UN MUNDO QUE GANAR
 

 

Palestina en las primeras filas

V. K. Sin

Al cierre de esta edición, a mediados de abril de 2002, Israel sigue volviendo a ocupar los principales poblados de Cisjordania, en su mayor operación militar desde la invasión de Beirut en 1982. Los palestinos han opuesto una férrea resistencia y recibido mucho apoyo del pueblo progresista del mundo. Pese a las tentativas israelíes de impedir la presencia de periodistas y socorristas, los testigos comienzan a informar sobre los cientos de personas masacradas en el campamento de refugiados Jenin y de que los israelíes, con niveladoras, los enterraron, vivos o muertos. Israel tirotea a las ambulancias y personal médico, lo que impide rescatar a los heridos (un crimen de guerra según la Convención de Ginebra).

Ante el aumento de la furia en todos los países, el gobierno yanqui ha sido casi el único que apoya sin reservas a su perro de ataque en la región. Yasser Arafat, antes el “socio de paz” de los Estados Unidos e Israel, está aislado en lo que queda de su cuartel, y los tanques israelíes le controlan el suministro de agua. Israel le negó permiso al alto representante de la Unión Europea para entrevistarse con Arafat.

El gobierno yanqui le dio su aval “antiterrorista” al Estado israelí, con lo que éste tiene inmunidad mientras desate horrorosos crímenes contra el pueblo. Ante el diario aumento de la indignación en todos los países, Bush tuvo que disfrazar con palabras engañosas su descarado apoyo al “derecho de defensa de Israel”: pidió públicamente que Sharon se retire de los poblados de Cisjordania pero dejó en claro que éste tendría el tiempo que fuera necesario para terminar su trabajo sucio. Colin Powell se entrevistó con Arafat; lo dejó a su suerte mientras siguen las atrocidades israelíes contra su cuartel y el resto de la Palestina ocupada.

Aunque los Estados Unidos e Israel tienen un poderío abrumador de su lado, sus actos hacen extenderse e intensificar el odio y la resistencia de millones de personas del Medio Oriente y del mundo y tal vez desaten sucesos que ni amo ni títere pueda dominar. – Un Mundo Que Ganar

La lucha de Palestina está en su coyuntura más crítica desde 1948. Al fin de marzo de 2002, Israel lanzó la mayor incursión en los Territorios Ocupados (Cisjordania y la Gaza) desde 1967, región de la que se retiró hace unos años tras el acuerdo de Oslo. Desde el inicio de la Segunda Intifada (“levantamiento”) en septiembre de 2000, ha habido 1.200 muertos y miles de heridos del lado palestino, y la agresión israelí sigue cobrando más víctimas. Con la inmensa potencia de fuego israelí, los cazas F-16 bombardean y siembran terror sobre las ciudades de Palestina y, en una batalla muy desigual, tanques recorren los campamentos de refugiados y ciudades abriendo camino de entre la lluvia de piedras que les lanzan los valientísimos jóvenes en las calles de Palestina. Han estado reduciendo a escombros a Ramallah, a veces llamada la más bella ciudad de Palestina y cuartel simbólico de la Autoridad Palestina. Israel detiene y mata a sangre fría a las fuerzas de seguridad palestinas; encierra en sus penales a miles de palestinos y los tortura a diario con el aval de los tribunales1. El primer ministro israelí Sharon se jacta de que “someteremos a golpes a los palestinos”, que les daremos a “los salvajes” una lección y pide públicamente a su amo yanqui permiso para asesinar a Yasser Arafat, encerrado y rodeado en su cuartel de Ramallah por tropas y tanques israelíes. Independientemente de quien tenga el dedo en el gatillo, la sangre del pueblo palestino está en las manos de los imperialistas estadounidenses, cuyo apoyo incondicional es indispensable para la existencia de Israel.

Los palestinos han respondido provocando 400 bajas del bando israelí y mostrando al mundo, y a Israel, que jamás aceptarán vivir bajo el yugo del Estado sionista-imperialista. La mayor represión israelí contra Palestina entraña muchos peligros: provoca protestas en todo el mundo, en especial en los vecinos países árabes. Es posible que se desaten sucesos que se salgan de su control y lo enfrasquen en un conflicto mayor que no pueda manejar. Tal vez, en las palabras de Mao Tsetung, han levantado una piedra sólo para dejarla caer sobre los propios pies.

La lucha de los palestinos ha roto una y otra vez el puño de hierro israelí, irrumpiendo en las primeras planas de la prensa del mundo y trastornando los planes de los imperialistas para la región2. Su lucha ha prendido resistencia, atizado las llamas de la liberación e inspirado a los oprimidos de todos los países. Pero su población no es mayor que la de un barrio obrero del sur centro de Los Ángeles o de una ciudad mediana como Milano o Hyderabad. ¡Qué milagros podrían plasmar la furia y la determinación que arden en el corazón del pueblo palestino!

Hoy, mientras el proletariado apenas vuelve a subir al escenario mundial y emprende la lucha titánica por derrotar a los más poderosos reaccionarios de la historia y cumplir la misión histórica mundial de arrancar de raíz la opresión y explotación, y los grandes bastiones de la revolución proletaria, la URSS y China, han caído en manos del enemigo, el pueblo palestino ha entrado una y otra vez a la batalla desigual contra el gobierno israelí-yanqui. Con la fuerza del valor nacido en una causa justa, han entregado muchas hijas e hijos en un combate desigual contra una fuerza muy superior y hecho valiosísimos aportes a la causa de la revolución mundial: ante todo, han distinguido entre enemigo y amigo ante los ojos de los oprimidos del mundo, echado por tierra la pretensión del gobierno yanqui de ser el representante del “progreso” en la región y mostrado que éste apoya firmemente a la reacción y la subyugación nacional. Asimismo, ha echado por tierra su argumento de que su títere regional israelí es una isla de civilización y democracia en un mar de “árabes atrasados” y puesto al desnudo la cruel y reaccionaria esencia del Estado sionista.

El veredicto de que la causa palestina es una causa justa y de que la causa israelí-estadounidense es injusta, se ha grabado con sangre y fuego en el corazón de los oprimidos del mundo. Cada crimen que comete el Estado israelí-yanqui contra los palestinos, así como cada piedra lanzada o bala disparada en la lucha de los palestinos, confirma el veredicto. Hoy, en medio de la cruzada belicista del imperialismo en el Medio Oriente, la férrea lucha de los palestinos da un claro mensaje a los progresistas del mundo de que esta cruzada es injusta y que ésta será solamente una guerra injusta más.

Hace unos cuantos años, los imperialistas esperaban y tal vez creían que la situación les resultaría distinta en el Medio Oriente. Juntaron fuerzas para fraguar el acuerdo de Oslo, con grandes promesas de paz, independencia y prosperidad para el pueblo palestino, acuerdo sellado en los jardines de la Casa Blanca en 1993 entre Arafat, por Palestina, e Yitzhak Rabin, por Israel, con el aval del presidente yanqui Clinton. Los imperialistas presionaron por el acuerdo con el gancho de un autogobierno en la forma de la “Autoridad Palestina” y amenazas de mayor represión en la forma de tropas de choque israelíes. La Segunda Intifada representa el inconfundible rechazo a la paz de los imperialistas y desenmascara poderosamente las mentiras y los engañosos argumentos que la sustentan. Si bien Arafat y Rabin recibieron el premio Nobel y alabanzas de la comunidad internacional oficial, lo que esta paz ha traído para Palestina es pobreza, represión y humillación nacional. Ahora, los imperialistas han tropezado con una férrea rebelión de un pueblo insumiso, cuyas llamas no pueden apagar fácilmente.

ANTECEDENTES DEL ACUERDO DE OSLO

El derrumbe del bloque soviético hace una década y el ascenso del imperialismo yanqui como superpotencia única del mundo requirieron la reestructuración de las relaciones de poder, en particular en algunos puntos candentes del mundo. Sin las trabas de su antiguo rival, el imperialismo yanqui lanzó un dramático ataque en la guerra del Golfo contra Saddam Hussein de Irak, en plan de reafirmar su hegemonía mundial y amenazar a los gobiernos tercermundistas recalcitrantes. Un importante factor hoy es que las fuerzas políticas antes afiliadas con la Unión Soviética, como el Congreso Nacional Africano de Sudáfrica, los sandinistas de Nicaragua y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), ya no representan la misma amenaza a los intereses estadounidenses. Por eso, se han fraguado “procesos de paz” en Sudáfrica, América Central, el territorio kurdo de Irak y Palestina.

En Palestina, el imperialismo yanqui procuró responder a los golpes de la Primera Intifada y, luego, tras los éxitos de su victoria contra Irak, imponer nuevos arreglos para generar mayor estabilidad en esta región tumultuosa. Pero este proceso de paz tuvo ciertas diferencias importantes, pues no se pudo amenazar ni modificar la supremacía israelí incondicional. Durante décadas, la avanzada sionista ha sido la piedra angular de la estructura de la dominación imperialista yanqui en la región, y ha obedecido fielmente a los intereses imperiales yanquis mediante guerras reaccionarias e intervenciones asesinas y es su principal “policía regional”, como el presidente Nixon solía describir a sus lacayos.

