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Islam: Ideología e instrumento de las clases explotadoras
Nasreen Jazayeri1
Un
Mundo Que Ganarencomendó
el siguiente artículo para examinar el papel del islam como fuerza
política en el mundo de hoy. Hacer frente al islam forma solamente
una parte del trabajo de los revolucionarios ante el nuevo auge
de la religión, que experimenta un renacimiento que hace algunas
décadas parecía imposible. La religión estaba relegada en gran parte
del mundo, en parte debido al surgimiento del socialismo y del marxismo
científico, pero el mundo cambió. Fueron derrotadas las revoluciones
en la URSS y China. Disminuyó la ola de luchas para la liberación
nacional que sacudieron los años 1960. Y, la ciencia se descreditó,
al identificarse con horrorosas armas de destrucción masiva y cachivaches
para los ricos, mientras los pobres sufren bajo el mayor peso de
la producción intensificada y el empobrecimiento asociado con la
“globalización” imperialista tecnificada.
La nueva ola
de la religiosidad, por eso, se relaciona íntimamente con las derrotas
sufridas por la revolución mundial y los horrores que padecen las
masas.
Los gobiernos
han seguido utilizando la religión como arma. El nombramiento de
fascistas cristianos a altos puestos en el gobierno yanqui manifiesta
la importancia que dan Bush hijo y los imperialistas yanquis a la
religión para reforzar su legitimidad, embaucar a las masas acerca
de la causa de su sufrimiento y movilizar a los reaccionarios en
torno a los “valores centrales” del dominio burgués. Al igual que
Hitler se sirvió del antisemitismo para movilizar a Alemania en
la guerra, los imperialistas yanquis se valen de la ideología fundamentalista
cristiana para preparar a sus súbditos para una nueva empresa imperial,
tanto en su país como en el exterior. Así Bush llama a una “cruzada”
contra los fundamentalistas islámicos e insta a los chinos a abrazar
la “fe”, mientras los senadores estadounidenses conmemoran a las
víctimas del 11 de septiembre citando las instrucciones de su dios
en la Biblia para tales situaciones. En cuanto al papel de
la religión como abanderado de crímenes reaccionarios, el cristianismo
sigue siendo sin igual.
El artículo
no centra en el islam por sus diferencias fundamentales con otras
religiones. Desde el punto de vista ideológico, el marxismo trata
de manera igual a todas las religiones. Pero el islam sí influye
en un sector importante de los oprimidos del mundo. En contraste
con los imperialistas del mundo, que han atacado al fundamentalismo
islámico por motivos chovinistas, los maoístas buscan descubrir
los intereses que mueven a las fuerzas religiosas islámicas, a fin
de desencadenar a las masas para que luchen con mayor decisión y
profundidad contra los imperialistas y reaccionarios.
–
Un Mundo Que Ganar
Los partidos
políticos o grupos islámicos que se oponen a las camarillas gobernantes
de los países del Medio Oriente han desempeñado un papel político
importante desde hace al menos tres décadas. Al oponerse y luchar
(o hacer jihad) contra las potencias imperialistas occidentales
y los Estados títeres neocoloniales de la región, a veces y en una
medida significativa han podido influir a sectores de la base social
de la revolución de nueva democracia y socialista: obreros, campesinos
y semiproletarios. Pero ni su ideología ni su programa representa
los intereses de las masas. Las fuerzas comunistas revolucionarias
de la región, para despertar y organizar a las masas a luchar por
derrocar a los Estados reaccionarios y expulsar al imperialismo,
han tenido que explicar esta verdad con mayor urgencia. Más de dos
décadas de experiencia en Irán y Afganistán han mostrado que el
islam no es una ideología libertadora y que los programas políticos
e ideológicos del islam no representan ninguna ruptura con las sociedades
opresoras del Medio Oriente, que son formaciones semifeudales y
semicoloniales del imperialismo ligadas a las clases de los grandes
capitalistas y feudales. Sin embargo, como dijo Mao: “Por regla
general, donde no llega la escoba, el polvo no desaparece solo”.
Ya por mucho tiempo las fuerzas islámicas han distorsionado las
luchas de los oprimidos del Medio Oriente, traficando con sus sacrificios
y disipando su tremenda energía con cadenas ideológicas religiosas
y programas políticos reaccionarios. Así, las fuerzas islámicas
han contribuido a demorar las revoluciones en esta parte del mundo
y así brindado un gran servicio al imperialismo.
Además, el
hecho de que el imperialismo yanqui, el mayor enemigo de la humanidad
en la tierra de hoy, ha proclamado como su enemigo a los fundamentalistas
islámicos (aunque en realidad se trata de un ataque contra las masas
de la región, so pretexto de perseguir a los fanáticos religiosos
armados) genera cierto sentimiento espontáneo en las masas de los
países musulmanes a favor del islam. Las masas tienden a apoyar
todo lo cual sus opresores atacan con virulencia. Pero las masas
necesitan una ideología científica revolucionaria que puede
derrotar al imperialismo y hacer avanzar la lucha para liberar a
la humanidad de las garras de toda opresión y explotación. Por ello,
los comunistas revolucionarios del mundo tienen dos tareas: colocarse
al frente de las luchas antiimperialistas, dirigir a las masas a
derrocar los reaccionarios Estados y hacer la revolución y, como
parte de hacerlo, explicarle a las masas con mayor determinación
que la ideología del islam (y de otras ideologías feudal y burguesa)
es un obstáculo a la liberación y que no puede derrotar al imperialismo.
Para derrotar al imperialismo, las masas necesitan asumir el comunismo,
que es la única ideología y el único programa auténticamente libertadores
del mundo y de la historia universal. Es la única ideología que
puede unificar a las masas del mundo, sin importar su religión,
raza y nacionalidad, para llevar a cabo las luchas más estremecedoras
contra el imperialismo, principalmente el yanqui, y todos los Estados
reaccionarios que hoy dominan a los países árabes y a otros países
musulmanes. Llevar a cabo esta lucha ideológica es parte integral
de poder dirigir a las masas insurgentes hacia la verdadera revolución,
y solamente cuando las masas vean en los hechos los modelos de la
verdadera revolución, decaerá la influencia de la religión.
TRAYECTORIA
El islam político
contemporáneo es un fenómeno complejo. Ha sido utilizado por diferentes
configuraciones de fuerzas de clase: las potencias coloniales e
imperialistas del occidente, los gobiernos reaccionarios de los
países musulmanes, las fuerzas reaccionarias opuestas a esos gobiernos,
y a veces las fuerzas nacionalistas como medio para movilizar la
oposición de las masas a la dominación extranjera. Analizaremos
el islam político que ha florecido últimamente en los países del
Medio Oriente en oposición a los gobiernos de turno, que ha representado
principalmente las aspiraciones y los objetivos de fuerzas reaccionarias
de clase que han sido expulsadas de las estructuras de poder y que
han maniobrado para mejores posiciones dentro de las estructuras
existentes del Estado. Cuando y en la medida que las masas se han
acercado a estas fuerzas, no lo han hecho por ningún “impulso religioso”,
sino más bien en respuesta a las condiciones de injusticia que el
imperialismo y sus gobiernos títeres les han impuesto.
El islam político
no es un fenómeno nuevo. El islam nació como un programa político
“terrenal” bajo el estandarte de la religión. Lo elaboró originalmente
Mahoma de La Meca en la península arábiga. No fue la palabra de
un Alá, pero su aparición en 610 A.C. fue un producto de
las condiciones sociopolíticas de esa parte del mundo2.
En Europa,
después de las revoluciones burguesas de los siglos 18 y 19, se
redujo sustancialmente el papel de la religión en los asuntos del
Estado. Sin embargo, siguió siendo un pilar del Estado en los países
islámicos feudales. En las sociedades islámicas precoloniales, los
ulemas (el alto clero islámico) eran uno de dos pilares básicos
del poder estatal, siendo el otro el soberano o rey. Este arreglo
se parecía mucho al feudalismo europeo, donde la corona y la iglesia
compartían el poder y el botín feudales.
Esta subyugación
colonial imperialista de los países árabes y musulmanes en el siglo
19 operó un cambio importante en el carácter de estas sociedades3.
Al fin del siglo, todos los elementos feudales de la base económica
y la superestructura social y política de esa sociedad se subordinaron
al sistema imperialista mundial y se pusieron al servicio de él.
A diferencia de América Latina, en el Medio Oriente los colonizadores
utilizaron la religión local. Los británicos, en sus guerras para
expulsar a los otomanos suníes de Arabia, confiaron un papel político
importante al sector wahabí del islam en Arabia Saudita, y lo utilizó
como fundamento moral y ético de su guerra de conquista colonial
para expulsar al imperio otomano de la región. La corriente wahabí
del islam y de La Meca obtuvo su actual posición de centro islámico
después del establecimiento en 1932 del reino de Al-Saúd con la
ayuda del colonialismo británico. En la rivalidad británica con
la Rusia zarista colonial del siglo 19, los ulemas chiítas
de Irán eran sus íntimos aliados. En 1816, los británicos presionaron
al cha de Irán a proclamar una jihad contra la Rusia zarista.
El primer libro teológico sobre la jihad en muchos siglos
se escribió en la ciudad de Najaf, Irak, a órdenes del clero chiíta,
a fin de crear un pretexto religioso para la guerra contra el zar
ruso. Un antiguo proverbio que dice que “bajo el turbante de cada
mulla se escribe `hecho en Inglaterra'”, expresa en términos populares
iraníes esta alianza de británicos y mullas.
