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El frente
interno en la “guerra contra el terrorismo”
Casi todos
los gobiernos han desatado más represión desde el 11 de septiembre:
bajo presión del gobierno yanqui o a órdenes del mismo y de otros
porque corresponde a sus intereses. La represión es una tendencia
general, pero no se manifiesta de la misma forma en todos los países,
por dos razones.
Primero, la
nueva situación mundial no borra la diferencia entre los países
imperialistas y los países que oprimen. Como la Declaración del
Movimiento Internacionalista Revolucionario explica: “En estos
países [oprimidos], la explotación del proletariado y las masas
es severa, los atropellos de la dominación imperialista son constantes,
y las clases dominantes, por lo general, ejercen su dictadura descarada
y brutalmente, y aun cuando utilizan la forma democrático‑burguesa
o parlamentaria, su dictadura está apenas bajo la superficie”. India,
a veces llamada la más grande democracia parlamentaria del tercer
mundo, ha llegado a ser un excelente ejemplo de represión política
con la “Ley de Prevención del Terrorismo” de marzo de 2002. La ley
avala diversas medidas ya establecidas por decreto presidencial.
Proscribe dos organizaciones maoístas que libran lucha armada, el
Centro Comunista Maoísta y el Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista)
(Guerra Popular), que hasta ahora sólo eran ilegales en los estados
en que ya libran combates. Y, la ley permite detenciones por más
de seis meses sin derecho a juicio a sospechosos de ser miembros,
partidarios de grupos definidos como “terroristas”, o hasta personas
que sin saberlo los ayudan. La evidencia puede ser de testigos anónimos
o de “confesiones” firmadas en custodia policial, aunque sin validez
ante la corte, lo que da mayor libertad de torturar. Ésta es una
amenaza muy seria a la actividad política legal y a las publicaciones
de las grandes ciudades. No obstante, como método de represión,
es secundario al aumento de los asesinatos policiales de revolucionarios
en “encuentros” simulados y al funcionamiento cotidiano de una sociedad
en que las masas, en especial en la mayor parte del campo, en la
práctica no tienen ningún derecho en absoluto.
Segundo, aunque
las campañas viles y a menudo violentas contra los extranjeros son
hoy un fenómeno en la mayoría de los países imperialistas, desde
Escandinavia hasta Australia, la situación actual exige un aumento
cualitativo de la represión política en los países en la línea del
fuego de las nuevas guerras, sobre todo en los Estados Unidos y
su íntimo aliado Gran Bretaña, aunque la tendencia no se limita
a esos dos Estados.
EL
NUEVO TERRENO POLÍTICO EN LOS ESTADOS UNIDOS
La declaración
de Bush sobre los “dos frentes” en la “guerra contra el terrorismo”
es exacta: para llevar a cabo su guerra contra los pueblos del mundo,
su gobierno ha lanzado una ofensiva sin precedente en lo que a él
le gusta llamar “el frente interno”.
Aparte de medidas
de represión, abarca lo que Bob Avakian, presidente del Partido
Revolucionario Comunista, EU, ha llamado: “...una gran escalada
de represión política, social y cultural.... los sectores de la
clase dominante que ocupan posiciones clave de poder en este momento
(el grupo de Bush, independientemente de quién sea el mero mero)
están dando la pauta para el conjunto de la clase dominante. Y...
quieren ver en el plano nacional una sociedad radicalmente diferente
de la que ha existido desde esa época [la guerra fría]” (Obrero
Revolucionario [OR] #1143, 17 marzo 2002).
Tres ingredientes
importantes de esta ofensiva reaccionaria son la detención de inmigrantes,
la suspensión de los derechos democráticos formales y una campaña
de censura y represión del disentimiento político, social y cultural.
Algunos expertos
jurídicos señalan que el gobierno ha abolido en los hechos el habeas
corpus (el concepto jurídico angloamericano que dice que sólo
se puede encarcelar a alguien si hay algún fundamento jurídico para
hacerlo, y no sólo de manera arbitraria) dondequiera que el poder
yanqui llegue, incluso para los extranjeros que viven en los Estados
Unidos.
Más de 1.500
extranjeros que residen en los Estados Unidos fueron detenidos tras
el 11: de Pakistán, Egipto, Turquía, Yemen y muchos países de todos
los continentes. Muchos fueron golpeados, maltratados y amenazados
con juicios militares. Algunos fueron incomunicados, sujetos a lo
que un informe de Amnistía Internacional llamó “trato cruel, inhumano
y degradante”. El gobierno mantiene en secreto la cantidad de detenidos,
sus nombres y situación, y los cargos en su contra (si hubo alguno).