Y, los enormes recursos petrolíferos de la región aún son vitales para la economía mundial y por ello, la región tiene una importancia estratégica sin par. El gobierno yanqui no tiene planes de hacer nada que socave el papel israelí en las actuales relaciones de poder bajo su control; más bien, con su cruzada belicista contra el mundo, necesitará utilizar más que nunca a sus gendarmes regionales, en especial, Israel.

Aunque el relevo de la guardia que se dio en Sudáfrica (que no tuvo que ver con la liberación de las masas) fue parte de una reestructuración de las relaciones de poder, no es parte del plan para Palestina3. Una estipulación importante del acuerdo de Oslo estableció un aparato represivo palestino para satisfacer la demanda israelí de controlar a la población insumisa.

OSLO: TEORÍA Y REALIDAD

Se decía que con el acuerdo de paz de Oslo, Israel y Palestina trocaban tierra por paz. O sea, Israel se retiraría de algún territorio palestino que había ocupado, y Palestina reconocería la legitimidad de Israel y dejaría de atacarlo. Y así, Israel podría normalizar sus relaciones con los Estados árabes.

Primero, ninguna cláusula de Oslo ni ningún otro acuerdo jamás puso en tela de juicio las fronteras de Israel de antes de la guerra de 1967 contra los gobiernos árabes. Es decir, Israel aceptó negociar solamente el 22% de la Palestina histórica que ocupó en 1967, principalmente Cisjordania y la Gaza. Así, la máxima concesión en las negociaciones dejaría a Israel ocupando el 78% de la Palestina histórica, o sea, la Palestina tal como existía bajo la ocupación británica hasta el fin de la II Guerra Mundial (el llamado Mandato Palestina).

Según esta “concesión máxima”, la paz de Oslo daría a los tres millones de palestinos que hoy viven en la Gaza y Cisjordania, cierta forma de gobierno formal en menos de una cuarta parte de la Palestina histórica, e Israel (cuya población judía no constituía más de un tercio de la población antes de 1948 y sólo 5% de la población a fines del siglo 19, antes de las grandes olas de migración patrocinadas por el imperialismo) ocuparía más del 75% del país. Es más, estas cifras no cuentan a los tres millones de refugiados palestinos que no viven en los Territorios Ocupados ni en Israel.

No obstante, en todas las negociaciones los israelíes se negaron a ceder un ápice de la Palestina histórica constituida en los Territorios Ocupados. El origen de su negativa explica con precisión de qué se trata el proceso de paz de Oslo.

Israel insiste en quedarse con las partes de los Territorios Ocupados en que tiene los “asentamientos ilegales” fuertemente fortificados que ha construido y armado desde hace décadas con el fin de fortalecer su dominación militar de la mayor parte de los Territorios Ocupados. (Fuera de los medios informativos imperialistas, estos asentamientos se llaman “ilegales” porque contravienen las resoluciones de la ONU y la Convención de Ginebra, que prohíben los asentamientos en territorios bajo ocupación militar. Usamos la expresión “ilegal” en este artículo sin avalar la legalidad o la justeza de los asentamientos previamente existentes.) El acuerdo de Oslo estipuló la división de los Territorios Ocupados en tres categorías: la zona A (17.2%) en que la Autoridad Palestina supuestamente gobierna y administra la seguridad; la zona B (23.8%) en que la Autoridad Palestina gobierna pero hay un aparato de seguridad conjunto, lo que implica que en los hechos, Israel controla la seguridad; y la zona C (59%) en que Israel gobierna y administra la seguridad4. Israel ha estructurado las zonas de modo que las “B” colindan sistemáticamente con las “A”, y que las “C” colindan con las “B” en puntos claves. Israel ha cercado a las zonas bajo control palestino con una red de fortificaciones en puntos de control cruciales.

Los asentamientos son grandes fortalezas rodeadas de alambre de púas, cercas eléctricas y otros mecanismos protectores, con una fuerza de voluntarios que tienden a tener un alto nivel de dedicación ideológica a la causa sionista. Con el señuelo de viviendas fuertemente subvencionadas y otras prebendas materiales, los colonos se trasladan a las líneas del frente, al igual que los colonos del viejo Oeste estadounidense se tragaron la promesa de tierras gratis. Todos los colonos reciben fusiles y con frecuencia, en chusmas de linchamiento, reparten una “justicia” estilo nazi en las calles. Además, los asentamientos son centros de logística: puestos de avanzada seguros que usan las fuerzas armadas israelíes para espiar, movilizarse para lanzar ataques (como los escuadrones de la muerte élites) y posicionar artillería. Por ejemplo, el cuartel de Arafat fue bombardeado por artillería ubicada en un asentamiento ilegal5.

Estas guarniciones están entrelazadas con lo que se llaman “caminos de circunvalación”, porque pasan de lado las zonas en que vive la gran mayoría de los palestinos de la zona y entrelazan directamente los asentamientos y el propio Estado israelí. Un objetivo importante es facilitar el desplazamiento rápido de tropas, con un método similar a la red de fuertes que las fuerzas armadas estadounidenses construyeron en el Oeste para someter a los indígenas, si bien en una zona geográfica mucho más reducida. Hoy, ningún palestino de los Territorios Ocupados vive a más de 10 km de una forma de territorio controlado por Israel. La población palestina está dividida en siete enclaves separados en Cisjordania y no puede desplazarse libremente ni siquiera en los Territorios Ocupados. Tienen que pasar por retenes en que los israelíes los someten a revisiones y largas esperas degradantes. Es como una cárcel: aunque los presos tienen la gran mayoría del espacio, con un pequeño espacio los carceleros mantienen un control total.

Los asentamientos ilegales también son parte del plan israelí de establecer una presencia “irrevocable” en mayores partes de Palestina. Hoy, el 40% de la Gaza lo ocupan los asentamientos en que viven menos de 1% de la población de la zona. Durante el proceso de Oslo, tanto bajo el gobierno del Likud como el laborista, creció constantemente la población de los asentamientos ilegales. Desde Oslo, se ha acelerado el ritmo de la colonización ilegal y hoy viven 200.000 colonos ilegales en la Gaza y Cisjordania y casi 200.000 en Jerusalén. Israel los ha construido en violación de las resoluciones de la ONU y en contra de las condenas surgidas en todo el mundo, salvo de los imperialistas yanquis.

Israel ha aplicado la misma política en Jerusalén. Aunque la ONU la ha declarado una “ciudad abierta” por ser un lugar histórico de tres religiones importantes del mundo, Israel le ha impuesto su propia ley, anexionado zonas palestinas de dentro y fuera de la ciudad, construido nueva vivienda y llevado 200.000 colonos ilegales para formar una presencia judía mayor en la ciudad y fortalecer su control ahí.

Así, Israel ha utilizado el proceso de paz para fortalecer su posición militar en los Territorios Ocupados mediante asentamientos ilegales y la división y debilitamiento de la cohesión interna de las zonas palestinas. Pero el proceso de Oslo también estableció otro mecanismo para controlar a los palestinos (o, como las negociadores israelíes y la prensa imperialista decían, para “asegurar la seguridad de Israel”): la Autoridad Palestina.

Palestina es uno de los Estados del mundo con mayor vigilancia policial: 35.000 agentes por tres millones de habitantes, o una tasa per cápita cuatro veces mayor que en Israel6. Los policías palestinos sólo tienen armas ligeras, pero cuando Israel abordó un barco que llevaba una cantidad de fusiles que superó a lo que recibe a diario de los Estados Unidos, se enfureció. El objetivo primordial de esta fuerza policial con poco armamento es asegurar la capacidad de la Autoridad Palestina de controlar a su propia población y, a su vez, prevenir ataques contra Israel. En los años iniciales tras Oslo, Arafat y la Autoridad Palestina hicieron precisamente eso: usaron los fusiles y los penales de la Autoridad Palestina contra el pueblo palestino. En esos años, el imperialismo yanqui y los sionistas pensaban que el proceso de paz “iba bien”.

Las principales estipulaciones del acuerdo de Oslo establecieron y legitimaron acuerdos que pusieron a Palestina en una posición subordinada y dependiente. El papel básico del gobierno palestino que Israel permitiera, sería mantener bajo control a su propia población.

ECONOMÍA PALESTINA: SUBORDINACIÓN MILITAR

El acuerdo de Oslo no ha traído la prometida autonomía de la economía palestina sino su mayor dependencia de Israel.

Es “normal” que un país capitalista cree, aliente e imponga tales relaciones de dependencia en los países oprimidos con que colinda. La diferencia de este caso es que la explotación económica de Palestina no es una prioridad importante para Israel.

Como señalamos, Israel ha dividido las zonas palestinas en enclaves separados y, con su dominación militar, ha impedido el desarrollo de una economía palestina articulada y fomentado una estructura de sectores económicos separados. El proceso ha avanzado tanto que, según un economista, “para 1998, se había cesado casi toda la actividad comercial, demográfica y física entre Cisjordania y la Gaza”7.

