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Literatura Contemporánea
Las dos novelas reseñadas
aquí, de Arundhati Roy, de la India, y de Barbara Kingsolver, de los Estados
Unidos, comparten en distintos contextos sociales y escenarios históricos
el tema de la opresión de la mujer. Al introducir las reseñas culturales
en las páginas de UMQG, no abrazamos las opiniones de las autoras, ni
tampoco damos a entender que sostienen el análisis político que contiene
la revista.
En futuros números, esperamos dar a conocer a nuestros lectores importantes
obras culturales progresistas. Distintas ideologías de clase están en
aguda contienda en esta esfera, lo que influye de manera importante en
cómo grandes sectores de la población ven el mundo y se relacionan con
él. Les animamos a ofrecer sugerencias (y/o propuestas para reseñas) que
abarquen a teatro, literatura, cine, música, bellas artes y otros géneros.
Buscamos arte y literatura que -al igual que estas dos novelas- desenmascara
el peso insoportable del orden existente y sus variadas caras y rasgos,
y despierta la imaginación de quienes luchan para crear un orden diferente.
Contamos con ustedes para ayudar a dar a conocer obras estimulantes de
todas las regiones del mundo sobre nuestra clase y sus aspiraciones, a
que a menudo ignora o suprime la industria cultural imperialista.
El dios de las pequeñas cosas
por Arundhati Roy
Anagrama, Barcelona, 1998
por J.R
.
La novela ampliamente aclamada, El dios de las pequeñas cosas,
de Arundhati Roy, se trata de mucho más que las pequeñas cosas. Hace un
feroz ataque contra el sistema moral degenerado en el cual la opresión
de castas y la dominación masculina se entrelazan estrechamente, una situación
conocida mucho más allá de las fronteras de la India.
El ambiente es el estado verde y lozano de Kerala en el sur de la India
en 1969, saturado de flores de banano, árboles cubiertas de enredaderas,
nanjeas, pimenteros silvestres, cormoranes, garzas púrpuras, telarañas
enormes, arrozales jóvenes y árboles del caucho viejos. Es un mundo que
parece estar en paz, mientras, en una referencia apenas velada a Vietnam,
"un poco más al este, en un país pequeño de paisaje similar (selvas,
ríos, arrozales, comunistas), caían bombas suficientes para cubrirlo por
completo con medio palmo de acero". La historia intricadamente tejida
se mueve entre pasado y presente, y ofrece interpretaciones diferentes
al lector. Aunque la novela sólo lo menciona de paso, en este período
en la India un grupo de comunistas revolucionarios que se llamaban naxalitas,
echaban raíces entre las masas y desafiaban a los llamados comunistas
que habían abandonado la revolución y tomado el camino parlamentario.
La historia se desenvuelve por medio de los ojos de Rahel Kochamma. Rahel
y su hermano gemelo, Estha, son inseparables. Tienen siete años de edad.
Cuando Estha tiene un sueño, o cuando se abusó de él el Hombre de la Naranjada
y la Limonada, Rahel lo sabe aunque no estaba ahí. Su visión de las pequeñas
cosas en su ambiente se contrapone continuamente a las grandes cosas que
se desenvuelven en el mundo adulto, donde el sistema social dicta la opresión
de la mujer, donde las relaciones de castas y de clase aplastan con vileza
a sus seres queridos. "Los gemelos eran demasiado pequeños para saber
que aquellos hombres no eran más que unos secuaces de la historia. Enviados
a cuadrar los libros y hacer pagar a los que transgredían sus leyes".
Oían el "ruido sordo" y olían el "olor empalagoso".
Ammu Kochamma, la madre de los gemelos, es una cristiana savarna de una
familia educada de clase media alta, de casta alta, que se escapa del
ortodoxismo religioso y los azotes de su padre, un entomólogo, al irse
a Calcuta y casarse con un hindú bengalí. Después de negarse a convertirse
en amante del administrador de la plantación de té para salvar el trabajo
de su marido alcohólico, el que ha empezado a dar palizas tanto a ella
como a los gemelos, vuelve a Ayemenem, Kerala. Volver, divorciada, a la
casa y la comunidad de su familia, donde las mujeres no tienen ni propiedad
ni respeto, ya es un acto de insolencia. Tuvo una oportunidad en la vida
y cometió el error de casarse con el hombre equivocado. Por eso el resto
de la familia los ve a ella y a sus hijos con desprecio; también considera
a Ammu como un peligro por su clara furia interior ante la situación sofocante
en que está atrapada. Ammu disputa su suerte como mujer. Luego, cuando
se da cuenta que ha visto a Velutha -un "intocable" que trabaja
en la fábrica de conservas y encurtidos de la familia- en una manifestación
en una ciudad vecina, espera que, a pesar de una apariencia externa de
optimismo, él, al igual que ella, albergue una furia viva y palpitante
contra el mundo complacido y opresor en el cual viven.
