UN MUNDO QUE GANAR
 


El "Sr. Poder" y los "Eeurodébiles" contra los "Bárbaros"

            Como escribió un lector astuto a la redacción de The Guardian de Londres: "¿No sería irónico si fuera el veredicto de la historia que la guerra fría mantuvo a raya no a Rusia, -el imperio del mal-, sino a los Estados Unidos?". Con la caída de la otra superpotencia imperialista, la campa ña de hegemonía mundial ha llegado a ser un punto de unidad de la mayoría de la clase dominante yanqui, a pesar de algunas diferencias acerca de cómo buscarla. Ahora se puede hablar de ello, de hecho hay que hablar de ello, porque no se puede hacer ningún cambio importante y por cierto ningún cambio histórico-mundial, sin la guía de una teoría general. Desde que hace algunos años los escritorzuelos exitosos proclamaban el fin de la historia y de la ideología, toda una gama de escritores reaccionarios ha empezado a destacarse con sus propios ofrecimientos ideológicos y referencias altisonantes a la historia. No se considera como ofensa la comparación con la Roma imperial, de hecho, se le cita a menudo como modelo positivo.

            Uno de los nuevos aspirantes romanos más notorios es Robert Kagan; se dice que su ensayo en la revista Foreign Policy es de lectura obligatoria en el entorno de Bush. En "El poder y la debilidad", Kagan retoma el trillado argumento de que "los hombres son de Marte y las mujeres de Venus", es decir, que son distintos animales. (Recordemos que tal concepto se considera "brillante" en Bushlandia.) Y, lo aplica a los Estados Unidos ("Sr. Poder") y a Europa ("Srta. Debilidad" o los "eurodébiles", como a los partidarios de Bush les gusta expresarlo). Por su propia experiencia histórica, según Kagan, los Estados Unidos entiende que éste es un "mundo hobbesiano", en referencia a las doctrinas del filósofo del siglo 17 Thomas Hobbes; es decir, que es una selva peligrosa donde lo único que importa es la fuerza bruta. Las potencias europeas, agrega, han estado tan traumatizadas por la guerra que buscan neciamente la "paz perpetua" de Kant. Puede que eso sea cierto en el caso de las relaciones entre los Estados europeos, pero, agrega, citando a un colega inglés (Robert Copper) para probar que los británicos no son "de Venus" como lo son los europeos continentales afeminados: "En el caso del mundo fuera de Europa, necesitamos volver a los elementos más crudos de una época anterior: a la fuerza, al ataque previsor, al engaño, a lo que sea necesario". El problema, desde este punto de vista, es que debido a la pasividad europea, los Estados Unidos "se ha quedado con la tarea de ocuparse de los Saddam, los ayatolas, los Kim Jong II y los Jian Zemin y ha dejado los beneficios a los demás".

            La solución es sencilla, concluye con un aire de superioridad: "¿Es tolerable esta situación para los Estados Unidos? De muchas maneras, sí. Al contrario de lo que se cree, los Estados Unidos puede asumir la tarea de preservar la seguridad global con poca ayuda de Europa". Europa puede tener toda la paz que quiera a condición de aceptar eso, dijo en un artículo anterior. "La hegemonía benévola ejercida por los Estados Unidos es buena para gran parte de la población del mundo, y como arreglo internacional es mejor que todas las alternativas realistas", pero "algunos británicos aún recuerdan al imperio, algunos franceses aún añoran la glorie, algunos alemanes aún quieren su lugar al sol". Esto, tal vez, no sería un problema si "los europeos pudieran dejar atrás el temor y molestia que sienten hacia el coloso canalla y recordar de nuevo la necesidad de tener a un Estados Unidos fuerte, para el mundo y sobre todo para Europa".

            Esta visión encierra cierta verdad, sobre todo si se sustituye la idea de que la hegemonía yanqui sea buena para "gran parte de la población del mundo", por "gran parte de las clases dominantes imperialistas del mundo y sus secuaces y acólitos". Eso es lo que Kagan quiere decir, y ése es su público. El último número de UMQG sostiene que el capitalismo globalizado (el actual tejido mundial de relaciones explotadoras) no puede mantenerse sin fusiles. Una declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista dice: "El imperialismo yanqui, como mandamás y eje del sistema imperialista mundial, se ve en la necesidad de ser el policía mundial y lanzar frecuentes intervenciones militares directas en muchos países. Ha puesto a Irak en la mira de su nueva doctrina de autoridad absoluta".

            ¿Por cuánto tiempo las demás potencias imperialistas tolerarán este arreglo? El tiempo que sea necesario. Bush expresa explícitamente la posición de su gobierno en su Mein Kampf, un documento divulgado en septiembre titulado La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos (que dice haber redactado personalmente). (La comparación no es calumnia, pues se trata de un plan de dominio global, al igual que el libro de Hitler.) "El presidente no pretende permitir que otra potencia recupere la gran ventaja que este país ha obtenido desde la caída de la Unión Soviética hace más de una década... Nuestras fuerzas serán suficientemente fuertes como para disuadir las escaladas militares que buscan sobrepasar o igualar al poderío estadounidense". O sea, los yanquis usarán su poderío militar para impedir que otra potencia contienda con ellos: una amenaza directa a Europa, como a Rusia y China.

            Zbigniew Brzezinski, antiguo asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter, expresó esta contradicción con más claridad: los Estados Unidos debe buscar "impedir la confabulación y mantener la dependencia entre los vasallos [Europa], mantener dóciles y protegidos a los tributarios ["los Saddam, ayatolas, Kim Jong II y Jian Zemin"], e impedir que se unifiquen los bárbaros [los pueblos del mundo]".

            La raíz de la palabra "bárbaro" es una palabra que se refiere a quienes no fueran romanos. Para los aspirantes a César de hoy que asesinan a millones y que en su afán de ganancias ponen al planeta en peligro, como si eso fuera la misma civilización, la palabra se refiere a los pueblos del mundo y a los que no aguantan sus sueños locos y criminales ni su sistema de esclavitud, inclusive en sus propios países. ¿No describe eso la gran mayoría de los pueblos del mundo?

            No obstante, a causa de su arrogancia, estos ideólogos han pasado por alto otra relación importante entre los vasallos y los tributarios y los pueblos del mundo. Una razón importante de la renuencia, al menos de las otras potencias imperialistas, acerca de esta guerra es que, por sus propias razones egoístas, se preocupan por si fracasara Bush. En tal caso, el libro de Bush tendría tal vez una vigencia más corta que el de su modelo, Hitler.