Por ello, la economía palestina depende fuertemente de sus relaciones económicas con Israel. La gran mayoría de las exportaciones palestinas va a Israel (88%) y los territorios palestinos son el segundo receptor de las exportaciones israelíes, después de los Estados Unidos. E Israel es la principal fuente de inversiones de capital en Palestina8. El proceso de paz trajo la construcción de maquiladoras (tristemente célebres en la frontera mexicano-estadounidense) en Palestina. Israel le “vende” componentes a subcontratistas palestinos, quienes los ensamblan con mano de obra palestina barata y los “revenden” a Israel a cambio de las ganancias. Así, ha nacido una pequeña clase de empresarios palestinos que dependen exclusivamente del comercio con Israel y de la superexplotación de la mano de obra palestina barata, principalmente de mujeres, en estas maquiladoras, en que el salario promedio es 3 dólares al día (o sea, menos de un décimo del salario de un trabajador de producción israelí).

Palestina depende tanto de Israel, en parte, porque éste se le robó casi todo su territorio quitándole sus principales medios de subsistencia y creando una nación de refugiados. Hoy, 50 años después, el 60% de los palestinos aún son refugiados9. Con su ocupación de la Gaza y Cisjordania, no más durante la Segunda Intifada Israel ha arrebatado los recursos económicos de Palestina, destruido la mitad de sus olivares y arrancando miles de árboles.

Aparte de controlar el transporte, Israel controla el agua de la región entera y utiliza la mayor parte del agua para sus asentamientos ilegales. Los palestinos de la Gaza no tienen agua entubada ni instalaciones sanitarias, pero en los vecinos cerros, colonos nadan en albercas y riegan jardines de rosas. El 80% del agua de los Territorios Ocupados va a los ciudadanos judíos y solamente el 20% a los palestinos, si bien éstos son mucho más numerosos10. En los Estados Unidos, los políticos y la prensa se entusiasman por el “milagro” del “desierto que florece” en Israel, pero los naranjales palestinos eran famosos muchos siglos antes de la ocupación israelí. Israel le debe el secreto de la productividad agrícola no tanto a su ingenio sino a su robo de los recursos palestinos y a los miles de millones de ayuda imperialista.

Cuando Israel quiera golpear a Palestina, aprieta el control del transporte, agua y comunicaciones para paralizar a los Territorios Ocupados y su economía. La economía palestina pierde mucho más a causa de esta situación de lo que recibe de los países donantes11. Entre 1993 y 1996, Israel suspendió casi un día de cada tres toda la actividad física y económica de Cisjordania y la Gaza, lo que provocó devastadoras pérdidas económicas y desalentó casi toda inversión extranjera12.

Desde Oslo, la economía israelí prosperó y su Producto Interno Bruto (PIB) creció 50% entre 1995 y 1999 (el PIB per cápita es de 17.000 dólares hoy); el PIB per cápita palestino cayó 20-30% entre 1993 y 1999 y ahora es de menos de 10% del israelí (1.350 dólares)13. La tasa de desempleo ha disparado en los Territorios Ocupados (40% hoy en la Gaza). Y el 80% de los palestinos de la Gaza vive por debajo del umbral oficial de pobreza y destina el 58% de sus ingresos a alimentos14. Israel ya no contrata tanto a los trabajadores palestinos migrantes, sino importa 300.000 de Rumania, Tailandia y otros países y expande su red de maquiladoras15.

Esta dependencia también ha envuelto a la Autoridad Palestina, el “representante” del pueblo palestino. La ayuda estadounidense y europea, el ascenso de un sector de compradores palestinos y las trabas que impone el gobierno israelí-yanqui a la economía palestina han engendrado una situación en que la Autoridad Palestina responde cada día más a fuerzas externas. A instancias de los Estados Unidos e Israel, un tercio del presupuesto de la Autoridad Palestina se destina al aparato de seguridad (una cantidad mayor que el total destinado a los servicios de salud, educación y sociales). Un comentarista palestino resumió que la Autoridad Palestina “respondía más a Washington, Israel y el Banco Mundial, que a sus propios ciudadanos”16.

Se dice que el proceso de paz traería el desarrollo de un Singapur del Medio Oriente, pero ha traído lo que un comentarista describió como un “Soweto en el Mediterráneo”17. Mientras tanto, Israel ha prosperado. Desde hace mucho, los partidarios de Israel y del proceso de paz imperialista dominan el arte de observar a un hombre obeso y bien comido y a un hombre flacucho y desnutrido que viven en el mismo lugar, y de deducir que no hay relación entre la condición del uno y la condición del otro.

EL DERECHO DE REGRESAR

Israel no admite la negociación del derecho de regresar de los refugiados palestinos. Es “impensable”, pues toca lo prohibido: el crimen que engendró el Estado israelí-imperialista18.

La ONU tienen a 3.7 millones de refugiados registrados, es decir, la mayoría de los palestinos. De 3 a 4 millones de palestinos aún viven fuera de la Palestina histórica. Más de un millón aún viven en campamentos de refugiados: 400.000 en El Líbano, una cantidad mayor en Siria y la mayoría de los palestinos de la Gaza19. La mayoría de los refugiados vive en extrema pobreza y la vida de quienes trabajan en otros países es precaria, como los 300.000 trabajadores migrantes expulsados de Kuwait tras la guerra del Golfo. La existencia de los refugiados nos recuerda constantemente que el ejército de colonos israelíes expulsó a los habitantes originales del territorio, los palestinos, y lo colonizó para sí mismo20.

El proceso de Oslo jamás tocó el derecho de regresar de los refugiados. Importantes voceros israelíes han reiterado que el gobierno no puede aceptar esa demanda, aceptada en foros internacionales, porque eso acabaría con Israel tal como existe hoy21. El argumento de los sionistas acepta tácitamente que la fundación de Israel se basó en el robo de la tierra de otro pueblo y de su expulsión.

Que los imperialistas y los sionistas se nieguen a abordar el problema de los refugiados es garantía de que no habrá paz en el Medio Oriente.

El acuerdo de Oslo ha dado resultados tan unilaterales como las estipulaciones originales. En los 9 años desde Oslo, los palestinos han padecido mayor empobrecimiento, encarcelamiento y un cerco de más asentamientos israelíes ilegales, pero Israel trata a los líderes palestinos elegidos como el alcaide al representante de los presos. Desde Oslo, el gobierno israelí-yanqui ha ejercido el Poder para cambiar repetidamente los términos de las negociaciones: ofrecer una retirada de cierto porcentaje de los asentamientos, y a la vez construir más asentamientos ilegales, de modo que, en caso de alcanzar un acuerdo, la cantidad de colonos que seguían en los Territorios Ocupados crecería22. Lo que se firmó en los jardines de la Casa Blanca no fue un acuerdo entre dos países iguales ni un proceso neutral de toma y daca, sino la rendición del liderato de una pequeña nación a la mucho más poderosa fuerza de ocupación.

IMPERIALISMO YANQUI: EXPERIMENTADO ESTAFADOR JUEGA A “NEGOCIADOR HONRADO”

El imperialismo estadounidense lleva años presentándose como un “negociador honrado” por encima del conflicto en Palestina, pero siempre ha dado su apoyo incondicional al Estado de Israel23.

He aquí dos aspectos aleccionadores del apoyo yanqui a Israel. Uno, el voto en la Asamblea General de la ONU acerca de Palestina por lo general ha sido de 100 a 2, siendo los 2 muchas veces los Estados Unidos e Israel (por eso, entre otras cosas, el Consejo de Seguridad –en que los Estados Unidos tiene poder de veto– rige la ONU). Desde 1983, los Estados Unidos ha vetado 20 resoluciones de condena a las prácticas israelíes en Palestina y tres más sobre los Territorios Ocupados. Y ha vetado dos mociones a favor de la aplicación de la Convención de Ginebra en los Territorios Ocupados y hace poco, bloqueó la presencia de observadores internacionales24. El segundo, de mayor importancia, es que el gobierno yanqui da más ayuda militar y económica a Israel que a ningún otro país y lo ha hecho por décadas. Desde 1967, le ha dado más de 92 mil millones de dólares y en 2000, dio más de 5 mil millones (más de mil dólares por judío israelí)25. Ha dado esta ayuda desde los años de Nixon para asegurar que Israel tenga todas las ventajas militares posibles, en especial en el combate aéreo, y que tenga la capacidad de fabricar buena parte del armamento ligero que necesita26.

