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Palestina
en las primeras filas
V. K. Sin
Al cierre de
esta edición, a mediados de abril de 2002, Israel sigue volviendo
a ocupar los principales poblados de Cisjordania, en su mayor operación
militar desde la invasión de Beirut en 1982. Los palestinos han
opuesto una férrea resistencia y recibido mucho apoyo del pueblo
progresista del mundo. Pese a las tentativas israelíes de impedir
la presencia de periodistas y socorristas, los testigos comienzan
a informar sobre los cientos de personas masacradas en el campamento
de refugiados Jenin y de que los israelíes, con niveladoras, los
enterraron, vivos o muertos. Israel tirotea a las ambulancias y
personal médico, lo que impide rescatar a los heridos (un crimen
de guerra según la Convención de Ginebra).
Ante el aumento
de la furia en todos los países, el gobierno yanqui ha sido casi
el único que apoya sin reservas a su perro de ataque en la región.
Yasser Arafat, antes el “socio de paz” de los Estados Unidos e Israel,
está aislado en lo que queda de su cuartel, y los tanques israelíes
le controlan el suministro de agua. Israel le negó permiso al alto
representante de la Unión Europea para entrevistarse con Arafat.
El gobierno
yanqui le dio su aval “antiterrorista” al Estado israelí, con lo
que éste tiene inmunidad mientras desate horrorosos crímenes contra
el pueblo. Ante el diario aumento de la indignación en todos los
países, Bush tuvo que disfrazar con palabras engañosas su descarado
apoyo al “derecho de defensa de Israel”: pidió públicamente que
Sharon se retire de los poblados de Cisjordania pero dejó en claro
que éste tendría el tiempo que fuera necesario para terminar su
trabajo sucio. Colin Powell se entrevistó con Arafat; lo dejó a
su suerte mientras siguen las atrocidades israelíes contra su cuartel
y el resto de la Palestina ocupada.
Aunque los Estados
Unidos e Israel tienen un poderío abrumador de su lado, sus actos
hacen extenderse e intensificar el odio y la resistencia de millones
de personas del Medio Oriente y del mundo y tal vez desaten sucesos
que ni amo ni títere pueda dominar. –
Un Mundo Que Ganar
La lucha de
Palestina está en su coyuntura más crítica desde 1948. Al fin de
marzo de 2002, Israel lanzó la mayor incursión en los Territorios
Ocupados (Cisjordania y la Gaza) desde 1967, región de la que se
retiró hace unos años tras el acuerdo de Oslo. Desde el inicio de
la Segunda Intifada (“levantamiento”) en septiembre de 2000, ha
habido 1.200 muertos y miles de heridos del lado palestino, y la
agresión israelí sigue cobrando más víctimas. Con la inmensa potencia
de fuego israelí, los cazas F-16 bombardean y siembran terror sobre
las ciudades de Palestina y, en una batalla muy desigual, tanques
recorren los campamentos de refugiados y ciudades abriendo camino
de entre la lluvia de piedras que les lanzan los valientísimos jóvenes
en las calles de Palestina. Han estado reduciendo a escombros a
Ramallah, a veces llamada la más bella ciudad de Palestina y cuartel
simbólico de la Autoridad Palestina. Israel detiene y mata a sangre
fría a las fuerzas de seguridad palestinas; encierra en sus penales
a miles de palestinos y los tortura a diario con el aval de los
tribunales1. El primer ministro israelí Sharon se jacta
de que “someteremos a golpes a los palestinos”, que les daremos
a “los salvajes” una lección y pide públicamente a su amo yanqui
permiso para asesinar a Yasser Arafat, encerrado y rodeado en su
cuartel de Ramallah por tropas y tanques israelíes. Independientemente
de quien tenga el dedo en el gatillo, la sangre del pueblo palestino
está en las manos de los imperialistas estadounidenses, cuyo apoyo
incondicional es indispensable para la existencia de Israel.
Los palestinos
han respondido provocando 400 bajas del bando israelí y mostrando
al mundo, y a Israel, que jamás aceptarán vivir bajo el yugo del
Estado sionista-imperialista. La mayor represión israelí contra
Palestina entraña muchos peligros: provoca protestas en todo el
mundo, en especial en los vecinos países árabes. Es posible que
se desaten sucesos que se salgan de su control y lo enfrasquen en
un conflicto mayor que no pueda manejar. Tal vez, en las palabras
de Mao Tsetung, han levantado una piedra sólo para dejarla caer
sobre los propios pies.
La lucha de
los palestinos ha roto una y otra vez el puño de hierro israelí,
irrumpiendo en las primeras planas de la prensa del mundo y trastornando
los planes de los imperialistas para la región2. Su lucha
ha prendido resistencia, atizado las llamas de la liberación e inspirado
a los oprimidos de todos los países. Pero su población no es mayor
que la de un barrio obrero del sur centro de Los Ángeles o de una
ciudad mediana como Milano o Hyderabad. ¡Qué milagros podrían plasmar
la furia y la determinación que arden en el corazón del pueblo palestino!
Hoy, mientras
el proletariado apenas vuelve a subir al escenario mundial y emprende
la lucha titánica por derrotar a los más poderosos reaccionarios
de la historia y cumplir la misión histórica mundial de arrancar
de raíz la opresión y explotación, y los grandes bastiones de la
revolución proletaria, la URSS y China, han caído en manos del enemigo,
el pueblo palestino ha entrado una y otra vez a la batalla desigual
contra el gobierno israelí-yanqui. Con la fuerza del valor nacido
en una causa justa, han entregado muchas hijas e hijos en un combate
desigual contra una fuerza muy superior y hecho valiosísimos aportes
a la causa de la revolución mundial: ante todo, han distinguido
entre enemigo y amigo ante los ojos de los oprimidos del mundo,
echado por tierra la pretensión del gobierno yanqui de ser el representante
del “progreso” en la región y mostrado que éste apoya firmemente
a la reacción y la subyugación nacional. Asimismo, ha echado por
tierra su argumento de que su títere regional israelí es una isla
de civilización y democracia en un mar de “árabes atrasados” y puesto
al desnudo la cruel y reaccionaria esencia del Estado sionista.
El veredicto
de que la causa palestina es una causa justa y de que la causa israelí-estadounidense
es injusta, se ha grabado con sangre y fuego en el corazón de los
oprimidos del mundo. Cada crimen que comete el Estado israelí-yanqui
contra los palestinos, así como cada piedra lanzada o bala disparada
en la lucha de los palestinos, confirma el veredicto. Hoy, en medio
de la cruzada belicista del imperialismo en el Medio Oriente, la
férrea lucha de los palestinos da un claro mensaje a los progresistas
del mundo de que esta cruzada es injusta y que ésta será solamente
una guerra injusta más.
Hace unos cuantos
años, los imperialistas esperaban y tal vez creían que la situación
les resultaría distinta en el Medio Oriente. Juntaron fuerzas para
fraguar el acuerdo de Oslo, con grandes promesas de paz, independencia
y prosperidad para el pueblo palestino, acuerdo sellado en los jardines
de la Casa Blanca en 1993 entre Arafat, por Palestina, e Yitzhak
Rabin, por Israel, con el aval del presidente yanqui Clinton. Los
imperialistas presionaron por el acuerdo con el gancho de un autogobierno
en la forma de la “Autoridad Palestina” y amenazas de mayor represión
en la forma de tropas de choque israelíes. La Segunda Intifada representa
el inconfundible rechazo a la paz de los imperialistas y desenmascara
poderosamente las mentiras y los engañosos argumentos que la sustentan.
Si bien Arafat y Rabin recibieron el premio Nobel y alabanzas de
la comunidad internacional oficial, lo que esta paz ha traído para
Palestina es pobreza, represión y humillación nacional. Ahora, los
imperialistas han tropezado con una férrea rebelión de un pueblo
insumiso, cuyas llamas no pueden apagar fácilmente.
ANTECEDENTES
DEL ACUERDO DE OSLO
El derrumbe
del bloque soviético hace una década y el ascenso del imperialismo
yanqui como superpotencia única del mundo requirieron la reestructuración
de las relaciones de poder, en particular en algunos puntos candentes
del mundo. Sin las trabas de su antiguo rival, el imperialismo yanqui
lanzó un dramático ataque en la guerra del Golfo contra Saddam Hussein
de Irak, en plan de reafirmar su hegemonía mundial y amenazar a
los gobiernos tercermundistas recalcitrantes. Un importante factor
hoy es que las fuerzas políticas antes afiliadas con la Unión Soviética,
como el Congreso Nacional Africano de Sudáfrica, los sandinistas
de Nicaragua y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP),
ya no representan la misma amenaza a los intereses estadounidenses.
Por eso, se han fraguado “procesos de paz” en Sudáfrica, América
Central, el territorio kurdo de Irak y Palestina.
En Palestina,
el imperialismo yanqui procuró responder a los golpes de la Primera
Intifada y, luego, tras los éxitos de su victoria contra Irak, imponer
nuevos arreglos para generar mayor estabilidad en esta región tumultuosa.
Pero este proceso de paz tuvo ciertas diferencias importantes, pues
no se pudo amenazar ni modificar la supremacía israelí incondicional.
Durante décadas, la avanzada sionista ha sido la piedra angular
de la estructura de la dominación imperialista yanqui en la región,
y ha obedecido fielmente a los intereses imperiales yanquis mediante
guerras reaccionarias e intervenciones asesinas y es su principal
“policía regional”, como el presidente Nixon solía describir a sus
lacayos.
