UN MUNDO QUE GANAR
 


La ocupación yanqui de Afganistán, El primer año

            Los imperialistas yanquis invadieron a Afganistán en el otoño de 2001 como primer capítulo de su "guerra contra el terrorismo". Los artículos de UMQG 28/2002 pusieron al descubierto los objetivos de la agresión yanqui-británica contra Afganistán y la hipocresía de su campaña de opinión pública sobre la opresión de la mujer, el cambio de gobierno "democrático" y el fundamentalismo islámico. Desde octubre de 2002, cazas británicos y yanquis han soltado más de 10.000 toneladas de bombas sobre Afganistán, dejando a miles de civiles muertos. Miles de soldados más murieron en el campo de batalla o como prisioneros de guerra en tránsito. Se estima que 3.000 de los 8.000 prisioneros en tránsito a la prisión de Sheberghan murieron asfixiados o tiroteados dentro de los contenedores en que estaban encerrados; de 500 a 800 murieron bombardeados en Mazar-i-Sharif, en su mayoría por cazas yanquis, en uno de los "momentos de mayor orgullo" de Rumsfeld, secretario de Defensa yanqui. Destruyeron innumerables aldeas y miles de casas. Según el periódico británico, The Guardian, casi 250.000 afganistaníes huyeron a Irán y Pakistán después del 11 septiembre; un número desconocido murió en el camino; 200.000 más huyeron de sus aldeas debido a los bombardeos pero permanecieron en Afganistán. El gobierno yanqui se niega a publicar un informe preciso de su devastación vengativa.

            Mediante miedo y terror, los imperialistas yanquis pretendieron afianzar el dominio de su régimen títere sobre la población y establecer una ocupación de mediano a largo plazo en el país y en la región. Los imperialistas ya casi ni mencionan a Al-Qaeda, pues su objetivo de someter al régimen talibán con un terror de Estado más sofisticado del occidente, siempre apuntaba a obtener un control más seguro de la región. El imperialismo yanqui desde hace mucho ha querido aumentar su influencia sobre Asia central y su control de las inmensas reservas de petróleo y gas natural, y construir un oleoducto hacia el mercado mundial por un Afganistán estable.

            No obstante, no es probable que se establezca con más bombas una estabilidad política en Afganistán; las operaciones de terror de las fuerzas yanquis y aliadas sólo han generado más oposición. El bombardeo yanqui de una fiesta de bodas en julio de 2002 dejó un saldo de por lo menos 120 muertos y provocó mucha indignación en todo el país. El odio al fundamentalismo despótico del Talibán se ha convertido en un odio a la ocupación yanqui. Aparte de vivir bajo otra ocupación extranjera, tan común en la historia de Afganistán, la última solución made-in-Washington no ha cambiado la miseria y la opresión semifeudal que hacen de la vida un infierno para la población en general y para las mujeres en particular. En ciertos aspectos, lo ha reforzado.

LA LOYA JIRGA FORTALECE A GOBIERNO FUNDAMENTALISTA

            La realidad es que el régimen talibán ha sido reemplazado por un gobierno fundamentalista diferente. El "nuevo" Poder representa un compromiso entre varias fuerzas islámicas (jihadi) que combatieron a los soviéticos y, tras su retirada a principios de los años 1990, establecieron el Estado Islámico de Afganistán, imponiendo las reglas opresivas islámicas (sharia) como ley. Estas mismas fuerzas políticas son, hoy, un componente importante del nuevo régimen. Karzai, el consentido del occidente a quien el gobierno yanqui escogió como cabecilla del gobierno, trabajó con el Estado islámico antes del Talibán y participó en el ascenso al Poder del Talibán, proporcionándole dinero y fusiles del occidente, y lo barajaron como posible vocero internacional. Karzai vivió en los Estados Unidos varios años y trabajó de asesor para la petrolera Unocal.

            Después de la loya jirga de emergencia de junio de 2002 (un consejo de jefes feudales de diferentes regiones), la composición del poder político cambió ligeramente, en la dirección de fortalecer el fundamentalismo. Antes de la loya jirga, se propuso incluir a un grupo cercano a Zahir Shah (el rey de Afganistán antes del golpe de Estado de 1973) en el nuevo gobierno, como tecnócratas, en representación de la burguesía burocrática, que no eran fundamentalistas de línea dura. En la lucha por el Poder antes y durante la loya jirga, estas fuerzas cercanas a Zahir Shah fueron excluidas o debilitadas. Aunque originalmente se propuso a Zahir Shah como candidato a jefe de Estado, al final fue excluido. Después, figuras poderosas del gobierno lanzaron una campaña contra el secularismo y las limitadas libertades para la mujer. La ministra para asuntos femeninos del gobierno interino, Sima Samar, fue destituida del nuevo gabinete tras la loya jirga. Después de que ella dio a entender que no apoyaba la sharia, se lanzó una campaña en su contra para que se disculpara.