Después de
la I Guerra Mundial, surgió en Egipto una corriente islámica moderna:
la Fraternidad Musulmana fundada por Hasan Al-Bana (1906-1949).
Luego, inspiró a otras fuerzas políticas islámicas que se desarrollaban
en otros países dominados por los suníes. La Fraternidad Musulmana
atraía a un sector de los intelectuales, pues proponía una ideología
autóctona moderna en oposición a la ética de los colonialistas.
Atraía a un sector de las masas por su oposición a la dominación
británica de Egipto y a la miseria que azotaba a las masas pobres
en Cairo. Pero Bana y la Fraternidad Musulmana nunca plantearon
lo que se necesita para eliminar el atraso, es decir, para extirpar
el feudalismo: la movilización de las masas campesinas para la revolución
agraria y la emancipación de las mujeres del yugo del patriarcado.
Tenían un mensaje doble: para las masas pobres, llamaba a volver
a los principios del Corán y la sunna (la tradición
islámica) como curación espiritual, y para los intelectuales, inquietos
por la dominación extranjera y por el atraso de Egipto, ofrecía
un islam moderno con una identidad “autóctona” o “nacional” mientras
permitía técnicas administrativas occidentales para gobernar un
país semifeudal y semicolonial. La experiencia de la Fraternidad
Musulmana ilustra que el islam, al igual que cualquier religión,
puede adaptarse a las formas modernas de opresión y explotación,
e ilustra las limitaciones de un estandarte religioso, opuesto al
revolucionario, ante la necesidad de eliminar la dominación colonial
imperialista y el atraso económico y político.
En los años
1950-60, el islam político era muy marginal entre quienes se oponían
al orden establecido, y se ridiculizaba al islam organizado como
un proyecto títere del extranjero. La pos II Guerra Mundial operó
otro cambio importante en estas sociedades. Las potencias imperialistas
forjaron nuevas estructuras estatales semifeudales y semicoloniales
ahí. El clero obtuvo una porción mucho más reducida del poder. Creció
una tendencia política en las instituciones islámicas de los países
del Medio Oriente en fuerte oposición a los gobiernos de turno.
Denunciaron las camarillas gobernantes y el islam oficial, por corruptos
y sin importancia. En su mayor parte, los movimientos políticos
islámicos contemporáneos tienen su origen en este período, aunque
sus antecesores ideológicos empezaron a elaborar su pensamiento
político antes4. (Este artículo critica a las fuerzas
islámicas que han desafiado políticamente a los gobiernos prooccidentales
del Medio Oriente, sirviéndose del estandarte religioso del islam.)
En general,
los líderes y cuadros de estos movimientos provienen del clero que
aspira a reestablecerse en su antiguo lugar en la estructura gobernante
o a acomodarse más con el sistema, de intelectuales urbanos descontentos
de la clase media y de sectores de las clases feudal y comprador
expulsadas de las estructuras gobernantes (es decir, escisiones
en las clases explotadoras de esas sociedades). Sus soldados rasos
provienen de las masas urbanas desplazadas atraídas por las poses
“opositoras” de esos reaccionarios. Lo que define el carácter reaccionario
de estos movimientos islámicos no es principalmente el origen de
clase de sus líderes y sus cuadros, sino su promoción de una ideología
arcaica (religiosa) que no se basa en la realidad, y que por eso
no puede transformar en absoluto las realidades del mundo, y son
reaccionarios porque quieren preservar las mismas sociedades opresoras
de clases, haciéndolas “más islámicas” (aplicando la saría,
que es la ley islámica que se basa en el Corán y la tradición,
escrita después de la muerte de Mahoma y luego actualizada muchas
veces por cada secta islámica). Esto solamente puede significar,
como ha significado, fortalecer a los elementos feudales y patriarcales
de la sociedad. Estos movimientos siguen diversas corrientes del
islam (chiíta o suní, por ejemplo), pero casi todos se adhieren
a los principios de la ideología islámica con matices insignificantes,
y basan su futura sociedad islámica en los antiguos modelos establecidos
por los profetas originales del islam. Casi todas estas corrientes
favorecen la sociedad establecida por Mahoma. Todas las desgracias
de los países musulmanes se explican como “desviación” en relación
a este modelo original, el cual, como afirman, se corrompió después
de los primeros cuatro califas (los sucesores de Mahoma).
Las fuerzas
islámicas fundamentalistas se han opuesto a las potencias imperialistas
y a las camarillas gobernantes de estos países con una retórica
virulenta y, a veces, con acciones violentas. Pero fácilmente pueden
cooptarse, para convertirse en los nuevos guardianes, a veces más
despiadados, del mismo sistema podrido. Se produjo esta dinámica,
de manera importante en la guerra fría, cuando el gobierno estadounidense
emprendió su estrategia verde (el símbolo del islam es el color
verde) en los países islámicos colindantes con la frontera sur de
la URSS, para contener a su rival socialimperialista ahí y luego
desmantelarlo. Los imperialistas yanquis impulsaron el desarrollo
de las fuerzas fundamentalistas del islam en Afganistán en los años
1980 y, con sus aliados europeos, allanaron el camino para que Jomeini
y sus secuaces secuestraran ahí una gran revolución. Bajo un falso
manto revolucionario, se establecieron como la nueva camarilla gobernante,
aplastando la verdadera revolución y masacrando a las fuerzas comunistas
y revolucionarias. La derrota de la revolución iraní de 1979, por
medio de la implantación del gobierno teocrático, fue producto de
la colaboración entre las potencias imperialistas occidentales y
las fuerzas islámicas fundamentalistas en Irán. Tenía razón el general
yanqui Huizer al decir: “Sacamos al cha e instalamos a Jomeini”.
(Ver la reseña de su libro sobre la revolución iraní en UMQG
1986/6.) En los últimos 25 años, la jihad islámica más
grande la financiaron los imperialistas yanquis: la guerra de los
fundamentalistas islámicos de Afganistán (su nombre genérico fue
mujaidín, que en árabe significa combatientes) contra la
Unión Soviética. La experiencia de las últimas dos décadas ha hecho
pedazos la máscara de las fuerzas islámicas y muestra que no son
ni revolucionarias ni antiimperialistas. El islam es, y solamente
puede ser, una ideología y un instrumento de los explotadores.
1.
CONCEPCIÓN DEL MUNDO, POSICIÓN, PROGRAMA POLÍTICO Y ESTRATEGIA POLÍTICA
DE LOS MOVIMIENTOS ISLÁMICOS CONTEMPORÁNEOS
Para elaborar
su pensamiento, movilizar a las masas y legitimar su programa, los
líderes políticos e ideológicos de los movimientos islámicos usan
varios conceptos básicos. Mediante conceptos básicos del islam e
historias del pasado, mistifican la naturaleza de su ideología y
programa ante amplios sectores de las masas. Es muy importante despejar
esta mistificación y revelar la naturaleza de clase muy terrenal
de su concepción del mundo y programa: que su concepción del mundo,
aspiraciones y acciones representan ciertas fuerzas de clase en
las sociedades musulmanas.
Comencemos
con su manera de ver las clases.
UMMA
En el pensamiento
de estos movimientos, no cabe la realidad más clara de nuestra época:
que todas las sociedades se dividen en clases, que la población
en todos los países se divide en categorías según su relación a
los grandes medios de producción. En el pensamiento islámico hay
umma: la comunidad de creyentes, sin importar a qué clase
pertenecen. Este concepto encubre el hecho de que las sociedades
se dividen en clases antagónicas, con intereses económicos y políticos
antagónicos. Los grandes terratenientes e industriales y los comerciantes
de bazar, así como los proletarios que no tienen nada que perder
y los campesinos pobres (es decir, los explotadores y los explotados),
todos, pueden formar parte del umma islámico.
Bajo Mahoma,
el fundador del islam, los que se le unían en su lucha por el poder
se contaban como parte del umma. Al principio de su lucha
por el poder, el umma se cambiaba según las necesidades políticas
del momento. Como parte del umma, hasta contaba con los judíos
de Medina que se le unían en la lucha contra sus adversarios en
La Meca. Aún entonces, su umma se dividía en clases. El Corán
(las escrituras islámicas) fue escrito por Mahoma y sus socios para
administrar la nueva sociedad, que se construyó sobre la base de
los nómadas árabes. El Corán pone en claro las diferencias
sociales y de clase en el umma: hay los que tienen y los
que no tienen; hay esclavos y esclavistas; hay mujeres, propiedad
de los hombres, subordinadas y obedientes a ellos; hay guerreros
que comparten el botín de las guerras de conquista, con una posición
socioeconómica más alta; y hay otros sectores que trabajan la tierra
y cuidan los hatos de ganado. Y existe una mayor división entre
el umma y el no umma: los guerreros del umma
pueden convertir a sus cautivos en esclavos y tomar a sus mujeres
como concubinas. Ésta es una sociedad horrible. Mahoma construyó
un nuevo poder estatal y una nueva religión organizada para imponer
nuevas relaciones de explotación, y las relaciones de dominación
sobre la población de los territorios derrotados en la guerra e
incorporados al imperio islámico. Hoy, los movimientos islámicos
aplican el concepto del umma para movilizar a las masas bajo
su estandarte y legitimar su causa, mientras les ocultan los intereses
de clase tras ese estandarte y ese programa.