Y, los enormes
recursos petrolíferos de la región aún son vitales para la economía
mundial y por ello, la región tiene una importancia estratégica
sin par. El gobierno yanqui no tiene planes de hacer nada que socave
el papel israelí en las actuales relaciones de poder bajo su control;
más bien, con su cruzada belicista contra el mundo, necesitará utilizar
más que nunca a sus gendarmes regionales, en especial, Israel.
Aunque el relevo
de la guardia que se dio en Sudáfrica (que no tuvo que ver con la
liberación de las masas) fue parte de una reestructuración de las
relaciones de poder, no es parte del plan para Palestina3.
Una estipulación importante del acuerdo de Oslo estableció un aparato
represivo palestino para satisfacer la demanda israelí de controlar
a la población insumisa.
OSLO:
TEORÍA Y REALIDAD
Se decía que
con el acuerdo de paz de Oslo, Israel y Palestina trocaban tierra
por paz. O sea, Israel se retiraría de algún territorio palestino
que había ocupado, y Palestina reconocería la legitimidad de Israel
y dejaría de atacarlo. Y así, Israel podría normalizar sus relaciones
con los Estados árabes.
Primero, ninguna
cláusula de Oslo ni ningún otro acuerdo jamás puso en tela de juicio
las fronteras de Israel de antes de la guerra de 1967 contra los
gobiernos árabes. Es decir, Israel aceptó negociar solamente el
22% de la Palestina histórica que ocupó en 1967, principalmente
Cisjordania y la Gaza. Así, la máxima concesión en las negociaciones
dejaría a Israel ocupando el 78% de la Palestina histórica, o sea,
la Palestina tal como existía bajo la ocupación británica hasta
el fin de la II Guerra Mundial (el llamado Mandato Palestina).
Según esta
“concesión máxima”, la paz de Oslo daría a los tres millones de
palestinos que hoy viven en la Gaza y Cisjordania, cierta forma
de gobierno formal en menos de una cuarta parte de la Palestina
histórica, e Israel (cuya población judía no constituía más de un
tercio de la población antes de 1948 y sólo 5% de la población a
fines del siglo 19, antes de las grandes olas de migración patrocinadas
por el imperialismo) ocuparía más del 75% del país. Es más, estas
cifras no cuentan a los tres millones de refugiados palestinos que
no viven en los Territorios Ocupados ni en Israel.
No obstante,
en todas las negociaciones los israelíes se negaron a ceder un ápice
de la Palestina histórica constituida en los Territorios Ocupados.
El origen de su negativa explica con precisión de qué se trata el
proceso de paz de Oslo.
Israel insiste
en quedarse con las partes de los Territorios Ocupados en que tiene
los “asentamientos ilegales” fuertemente fortificados que ha construido
y armado desde hace décadas con el fin de fortalecer su dominación
militar de la mayor parte de los Territorios Ocupados. (Fuera de
los medios informativos imperialistas, estos asentamientos se llaman
“ilegales” porque contravienen las resoluciones de la ONU y la Convención
de Ginebra, que prohíben los asentamientos en territorios bajo ocupación
militar. Usamos la expresión “ilegal” en este artículo sin avalar
la legalidad o la justeza de los asentamientos previamente existentes.)
El acuerdo de Oslo estipuló la división de los Territorios Ocupados
en tres categorías: la zona A (17.2%) en que la Autoridad Palestina
supuestamente gobierna y administra la seguridad; la zona B (23.8%)
en que la Autoridad Palestina gobierna pero hay un aparato de seguridad
conjunto, lo que implica que en los hechos, Israel controla la seguridad;
y la zona C (59%) en que Israel gobierna y administra la seguridad4.
Israel ha estructurado las zonas de modo que las “B” colindan sistemáticamente
con las “A”, y que las “C” colindan con las “B” en puntos claves.
Israel ha cercado a las zonas bajo control palestino con una red
de fortificaciones en puntos de control cruciales.
Los asentamientos
son grandes fortalezas rodeadas de alambre de púas, cercas eléctricas
y otros mecanismos protectores, con una fuerza de voluntarios que
tienden a tener un alto nivel de dedicación ideológica a la causa
sionista. Con el señuelo de viviendas fuertemente subvencionadas
y otras prebendas materiales, los colonos se trasladan a las líneas
del frente, al igual que los colonos del viejo Oeste estadounidense
se tragaron la promesa de tierras gratis. Todos los colonos reciben
fusiles y con frecuencia, en chusmas de linchamiento, reparten una
“justicia” estilo nazi en las calles. Además, los asentamientos
son centros de logística: puestos de avanzada seguros que usan las
fuerzas armadas israelíes para espiar, movilizarse para lanzar ataques
(como los escuadrones de la muerte élites) y posicionar artillería.
Por ejemplo, el cuartel de Arafat fue bombardeado por artillería
ubicada en un asentamiento ilegal5.
Estas guarniciones
están entrelazadas con lo que se llaman “caminos de circunvalación”,
porque pasan de lado las zonas en que vive la gran mayoría de los
palestinos de la zona y entrelazan directamente los asentamientos
y el propio Estado israelí. Un objetivo importante es facilitar
el desplazamiento rápido de tropas, con un método similar a la red
de fuertes que las fuerzas armadas estadounidenses construyeron
en el Oeste para someter a los indígenas, si bien en una zona geográfica
mucho más reducida. Hoy, ningún palestino de los Territorios Ocupados
vive a más de 10 km de una forma de territorio controlado por Israel.
La población palestina está dividida en siete enclaves separados
en Cisjordania y no puede desplazarse libremente ni siquiera en
los Territorios Ocupados. Tienen que pasar por retenes en que los
israelíes los someten a revisiones y largas esperas degradantes.
Es como una cárcel: aunque los presos tienen la gran mayoría del
espacio, con un pequeño espacio los carceleros mantienen un control
total.
Los asentamientos
ilegales también son parte del plan israelí de establecer una presencia
“irrevocable” en mayores partes de Palestina. Hoy, el 40% de la
Gaza lo ocupan los asentamientos en que viven menos de 1% de la
población de la zona. Durante el proceso de Oslo, tanto bajo el
gobierno del Likud como el laborista, creció constantemente la población
de los asentamientos ilegales. Desde Oslo, se ha acelerado el ritmo
de la colonización ilegal y hoy viven 200.000 colonos ilegales en
la Gaza y Cisjordania y casi 200.000 en Jerusalén. Israel los ha
construido en violación de las resoluciones de la ONU y en contra
de las condenas surgidas en todo el mundo, salvo de los imperialistas
yanquis.
Israel ha aplicado
la misma política en Jerusalén. Aunque la ONU la ha declarado una
“ciudad abierta” por ser un lugar histórico de tres religiones importantes
del mundo, Israel le ha impuesto su propia ley, anexionado zonas
palestinas de dentro y fuera de la ciudad, construido nueva vivienda
y llevado 200.000 colonos ilegales para formar una presencia judía
mayor en la ciudad y fortalecer su control ahí.
Así, Israel
ha utilizado el proceso de paz para fortalecer su posición militar
en los Territorios Ocupados mediante asentamientos ilegales y la
división y debilitamiento de la cohesión interna de las zonas palestinas.
Pero el proceso de Oslo también estableció otro mecanismo para controlar
a los palestinos (o, como las negociadores israelíes y la prensa
imperialista decían, para “asegurar la seguridad de Israel”): la
Autoridad Palestina.
Palestina es
uno de los Estados del mundo con mayor vigilancia policial: 35.000
agentes por tres millones de habitantes, o una tasa per cápita cuatro
veces mayor que en Israel6. Los policías palestinos sólo
tienen armas ligeras, pero cuando Israel abordó un barco que llevaba
una cantidad de fusiles que superó a lo que recibe a diario de
los Estados Unidos, se enfureció. El objetivo primordial de esta
fuerza policial con poco armamento es asegurar la capacidad de la
Autoridad Palestina de controlar a su propia población y, a su vez,
prevenir ataques contra Israel. En los años iniciales tras Oslo,
Arafat y la Autoridad Palestina hicieron precisamente eso: usaron
los fusiles y los penales de la Autoridad Palestina contra el pueblo
palestino. En esos años, el imperialismo yanqui y los sionistas
pensaban que el proceso de paz “iba bien”.
Las principales
estipulaciones del acuerdo de Oslo establecieron y legitimaron acuerdos
que pusieron a Palestina en una posición subordinada y dependiente.
El papel básico del gobierno palestino que Israel permitiera, sería
mantener bajo control a su propia población.
ECONOMÍA
PALESTINA: SUBORDINACIÓN MILITAR
El acuerdo
de Oslo no ha traído la prometida autonomía de la economía palestina
sino su mayor dependencia de Israel.
Es “normal”
que un país capitalista cree, aliente e imponga tales relaciones
de dependencia en los países oprimidos con que colinda. La diferencia
de este caso es que la explotación económica de Palestina no es
una prioridad importante para Israel.
Como señalamos,
Israel ha dividido las zonas palestinas en enclaves separados y,
con su dominación militar, ha impedido el desarrollo de una economía
palestina articulada y fomentado una estructura de sectores económicos
separados. El proceso ha avanzado tanto que, según un economista,
“para 1998, se había cesado casi toda la actividad comercial, demográfica
y física entre Cisjordania y la Gaza”7.