El 15 de febrero, dijo que se quedarían 327 personas presas por
violaciones de su calidad migratoria (a menudo insignificantes)
y más de 100 por delitos supuestamente descubiertos tras su detención.
Muchos han sido deportados. Además, preparó una lista de 5.000 personas
nacidas en el extranjero sujetas a interrogatorios del FBI y a otras
formas de intimidación, aunque ninguno había violado alguna ley.
El gobierno ha exigido la pena de muerte contra la única persona
que reside en los Estados Unidos acusada de tener alguna conexión
con los sucesos del 11, Zacarías Moussaoui, un ciudadano francés
ya hecho preso antes del 11 de septiembre.
Como un artículo
del OR señaló, hay una diferencia entre éstas y similares
detenciones en masa del siglo 20 (los arrestos bajo Palmer a inicios
de los años 1920, en que 4.000 inmigrantes fueron acusados de ser
revolucionarios, encarcelados y muchos deportados, y la internación
de 110.000 ciudadanos de origen japonés durante la II Guerra Mundial).
Los recientes atropellos van de la mano con nuevas leyes que podrían
convertir esta amenaza en una constante. El congreso aprobó la legislación
“antiterrorista” con un solo voto en contra; autoriza que el gobierno
detenga a los extranjeros por tiempo indefinido sin cargos.
La nueva ley
también “manda al diablo –de acuerdo al OR– lo que queda
de la protección [constitucional] de requisa y detención de la Cuarta
Enmienda de la Constitución, y ampliará enormemente los poderes
del gobierno para interceptar” comunicaciones, catear casas abiertamente
o en secreto, monitorear cuentas de banco y otros archivos, y llevar
a cabo otras formas de vigilancia. Los presos ya no podrán tener
conversaciones confidenciales con su abogado. Se proscribirán las
organizaciones legales en caso de declarar culpable de “terrorismo”
a un miembro, aunque la única evidencia sea una “confesión”. Se
han echado abajo las restricciones previas al uso de las fuerzas
armadas para realizar acciones policiales dentro del territorio
nacional, y se “le da al presidente autoridad para despachar el
ejército contra organizaciones e individuos dentro del país”, según
el OR.
La legislación
sola no describe el clima general en que un vocero de Bush advirtió:
“Hay que cuidar lo que se dice y cuidar lo que se hace”. Las manifestaciones
han sido recibidas con amenazas oficiales, despliegues policiales
masivos y a veces, ataques. El uso de la tortura se discute en los
periódicos principales. El gobierno y los medios de comunicación
(que las más de las veces, se parecen una y la misma cosa) han azuzado
una atmósferapogromista de linchamiento en ciertos sectores de la
clase media contra todo lo que no sea suficientemente patriótico,
o que no concuerde suficientemente con las virtudes “cristianas”
(o a veces “judeo-cristianas”). La esposa del vicepresidente, Lynne
Cheney, patrocinó un informe titulado, “Defender la civilización:
Las universidades no cumplen su deber con América; ¿qué podemos
hacer al respecto?”. Sostiene que “por todo el país los profesores
auspiciaron conferencias que iban de equívoco moral a condena explícita
de América” y da los nombres de 40 profesores que deberían ser castigados.
El “multiculturalismo” (cursos e investigaciones universitarios
con el punto de vista de que los hombres blancos cristianos no son
el centro del universo) ha estado bajo ataque político y práctico,
y ha habido muchas emisiones radiales racistas y fascistas contra
árabes y musulmanes.
EL
REINO UNIDO A LA VANGUARDIA DE LA REPRESIÓN
Aunque el gobierno
de Blair no ha provocado y no podría provocar el mismo grado de
histeria como en los Estados Unidos, en ciertos sentidos se ha adelantado
al mismo en la legislación de represión política. Sus políticas
contra los inmigrantes que solicitan asilo son hipócritas, ya que
éstos son una forma importante de emigración de la mano de obra
que el Reino Unido tanto necesita hoy. La “Ley Antiterrorismo, Crimen
y Seguridad”, aprobada en diciembre, permite que los no ciudadanos
sean detenidos por tiempo indefinido sin cargo ni derecho a juicio
si la Secretaría de Gobernación “cree y sospecha” que son un riesgo
para la seguridad nacional y/o sospechosos de ser “terroristas internacionales”.