El umma
es colaboracionista de clase y no científico. El concepto nació
en un tiempo en que no había clases modernas de capitalistas y proletarios
y tampoco potencias coloniales e imperialistas ni países oprimidos
y opresores.
Encubrir los
intereses de clase antagónicos no tiene nada de nuevo. En la historia
de la sociedad de clases, en su lucha por el poder y el dominio
de su clase, las clases privilegiadas les han mentido a los desposeídos:
“Mis intereses son sus intereses”. Es una demagogia que siempre
usan las potencias imperialistas y los Estados reaccionarios. Hasta
las burguesías europeas en ascenso del siglo 18 proclamaban la “universalidad”
de su visión y sus objetivos. Y en las naciones oprimidas, los representantes
políticos de las pequeñas clases burguesa y terrateniente, que aspiran
a entrar a la estructura de poder, usan este argumento para obtener
el apoyo de las masas. Así, las fuerzas reaccionarias expulsadas
del gobierno pueden traficar con las masas para recuperar sus puestos.
Sí existe la unidad del umma, pero lo único que significa
es que el pueblo sigue bajo el dominio de los mullas.
LA
UNIDAD MUNDIAL DEL UMMA
Los movimientos
islámicos llaman a la unidad internacional sobre la base del umma.
Ante todo, es un proyecto imposible porque el umma se divide
en decenas de fes. El islam se ha dividido desde sus principios.
Veamos la República Islámica de Irán y sus hermanos correligionarios,
los talibanes de Afganistán. En Irán, los suníes son oprimidos por
los gobernantes chiítas. En Afganistán, los partidos islámicos de
suníes, chiítas y wahabíes se matan entre sí. En El Líbano, el Hesbolá
(“hesbolá” significa el Partido de Dios, y también es un nombre
genérico para fundamentalistas islámicos) se dicen luchadores para
la liberación de Palestina, pero ni siquiera pueden acercarse a
los refugiados palestinos porque los musulmanes palestinos son suníes
y Hesbolá es chiíta. Segundo, la unidad internacional islámica es
una unidad reaccionaria. Llama a creer en un ser sobrenatural y
a unirse a partir de una fe que se estableció hace 14 siglos. Es
reaccionaria porque divide a los oprimidos del mundo, que comparten
un enemigo común, el imperialismo mundial, a partir de la fe religiosa
de sus antepasados. El islam ni siquiera puede unir a los oprimidos
de un solo país (ni hablar de varios países) contra los imperialistas
que los dominan. En los países oprimidos, hay distintas tradiciones
religiosas. Veamos a Palestina: hay cristianos y musulmanes que
conforman la población. ¿Cómo es posible que Hamas (el partido islámico
en Palestina) unifique toda la nación palestina contra el enemigo
común, el Israel colonialista? No lo ha hecho, y no lo hará, y ha
obstaculizado tal unidad. Los proletarios de Egipto, Irán, Perú,
España y Estados Unidos pueden y deben unirse entre sí sobre la
base de su enemigo común y su futuro común, pero no pueden
y no deben unirse con las clases capitalista y feudal de sus países
sobre ninguna base, sea religiosa u otra “tradición”, real o ficticia.
Llamar a la unidad islámica internacional les hará el juego a las
potencias imperialistas, sobre todo los yanquis, que llaman a las
masas del occidente a unírseles sobre la base del “choque de las
civilizaciones”: la civilización occidental, basada en la tradición
judeocristiana, contra la islámica, la china y otras “civilizaciones”.
Lo irónico
es que los predicadores del umma entran de manera fácil y
cómoda en arreglos políticos y unidad con las potencias imperialistas
y los Estados reaccionarios. Por ejemplo, Reagan, el presidente
yanqui, afirmó una vez respecto a la República Islámica de Irán,
el primer Estado contemporáneo nacido del movimiento islámico: “Los
mullas son nuestros amigos”. Y tenía razón. Bajo la República Islámica
de Irán, el flujo de petróleo (el eje de la integración de Irán
al sistema capitalista mundial) no se interrumpió ni un solo día.
El gobierno, con la dirección del ayatola Jomeini, reprimió la lucha
de los trabajadores petroleros para parar el saqueo de los recursos
petrolíferos de parte de las empresas occidentales, y hoy, más de
dos décadas después, la economía del país aún depende fuertemente
de la venta de petróleo en el mercado mundial por 20 mil millones
de dólares al año. Aunque las relaciones con los Estados Unidos
supuestamente se cortaron, la República Islámica cumplió todos sus
compromisos con las potencias occidentales y el sistema capitalista
mundial por medio de los Estados europeos. Llevó a cabo operaciones
conjuntas encubiertas con la CIA para financiar a la contrarrevolución5
en la Nicaragua sandinista. Mantuvo relaciones secretas con el gobierno
israelí mientras denunciaba a las fuerzas revolucionarias de Irán
como “agentes del sionismo”.
Lo mismo se
aplica a los grupos de militantes islámicos de otros países. Por
ejemplo, Afganistán ha tenido diversos gobiernos islámicos que eran
fieles aliados del imperialismo yanqui y otros Estados reaccionarios,
como Paquistán y Arabia Saudita. Según Bin Laden de Al Qaeda, el
rey saudita formaba parte del umma mientras no se apostaban
fuerzas militares yanquis en su territorio. Para los comunistas
revolucionarios, el rey saudita era un lacayo del imperialismo yanqui
y Arabia Saudita era una neocolonia de los Estados Unidos mucho
antes y después de que se apostaran ahí las fuerzas militares yanquis
en 1990. Y para nosotros no importa si la familia real saudita sigue
formando parte del umma. El gobierno saudita no fue y no
será parte del pueblo y siempre ha sido una pandilla de explotadores
que hay que derrocar.
El concepto
del umma es una reaccionaria estrategia de frente único de
parte de las clases feudal y capitalista que luchan por un arreglo
favorable de los gobiernos de sus países y de las potencias imperialistas.
Los líderes
de los movimientos islámicos han propagado con cierto éxito el concepto
del umma (o estrategia de frente único). Hay una base para
este éxito, aunque sea en detrimento de las masas de obreros, campesinos
y oprimidos. La subyugación nacional de las sociedades musulmanas
(por el colonialismo y el imperialismo en combinación con la estructura
semifeudal que domina estas sociedades) pone la base material para
que la estrategia del umma obtenga cierto apoyo de los oprimidos.
Y la estructura semifeudal significa que los nexos tribales, y religiosos,
en el seno del pueblo todavía pesan.
Las fuerzas
islámicas (y hasta las fuerzas nacionalistas laicas) han criticado
la introducción de conceptos de clase en los movimientos políticos
de los países oprimidos, porque no se oponen a la opresión y la
explotación de clase. Defienden el derecho de los terratenientes
feudales a tener la tierra y sobre esa base, a explotar al campesinado
pobre y sin tierra; y defienden la propiedad capitalista de los
medios de producción y la explotación de los obreros. Defienden
las relaciones sociales opresoras, en especial, la subyugación de
la mujer por el hombre. Estas fuerzas no consideran al imperialismo
como la fase superior del capitalismo, llaman “imperialistas” a
las potencias occidentales cuando éstas no les dejan suficiente
espacio para administrar sus respectivos órdenes sociales opresores.
Como el imperialismo
oprime a estos países, es necesario un frente único nacional contra
el imperialismo; y la experiencia ha probado que si tal unidad se
forja bajo la dirección de fuerzas feudales, tribales y burguesas,
traicionará a las masas obreras y campesinas y hasta a la nación.
El que la unidad nacional que se necesita tanto contra el imperialismo
la dirijan una visión y un programa proletarios y un partido comunista
es una cuestión de vida o muerte para toda revolución auténtica
en los países dominados por el imperialismo. Ni las fuerzas islámicas
ni las fuerzas nacionalistas burguesas laicas pueden forjar y dirigir
una unidad nacional revolucionaria contra el imperialismo que pueda
liberar a los países oprimidos del yugo del imperialismo.
Como ha demostrado
la experiencia, todas estas fuerzas prefieren unirse con los imperialistas
para reprimir a las fuerzas revolucionarias y a los obreros, campesinos,
mujeres e intelectuales progresistas. Como esclavistas pequeños,
tienden a unirse a los esclavistas grandes. Hace 1.400 años, Mahoma
de La Meca llamó a la unidad a partir de una nueva fe universal
a fin de romper la fragmentación tribal y forjar un Estado unificado
en la península arábiga. Hoy, las sociedades islámicas ya no se
dividen en tribus; la explotación feudal y capitalista las dividen
en clases y poderosos países imperialistas las oprimen. Hoy, éstas
son las divisiones que hay que eliminar y solamente pueden eliminarse
mediante revoluciones de nueva democracia y socialistas.
FITNA:EL
PUEBLO NO TIENE DERECHO A LA REBELIÓN
Fitna(escisiones
e intrigas) es otro concepto que usan los islámicos. Un intento
de dividir el umma se llama fitna. Así que ¡el análisis
científico de las clases es el fitna más grande! A todos
los argumentos de arriba se les llama fitna porque revelan
que el umma no es un conjunto indivisible. Por ejemplo, en
la República Islámica de Irán, se han llamado grandes fitnas
las huelgas obreras y las luchas de los kurdos oprimidos y de las
mujeres por sus derechos. No se ha permitido ninguna iniciativa
de las masas para tomar el destino en manos propias. Durante y después
de la revolución de 1979 en Irán, era fitna y un peligro
para el islam la acción libertadora de las masas de obreros, campesinos,
intelectuales revolucionarios y mujeres en todo el país que subían
al escenario político. Jomeini aplastó todas esas fitnas a
fin de consolidar su dominio reaccionario.