Velutha y su familia son vecinos que han sido criados de los Kochamma
desde hace mucho tiempo. Velutha y Ammu se crecieron juntos. De niño,
labraba pequeños juguetes de madera para Ammu y los tendía en la palma
de la mano de modo que ella pudiera aceptarlos sin tocarlo. Hacía poco
tiempo había vuelto a Ayemenem, después de que su hermano tuviera un accidente
que lo dejó paralítico, para ayudar a su familia a sobrevivir. Sin Velutha,
un hábil carpintero y operador de máquinas, la fábrica Kochamma no podía
funcionar bien. Ausente de la comunidad por cuatro años en el período
de la rebelión naxalita, se rumoreaba que era muy probable que se había
sumado a ellos. Tenía una forma de andar, una tranquilidad con que sugería
cosas sin que le preguntara, y una seguridad interna indeseable en "intocables",
rasgos esos más pronunciados después de su larga ausencia.
La tercera niña de la novela es Sophie Mol, hija de Chacko, el torpe hermano
de Ammu educado en Oxford, y su ex esposa inglesa. Después de su divorcio,
Chacko también vuelve a Ayemenem para administrar la fábrica de conservas
de su madre. Presiona regularmente a las mujeres que trabajan ahí a tener
relaciones sexuales con él. Su madre cristiana le cede lo que llama las
"Necesidades de los Hombres", mandando construir una entrada
independiente para el dormitorio de Chacko para que las mujeres puedan
ir y venir sin avergonzarla, aunque a veces ella les da dinero (propina)
a escondidas. Cuando la ex esposa de Chacko y su hija Sophie Mol vienen
de visita a Kerala, los gemelos reciben un aprecio nuevo de su propia
posición inferior en la familia. Dos semanas después, Sophie Mol se ahoga
en el río.
La revelación de la relación entre Velutha y Ammu coincide con la muerte
de Sophie Mol. Para salvar la reputación de la familia, Bebé Kochamma
(la tía de Ammu) acude a la policía, sugiriendo que Velutha es responsable
del ahogamiento. Esto justifica la persecución y brutal asesinato de Velutha,
aunque su verdadero crimen es "arrebatar algo del Reino de los Tocables"
compartiendo la intimidad con una mujer de casta alta. Cuando Ammu y Velutha
pasan al territorio prohibido y violan estas leyes de amor, "promulgadas
hace miles de años", los tres representantes de la tradición establecida
en la sociedad -la familia, la policía y los marxistas parlamentarios-
unen sus fuerzas para castigar a Ammu, matar a Velutha y destrozar la
vida de sus hijos. Los que tienen el poder, los perpetradores, los "hombres
cuya infancia no había dejado rastro en ellos. Hombres carentes de curiosidad,
de dudas... Contemplaban el mundo sin preguntar cómo funcionaba, porque
lo sabían. Ellos lo hacían funcionar. Eran como mecánicos que se ocuparan
del mantenimiento de diferentes partes de la misma maquinaria".
El retrato de las distintas capas de la sociedad en Kerala choca amargamente
con la moral tradicional y sus guardianes. El camarada Pillai es el marxista
de turno de la localidad que, cuando no imprime etiquetas para la fábrica
de conservas de los Kochamma, organiza a los que trabajan ahí en su contra.
La autora describe a un comunismo que "se había introducido en Kerala
insidiosamente. Como un movimiento reformista que nunca cuestionó de modo
abierto los valores tradicionales de una sociedad de castas en extremo
tradicional. Los marxistas trabajaban desde dentro de las divisiones sociales;
nunca las desafiaban, pero no se notaba que no lo hacían".