            La presencia de los imperialistas yanquis se sintió en la loya jirga. Zalmy Khalilzad, el asesor de George Bush por Afganistán, trabajaba tras bambalinas. Los poderosos jefes tan odiados por las masas se sentaron en la primera fila de la asamblea, con la galería repleta de partidarios reaccionarios. Los imperialistas yanquis buscaron una amplia alianza con los terratenientes feudales (los señores de la guerra fundamentalistas), para seguir desarrollándolos como capitalistas burocráticos. La aprobación yanqui de una nueva dictadura religiosa se hace con pleno conocimiento de que el fundamentalismo refuerza agresivamente las tradiciones más retrógradas, lo cual fortalece las relaciones semicoloniales y semifeudales.

            El 60% de la población son mujeres, pero su participación en la loya jirga fue simbólica: 15 mujeres (1% de los representantes) fueron seleccionadas cuidadosamente y aprobadas por las autoridades. Algunas participantas fueron amenazadas y abusadas sexualmente durante la loya jirga.

LA LEY ISLÁMICA AHOGA A LAS MUJERES

            Ahora, las mujeres tienen el "derecho" formal de ponerse el chador (que deja ver la cara), en lugar del sofocante burka que las cubre de pies a cabeza. No obstante, en Kabul casi todas las mujeres jóvenes todavía se ponen el burka, principalmente por temor. Cuando los fundamentalistas del nuevo gobierno subieron al Poder por primera vez a principios de los años 1990, expulsaron a las mujeres de los trabajos gubernamentales y de la vida política del país, e impusieron muchas normas intolerables de tradición, como matrimonios arreglados. E hicieron el hijab (ropa islámica) obligatorio, amenazaron a las mujeres que trabajaban y separaron los muchachos y las muchachas en las escuelas. En 1994, un "Decreto sobre el velo de las mujeres", emitido por la Suprema Corte del Estado Islámico de Afganistán, exigió que, en público, las mujeres estuvieran cubiertas de pies a cabeza. La Alianza del Norte llevó a cabo violaciones tumultuarias de mujeres de otras nacionalidades y es muy odiada y temida por ello.

            Hoy, a las mujeres se les permite trabajar si hay trabajo para ellas, si se atreven a soportar las amenazas y las consecuencias. No obstante, sólo un pequeño número de mujeres en las grandes ciudades, con conocimientos que se requieren en hospitales o escuelas, puede encontrar trabajo. Para la mayoría de las mujeres nada ha cambiado, o sus perspectivas son peores. Una mujer declaró frente a una oficina en Kabul: "Durante cuatro meses he estado viniendo aquí a diario para solicitar trabajo... Mis niños se mueren de hambre y nadie aquí hará nada por mí". Tal es la situación de muchas mujeres de Afganistán, y en el campo es peor.

            Cuando puedan, las muchachas van a la escuela con gran entusiasmo. No obstante, en muchas zonas se hacen amenazas de prenderles fuego. Varias escuelas de muchachas han sido bombardeadas en los últimos meses.

            El gobierno no restringe tales acciones sino, mediante medidas antifemeninas, las anima. A pocos días de haber asumido al Poder, el nuevo gobierno emitió el decreto del hijab para las mujeres en los centros de trabajo. Hoy, ni siquiera la prensa occidental puede ocultar la realidad de que el nuevo gobierno perpetúa la opresión de la mujer, institucionalizada por el Estado islámico. En muchas formas, continúa el trabajo del mismo Talibán. La revista Newsweek cuenta que una presa fue acusada falsamente de adulterio bajo el Talibán a partir del testimonio de su ex esposo, y que el nuevo gobierno la juzgó y encarceló. En el estado de Herat, a las mujeres se les prohíbe unirse a sus familias que caminan por la tarde en los parques de la ciudad para escaparse del calor y no se les permite llevar vestidos coloridos en público.

            Aunque el gobierno yanqui diga que "liberaría" a las mujeres, lo que ha hecho poniendo sus títeres en el Poder ni siquiera se parece al concepto democrático-burgués de igualdad de género. La ironía es que la situación (de las mujeres de las ciudades) es peor que la de los años 1980 o antes, cuando el 40% de los doctores y el 50% de los estudiantes universitarios en Kabul eran mujeres.