El islam, como
el cristianismo, el judaísmo y otras religiones abrahánicas en general,
no resiste la crítica, la innovación y toda cosa que perturbe el
pensamiento estéril, estúpido y rígido. Puede tolerar el pensamiento
en las ciencias exactas y las ciencias médicas, pero nunca en las
ciencias sociales. La historia de la evolución humana y de la sociedad
humana, y sobre todo la creación de los dioses y de las religiones
por el hombre en cierto período histórico del desarrollo de las
fuerzas productivas y del conocimiento humano, son tabúes en las
escuelas de los movimientos y grupos islámicos. El islam no ve ninguna
necesidad para “desarrollarse”, ni para corregir sus defectos mediante
un análisis autocrítico. Esto se debe a que el islam, al igual que
todas las religiones, dice abarcarlo todo para todo el tiempo. La
contradicción entre una ideología rígida y un mundo de cambio constante
y el desarrollo del conocimiento humano se trata mediante conceptos
que se parecen a los de la Inquisición cristiana, que se llaman
en el islam nifagh (escisión) o kofr (blasfemia)6.
Toda innovación en el pensamiento islámico dominante se llama la
escisión o la rebelión. Jomeini ni siquiera toleraba las “innovaciones”
menores introducidas en la doctrina del islam por Ali Shariati (un
reformador de la religión chiíta)7 o la Organización
de los Mujaidines del Pueblo de Irán. Les llamó munafigheen (escisionistas).
Cada corriente del islam tiene sus propios escisionistas y en la
historia del islam se han librado guerras sangrientas sobre los
nifagh entre las corrientes del islam. Kafir es el
término que se aplica a “los de afuera” que no son islámicos o que
critican al pensamiento religioso. Según el islam, quien critique
sus principios es kafir y sujeto a la pena capital. A diferencia
de lo que dicen las llamadas “fuerzas islámicas modernas”, esta
ley se inscribe en el Corán. Los comunistas son kafir.
Uno de los
capítulos vergonzosos de la historia del movimiento islámico contemporáneo
ha sido el asesinato de apreciados intelectuales y personalidades
literarias en los países islámicos, árabes como no árabes. Por ejemplo,
el asesinato de Kasravi por el movimiento islámico clandestino en
Irán, hace 50 años, fue una tragedia nacional. Fue un crítico e
historiador temprano y moderno, cuyos excelentes libros sobre la
historia de la revolución constitucional iraní de 1905 son tesoros
de la historia popular del país. Los socios del ayatola Jomeini
lo mataron porque era un crítico valiente y abierto al oscurantismo
religioso y al aparato clérigo reaccionario del país. Hoy, la República
Islámica de Irán alaba como héroe al asesino. La eliminación sistemática
o la expulsión forzosa de los intelectuales del pueblo por el gobierno
iraní ha sido una tragedia nacional, cuyas dimensiones todavía no
se conocen en el mundo. Y los integrantes de Hesbolá en los países
árabes asesinaron a muchos escritores y artistas: el Dr. Hossein
Morovat en 1987; unas semanas después el Dr. Mehdi Amel; el célebre
y valiente caricaturista palestino Naji Alali; y Turhan Dursun a
inicios de los años 1990. Los acusaron de servir al sionismo, pero
su asesinato ha sido la máxima traición nacional por parte de los
islámicos. Con tales compatriotas, ¿quién necesita colonialistas
sionistas?
Bajo la ley
islámica, los munafigheen, y los musulmanes que abrazan otra
religión o se convierten en ateos, están sujetos a la pena de muerte.
Bajo el gobierno de Jomeini, fueron ejecutados miles de comunistas
y musulmanes tipo mujaidín. La mayoría eran revolucionarios que
habían luchado para derrocar al gobierno del cha. A los comunistas
que libraron la lucha armada contra la República Islámica de Irán
se les condenó a muerte dos veces: primero por ser herejes y segundo
por “Rebelión Contra Dios” (mohareb ba khoda).
TAGHLEED:
LÍDERES Y MASAS
El taghleed
significa obedecer a un gran ayatola8 en todos los
aspectos de la vida. Este concepto es principalmente chiíta, pero
existe con algunas variaciones en otras corrientes del islam. Según
este concepto reaccionario, las masas son ovejas que necesitan a
pastores; revela que en la teoría islámica no hay lugar para que
las masas tomen en manos propias su destino de manera consciente
y luchen por sus propios intereses. Los pastores son los ayatolas
o el imán (el líder infalible escogido por los ayatolas), que se
encargan de pensar por las masas, juzgando cada detalle de su vida
y diciéndoles cómo vivir. Los conceptos de taghleed y del
imán remachan esta relación reaccionaria entre las masas y los líderes
que supuestamente son los hombres de dios en la tierra. Según la
concepción del mundo islámica, no se encuentra nunca nada que se
parezca a lo que los comunistas llamamos “la línea de masas”, ni
al concepto de que “las masas hacen la historia”. Ni siquiera existe
nada que se parezca a la visión de la burguesía en ascenso acerca
de la creatividad de los seres humanos y su capacidad de razonar
y cambiar la suerte por su cuenta, sin depender de un dios y de
la iglesia. A mediados de los años 1980, el Dr. Hamood Al-Oodie,
un profesor de la Universidad de Sanaa (capital de Yemen), publicó
sus investigaciones acerca del antiguo sistema agrícola yemení,
mostrando que fue una gran hazaña de las masas de la región. Lo
atacaron despiadadamente las fuerzas islámicas, que afirmaron que
todas las cosas en la tierra son la obra y la creación de dios;
dijeron que este profesor había cometido la “apostasía” al dar crédito
a las masas de Yemen. (Ver Salman Rushdie y la verdad de la literatura,
de Sadik J. Al-Azm.)
Así que los
ayatolas pastorean a las masas en la vida cotidiana, y cada uno
tiene sus propios libros que dictan en detalle el comportamiento
diario y a largo plazo de los creyentes, con códigos éticos opresores
y reaccionarios para las mujeres y acusaciones contra ellas. Estos
mullas, parásitos que nunca han usado las manos para ganarse la
vida, pasan días sudando en debates religiosos para formular sus
tonterías y estupideces a fin de mantener a las masas obedientes
e ignorantes.
JIHADY
SHIHADAT
La jihad
es uno de los principios más importantes del islam y un requisito
para cada musulmán. Significa librar la batalla en el sendero de
dios. Pero, ¿qué es, contra quién hay que librarla y qué hay que
lograr en la tierra? ¿Cuál es la naturaleza de la jihad en
Palestina? ¿Es una guerra nacional para reconquistar la tierra robada
a los campesinos y al pueblo de Palestina por los colonizadores,
o es una guerra religiosa para recuperar los lugares santos? ¿Qué
es la jihad en Argelia? ¿Por qué dios (o sus representantes)
quiere masacrar a miles de campesinos en nombre de la jihad?
Los objetivos
de cualquier guerra y la manera de hacerla revelan qué tipo de sociedad
surgirá de ella. Como a los fundamentalistas islámicos les gusta
volver a los principios, veamos la época de Mahoma. Desde el principio,
la jihad ha sido muy política por naturaleza. Mahoma hizo
65 guerras en 9 años para forjar un nuevo Estado, con nuevas relaciones
económicas y políticas. Muchos versos del Corán al respecto
se elaboraron en esos años. Después, sus descendientes hicieron
una jihad para extender el imperio feudal del islam a otras
partes del mundo. Para movilizar a las masas como solados rasos
y legitimar su difícil lucha por el poder, tenía que encubrir la
naturaleza de la guerra en el ropaje místico de la religión: que
la jihad la ordena un ser sobrenatural. Tenía que hacer promesas
viables a corto y largo plazo: quienes hacen la jihad y no
mueren comparten el botín de la guerra; quienes se mueren en la
jihad van al cielo. Se garantiza. Y desde luego, hay muchos
bienes materiales “mejores” en el cielo, como muchas “mujeres vírgenes”
y niños a la disposición de los hombres. O sea, drogar y sobornar
a los soldados de la jihad en el sendero de dios. Si los
vencidos no aceptaban pagar indemnizaciones, se les mataría y sus
hijos serían vendidos como esclavos. Ésta era la sociedad que prometía
la jihad.
En el pensamiento
islámico, no existen conceptos modernos como “la guerra es la continuación
de la política por otros medios”, la “guerra de clases” o la “guerra
nacional”. Solamente hay guerra entre los “creyentes” y los demás;
dar-al-islam contra dar-al-harb (la tierra del islam
contra la tierra de los no creyentes). Pero eso no significa que
los movimientos islámicos fundamentalistas no tienen objetivos políticos
en la jihad, ni en otras estrategias. Con ambigüedades, engañan
a las masas desesperadas. En la guerra antisoviética en Afganistán,
los mujaidines de Afganistán y Osama bin Laden les decían a las
masas que “luchaban por Dios”. No iban a decirles la verdad, que
“luchaban por la CIA”. A pesar de su fanfarria, Bin Laden, la República
Islámica de Irán y fuerzas afines siempre serán los soldados rasos
de los grandes reaccionarios del mundo.
