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Séptima
delegación internacional al Perú
foto, p. 25: Delegados,
de izquierda a derecha: Padma Ratna Tuladhar (Nepal), Jaime Bonilla
(Colombia), Peter Erlinder (Estados Unidos), Heriberto Ocasio (Estados
Unidos), José Enrique González (México), Juan José Landínez (Colombia).
El séptimo delegado, Haluk Gerger (Turquía), no aparece en la foto.
fotos. p. 27: Dr. Enrique
González Ruiz, delegado del CIE, en las narices del general Juan
Gonzáles Sandoval, ex director de la tristemente célebre DINCOTE
(policía política). Fotos de un video.
Abajo: Profesor Haluk
Gerger, delegado del CIE, se dirige a mitin del Primero de Mayo,
Berlín, 2001.
Durante una
semana a fines de marzo y comienzos de abril de 2001, la 7ª delegación
del Comité Internacional de Emergencia para Defender la Vida del
Dr. Abimael Guzmán [Presidente Gonzalo del Partido Comunista del
Perú] estuvo en Lima, Perú. Había nuevas condiciones y problemas
que las previas delegaciones no habían experimentado. En medio del
tumulto que ruge en el Perú tras el colapso del gobierno de Fujimori,
la delegación hizo más avances que nunca antes para crear condiciones
en que el gobierno tuviera que permitir la aparición pública del
Presidente Gonzalo, de modo que pueda hablar libremente, y permitir
comunicaciones con abogados, familiares y amigos. Los delegados
(cuatro abogados y tres activistas) lograron dar a conocer la situación
con un despliegue de conferencias de prensa, productivas entrevistas
en los medios, conversaciones con funcionarios de alto nivel y otras
personas, y contacto con las masas en la calle y otros lugares.
Las autoridades
dieron la impresión durante varios días de que era posible visitar
al Presidente Gonzalo, pero destrozaron cruelmente esas esperanzas.
Los delegados se reunieron varias veces con representantes del Ministerio
de Justicia, el general al mando del Consejo Supremo de Justicia
Militar, que aún tiene jurisdicción del caso a pesar del reciente
cambio de gobierno y la Defensoría del Pueblo. En todas esas reuniones,
en sí un avance en comparación con la anterior respuesta que han
recibido las delegaciones, las autoridades tuvieron que aceptar
que no había base legal para negarle al Presidente Gonzalo contacto
directo con sus abogados (uno de los delegados es su abogado internacional).
Aunque las autoridades recibieron cortésmente a los delegados y
no los arrestaron y expulsaron como pasó en el gobierno anterior
y aunque el gobierno de transición se fingió distanciarse de la
dictadura de Fujimori, aún así no cumplió con las normas jurídicas
que dice apoyar.
Los delegados
lucharon en los frentes legal y de opinión pública. Lanzaron un
?Mensaje el pueblo peruano? en una rueda de prensa el 29 de marzo
en Lima, a la cual asistieron nueve canales de televisión y emisoras
que se escuchan en las remotas regiones del campo, y una horda de
corresponsales de la prensa nacional e internacional. Su mensaje
dice, en parte: ?Hemos acudido ante las autoridades civiles y militares
en demanda de entrevistar al Dr. Abimael Guzmán y verificar su estado
de salud y bienestar, y tenemos esperanzas de poderlo lograr.
?La preocupación
por la suerte del Dr. Guzmán en todos los rincones del mundo es
tanto más importante por cuanto que la dictadura de Fujimori-Montesinos
utilizó su aislamiento para pretender hablar en su nombre. Es inaceptable
atribuirle al Dr. Guzmán declaraciones mientras él no lo haga en
forma directa ante los medios de información masiva y sin presiones
de ninguna índole. Ningún gobierno tiene la potestad de hablar en
nombre de sus prisioneros políticos. Y, por supuesto, la única forma
de verificar los cambios que señala el gobierno frente a su tratamiento
es que el Dr. Guzmán pueda expresarse personalmente?.
El Presidente
Gonzalo hizo su última aparición el 24 de septiembre de 1992, cuando
el gobierno orquestó una ?sesión de fotos? ante una manada de chacales
de la policía y prensa reaccionaria. Con su potente discurso, sacudió
al gobierno y inspiró al mundo, llamando a continuar la Guerra Popular.