Ciertos observadores, en especial de Europa, tienden a ver el conflicto en términos de un Israel con apoyo yanqui versus una Autoridad Palestina con apoyo europeo. Señalan, a veces a propósito, la ayuda sustancial de la Unión Europea, el gran número de ONG europeas que trabajan en los Territorios Ocupados y los bombardeos de las fuerzas israelíes a los edificios palestinos pagados con la ayuda europea. Eso tiene algo de verdad, pero los Estados Unidos ha dado más ayuda económica a la Autoridad Palestina de lo que se reconoce comúnmente: 3 mil millones en 1993-200027. Así, Palestina figura entre los principales receptores de la ayuda yanqui. Esta ayuda tiene dos fines: asegurar que la Autoridad Palestina sea capaz de jugar el papel que estipula los acuerdos de Oslo (principalmente controlar a la población palestina); y alentar un sector de compradores y una clase media (con muchos empleados en las ONG). Estos sectores, que están vinculados con el occidente, constituyen un amortiguador contra la rebelión de los de abajo. Aunque la ayuda yanqui a Israel es mucho mayor que la que recibe Palestina, y en gran parte se destina al aparato militar (lo que se prohíbe de plano en el caso de los palestinos), con su política de dar mucha ayuda a los dos bandos el imperialismo yanqui quiere asegurar que ninguna otra potencia grande juegue un papel importante en esta región crítica28.

LOS FUNDAMENTALISTAS ISLÁMICOS DE PALESTINA Y EL ESTADO LAICO Y DEMOCRÁTICO

En los años 1960, el movimiento de liberación palestina planteó que la meta de la lucha era la destrucción del Estado sionista de Israel y en su lugar construir un Estado laico y democrático en Palestina, Estado en que todos los ciudadanos sin considerar su religión serían tratados como iguales. Hay un contraste marcado entre este planteamiento y la orientación teocrática de Israel que, como “Estado judío”, no incluye a los ciudadanos palestinos en asuntos importantes y discrimina abiertamente contra ellos. La meta de un Estado democrático y laico ganó el apoyo de la China maoísta y muchos países más, y fue un símbolo de la precursora visión de las fuerzas de liberación palestina. Éstas se negaron a caer al mismo nivel que sus enemigos imperialistas‑sionistas y a dejarse arrastrar por la dinámica de limitar su visión a la de sus oponentes.

Como parte de entrar en el proceso de paz de Oslo fraguado por los imperialistas, Yasser Arafat dirigió al liderato de la resistencia palestina a repudiar este logro histórico. Desde 1974, Arafat puso claro que aceptaría un “miniEstado” dentro de una pequeña parte de la Palestina histórica, pero en esa coyuntura histórica le fue imposible a Israel y a los Estados Unidos aceptar su capitulación29.

Además del deseo de Arafat de acomodarse con los imperialistas, otros factores influyeron en el lanzamiento del proceso de Oslo. Primero, el colapso de los socialimperialistas soviéticos, y la campaña mundial de los imperialistas que usaron el derrumbe del revisionismo soviético para atacar al comunismo y a la revolución en general, llevaron al debilitamiento de las fuerzas radicales y laicas en el movimiento de liberación palestina30. Un factor que propició este debilitamiento fue que una buena parte de la izquierda palestina no practicaba la teoría maoísta de apoyarse en las propias fuerzas, pintaba a los socialimperialistas soviéticos como amigos de la lucha palestina, y así se dejaron hacerse dependientes de la ayuda del “gran hermano” soviético y de sus aliados regionales como la Siria de Assad, y de la ayuda económica de los regímenes árabes abiertamente reaccionarios.

El escenario para el proceso de paz de Oslo se dio gracias a esos acontecimientos y al surgimiento de los Estados Unidos como superpotencia única en el mundo, su paliza a Irak durante la guerra del Golfo, y diversos “acuerdos de paz” fraguados por los imperialistas (por ejemplo, en Sudáfrica), por un lado; por el otro, la capacidad del Estado israelí de seguir manteniendo la paz con los principales regímenes árabes y su necesidad de estabilidad en la región.

Esta misma dinámica y en particular el debilitamiento de la izquierda palestina, crearon terreno fértil para que prosperaran las fuerzas islámicas. Éstas también crecieron en reacción a la mayor penetración imperialista en la región, que trajo una opresión más intensa para una mayor cantidad de las masas árabes, y en oposición a Israel.

Las fuerzas islámicas crecieron de manera espontánea, pero también contaron con el apoyo consciente y cínico de los imperialistas y sionistas. En los años 1980, el ejército israelí invadió brutalmente a El Líbano a fin de expulsar a las fuerzas centradas en el OLP. Así, las fuerzas islámicas fundamentalistas podían llenar el vació de poder que quedó. El ejército israelí apoyó deliberadamente esta situación, pues veía en las fuerzas islámicas un “mal menor”, en comparación con las fuerzas radicales laicas a que había estado combatiendo tan férreamente muchos años31. En este mismo período, los imperialistas yanquis daban muchísima ayuda a las fuerzas islámicas de Afganistán, lo que repercutió e impulsó a las fuerzas islámicas en toda la región. Irónicamente, ese estímulo coincidió con la maduración de las condiciones para un acuerdo con las fuerzas laicas en torno a Arafat, y así preparó el escenario para que las fuerzas islámicas se fortalecieran como los oponentes al régimen israelí-yanqui.

Así, las fuerzas islámicas sacaron provecho del amplio descontento con las fuerzas laicas prooccidentales, y atrajeron a algunas masas que querían combatir a Israel.

Por combativos que parezcan los grupos Hamas y Jihad Islámica, sus programas no llevarán a la derrota del Estado israelí-yanqui ni a la liberación del pueblo palestino. Hamas plantea construir un Estado islámico palestino y destruir a Israel, a quien denuncia como un “infiltrado judío” en tierras árabes. El eje del programa de Hamas, y de su estrategia de lucha y sus relaciones con Arafat y la Autoridad Palestina, indica que en esencia sus metas no van más allá de acomodarse con el imperialismo bajo un manto religioso. Esto no debe sorprender: ninguna fuerza política islámica, sea de la República Islámica de Irán de Jomeini o de los talibanes de Afganistán, ha podido romper completamente con el imperialismo, ni lo ha intentado.

El programa de Hamas desencadena y refleja los intereses de las fuerzas feudales. Se forja sobre la opresión continua de las mujeres32. No tiene programa ni de reforma ni de revolución agraria. Además, Hamas y otros fundamentalistas islámicos rebajan el carácter de la lucha a una guerra entre religiones y, al hacerlo, confunden los intereses de la liberación nacional y de la liberación social del pueblo palestino, sin mencionar que es muy difícil ver cómo una lucha de musulmanes contra judíos podría movilizar a cientos de miles de palestinos que son cristianos.

Aun si Hamas, de alguna manera, fuera contra su propio carácter feudal y luchara genuinamente para derrotar al régimen israelí-yanqui, nunca podría movilizar a toda la fuerza del pueblo palestino que es indispensable para derrotar a las fuerzas militares superiores del enemigo. Sus tácticas, que incluyen matar a civiles judíos, reflejan que su meta es hacer que pague Israel un alto precio por continuar la ocupación de Cisjordania y la Gaza33.

Arafat y la Autoridad Palestina aplica esta política a las fuerzas islámicas: usarlas tanto como sea posible y a la vez, mantenerlas bajo control. Cuando les conviene, se hacen de la vista gorda a ciertos ataques contra Israel y a su vez encarcelan a militantes islámicos. Así maniobran las fuerzas de Arafat y las fuerzas islámicas por posiciones, a partir de luchar por mejores condiciones para negociar un acuerdo con el enemigo imperialista‑sionista, en vez de luchar por derrocar al Estado israelí y obtener la liberación total. En El Líbano, el partido islámico, Hesbola, ha seguido esta política desde hace años. Cuando por fin, con el apoyo de Siria, obligó a Israel a retirarse, abandonó toda pretensión radical que le quedaba y se integró a la estructura gobernante reaccionaria de El Líbano.

Antes de pasar a otro tema, es importante decir algo acerca de la avalancha de ataques en la prensa occidental contra las tácticas suicidas usadas principalmente por las fuerzas islámicas. Los imperialistas desterraron a millones de palestinos y los dejaron a su suerte; sus títeres israelíes invadieron a El Líbano y bombardearon a Beirut, masacrando a más de 10.000 civiles; ayudaron a Israel a construir un arsenal nuclear en una región que padece más guerras que otras regiones; masacraron a 200.000 iraquíes en la guerra del Golfo y después observaron mientras cientos de miles de niños murieron a causa del bloqueo; acaban de matar a miles de civiles afganistaníes; se cierran los ojos ante los bombardeos israelíes a las zonas densamente pobladas de Palestina; y, después, les dan poca importancia a los “daños colaterales” (las inevitables bajas civiles). Por lo tanto, no tienen derecho a denunciar al “terrorismo” de las fuerzas tan pobremente armadas que están resistiendo una brutal ocupación.

Chillan sobre las “bajas civiles” que suceden en los dos bandos, pero tildan a los palestinos de los peores porque éstos “singularizan” a los civiles israelíes, mientras se supone que no sean intencionadas las bajas civiles palestinas. Ésta es una mentira descarada. ¿¡Esperan que creamos que, cuando los aviones israelíes dejan caer bombas de mil libras en medio de la densamente poblada ciudad de Gaza, las bajas civiles son por “accidente”!? ¿Les gustaría explicar por qué hay casi cuatro veces más muertos entre los palestinos que entre los israelíes? ¿Y por qué es más alta la proporción de palestinos heridos en comparación con la de los israelíes?34. Soldados israelíes han testificado que han recibido órdenes de disparar a los niños, y el alto mando israelí ha justificado los disparos a los trabajadores de la Cruz Roja, conductores de ambulancias, médicos y enfermeras que tratan de rescatar a los heridos, a pesar de la condena mundial35.

