La Guerra Civil en España y la guerra actual
Nuestra Guernica
S. K.
La Guerra Civil en España - Sueños
y pesadillas
Una exposición del Imperial War Museum, Londres,
18 octubre 2001 -
28 abril 2002
Una reciente exposición en Londres trata
uno de los acontecimientos internacionalistas más inspiradores
del siglo 20: la Guerra Civil en España, cuando fueron a ese país
hombres y mujeres de todo el mundo para combatir junto a su pueblo
contra un golpe de Estado fascista (que buscaba aplastar el movimiento
y aspiraciones revolucionarios).
La fuerza de la exposición era palpable
en las grandes y variadas multitudes que atraía y en sus caras.
Tal vez el elogio más digno que les corresponde a los organizadores
es que la emoción, asombro, animadas conversaciones y lágrimas
de los visitantes estaban a la altura de la importancia histórica
de los acontecimientos mismos. Sin duda, las batallas de 1936
a 1939 en España aún forman parte de muchas vidas hoy, no como
lejanos recuerdos (salvo en algunos casos), sino en los distintos
resúmenes, conscientes o no, que tienen un efecto importante en
las ideas políticas de las masas. Vale considerar por qué esa
época, que ya parece tan lejana, tiene una resonancia tan persistente.
El principal individuo asociado con
la exposición, el historiador Paul Preston, escribió un ensayo
para el catálogo para reunir los elementos que conformaron la
exposición: fotos, películas, audiograbaciones, carteles, cartas,
documentos y muchos artefactos (mochilas, banderas, botones y
recuerdos), que en el contexto de la exposición, son sorpresivamente
conmovedores. Debido a la asociación íntima de Preston con la
exposición, el ensayo expresa explícitamente cómo seleccionó y
presentó la exposición.
Empieza citando a Albert Camus: "Fue
en España que se aprendió que se puede tener razón y sin embargo
perder, que la fuerza puede vencer al espíritu, que a veces el
valor no es su propia recompensa. Eso explica, sin duda, por qué
tantas personas en el mundo consideran que el drama español fuera
una tragedia personal. Según Preston, al final fue la última
gran causa".
Desde luego, no fue la última gran causa,
pero fue grande, por lo que representó y del que formó parte,
y no porque se perdió. La enorme fuerza de la exposición reside
en la gran importancia de la causa para el pueblo de España y
para los millones en el mundo quienes acudieron a su defensa de
una u otra manera.
Un detallado resumen político (y militar)
de la Guerra Civil es una tarea pendiente del movimiento comunista
internacional. Algunos camaradas han hecho investigaciones iniciales
importantes. Aquí sólo lo haremos a grandes rasgos acerca de las
cuestiones tratadas en la exposición. Aparte de su valor histórico,
abarca lecciones vitales para las grandes luchas que necesitamos
construir ahora mismo.
La Guernica de hoy puede ser una fiesta
de bodas de una aldea de Afganistán o de Irak. (Guernica, la famosa
imagen de la Guerra Civil pintada por Picasso, fue una aldea vasca
devastada por los nazis el 26 de abril de 1937 en el primer bombardeo
aéreo contra civiles en la historia.) Siempre induce a confusión
trasladar el pasado al presente. Ni los talibanes ni Saddam Hussein
son la República española; de hecho, no tienen nada bueno en absoluto.
Los bombardeos que los Estados Unidos y sus cómplices han hecho
y preparan para el futuro son grandes crímenes; también es grande
la actual necesidad de una furia apasionada, organizada y combativa.
Las fuerzas armadas españolas se sublevaron
el 17 de julio de 1936 porque el gobierno electo no reprimió un
levantamiento de masas que amenazaba a la iglesia católica, el
ejército, los grandes terratenientes y los capitalistas monopolistas.
El gobierno del Frente Popular elegido el 16 de febrero no tenía
nada de revolucionario, ni tampoco pretendía tenerlo. Pero la
derrota electoral del partido fascista respaldado por la iglesia,
y la victoria de una coalición cuya promesa más popular era liberar
a los presos de la revuelta minera de 1934 en Asturias, alentaron
tomas de tierras, manifestaciones y actividades radicales las
cuales el gobierno odiaba y temía. Preston escribe que, entre
otras razones importantes, los generales buscaban derrocar la
República, de menos de 5 años de edad, y reemplazarla con una
abierta dictadura militar, porque "el nuevo régimen despertaba
esperanzas excesivas entre los más humildes de la sociedad".