Por ello, la
economía palestina depende fuertemente de sus relaciones económicas
con Israel. La gran mayoría de las exportaciones palestinas va a
Israel (88%) y los territorios palestinos son el segundo receptor
de las exportaciones israelíes, después de los Estados Unidos. E
Israel es la principal fuente de inversiones de capital en Palestina8.
El proceso de paz trajo la construcción de maquiladoras (tristemente
célebres en la frontera mexicano-estadounidense) en Palestina. Israel
le “vende” componentes a subcontratistas palestinos, quienes los
ensamblan con mano de obra palestina barata y los “revenden” a Israel
a cambio de las ganancias. Así, ha nacido una pequeña clase de empresarios
palestinos que dependen exclusivamente del comercio con Israel y
de la superexplotación de la mano de obra palestina barata, principalmente
de mujeres, en estas maquiladoras, en que el salario promedio es
3 dólares al día (o sea, menos de un décimo del salario de un trabajador
de producción israelí).
Palestina depende
tanto de Israel, en parte, porque éste se le robó casi todo su territorio
quitándole sus principales medios de subsistencia y creando una
nación de refugiados. Hoy, 50 años después, el 60% de los palestinos
aún son refugiados9. Con su ocupación de la Gaza y Cisjordania,
no más durante la Segunda Intifada Israel ha arrebatado los recursos
económicos de Palestina, destruido la mitad de sus olivares y arrancando
miles de árboles.
Aparte de controlar
el transporte, Israel controla el agua de la región entera y utiliza
la mayor parte del agua para sus asentamientos ilegales. Los palestinos
de la Gaza no tienen agua entubada ni instalaciones sanitarias,
pero en los vecinos cerros, colonos nadan en albercas y riegan jardines
de rosas. El 80% del agua de los Territorios Ocupados va a los ciudadanos
judíos y solamente el 20% a los palestinos, si bien éstos son mucho
más numerosos10. En los Estados Unidos, los políticos
y la prensa se entusiasman por el “milagro” del “desierto que florece”
en Israel, pero los naranjales palestinos eran famosos muchos siglos
antes de la ocupación israelí. Israel le debe el secreto de la productividad
agrícola no tanto a su ingenio sino a su robo de los recursos palestinos
y a los miles de millones de ayuda imperialista.
Cuando Israel
quiera golpear a Palestina, aprieta el control del transporte, agua
y comunicaciones para paralizar a los Territorios Ocupados y su
economía. La economía palestina pierde mucho más a causa de esta
situación de lo que recibe de los países donantes11.
Entre 1993 y 1996, Israel suspendió casi un día de cada tres toda
la actividad física y económica de Cisjordania y la Gaza, lo que
provocó devastadoras pérdidas económicas y desalentó casi toda inversión
extranjera12.
Desde Oslo,
la economía israelí prosperó y su Producto Interno Bruto (PIB) creció
50% entre 1995 y 1999 (el PIB per cápita es de 17.000 dólares hoy);
el PIB per cápita palestino cayó 20-30% entre 1993 y 1999 y ahora
es de menos de 10% del israelí (1.350 dólares)13. La
tasa de desempleo ha disparado en los Territorios Ocupados (40%
hoy en la Gaza). Y el 80% de los palestinos de la Gaza vive por
debajo del umbral oficial de pobreza y destina el 58% de sus ingresos
a alimentos14. Israel ya no contrata tanto a los trabajadores
palestinos migrantes, sino importa 300.000 de Rumania, Tailandia
y otros países y expande su red de maquiladoras15.
Esta dependencia
también ha envuelto a la Autoridad Palestina, el “representante”
del pueblo palestino. La ayuda estadounidense y europea, el ascenso
de un sector de compradores palestinos y las trabas que impone el
gobierno israelí-yanqui a la economía palestina han engendrado una
situación en que la Autoridad Palestina responde cada día más a
fuerzas externas. A instancias de los Estados Unidos e Israel, un
tercio del presupuesto de la Autoridad Palestina se destina al aparato
de seguridad (una cantidad mayor que el total destinado a los servicios
de salud, educación y sociales). Un comentarista palestino resumió
que la Autoridad Palestina “respondía más a Washington, Israel y
el Banco Mundial, que a sus propios ciudadanos”16.
Se dice que
el proceso de paz traería el desarrollo de un Singapur del Medio
Oriente, pero ha traído lo que un comentarista describió como un
“Soweto en el Mediterráneo”17. Mientras tanto, Israel
ha prosperado. Desde hace mucho, los partidarios de Israel y del
proceso de paz imperialista dominan el arte de observar a un hombre
obeso y bien comido y a un hombre flacucho y desnutrido que viven
en el mismo lugar, y de deducir que no hay relación entre la condición
del uno y la condición del otro.
EL
DERECHO DE REGRESAR
Israel no admite
la negociación del derecho de regresar de los refugiados palestinos.
Es “impensable”, pues toca lo prohibido: el crimen que engendró
el Estado israelí-imperialista18.
La ONU tienen
a 3.7 millones de refugiados registrados, es decir, la mayoría de
los palestinos. De 3 a 4 millones de palestinos aún viven fuera
de la Palestina histórica. Más de un millón aún viven en campamentos
de refugiados: 400.000 en El Líbano, una cantidad mayor en Siria
y la mayoría de los palestinos de la Gaza19. La mayoría
de los refugiados vive en extrema pobreza y la vida de quienes trabajan
en otros países es precaria, como los 300.000 trabajadores migrantes
expulsados de Kuwait tras la guerra del Golfo. La existencia de
los refugiados nos recuerda constantemente que el ejército de colonos
israelíes expulsó a los habitantes originales del territorio, los
palestinos, y lo colonizó para sí mismo20.
El proceso
de Oslo jamás tocó el derecho de regresar de los refugiados. Importantes
voceros israelíes han reiterado que el gobierno no puede aceptar
esa demanda, aceptada en foros internacionales, porque eso acabaría
con Israel tal como existe hoy21. El argumento de los
sionistas acepta tácitamente que la fundación de Israel se basó
en el robo de la tierra de otro pueblo y de su expulsión.
Que los imperialistas
y los sionistas se nieguen a abordar el problema de los refugiados
es garantía de que no habrá paz en el Medio Oriente.
El acuerdo
de Oslo ha dado resultados tan unilaterales como las estipulaciones
originales. En los 9 años desde Oslo, los palestinos han padecido
mayor empobrecimiento, encarcelamiento y un cerco de más asentamientos
israelíes ilegales, pero Israel trata a los líderes palestinos elegidos
como el alcaide al representante de los presos. Desde Oslo, el gobierno
israelí-yanqui ha ejercido el Poder para cambiar repetidamente los
términos de las negociaciones: ofrecer una retirada de cierto porcentaje
de los asentamientos, y a la vez construir más asentamientos ilegales,
de modo que, en caso de alcanzar un acuerdo, la cantidad de colonos
que seguían en los Territorios Ocupados crecería22. Lo
que se firmó en los jardines de la Casa Blanca no fue un acuerdo
entre dos países iguales ni un proceso neutral de toma y daca, sino
la rendición del liderato de una pequeña nación a la mucho más poderosa
fuerza de ocupación.
IMPERIALISMO
YANQUI: EXPERIMENTADO ESTAFADOR JUEGA A “NEGOCIADOR HONRADO”
El imperialismo
estadounidense lleva años presentándose como un “negociador honrado”
por encima del conflicto en Palestina, pero siempre ha dado su apoyo
incondicional al Estado de Israel23.
He aquí dos
aspectos aleccionadores del apoyo yanqui a Israel. Uno, el voto
en la Asamblea General de la ONU acerca de Palestina por lo general
ha sido de 100 a 2, siendo los 2 muchas veces los Estados Unidos
e Israel (por eso, entre otras cosas, el Consejo de Seguridad –en
que los Estados Unidos tiene poder de veto– rige la ONU). Desde
1983, los Estados Unidos ha vetado 20 resoluciones de condena a
las prácticas israelíes en Palestina y tres más sobre los Territorios
Ocupados. Y ha vetado dos mociones a favor de la aplicación de la
Convención de Ginebra en los Territorios Ocupados y hace poco, bloqueó
la presencia de observadores internacionales24. El segundo,
de mayor importancia, es que el gobierno yanqui da más ayuda militar
y económica a Israel que a ningún otro país y lo ha hecho por décadas.
Desde 1967, le ha dado más de 92 mil millones de dólares y en 2000,
dio más de 5 mil millones (más de mil dólares por judío israelí)25.
Ha dado esta ayuda desde los años de Nixon para asegurar que Israel
tenga todas las ventajas militares posibles, en especial en el combate
aéreo, y que tenga la capacidad de fabricar buena parte del armamento
ligero que necesita26.