Un descarado argumento de los sionistas es que los palestinos “tienen la culpa por lo que les pasa”. Y hablando del gran número de niños palestinos víctimas del ejército israelí, Bernard‑Henri Lévy, un filósofo francés, dijo: “Sería de poca importancia preguntar, ¿quiénes pusieron a esos niños en el frente de batalla en primer lugar, y como parte de qué tenebrosa estrategia de mártires?”. Es decir, apunta claramente el dedo acusador a quienes no sean las fuerzas armadas israelíes que ametrallan a niños lanzapiedras en la calle36.

Éste no es un “ciclo de violencia” o una disputa entre vecinos que estalló por una mezquindad largamente olvidada. Es una lucha entre las fuerzas de ocupación y la población de un territorio ocupado, entre los que poseen y los desposeídos. Opone un rico, poderoso Estado capitalista, 200.000 tropas activas, 400.000 reservistas, cazas, misiles, tanques, bombas nucleares, y la mayor ayuda militar extranjera en el mundo de hoy (es decir, “golpear hasta que se rindan”, según Sharon), a una pobre nación oprimida a que sólo se le permite una fuerza de 35.000 policías con rifles de la II Guerra Mundial. El hecho de que la comunidad “oficial” del mundo casi no ha condenado las amenazas de Sharon, pone al descubierto el doble criterio que se aplica a las noticias sobre Palestina. ¡Imagínense la reacción si Arafat se jactara de que “golpearía a los israelíes hasta que se rindieran” o contemplara abiertamente si debería “liquidar a Sharon”?

SIN LA DESTRUCCIÓN DE ISRAEL, NO HABRÁ LIBERACIÓN

El mayor obstáculo para aquellos que quieren ver que la lucha por la liberación y justicia para el pueblo palestino alcance la victoria, es pensar que de algún modo es posible obtener la liberación sin derrotar a Israel. He aquí el eje de la política del Medio Oriente: no habrá justicia para los palestinos hasta que el Estado israelí sea destruido. Es decir, los palestinos nunca gozarán de una verdadera liberación hasta que el imperialismo haya sido derrotado, porque lo que Israel representa no es una “tierra para los judíos”, sino la avanzada del imperialismo yanqui en el Medio Oriente37. El eje de la estrategia de cada una de las fuerzas que participa en la lucha palestina es cómo ve al imperialismo.

Por más de 50 años, los palestinos han estado luchando contra los israelíes bajo una bandera u otra, sufriendo retrocesos, reestableciéndose y volviendo a luchar. Pero hasta ahora, la lucha la han encabezado diversas alianzas de la élite palestina, representantes de la burguesía nacional y aun fuerzas feudales. En la época del imperialismo y de la revolución proletaria mundial, como analizó Mao, estas clases nunca podrán llevar la revolución democrática burguesa hasta la victoria. Son demasiado débiles, vacilantes y ligadas al imperialismo como para librar una lucha que rompa completamente con el imperialismo y establezca una independencia nacional auténtica. Esto es aún más cierto hoy, porque el imperialismo está más estrechamente entretejido y altamente integrado, que cuando Mao analizaba la situación 70 años atrás.

No hay respuestas fáciles en la lucha contra la abrumadora superioridad del gobierno israelí-yanqui, pero es importante señalar algunas cosas. Primero, para ir más allá de la afirmación de que es posible derrotar a los imperialistas yanquis y a su Estado colonizador sionista y liberar a Palestina, es necesario que una vanguardia palestina se arme con la ciencia del marxismo-leninismo-maoísmo, lo convierta en una fuerza material en el campo de batalla y desarrolle la estrategia y las tácticas con que se pueda ganar. En pocas palabras, la teoría tiene que avanzar a través de la práctica.

Segundo, la revolución palestina es parte de la revolución mundial, y sus avances y retrocesos están ligados con los avances y retrocesos de la revolución mundial. Por lo tanto, para ver cómo continuar la lucha contra el Estado israelí-yanqui, se necesita situar la revolución palestina dentro de la lucha general contra el sistema imperialista encabezado por los Estados Unidos, desarrollar una estrategia y unas tácticas con eso en mente, y ayudar a la lucha a avanzar tanto como se pueda en cualquier momento dado en el camino a la victoria. Cuando la lucha se prolongue, la idea de que es posible derribar rápidamente a los imperialistas yanquis y al Estado sionista, independientemente de los acontecimientos regionales y mundiales, conduciría rápidamente a la desmoralización. Pero el mayor peligro ha sido pensar que el poder israelí-yanqui es tan fuerte que hay poco que los palestinos puedan hacer hoy para avanzar por el camino hacia la victoria y que no queda ninguna opción salvo limitar la lucha a la meta de obligar a una potencia benévola mayor, por lo común los Estados Unidos, a presionar para que Israel dé concesiones a los palestinos, dejando la dominación israelí intacta.

¿Cómo es el camino básico a la revolución para Palestina? Palestina es una nación oprimida en que la estrategia de las fuerzas revolucionarias requiere una guerra popular prolongada. Pero tiene ciertas características únicas; por ejemplo, la mayor parte de la nación está ocupada por un Estado colonizador militarizado altamente desarrollado. Este Estado cuenta con fuerte apoyo del imperialismo yanqui; tiene una población de colonos aproximadamente igual al número de palestinos desterrados; y el territorio es pequeño38. Por lo tanto, los revolucionarios palestinos tienen que ver cómo aplicar la estrategia de la guerra popular en circunstancias difíciles. Para librar esta clase de guerra, es importante no acomodar la estrategia y las tácticas de la lucha a las demandas de la mesa de negociaciones, sino luchar con la estrategia de largo plazo de derrocar al Estado israelí-yanqui y aprovechar al máximo los avances que se puedan obtener en el curso de la lucha.

Hoy, la dinámica de la lucha exige a gritos que las fuerzas conscientes la lleven a una etapa cualitativa más alta. Recientemente, el miembro palestino del Knesset (el parlamento israelí), Azmi Bishara, no partidario de la guerra con Israel, dijo: “El gobierno israelí está reduciendo el espacio de resistencia, dejando dos opciones: aceptar las exigencias israelíes o una guerra total”. Federico Engels, el colaborador de Carlos Marx, hizo notar que cada avance en la lucha de las fuerzas revolucionarias provocaba una intensificación de la batalla por parte de los reaccionarios, y viceversa, en una espiral que, con el tiempo, conducía a la derrota de un bando o del otro. Buscar una tercera vía que evite esta dialéctica significa, en esencia, ceder la victoria a los reaccionarios, pretextando que no es posible resistir su escalada militar39.

Nadie puede decir ahora qué combinación de factores en la lucha y en la situación objetiva en la región y en el mundo engendraría una situación en que sería posible derrotar al Estado israelí-yanqui. Tal posibilidad casi seguro abarcaría otros trastornos importantes en la región, quizás una combinación de guerra y un levantamiento revolucionario en uno o más de los países árabes vecinos. Vale la pena considerar, por ejemplo, lo que una vanguardia en Palestina, con raíces en la población y un ejército, pudiera haber hecho durante la debacle de la ocupación israelí en el sur del Líbano. Israel nunca se ha enredado en un conflicto regional mientras en el frente interno, se enfrentaba a una determinada resistencia de los palestinos tal como lo hace hoy.

Lo que es cierto, y lo que los trágicos resultados del proceso de paz han mostrado una y otra vez, es que acomodarse con el gobierno israelí-yanqui no traerá ninguna liberación. No hay ningún camino para liberar a Palestina salvo derrotar a Israel en el campo de batalla. Por eso, es imprescindible que se forme una vanguardia que pueda aprovechar cada oportunidad para atizar las llamas de la lucha armada y avanzar tanto como sea posible en la construcción del partido y del ejército revolucionario bajo su liderato, de modo que cuando emerjan alineamientos más favorables de las fuerzas regionales y mundiales, como ha ocurrido y ocurrirá, se podrá dirigir la guerra revolucionaria hacia la victoria. Y aunque el camino a la liberación será sumamente complejo, habrá una tendencia a subestimar las posibilidades para llevar a cabo tal lucha revolucionaria omnímoda y éstas todavía no se han analizado a fondo. Esta situación se debe, ante todo, a la falta de una vanguardia maoísta ahí.

Así, vale la pena examinar cómo el pensamiento tradicional aceptable que ha guiado la lucha palestina en los últimos años aborda unos temas claves. Para hacer avances significativos, será crucial definir la relación a la lucha en otros países árabes, tales como El Líbano y en particular Jordania, que tienen una gran población de palestinos, pues manejar bien esta relación podría ser una fuente de enorme fuerza. Pero ha sido más común, desafortunadamente, partir de la posición nacionalista del liderato de la OLP y confiar el futuro de la lucha palestina a los regímenes árabes, que han sido descritos como amigos vacilantes de la lucha palestina en vez de los mortales enemigos reaccionarios y serviles lacayos del imperialismo que son. Como resultado, el pueblo palestino ha padecido decepción y traición.