Esta sospecha puede basarse en evidencia secreta confirmada por
un organismo cuerpo judicial que puede sostener audiencias secretas,
excluyendo a los detenidos y a su abogado, y basar su fallo en evidencia
secreta. La policía ya tenía amplios poderes para interceptar comunicaciones
en investigaciones de presuntos crímenes. Con la nueva legislación,
guardarán archivos de todas las comunicaciones electrónicas, sin
fundamento de sospecha, y de otras actividades de monitoreo.
Esta ofensiva
no tiene nada de nuevo en el Reino Unido. La “Ley Antiterrorismo”
de 2000 ya estipula la clasificación de “terroristas”, no a partir
de la gravedad de un supuesto delito, sino de su “causa política,
religiosa o ideológica”, lo que las autoridades pueden interpretar
como les guste y usar contra casi toda protesta política o social.
La cláusula contra “incitar el terrorismo de ultramar” apunta a
las formas de apoyo para las luchas de liberación nacional y guerras
populares proscritas, incluso el apoyo verbal o vestirse una camiseta.
Con la nueva ley, y las leyes y prácticas previas, el imperialismo
británico busca aplastar la lucha contra su dominación sobre Irlanda
del Norte, la que ha alcanzado niveles mundiales de crueldad y arbitrariedad
en nombre de la ley, como el encarcelamiento sin juicio.
ITALIA
DESPUÉS DE GÉNOVA... Y DEL 11 DE SEPTIEMBRE
Italia también
ha trabajado como pueda por participar en la guerra contra Afganistán,
enviando fuerzas navales, cazas y tropas. La publicación maoísta
Rossoperaio (RO), de octubre de 2001, describe la particularidad
de Italia: cómo la situación previa al 11 ha permitido “al gobierno
abordar las consecuencias de Génova [la protesta antiglobalización
de julio de 2001]. Las jornadas de Génova representaron la entrada
de una nueva generación al escenario, que ha empezado a transformar
la configuración de los conflictos sociales y puesto una nueva fuerza
al centro de una situación caracterizada por una mayor agudización
del conflicto entre clases(un fin a la concertazione [`sociedad'
sindical-patronal], contratos de obreros metalúrgicos, etc., y una
mayor conciencia de que se justifica la rebelión). El clima de guerra
facilita las medidas de la burguesía para criminalizar al movimiento
y echarlo del escenario político. Y justifica la represión contra
las fuerzas avanzadas del movimiento a fin de separar el movimiento
y el proletariado y facilitar la reconstrucción política y social
[por la que clase dominante] ha estado luchando....
“La nueva ley
antiterrorista estipula la persecución de `terroristas' extranjeros
aunque no hayan hecho nada (una forma de perseguir a los representantes
de los movimientos para la liberación de los países oprimidos).
Y estipula la ampliación de intervenciones telefónicas, cateos y
arrestos sin causa obvia”.
En el número
de noviembre-diciembre de 2001, RO agrega: “En Italia, el
gobierno de Berlusconi emitió un decreto sobre el crimen de `terrorismo
internacional' con un castigo de 7 a 15 años de prisión por `alentar,
constituir, organizar, guiar, dirigir y hasta financiar indirectamente,
a una asociación' cuyo objeto sea atacar a otro Estado u organización
internacional.... En una investigación antiterrorista, la policía
judicial puede apresar por 48 horas como medida preventiva de emergencia....
Así, dan carta blanca a las fuerzas del orden, que antes y después
de Génova llevaban a cabo una represión general contra los centros
[de protesta] social, inmigrantes, trabajadores, grupos revolucionarios
y cualquiera que se oponía a la situación actual, para deshacerse
de ellos mediante cateos y arrestos”.
LO
QUE DEPARA EL FUTURO
No podemos
predecir a qué nivel llegarían los ataques de los imperialistas
y otros reaccionarios, pues eso depende de muchos factores, como
el desarrollo de la situación de guerra, los golpes en su contra
en el campo de batalla y la resistencia del pueblo en el frente
interno. Si sólo interpretáramos la situación actual a la luz de
los “tiempos de paz” previos, no captaríamos sus horrores potenciales
ni el potencial para la revolución.