Algunos grupos
islámicos llaman a una jihad contra las potencias imperialistas
porque éstas son “infieles” que han dominado los países islámicos,
pero la jihad contra los imperialistas se burla de la lucha
contra éstos. No tiene nada que ver con las guerras que se han librado
contra las potencias imperialistas: la gran revolución rusa de 1917;
la guerra de China contra el Japón imperialista y el gobierno títere
impuesto por los Estados Unidos en China, que condujo a la victoria
de la revolución china en 1949; la sonora paliza que recibió en
Corea el ejército yanqui en 1953 a manos del pueblo y del Ejército
Rojo chino; y la derrota humillante del ejército yanqui a manos
de los vietnamitas. Hoy, las guerras populares en el Perú y en Nepal
se desarrollan en medio de avances y retrocesos, a partir de una
estrategia que puede vencer (la guerra popular), y que ya, aún antes
de la victoria, han establecido bases de apoyo rojas donde las masas
ejercen el poder político. Las victorias de las guerras populares
no dependen de ningún dios sino del pueblo: de una estrategia desarrollada
por el proletariado en el siglo 20 y puesta a prueba en la práctica,
de la aplicación creativa de esta estrategia y de la dirección de
un partido comunista revolucionario, y de la creatividad y la audacia
del pueblo.
Lejos de sembrar
miedo en el corazón de las potencias imperialistas, la jihad
de los fundamentalistas islámicos ha desatado terror contra
las masas. Por ejemplo, en Irán, Afganistán y Argelia. En las jihad
de los grupos islámicos contra las camarillas gobernantes de los
países del Medio Oriente, ¿cuántos comandantes y soldados de los
ejércitos argelino, saudita y egipcio, o de las fuerzas de ocupación
de los imperialistas en el Medio Oriente, han muerto? Poquísimos.
Por otra parte, están las masacres de presos políticos por Jomeini
en 1987 y del pueblo kurdo en Irán, el incendio y saqueo de los
barrios de grupos religiosos minoritarios, como los Baha'i, los
asesinatos secretos de intelectuales progresistas y la prohibición
de su obra, y la masacre de las masas de ciertas aldeas de Argelia
por el Frente Islámico de Salvación. En Afganistán, las invasiones
por parte de los talibanes y de la Alianza del Norte, al territorio
de unos a otros, en la última década, en que han matado indiscriminadamente
y violado a niñas y mujeres como premio de la jihad, son
las jihad “alabadas por Dios”. Las grandes jihad de
las últimas dos décadas, como la guerra entre Irán e Irak y la guerra
de los mujaidines afganistaníes contra el ejército de ocupación
soviético, recibieron la ayuda y se libraron con los fusiles avanzados
“enviados por Dios” despachados de los arsenales de las potencias
imperialistas occidentales y con la ayuda de su espionaje satelital.
Lo que hace que la jihad sea reaccionaria es que no libra
la lucha armada. El mundo muestra que el poder político nace del
fusil. Son los objetivos políticos y sociales de la jihad
y la manera de hacerla que la hacen reaccionaria9.
En los años
1980, los movimientos islámicos fundamentalistas llamaron a la jihad
para tomar el Poder e instaurar sociedades islámicas de saría.
Pero sus llamados se han cambiado hasta cierto punto. Hoy, la mayoría
de ellos llaman a la jihad como medio para asestar golpes
a los enemigos del islam y por la causa de la autodepuración islámica.
El éxito de la jihad ya no se garantiza, pero se dice que
la victoria se obtendrá cuando así lo dispone dios: toufigh men
alá. Esta cháchara supersticiosa suena a la política moderna.
Les dice a las masas: “Permítame utilizarlas de manera eficaz y
no pregunten por qué no cambian las cosas o cuándo obtendrá la victoria”.
Dos cambios han influido en la transformación del pensamiento de
los movimientos islámicos fundamentalistas: 1) después de la guerra
fría, perdieron sus grandes aliados de entre las potencias imperialistas
y 2) la bancarrota de los Estados islámicos de Irán y Afganistán,
donde han persistido la pobreza, la dependencia del imperialismo
y muchas injusticias sociales para la gran mayoría de las masas,
y la imposición de la saría ha empeorado la suerte del pueblo.
Estos proyectos han mostrado que la prometida sociedad islámica
no es el Edén, sino la continuación del atraso, la pobreza, la ignorancia
y la discriminación, y la subyugación y la humillación nacionales.
Junto con la
jihad existe el concepto de shihadat o martirio por
la causa. Hay una gran diferencia entre el shihadat y el
concepto revolucionario de la osadía y la disposición a dar la vida
por la revolución. Este último apunta a obtener la victoria: la
toma del Poder por los obreros, campesinos y otros oprimidos y el
derrocamiento de la apropiación privada y la explotación. En el
shihadat, la realización de una meta política terrenal es
secundaria y lo primario es ascender a la cima de la “proximidad
a Dios”. El shihadat es el objetivo más elevado de la jihad.
Martirizarse (shahid) es una meta en sí, es prepararse
para viajar al otro mundo y obtener el bienestar y la felicidad
en el otro mundo. Eso es lo que hace reaccionaria la doctrina del
shihadat.
Por las horribles
condiciones de vida, las masas tienen suficientes razones para querer
golpear al enemigo por todos los medios que sean posibles. En Palestina,
el grupo islámico Hamas, al fomentar ataques suicidas, da rienda
suelta a la furia de las masas y las deja como espectadores de actos
individuales, por espectaculares que sean, y no emprende el excelso
camino de encontrar la manera de convertirlas en participantes de
la lucha armada colectiva sostenida. El shihadat se basa
en la desesperación y la falta de esperanza de las masas de que
pueden cambiar este mundo, y las nutre. Las masas necesitan
una ideología revolucionaria y científica que pueda elevar su conciencia
y enseñarles las verdaderas estrategias de guerra, que puedan ganar
contra poderosos enemigos. Las masas de los países mesoorientales
no necesitan la jihad, pues es el producto de una antigua
sociedad opresora. La jihad solamente traería más sufrimiento.
Con la jihad, las masas no pueden deshacerse de los poderosos
Estados reaccionarios y sus amos imperialistas. Las masas necesitan
ver de manera científica que pueden derrocar a un enemigo tan fuerte
como las potencias imperialistas mediante una estrategia correcta.
Y para derrotar al enemigo mediante esta estrategia, habrá una enorme
necesidad para la audacia y el sacrificio por parte de las masas,
incluso para dar la vida. Pero dar la vida no es el objetivo.
El objetivo es acabar con el enemigo y destruir el sistema de explotación
destruyendo las potencias que lo protegen, al centro del cual se
hallan sus Estados y sus ejércitos.
La ideología
religiosa enseña una salida ilusoria de este mundo horrible. El
marxismo enseña a enfrentarse al mundo como es y a cambiarlo en
consecuencia. El marxismo se basa en la realidad del mundo material
y por eso puede cambiarlo. El marxismo enseña que no hay ningún
ser sobrenatural. Las masas sí necesitan la “magia”, pero ésta ha
sido siempre un producto humano consciente y solamente puede serlo.
Y hoy, puede producirse si las masas ejercen la única ideología
y ciencia que les pertenecen. El marxismo, siendo materialismo consecuente,
tiene que desarrollarse constantemente. Y así lo ha hecho; sin este
desarrollo se morirá. El marxismo se ha desarrollado mediante revoluciones
que hicieron y hacen época y, absorbiendo el conocimiento avanzado
que adquieren los seres humanos mediante la producción y la experimentación
científica, se ha desarrollado hasta el marxismo-leninismo-maoísmo.
Ésta es la poderosa ideología revolucionaria científica del proletariado.
Es esta clase que, con la dirección de sus magistrales representantes,
Marx, Lenin y Mao, ha podido producir una concepción del mundo científica,
una línea política, militar y económica que refleja los intereses
de las masas explotadas. Por primera vez en la historia de la sociedad
de clases, las masas explotadas no tienen que recurrir a las ideologías
que vienen de los antiguos y modernos arsenales de las clases explotadoras.
2.
LOS FACTORES QUE ENGENDRAN LAS FUERZAS ISLÁMICAS
Hace 30 años
eran laicas la gran mayoría de las fuerzas políticas opuestas a
las camarillas gobernantes de los países mesoorientales y sus amos
imperialistas: comunistas auténticos, pseudocomunistas prosoviéticos
y nacionalistas laicos. Por ejemplo, en Irán, Egipto y Palestina.
Después de la II Guerra Mundial, en Irán dos fuerzas políticas importantes
se oponían al gobierno del cha y sus amos imperialistas: el partido
prosoviético Tudeh y el Frente Nacional encabezado por Mossadegh,
quien fue derrocado en 1953 en un golpe de Estado de la CIA y los
mullas. En los países árabes, eran principalmente fuerzas nacionalistas
laicas. En Egipto, estas fuerzas fueron encabezadas por Yamal Abd
al-Nasir, quien enarboló la bandera de la oposición a la dominación
extranjera mientras reprimía a las verdaderas fuerzas revolucionarias.
En Palestina, fuerzas nacionalistas laicas y fuerzas políticas de
izquierda dirigían la lucha contra Israel, mientras que las fuerzas
islámicas obtuvieron influencia principalmente en los años 1980.