Ciertos observadores,
en especial de Europa, tienden a ver el conflicto en términos de
un Israel con apoyo yanqui versus una Autoridad Palestina con apoyo
europeo. Señalan, a veces a propósito, la ayuda sustancial de la
Unión Europea, el gran número de ONG europeas que trabajan en los
Territorios Ocupados y los bombardeos de las fuerzas israelíes a
los edificios palestinos pagados con la ayuda europea. Eso tiene
algo de verdad, pero los Estados Unidos ha dado más ayuda económica
a la Autoridad Palestina de lo que se reconoce comúnmente: 3 mil
millones en 1993-200027. Así, Palestina figura entre
los principales receptores de la ayuda yanqui. Esta ayuda tiene
dos fines: asegurar que la Autoridad Palestina sea capaz de jugar
el papel que estipula los acuerdos de Oslo (principalmente controlar
a la población palestina); y alentar un sector de compradores y
una clase media (con muchos empleados en las ONG). Estos sectores,
que están vinculados con el occidente, constituyen un amortiguador
contra la rebelión de los de abajo. Aunque la ayuda yanqui a Israel
es mucho mayor que la que recibe Palestina, y en gran parte se destina
al aparato militar (lo que se prohíbe de plano en el caso de los
palestinos), con su política de dar mucha ayuda a los dos bandos
el imperialismo yanqui quiere asegurar que ninguna otra potencia
grande juegue un papel importante en esta región crítica28.
LOS
FUNDAMENTALISTAS ISLÁMICOS DE PALESTINA Y EL ESTADO LAICO Y DEMOCRÁTICO
En los años
1960, el movimiento de liberación palestina planteó que la meta
de la lucha era la destrucción del Estado sionista de Israel y en
su lugar construir un Estado laico y democrático en Palestina, Estado
en que todos los ciudadanos sin considerar su religión serían tratados
como iguales. Hay un contraste marcado entre este planteamiento
y la orientación teocrática de Israel que, como “Estado judío”,
no incluye a los ciudadanos palestinos en asuntos importantes y
discrimina abiertamente contra ellos. La meta de un Estado democrático
y laico ganó el apoyo de la China maoísta y muchos países más, y
fue un símbolo de la precursora visión de las fuerzas de liberación
palestina. Éstas se negaron a caer al mismo nivel que sus enemigos
imperialistas‑sionistas y a dejarse arrastrar por la dinámica
de limitar su visión a la de sus oponentes.
Como parte
de entrar en el proceso de paz de Oslo fraguado por los imperialistas,
Yasser Arafat dirigió al liderato de la resistencia palestina a
repudiar este logro histórico. Desde 1974, Arafat puso claro que
aceptaría un “miniEstado” dentro de una pequeña parte de la Palestina
histórica, pero en esa coyuntura histórica le fue imposible a Israel
y a los Estados Unidos aceptar su capitulación29.
Además del
deseo de Arafat de acomodarse con los imperialistas, otros factores
influyeron en el lanzamiento del proceso de Oslo. Primero, el colapso
de los socialimperialistas soviéticos, y la campaña mundial de los
imperialistas que usaron el derrumbe del revisionismo soviético
para atacar al comunismo y a la revolución en general, llevaron
al debilitamiento de las fuerzas radicales y laicas en el movimiento
de liberación palestina30. Un factor que propició este
debilitamiento fue que una buena parte de la izquierda palestina
no practicaba la teoría maoísta de apoyarse en las propias fuerzas,
pintaba a los socialimperialistas soviéticos como amigos de la lucha
palestina, y así se dejaron hacerse dependientes de la ayuda del
“gran hermano” soviético y de sus aliados regionales como la Siria
de Assad, y de la ayuda económica de los regímenes árabes abiertamente
reaccionarios.
El escenario
para el proceso de paz de Oslo se dio gracias a esos acontecimientos
y al surgimiento de los Estados Unidos como superpotencia única
en el mundo, su paliza a Irak durante la guerra del Golfo, y diversos
“acuerdos de paz” fraguados por los imperialistas (por ejemplo,
en Sudáfrica), por un lado; por el otro, la capacidad del Estado
israelí de seguir manteniendo la paz con los principales regímenes
árabes y su necesidad de estabilidad en la región.
Esta misma
dinámica y en particular el debilitamiento de la izquierda palestina,
crearon terreno fértil para que prosperaran las fuerzas islámicas.
Éstas también crecieron en reacción a la mayor penetración imperialista
en la región, que trajo una opresión más intensa para una mayor
cantidad de las masas árabes, y en oposición a Israel.
Las fuerzas
islámicas crecieron de manera espontánea, pero también contaron
con el apoyo consciente y cínico de los imperialistas y sionistas.
En los años 1980, el ejército israelí invadió brutalmente a El Líbano
a fin de expulsar a las fuerzas centradas en el OLP. Así, las fuerzas
islámicas fundamentalistas podían llenar el vació de poder que quedó.
El ejército israelí apoyó deliberadamente esta situación, pues veía
en las fuerzas islámicas un “mal menor”, en comparación con las
fuerzas radicales laicas a que había estado combatiendo tan férreamente
muchos años31. En este mismo período, los imperialistas
yanquis daban muchísima ayuda a las fuerzas islámicas de Afganistán,
lo que repercutió e impulsó a las fuerzas islámicas en toda la región.
Irónicamente, ese estímulo coincidió con la maduración de las condiciones
para un acuerdo con las fuerzas laicas en torno a Arafat, y así
preparó el escenario para que las fuerzas islámicas se fortalecieran
como los oponentes al régimen israelí-yanqui.
Así, las fuerzas
islámicas sacaron provecho del amplio descontento con las fuerzas
laicas prooccidentales, y atrajeron a algunas masas que querían
combatir a Israel.
Por combativos
que parezcan los grupos Hamas y Jihad Islámica, sus programas no
llevarán a la derrota del Estado israelí-yanqui ni a la liberación
del pueblo palestino. Hamas plantea construir un Estado islámico
palestino y destruir a Israel, a quien denuncia como un “infiltrado
judío” en tierras árabes. El eje del programa de Hamas, y de su
estrategia de lucha y sus relaciones con Arafat y la Autoridad Palestina,
indica que en esencia sus metas no van más allá de acomodarse con
el imperialismo bajo un manto religioso. Esto no debe sorprender:
ninguna fuerza política islámica, sea de la República Islámica de
Irán de Jomeini o de los talibanes de Afganistán, ha podido romper
completamente con el imperialismo, ni lo ha intentado.
El programa
de Hamas desencadena y refleja los intereses de las fuerzas feudales.
Se forja sobre la opresión continua de las mujeres32.
No tiene programa ni de reforma ni de revolución agraria. Además,
Hamas y otros fundamentalistas islámicos rebajan el carácter de
la lucha a una guerra entre religiones y, al hacerlo, confunden
los intereses de la liberación nacional y de la liberación social
del pueblo palestino, sin mencionar que es muy difícil ver cómo
una lucha de musulmanes contra judíos podría movilizar a cientos
de miles de palestinos que son cristianos.
Aun si Hamas,
de alguna manera, fuera contra su propio carácter feudal y luchara
genuinamente para derrotar al régimen israelí-yanqui, nunca podría
movilizar a toda la fuerza del pueblo palestino que es indispensable
para derrotar a las fuerzas militares superiores del enemigo. Sus
tácticas, que incluyen matar a civiles judíos, reflejan que su meta
es hacer que pague Israel un alto precio por continuar la ocupación
de Cisjordania y la Gaza33.
Arafat y la
Autoridad Palestina aplica esta política a las fuerzas islámicas:
usarlas tanto como sea posible y a la vez, mantenerlas bajo control.
Cuando les conviene, se hacen de la vista gorda a ciertos ataques
contra Israel y a su vez encarcelan a militantes islámicos. Así
maniobran las fuerzas de Arafat y las fuerzas islámicas por posiciones,
a partir de luchar por mejores condiciones para negociar un acuerdo
con el enemigo imperialista‑sionista, en vez de luchar por
derrocar al Estado israelí y obtener la liberación total. En El
Líbano, el partido islámico, Hesbola, ha seguido esta política desde
hace años. Cuando por fin, con el apoyo de Siria, obligó a Israel
a retirarse, abandonó toda pretensión radical que le quedaba y se
integró a la estructura gobernante reaccionaria de El Líbano.
Antes de pasar
a otro tema, es importante decir algo acerca de la avalancha de
ataques en la prensa occidental contra las tácticas suicidas usadas
principalmente por las fuerzas islámicas. Los imperialistas desterraron
a millones de palestinos y los dejaron a su suerte; sus títeres
israelíes invadieron a El Líbano y bombardearon a Beirut, masacrando
a más de 10.000 civiles; ayudaron a Israel a construir un arsenal
nuclear en una región que padece más guerras que otras regiones;
masacraron a 200.000 iraquíes en la guerra del Golfo y después observaron
mientras cientos de miles de niños murieron a causa del bloqueo;
acaban de matar a miles de civiles afganistaníes; se cierran los
ojos ante los bombardeos israelíes a las zonas densamente pobladas
de Palestina; y, después, les dan poca importancia a los “daños
colaterales” (las inevitables bajas civiles). Por lo tanto, no tienen
derecho a denunciar al “terrorismo” de las fuerzas tan pobremente
armadas que están resistiendo una brutal ocupación.
Chillan sobre
las “bajas civiles” que suceden en los dos bandos, pero tildan a
los palestinos de los peores porque éstos “singularizan” a los civiles
israelíes, mientras se supone que no sean intencionadas las bajas
civiles palestinas. Ésta es una mentira descarada. ¿¡Esperan que
creamos que, cuando los aviones israelíes dejan caer bombas de mil
libras en medio de la densamente poblada ciudad de Gaza, las bajas
civiles son por “accidente”!? ¿Les gustaría explicar por qué hay
casi cuatro veces más muertos entre los palestinos que entre los
israelíes? ¿Y por qué es más alta la proporción de palestinos heridos
en comparación con la de los israelíes?34. Soldados israelíes
han testificado que han recibido órdenes de disparar a los niños,
y el alto mando israelí ha justificado los disparos a los trabajadores
de la Cruz Roja, conductores de ambulancias, médicos y enfermeras
que tratan de rescatar a los heridos, a pesar de la condena mundial35.
