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El futuro es brillante,
el camino es sinuoso
En la primera mitad de 2001, la situación política de Nepal
se desarrolló a una velocidad vertiginosa. Si bien la masacre de
la familia real en junio cautivó la atención del mundo entero, en
el centro del escenario crece pujante la Guerra Popular dirigida
por el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) [PCN (M)] en ese país,
se le incorporan amplios sectores de las masas y las fuerzas armadas
reaccionarias sufren graves derrotas, sobre todo las fuerzas policíacas
militarizadas que han sido los principales represores de la revolución.
El avance de la Guerra Popular ha sido el factor principal que ha
conducido a las clases dominantes a una crisis política profunda.
Es aleccionador estudiar las noticias inmediatamente previas a la
masacre de la familia real.
En las primeras dos semanas de mayo, las fuerzas armadas del
pueblo capturaron 100 rifles y mataron o capturaron a muchos enemigos.
En mayo, arrasaron de 9 a 10 puestos policiales. En la primera semana
de abril dos batallas grandes dejaron 70 enemigos muertos. El Partido
había formado su primera compañía militar seis meses antes. [Una
escuadra en las fuerzas armadas del pueblo generalmente consta de
nueve hombres y mujeres; un pelotón, tres escuadras; y una compañía,
tres pelotones. El pelotón es actualmente la unidad principal del
ejército del pueblo.] Las fuerzas del pueblo cuentan ahora con miles
de soldados organizados, además de miles de masas armadas. Hay varias
compañías permanentes. Esto significa que aproximadamente cien soldados
maniobran en una compañía como una unidad básica, no simplemente
concentrándose y dispersándose. Así las compañías son capaces de
habérsela con unidades relativamente grandes del enemigo. Recientemente
el Partido tuvo su primera experiencia de operar a nivel de brigada
(tres compañías), pero las brigadas no son formaciones permanentes
en este momento.
Los avances militares de las fuerzas armadas del pueblo pusieron
la base para organizar un nuevo poder político del pueblo. En mayo,
grandes reuniones de masas celebraron la formación de los gobiernos
populares, en los distritos occidentales del país que han sido la
plaza fuerte de la Guerra Popular (una fotografía de una reunión
aparece en la contraportada).
La policía militarizada, entrenada y equipada por el Ejército
Real de Nepal (ERN), no ha podido contra la Guerra Popular. Los
imperialistas occidentales y la vecina India han estado alarmados
ante la mayor posibilidad de una victoria maoísta. El primer ministro
de la China revisionista, Zhu Rongji, fue a Nepal el 12 de mayo
a proteger los intereses chinos ante una situación política turbulenta.
La insurgencia maoísta era altamente prioritaria en su agenda. Un
alto funcionario del Departamento de Estado yanqui fue a Katmandú
con un objetivo principal: detener la insurgencia maoísta; públicamente
escupió órdenes en este sentido al entonces complaciente primer
ministro nepalés, Girija Koirala.
En la importante región del Terai, las llanuras agrícolas
colindantes con la India que extienden de un extremo al otro del
país, el trabajo del Partido ha tenido buenos resultados. La mayoría
del grano del país se cultiva aquí, y vive aquí el 40% de la población.
En vano, los enemigos de clase han intentado hacer uso de las milenarias
contradicciones entre los nepaleses de los ?cerros? y aquéllos de
origen ?indio? (la mayoría de quienes ha estado en Nepal por generaciones).
En mayo, por primera vez, un puesto policial fuertemente armado
en el Terai, con docenas de defensores, fue abrumado por las fuerzas
armadas del pueblo. La mayoría de los terratenientes del país vive
en esta región, y es una zona importante para llevar a cabo la política
del proletariado de la ?tierra para quien la trabaja?. La propia
familia real está entre los terratenientes más grandes de la región.
COMBATE AL ERN
Estaba claro que el único obstáculo entre la Guerra Popular
maoísta y la captura del poder político nacional era el Ejército
Real de Nepal (ERN), cuyas fuerzas principales todavía no habían
entrado de lleno a los combates. La plena movilización del Ejército
era la demanda principal del gobierno estadounidense y el primer
ministro nepalés.
No obstante, no es tan fácil movilizar al ERN como los imperialistas
y otros reaccionarios desearían. La Guerra Popular ha alcanzado
tal amplitud y profundidad y las fuerzas armadas del pueblo se han
desarrollado a un grado tan alto que, incluso para los reaccionarios,
no era tan seguro predecir lo que pudiera suceder. Los ?comandos?
de la policía militar fueron operaciones disfrazadas del Ejército.
¿Podrían combatir los soldados con mayor eficacia que los comandos
que ellos mismos entrenaron y equiparon? Y el ERN (y la familia
real) había estado anteponiendo condiciones a todas las clases dominantes.