¿Cuáles son los factores que han impulsado los movimientos islámicos?
Hay que examinar lo siguiente: 1) cómo las políticas deliberadas
del imperialismo llevaron a las fuerzas políticas islámicas al escenario
político; 2) cómo el funcionamiento destructor del sistema imperialista
ha provocado el desarrollo de estas fuerzas; y 3) cómo la represión
sangrienta y los fracasos de los comunistas revolucionarios dejaron
un vacío que podían llenar.
Un clara causa
de la mayor influencia de las fuerzas islámicas ha sido la política
deliberada de las potencias imperialistas occidentales y sus Estados
títeres en el Medio Oriente: de contener a las masas revolucionarias,
así como los avances de sus rivales imperialistas soviéticos, impulsando
las fuerzas islámicas. En los años 1970, en el Medio Oriente, se
desarrolló una red de mezquitas con el aval y el impulso de los
respectivos gobiernos. En 1977, el general paquistaní Zia ul-Haq
lanzó un golpe de Estado con apoyo yanqui contra Bhutto e introdujo
la saría en la constitución. En Irán, se fundó la Asociación
de la Filosofía Monárquica encabezada por académicos islámicos educados
en el occidente, con la premisa de que la sociedad iraní necesitaba
una nueva identidad ideológica con una fuerte dosis del islam. Mientras
las fuerzas comunistas revolucionarias fueron perseguidas, asesinadas,
encarceladas o exiladas por el gobierno del cha, muchos foros de
discusión islámicos propagaron el pensamiento islámico en el seno
de los intelectuales. Se permitió que la alianza del clero y los
mercaderes del bazar y los usureros extendiera la red de mezquitas
y prédicas islámicas de casa en casa, y hasta se les concedió una
considerable libertad para incluir críticas al cha. Una pequeña
organización guerrillera clandestina de la izquierda islámica, los
Mujaidines del Pueblo de Irán, no gozaba de esa libertad. En 1980,
después del golpe de Estado militar en Turquía, los generales pro-Ataturk
de tendencia laica fueron a Suiza para regresar al líder islámico
Arbakan del exilio que le habían impuesto antes. Volvió para formar
el Partido Islámico Refah. A las fuerzas islámicas les dio espacio
para establecer su control sobre las masas y millones de dólares
para escuelas islámicas. Durante la contrainsurgencia contra la
insurrección kurda, el ejército turco contó con mucho apoyo de fuerzas
de Hesbolá.
Aunque los
gobiernos de las sociedades opresoras del Medio Oriente tenían una
deliberada política de poner a las fuerzas islámicas en el escenario
político, cabe preguntar cuáles procesos las producen y reproducen.
Estas fuerzas no pueden reducirse a “ecos del pasado”, aunque prometen
regresar sus respectivas sociedades al pasado. Son productos de
las estructuras modernas de las sociedades del Medio Oriente, que
a su vez son productos de la profunda penetración imperialista de
estas sociedades que las ha reorganizado e integrado a la red mundial
del sistema imperialista. Este proceso ha sido muy tumultuoso y
uno de los más horribles de la historia, por el sufrimiento humano
que ha impuesto. Éste es un proceso continuo que genera crisis y
sufrimiento en gran escala para los pueblos del mundo, siendo la
“globalización” su capítulo más reciente.
El ascenso
del fundamentalismo islámico refleja la crisis irremediable de los
Estados neocoloniales de esta región, su masiva pobreza permanente,
mientras se sacan enormes riquezas de la región para el occidente.
Refleja el ascenso y la decadencia espasmódicos de las clases medias;
el desplazamiento de la población de un extremo del país al otro,
y del interior al exterior del país; y el interminable choque entre
estar estancados en el precapitalismo y caer forzosamente al vorágine
del capitalismo mundial. Estos países están en constante tumulto.
Hasta las clases reaccionarias padecen cruentas escisiones y rivalidad
despiadada.
El islam ha
sido la ideología dominante de las sociedades mesoorientales desde
hace mucho. Y el poder religioso ha formado parte de las estructuras
gobernantes, antes como después de la dominación de la región por
las potencias coloniales e imperialistas del occidente. Sin embargo,
su posición en las estructuras gobernantes se cambió en algunos
aspectos después de las dos guerras mundiales. Después de la I,
los británicos llevaron a cabo transformaciones importantes en los
países que dominaban. Recurrieron a lo que ahora se llama la “construcción
de naciones”: establecer Estados centralizados con ejércitos y fuerzas
policiales modernos, carreteras y ferrocarriles, etc. Eso formaba
parte de la construcción de fortalezas contra la recién nacida Unión
Soviética socialista y engendró a personalidades como Reza Cha de
Irán y Ataturk de Turquía. Después de la II Guerra Mundial, se dio
otro viraje. Asumiendo el lugar del imperialismo británico, el gobierno
yanqui llevó a cabo una reestructuración económica y política importante
en varios países que ya dominaba. El resultado fue una nueva configuración
de clases: creció la clase obrera y un sistema educativo moderno
generó a intelectuales modernos, algunos de los cuales se convirtieron
en funcionarios y tecnócratas del Estado, mientras que otros se
sumaron al ambiente progresista y revolucionario. Se enajenó a gran
parte del poder religioso y en la mayoría de los países se abolió
su poder de vetar la legislación.
Las fuerzas
islámicas que tomaron el Poder en Irán en 1979 habían sido echadas
de las estructuras de poder después de la II Guerra Mundial. Después
de las dos guerras mundiales, la base económica feudal y la superestructura
correspondiente recibieron duros golpes de la penetración imperialista.
El poder clerical, que había sido un poderoso pilar del poder estatal,
fue dejado de lado, primero después de la I Guerra Mundial cuando
los británicos introdujeron una estructura estatal semicolonial
centralizada y luego después de la II Guerra Mundial, cuando el
gobierno yanqui patrocinó las reformas agrarias y de otro índole
que llevó a cabo el cha de Irán en los años 1960 bajo el nombre
de la “revolución blanca”; éstas debilitaron en una medida importante
al clero. Pero la revolución blanca no eliminó el feudalismo,
sino que reorganizó el modo de producción semifeudal y lo
ligó a las relaciones imperialistas globales. Además, como la mayor
penetración de las relaciones “modernas” se basaba en el capitalismo
y conservaba las estructuras estatales existentes, no buscaba una
confrontación con los representantes, ideas e instituciones feudales,
sino que buscaba compromisos con ellos para integrarlos al sistema
colonial. El ayatola Jomeini protestó por dos aspectos de la revolución
blanca del cha: el reparto de la tierra a los campesinos, por limitado
que era, y la concesión del derecho a votar a las mujeres. Cuando
la ofensiva “modernizadora” tambaleaba, las fuerzas islámicas excluidas
volvieron a presionar al cha y a sus amos imperialistas. La modernización
imperialista creó una economía desequilibrada y desarticulada a
tal grado que, aparte de imponer el sufrimiento a millones de personas,
dejó de ser funcional.
A partir de
los años 1960, se desarrolló una dinámica semejante en Egipto y
otros países. La “modernización” ahí desterró a enormes cantidades
de campesinos, pero el capitalismo burocrático no podía absorberlos
en las pocas fábricas modernas, agroindustrias y construcción infraestructural.
Éste fue un
fenómeno importante en todo el Medio Oriente. Las grandes ciudades
se llenaron de desplazados del campo. La clase media urbana, que
había crecido en los años 1960, empezó a sentir la presión; con
su crecimiento, crecieron el sistema educativo laico y el número
de estudiantes universitarios. Los movimientos islámicos, con raíces
en los centros clericales, maniobraron para sacar provecho de la
furia de las masas pobres, que llenaban las ciudades, y de un sector
de los intelectuales urbanos.
Los comunistas
revolucionarios, las fuerzas religiosas oscurantistas y los nacionalistas
se encontraron, por un tiempo corto pero intenso y turbulento, en
el mismo campo contra el cha de Irán y sus amos yanquis. Un sector
de los pobres urbanos, principalmente el campesinado desterrado,
siguió al ayatola Jomeini. Esos pobres desplazados no son intrínsecamente
islámicos. La ideología islámica nace espontáneamente en las estructuras
semifeudales de la sociedad y está ahí para que las masas sufridas
recurran a ella. Pero en un desfile semejante al que acogió a Jomeini
en 1979 en Teherán, la capital del país, los pobres urbanos marcharon
una década antes en luto por una cantante y bailarina popular llamada
Mahvash.
El tercer factor
importante es la crisis del movimiento comunista a nivel internacional.
La restauración capitalista en la URSS a mediados de los años 1950
fue la primera fuente de esta crisis. El islam no obtuvo un lugar
tan prominente en las masas que se oponían al orden establecido
debido a su vigor político, claridad teórica o radicalismo práctico.
La crisis del movimiento comunista internacional creó un enorme
vacío de dirección entre las masas, que fue llenado por las fuerzas
islámicas, entonces impulsadas con virulencia por las potencias
imperialistas occidentales. Al igual que las revoluciones socialistas
de Rusia (1917) y de China (1949) y la Gran Revolución Cultural
Proletaria (1966) dieron un tremendo impulso a los movimientos comunistas
y revolucionarios laicos en el Medio Oriente y el mundo, la restauración
capitalista en la Unión Soviética y la traición contra los movimientos
de liberación nacional, por ella y por los llamados partidos comunistas
prosoviéticos, constituyeron un golpe a las fuerzas comunistas auténticas.