Un descarado
argumento de los sionistas es que los palestinos “tienen la culpa
por lo que les pasa”. Y hablando del gran número de niños palestinos
víctimas del ejército israelí, Bernard‑Henri Lévy, un filósofo
francés, dijo: “Sería de poca importancia preguntar, ¿quiénes pusieron
a esos niños en el frente de batalla en primer lugar, y como parte
de qué tenebrosa estrategia de mártires?”. Es decir, apunta claramente
el dedo acusador a quienes no sean las fuerzas armadas israelíes
que ametrallan a niños lanzapiedras en la calle36.
Éste no es
un “ciclo de violencia” o una disputa entre vecinos que estalló
por una mezquindad largamente olvidada. Es una lucha entre las fuerzas
de ocupación y la población de un territorio ocupado, entre los
que poseen y los desposeídos. Opone un rico, poderoso Estado capitalista,
200.000 tropas activas, 400.000 reservistas, cazas, misiles, tanques,
bombas nucleares, y la mayor ayuda militar extranjera en el mundo
de hoy (es decir, “golpear hasta que se rindan”, según Sharon),
a una pobre nación oprimida a que sólo se le permite una fuerza
de 35.000 policías con rifles de la II Guerra Mundial. El hecho
de que la comunidad “oficial” del mundo casi no ha condenado las
amenazas de Sharon, pone al descubierto el doble criterio que se
aplica a las noticias sobre Palestina. ¡Imagínense la reacción si
Arafat se jactara de que “golpearía a los israelíes hasta que se
rindieran” o contemplara abiertamente si debería “liquidar a Sharon”?
SIN
LA DESTRUCCIÓN DE ISRAEL, NO HABRÁ LIBERACIÓN
El mayor obstáculo
para aquellos que quieren ver que la lucha por la liberación y justicia
para el pueblo palestino alcance la victoria, es pensar que de algún
modo es posible obtener la liberación sin derrotar a Israel. He
aquí el eje de la política del Medio Oriente: no habrá justicia
para los palestinos hasta que el Estado israelí sea destruido. Es
decir, los palestinos nunca gozarán de una verdadera liberación
hasta que el imperialismo haya sido derrotado, porque lo que Israel
representa no es una “tierra para los judíos”, sino la avanzada
del imperialismo yanqui en el Medio Oriente37. El eje
de la estrategia de cada una de las fuerzas que participa en la
lucha palestina es cómo ve al imperialismo.
Por más de
50 años, los palestinos han estado luchando contra los israelíes
bajo una bandera u otra, sufriendo retrocesos, reestableciéndose
y volviendo a luchar. Pero hasta ahora, la lucha la han encabezado
diversas alianzas de la élite palestina, representantes de la burguesía
nacional y aun fuerzas feudales. En la época del imperialismo y
de la revolución proletaria mundial, como analizó Mao, estas clases
nunca podrán llevar la revolución democrática burguesa hasta la
victoria. Son demasiado débiles, vacilantes y ligadas al imperialismo
como para librar una lucha que rompa completamente con el imperialismo
y establezca una independencia nacional auténtica. Esto es aún más
cierto hoy, porque el imperialismo está más estrechamente entretejido
y altamente integrado, que cuando Mao analizaba la situación 70
años atrás.
No hay respuestas
fáciles en la lucha contra la abrumadora superioridad del gobierno
israelí-yanqui, pero es importante señalar algunas cosas. Primero,
para ir más allá de la afirmación de que es posible derrotar a los
imperialistas yanquis y a su Estado colonizador sionista y liberar
a Palestina, es necesario que una vanguardia palestina se arme con
la ciencia del marxismo-leninismo-maoísmo, lo convierta en una fuerza
material en el campo de batalla y desarrolle la estrategia y las
tácticas con que se pueda ganar. En pocas palabras, la teoría tiene
que avanzar a través de la práctica.
Segundo, la
revolución palestina es parte de la revolución mundial, y sus avances
y retrocesos están ligados con los avances y retrocesos de la revolución
mundial. Por lo tanto, para ver cómo continuar la lucha contra el
Estado israelí-yanqui, se necesita situar la revolución palestina
dentro de la lucha general contra el sistema imperialista encabezado
por los Estados Unidos, desarrollar una estrategia y unas tácticas
con eso en mente, y ayudar a la lucha a avanzar tanto como se pueda
en cualquier momento dado en el camino a la victoria. Cuando la
lucha se prolongue, la idea de que es posible derribar rápidamente
a los imperialistas yanquis y al Estado sionista, independientemente
de los acontecimientos regionales y mundiales, conduciría rápidamente
a la desmoralización. Pero el mayor peligro ha sido pensar que el
poder israelí-yanqui es tan fuerte que hay poco que los palestinos
puedan hacer hoy para avanzar por el camino hacia la victoria y
que no queda ninguna opción salvo limitar la lucha a la meta de
obligar a una potencia benévola mayor, por lo común los Estados
Unidos, a presionar para que Israel dé concesiones a los palestinos,
dejando la dominación israelí intacta.
¿Cómo es el
camino básico a la revolución para Palestina? Palestina es una nación
oprimida en que la estrategia de las fuerzas revolucionarias requiere
una guerra popular prolongada. Pero tiene ciertas características
únicas; por ejemplo, la mayor parte de la nación está ocupada por
un Estado colonizador militarizado altamente desarrollado. Este
Estado cuenta con fuerte apoyo del imperialismo yanqui; tiene una
población de colonos aproximadamente igual al número de palestinos
desterrados; y el territorio es pequeño38. Por lo tanto,
los revolucionarios palestinos tienen que ver cómo aplicar la estrategia
de la guerra popular en circunstancias difíciles. Para librar esta
clase de guerra, es importante no acomodar la estrategia y las tácticas
de la lucha a las demandas de la mesa de negociaciones, sino luchar
con la estrategia de largo plazo de derrocar al Estado israelí-yanqui
y aprovechar al máximo los avances que se puedan obtener en el curso
de la lucha.
Hoy, la dinámica
de la lucha exige a gritos que las fuerzas conscientes la lleven
a una etapa cualitativa más alta. Recientemente, el miembro palestino
del Knesset (el parlamento israelí), Azmi Bishara, no partidario
de la guerra con Israel, dijo: “El gobierno israelí está reduciendo
el espacio de resistencia, dejando dos opciones: aceptar las exigencias
israelíes o una guerra total”. Federico Engels, el colaborador de
Carlos Marx, hizo notar que cada avance en la lucha de las fuerzas
revolucionarias provocaba una intensificación de la batalla por
parte de los reaccionarios, y viceversa, en una espiral que, con
el tiempo, conducía a la derrota de un bando o del otro. Buscar
una tercera vía que evite esta dialéctica significa, en esencia,
ceder la victoria a los reaccionarios, pretextando que no es posible
resistir su escalada militar39.
Nadie puede
decir ahora qué combinación de factores en la lucha y en la situación
objetiva en la región y en el mundo engendraría una situación en
que sería posible derrotar al Estado israelí-yanqui. Tal posibilidad
casi seguro abarcaría otros trastornos importantes en la región,
quizás una combinación de guerra y un levantamiento revolucionario
en uno o más de los países árabes vecinos. Vale la pena considerar,
por ejemplo, lo que una vanguardia en Palestina, con raíces en la
población y un ejército, pudiera haber hecho durante la debacle
de la ocupación israelí en el sur del Líbano. Israel nunca se ha
enredado en un conflicto regional mientras en el frente interno,
se enfrentaba a una determinada resistencia de los palestinos tal
como lo hace hoy.
Lo que es cierto,
y lo que los trágicos resultados del proceso de paz han mostrado
una y otra vez, es que acomodarse con el gobierno israelí-yanqui
no traerá ninguna liberación. No hay ningún camino para liberar
a Palestina salvo derrotar a Israel en el campo de batalla. Por
eso, es imprescindible que se forme una vanguardia que pueda aprovechar
cada oportunidad para atizar las llamas de la lucha armada y avanzar
tanto como sea posible en la construcción del partido y del ejército
revolucionario bajo su liderato, de modo que cuando emerjan alineamientos
más favorables de las fuerzas regionales y mundiales, como ha ocurrido
y ocurrirá, se podrá dirigir la guerra revolucionaria hacia la victoria.
Y aunque el camino a la liberación será sumamente complejo, habrá
una tendencia a subestimar las posibilidades para llevar a cabo
tal lucha revolucionaria omnímoda y éstas todavía no se han analizado
a fondo. Esta situación se debe, ante todo, a la falta de una vanguardia
maoísta ahí.
Así, vale la
pena examinar cómo el pensamiento tradicional aceptable que ha guiado
la lucha palestina en los últimos años aborda unos temas claves.
Para hacer avances significativos, será crucial definir la relación
a la lucha en otros países árabes, tales como El Líbano y en particular
Jordania, que tienen una gran población de palestinos, pues manejar
bien esta relación podría ser una fuente de enorme fuerza. Pero
ha sido más común, desafortunadamente, partir de la posición nacionalista
del liderato de la OLP y confiar el futuro de la lucha palestina
a los regímenes árabes, que han sido descritos como amigos vacilantes
de la lucha palestina en vez de los mortales enemigos reaccionarios
y serviles lacayos del imperialismo que son. Como resultado, el
pueblo palestino ha padecido decepción y traición.