El núcleo de la insurrección fascista
era el Ejército de África, basado en la parte de Marruecos controlada
por España. Las guarniciones en la península tuvieron algunos
éxitos iniciales en el suroeste, noroeste y centro de España,
y controlaban un tercio del país. No obstante, eso no logró lo
que los Estados Unidos llama hoy un "cambio de gobierno".
Los golpistas, cuyo próximo líder iba a ser el generalísimo Francisco
Franco, no tomaron las principales ciudades industriales ni gran
parte del campo. Se amotinaron los marineros revolucionarios de
la flota mediterránea de España; arrestaron y en algunos casos
ejecutaron a sus oficiales y se apoderaron de los buques. El grueso
de las fuerzas fascistas, españolas y marroquíes, estaban acuarteladas
en el norte de África, pero el gobierno republicano se oponía
a una ofensiva naval. ¿Por qué? Pues, eso no lo iba a tolerar
Inglaterra, que se consideraba el amo del Mediterráneo. Tampoco
aceptaba apoyar los movimientos y sentimientos nacionales en Marruecos
contra el ejército español ni declarar que España se renunciaría
a todas sus colonias, pues eso enfurecería a Francia, el amo del
norte de África y el resto de Marruecos. La Alemania nazi y el
gobierno fascista de Mussolini en Italia suministraron aviones
para transportar a tropas españolas por el estrecho y salvar lo
que Preston llama "un golpe malogrado". Las clases dominantes
de España contaban sobre todo con el apoyo de Italia, que buscaba
ampliar su influencia en el norte de África y en Europa en detrimento
de sus rivales franceses y británicos. El gobierno del Frente
Popular confiaba en la ayuda de Inglaterra y Francia para aplastar
la rebelión fascista. He aquí una de las mayores ventajas de los
fascistas, y una de las mayores debilidades de la República.
Casi toda la clase dominante británica
era pro-franquista: quienes estaban en funciones, como el primer
ministro Baldwin, que negociaban un acuerdo con Alemania e Italia
para enemistarlos con la Unión Soviética, como los que creían,
como Churchill, que no podían evitar un conflicto entre Inglaterra
y su principal rival, Alemania. Francia, cuyo propio Frente Popular
recién había entrado en funciones, primero hizo algunas promesas
a la República y luego, las rompió. Bajo el pretexto de garantizar
la "neutralidad" de España, Inglaterra impuso un bloqueo
naval atlántico para impedir el suministro de armas a la República.
Franco pudo recibir todo el apoyo que necesitaba de Alemania y
en especial de Italia, que envió 50.000 tropas. La República obtuvo
ayuda de sólo dos países: México y la URSS. Los Estados Unidos
apoyaba firmemente el bloqueo e hizo todo lo posible para obstaculizar
la llegada a España de pertrechos y voluntarios. Después de la
II Guerra Mundial, los Estados Unidos se convirtió en apoyo principal
de Franco.
Los generales españoles pensaban que
todo se acabaría en algunos días. Dondequiera que tomaran el control,
ejecutaron a miles de obreros, campesinos pobres y sin tierra,
e intelectuales. Consideraban terroristas potenciales a los miembros
de esas clases. Franco no pudo asestar un golpe decisivo a la
República. A las tropas leales al gobierno se les unieron de la
noche a la mañana las milicias organizadas por los sindicatos
y los partidos políticos. El gobierno republicano, basado en las
débiles fuerzas burguesas españolas pro-británicas y las burguesías
de las minorías nacionales de la tierra vasca y en especial de
Cataluña, una y otra vez estaba dispuesto a aceptar la derrota.
Cuando Madrid estaba cercado, huyeron los ministros, hasta que
una columna anarquista los interceptara y los arrastrara de regreso
a la capital. Entonces, por un tiempo, la situación parecía a
punto de cambiar.
La batalla por Madrid en noviembre fue
sólo una de las muchas batallas monumentales de la Guerra Civil,
pero seguramente fue una de las más aleccionadoras. Las fuerzas
republicanas detuvieron el avance de las tropas de Franco en las
afueras occidentales de la ciudad. Se libraron combates cuerpo
a cuerpo de un edificio a otro en el recinto universitario y en
un parque popular de paseos dominicales. Los obreros fabriles,
ferrocarrileros, lavanderos, peluqueros, camareros, hombres y
mujeres tomaron las tranvías o caminaron al frente directamente
de sus centros de trabajo. Fueron mineros de Asturias con cargas
de dinamita para formar unidades antitanques. Los taxistas manejaron
tanques enviados por la URSS. El Partido Comunista organizó un
regimiento de sus propias tropas y dirigió la organización de
toda la población en las tareas de defensa y apoyo.
