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Nueva ola de la revolución
que se nos viene
Levantamiento
de Cabilia: Un rayo de luz en Argelia
Los brotes
de protesta y batallas callejeras contra el gobierno que estallaron
en la región de Cabilia al este de Argel en abril de 2001, están
estremeciendo violentamente el paisaje político de Argelia. Por
primera vez en 13 años, y hasta cierto punto inaudito en décadas
recientes, las masas populares y sobre todo los jóvenes pobres han
asaltado el escenario político en el que no habían podido actuar
debido a una larga noche de asesinatos, torturas y desesperanza.
Muchos argelinos lo llaman el ?Mayo de 1968 de Cabilia?, en referencia
a las rebeliones en París que sacudieron al gobierno francés hasta
los cimientos.
La espiral
de levantamientos empezó el 18 de abril, después de que los gendarmes
(policía paramilitar nacional) ametrallaron a un estudiante de 18
años de edad que habían detenido en un pueblo cerca de la capital
regional, Tizi Ouzou. Después de que la policía atacó a los jóvenes
que protestaban por el crimen, la batalla se extendió a las ciudades
y a todos los pueblos y aldeas de Cabilia. Durante diez días, los
jóvenes atacaron los edificios del gobierno, en especial las delegaciones
de la policía, con piedras, cocteles molotov y barras de hierro,
exigieron el retiro de gendarmes de la región y derechos para el
pueblo amazigh (beréber), al que la mayoría pertenece.
Los amazigh
son descendientes de los habitantes del norte de Africa, antes de
la invasión árabe‑islámica. Las poblaciones de Tunicia, Libia,
Marruecos y Argelia tienen fuertes raíces no árabes. Aunque un milenio
de imposiciones árabes e islámicas ha tenido un gran impacto, aún
hoy el 25% de Argelia habla tamazight. En Marruecos, el porcentaje
es más alto, quizás la mitad de la población. Aunque beréber es
el nombre más común, viene de la palabra del latín para ?bárbaro?
y es considerado un insulto. Todos los gobiernos les niegan el derecho
de usar su idioma (tamazight) en la vida pública, y se suprime su
cultura. Están sujetos al desprecio y a la discriminación. En Cabilia,
los gendarmes los tratan sin miramiento, tomando lo que quieran
de las tiendas, extorsionando a hombres de negocios y sobre todo
hostigando, pegando y a veces asesinando a los jóvenes.
A partir de
abril y durante los meses siguientes, estos jóvenes han volteado
la tortilla a los atormentadores de los amazigh, coreando ?ulach
smah? (ningún perdón) durante las batallas campales. El 21 de mayo,
más de medio millón de personas tomaron parte en una manifestación
prohibida en Tizi Ouzou: habitantes de las ciudades y aldeanos que
bajaron de las montañas densamente pobladas. Después, el 14 de junio,
casi un millón de manifestantes se apoderaron de las calles de Argel.
Aunque muchos amazigh viven en la capital y muchos llegaron de Cabilia,
la protesta denunció al gobierno argelino a nombre de todos los
pueblos del país y participó una gran cantidad de jóvenes no amazigh
árabe-parlantes de los barrios pobres de la ciudad. La furia y la
violencia revolucionarias se desbordaban conforme se iban quemando
edificios gubernamentales y atacaban a la policía sin misericordia.
Las masas
han enfrentado una situación política difícil durante años. En 1992,
a instancias del gobierno francés, al que el gobierno argelino se
somete, los generales tomaron el Poder abiertamente para impedir
la elección de un gobierno islámico. Desde entonces, más de 100.000
personas han muerto en el conflicto entre el ejército y los grupos
armados islámicos. Estas fuerzas islámicas son reaccionarios que
quieren imponer un gobierno similar al de Irán. Como sus hermanos
iraníes, no necesitan a las masas, aunque sí una buena disposición
de hacer tratos con el imperialismo, incluidos los yanquis, que
han trabajado con ellos. Ambos bandos han llevado a cabo matanzas
en las aldeas y cruentos ataques a sectores urbanos de las clases
medias e intelectuales seculares. A menudo es casi imposible decir
si es el gobierno capitalista burocrático o sus rivales islámicos
igualmente antipopulares quienes han cometido los incontables baños
de sangre y asesinatos que han azotado al pueblo incesantemente.
En esta situación,
las masas de Cabilia y la juventud en general, han penetrado como
rayos de luz vengadores.
Para dividir
al pueblo, el régimen calumnia a los amazigh por ser ?blandos? con
el imperialismo francés. Es verdad que muchos intelectuales y otros
amazigh han preferido hablar francés como segunda lengua, en lugar
del árabe al que se les impone, y esos grupos políticos reformistas
han intentado obtener favores del imperialismo francés. Y es verdad
que los yanquis sobrevuelan esta situación como buitres, intentando
dejar fuera a Francia y agarrar a Argelia en aras de sus propias
compañías petrolíferas e intereses estratégicos. Un informe de 1998
del Departamento de Defensa yanqui exige a su gobierno ?dar la bienvenida
a la expansión de conciencia del pueblo amazigh?. George Bush recibió
al presidente argelino Bouteflika en Washington el 5 de julio, en
los momentos álgidos de la campaña del gobierno argelino para imponer
la represión, lo que, como sabemos, es todo menos una coincidencia.
La suerte
de los amazigh ha estado sujeta por mucho tiempo al imperialismo
y la lucha en su contra. En 1871, los generales franceses recién
llegados de ahogar en sangre la Comuna de París, llevaron a cabo
la misma clase de operación contra la Gran Resistencia de Cabilia
al colonialismo francés. Durante la guerra de independencia contra
Francia (1954‑1962), Cabilia fue un importante baluarte de
la lucha, y los campesinos amazigh llevaron el grueso de los combates
que finalmente ?frustraron? el dominio colonial francés. Hasta ahora
Argelia no ha sido transformada por una revolución de nueva democracia
que pueda aplastar el capitalismo burocrático (los capitalistas
argelinos de dentro y fuera del gobierno dependientes del imperialismo)
y el semifeudalismo. La milenaria ?arabización? e ?islamización?
del pueblo amazigh ha continuado a manos del nuevo gobierno de posindependencia
como parte de la continuación global de las viejas relaciones sociales
y económicas, que la mera independencia política no puede terminar.
Mientras que
Argelia sea dependiente de la venta de petróleo y gas a los imperialistas,
nunca podrá ser soberana ni satisfacer las necesidades del pueblo.
En los últimos dos años, los ingresos del gobierno por concepto
del petróleo y gas se han duplicado, aunque el desempleo y la pobreza
se han disparado. La última década, durante la cual el Fondo Monetario
Internacional dictó las políticas del gobierno, ha sido de las peores
que el pueblo haya sufrido jamás. El levantamiento amazigh surgió
en ese contexto y, a su vez, tiene gran potencial para encender
rebeliones aún mayores.
Por ende,
es sumamente importante que la juventud y los otros sectores que
están en esta batalla, por lo menos por el momento, se hayan zafado
de las garras de las fuerzas nacionalistas reformistas tradicionales
cuyos intereses corren riesgos por el nivel de violencia del pueblo.
Además de atacar a los cuarteles de la policía, los jóvenes saquearon
e incendiaron las oficinas de los dos principales partidos de ?oposición?
en Tizi Ouzou. Hasta cierto punto, y durante un tiempo, han vislumbrado
que sólo una revolución consecuente puede ofrecerles una salida.
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