
y que ni las condiciones objetivas ni las subjetivas están
maduras para la revolución. Según este argumento,
aunque la revolución triunfara, no habría otros Estados
revolucionarios que apoyaran al nuevo Estado nepalés, y por
lo tanto, a menos que se dé una revolución en la India
u otros países grandes, la revolución en Nepal es
prematura. No obstante, esta lógica no corresponde a la realidad
objetiva.
Primero, si uno no hace nada por la revolución o por la
guerra revolucionaria, las condiciones objetivas y subjetivas jamás
estarían maduras. Para los revolucionarios maoístas,
la maduración de las condiciones objetivas y subjetivas es
relativa. Mao expresó que las condiciones objetivas en el
mundo están maduras para la revolución, y lo que tienen
que hacer los revolucionarios es desarrollar las condiciones subjetivas.
Desde entonces han sucedido muchos grandes cambios políticos.
El imperialismo ha estado intensificando la explotación de
las masas del mundo, y las contradicciones entre el imperialismo
y las naciones y pueblos oprimidos se han agudizado. La situación
ha preparado las condiciones para hacer la revolución en
todo el mundo.
Segundo, hacer la revolución no es ofrecer un banquete;
requiere una práctica basada en una ideología científica
y la política del marxismo-leninismo-maoísmo. Si las
condiciones subjetivas no hubieran existido, la guerra popular nunca
se habría desarrollado al nivel que tiene hoy. La verdad
es que las condiciones subjetivas se están desarrollando
en el transcurso de la guerra dirigida por el partido revolucionario
maoísta. En Nepal, las masas no tenían ni bases de
apoyo ni el poder político antes del inicio de la guerra
popular y ni se habían formado ni el Ejército Popular
de Liberación ni las milicias populares. Como dijo Mao, se
aprende a combatir en el curso mismo de la guerra.
Tercero, si bien no existen Estados revolucionarios en el mundo
de hoy, el proceso de la revolución está en ascenso
en todo el mundo. En el vecino país de la India, la lucha
revolucionaria dirigida por los partidos maoístas –el
Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista) (Guerra Popular)
y el Centro Comunista Maoísta– avanza en importantes
partes del país, y el Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista)
(Naxalbari) y otras fuerzas maoístas se preparan para abrir
nuevos frentes de lucha. Además, todo el sur de Asia hierve
con movimientos de liberación nacional. Y, los movimientos
de masas (que se desarrollan de manera cualitativa y cuantitativa
con un carácter revolucionario) contra el imperialismo en
Europa y los Estados Unidos, y la férrea resistencia contra
el imperialismo en el Medio Oriente, indican que la furia latente
en la sociedad ha alcanzado un punto explosivo. El Movimiento Revolucionario
Internacionalista ha luchado por vincular los movimientos maoístas,
dando una dirección ideológica al movimiento comunista
internacional, y se desarrolla como centro embrionario de una internacional
comunista de nuevo tipo. En el sur de Asia, la CCPOMSA trabaja para
coordinar las luchas de los partidos y organizaciones maoístas
de la región. Estos hechos dan un potente respaldo a la lucha
del pueblo de Nepal.
Imaginemos, además, el impacto que tendría la victoria
de una revolución dirigida por maoístas en Nepal,
en el seno de los campesinos pobres de la India, y la claridad que
tal victoria daría en las luchas entre las dos líneas
que rugen en el movimiento revolucionario de la India. El descontento
y la rebelión ya arden en grandes partes del país,
y millones de nepaleses viven en todas las ciudades de la India.
Nepal colinda con algunas de las regiones más candentes de
la India, donde han existido focos de descontento revolucionario
en el pasado y el presente: Bihar, Bengala Occidental y Jarkhand.
La histórica aldea de Naxalbari donde se inició una
lucha armada en los años 1960, está ubicada cerca
de la frontera indo–nepalesa.
Los imperialistas están muy conscientes del significado
de la batalla que se libra en Nepal, y también deben estarlo
los revolucionarios proletarios. En momentos en que los imperialistas
aceleran su intervención y agresión en todo el mundo,
lo que está en juego es la posibilidad de que el proletariado
rompa la cadena del imperialismo, cosa que urge muchísimo
y que se ha esperado desde hace mucho. Es una lucha dirigida por
un partido marxista-leninista-maoísta con la determinación
de liberar a Nepal al servicio de la revolución proletaria
mundial. La revolución en Nepal necesita y se merece el apoyo
de todos aquellos que luchan contra los amos actuales del mundo
viejo y luchan por edificar uno nuevo.
El futuro de 23 millones de personas en Nepal se decidirá
en los tiempos por venir. En un extremo está un futuro encadenado
al pasado, un mundo de opresión y miseria que no es ajeno
a nadie que haya vivido o visto el último escalón
del orden imperialista mundial. En el otro extremo está una
visión completamente diferente: una en que los montes Himalaya
brillan de rojo y el monte Sagarmatha sonríe ante el transcurrir
de nuevos días, ante la alborada de un Nepal de nueva democracia.
Se aproxima el día en que una parte de los más pisoteados
del planeta se pondrá de pie, enarbolando la bandera roja
nuevamente sobre la faz de la tierra y continuando por el camino
de la historia que forjaron la Comuna de París, la Revolución
de Octubre y la gran Revolución China. Será el día
en que el proletariado internacional dé un paso más
en la realización de la revolución socialista y continúe
la transformación del mundo en una sociedad sin clases, el
comunismo.
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