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Palestina sigue firme
El último número de UMQG presentó
un extenso análisis de la situación en Palestina cuando
el pueblo palestino empezaba el segundo año de lo que se
conoce como la Segunda Intifada. En 2002, continuaron la intensidad
y turbulencia de la situación. Principalmente, los palestinos
se han negado a rendirse a las necesidades de los imperialistas
yanquis y sus lacayos sionistas. En junio, el presidente yanqui
George Bush, quien promueve vigorosamente su agresión bajo
la consigna “guerra contra el terrorismo”, exigió
que los palestinos boten a Yasir Arafat y pidan un líder
aceptable. Así, por no convenir a sus intereses imperiales,
los paladines de la “democracia” rechazaban burdamente
los resultados de las recientes elecciones palestinas, declaradas
legítimas por los observadores internacionales, incluso el
expresidente yanqui Jimmy Carter. Esos arrogantes amos tienen una
larga historia derrocando a líderes elegidos democráticamente
que no obedecían a sus intereses, como Salvador Allende en
Chile, o recientemente Hugo Chávez en Venezuela, y a otros
líderes políticos con el pretexto de que no son “elegidos
democráticamente”.
Las amenazas de doble faz de Bush también son muy reveladoras.
Primero, con su solución del “mini-Estado”, busca
mantener a los palestinos en un bantustán al estilo sudafricano
(ver UMQG 2002/28), y deja bien claro que, principalmente,
quiere que los dirigentes palestinos acepten ser parte del Medio
Oriente bajo su dominación, en que Israel, construido sobre
la expropiación de los derechos nacionales de los palestinos,
llevara la batuta.
HIPOCRESÍA
IMPERIALISTA
Y, los imperialistas yanquis invocan las “violaciones”
iraquíes de las resoluciones de la ONU para justificar una
guerra de gran escala. Mientras tanto, ignoran el hecho de que Israel,
su Estado clientelar, ha violado descaradamente numerosas resoluciones
de la ONU a partir de 1948. Pero la hipocresía de esta posición
no preocupa a los gobiernos yanqui e israelí. Últimamente,
sólo dan la apariencia más efímera de cumplir
con las leyes internacionales o las reglas universales reconocidas,
y adoptan la táctica de los matones de todo el mundo: “la
fuerza justifica todo”. Para Bush y los medios de comunicación
yanquis, el “terrorismo” es lo que ellos dicen que es,
no importa la realidad. Israel viola descaradamente leyes internacionales:
sus niveladoras y tanques han destrozado a 20.000 casas, sus helicópteros
han disparado a multitudes y sus aviones han bombardeado a ciudades.
Grupos de derechos humanos lo han condenado por realizar tortura
en las prisiones. No obstante, para el gobierno yanqui y los medios
de comunicación, eso no tiene nada que ver con el “terrorismo”,
a la vez que condenan fuertemente los incidentes de resistencia
palestina.
En la situación actual, la resistencia de los palestinos
ha sido una muy molesta espina en el costado de los yanquis. Su
lucha contrarresta la mentira de que los preparativos de guerra
yanquis contra Irak tienen que ver con la “justicia”
y los “derechos humanos”, destapando la realidad brutal
bajo el régimen clientelar israelí.
Israel ha hecho todo lo posible para apretar más su control
sobre Palestina e imponer la paz a la fuerza, p.e., mediante la
expansión de los asentamientos “ilegales” (que
violan la ley internacional y resoluciones de la ONU contra éstos
en territorios bajo ocupación militar). Han continuado construyéndolos
al mismo ritmo que los gobiernos anteriores de los partidos Laborista
y Likud. El aumento de colonos israelíes en puntos estratégicos
de los territorios ocupados ha conllevado mayores acciones paramilitares
contra los palestinos, pues ante la resistencia de los palestinos
desatan múltiples represalias. El gobierno israelí
utiliza a los colonos para “establecer una presencia irrevocable”
en mayores partes de Palestina. Aunque el gobierno israelí
diga que no, sigue animando estos asentamientos ilegales ofreciendo
ciertos privilegios y bajos impuestos y alquileres. Durante cada
ronda de negociaciones, los líderes israelíes aceptan
la retirada de cierta cantidad de colonos, mientras dejan más
colonos en tierras palestinas.