Repitiendo,
para determinar los aspectos específicos de qué relación es posible
y necesaria tener con la lucha en los países árabes vecinos, se
necesita desarrollar una organización palestina de vanguardia. Se
destacan dos puntos: primero, el núcleo de la lucha tendrá que ser
la lucha autosuficiente de las masas palestinas. Pero, no hay causa
para el pesimismo. Véase cómo las fuerzas principales de la lucha
contra Israel han cambiado con el paso del tiempo. Al inicio, fueron
los ejércitos de los regímenes árabes, que parecían grandes y poderosos
pero fueron derrotados decisivamente en el campo de batalla. Luego,
el núcleo de las fuerzas se pasó a los palestinos en el extranjero.
Hoy, con las dos Intifadas, el centro de la batalla se ha cambiado
otra vez, a Palestina, y por primera vez ha atraído mucho apoyo
de los palestinos que viven dentro de la “línea verde” (la frontera
pre-1967), lo que no augura nada bueno para Israel. Y con cada cambio,
a medida que el centro de la lucha contra Israel se ha acercado
al territorio histórico de Palestina y ha echado raíces en las masas
palestinas, ha quedado más al desnudo la vulnerabilidad del gobierno
israelí-yanqui.
Con la dirección
de una línea correcta que identificase amigo y enemigo, pusiese
los intereses de las masas oprimidas en primer plano, desenmascarase
los intereses mezquinos que mueven a los conciliadores y traidores,
y apuntase la lucha a los imperialistas y sobre esa base impulsase
los intereses comunes de todas las masas oprimidas, tal lucha sin
duda despertaría como nunca antes las expectativas y las simpatías
de los oprimidos de todos los países, en particular de los países
árabes. Las masas palestinas tendrán que apoyarse en sí mismas,
pero no lucharán solas contra el Estado imperialista-sionista40.
Aparte de establecer
relaciones con los países árabes sobre bases nacionalistas e ignorar
su naturaleza de clase, ha habido fuertes tendencias a describir
a Israel en términos nacionalistas, a verlo principalmente como
un “Estado judío” y no como una avanzada del imperialismo. Por ello,
se ha pasado por alto algunos rasgos de Israel que hay que tomar
en cuenta para elaborar una estrategia revolucionaria, por ejemplo:
el carácter heterogéneo de su población; su enorme dependencia del
apoyo estadounidense que lo aísla y lo hace objeto de tanto odio
en toda la región, aunque se le tolere por el momento; junto con
esto, confía tanto en la superioridad de su arsenal de alta tecnología
y la forma en que esta situación lo obliga a luchar41;
y, debido a su carácter reaccionario y al apoyo imperialista, su
arrogancia extrema.
Consideremos
el carácter de la sociedad israelí. No es un país capitalista opresor
“común y corriente”. La mayoría de tales Estados se han desarrollado
en el transcurso de muchas generaciones y tienen una gran clase
de proletarios que no tienen nada que perder y que son oprimidos
y explotados por la burguesía. En el caso de Israel, los imperialistas
lo establecieron hace sólo dos generaciones, arrebatándole la tierra
a otro pueblo. Hoy, casi la mitad de los habitantes no palestinos
de Israel no nacieron allí. Un millón de rusos emigraron a Israel
en los años 1990 y unos cientos de miles en las dos décadas anteriores42.
Como se mencionó, la mitad de los emigrantes de los años 1990 no
tenían siquiera una madre o un padre judío. Pocos emigrantes hablaban
hebreo. ¿Por qué emigraron? Israel tiene un ingreso promedio per
cápita de casi 20.000 dólares, semejante a Europa occidental, pero
en Rusia es de sólo mil dólares. Aunque hay otros factores, es muy
claro que lo que hizo que emigraran a Israel no fue el llamado de
Moisés desde la “tierra prometida”, sino el atractivo mucho más
palpable del dinero contante y sonante respaldado por los Estados
Unidos43.
Israel no tiene
la historia de una nación desarrollada con una estructura de clases
integral, pues es un Estado militar de colonos mercenarios, que
recibe mucho dinero por servir en la línea de fuego en la lucha
por controlar al mundo árabe y asegurar el suministro del petróleo
del que depende el occidente. Israel atrae a los colonos ofreciendo
el “derecho de retorno” a quien tenga los más tenues antecedentes
judíos, mientras que los palestinos, cuyas familias vivieron en
Palestina por generaciones, tienen que observar desde el otro lado
de las cercas eléctricas mientras estos extranjeros se establecen
en sus aldeas históricas44.
Así, el carácter
de la sociedad israelí se divide en dos: por un lado es una guarnición
altamente militarizada con muchos emigrantes que se han establecido
ahí, plenamente conscientes de su rol criminal (lo que hace a Israel
un enemigo formidable), y por otro lado, es una sociedad heterogénea
con emigrantes de muchas culturas y nacionalidades (en Israel, se
editan más de 20 periódicos en ruso, ni hablar del rumano y ucranio),
y muchos emigrantes no tienen raíces en la sociedad y por ende ningún
sentido de unidad nacional. Cómo responderán a los golpes prolongados
y mayores de una guerra popular auténtica está por verse.
Hay indicios
de las grietas que podrían aparecer en la fortaleza Israel: más
reservistas israelís se niegan a ir a los Territorios Ocupados y
denuncian su misión ahí. En una petición, más de 300 reservistas
israelís se han negado a combatir “más allá de la línea verde con
el objeto de gobernar, expulsar, destruir, bloquear, asesinar, hambrear
y humillar a un pueblo entero”.
EL
FRENTE DE BATALLA HOY
El gobierno
israelí-yanqui se encuentra en un serio dilema. Los palestinos tienen
una insaciable sed por la liberación nacional. Si los sionistas
siguen aumentando la represión y vuelven a ocupar de manera permanente
los Territorios Ocupados, la mayor miseria, bombardeos, prisiones
y asesinatos provocarán mayor desesperación y furia de los palestinos...
y pondrán más blancos al alcance de los luchadores palestinos. Por
eso, los generales israelíes están preocupados, y muchos programas
represivos están en la agenda, como un enorme sistema de muros,
cercas eléctricas, y canales y trincheras para separar a los palestinos
y aislarlos en ghettos. Un oficial israelí recomendó a sus colegas
estudiar las tácticas de los nazis en la II Guerra Mundial: “Si
la tarea de un oficial israelí es de tomar un campamento de refugiados
o apoderarse de la casbah de Nablus... pues ante todo debe
analizar y aplicar las lecciones de batallas anteriores y hasta
analizar (por repugnante que parezca) las operaciones del ejército
alemán en el ghetto de Varsovia”45. ¿Puede haber una
declaración más clara de que los israelíes consideran “inferiores”
y “no humanos” a los palestinos, tal como sus amos estadounidenses
tratan a los presos en Guantánamo, Cuba, privándolos de sus derechos
fundamentales? ¿Explica esto los números que grabaron en el brazo
de los palestinos hechos preso en marzo en los campamentos de refugiados?
¿Qué provocará esta política en el futuro?
Mientras sus
amos estadounidenses han empujado el debate político aceptable “hacia
la derecha” desde el 11 de septiembre, el gobierno israelí ha cambiado
los términos del debate sobre el “problema palestino”. En los círculos
de la política israelí, y en el gabinete mismo, cada vez más se
habla de “trasladar”, o sea, expulsar a los palestinos de Cisjordania
y tal vez al millón de palestinos que son ciudadanos de Israel.
Esto no es sino una “limpieza étnica”, y en ningún otro país del
mundo es aceptable tal discusión. Los gobernantes sionistas favorecen
fuertemente esta solución porque, con la “limpieza étnica” de 1948,
pudieron fundar el Estado israelí, expulsando con su “jihad judía”
a dos tercios de los habitantes palestinos. A diferencia de Milosevic
de Serbia, bajo proceso por crímenes de guerra y un programa de
“limpieza étnica” mucho menos extenso, los fundadores de Israel
no recibieron ningún castigo pero sí un premio. Así, hoy lo que
algunos israelíes llaman “terminar el trabajo” tiene un gran atractivo:
expulsar a todos los palestinos de su territorio histórico.
Al mismo tiempo,
los imperialistas están prestando cierta atención a otra propuesta
de paz, la del gran amigo de la democracia yanqui, su fiel lacayo
que encabeza los jeques sauditas, el príncipe Abdullah. Al igual
que los planes anteriores, éste sólo beneficiará a Israel y a los
Estados árabes, a expensas de los palestinos.
¡APOYAR
LA JUSTA LUCHA DEL PUEBLO PALESTINO!
Hoy, la lucha
palestina está enlazada con la revolución mundial como nunca antes.
En esta región, las relaciones imperialistas están extremadamente
tensas. Cualquier jugada de una gran potencia puede provocar consecuencias
imprevisibles e indeseables que retumben por todo el mundo, tal
como descubrieron los imperialistas estadounidenses de manera muy
dramática cuando sus jugadas en el Medio y Cercano Oriente tuvieron
muchas consecuencias negativas. Más que nunca, el Medio Oriente,
donde se realiza el 60% de las compras de armas del mundo, es el
“campo minado” del mundo, en que un paso mal calculado puede ser
fatal.