Repitiendo, para determinar los aspectos específicos de qué relación es posible y necesaria tener con la lucha en los países árabes vecinos, se necesita desarrollar una organización palestina de vanguardia. Se destacan dos puntos: primero, el núcleo de la lucha tendrá que ser la lucha autosuficiente de las masas palestinas. Pero, no hay causa para el pesimismo. Véase cómo las fuerzas principales de la lucha contra Israel han cambiado con el paso del tiempo. Al inicio, fueron los ejércitos de los regímenes árabes, que parecían grandes y poderosos pero fueron derrotados decisivamente en el campo de batalla. Luego, el núcleo de las fuerzas se pasó a los palestinos en el extranjero. Hoy, con las dos Intifadas, el centro de la batalla se ha cambiado otra vez, a Palestina, y por primera vez ha atraído mucho apoyo de los palestinos que viven dentro de la “línea verde” (la frontera pre-1967), lo que no augura nada bueno para Israel. Y con cada cambio, a medida que el centro de la lucha contra Israel se ha acercado al territorio histórico de Palestina y ha echado raíces en las masas palestinas, ha quedado más al desnudo la vulnerabilidad del gobierno israelí-yanqui.

Con la dirección de una línea correcta que identificase amigo y enemigo, pusiese los intereses de las masas oprimidas en primer plano, desenmascarase los intereses mezquinos que mueven a los conciliadores y traidores, y apuntase la lucha a los imperialistas y sobre esa base impulsase los intereses comunes de todas las masas oprimidas, tal lucha sin duda despertaría como nunca antes las expectativas y las simpatías de los oprimidos de todos los países, en particular de los países árabes. Las masas palestinas tendrán que apoyarse en sí mismas, pero no lucharán solas contra el Estado imperialista-sionista40.

Aparte de establecer relaciones con los países árabes sobre bases nacionalistas e ignorar su naturaleza de clase, ha habido fuertes tendencias a describir a Israel en términos nacionalistas, a verlo principalmente como un “Estado judío” y no como una avanzada del imperialismo. Por ello, se ha pasado por alto algunos rasgos de Israel que hay que tomar en cuenta para elaborar una estrategia revolucionaria, por ejemplo: el carácter heterogéneo de su población; su enorme dependencia del apoyo estadounidense que lo aísla y lo hace objeto de tanto odio en toda la región, aunque se le tolere por el momento; junto con esto, confía tanto en la superioridad de su arsenal de alta tecnología y la forma en que esta situación lo obliga a luchar41; y, debido a su carácter reaccionario y al apoyo imperialista, su arrogancia extrema.

Consideremos el carácter de la sociedad israelí. No es un país capitalista opresor “común y corriente”. La mayoría de tales Estados se han desarrollado en el transcurso de muchas generaciones y tienen una gran clase de proletarios que no tienen nada que perder y que son oprimidos y explotados por la burguesía. En el caso de Israel, los imperialistas lo establecieron hace sólo dos generaciones, arrebatándole la tierra a otro pueblo. Hoy, casi la mitad de los habitantes no palestinos de Israel no nacieron allí. Un millón de rusos emigraron a Israel en los años 1990 y unos cientos de miles en las dos décadas anteriores42. Como se mencionó, la mitad de los emigrantes de los años 1990 no tenían siquiera una madre o un padre judío. Pocos emigrantes hablaban hebreo. ¿Por qué emigraron? Israel tiene un ingreso promedio per cápita de casi 20.000 dólares, semejante a Europa occidental, pero en Rusia es de sólo mil dólares. Aunque hay otros factores, es muy claro que lo que hizo que emigraran a Israel no fue el llamado de Moisés desde la “tierra prometida”, sino el atractivo mucho más palpable del dinero contante y sonante respaldado por los Estados Unidos43.

Israel no tiene la historia de una nación desarrollada con una estructura de clases integral, pues es un Estado militar de colonos mercenarios, que recibe mucho dinero por servir en la línea de fuego en la lucha por controlar al mundo árabe y asegurar el suministro del petróleo del que depende el occidente. Israel atrae a los colonos ofreciendo el “derecho de retorno” a quien tenga los más tenues antecedentes judíos, mientras que los palestinos, cuyas familias vivieron en Palestina por generaciones, tienen que observar desde el otro lado de las cercas eléctricas mientras estos extranjeros se establecen en sus aldeas históricas44.

Así, el carácter de la sociedad israelí se divide en dos: por un lado es una guarnición altamente militarizada con muchos emigrantes que se han establecido ahí, plenamente conscientes de su rol criminal (lo que hace a Israel un enemigo formidable), y por otro lado, es una sociedad heterogénea con emigrantes de muchas culturas y nacionalidades (en Israel, se editan más de 20 periódicos en ruso, ni hablar del rumano y ucranio), y muchos emigrantes no tienen raíces en la sociedad y por ende ningún sentido de unidad nacional. Cómo responderán a los golpes prolongados y mayores de una guerra popular auténtica está por verse.

Hay indicios de las grietas que podrían aparecer en la fortaleza Israel: más reservistas israelís se niegan a ir a los Territorios Ocupados y denuncian su misión ahí. En una petición, más de 300 reservistas israelís se han negado a combatir “más allá de la línea verde con el objeto de gobernar, expulsar, destruir, bloquear, asesinar, hambrear y humillar a un pueblo entero”.

EL FRENTE DE BATALLA HOY

El gobierno israelí-yanqui se encuentra en un serio dilema. Los palestinos tienen una insaciable sed por la liberación nacional. Si los sionistas siguen aumentando la represión y vuelven a ocupar de manera permanente los Territorios Ocupados, la mayor miseria, bombardeos, prisiones y asesinatos provocarán mayor desesperación y furia de los palestinos... y pondrán más blancos al alcance de los luchadores palestinos. Por eso, los generales israelíes están preocupados, y muchos programas represivos están en la agenda, como un enorme sistema de muros, cercas eléctricas, y canales y trincheras para separar a los palestinos y aislarlos en ghettos. Un oficial israelí recomendó a sus colegas estudiar las tácticas de los nazis en la II Guerra Mundial: “Si la tarea de un oficial israelí es de tomar un campamento de refugiados o apoderarse de la casbah de Nablus... pues ante todo debe analizar y aplicar las lecciones de batallas anteriores y hasta analizar (por repugnante que parezca) las operaciones del ejército alemán en el ghetto de Varsovia”45. ¿Puede haber una declaración más clara de que los israelíes consideran “inferiores” y “no humanos” a los palestinos, tal como sus amos estadounidenses tratan a los presos en Guantánamo, Cuba, privándolos de sus derechos fundamentales? ¿Explica esto los números que grabaron en el brazo de los palestinos hechos preso en marzo en los campamentos de refugiados? ¿Qué provocará esta política en el futuro?

Mientras sus amos estadounidenses han empujado el debate político aceptable “hacia la derecha” desde el 11 de septiembre, el gobierno israelí ha cambiado los términos del debate sobre el “problema palestino”. En los círculos de la política israelí, y en el gabinete mismo, cada vez más se habla de “trasladar”, o sea, expulsar a los palestinos de Cisjordania y tal vez al millón de palestinos que son ciudadanos de Israel. Esto no es sino una “limpieza étnica”, y en ningún otro país del mundo es aceptable tal discusión. Los gobernantes sionistas favorecen fuertemente esta solución porque, con la “limpieza étnica” de 1948, pudieron fundar el Estado israelí, expulsando con su “jihad judía” a dos tercios de los habitantes palestinos. A diferencia de Milosevic de Serbia, bajo proceso por crímenes de guerra y un programa de “limpieza étnica” mucho menos extenso, los fundadores de Israel no recibieron ningún castigo pero sí un premio. Así, hoy lo que algunos israelíes llaman “terminar el trabajo” tiene un gran atractivo: expulsar a todos los palestinos de su territorio histórico.

Al mismo tiempo, los imperialistas están prestando cierta atención a otra propuesta de paz, la del gran amigo de la democracia yanqui, su fiel lacayo que encabeza los jeques sauditas, el príncipe Abdullah. Al igual que los planes anteriores, éste sólo beneficiará a Israel y a los Estados árabes, a expensas de los palestinos.

¡APOYAR LA JUSTA LUCHA DEL PUEBLO PALESTINO!

Hoy, la lucha palestina está enlazada con la revolución mundial como nunca antes. En esta región, las relaciones imperialistas están extremadamente tensas. Cualquier jugada de una gran potencia puede provocar consecuencias imprevisibles e indeseables que retumben por todo el mundo, tal como descubrieron los imperialistas estadounidenses de manera muy dramática cuando sus jugadas en el Medio y Cercano Oriente tuvieron muchas consecuencias negativas. Más que nunca, el Medio Oriente, donde se realiza el 60% de las compras de armas del mundo, es el “campo minado” del mundo, en que un paso mal calculado puede ser fatal.