En aras de los intereses de la política exterior soviética, los
partidos prosoviéticos empezaron a colaborar con gobiernos reaccionarios.
Por ejemplo, “descubrieron” elementos “progresistas” en el cha de
Irán y en el socialismo árabe y el socialismo islámico en los países
árabes. El golpe de Estado revisionista en China (1976) representó
el segundo golpe importante, que en los años 1980 provocó una enorme
crisis en los movimientos comunistas de esos países, como a nivel
mundial. Esas derrotas, junto con la represión sangrienta de los
comunistas revolucionarios auténticos por los gobiernos reaccionarios
y los imperialistas, crearon una oportunidad para el crecimiento
de la oposición bajo el estandarte islámico. Cuando no existe ninguna
alternativa al idealismo, oscurantismo e imperialismo, los reaccionarios
sacan provecho.
Cuando China
era una base de poder rojo, representó una manifestación contundente
de la revolución y una visión revolucionaria de la sociedad. Era
un poderoso imán para los oprimidos de todos los países. Era un
estandarte para quienes se atrevían a cambiar el mundo y no esperar
que algún dios decida si valiera la pena. Era un luminoso ejemplo
del internacionalismo, ayudando a todas las luchas de los pueblos
del mundo. Infundía ánimo a los oprimidos del mundo.
LA
LOCURA IMPERIALISTA NO ES MEJOR QUE EL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO
Como reacción
al fundamentalismo islámico, existe una tendencia de los intelectuales
de los países mesoorientales a proclamar que los problemas fundamentales
de esos países vienen desde “adentro”, que “no podemos culparles
a los extranjeros de todo”; en otras palabras, no culpar al colonialismo
y al imperialismo. Este argumento tiene algo de verdad en el sentido
de que llama la atención a los problemas milenarios que asfixian
a los países de la región y a muchos países más; es decir, los grandes
vestigios del feudalismo. No obstante, desde la integración de esos
países al sistema imperialista mundial, se han entrelazado esos
problemas “internos” y “externos”: el problema es la dominación
de ciertas clases y su ideología dominante y poder político que
hoy se entrelazan íntimamente con la dominación económica y política
del imperialismo. Esas clases son el producto de la explotación
capitalista y feudal de los obreros y campesinos, y a su vez están
integradas en un sistema mundial. No se pueden buscar los problemas
actuales de esos países en el pasado, pues los países oprimidos
de hoy son productos de la época imperialista. Sin identificar correctamente
los obstáculos al progreso de esas sociedades, no se pueden encontrar
soluciones. Las fuerzas islámicas y quienes absuelven al imperialismo
se equivocan acerca de las causas básicas de los problemas. Por
eso, sus soluciones son erróneas. Los primeros proponen volver al
pasado con programas reaccionarios. Los segundos cierran los ojos
a la barbarie imperialista porque sus bombas son supuestamente las
semillas que propagaran la modernización y la ilustración en esos
países. Esta línea proimperialista siempre ha existido en los sectores
superiores de los intelectuales de la región. A menudo, a pesar
de sus propias intenciones, les ha convertido en tecnócratas del
imperialismo.
Es el sistema
capitalista mundial (el imperialismo) el que conserva los Estados
reaccionarios en los países oprimidos, condenando a tantos habitantes
del mundo a la miseria y al hambre, y despojando al mundo del enorme
poder potencial para el desarrollo global de la creatividad y la
capacidad cultural y científica de las masas. Este sistema mundial
se estructura de tal forma que no permite que las masas del tercer
mundo controlen su propio destino. El imperialismo y el feudalismo
mantienen a los países oprimidos en condiciones de atraso. Veamos
un hecho básico: las fuerzas yanquis aterrizaron en Afganistán con
fajas de dólares para comprar la lealtad política y militar de los
caudillos tribales y así establecer los arreglos políticos que su
imperio necesita en esa región. El dólar es una relación social.
Modela las condiciones socioeconómicas del mundo. La estructura
de las relaciones entre los países imperialistas y los oprimidos
forma parte decisiva del sistema capitalista mundial. El imperialismo
es la fuerza principal que modela las relaciones internas sociales
y de clase en los países oprimidos. Las clases reaccionarias de
esos países, es decir, los grandes terratenientes, industriales,
comerciantes y banqueros, son aliados de clase del sistema capitalista
mundial. Son “operarios” imperialistas en esos países. A veces las
relaciones se tensan entre el amo imperialista y las clases reaccionarias
locales. Sin embargo, las clases compradora y feudal dependen de
sus conexiones con los imperialistas. Por eso, es imposible desligar
los problemas “internos” de los “externos”. Hay que derrocarlos
todos al mismo tiempo.
Existe un extenso
feudalismo en la base económica y la superestructura de estas sociedades.
Pasan por un larga transición, lenta y dolorosa, desde la época
feudal hasta la burguesa. La interdependencia de la religión y el
Estado, la situación de la mujer, las fuertes relaciones sociales
patriarcales y el nepotismo son manifestaciones de esta situación.
Pero, desde hace mucho, esas sociedades están bajo la dominación
imperialista. Los imperialistas han sido los principales agentes
de la modernización que exista en esos países y, a su vez, han integrado
de manera subordinada las economías atrasadas de esos países en
su red mundial de capitalismo. Mientras introducen las fuerzas modernas
de producción, han impuesto un desarrollo económico desequilibrado,
donde pequeños enclaves avanzados de la economía están rodeados
de vastas zonas de atraso. El funcionamiento de la economía capitalista
mundial ha devastado la economía de esos países y los ha dejado
a la merced de los violentos cambios del mercado mundial y del medio
ambiente. A veces las potencias imperialistas han adoptado a propósito
la política de fortalecer las fuerzas del feudalismo, siendo Afganistán
un claro ejemplo. Lo que ha dictado y dictará la penetración imperialista
en estos países es la ganancia, la avaricia y la dominación política.
Solamente una estrategia y un programa antifeudales y antiimperialistas
pueden abrir las puertas para el desarrollo integral de estas sociedades.
LA
REVOLUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA Y SOCIALISTA: LA ÚNICA SOLUCIÓN
El islam político
ha fracasado. Dondequiera que haya llegado al Poder, no ha traído
nada nuevo para las masas. Mantiene intactas las antiguas relaciones
de opresión. Los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen,
y la dominación imperialista de la economía y del poder político
se fortalece más que nunca. El islam político no representa un mecanismo
para unir la ética tradicional y la unidad tribal bajo un nuevo
gobierno. Representa las aspiraciones de clases específicas en los
países musulmanes. Es el estandarte que un sector de las clases
explotadoras enarbola para participar en la estructura del poder.
A estas fuerzas de clase sólo les importan las masas cuando necesiten
a soldados rasos. Como subrayó Lenin, hoy hasta los reaccionarios
necesitan a las masas para llevar a cabo sus proyectos. El ascenso
de las fuerzas islámicas es una manifestación de una grave crisis
en los Estados reaccionarios del Medio Oriente. El islam político
no ha curado esta enfermedad y no podrá hacerlo. Estos Estados están
en desintegración, tengan o no una pantalla islámica. Por eso, principalmente,
su protector, los Estados Unidos, ha tenido que apostar sus fuerzas
militares en el Medio Oriente. Ya necesita una presencia ahí. Puede
blandir su poderío aéreo como quiera, pero en tierra las iracundas
masas asedian a sus Estados títeres neocoloniales. Lo que falta
son fuertes partidos marxista-leninista-maoístas capaces de ponerse
al frente de esas masas, organizar su insaciable sed para la liberación
y su tremenda energía en poderosas guerras populares, y dirigir
revoluciones de nueva democracia a la victoria. Éste es el único
camino para arrancar de raíz al feudalismo como para resolver los
problemas que sofocan a esos países desde hace siglos, y cortar
de una vez por todas el yugo estrangulador del imperialismo.
NOTAS
1. Partidario
del Partido Comunista de Irán (Marxista-Leninista-Maoísta).
2. Ilya Pavlovitch
Petroshevsky, El islam en Irán. Este libro de fuentes marxistas
presenta un valioso análisis científico e histórico de las raíces
sociopolíticas del islam. Para parafrasear al autor, el islam nació
a inicios del siglo 7 A.C. en medio de la aparición de la sociedad
de clases y del inicio de un movimiento social y político complejo
entre los árabes del norte. El islam se convirtió en el manto ideológico
que condujo a establecer un Estado árabe y su expansión militar
y política en Arabia.
Mahoma fue
un intelectual de una familia de pequeños mercaderes en La Meca.
Su familia (la familia Bani Hashem de la tribu adinerada Ghoreish)
eran los guardianes de una colección de ídolos que adoraban distintas
tribus y familias. La Meca tenía una ubicación geográfica de importancia
estratégica. Era un centro de comercio exterior, con la compraventa
de esclavos. Las rutas comerciales que conectaban la India y el
imperio bizantino (Siria, Palestina y Egipto) pasaron por Yemen
(al sur) y La Meca (al norte). Irán bajo Sassanid capturó a Yemen
en el siglo 6 e hizo desviar la ruta comercial a su favor. El comercio
exterior disminuyó en La Meca. La Meca era un centro para los intercambios
internos de mercancías entre nómadas árabes, que cambiaban productos
lácteos por dátiles, cereales y artesanías de La Meca. La tribu
Ghoreish vivía en La Meca. Algunas de sus familias integrantes se
enriquecieron mucho mediante el comercio y la usura, y arruinaron
a familias y mercaderes pequeños (como la familia Bani Ommayeh,
al principio los enemigos principales de Mahoma, pero quienes se
le unieron después y encabezaron la expansión del imperio islámico).