Se les unió algo nuevo en la historia:
las Brigadas Internacionales, organizadas por la Internacional
Comunista (Comintern). Cruzaron ilegalmente por la frontera francesa:
de unas cuantas personas al principio, principalmente refugiados
revolucionarios de Alemania, Europa del este e Italia, pronto
se convirtieron en torrente. Participaron 40.000 personas de más
de 50 países distintos, la mitad obreros, según las estadísticas
de Preston. Eran más que personas dispuestas. Muchos eran veteranos
de batallas e insurrecciones revolucionarias, de la I Guerra Mundial
o del servicio militar de tiempos de paz. Enseñaron a los milicianos
y a las milicianas a economizar municiones, colocar de la mejor
forma las ametralladoras, ocultarse del enemigo y sobre todo combatir
en unidades organizadas. Hicieron muchos aportes valiosísimos,
en especial su visión y espíritu. Aunque en general combatían
en batallones separados por nacionalidad e idioma, en Madrid,
señala Preston, se distribuían entre los defensores en una proporción
de uno a 30.
En ese momento, el gobierno contaba
con poco más que la decisión del pueblo a luchar, y el pueblo
dio muchas pruebas de valor y creatividad. En los siguientes meses,
las Brigadas Internacionales jugaron un papel importante repeliendo
varias ofensivas contra los accesos de la capital. Sufrieron pérdidas
terribles. Murieron más de la mitad de los integrantes de los
batallones británicos y estadounidenses, muchos en la batalla
del río Jarama de febrero de 1937, y casi todos los demás sufrieron
heridas al menos una vez. Se fortaleció el ejército republicano,
pero lo mismo hicieron las fuerzas armadas fascistas.
LOS COMUNISTAS
Pocas personas que hayan estudiado la
Guerra Civil han cuestionado el hecho de que el Partido Comunista
jugó un papel imprescindible en la guerra contra Franco. Tampoco
lo hace Preston, pero sí afirma que simpatiza con "la lucha
antifascista de la República española" y no "los crímenes
del estalinismo". No es una posición sostenible. A lo mejor
él reconocería que si no fuera por la Internacional Comunista
bajo la dirección de Stalin, y el Partido Comunista de España
(PCE) que formaba parte de la Comintern, la República se hubiera
derrumbado casi de inmediato.
Tal vez con el mismo espíritu ecléctico,
Preston señala que la Guerra Civil era una mezcla de muchas contradicciones
distintas: "No fue una guerra sino muchas. Fue una guerra
de campesinos sin tierra contra los terratenientes ricos, de anticlericales
contra católicos, de grupos nacionales regionales contra centralistas
militares, de obreros industriales contra dueños de fábricas".
Es cierto. La guerra juntó todas esas contradicciones en un solo
haz, como tienden a hacer las guerras. Ésta fue una enorme ventaja
para el proletariado de España.
Nunca comprendieron este factor los
que consideraban que la clase obrera solamente fue capaz de luchar
por sus "intereses inmediatos" contra "los patrones",
como los trotskistas y los anarquistas en España. Si se uniera
el proletariado más estrechamente con todas las masas populares
cuyos intereses favorecían la revolución omnímoda, y con todos
los que se oponían a Franco, podía dirigir la guerra y la revolución
por los pasos y etapas que fueran necesarios, y transformar tanto
al pueblo como a sí mismo.
En su ensayo, Preston se refiere a las
"creencias contradictorias entre dar prioridad a la guerra
o a la revolución". (Esta idea también sobresale en Tierra
y libertad, la película del cineasta británico Ken Loach,
acerca de la Guerra Civil.) Tal manera de plantearlo no tienen
respuesta, pues se basa en la idea de que siempre se pierde "la
buena lucha". Ésa es la lección que sacan muchas personas
de la Guerra Civil, una posición que a menudo se disfraza de romanticismo,
pero que fundamentalmente es cínica y paralizante.