El 20 de abril, el jefe del estado mayor del Ejército, el general
Rana, declaró: ?...No debemos olvidar que sin metas, políticas e
instrucciones claras del gobierno de Su Majestad y sin un apoyo
fuerte de todos los partidos políticos, es difícil establecer un
programa efectivo de seguridad nacional o de desarrollo. Por ende,
para usar los programas de seguridad interior y desarrollo con el
Ejército, debe haber apoyo fuerte y a largo plazo desde la población
y todos los partidos políticos?. En otras palabras: El Ejército
impondrá sus condiciones a los partidos políticos de las clases
dominantes.
En esta situación tumultuosa, el mundo se sacudió cuando la
masacre de la mayoría de la familia real, incluidos el rey y el
príncipe (quien fue acusado de matar a sus padres y familia en un
loco berrinche sobre una aventura amorosa). Muy pocos nepaleses
aceptaron la historia tan movediza del gobierno. El Partido Comunista
de Nepal (Maoísta) atribuyó la responsabilidad de la matanza al
imperialismo estadounidense y a los servicios secretos indios y
señaló la renuencia del rey Birendra a mandar al ERN a combatir
contra la Guerra Popular.
El nuevo rey pronto dejó ver su plan: los editores de un importante
periódico de Katmandú fueron arrestados y acusados de traición por
haber publicado un artículo de Baburam Bhattarai, importante miembro
del Buró Político del PCN (M). En el artículo, el camarada Bhattarai
hace un llamado a los elementos patrióticos del ejército a negarse
a obedecer al nuevo rey y a hacer causa común con el pueblo (ver
el despacho de prensa del PCN [M] acerca de la masacre de la familia
real, página 59).
Durante la guerra, y cada vez más en el período reciente,
el PCN (M) se ha esforzado por hacer que se oiga su voz en toda
la sociedad y por jugar un papel directo en el debate político y
en la lucha. El Partido la llama una política de ?intervención política
a nivel central? y la considera un complemento necesario a la lucha
armada por el Poder.
Por la fuerza de la Guerra Popular, los planteamientos políticos
del Partido han estado en el centro de la vida política del país.
El Partido no sólo ha presentado su programa básico para un Nepal
de Nueva Democracia, sino también ha propuesto soluciones inmediatas
a la crisis que enfrenta el país. Antes de la matanza de la familia
real, había frecuentes debates en el gobierno así como un vivo interés
de los intelectuales de las ciudades y otros sectores de las masas
por la propuesta del PCN (M) para negociaciones con el gobierno
bajo ciertas condiciones. Una reunión formal entre el representante
del Comité Central del PCN (M) y el vice primer ministro tuvo lugar
a fines de 2000.
Y, antes de la masacre de la familia real, la crisis política
del régimen estaba alcanzando alturas extremas. El parlamento estaba
paralizado, incapaz incluso para reunirse. Las clases dominantes
habían sido incapaces de solidificar sus filas y unirse en un ataque
coherente a la Guerra Popular, a pesar de los insistentes llamados
de muchas partes para tales medidas. Ya estaba claro, antes de junio,
que la anterior correlación de fuerzas (status quo ante) ya
no podía mantenerse y eran inevitables dramáticas reconfiguraciones
políticas. En el contexto de mayor crisis, el Partido lanzó la consigna
para una conferencia de todas las instituciones del país con el
objeto de desechar la constitución existente, formar un gobierno
interino y discutir la reorganización política del país. Después
de la masacre de la familia real, el Partido analizó que ?la monarquía
tradicional basada en el nacionalismo feudal había terminado? y
llamó a la dimisión del primer ministro Girija y a todas las fuerzas
políticas a unirse y formar un nuevo gobierno interino.
Como consecuencia inmediata de la masacre de la familia real,
las fuerzas armadas dirigidas por el Partido Comunista de Nepal
(Maoísta) nuevamente intensificaron la lucha. Por ejemplo, llevaron
a cabo incursiones el 6 de julio contra los puestos policiales de
los distritos de Lamjung, Nuwakot y Gulmi, mataron a 41 policías
militarizados e hirieron a muchos más. Los guerrilleros del pueblo
despojaron los puestos, se equiparon con los fusiles y municiones
y volvieron papilla los puestos. En total, murieron nueve combatientes
maoístas.
Mientras las acciones militares estaban sacudiendo al país,
el Partido llevó a cabo otras formas de lucha. Una huelga nacional
muy exitosa, o ?bandh?, se sostuvo el 12 de julio.
