UN MUNDO QUE GANAR
 


Una historia del “gran juego” imperialista

Afganistán ha sido víctima de conspiración y disputa entre los imperialistas por más de un siglo. La expresión “gran juego” fue usada por primera vez para describir el conflicto entre los imperialistas británicos y la Rusia zarista por el control de Afganistán al inicio del siglo 19. Un lado de Afganistán es el puente a Asia central y el otro se abre hacia la península india y al mar codiciado desde hace mucho por Rusia. Los primeros colonizadores occidentales que invadieron a Afganistán, los británicos, ocuparon Kabul en 1839 en su rivalidad con Rusia.

El pueblo afganistaní expulsó a los británicos en tres guerras sucesivas. Estas luchas heroicas no liberaron al país del colonialismo y explotación, y cada vez los jefes tribales y los feudales transaron el futuro del pueblo por pequeñas concesiones de los colonizadores. Después de la I Guerra Mundial y la victoria del proletariado dirigido por el partido bolchevique en Rusia, que inspiró a los oprimidos del mundo, la tercera guerra anticolonial alcanzó la independencia bajo el gobierno de Amanullah Khan, en una nueva era de semifeudalismo y semicolonialismo.

Los británicos continuaron ejerciendo influencia en Afganistán, ahora de una manera cauta dada la existencia de un país socialista al norte. Pero, el imperio británico empezó a declinar, ensombrecido por la creciente fuerza del imperialismo yanqui, como consecuencia de la II Guerra Mundial. A mediados de los años 1950, los nuevos gobernantes revisionistas de la Unión Soviética que habían derrocado al socialismo, extendieron su influencia entrando al “gran juego” en Afganistán. El apetito del socialimperialismo soviético creció geométricamente en los años 1970 con la intensificación de la contienda con los imperialistas yanquis y sus aliados occidentales por controlar mayores partes del mundo.

Los soviéticos usaron su influencia económica y trabajaron mediante los partidos revisionistas prosoviéticos dentro de Afganistán. Entre 1956 y 1973, le dieron a Afganistán cerca de $3 mil millones de dólares en ayuda económica y militar. En un golpe de Estado en 1978, subió al Poder uno de los dos principales grupos revisionistas prosoviéticos, el partido Khalq. El objetivo de los soviéticos era abrir el camino hacia el mar Índico y el golfo Pérsico mediante su control de Afganistán. Algunas fuerzas se opusieron al golpe de Estado, lo que impidió que los revisionistas controlaran solos al país. Para consolidar su control, la Unión Soviética invadió y ocupó Afganistán y colocó en el Poder a un nuevo lacayo del otro grupo revisionista, el partido Parcham.

La sangrienta ocupación no sólo enfureció al pueblo y dio lugar a una férrea resistencia popular sino también representó un mayor desafío al bloque imperialista occidental. Así, Afganistán se convirtió en el foco de dos de las más intensas contradicciones del mundo. Las fuerzas y masas revolucionarias de todo el mundo apoyaron la heroica lucha del pueblo de Afganistán, mientras que los feudales y otras fuerzas reaccionarias vinculados, directa o indirectamente, a los imperialistas yanquis y occidentales se movilizaron a nivel mundial contra la amenaza de los socialimperialistas soviéticos a su dominación global.

Los imperialistas yanquis actuaron rápidamente, enviando inmensas cantidades de apoyo militar y financiero para apuntalar los ejércitos de los señores de la guerra feudales y tribales. Intentaron movilizar a las fuerzas islámicas y los gobiernos reaccionarios regionales en su órbita para emprender la jihad contra “los comunistas ateos”, como les gustó llamar a los revisionistas socialimperialistas. Arabia Saudita y Pakistán, con su servicio de inteligencia ISI, y los nuevos revisionistas chinos de Deng Xiao-ping, financiaron a diversos mujaidines y fuerzas reaccionarias en la resistencia afganistaní. Esta devastadora e implacable guerra duró una década y costó más de 1.5 millones de vidas. Dejó millones de heridos e incapacitados, desterró a un enorme sector de la población, y obligó a un tercio de ésta a refugiarse en los países y regiones vecinos.

Cuando el último gobierno prosoviético, encabezado por Najibullah, fue derrocado en 1992, varios grupos mujaidines combatieron entre sí por el control del país. Desde Massoud (consentido de los imperialistas europeos), Rabbani y otros líderes de la minoría tajika, hasta Hekmatyar, consentido del ISI y la CIA que tenía fuerza en las zonas pashtunes, los musulmanes chiítas del partido Vahdat de la región hazara y la región central, Ismail Kan del occidente y el general Dostum de la zona uzbeka, cada uno de estos señores de la guerra mandaba en su propia región y oprimía cruelmente a los miembros de otras nacionalidades. En los años siguientes, los señores de la guerra tribal-feudales dominaron con terror, bandidaje desenfrenado y saqueo de la población, y la tumultuaria violación de las mujeres. Y la guerra fue un vil campo de acción de intereses regionales: las grandes potencias imperialistas y los vecinos reaccionarios, como Pakistán, India e Irán, con dinero y fusiles, utilizaron a los señores de la guerra al servicio de sus propios intereses. Los comandantes cambiaron de bando constantemente, “traicionando” a su clan a cambio de mejores ofertas, lo que atizó conflictos locales.