En España, si revolución iba a haber,
tenía que tomar la forma de una guerra contra Franco, y había
que subordinarlo todo a ganar esa guerra. El Partido Comunista
de España y la Internacional Comunista eran las únicas fuerzas
resueltas a hacer la guerra hasta el fin. Por eso crecieron tanto
la influencia y el número de militantes del Partido Comunista.
Los trotskistas no eran revolucionarios en absoluto, aunque trataban
de dar la apariencia de estar más "a la izquierda" que
el Partido Comunista, centrándose en las demandas económicas de
los obreros contra los capitalistas catalanes y dueños de granjas,
quienes en realidad eran aliados antifranquistas. Ni tampoco lo
eran los anarquistas (de ninguna manera todos) quienes dejaron
que su búsqueda de libertad personal les cegara a la necesidad
de disciplina y organización militares: las milicias y un ejército
capaz de pasar a la ofensiva y de ganar la guerra, y no sólo defender
un territorio. El Poder estaba en litigio y la guerra decidiría
a favor de quién.
Como la principal forma de la revolución
tenía que ser la guerra, lo cual es cierto en todas las revoluciones
en algún momento, ya que no se puede establecer ningún Estado
revolucionario sin destruir al Estado y a las fuerzas armadas
de la reacción, la política de esa guerra tenía que decidir la
forma de librarla. En los mismos años, como parte de la Comintern
Mao Tsetung dirigía la revolución china en otra guerra revolucionaria.
En su resumen de la experiencia china e internacional, Mao sacó
la lección de que "en la guerra, el factor decisivo es el
pueblo, no las armas". Enseñó que cada clase tiene sus propias
formas de guerra, con su carácter, objetivos y medios respectivos.
Observó que toda la lógica militar se reduce al principio: "Ustedes
luchan a su manera y nosotros a la nuestra", y que el proletariado
debe forjar la estrategia y las tácticas militares para poder
aprovechar sus ventajas particulares, desencadenando la iniciativa
y entusiasmo de las masas y apoyándose en ellas.
Una guerra popular así no se hizo en
España.
UNA POSICIÓN CONFUSA
Siguiendo la línea de la Comintern,
el PCE adoptó una posición confusa acerca del contenido de la
Guerra Civil: tendía a absolutizar la diferencia entre la democracia
burguesa y el fascismo, y no reconocerlos como dos formas de dictadura
burguesa, y se subordinó a los aliados vacilantes de la gran burguesía.
Y en España, los comunistas fueron subordinando su actividad al
trabajo de proteger al socialismo en la URSS, presionando a Inglaterra
y Francia a sumarse a una alianza contra el Eje. En general, la
manera de librar la guerra, por ejemplo, dónde y cuándo combatir,
partía de lo que tal vez le hubiera convenido a Inglaterra y Francia,
cuyos motivos engañosos y a veces contradictorios muchas veces
eran difíciles de adivinar. Los comunistas construyeron un nuevo
ejército burgués que libró una guerra convencional. Los soldados
lucharon con una enorme heroicidad (al menos los hombres; a las
mujeres las obligaron a retirarse del frente después de los combates
iniciales) y entusiasmo en las narices de la muerte, que no podían
igualar los combatientes de una causa reaccionaria. No obstante,
no aprovecharon esos factores de una forma revolucionaria consecuente
para poder usar todos sus recursos: iniciativa, creatividad, destreza
militar y capacidad para supervisar la política de sus propios
oficiales. La población civil se sentía marginada y más desmoralizada.
Los altos oficiales se paralizaron a menudo y muchos desertaron.
Tal vez fuera correcto que el PCE enarbolara
la bandera de la República y de la alianza antifranquista que
representaba, y seguramente eso habría requerido ajustes en la
lucha de clases, ¿pero por qué significaba que el proletariado
tuviera que subordinar sus intereses fundamentales a los de la
burguesía? La debilidad fatal de la línea militar del PCE provenía
de su análisis político equivocado.
Ocurrió un momento sumamente penoso
de la guerra con un incidente en Barcelona en 1937, donde estalló
lo que Preston describe como "una miniguerra civil"
dentro de la Guerra Civil. (Tierra y libertad la toma como
momento central.) Barcelona había sido un semillero de tomas de
centros de trabajo, comités revolucionarios y milicias, y se convirtió
en foco de descontento con los planes del gobierno de restaurar
la "normalidad" de la vida social de la preguerra. Cuando
obreros dirigidos por el POUM (más o menos trotskista) y algunos
anarquistas se apoderaron de la telefónica que controlaba las
comunicaciones entre Barcelona y el resto del país, el gobierno
local dirigido por los comunistas y otros republicanos envió tropas
para desalojarlos. (Muchos otros anarquistas denunciaron la toma
por su utilidad para Franco.) Como los comunistas confiaban en
la burguesía tanto catalana como internacional, y no concientizaban
a los obreros ni se apoyaban en ellos para jugar el papel dirigente
en un frente único, surgió una peligrosa situación que aprovecharon
los reaccionarios. En consecuencia, se dio un mayor reflujo del
movimiento de masas en Barcelona y el resto de la República.