RIÑAS
INTESTINAS ISRAELÍES
La intrépida resistencia palestina ha generado intensas
luchas internas en la clase dominante israelí sobre qué
hacer. Al cierre de esta edición en noviembre de 2002, Simon
Perez del partido Laborista renunció al gobierno y el primer
ministro Sharon tuvo que convocar a nuevas elecciones. Cualesquiera
que sean los resultados, el Estado israelí intensificará
los ataques a los palestinos y buscará institucionalizar
nuevas medidas de represión. Antes, las incursiones israelíes
en los territorios asignados a la Autoridad Palestina bajo los “acuerdos
de paz” de Oslo provocaron protestas internacionales; hoy,
las fuerzas armadas israelíes entran y salen de lo que la
comunidad internacional reconoce como territorio palestino, y hasta
comenzaron a construir ahí una base militar semipermanente.
La intensificación de la represión israelí
ha tenido graves consecuencias en la vida de los palestinos. La
cruenta ocupación de Cisjordania y la Gaza estrangula la
economía palestina y al pueblo mismo. Las condiciones de
vida se empeoran constantemente. Hoy, se estima que la mitad de
los niños de Cisjordania y la Gaza están desnutridos.
Centenares de miles de palestinos viven debajo del umbral oficial
de pobreza como consecuencia de la represión israelí
de la Segunda Intifada. La pobreza de los palestinos se debe, en
parte, a que los israelíes han suspendido el transporte y
comunicaciones con mayor frecuencia, lo que bloquea los negocios
y el comercio. Así, casi se han evaporado las inversiones
extranjeras. Un comentarista palestino dijo: “Lo que hacen
los israelíes es nada menos que un lento genocidio”.
Los imperialistas occidentales y los gobernantes sionistas siempre
han tapado el sufrimiento de los palestinos causado por la injusta
ocupación. Por ejemplo, la consigna sionista, “una
tierra sin un pueblo para un pueblo sin una tierra”, justifica
el destierro de los palestinos. Recientemente, los israelíes
han utilizado su superioridad militar suministrada por sus amos
yanquis para sembrar nuevos niveles de terror en Palestina. En el
occidente, se elogia la imagen del agente de la Mossad quien asesina
limpia y silenciosamente, pero la realidad de la ocupación
israelí se evidencia a diario: los tanques fusilan a niños
lanzapiedras de 10 años y los cazas F-16 sueltan bombas sobre
los ghettos. Hace poco, un caza suministrado por el gobierno yanqui
soltó una bomba de una tonelada sobre la Gaza, una de las
zonas más densamente pobladas del mundo, con el objeto de
asesinar a un líder de Hamas. El resultado inevitable: 10
personas asesinadas, incluidos niños, hombres y mujeres inocentes.
Sharon lo llamó “un gran triunfo”.
EL MAYOR MURO DE PRISIÓN DEL MUNDO
En el otoño de 2002, el gobierno israelí empezó
a construir un gigantesco muro de acero y cemento para encerrar
a Cisjordania. Con ocho metros de altura y una trinchera de tres
metros de profundidad, es tres veces más alto que el muro
que antes dividió Berlín, tan criticado por los imperialistas
del oeste. Los israelíes afirman que este muro separa las
dos poblaciones y que “buenas cercas hacen buenos vecinos”,
pero el muro representa un mayor robo de tierras palestinas por
los israelíes. Éstos construyen gran parte del muro
de 200 a 600 metros dentro del territorio de Cisjordania, lo que
traspasará muchas tierras palestinas a manos israelíes.
En diferentes puntos, el muro da rodeos a fin de incbre Irak y sus
recursos petroleros, esperan intimidar, atropellar y destruir a
otras fuerzas y gobiernos “problemáticos” de
la región, en especial la resistencia palestina.
Los reaccionarios israelíes se preparan para esta situación.
Un sector importante de la clase dominante israelí cree que
la incursión de los imperialistas yanquis en la región
les dará una oportunidad sin precedentes para “resolver
el problema de Palestina” de una forma más duradera
y favorable que nunca. Están por verse las consecuencias;
además, el curso de los acontecimientos en Palestina dependerá
en gran medida de lo que pase con el aumento de la agresión
yanqui contra Irak. Y, es claro que la prioridad de los sionistas
es un “cambio de gobierno” en Palestina, es decir, un
gobierno más sumiso, una mayor represión, la legitimación
de gran parte de los “asentamientos ilegales” en Cisjordania
y la Gaza, y tal vez hasta la expulsión de gran número
de palestinos de su territorio histórico.