La lucha ya iba en ascenso cuando 70 policías fueron capturados
por las fuerzas armadas dirigidas por los maoístas en un audaz ataque
el 12 de julio al puesto policial Holleri de Rolpa. Después de dos
horas de combate, los guerrilleros capturaron a un inspector y a
69 elementos de entre los 72 apostados ahí. El gobierno de Girija,
con el apoyo del nuevo rey Gyanendra, prometió ?rescatar? a los
policías capturados con la ayuda del ERN. Despachos de prensa decían
que habían muerto 150 combatientes maoístas y que su derrota en
la plaza fuerte simbólica de Rolpa era inminente. La realidad era
muy distinta; no había ninguna baja del lado del pueblo. En ese
momento, los soldados del ERN estaban indispuestos y/o incapaces
de derrotar a las fuerzas armadas maoístas, las cuales liberaron
a los prisioneros que prometieron no tomar armas contra el pueblo.
El propio partido del primer ministro Girija lo criticó severamente
por no cumplir la promesa de destruir la insurgencia, y, desacreditado
ante las masas, dimitió. Dio un discurso de despedida, en que señaló
a los maoístas como ?el problema? más grande que enfrenta la nación.
Como las fuerzas del pueblo han estado tomando por la fuerza
una tras otra plaza fuerte enemiga, y como las fuerzas armadas reaccionarias
no han sido capaces de detener la marea, un nuevo primer ministro,
Sher Bahadur Deuba, fue escogido de entre las filas del Partido
del Congreso de Nepal, uno de los principales pilares de las clases
dominantes reaccionarias. Pocos días después de entrar en funciones,
Deuba ordenó un cese al fuego unilateral y pidió negociaciones con
el PCN (M). El Presidente Prachanda respondió instruyendo a las
fuerzas armadas del pueblo a no iniciar acciones ofensivas pero
a permanecer en alerta. El 29 de julio, el Estado liberó a 15 presos
maoístas y, unos días después, a diez más, e insinuó que podría
liberar a más.
ESTADOS UNIDOS E INDIA
La mayoría de los sectores de las clases dominantes parecen
haberse alineado con el llamado de Deuba para un cese al fuego y
negociaciones. Incluso la recién nombrada secretaria adjunta de
Estado yanqui para el sur de Asia, Christina Rocca, cuyo predecesor
había recomendado movilizar al ERN, viajó apresuradamente a Nepal
para expresar su apoyo a las políticas del nuevo gobierno. Era claro
que las opciones de las clases dominantes se estaban evaporando
rápidamente y que el gobierno y sus asesores imperialistas pensaban
que, por lo menos durante algún tiempo, las consideraciones militares
y políticas hicieran de las negociaciones un paso inevitable. También
era claro que las negociaciones serían sólo una arena de combate
más. Los artículos en la prensa de las clases dominantes de Nepal
vaticinaron discusiones prolongadas y reñidas antes de que se pudiera
sostener cualquier negociación seria.
Un reportero del Nepali Times preguntó a Baburam Bhatterai:
?¿Es su lucha armada una estrategia continua o ve usted la posibilidad
real para terminarla, digamos, con un convenio negociado??. El camarada
respondió secamente: ?Sea que la lucha armada se librara hasta el
fin o no, no depende de nuestros buenos deseos sino de las condiciones
objetivas y subjetivas de la revolución, en particular de la política
de las clases dominantes. Nuestra declarada meta es el Poder nacional
para las masas oprimidas. Nada más, ni nada menos. ¿Entregarán las
clases dominantes reaccionarias el Poder mediante un `convenio negociado'?
Usted debe preguntarles?.
En verdad, aunque el proceso revolucionario ha sido rico y
complejo, la tarea básica es la misma que cuando el PCN (Maoísta)
inició con audacia la Guerra Popular el 13 de febrero de 1996: la
toma del Poder por el proletariado en alianza con todo el pueblo,
en especial el campesinado pobre. Como Mao señaló: ?La tarea central
y la forma más alta de toda revolución es toma del Poder por medio
de la fuerza armada, es decir, la solución del problema por medio
de la guerra?. También se ha comprobado en todo el mundo, una y
otra vez, que las clases dominantes nunca abandonarán voluntariamente
el escenario de la historia. Cualesquiera que sean las tácticas
que adoptan las clases dominantes en uno u otro momento, cuanto
más cerca se sientan a su fin, más desesperadamente combatirán para
conservar sus privilegios como explotadores. Mientras las divisiones
en las clases dominantes se ensanchan debido a los golpes del pueblo
revolucionario, su temor a la revolución tenderá a unirlas contra
el pueblo.
Además, es importante ver a Nepal en el contexto internacional.