En marzo de 1939, cuando por fin las
fuerzas franquistas aplastaron a Madrid, dos años y medio después
de su intento inicial fallido, los generales y ministros republicanos
huyeron o capitularon. Según las cifras de Preston, además de
los 400.000 muertos en la guerra, Franco mandó fusilar a 200.000
más después de la guerra y un millón fueron hechos presos o encerrados
en campos de trabajo. Cientos de miles de refugiados tenían que
aguantar bombardeos y metralla mientras caminaban hacia el asilo
en Francia, cuyo gobierno también los internaba, aunque en circunstancias
menos arduas. Muchos fueron a México o la URSS, los únicos países
que les daban la bienvenida.
Al hablar de la experiencia del proletariado
internacional, Mao dijo que había experiencias que debemos elogiar
y que debemos lamentar. España abundaba en las dos cosas: no fue
una "causa perdida" ni la "última gran causa".
Como ilustraron los acontecimientos de manera tan dramática, España
no era un país aislado sino un eslabón débil del sistema imperialista
mundial. Las debilidades del dominio reaccionario y las oportunidades
revolucionarias se ligaban fuertemente con el tumultuoso desenlace
de las contradicciones mundiales (las existentes entre los imperialistas
y la lucha entre la revolución y la contrarrevolución), y no se
vale considerar que la Guerra Civil haya sido "un ensayo
general para una futura guerra mundial mayor", como si todo
lo que pasó fuera inevitable, o como si la guerra no hubiera tenido
ningún contenido revolucionario. El que se ganara o hasta si se
perdiera, el avance del mayor levantamiento revolucionario de
Europa desde la revolución rusa habría tenido un gigantesco impacto
en la lucha de clases a nivel mundial y su desenlace posterior
mientras se avecinaba la guerra mundial en medio de crisis en
todos los países imperialistas.
Al contrario del pseudoromanticismo
de las causas perdidas, lo fundamental es que posiblemente las
cosas habrían terminado de otra forma, y que habría sido posible
conquistar más. Tal vez habrían perdido los revolucionarios pese
a las circunstancias, pero desafortunadamente la manera de librar
la guerra y la línea asociada con ella dejaron un legado confuso
para las masas en esa época y para el futuro.
Los que somos los herederos de la Comintern
y trabajamos por reunir a los obreros de todos los países en una
internacional comunista de nuevo tipo, tenemos el deber de sacar
todas las lecciones necesarias y actuar en consecuencia.
Aunque esta exposición no ayude de manera
significativa a los que luchan por comprender algunas de las cuestiones
más complejas que estaban en juego, sí iluminó con fuerza los
gloriosos aspectos de la Guerra Civil mediante el método sencillo
y efectivo de dejar hablar a las masas y a los que entregaron
el corazón a las masas, cosa que se logró mediante películas,
documentos y, muy poderosamente, "historia oral": audiograbaciones
de testimonios presenciales que los visitantes podían escuchar
en audífonos instalados en la exposición. Fue un museo de historia
de altura. Cuando las voces de los obreros y obreras españoles
describen concretamente su tratamiento como bestias de carga y
cómo empezaban a alzar la frente durante la guerra, se empieza
a sentir fuertemente que sin importar qué más sucedió, esta realidad
fue un choque entre un viejo mundo asesino y un nuevo mundo que
luchaba por vivir. Las fotos de guerra también eran singulares,
reflejo del desarrollo de cámaras más ligeras y obturadores y
películas más rápidos, que facilitaron la captura de la acción
"en directo", así como reflejo de la posición y el valor
de una generación de fotógrafos quienes establecieron una nueva
norma moral y técnica para las décadas posteriores.