La expulsión siempre ha sido una demanda de la “extrema
derecha” israelí. En los últimos años,
estas fuerzas, recién nombradas al gabinete, han ganado mayor
poder en el gobierno, de la mano con la agenda más agresiva
y represiva de los yanquis. El ultraderechista Benjamín Netanyahu,
nombrado ministro de Relaciones Exteriores por Sharon, ha declarado
que la guerra contra Irak sería “una buena oportunidad
para deshacerse de Arafat”. Para colmo, hoy la “expulsión”
se considera como un respetable tema de debate en Israel y en la
prensa estadounidense. Considérese al historiador israelí
Benny Morris: a partir de los archivos israelíes documentó
la violencia sionista empleada para despojar a los originales habitantes
de Palestina cuando Israel fue creado en 1948; ahora ha asumido
una actitud reaccionaria y declara en el diario inglés de
centroizquierda The Guardian que la expulsión por
lo menos pondría un alto al “ciclo de violencia”.
La prensa imperialista todavía presenta a Israel como una
pequeña “avanzada democrática de la civilización
occidental” rodeada de un mar de árabes fundamentalistas
retrógradas. Hoy, Israel es la cuarta potencia militar del
mundo gracias, principalmente, a la enorme ayuda yanqui, pero es
necesario tomar en cuenta lo siguiente: ¡¿a qué
otro país se le dejaría defender la limpieza étnica
masiva en la prensa occidental?!
Urge, como nunca antes, oponerse, junto a los palestinos, a todo
ataque patrocinado por los imperialistas. Estos últimos y
los sionistas buscan cualquier excusa para una escalada militar,
y si ninguna aparece, podrían fabricarla para justificar
los sangrientos crímenes que ya han planeado. Los sionistas
han usado por mucho tiempo los crímenes cometidos por los
nazis contra los judíos en la II Guerra Mundial como pretexto
para cometer violentos crímenes contra los palestinos, al
igual que el gobierno yanqui usa el 11 de septiembre para justificar
sus ataques a la población mundial y reestructurar el mundo
según sus intereses. Hace poco, Marek Edelman, uno de los
dos líderes militares principales del levantamiento del ghetto
de Varsovia de 1943, comparó la lucha de los palestinos con
la de los judíos contra los nazis.
Los mayores ataques israelíes a los palestinos se han topado
con la férrea resistencia palestina, y suscitado resistencia
en la sociedad israelí misma. Unos 500 reservistas israelíes
han firmado una declaración de que no irán a Cisjordania
o la Gaza; hoy, 40 de ellos están presos. El gran “campamento
de paz” oficial, Paz Ahora, ha acelerado su actividad con
grandes protestas con el lema de encontrar la manera de “terminar
la ocupación” y de “volver a nosotros mismos”.
Pero, ¿qué significa para la sociedad israelí
“volver a nosotros mismos”? ¿A qué punto
en la historia de Israel le gustaría volver: a los años
1950, después de que los sionistas expulsaron, a la fuerza,
a casi un millón de palestinos de sus casas y tierras? ¿O
a 1967, cuando con la ayuda de cazas y tanques yanquis, Israel se
tomó los Altos de Golán, Cisjordania y la Gaza? El
mito del cooperativista del kibbutz quien pacíficamente trabaja
la tierra sin perjudicar a nadie encierra el mismo vil mito de los
esclavistas del Sur estadounidense: que su sociedad está
construida sobre la expropiación de otros pueblos. Ningún
mito puede ocultar esa realidad.
APOYEMOS A LA JUSTA LUCHA DE LOS PALESTINOS
Los desafíos que enfrentan los palestinos y el riesgo de
una expulsión en gran escala son reales y no tienen precedente.
No obstante, no vivimos en el siglo 19, cuando las potencias reaccionarias
libraron campañas sangrientas contra poblaciones aisladas,
en gran parte fuera de la vista del resto del mundo. Actualmente
un millón de hilos vinculan la lucha de los palestinos al
resto de los oprimidos del mundo, y los imperialistas nunca los
podrán romper. La lucha de los palestinos sólo puede
avanzar desafiando al imperialismo, y por lo tanto está fuertemente
vinculada al avance de la revolución proletaria mundial.
A medida que los imperialistas yanquis se arman para la guerra contra
Irak, se vanaglorian en su búsqueda de una hegemonía
mundial sin precedentes y los israelíes marchan con entusiasmo
a su lado para reclamar el botín, que representa, en primer
lugar, una “solución” a largo plazo para el “problema
palestino”. Sin embargo, en su afán de una mayor dominación
mundial y regional, los yanquis, y su fiel perro de presa sionista,
tal vez sobrepasen su capacidad actual. La causa palestina y sus
símbolos, como la bufanda a cuadros keffiya, ya
han sido acogidos por muchos jóvenes. La agresión
imperialista contra Irak y los mayores ataques a los palestinos
que seguramente la acompañarán, provocarán
furia y oposición por todo el mundo y, seguramente, crearán
nuevas condiciones para el avance de la lucha por la revolución
y la liberación nacional de Palestina y de los países
de la región.
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