A pesar de la superioridad militar de Israel, la Segunda Intifada avanza pujante sin ceder en el campo de batalla. Arden los Territorios Ocupados, los campamentos de refugiados en El Líbano y más allá. Las oportunidades y los peligros son mayores que nunca para la lucha en Palestina. Cuando un periodista occidental le preguntó a un combatiente palestino si temía la renovada invasión a la Gaza por las fuerzas armadas israelíes, respondió: “¿Por qué? No tenemos nada que perder”46.

El pueblo palestino no tiene nada que perder, no le conviene el proceso de paz, y no tiene nada que ganar con las palabras melosas de los imperialistas, que sólo ocultan más trampas y callejones sin salida. La lucha palestina ha asestado golpes a los imperialistas, debilitándolos, y a la vez, ha fortalecido la lucha de los oprimidos de todos los países, en particular en los países árabes, en que existe un profundo odio al imperialismo yanqui. Aunque estos sacrificios aún no han llevado a la victoria, los avances de la lucha palestina, en particular al frustrar los acuerdos capitulacionistas de Oslo, han creado mejores condiciones para el avance de las luchas revolucionarias y de liberación en todos los países, en especial en Palestina. La lógica de la lucha palestina es la lógica de la lucha de todos los oprimidos. Como resumió Mao Tsetung: “Provocar disturbios, fracasar, volver a provocar disturbios, fracasar de nuevo, y así hasta la ruina: ésta es la lógica de los imperialistas y de todos los reaccionarios del mundo frente a la causa del pueblo, y nunca marcharán en contra de esta lógica.... Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo, volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria: ésta es la lógica del pueblo, y él tampoco marchará jamás en contra de ella”.

Los jóvenes quienes se han tomado las calles de Palestina enfrentan retos formidables, pues Israel amenaza con una destrucción y carnicería sin precedente. Pero tienen bases para aprender de las lecciones pagadas con la sangre y sacrificio de sus antepasados y de las generaciones de oprimidos de todos los países que han luchado y, en algunas ocasiones valiosas, han derrotado al odiado enemigo. Han desechado las ilusiones del proceso de paz. Ya es hora de dejar de lado el pensamiento tradicional aceptable de las fuerzas de ayer y buscar el arma del maoísmo, la concepción del mundo de los de abajo en el imperio global imperialista, de aquellos quienes no tienen nada que perder, el proletariado revolucionario, y vincularse con sus representantes de las numerosas luchas que se están librando contra el imperialismo alrededor del mundo, especialmente con los partidos y organizaciones participantes en el Movimiento Revolucionario Internacionalista. Con el arma del marxismo-leninismo-maoísmo y su estrategia militar, la guerra popular, la lucha del pueblo palestino seguramente se convertirá en una parte poderosa e integral de la revolución mundial, apresurando el día cuando el imperialismo, el sionismo y todos sus lacayos encontrarán su fin.

NOTAS

1. La Suprema Corte israelí aprobó la aplicación de “presiones físicas moderadas” (tortura) para presos. La mitad de los adolescentes palestinos de los Territorios Ocupados han pasado un tiempo preso (Alain Gresh, Israel-Palestine [Israel-Palestina] [Fayard, París, 2001], pp. 161, 154).

2. Un funcionario yanqui analizó la opinión pública de los árabes y su impacto en su campo de maniobra en el Medio Oriente, lamentando: “Cuanto peor se vuelva la situación entre Israel y los palestinos, menores opciones tenemos con Irak” (Time, 25 marzo 2002).

3. Un análisis del contexto y la dinámica de la reestructuración imperialista de las relaciones de poder sudafricanas se halla en “Relevo de la guardia en Sudáfrica”, UMQG 1995/20.

4. Edward Said, The End of the Peace Process [El fin del proceso de paz] (Granta, Londres, 2000), p. 78.

5. Israel se queja que sus oponentes palestinos ofuscan la diferencia entre militares y civiles, y así justifica sus sangrientos crímenes contra civiles palestinos, pero hace lo mismo en una medida mucho mayor, porque militariza toda la sociedad israelí y convierte a cientos de miles de colonos ilegales en personal de apoyo para sus tropas.

6. Marwan Bishara, Palestine/Israel: Peace or Apartheid [Palestina/Israel: Paz o apartheid], Zed, Londres, 2001, p. 110; Edward Said, The New Intifada [La nueva Intifada], editado por Roane Carey, Verso, Londres, 2001, p. 36.

7. Sara Roy, “Decline and Disfigurement: The Palestinian Economy after Oslo” [Declive y distorsión: La economía palestina tras Oslo], The New Intifada, p. 99.

8. Edward Said, “Palestine Under Siege” [Palestina bajo sitio], The New Intifada, p. 28; Bishara, Israel/Palestine, p. 105.

9. Salman Abu Sitta, “The Implementation of the Right of Return” [El ejercicio del derecho de regresar], The New Intifada, p. 301.

10. Said, The New Intifada, p. 28.

11. Edward Said estima las pérdidas en los primeros seis meses de 2000 en tres veces el total de las donaciones (The New Intifada, p. 28).

12. Said, The New Intifada, p. 28.

13. El PIB israelí es de 100 mil millones de dólares; el palestino, 4 mil millones (Avishai Margalit, “The Middle East: Snakes and Ladders” [Medio Oriente: Serpientes y escaleras], New York Review of Books, 17 mayo 2001; Gresh, p. 159).

14. Sara Roy, The New Intifada, p. 104.

15. Bishara, Palestine/Israel, pp. 102, 105.

16. Bishara, Palestine/Israel, p. 109.

17. Mouin Rabbani, “A Smorgasbord of Failure: Oslo and the Al-Aqsa Intifada” [Ensalada de fracasos: Oslo y la Intifada de Al-Aqsa], The New Intifada, p. 77.

18. Lo que algunos críticos israelíes han llamado, en términos del lenguaje bíblico, “el pecado original”.

19. Bishara, Palestine/Israel, pp. 7, 77.

20. Rebasa el ámbito de este artículo volver a analizar la fundación del Estado israelí. UMQG 1988/11 dedicó una sección especial a Palestina y el Medio Oriente, pero es importante mencionar unos recientes cambios al respecto. Por años, los historiadores israelíes pregonaban una visión monolítica sobre los sucesos de 1948. Últimamente, en parte debido a los choques de la Primera Intifada, en Israel se han abierto grietas en los relatos históricos. Aunque quienes se llaman los “nuevos historiadores” no han roto con la política israelí básica, han aceptado ciertas acusaciones hechas desde hacía mucho por los palestinos. Con material de archivos israelíes antes secretos, han probado que el ejército israelí aplicó un terror masivo para expulsar a los palestinos e impedir su regreso tras la guerra (Norman G. Finkelstein, Image and Reality of the Palestine Conflict [Imagen y realidad del conflicto palestino], Verso, Londres, 1995).

21. Hasta el movimiento de paz israelí pone este argumento. Amos Oz, novelista y fundador del movimiento Paz Ahora en Israel, dijo hace poco: “Jamás podremos aceptar el regreso de los refugiados al territorio de Israel, pues eso implicaría la eliminación del Estado de Israel”, pero en los años 1990 el gobierno israelí admitió a un millón de rusos, la mitad sin siquiera un padre judío (The New Intifada, p. 172).

22. Hasta un asesor de Clinton tuvo que hacer esta observación (Hussein Agha y Robert Malley, “Camp David: The Tragedy of Errors” [Campo David: Tragedia de errores], New York Review of Books, 9 agosto 2001).

23. UMQG 1988/11 analiza la relación entre el sionismo y el imperialismo y el funcionamiento de Israel como avanzada del imperialismo yanqui, y la decisión de la entonces socialista URSS bajo Stalin de reconocer al Estado sionista y los factores correspondientes, y critica a la decisión soviética con el maoísmo revolucionario.

24. News from Within [Noticias desde adentro], diciembre de 2001, Alternative Information Center [Centro de Información Alternativa], Jerusalén.

25. Said, The New Intifada, p. 40.

26. La imagen de David versus Goliat que propagan tan asiduamente los proisraelíes (“el pequeño Israel versus un mar de árabes”) ha perdido credibilidad en las dos Intifadas. Y, la información de los archivos que Israel ha abierto últimamente da unas sorpresas, por ejemplo, que en la guerra de 1948, la cantidad de tropas israelíes superó a la de sus oponentes árabes (Gresh, Israel-Palestine).

27. Bishara, Palestine/Israel, p. 7.

28. El gasto público de la Autoridad Palestina como porcentaje del PIB subió de 12% en 1994 a 25% en 1999, reflejo del deterioro de la economía palestina y del aumento de los fondos para las fuerzas policiales recibidos del exterior, lo que hizo que la Autoridad Palestina dependiera aún más de los imperialistas, principalmente los yanquis.

29. Parece que ante las derrotas de los ejércitos árabes en 1967 y 1973, Arafat y Fatah concluyeron que había pocas o ninguna posibilidad de derrotar al Estado israelí-yanqui y que en el mejor de los casos, tendrían que aceptar la existencia de Israel y contentarse con un miniEstado. Buena parte del resto de la izquierda palestina rechazó esta conclusión y formó lo que se llamaba el “frente de rechazo” (UMQG 11/1988).