Más de 10.000 civiles murieron en la guerra entre Hekmatyar, la principal fuerza pashtún, Rabbani y Massoud. Kabul fue destruido por los ataques de las fuerzas de Hekmatyar y Dostum.

CONTIENDA AGUDA

Aunque los soviéticos no alcanzaron su sueño de un paso al sur de Asia y al mar y tuvieron que retirarse cuando su propio imperio se derrumbó, Afganistán siguió teniendo importancia estratégica, principalmente por el descubrimiento de petróleo y campos de gas natural en Asia central y el mar Caspio. En la aguda rivalidad entre imperialistas, el petróleo fue más que un objeto de pillaje, fue una fuente estratégica, cuyo control moldeaba el conflicto en la región. Para los imperialistas, fue tan importante negarle a sus rivales el acceso a las fuentes de energéticos como asegurarse ese acceso y control para sí mismos.

Cuando los soviéticos se retiraron a principios de los años 1990, los imperialistas yanquis buscaron reemplazar la influencia soviética con la suya, integrar a los países centroasiáticos al mercado mundial y romper el monopolio ruso sobre los oleoductos a ese mercado. Y empezaron a tramar una alternativa al golfo Pérsico como importante fuente de energéticos, a fin de reforzar su posición global dominante. Un aspecto importante fue impedir que Rusia resurgiera como rival mayor en la región. Los oleoductos que los Estados Unidos necesitaba tenían que cruzar Afganistán hacia Pakistán y el mar para acceder al mercado occidental.

Política y financieramente débil después del derrumbe de su bloque, Rusia intentó proteger su esfera de influencia territorial centroasiática y controlar la exportación del petróleo y gas natural de la región construyendo oleoductos en su propio territorio.

Irán, Turquía y Pakistán también participaron en la disputa acerca del proyecto del oleoducto según sus propios intereses. Al mismo tiempo, las potencias imperialistas europeas estaban contendiendo por tener influencia en la región y a menudo chocaron con el esquema estadounidense por dominación, mientras que en las últimas décadas, las compañías petroleras de todo el mundo se apresuraron a participar en la construcción del oleoducto.

La gran inestabilidad de los señores de la guerra de Afganistán llegó a ser inaceptable para la nueva estrategia de los imperialistas yanquis en la región, y a pesar del amplio apoyo a estos feudales por la CIA e ISI, le tocó a Pakistán, el lacayo regional más servil de los Estados Unidos, echar a los señores de la guerra y poner el Poder en manos de un gobierno central, más unificado.

TALIBÁN EN ESCENA

El Talibán representó principalmente las clases feudales y tribus pashtunes. En su mayoría, los talibanes nacieron en Pakistán y, según Ahmed Rashid, autor de Talibán: Islam, petróleo y el nuevo gran juego en Asia central, recibieron educación en escuelas religiosas en Pakistán bajo la supervisión de un fundamentalista llamado Molana Fazlul Rahman. Rahman tenía lazos con el gobierno de Bhutto, de Pakistán, y fue la figura clave que casó el ejército paquistaní y el ISI con la dirección del Talibán. El Talibán tenía poca experiencia combatiendo a los soviéticos y sólo algunos líderes habían colaborado con los mujaidines, principalmente con una facción del partido Islámico. Sin la ayuda militar y de inteligencia de los Estados Unidos y Pakistán, inclusive la participación del último en el combate, y el apoyo financiero saudita, los talibanes nunca habrían podido derrotar a los señores de la guerra que tenían 10 años de experiencia en duro combate al ejército ruso y en la guerra civil. En noviembre de 1994, el Talibán tomó el control de Kandahar y con ayuda paquistaní y saudita, atacó a Kabul con proyectiles, matando e hiriendo a miles de personas. El 26 de septiembre de 1996, el Talibán tomó Kabul y estableció un gobierno central.

El fundamentalismo extremo del Talibán impidió que los Estados Unidos reconociera abiertamente su autoridad. Pero, mantuvo buenas relaciones por medio de Islamabad, y empezó a trabajar con las compañías petroleras estadounidenses para construir el oleoducto. Cuando el Talibán impuso las leyes islámicas, negando a miles de muchachas y mujeres educación y trabajo y cerrándolas bajo llave en casa (salvo acompañadas por un pariente masculino) y cuando emprendió la matanza de las minorías no pashtunes y cercenó manos y cabezas a nombre de la justicia islámica, el gobierno yanqui no dijo nada sobre la democracia y la libertad.

El Estado yanqui dio la bienvenida a la nueva estabilidad relativa cuando el Talibán sometió a dos tercios del país, si bien, a veces, presionado por la opinión pública, fingió distanciarse públicamente del Talibán. En mayo de 2001, con Bush ya en funciones, el gobierno yanqui aprobó más de $40 millones de dólares de ayuda al Talibán.