Tras un corto juicio militar secreto, lo encerraron en una celda
subterránea especial donde, anunciaron, él seguiría en aislamiento
absoluto hasta la muerte; luego, sentenciaron a cadena perpetua
a su abogado. El gobierno de Fujimori declaró que el Presidente
Gonzalo, ante todo, y cualquiera acusado de apoyar o simpatizar
con la Guerra Popular bajo su dirección, eran ?terroristas? sin
derechos y merecedores del trato más infrahumano y arbitrario. La
presencia de una delegación tan representativa de cinco países,
sin precedentes, con un delegado de Nepal (la primera vez que un
potencial delegado del sur de Asia logra que el gobierno peruano
le otorgue una visa), asestó un golpe al plan del gobierno de transición
de continuar esta política con leves cambios.
Los delegados
conversaron con la prensa y contestaron preguntas de los reporteros.
Haluk Gerger, un periodista de Turquía y partidario de la lucha
de los presos políticos revolucionarios contra las celdas de aislamiento
tipo F ahí, respondió a una pregunta provocadora de quién le pagaba
por ir a Lima y le volteó la tortilla para expresar el firme apoyo
en Turquía y otros países a la delegación. Padma Ratna Tuladhar,
ex ministro de Trabajo y Salud de Nepal, asumió una posición clara:
?Bueno, yo soy de Nepal, un país lejos del Perú. Nuestro país es
el país de los Himalayas y tenemos la más alta montaña, el Everest.
En nuestra parte del mundo, que es el sur de Asia, especialmente
en la India y Nepal, Sri Lanka y Bangladesh, el Camarada Guzmán
es altamente respetado como uno de los grandes líderes revolucionarios
del mundo. Por eso cuando lo arrestaron y se supo que lo estaban
tratando mal en la prisión, especialmente que lo tenían en una especie
de jaula, hubo mucha preocupación por su vida?.
Peter Erlinder,
uno de los dos abogados defensores del Presidente Gonzalo ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, San José, Costa Rica,
también respondió tajante a las acusaciones de ?terrorismo?: ?La
definición suya o la mía de quién es, o quién no es, terrorista,
no tiene mayor importancia con respecto al derecho internacional
y el tratamiento de individuos acusados de un crimen, y todo intento
de categorizar a un prisionero con una etiqueta política es completamente
contrario al derecho internacional?. Heriberto Ocasio, médico y
activista del Comité de Apoyo a la Revolución en el Perú de los
Estados Unidos, también respondió a esas preguntas: ?Con respecto
a lo que usted dice sobre la guerra que ha dirigido el Dr. Guzmán,
debemos decir que aunque nosotros [la delegación] tenemos diferentes
puntos de vista, diferentes ideas políticas, ideologías y métodos
de lucha, hay una cosa en que estamos todos de acuerdo, y es que
no aceptamos la forma en que el gobierno de Fujimori y Montesinos,
y también los Estados Unidos, a través de la CIA y otras agencias,
trata de categorizar a los movimientos, llamándolos terroristas,
y ese tipo de cosas; no lo aceptamos, porque lo utilizan para negarle
al pueblo sus derechos fundamentales?. Al día siguiente, el abogado
Enrique González, el delegado del Comité Internacional de Emergencia
de México, debatió en televisión con un ex general de la DINCOTE,
la notoria policía ?antiterrorista?.
Cuando los
delegados tuvieron la oportunidad de caminar por las calles del
centro después de la rueda de prensa, la gente expresaba fuerte
apoyo, al igual que los mensajes que recibieron en sus habitaciones
del hotel. Muchos delegados ya habían participado en delegaciones
anteriores y esta vez comentaron el ambiente volátil, altamente
cargado. En la plaza central, las masas armaron debates e incluso
expresaron abierto apoyo (si bien con cautela) a la Guerra Popular.
Este ambiente contrasta marcadamente con las condiciones de mayor
represión y medidas policíacas que atestiguaron en previas visitas.
Eso fue solamente un elemento del ambiente; los delegados tuvieron
que bregar por no dejarse adormecer por los cambios engañosos de
la respuesta del gobierno.