La autora centra su repugnancia para la hipocresía de la casta alta de
la India en Chacko y Bebé Kochamma. Esta es una guardiana manipuladora
egoísta de la reaccionaria tradición y los privilegios de castas, que
por fin amenaza a los niños de siete años con enviar a su madre a la cárcel
si no le dicen a un inspector de policía que Sophie Mol murió a manos
de Velutha (al que adoraban, y muchas veces se habían escapado para jugar
con él). Esta traición forzosa les marca de por vida, creando un vínculo
compartido con su madre de "los tres unidos por la certeza, el conocimiento,
de que su amor por un hombre le había causado la muerte".
Velutha a sabiendas corre el riesgo de su propia muerte, como lo expresa,
para amar a una "tocable". Mediante sus diferentes, pero amargas,
experiencias como mujer, Ammu adquiere la osadía de romper con las inhibiciones
y los tabúes y atravesar la línea divisoria desde otro lado. Después del
trágico fin de su aventura amorosa y la vil complicidad de su tía con
el inspector de policía, Ammu insiste en decir la verdad y proclamar la
inocencia de Velutha. Acto seguido, su familia la rechaza aún más por
ello y por un sinnúmero de violaciones pasadas como madre divorciada,
con un "Lado Peligroso", en las palabras de la autora.
Sin embargo, más allá de los momentos de maravilla sobre pequeñas cosas
compartidos con los niños y más allá de esta relación ilícita que los
deshace, el túnel de Ammu y Velutha no tiene salida, poca perspectiva
de lo que la Historia pudiera requerir de personas como ellos para que
las cosas salieran distintas, para romper la oscuridad. Con la muerte
de Ammu, el libro se retira hacia adentro.
Uno de los grandes méritos de las novelas de la autora es su capacidad
para contrastar la inocencia y la humanidad de los niños y sus héroes
adultos que se convierten en víctimas del orden social al que no obedecen,
con las costumbres y creencias feudales cotidianas y opresoras de la sociedad
que les hieren o matan. Su "Lado", también, es peligroso -de
manera refrescante- para los señores y amos, antiguos y modernos, bajo
su escrutinio.
Sobre la autora
Después de ganar el premio literario más importante del Reino Unido, el
Booker, Arundhati Roy se ha hecho célebre en la India, y su libro ha sido
traducido a varios idiomas. Pero ha expresado desilusión porque este orgullo
viene del nacionalismo de la India, y no del impacto de la misma novela.
Al líder revisionista del Partido Comunista de la India (Marxista), en
Kerala, E.M.S. Namboodiripad, le hirieron las tajantes referencias a él
por nombre en la novela, como "el extravagante brahmán y alto sacerdote
del marxismo en Kerala" y como el "Perro del Gobierno para unos,
Títere Soviético para otros", quien "expulsó a los naxalitas
de su partido y siguió dedicándose a utilizar la ira popular para propósitos
parlamentarios". Intentó un contraataque en una crítica al libro,
que finge sorpresa por la moral de los personajes de la novela, como si
la rebelión de Ammu no fuera ni necesaria ni genuina. Al negarse a diferenciar
entre los valores morales de los oprimidos y los de los opresores, es
inevitable que se pone del lado de los últimos.
Roy también denunció acerbamente las explosiones de bombas nucleares por
los gobiernos de la India y de Pakistán en mayo de 1998. Ridiculizó la
celebración de la bomba nuclear en las calles de la India y la manera
de que, en un ambiente antioccidental, se vaciaban cajones de Coca-Cola
y Pepsi en las calles. "Me asombra un poco su lógica. ¿La Coca-Cola
es cultura occidental, pero la bomba nuclear es vieja tradición de la
India?". También abrió fuego sobre la "Hipocresía Occidental"
y los "Señores del Universo" norteamericanos, llamándolos "los
inventores del colonialismo, apartheid, esclavitud, limpieza étnica, guerra
biológica y armas químicas".
En los últimos años, Arundhati Roy ha llegado a ser activista y organizadora
contra el Proyecto de Desarrollo del Valle Narmada, que propone construir
3200 presas en 419 afluentes del río. Las presas desplazarán por la fuerza
a 25 millones de pobres, cuyo sustento depende del valle del río. En su
mayoría son dalits ("intocables") y adivasis (gente
tribal). Roy dice que el tema es demasiado crudo para una novela, porque
el Proyecto revela "en detalles inexorables, la manera muy evolucionada
y intrincada de un gobierno de pulverizar a un pueblo tras la genial máscara
de la democracia".