Otras eran mercaderes y agricultores modestos (como Bani Hashem,
la familia de Mahoma). Todas traficaban con los esclavos de Etiopía,
y los explotaban en la agricultura. La desintegración de la comunidad
tribal y el desarrollo de la tenencia individual privada de la tierra
y la concomitante mayor brecha entre los ricos y los pobres de cada
tribu, sacudieron las regiones del norte de Arabia. Los azotó una
tremenda crisis social y económica. Mahoma se encargó de unificar
a las tribus dispersas y conflictivas de la península arábiga para
hacer frente a la crisis. Para ello, se necesitaba un Estado unificado
para Arabia.
3. Las derrotas
a manos de los colonialistas occidentales en el siglo 19 ocupan
un importante lugar en la literatura islámica. Los británicos consolidaron
su dominio del Medio Oriente en la última mitad del siglo 19, y
en los mismos años desmantelaron el imperio de los otomanes. La
Rusia zarista invadió al Cáucaso y Asia central en 1857. Ese medio
siglo fue un punto de viraje, pues puso fin al equilibrio milenario
entre el imperio musulmán y el cristiano. El mundo cristiano había
dejado atrás el feudalismo, pero el mundo musulmán todavía vivía
en el pasado.
Diversas fuerzas
islámicas que son menos fundamentalistas y más cercanas al nacionalismo
utilizan la nostalgia por el pasado precolonial como estandarte
ideológico para unificar al pueblo; marchan por las calles de Ramallah
con un retrato de Salahedin Ayubi (un célebre combatiente del imperio
islámico contra los cruzados); se ilusionan acerca del imperio otomano,
aunque los feudales y los reyes árabes felizmente ayudaron a los
británicos a derrocarlo; y dicen que la civilización islámica era
más avanzada que la europea, que ésta estaba todavía en la edad
del oscurantismo (¡lo cual es cierto, pero veamos hacia el futuro!).
Esta historia ha generado mucho debate acerca de “por qué la parte
islámica del mundo no podía competir con el colonialismo europeo”.
Esto es un importante tema de estudio y análisis histórico entre
los intelectuales de los países musulmanes, pero el debate rebasa
el ámbito de este artículo. Sin embargo, una posición proletaria
correcta tomaría como punto de partida que, si bien es importante
explorar este aspecto del desarrollo de la sociedad humana, el proletariado
no lucha contra los imperios reaccionarios de hoy (es decir, los
imperialistas) con el objetivo de restaurar los imperios del pasado.
Primero, el proletariado ni siquiera existió entonces, de modo que
no tiene imperios perdidos que lamentar ni luchar por reestablecer.
Segundo, esos imperios del pasado, del oriente al occidente y sin
importar la religión y la nacionalidad, eran opresores y no valen
la pena de la nostalgia. El proletariado puede decir libremente,
como dijo Marx: que los muertos entierren a los muertos (en otras
palabras, que las clases burguesa y feudal lloren por su propio
pasado). Tenemos que luchar por el futuro, una sociedad completamente
distinta a todas las sociedades de clase que antes han existido.
4. Entre los
ideólogos de los actuales movimientos islámicos figuran: Jomeini,
Motahari y Taleghani de Irán, Seyyid Qutb de Egipto, Maududi de
Paquistán y Al-Turabi del Sudán.
5. En los años
1980, la CIA de Reagan llevó a cabo operaciones encubiertas contra
el nuevo gobierno sandinista de Nicaragua. Los mercenarios nicaragüenses
y cubanos, quienes fueron dirigidos por Oliver North de la CIA,
eran llamados la contra [contrarrevolución]. Esta operación se financiaba
mediante el contrabando de cocaína y la venta de armamento a Irán
por medio de Israel. El escándalo se llamaba Irán-Contragate.
6. Desde el
11 de septiembre, ha salido un chorro de propaganda en los medios
informativos occidentales, incluso en la prensa liberal intelectual,
de que el islam es distinto a otras religiones, que es en esencia
más rígido y menos abierto a la investigación que otras religiones
importantes, y que por ello, el mundo árabe y musulmán es tan pobre
y tiene líderes tan retrógrados (jeques feudales y afines). Eso
implica que la población del occidente tiene tanta suerte porque
vive bajo gobiernos que se basan en la ética judeocristiana y que
por eso disfrutan de más prosperidad y mayor libertad. Es un argumento
chovinista occidental. En términos de las escrituras y tradiciones
del islam, hay que llamar la atención al hecho de que, en muchos
sentidos, el Corán y la tradición islámica son una extensión
moderna y material de las escrituras y tradiciones judeocristianas,
al igual que otras religiones, como el zoroastrismo, la filosofía
griega, etc. Todas estas religiones son igualmente opresoras y reaccionarias.
Contradice
la historia decir que el islam en su esencia es incapaz de reformarse.
En su historia, el islam ha respondido a condiciones sociales cambiantes.
Muchas corrientes del islam son productos de rebeliones de masas,
invasiones, luchas por el poder, grandes debates, el florecimiento
de la ciencia en partes del mundo islámico, lo aprendido de los
griegos, egipcios y babilonios, los avances de las matemáticas,
la astronomía, etc. Es cierto que en muchos sentidos, el mundo islámico
era más desarrollado en lo científico e intelectual que la Europa
de la edad medieval. Cuando se estableció el imperio musulmán en
el siglo 7, Europa estaba en la edad del oscurantismo. En los siguientes
siglos, el cristianismo pasó por la Inquisición, quemaba a los herejes
en la hoguera, etc. Sin embargo, el dominio de la religión y el
feudalismo fue derrocado por las revoluciones capitalistas en Europa,
mientras el feudalismo siguió manteniendo su dominio en las tierras
islámicas. Pero el desarrollo capitalista en el occidente no fue
ordenado por el cristianismo. Se dice que, de no ser por el protestantismo
y el calvinismo, el capitalismo no se hubiera desarrollado en el
occidente. Al contrario. Cuando se desarrolló el capitalismo (lo
que pudo haber sucedido de otra manera, es decir, no haber surgido
primero en Europa), forjó una historia mundial unificada. Y en ese
proceso el islam siguió formando parte de la superestructura de
sociedades que son tanto opresoras como subordinadas. Cuando el
colonialismo y el imperialismo europeo y yanqui penetraron a esos
países, engendraron las sociedades semifeudales, semicoloniales,
desequilibradas que vemos hoy. El dominio del islam en la superestructura
de esas sociedades representa la fuerte presencia del feudalismo
y la dominación colonial e imperialista. Así se desarrolló la historia,
y contradice la historia discutir acerca de cuál religión es mejor.
¡Otra posición
que contradice la historia dice que el islam debiera ponerse al
día! No puede ni debe “ponerse al día”. El mundo está ya saturado
de países imperialistas y capitalistas. Y los países islámicos no
necesitan producir otro Lutero u otro Kant. Ya pasó esa época e
intentar reproducirla no puede ser sino reaccionario.
7. Ali Shariati,
un iraní, es uno de los más célebres pensadores islámicos. Buscó
forjar un chiísmo revolucionario moderno. Es el fundador de una
nueva corriente de los chiítas. El ayatola Jomeini lo consideraba
un ecléctico.
Shariati vuelve
a los orígenes del chiísmo para proclamar que éste tiene un inmenso
potencial revolucionario. Combinó esta nueva interpretación del
chiísmo con la sociología moderna, y elementos del marxismo, para
producir lo que se presenta como una identidad autóctona anticolonial,
llamada “volver al yo” por el título de una de sus obras más importantes.
Juntó a los explotados y los explotadores del occidente en la categoría
de “otros” y presentó a Fatemeh, la hija del profeta Mahoma, como
ejemplo a seguir para las mujeres musulmanas modernas.
Su objetivo
político era contrarrestar la creciente influencia del marxismo
en los intelectuales iraníes.
8. En el siglo
19, la jerarquía de la fe chiíta se institucionalizó así: el gran
ayotala en la cima, seguido del ayatola y luego el hojat-ul-islam.
Solamente los grandes ayatolas pueden practicar el taghleed.
9. La Organización
de los Mujaidines del Pueblo de Irán difiere en algunos aspectos
de la mayoría de los movimientos islámicos fundamentalistas. Se
fundó a fines de los años 1960 como organización guerrillera antiimperialista
y luchó contra el cha y el imperialismo yanqui. Tenía objetivos
políticos claros: el derrocamiento del cha y la expulsión del imperialismo
del país. Y su visión para la futura sociedad era una “sociedad
towhidi sin clases”, una sociedad sin clases en que todo
le pertenece a dios. Al comienzo, fue una organización pequeñoburguesa
radical que recurría al islam para legitimarse ante la población
musulmana y distinguirse de las organizaciones políticas marxistas.
Al mismo tiempo, a fin de deslindarse del clero reaccionario y de
los fundamentalistas islámicos, integró en su doctrina a conceptos
marxistas, como las clases, la explotación, el imperialismo, etc.
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