LA SOLIDARIDAD MUNDIAL
A lo mejor por las propias opiniones
de los organizadores, como por razones prácticas, la exposición
describió con una fuerza especial el movimiento solidario en el
Reino Unido. La solidaridad mundial y lo que significaba concretamente
fueron un tema central. Las entrevistas a personas quienes organizaron
apoyo material a España en las fábricas, barrios y tabernas crean
una asombrosa imagen de a qué grado el pueblo trabajador entregaba
su comida, plata y vida a esta causa. Existían 150 grupos en el
Reino Unido dedicados a ayudar a la República y casi ninguno que
ayudaba a los franquistas. Llenaron 29 buques fletados de comida,
ropa, material médico, ambulancias y otros vehículos. Y enviaron
a conductores de ambulancias, personal médico, combatientes, hombres
y mujeres, quienes no se preocupaban de cómo iban a volver a casa.
Un viudo describe que en su juventud, él y su esposa fueron a
España para luchar por sus ideales, dejando a sus hijos con familiares.
Cuando describe sus experiencias, cuenta que murió su esposa ahí
y concluye que todo valió la pena, se empieza a entender con mayor
claridad cuán poderosa puede ser la fuerza del internacionalismo
revolucionario.
Las obras de arte, los documentos escritos,
las grabaciones y otros materiales producidos en apoyo a la República
por artistas e intelectuales de la época también lo demuestran
de manera contundente. Además de dirigir la Guerra Civil en España,
el proletariado internacional dirigía, en uno u otro grado, y
no siempre de manera directa, a un enorme contingente de pintores,
escultores, poetas, actores, músicos, compositores y artistas
de toda índole. Crearon obras que se necesitaban con urgencia
para popularizar la causa como de una calidad que perdurará para
siempre.
Nunca antes en la historia se había
visto un movimiento tan internacional. No pudo haber existido
sin la Comintern y sus partidos y las masas quienes se sacrificaron
de manera tan incansable en todos los países.
Es cierto que muchos participantes tenían
ideas confusas, tanto espontáneas que por errores de dirección,
pero es importante ver la esencia de lo que pasaba. En una carta
a su madre, un joven músico inglés cuenta que él y su esposa habían
visto a muchachos cesantes de Clyde y asustados oficinistas de
Willesden resistir (sin posiciones fortificadas) a una cortina
de fuego de artillería que los soldados profesionales no podían
resistir. Y lo hicieron porque resistir aquí y ahora significa
que podemos evitar que la batalla vuelva a librarse en Hampstead
Heath o en las colinas de Derbyshire.... Muchas personas se sentían
así, o al menos estaban convencidas de la necesidad de argumentar
así a fin de ganarse a más personas. Seguramente fue ilusorio
creer que la victoria contra Franco impidiera una guerra mundial
que el gobierno inglés estaba decidido a librar en las circunstancias
que más les favorecieran. Gran Bretaña necesitaba (y sigue necesitando)
una guerra civil revolucionaria en Hampstead Heath y en las colinas
de Derbyshire, entre otros lugares, pero eso es sólo un aspecto
del problema.
Tal vez el autor de la carta presentó
su participación en la Guerra Civil como si fuera por egoísmo,
o al menos por un deseo de proteger a su familia, sus amigos y
sus compatriotas, pero en los hechos ofrendó la vida por algo
más fundamental. La Guerra Civil partía de un levantamiento revolucionario
y se ligaba a la URSS socialista, a la Comintern y a otras luchas
revolucionarias, como la guerra revolucionaria en China. La República
y sus partidarios toreaban con las maniobras cínicas de las potencias
del Eje y de los Aliados, que se preparaban para librar una guerra
mundial que se convirtió en uno de los mayores crímenes del imperialismo.
Las masas británicas, y los pueblos del mundo, compartían enemigos
comunes con las masas de España, tales como Hitler y Mussolini,
y la clase dominante británica. A algunos escritores de hoy les
gusta decir que la República gozaba de tanto apoyo a pesar
del papel de los comunistas. Como se ha señalado, sin los
comunistas, muy pronto no habría existido ninguna República a
que apoyar, pero existe algo más fundamental: sin su papel, la
Guerra Civil no habría tenido el mismo aspecto revolucionario
y antiimperialista, y la idea de que de alguna manera se trataba
de una lucha entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad no
habría tenido tanto fundamento en los hechos. Había confusión,
pero había una conciencia básica de que había bandos buenos y
malos.