The Poisonwood Bible
por Barbara Kingsolver
HarperCollins, Nueva York, 1998
por N.P.
La novela [La biblia del árbol venenoso] se ambienta en 1959 en una aldea
en el Congo, en vísperas de la independencia de esa nación de Bélgica
y la excarcelación del líder de liberación nacional del Congo, Patricio
Lumumba, para "discusiones" exploratorias. En dos años cortos
la CIA y el Servicio Secreto bélgico, unidos, depondrán y asesinarán brutalmente
a Lumumba. En este importante punto de historia, que hierve con contracorrientes
de tensión política, se presenta el Reverendo Price, con una misión de
llevar nada menos que la salvación y la civilización a los "nativos"
paganos. Su esposa y cuatro hijas lo siguen de mala gana, si bien menos
cargadas de la palabra de dios (que "no pesa nada", según bromea
una de las adolescentes) que de los prejuicios raciales y culturales del
sur de los Estados Unidos en los años 50, y el crudo anticomunismo de
esos tiempos y su propia ignorancia del mundo y del papel pernicioso que
su país desempeña en él.
La madre y sus hijas narran la historia, cada una con distinta voz y interpretación
de los acontecimientos, mientras que Nathan Price, sin voz, les pesa en
primer plano en sus reflexiones sobre su nuevo ambiente y presencia en
Africa. Es el padre despótico y opresor y pastor marido, un símbolo sin
ambigüedades de la "arrogancia cultural y falta de comprensión",
en las palabras de la autora, de la manera de que los imperialistas europeos
y estadounidenses han invadido y dominado a Africa. De modo que esta obra
épica combina de manera magistral los tres temas -y la rebelión contra
ellos- de la tiranía patriarcal en la familia, el fervor religioso misionario
como acompañante histórico del colonialismo, y el despojo de Africa por
las grandes potencias y su imposición de regímenes neocoloniales.
Aunque la familia cristiana es el microcosmos para la exposición de Kingsolver,
fácilmente se pudiera hacer eco de algunos aspectos de la opresión de
la mujer en otras parábolas en las religiones y culturas por todo el mundo.
Nathan Price, reflexionando sobre la prodigalidad de educar a las hijas,
que compara a "echar agua en zapatos", pregunta de forma retórica
si es peor derrochar el agua o arruinar los zapatos. Price es extremo
pero no atípico, seguramente no más extremo que los imperialistas occidentales
que él simboliza en la esfera del cristianismo propagado por la fuerza.
Su autoridad masculina otorgada por dios moldea las relaciones sofocantes
en la familia, que también llegan a su punto de ruptura en la novela cerca
del tiempo en el cual El Congo colonizado gana la independencia política
formal.
Las hijas adolescentes se abren los ojos poco a poco, empezando a comprender
las diferencias culturales y los términos de la lucha para sobrevivir
en un país bajo la bota del suyo. Llegan a ver que la "verdad"
en El Congo no es la misma que en el sur de los blancos clasemedieros
estadounidenses, lo que les lleva también a cuestionar la vida bajo "Nuestro
Padre", como lo imita una de las gemelas. Aquí la familia son los
fuereños, los intrusos con las costumbres extrañas, que descubren que
saben poco en comparación a los a que vinieron a "civilizar",
quienes no quieren su rectitud yanqui porque no les sirve de nada. Sus
reacciones simplificadas pero divertidas mientras aprenden de los aldeanos
sobre la sobrevivencia se mezclan con el amargo sabor de la realidad que
describe la novela.
Después de la victoria de Lumumba en las primeras elecciones nacionales
y mientras que Nathan Price se queja amargamente de la "ignorancia"
de los africanos, su incapacidad para decidir su futuro y por cierto para
gobernar, el jefe de la aldea -en burla contra los muchos programas
llevados por los blancos para tratar "de mejorar nuestro pensamiento"-
anuncia una elección a favor o en contra de Jesucristo, en la "oficina
de Dios personal". Jesús pierde.