La Guerra Popular está avanzando en medio de un ascenso de la revolución
en la vecina India, el baluarte principal de la estructura semifeudal
y semicolonial de la región. El gobierno indio ha considerado a
Nepal por mucho tiempo su ?protectorado?. No se trata de cuándo
el gobierno indio intervendrá, sino sólo cómo y en qué formas. El
gobierno indio está reforzando intensamente su larga frontera con
Nepal bajo el débil pretexto de impedir la entrada de ?infiltrados
paquistaníes?, estableciendo puestos paramilitares permanentes,
cada uno de 30 a 40 elementos, separados entre sí a una distancia
de 3 a 5 kilómetros. Pero las clases dominantes indias, aunque son
un enemigo formidable, no son todopoderosas. En Nepal, muchos sectores
de la población se oponen al expansionismo indio. En la India, los
revolucionarios comunistas están haciendo causa común con los camaradas
de Nepal, e insurgencias con dirección maoísta están avanzando en
Andhra, Bihar y Dandakaranya. Para las clases dominantes indias,
que tienen fuertes dificultades para gobernar en Cachemira, Assam,
el nordeste (donde masivos movimientos exigen un fin a la opresión
nacional por el Estado central) y otras regiones del país, no será
fácil pisotear a Nepal.
DIRIGIR LA REVOLUCION A LA VICTORIA
El Partido Comunista de Nepal (Maoísta) es muy consciente
de sus deberes para con la revolución a nivel internacional y regional.
El PCN (M) no sólo ve la cooperación regional como requisito para
tomar el Poder sino también desde el punto de vista a largo plazo
de tomar el Poder ante el cerco imperialista y reaccionario, construir
una economía socialista y transformar toda la sociedad. Por eso,
llama a la creación de una Federación Soviética del Sur de Asia.
Esta audaz orientación sin duda será objeto de la atención de los
enemigos de clase de la región y del mundo. Ninguna duda cabe de
que los revolucionarios de la región estarán considerando cuidadosamente
esta propuesta y su orientación. La reciente reunión de partidos
y organizaciones marxista‑leninista‑maoístas de la región
del sur de Asia lanzó una declaración para fortalecer la cooperación
entre las fuerzas revolucionarias proletarias de la región (reimpresa
en las páginas 72-73).
China, que también comparte una extensa frontera con Nepal,
está siguiendo de cerca la situación. Si bien la China revisionista
está integrada plenamente al orden mundial imperialista, sus propios
intereses de Estado reaccionario la ponen en conflicto con la India.
Al mismo tiempo, el gobierno revisionista chino, que derrocó la
revolución en su propio país, teme y odia el renacimiento del fénix
del maoísmo en su frontera.
Hay multitud de fenómenos muy contradictorios al interior
de Nepal y en el contexto regional e internacional, lo que da lugar
a un proceso revolucionario complejo y dinámico. Esta rica experiencia
ha generado vivos debates al interior del Partido. Durante la guerra,
la dirección del PCN (M) ha prestado atención al desenvolvimiento
de la lucha entre dos líneas. En este proceso, se ha reafirmado
la dirección precursora del Camarada Prachanda. En la II Conferencia
Nacional (ver extractos del documento de la Conferencia, páginas
49-58), el Partido consolidó su análisis de que la formulación de
un ?sistema de ideas? que llama ?Camino Prachanda? era un avance
histórico de la revolución nepalesa. El Camarada Prachanda fue elegido
Presidente del Partido. En una entrevista que concedió a Un Mundo
Que Ganar, el Presidente Prachanda explica el pensamiento del
Partido sobre varios temas vitales.
Los revolucionarios comunistas de todo el mundo siguen con
sumo interés los avances en Nepal. Ya es hora de que nuestro movimiento
internacional dé algunos pasos concretos en la construcción del
Poder proletario, y los avances en Nepal están infundiendo entusiasmo
a los camaradas del mundo y subrayando el poder y vitalidad del
marxismo‑leninismo‑maoísmo. Además, es obvio que el
PCN (M) está debatiendo los problemas difíciles y complejos que
acompañan la responsabilidad de dirigir a millones de personas y
de dirigir la revolución a la victoria. Para la mayoría de los partidos
y organizaciones maoístas, éstos son nuevos problemas con los que
el movimiento todavía tiene poca práctica. Mediante el intercambio
entre el PCN (M) y el resto del movimiento comunista internacional,
en especial el MRI, podremos esperar que el movimiento entero profundice
su comprensión aprendiendo y debatiendo las nuevas experiencias
que salen de Nepal.
Es, por supuesto, imposible predecir los siguientes pasos
del desarrollo de la Guerra Popular. La reacción de los gobiernos
de Nepal, la India y de los países imperialistas del mundo es de
mayor alarma por la rápida evolución de la revolución dirigida por
los maoístas, y esos enemigos se valdrán de toda forma de acción
encubierta e intriga, intervención militar, intimidación política
y económica y otros medios, para impedir el ascenso de Poder proletario
a nivel nacional. La bestia herida y acorralada sin duda contraatacará
y es igual de cierto que la lucha revolucionaria seguirá adelante
sin importar los avances y retrocesos que tenga que atravesar en
el camino hacia el futuro luminoso.
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