ESTABILIDAD, SEGURIDAD Y PROSPERIDAD: ¿PARA QUIÉN?

            Uno de los objetivos principales de los imperialistas en Afganistán ha sido la "estabilidad", que según su definición es tener un lugar seguro para sus planes estratégicos para la región y para el traslado del petróleo y gas desde Asia central. Un año después de que el gobierno estadounidense declaró la victoria en Afganistán, la situación no es nada estable. El gobierno títere y las fuerzas de seguridad no tienen ningún control fuera de Kabul, situación que no puede considerarse "segura". Por ejemplo, Karzai depende de los soldados yanquis para su propia protección personal. Algunas personas del campo imperialista sostienen que una gran invasión y ocupación son necesarias para tomar el control en sus propias manos, y no dejarlo a un régimen títere.

            El papel histórico de los comandantes y jefes regionales (de defender a uno u otro invasor colonial en los "grandes juegos" que las grandes potencias han impulsado entre sí durante casi dos siglos por la importancia estratégica de Afganistán) los ha hecho poco confiables. Una fuente de inestabilidad y una razón de que el ejército yanqui no ha podido afianzar su control, es que hoy las diversas fuerzas reaccionarias en Afganistán y en el gobierno han cambiado de bando político muchas veces en las últimas dos décadas. La situación actual de inseguridad y pobreza para las masas es producto de la rivalidad de las grandes potencias para ganar influencia sobre Asia central, y no de los señores de la guerra ni de los países vecinos pequeños, que son meros peones en la contienda imperialista. The Guardian dice que a menos de dos semanas del 11 de septiembre, las tropas paramilitares de la CIA, con maletas repletas de dólares (tres millones en una ocasión), saltaron en paracaídas para comprar a los señores de la guerra.

            Aunque se ha hablado mucho sobre la reconstrucción de Afganistán, para los imperialistas eso significa principalmente reconfigurar al país para dominarlo más. Las grandes cantidades de ayuda prometidas por los Estados occidentales, son parte de su plan general de integrar a Afganistán más al mercado mundial, lo cual lo colocará en una posición favorable para que a largo plazo los imperialistas le expriman ganancias. Mientras tanto, buscan formar una pequeña clase de gobernantes políticos leales para desarrollar algún grado de estabilidad. Sin embargo, esta solución política deja fuera a las masas, como muestra la pobreza y desesperación de la población.

            La reconstrucción ha mejorado muy poco el nivel de vida de las masas. En Tokio, los imperialistas prometieron 5.2 miles de millones de dólares durante 5 años, pero sólo han entregado la mitad de los 1.8 miles de millones del primer año. Aunque una parte de esa ayuda se destina a caminos o aviones, comunicaciones y equipo moderno, su objetivo es facilitar el transporte militar y los flujos de capital. Se estima que las operaciones militares han costado 10 mil millones de dólares en el último año. Mucha ayuda se destina a formar un ejército, entrenado por países occidentales. Un reportero investigador británico describe el resentimiento hacia los más de mil organismos de la ONU y organizaciones no gubernamentales que ocupan la parte de Kabul que quedó en pie, y que hacen disparar el alquiler y derrochan grandes cantidades de dinero de ayuda en sueldos inflados y flotas de Land Cruisers.

            Desde la invasión, la situación económica para las masas, sobre todo los pobres, ha empeorado, sin perspectivas de trabajo u otras fuentes de ingreso. De acuerdo al Programa de Alimentación Mundial, más de la mitad de las familias necesitan comida de emergencia. Algunos campesinos pobres no tenían ninguna opción sino volver a la producción de opio. Muchas personas que han sobrevivido, han perdido todas sus pertenencias en las incursiones aéreas yanquis. Existe una creciente presión al alza sobre el alquiler, lo que obliga a los pobres a dejar la vivienda económica. Se oye este comentario común: "Al principio, cuando los estadounidenses llegaron, yo estaba contento. Pensé, "nuestras vidas estarán mejor". Pero ya no hay nada para nosotros".

            Las terribles condiciones de vida y la devastación causadas por la guerra imperialista para imponer el nuevo régimen títere durante el último año, que ha destrozado la vida de tantos afganistaníes, son solamente una prueba de lo que le espera al pueblo iraquí cuando el imperialismo yanqui desate a sus perros de guerra en la próxima ronda de su cruzada en la construcción de imperio.