A pesar de
la superioridad militar de Israel, la Segunda Intifada avanza pujante
sin ceder en el campo de batalla. Arden los Territorios Ocupados,
los campamentos de refugiados en El Líbano y más allá. Las oportunidades
y los peligros son mayores que nunca para la lucha en Palestina.
Cuando un periodista occidental le preguntó a un combatiente palestino
si temía la renovada invasión a la Gaza por las fuerzas armadas
israelíes, respondió: “¿Por qué? No tenemos nada que perder”46.
El pueblo palestino
no tiene nada que perder, no le conviene el proceso de paz, y no
tiene nada que ganar con las palabras melosas de los imperialistas,
que sólo ocultan más trampas y callejones sin salida. La lucha palestina
ha asestado golpes a los imperialistas, debilitándolos, y a la vez,
ha fortalecido la lucha de los oprimidos de todos los países, en
particular en los países árabes, en que existe un profundo odio
al imperialismo yanqui. Aunque estos sacrificios aún no han llevado
a la victoria, los avances de la lucha palestina, en particular
al frustrar los acuerdos capitulacionistas de Oslo, han creado mejores
condiciones para el avance de las luchas revolucionarias y de liberación
en todos los países, en especial en Palestina. La lógica de la lucha
palestina es la lógica de la lucha de todos los oprimidos. Como
resumió Mao Tsetung: “Provocar disturbios, fracasar, volver a provocar
disturbios, fracasar de nuevo, y así hasta la ruina: ésta es la
lógica de los imperialistas y de todos los reaccionarios del mundo
frente a la causa del pueblo, y nunca marcharán en contra de esta
lógica.... Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo,
volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria: ésta es la lógica
del pueblo, y él tampoco marchará jamás en contra de ella”.
Los jóvenes
quienes se han tomado las calles de Palestina enfrentan retos formidables,
pues Israel amenaza con una destrucción y carnicería sin precedente.
Pero tienen bases para aprender de las lecciones pagadas con la
sangre y sacrificio de sus antepasados y de las generaciones de
oprimidos de todos los países que han luchado y, en algunas ocasiones
valiosas, han derrotado al odiado enemigo. Han desechado las ilusiones
del proceso de paz. Ya es hora de dejar de lado el pensamiento tradicional
aceptable de las fuerzas de ayer y buscar el arma del maoísmo, la
concepción del mundo de los de abajo en el imperio global imperialista,
de aquellos quienes no tienen nada que perder, el proletariado revolucionario,
y vincularse con sus representantes de las numerosas luchas que
se están librando contra el imperialismo alrededor del mundo, especialmente
con los partidos y organizaciones participantes en el Movimiento
Revolucionario Internacionalista. Con el arma del marxismo-leninismo-maoísmo
y su estrategia militar, la guerra popular, la lucha del pueblo
palestino seguramente se convertirá en una parte poderosa e integral
de la revolución mundial, apresurando el día cuando el imperialismo,
el sionismo y todos sus lacayos encontrarán su fin.
NOTAS
1. La Suprema
Corte israelí aprobó la aplicación de “presiones físicas moderadas”
(tortura) para presos. La mitad de los adolescentes palestinos de
los Territorios Ocupados han pasado un tiempo preso (Alain Gresh,
Israel-Palestine [Israel-Palestina] [Fayard, París, 2001],
pp. 161, 154).
2. Un funcionario
yanqui analizó la opinión pública de los árabes y su impacto en
su campo de maniobra en el Medio Oriente, lamentando: “Cuanto peor
se vuelva la situación entre Israel y los palestinos, menores opciones
tenemos con Irak” (Time, 25 marzo 2002).
3. Un análisis
del contexto y la dinámica de la reestructuración imperialista de
las relaciones de poder sudafricanas se halla en “Relevo de la guardia
en Sudáfrica”, UMQG 1995/20.
4. Edward Said,
The End of the Peace Process [El fin del proceso de paz]
(Granta, Londres, 2000), p. 78.
5. Israel se
queja que sus oponentes palestinos ofuscan la diferencia entre militares
y civiles, y así justifica sus sangrientos crímenes contra civiles
palestinos, pero hace lo mismo en una medida mucho mayor, porque
militariza toda la sociedad israelí y convierte a cientos de miles
de colonos ilegales en personal de apoyo para sus tropas.
6. Marwan Bishara,
Palestine/Israel: Peace or Apartheid [Palestina/Israel: Paz
o apartheid], Zed, Londres, 2001, p. 110; Edward Said, The New
Intifada [La nueva Intifada], editado por Roane Carey, Verso,
Londres, 2001, p. 36.
7. Sara Roy,
“Decline and Disfigurement: The Palestinian Economy after Oslo”
[Declive y distorsión: La economía palestina tras Oslo], The
New Intifada, p. 99.
8. Edward Said,
“Palestine Under Siege” [Palestina bajo sitio], The New Intifada,
p. 28; Bishara, Israel/Palestine, p. 105.
9. Salman Abu
Sitta, “The Implementation of the Right of Return” [El ejercicio
del derecho de regresar], The New Intifada, p. 301.
10. Said, The
New Intifada, p. 28.
11. Edward
Said estima las pérdidas en los primeros seis meses de 2000 en tres
veces el total de las donaciones (The New Intifada, p. 28).
12. Said, The
New Intifada, p. 28.
13. El PIB
israelí es de 100 mil millones de dólares; el palestino, 4 mil millones
(Avishai Margalit, “The Middle East: Snakes and Ladders” [Medio
Oriente: Serpientes y escaleras], New York Review of Books,
17 mayo 2001; Gresh, p. 159).
14. Sara Roy,
The New Intifada, p. 104.
15. Bishara,
Palestine/Israel, pp. 102, 105.
16. Bishara,
Palestine/Israel, p. 109.
17. Mouin Rabbani,
“A Smorgasbord of Failure: Oslo and the Al-Aqsa Intifada” [Ensalada
de fracasos: Oslo y la Intifada de Al-Aqsa], The New Intifada,
p. 77.
18. Lo que
algunos críticos israelíes han llamado, en términos del lenguaje
bíblico, “el pecado original”.
19. Bishara,
Palestine/Israel, pp. 7, 77.
20. Rebasa
el ámbito de este artículo volver a analizar la fundación del Estado
israelí. UMQG 1988/11 dedicó una sección especial a Palestina
y el Medio Oriente, pero es importante mencionar unos recientes
cambios al respecto. Por años, los historiadores israelíes pregonaban
una visión monolítica sobre los sucesos de 1948. Últimamente, en
parte debido a los choques de la Primera Intifada, en Israel se
han abierto grietas en los relatos históricos. Aunque quienes se
llaman los “nuevos historiadores” no han roto con la política israelí
básica, han aceptado ciertas acusaciones hechas desde hacía mucho
por los palestinos. Con material de archivos israelíes antes secretos,
han probado que el ejército israelí aplicó un terror masivo para
expulsar a los palestinos e impedir su regreso tras la guerra (Norman
G. Finkelstein, Image and Reality of the Palestine Conflict
[Imagen y realidad del conflicto palestino], Verso, Londres, 1995).
21. Hasta el
movimiento de paz israelí pone este argumento. Amos Oz, novelista
y fundador del movimiento Paz Ahora en Israel, dijo hace poco: “Jamás
podremos aceptar el regreso de los refugiados al territorio de Israel,
pues eso implicaría la eliminación del Estado de Israel”, pero en
los años 1990 el gobierno israelí admitió a un millón de rusos,
la mitad sin siquiera un padre judío (The New Intifada, p.
172).
22. Hasta un
asesor de Clinton tuvo que hacer esta observación (Hussein Agha
y Robert Malley, “Camp David: The Tragedy of Errors” [Campo David:
Tragedia de errores], New York Review of Books, 9 agosto
2001).
23. UMQG
1988/11 analiza la relación entre el sionismo y el imperialismo
y el funcionamiento de Israel como avanzada del imperialismo yanqui,
y la decisión de la entonces socialista URSS bajo Stalin de reconocer
al Estado sionista y los factores correspondientes, y critica a
la decisión soviética con el maoísmo revolucionario.
24. News
from Within [Noticias desde adentro], diciembre de 2001, Alternative
Information Center [Centro de Información Alternativa], Jerusalén.
25. Said, The
New Intifada, p. 40.
26. La imagen
de David versus Goliat que propagan tan asiduamente los proisraelíes
(“el pequeño Israel versus un mar de árabes”) ha perdido credibilidad
en las dos Intifadas. Y, la información de los archivos que Israel
ha abierto últimamente da unas sorpresas, por ejemplo, que en la
guerra de 1948, la cantidad de tropas israelíes superó a
la de sus oponentes árabes (Gresh, Israel-Palestine).
27. Bishara,
Palestine/Israel, p. 7.
28. El gasto
público de la Autoridad Palestina como porcentaje del PIB subió
de 12% en 1994 a 25% en 1999, reflejo del deterioro de la economía
palestina y del aumento de los fondos para las fuerzas policiales
recibidos del exterior, lo que hizo que la Autoridad Palestina dependiera
aún más de los imperialistas, principalmente los yanquis.
29. Parece
que ante las derrotas de los ejércitos árabes en 1967 y 1973, Arafat
y Fatah concluyeron que había pocas o ninguna posibilidad de derrotar
al Estado israelí-yanqui y que en el mejor de los casos, tendrían
que aceptar la existencia de Israel y contentarse con un miniEstado.