Cuanto más
maldad cometan los imperialistas, más posible será unificar los
pueblos del mundo en su contra, a pesar de las dificultades de la
situación, y cuanto más se quiten su máscara y siembren represión
y terror, más generarán condiciones en que quede claro en qué se
basa su dominio y qué se necesitará para derrocarlos.
Guantánamo:
“Punto
cero” de represión de los Estados Unidos
En la administración
de su imperio, la regla que los Estados Unidos quiere que todos
entiendan es que no hay ninguna regla. El campo de concentración
en Guantánamo, Cuba, es un modelo, en miniatura y en extremo, pero
muy real, de su autoproclamado derecho a ignorar la ley internacional,
pisotear la soberanía de otros Estados y ejercer la dictadura sobre
aquellos que entrometen en su camino.
Cerca de 300
hombres de 26 nacionalidades están presos en esta base naval en
tierra arrebatada a Cuba cuando los Estados Unidos ocupó la isla
a principios del siglo 20. A los periodistas no se les permite ver
a los prisioneros. Según los pocos informes, están confinados en
jaulas de alambre de 2.4 por 2.4 metros con techos de lámina, expuestos
al sol tropical de día y brisas húmedas de noche, con una cubeta
como retrete. Nunca están fuera de la vista de sus captores. El
tiempo de ejercicio se limita a dos sesiones de 15 minutos a la
semana. Cuando los sacan de sus celdas, los encadenan de manos y
pies y les tapan la cabeza. Los oficiales dicen que el FBI y personal
militar estén interrogándolos. El 27 de febrero, dos terceras partes
de los prisioneros se declararon en huelga de hambre contra las
órdenes humillantes, y desafiaron disposiciones contra “conversaciones
ruidosas”, coreando y arrojando objetos. Muchos empezaron a comer
de nuevo tras ganar algunas concesiones, como el derecho a llevar
lentes y cubrirse la cabeza durante la oración, mientras que otros
fueron drogados y obligados a comer.
Bajo la convención
internacional de Ginebra (que hasta la Alemania nazi acató en el
caso de los prisioneros estadounidenses y británicos), se permite
detener a prisioneros de guerra durante las hostilidades, pero no
se permite castigarlos por haber sido soldados. Los Estados Unidos
se niega a reconocerlos como prisioneros de guerra. Pero, procesará
a algunos o a todos ante tribunales militares, donde los oficiales
(que obedecen a sus superiores) pueden decidir a quién ejecutar.
El gobierno yanqui anunció que si por casualidad alguien saliera
absuelto, lo podría mantener indefinidamente en Guantánamo. “Si
no tenemos interés en una persona, la dejaremos salir,” se jactó
un vocero del departamento de Defensa.
El gobierno
yanqui no la considera una situación temporal, pues construye más
jaulas y desde abril, cientos de prisioneros en dos campamentos
militares estadounidenses en Afganistán estaban a la espera de ir
a Cuba, y el FBI detenía a otros potenciales presos en Pakistán
y otros países.
En Afganistán,
las condiciones en que los tienen los señores de la guerra bajo
autoridad yanqui, son peores. La cárcel de Jowzjan, según el New
York Times (15 marzo 2002), es más parecida a un campo de la
muerte que a un centro de detención. La mayoría de los 3.000 presos
son soldados y civiles que se rindieron a las fuerzas encabezadas
por los yanquis, después de la batalla de Kunduz a fines de 2001.
Les dijeron que la ONU iba a encargarse de ellos. Los soldados yanquis
los trajeron a esta prisión militar, escogieron algunos para Guantánamo
y dejaron al resto a morir lentamente. Mantienen a 75 presos por
celda, de un total de 40 celdas, sin atención médica y una muerte
lenta por inanición. (La explicación oficial fue clara: el nuevo
gobierno instalado por los Estados Unidos no ha asignado comida
para ellos.) Oficiales yanquis dicen que tienen a 8.000 prisioneros
en los campamentos de Afganistán.
Además, el
gobierno yanqui ha llevado a cabo tortura y asesinatos a través
de terceros países, una práctica común en los últimos años, y hoy
ya es casi una política oficial. Han secuestrado a docenas de personas
en los países asiáticos y las han llevado en secreto a terceros
países, a menudo Egipto y Jordania, donde sus captores yanquis o
sus aprendices locales pueden torturarlos o asesinarlos libremente.
“Desde el 11 de septiembre, estas actividades ocurren todo el tiempo”,
dijo un diplomático yanqui.
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