En la última parte de la exposición
hay un poema de un ex combatiente de la Guerra Civil: "Madrid
en estos días de la angustia de nuestro planeta/ construida por
los hombres cuya moral falsa/ empieza y termina con las cintas
de la Bolsa de Valores", en referencia a las cintas de cotizaciones
que entonces registraban las transacciones. ¿No es igualmente
posible que este poema se refiera al mundo actual? Al fin de la
exposición, una canción de una orquesta contemporánea joven contrasta
esos días con nuestros tiempos: "El futuro nos enseña a estar
solos/ el presente nos enseña a tener miedo y frío/ la gravedad
nos hacer bajar la frente...". Hoy, al igual que en esa época,
la Guerra Civil representa las aspiraciones a un mundo mejor,
y es posible organizar y templar esas aspiraciones en las actuales
luchas de las masas.
POESÍA Y ROMANCE
Hoy, el centro de las tempestades de
la revolución mundial está en los países del tercer mundo. Existe
tanta poesía y romance de la transformación revolucionaria donde
la guerra popular ha generado los embriones del poder del pueblo
como había en los años de la Guerra Civil. Aunque por diversas
razones, nuestro trabajo de popularizar esas luchas es más arduo,
otros factores pesan. No es posible escuchar el lema de la Legión
Extranjera de Franco, "¡Abajo la inteligencia, viva la muerte!",
sin pensar en los fundamentalistas religiosos y los elementos
fascistoides del entorno de George W. Bush. Al pensar en la guerra
mundial que estalló después de la Guerra Civil, no nos parece
tan lejano en el tiempo. ¿Por qué, como parte de nuestra dirección
de la lucha revolucionaria, no podemos construir una unidad muy
amplia y dinámica con una gran variedad de personas de todo el
mundo, inclusive de los países imperialistas, para oponernos al
mundo que los imperialistas nos han impuesto y en especial para
combatir la cruzada mundial que el imperialismo encabezado por
los yanquis lanza hoy?
Una de las lecciones de la Guerra Civil
que vale tener en mente hoy es la siguiente: cuando las clases
dominantes se hallan en medio de contradicciones y crisis, recurren
a medidas más desesperadas y sanguinarias para unificar sus propias
filas y reprimir a las poblaciones de sus propios países con los
fusiles, mientras que buscan repartirse de nuevo las colonias
y el mundo. No obstante, tales medidas son una apuesta desesperada
y pueden poner en marcha fuerzas que no pueden controlar. El plan
de Franco para restaurar el orden creó más desorden y jaló a las
masas (que en tiempos ordinarios a menudo no le entran a la política)
a una vigorosa vida política y desencadenó su entusiasmo por los
cambios revolucionarios. Creó mejores condiciones para unir las
masas y derrotar a los enemigos. Al ver la actual situación mundial
a esta luz, podemos comprender con mayor profundidad tanto los
peligros como las oportunidades que presenta.
La Guerra Civil también nos muestra
las tremendas posibilidades para lanzar un movimiento mundial
de solidaridad y resistencia contra nuestros enemigos comunes
y de igual importancia, nos muestra la necesidad de organizarlo
de modo que se convierta en fuerza material. Era un mundo complicado
en esa época y sigue siéndolo, aunque se han operado muchos cambios,
como la configuración de clases en los países imperialistas. Hoy,
no tenemos países socialistas ni una internacional comunista,
y enfrentamos otras limitaciones, pero lo que hasta ahora hemos
hecho de ninguna manera es lo que el curso de los acontecimientos
en el mundo exige y permite.
Un poema de la exposición habla de llorar
por los "jóvenes poetas muertos" de la Guerra Civil.
Es una imagen central que muchas personas tienen de esa guerra.
Como demuestra tan bien la exposición, los poetas de todo el mundo,
incluidos algunos de los mejores de ese siglo, participaron en
esa lucha, en su mayoría al lado del pueblo, mientras que los
pocos que eligieron de manera consciente estar del otro lado en
su mayoría se quedaron en casa. Dos poetas muy famosos, Federico
García Lorca y Miguel Hernández, fueron ejecutados por las legiones
de Franco. (A propósito, algunos poetas, como Hernández, eran
comunistas.) Hoy, uniremos a los poetas del pueblo, para decirlo
de manera metafórica, y a las masas del mundo, pero rechazaremos
la idea de los bellos perdedores quienes "libran la buena
lucha". Queremos combatir bien, de acuerdo a la intrépida
visión del proletariado y su capacidad de unificar y apoyarse
en las masas populares más amplias, y queremos ganar.