Con la caída
de Fujimori y la extradición de su brazo derecho, Montesinos, para
regar más mierda en público como parte de las riñas intestinas de
las clases dominantes del país, hay nuevas posibilidades de desarrollar
diversas formas de la lucha popular. Tanto el gobierno de transición
con que habló la delegación como el recién electo gobierno de Alejandro
Toledo que entró en funciones el 28 de julio, cuentan con el mismo
respaldo y están igual de subordinados al imperialismo yanqui que
el gobierno de Fujimori: o sea, a 100% sin reservas.
Después de
que las autoridades de alto nivel de tres entidades, especialmente
el Ministerio de Justicia, dieron la impresión durante varios días
de que era legal y posible visitar al Camarada Gonzalo, el 2 de
abril el Ministerio de Justicia le informó a la delegación que la
visita no podía tener lugar. En un comunicado de prensa, la delegación
señaló la contradicción entre la admisión de la Defensoría del Pueblo,
el Consejo Supremo de Justicia Militar y el Ministerio de Justicia
de que el aislamiento era ilegal y su distanciamiento de la descarada
brutalidad y franco terrorismo del gobierno de Fujimori, de un lado,
y del otro, su negativa a actuar en consecuencia.
En la rueda
de prensa, el Dr. Juan José Landínez, uno de los delegados de Colombia,
dijo, tajante, que la delegación tuvo que repetir la mismísima solicitud
que hicieron delegaciones anteriores y que la negativa del gobierno
actual a parar el aislamiento del Dr. Guzmán era ?una clara violación
de las normas internacionales y peruanas [de derechos humanos]?.
El caso de
Lori Berenson denuncia claramente las diferencias superficiales
y las semejanzas básicas entre el antiguo y nuevo gobiernos. Berenson,
una estadounidense, ha estado encerrada cinco años en condiciones
durísimas, desde que fue condenada de colaborar en una acción del
MRTA (acción que nunca ocurrió y a la cual ella nunca tuvo una relación
directa) por jueces militares sin rostro. La comunidad internacional
criticó y ridiculizó bastante al juicio como una farsa de justicia.
Por último, Fujimori tuvo que permitir un nuevo juicio. El nuevo
juicio salió casi igual al primero y el 20 de junio, la condenaron
a 20 años de cárcel. En la prensa, el ministro de Justicia del gobierno
de transición, Diego García Sayan, conocido como ex ?radical? de
los años 1970 a quien algunas personas apoyaron como la esperanza
de obtener justicia en el gobierno de Toledo, expresó su satisfacción
con la sentencia.
En este contexto
político, sería una locura esperar que las ruedas de la justicia
imperialista dejen de moler a las masas y en especial a sus líderes
revolucionarios. Como dijo Mao, a veces el enemigo dispara balas
de verdad y a veces las combina con proyectiles almibarados, que
en este caso incluyen promesas, afirmaciones vagas y cambios de
estilo, pero nada de sustancia. Tanto el gobierno de transición
como el nuevo representan las clases dominantes peruanas en su conjunto
(tal vez más de lo que hizo Fujimori) y están empecinados (como
demuestran sus acciones militares, la persecución de presuntos líderes
del PCP, arrestos, etc.) en usar las dos clases de balas para aplastar
la Guerra Popular, la única esperanza del pueblo. Con sus implacables
denuncias, la delegación y el CIE, y la campaña internacional de
la que son parte, están desenmascarando las mentiras y las contradicciones
del gobierno, a fin de obligarlo a cumplir con la demanda central:
la presentación pública del Presidente Gonzalo. Ello también da
ayuda y apoyo concreto a las luchas populares en todas sus formas.
Han salido
informes sin confirmar sobre unas cortas huelgas de hambre del Presidente
Gonzalo por sus condiciones de aislamiento. No podemos aceptar tales
informes no verificados del gobierno peruano y la prensa reaccionaria,
pero aumenta la preocupación por la vida y bienestar del Presidente
Gonzalo.
Es más, miles
de presos políticos y prisioneros de guerra están en los penales
del Perú, sujetos a diario a bárbaras condiciones e incluso la muerte.
El más conocido de ellos es el Camarada Feliciano (Oscar Ramírez
Durand), quien asumió la responsabilidad de dirigir después de la
detención del Presidente Gonzalo, hasta que las autoridades finalmente
lograron capturarlo y encerrarlo en el mismo penal subterráneo.
Debemos también defenderlo y romper su aislamiento.
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