30. Tras el golpe de Estado de los años 1950 que revocó la revolución y restauró el capitalismo, la nueva burguesía soviética contendió con el imperialismo yanqui en el Medio Oriente. Los socialimperialistas soviéticos utilizaron las contradicciones entre los gobiernos árabes y los Estados Unidos y en particular Israel para forjar su propia esfera de influencia. Pero, sufrieron graves retrocesos, en particular cuando Egipto expulsó a sus asesores. Tras el acuerdo de 1978 de Campo David, Egipto pasó directamente al campo estadounidense.

31. Hamas nació de la Fraternidad Musulmana, que, según Alain Gresh, “en los años 1970 y 1980 recibió ayuda de los servicios secretos israelíes para combatir a la OLP” (Israel-Palestine, p. 170). El artículo del 3 de abril de 2002 de Le Monde, “El ejército israelí golpea más duro a la Autoridad Palestina que Hamas”, explica que las fuerzas armadas israelíes responden sistemáticamente a los bombazos suicidas de Hamas golpeando a las fuerzas e infraestructura de Arafat e insinúa una complicidad implícita entre Hamas y el ejército israelí. Con frecuencia, éste ha atacado al movimiento islámico armado pero jamás, según el artículo, a su ala ni instituciones políticas. El corresponsal concluye que la eliminación de Arafat fortalecería a Hamas y cita a figuras del gobierno israelí que han hablado a favor de tal cosa.

32. Véase: “Islam: Ideología e instrumento de las clases explotadoras”, pp. 58-69.

33. En este sentido, se parece al Ejército Republicano Irlandés, la ETA vasca y otras fuerzas nacionalistas, que usan tácticas de terror para hacer que sea demasiado alto el precio para las fuerzas de ocupación.

34. Justo antes del inicio de los ataques suicidas, las fuerzas israelíes habían recibido unos fuertes golpes de la Primera Intifada y de los posteriores levantamientos de las masas palestinas y por ende hicieron cambios de estrategia. Ante la Segunda Intifada, Israel desplegó muchos francotiradores a fin de acabar con los jóvenes lanzapiedras. Muchos grupos de derechos humanos reportaron niveles muy altos de niños palestinos muertos y mutilados. Con la nueva estrategia, en la primera semana, las fuerzas israelíes tuvieron 2 bajas y los palestinos 5 en el primer día, 10 en el segundo y 8, 6, 7 y 6 en los días posteriores (Margalit, “Snakes and Ladders”). Parece que el mando israelí pensaba que pudiera disparar a una distancia segura y someter a balazos a los palestinos, pero no fue así.

35. Hasta el dócil pelele yanqui, Kofi Anan, presidente de la ONU, tuvo que hacer unas críticas. Un francotirador israelí dijo: “No es necesario tirotearlos si tienen menos de 12 años. Está autorizado en el caso de los mayores de 12. Eso es lo que nos dicen” (Le Monde, 24 noviembre 2000).

36. Citado en Gresh, Israel-Palestine, p. 27.

37. Seamos claros: favorecer la destrucción de Israel no significa “empujar a los judíos hacia el mar”, como dicen muchos sionistas, ni como se han jactado muchos elementos reaccionarios de los gobiernos árabes, como la clase dominante saudita. Los sionistas y los jeques feudales comparten la reaccionaria noción de que los judíos no pueden vivir en paz con otros pueblos y así necesitan vivir aparte.

38. No obstante, la tasa de crecimiento de la población palestina aumenta rápidamente, un hecho ominoso para Israel: la mitad de los palestinos son menores de 18 años (Bishara, Palestine/Israel, p. 39).

39. Bishara buscaba tal “tercer vía”, que describió como “evitar o la claudicación o la guerra”. No obstante, el gobierno suspendió su inmunidad parlamentaria y lo acusó de apoyar al terrorismo (News from Within, diciembre de 2001).

40. Una posible aplicación de los principios de la guerra popular maoísta a esta región y de las posibilidades de luchar contra el Estado israelí-yanqui, por ejemplo, mediante una rebelión en un Estado aliado como Egipto, de modo que los israelíes tengan que salir de su territorio nacional y desplegar sus fuerzas de manera que sean más vulnerables al ataque, se halla en: “¡Ahoguemos a los invasores yanquis en un mar de guerra popular!”, UMQG 1991/16.

41. Israel libra guerras de decisión rápida con tácticas relámpagas, como en la Guerra de Seis Días, pero quedó al descubierto su vulnerabilidad en los prolongados combates con que tropezó en su invasión del Líbano. Al final, se batió en una retirada vergonzosa.

42. Bishara, Palestine/Israel, p. 99.

43. Como los emigrantes rusos tienen tan pocas raíces judías, los rabinos israelíes muchas veces no permiten que los entierren como judíos (Gresh, Israel-Palestine). Un estudio a fondo del carácter de Israel y los judíos se halla en UMQG 1988/11. En general, los rusos tienen mucha educación y han dado un gran impulso a la economía israelí.

44. Los imperialistas usan su Poder de manera sistemática para generar “situaciones irrevocables” como lo ha hecho Israel en Palestina. Aunque Palestina es única, tras la II Guerra Mundial los imperialistas aplicaron ciertas medidas similares para repartir el mundo, en particular en Vietnam, Corea y Alemania. El imperialismo estadounidense buscó establecer, en una zona importante de esos países, una entidad independiente, históricamente legítima. Prestigiosos académicos estadounidenses predicaban que Vietnam del Sur siempre tuvo cierta existencia separada del Norte y que en verdad no era parte de la misma nación. La mentira de tal propaganda salió a flote cuando el ejército yanqui fue derrotado en el campo de batalla, al igual que los fusiles de la resistencia palestina reventaron la mentira sionista de una “tierra sin un pueblo para un pueblo sin una tierra”.

45. Robert Fisk, The Independent, 30 marzo 2002.

46. Guardian, 7 marzo 2002.  


Manifestaciones en apoyo al pueblo palestino y contra el terror israelí

Estalló la furia popular por todo el mundo contra la asesina escalada de la ocupación israelí de Cisjordania y la Gaza: en el Medio Oriente y los países árabes, de Irak a Europa, manifestantes se tomaron las calles y en muchos países, combatieron a la policía cerca de embajadas yanquis. En Roma el 10 de marzo de 2002, 100.000 manifestantes apoyaron a los palestinos bajo un aguacerazo. En Francia, país con mayor población de árabes y judíos de Europa, decenas de miles de personas de muchas nacionalidades se tomaron las calles de París coreando "Todos somos palestinos". El 6 de abril de 2002, se duplicó esa cantidad en París, y en otras ciudades francesas, grandes multitudes corearon "¡Bush-Sharon, asesinos!". En abril de 2002, miles protestaron en Londres, Amsterdam y otras ciudades europeas; en Egipto, Turquía y Jordania, masas enardecidas combatieron a las autoridades. También ha habido manifestaciones en los Estados Unidos, por ejemplo, Detroit, donde viven miles de personas de origen árabe y hasta el rancho texano de Bush, donde se protestó contra la amenaza de invadir a Irak y por un fin a la ocupación israelí.

 

"Los expulsaremos y ocuparemos su lugar"

-David Ben Gurion, sionista laborista y fundador del Estado israelí, de una carta a su hijo, 1937

Ariel Sharon: "Carnicero de Beirut"

En 1982, las Fuerzas de Defensa Israelíes, al mando del general Ariel Sharon, invadieron al sur del Líbano a fin de someter a las fuerzas de resistencia palestinas que se habían reagrupado ahí, entre ellas Yasser Arafat y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Los israelíes usaron a los falangistas cristianos, una fuerza nacionalista libanesa cuasi-fascista, como socios menores en la invasión. Tras un prolongado y cruento sitio de Beirut, en que murieron de 10 a 20 mil civiles, principalmente debido a los bombardeos israelíes, la OLP eligió no entrar a un combate decisivo y abandonó Beirut; miles de combatientes se fueron a Tunicia. Dejó atrás miles de mujeres, niños y ancianos en los vastos campamentos empobrecidos. El ejército israelí rápidamente los cercaron. El 16 de septiembre de 1982, el ejército israelí dejó que los fuertemente armados falangistas cristianos entraran a dos importantes campamentos de Beirut, Sabra y Chatila, donde pasaron horas masacrando a los refugiados palestinos desarmados. Cuando por fin se fueron, de nuevo con la protección de tropas israelíes, habían masacrado a cientos (la mayoría de los informes indican 600-800 o más). Poco antes de celebrar una audiencia sobre crímenes de guerra en Bélgica para tratar la responsabilidad de Ariel Sharon en estas masacres, el testigo principal murió de un coche-bomba en Beirut, en "circunstancias misteriosas".

La pregunta que algunas fuerzas israelíes proEstados Unidos no quieren escuchar es: ¿Es Ariel Sharon el primer ministro de Israel a pesar de su papel en esa masacre o debido a su papel de supervisarla?