En la iglesia, el pastor pronuncia mal la palabra kikonga bängala,
sermoneando por igual que Jesús es "precioso" y es "madera
venenosa". A los fieles, su obsesión con el bautismo, mezclado con
su oronda ignorancia y desprecio para la vida y costumbres de los aldeanos,
fracasa al principio de manera divertida, pero después trágicamente, cuando
ciegamente trata de obligar a los aldeanos a bañarse en el río peligroso
donde los niños han sido comidos por cocodrilos, hecho que propaga la
imagen de Jesús como "come-niños". Esto conduce al punto de
viraje de la primera parte de la novela, cuando su propia hija es "comida",
mordida por una culebra, que le colocó un líder espiritual aldeano que
se enfureció por la incursión del pastor yanqui en su territorio. El resultado
es una vertiginosa pérdida de fe en el pastor, cuyas constantes invocaciones
de que "me protegerá el Señor" resultan patéticamente inservibles
en todo sentido.
Mientras se escuchan con mayor fuerza los "tambores de la selva",
es decir, el ritmo de la sublevación de las masas congolesas para la independencia
política "contra siglos de aflicción", también llegan a su punto
culminante las contradicciones de la familia Price. Por último, la madre
decide dar el gigantesco paso de romper con la aflicción de un matrimonio
opresor y del poderoso dominio de su papel tradicional de servidora incondicional
al marido y al "Señor".
Algunos 15 años después, al leer el informe del Senado yanqui sobre sus
operaciones encubiertas en El Congo -es decir, el asesinato de Lumumba
en enero de 1961-, la madre está pasmada sobre cómo "una bola de
hombres blancos que tenían en sus manos arregladas el control de ejércitos
y bombas atómicas" hubiera podido considerar tan peligroso a un hombre
como Lumumba, que quería la libertad para su pueblo. Describe los hechos,
ya bien conocidos, de cómo los Estados Unidos se compró un ejército para
dar un golpe de Estado contra su títere escogido, Joseph Mobutu, el que
derrocó a Lumumba solamente cuatro meses después de su elección como primer
ministro. Lumumba se escapó de la cárcel pero fue capturado después de
dar un discurso. Entonces fue entregado al movimiento secesionista reaccionario
basado en mercenarios bélgicos, franceses y sudafricanos en la provincia
de Katanga, rica en cobre. Mobutu tomó el control del gobierno central,
inaugurando un nuevo período de dominación yanqui que duró hasta que por
fin fuera echado del país en 1997.
Los personajes de Kingsolver cuentan en diversos momentos que el odiado
y corrupto Mobutu vendió fielmente los ricos recursos de diamantes y minerales
del país a las potencias extranjeras, y a la vez cumplía la voluntad de
ellos en el terreno político. Rápidamente se hizo de una enorme fortuna
personal, mientras que el pueblo zaireño padecía hambre. Hizo un espectáculo
de reemplazar los nombres coloniales con africanos, a la vez que su régimen
reprimía ferozmente a miles de luchadores para la liberación y opositores
políticos. Una de las hijas Price, que "se alimenta de la indignación",
describe el endeudamiento al occidente mediante proyectos fraudulentos
de energía como el fracasado Inga-Shaba, que malgastó un "préstamo"
de mil millón de dólares, para ser amortizado en décadas de pagos con
cobalto y diamantes. Le da asco que los Estados Unidos pasó a "hacerlo
todo de nuevo" en el vecino país de Angola, gastando $30 millones
para armar a las fuerzas opositoras para matar al líder prosoviético de
liberación nacional, Augustino Neto, y proteger los intereses petrolíferos
yanquis en ese país.
La autora relata los últimos 30 años de la familia Price -que nos lleva
aproximadamente a fines de los años 80, un período de recrudecimiento
de las luchas de masas para derrocar a Mobutu- por medio de las respuestas
de cada hija a la Odisea/Experiencia/Revelación de la profética desintegración
de su alguna vez muy norteamericana familia cristiana.