Buena parte del resto de la izquierda palestina rechazó esta conclusión
y formó lo que se llamaba el “frente de rechazo” (UMQG 11/1988).
30. Tras el
golpe de Estado de los años 1950 que revocó la revolución y restauró
el capitalismo, la nueva burguesía soviética contendió con el imperialismo
yanqui en el Medio Oriente. Los socialimperialistas soviéticos utilizaron
las contradicciones entre los gobiernos árabes y los Estados Unidos
y en particular Israel para forjar su propia esfera de influencia.
Pero, sufrieron graves retrocesos, en particular cuando Egipto expulsó
a sus asesores. Tras el acuerdo de 1978 de Campo David, Egipto pasó
directamente al campo estadounidense.
31. Hamas nació
de la Fraternidad Musulmana, que, según Alain Gresh, “en los años
1970 y 1980 recibió ayuda de los servicios secretos israelíes para
combatir a la OLP” (Israel-Palestine, p. 170). El artículo
del 3 de abril de 2002 de Le Monde, “El ejército israelí
golpea más duro a la Autoridad Palestina que Hamas”, explica que
las fuerzas armadas israelíes responden sistemáticamente a los bombazos
suicidas de Hamas golpeando a las fuerzas e infraestructura de Arafat
e insinúa una complicidad implícita entre Hamas y el ejército israelí.
Con frecuencia, éste ha atacado al movimiento islámico armado pero
jamás, según el artículo, a su ala ni instituciones políticas. El
corresponsal concluye que la eliminación de Arafat fortalecería
a Hamas y cita a figuras del gobierno israelí que han hablado a
favor de tal cosa.
32. Véase:
“Islam: Ideología e instrumento de las clases explotadoras”, pp.
58-69.
33. En este
sentido, se parece al Ejército Republicano Irlandés, la ETA vasca
y otras fuerzas nacionalistas, que usan tácticas de terror para
hacer que sea demasiado alto el precio para las fuerzas de ocupación.
34. Justo antes
del inicio de los ataques suicidas, las fuerzas israelíes habían
recibido unos fuertes golpes de la Primera Intifada y de los posteriores
levantamientos de las masas palestinas y por ende hicieron cambios
de estrategia. Ante la Segunda Intifada, Israel desplegó muchos
francotiradores a fin de acabar con los jóvenes lanzapiedras. Muchos
grupos de derechos humanos reportaron niveles muy altos de niños
palestinos muertos y mutilados. Con la nueva estrategia, en la primera
semana, las fuerzas israelíes tuvieron 2 bajas y los palestinos
5 en el primer día, 10 en el segundo y 8, 6, 7 y 6 en los días posteriores
(Margalit, “Snakes and Ladders”). Parece que el mando israelí pensaba
que pudiera disparar a una distancia segura y someter a balazos
a los palestinos, pero no fue así.
35. Hasta el
dócil pelele yanqui, Kofi Anan, presidente de la ONU, tuvo que hacer
unas críticas. Un francotirador israelí dijo: “No es necesario tirotearlos
si tienen menos de 12 años. Está autorizado en el caso de los mayores
de 12. Eso es lo que nos dicen” (Le Monde, 24 noviembre 2000).
36. Citado
en Gresh, Israel-Palestine, p. 27.
37. Seamos
claros: favorecer la destrucción de Israel no significa “empujar
a los judíos hacia el mar”, como dicen muchos sionistas, ni como
se han jactado muchos elementos reaccionarios de los gobiernos árabes,
como la clase dominante saudita. Los sionistas y los jeques feudales
comparten la reaccionaria noción de que los judíos no pueden vivir
en paz con otros pueblos y así necesitan vivir aparte.
38. No obstante,
la tasa de crecimiento de la población palestina aumenta rápidamente,
un hecho ominoso para Israel: la mitad de los palestinos son menores
de 18 años (Bishara, Palestine/Israel, p. 39).
39. Bishara
buscaba tal “tercer vía”, que describió como “evitar o la claudicación
o la guerra”. No obstante, el gobierno suspendió su inmunidad parlamentaria
y lo acusó de apoyar al terrorismo (News from Within, diciembre
de 2001).
40. Una posible
aplicación de los principios de la guerra popular maoísta a esta
región y de las posibilidades de luchar contra el Estado israelí-yanqui,
por ejemplo, mediante una rebelión en un Estado aliado como Egipto,
de modo que los israelíes tengan que salir de su territorio nacional
y desplegar sus fuerzas de manera que sean más vulnerables al ataque,
se halla en: “¡Ahoguemos a los invasores yanquis en un mar de guerra
popular!”, UMQG 1991/16.
41. Israel
libra guerras de decisión rápida con tácticas relámpagas, como en
la Guerra de Seis Días, pero quedó al descubierto su vulnerabilidad
en los prolongados combates con que tropezó en su invasión del Líbano.
Al final, se batió en una retirada vergonzosa.
42. Bishara,
Palestine/Israel, p. 99.
43. Como los
emigrantes rusos tienen tan pocas raíces judías, los rabinos israelíes
muchas veces no permiten que los entierren como judíos (Gresh, Israel-Palestine).
Un estudio a fondo del carácter de Israel y los judíos se halla
en UMQG 1988/11. En general, los rusos tienen mucha educación
y han dado un gran impulso a la economía israelí.
44. Los imperialistas
usan su Poder de manera sistemática para generar “situaciones irrevocables”
como lo ha hecho Israel en Palestina. Aunque Palestina es única,
tras la II Guerra Mundial los imperialistas aplicaron ciertas medidas
similares para repartir el mundo, en particular en Vietnam, Corea
y Alemania. El imperialismo estadounidense buscó establecer, en
una zona importante de esos países, una entidad independiente, históricamente
legítima. Prestigiosos académicos estadounidenses predicaban que
Vietnam del Sur siempre tuvo cierta existencia separada del Norte
y que en verdad no era parte de la misma nación. La mentira de tal
propaganda salió a flote cuando el ejército yanqui fue derrotado
en el campo de batalla, al igual que los fusiles de la resistencia
palestina reventaron la mentira sionista de una “tierra sin un pueblo
para un pueblo sin una tierra”.
45. Robert
Fisk, The Independent, 30 marzo 2002.
46. Guardian,
7 marzo 2002.
Manifestaciones en apoyo al pueblo palestino y contra el terror
israelí
Estalló la furia
popular por todo el mundo contra la asesina escalada de la ocupación
israelí de Cisjordania y la Gaza: en el Medio Oriente y los países
árabes, de Irak a Europa, manifestantes se tomaron las calles y
en muchos países, combatieron a la policía cerca de embajadas yanquis.
En Roma el 10 de marzo de 2002, 100.000 manifestantes apoyaron a
los palestinos bajo un aguacerazo. En Francia, país con mayor población
de árabes y judíos de Europa, decenas de miles de personas de muchas
nacionalidades se tomaron las calles de París coreando "Todos
somos palestinos". El 6 de abril de 2002, se duplicó esa cantidad
en París, y en otras ciudades francesas, grandes multitudes corearon
"¡Bush-Sharon, asesinos!". En abril de 2002, miles protestaron
en Londres, Amsterdam y otras ciudades europeas; en Egipto, Turquía
y Jordania, masas enardecidas combatieron a las autoridades. También
ha habido manifestaciones en los Estados Unidos, por ejemplo, Detroit,
donde viven miles de personas de origen árabe y hasta el rancho
texano de Bush, donde se protestó contra la amenaza de invadir a
Irak y por un fin a la ocupación israelí.
"Los
expulsaremos y ocuparemos su lugar"
-David Ben Gurion,
sionista laborista y fundador del Estado israelí, de una carta a
su hijo, 1937
Ariel Sharon:
"Carnicero de Beirut"
En 1982, las
Fuerzas de Defensa Israelíes, al mando del general Ariel Sharon,
invadieron al sur del Líbano a fin de someter a las fuerzas de resistencia
palestinas que se habían reagrupado ahí, entre ellas Yasser Arafat
y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Los israelíes
usaron a los falangistas cristianos, una fuerza nacionalista libanesa
cuasi-fascista, como socios menores en la invasión. Tras un prolongado
y cruento sitio de Beirut, en que murieron de 10 a 20 mil civiles,
principalmente debido a los bombardeos israelíes, la OLP eligió
no entrar a un combate decisivo y abandonó Beirut; miles de combatientes
se fueron a Tunicia. Dejó atrás miles de mujeres, niños y ancianos
en los vastos campamentos empobrecidos. El ejército israelí rápidamente
los cercaron. El 16 de septiembre de 1982, el ejército israelí dejó
que los fuertemente armados falangistas cristianos entraran a dos
importantes campamentos de Beirut, Sabra y Chatila, donde pasaron
horas masacrando a los refugiados palestinos desarmados. Cuando
por fin se fueron, de nuevo con la protección de tropas israelíes,
habían masacrado a cientos (la mayoría de los informes indican 600-800
o más). Poco antes de celebrar una audiencia sobre crímenes de guerra
en Bélgica para tratar la responsabilidad de Ariel Sharon en estas
masacres, el testigo principal murió de un coche-bomba en Beirut,
en "circunstancias misteriosas".
La pregunta
que algunas fuerzas israelíes proEstados Unidos no quieren escuchar
es: ¿Es Ariel Sharon el primer ministro de Israel a pesar de su
papel en esa masacre o debido a su papel de supervisarla?
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