La mayor, Rachel, rechaza la introspección más profunda, aferrándose al
pequeño mundo material mezquino y narcisista que es su espejo. En el primero
de varios matrimonios de conveniencia, se casa con un mercenario que muy
probablemente participó en la desaparición de Lumumba. Por separadas,
las gemelas hacen las paces con su padre y con su fracaso en Africa: la
hermana físicamente discapacitada, Adah - que como narradora muestra con
astucia una ironía más allá de su edad si bien se muestra callada ante
el mundo exterior- lucha con éxito para superar sus impedimentos y se
dedica la vida a la medicina tropical, esquivando la familia nuclear cristiana.
Leah, de adolescente la hija más leal a su padre, se casa con un maestro
involucrado en el movimiento de liberación y se queda en Zaire, bregando
en serio con las ramificaciones y oportunidades políticas en el derecho
del pueblo a un futuro diferente, no bajo la bota de los saqueadores occidentales.
Esto opera una importante transformación en su perspectiva, por lo que
ella renuncia a toda pretensión de que los Estados Unidos sea su "patria".
La madre interrumpe con retrospección mientras explora el pasado, la profundidad
de su adhesión y obediencia al dogma cristiano de su marido, que formó
y estranguló tanto de su vida, sus suposiciones sobre la verdad como la
personifica el presidente Eisenhower, y la sencillez segura y contenta
de la concepción de la familia de una ama de casa: "Fui su instrumento,
su animal.... Fui solamente una mujer más de ellas que se cierran la boca
y agitan la bandera mientras su nación se va a conquistar a otra en la
guerra". Al recordar a los fieles de la aldea cantando ¡Tata Nzolo!,
que significa en kikongo, Padre en el Cielo o Padre del cebo de peces,
según se pronuncia, deduce: esto fue mi dilema, no saber si la religión
era "un seguro de vida o una sentencia perpetua". Sus remordimientos
recurrentes sobre la muerte de su hija menor en Africa (mordida por la
culebra) es el eje de su furia y su creencia de culpabilidad por no haber
podido proteger a sus hijas de la "luz abrasadora" de su marido,
por no despertarse antes para superar su propia sumisión.
Kingsolver se entrenó como bióloga, y su novela plantea que todas formas
de vida están en constante movimiento. Una tendencia a que una perspectiva
gradualista contamine la concepción de los cambios en el terreno social,
en que las especies se adaptan "con gracia" a su ambiente desposeído
y "conquistado", es evidente, en especial, en la perspectiva
de la madre. Kingsolver retrata, con arte y habilidad, al predator rapaz
en su forma tridimensional entrelazada, pero la rebelión contra él es
como un río que pasa rumoroso. La madre tiene una visión de que "esos
tipos" perderán siempre al fin: "El que sea la mujer o la nación
la que ocupan, su error es el mismo; se paran en un lugar y el futuro
se les pasa abajo".
Las personas a que les gustan los libros de Kingsolver dicen que les desafía
lo complejo de sus personajes que se adaptan a una realidad social muy
distinta a la suya y a la que se les enseñó. Las mujeres Price no caben
en sencillas categorías de personas más o menos conscientes políticamente;
más bien reflejan el hecho de que la conciencia social no se obtiene por
un solo lente, ni dando un solo paso. De hecho Kingsolver se ha metido,
muy poéticamente, en una batalla contra las consecuencias de la posición
y las ideas del individuo, tanto para sus opciones en la vida como para
el mundo social sobre el cual actúa.
Aunque una minoría de los lectores y algunos críticos rabiosos motivados
por una política distinta a la suya se quejan porque introduce demasiado
contenido social en su literatura, la autora defiende abiertamente la
necesidad de politizar a sus lectores, poniendo la complejidad del mundo
al alcance del público más amplio posible. Al mismo tiempo ella cree que
éste merece una buena historia. Dice que, para ella, escribir es una forma
de activismo político. En entrevistas, ha dicho que busca poner la política
de nuevo en la literatura y ha estimulado a otros autores a hacerlo, estableciendo
un premio literario (entregado el 1º de mayo) para novelas inéditas que
tratan la injusticia social y el cambio. En su prefacio, agradece al preso
político Mumia Abu-Jamal por su lectura crítica del manuscrito de esta
novela.
Kingsolver ha escogido la ficción para abrir los ojos sobre la historia,
e ilustra con humor y con profundidad en su libro, la mezquindad social
que contribuye a mantenerlos cerrados o parcialmente cerrados. Es un placer
tan grande leer sus novelas (y se han vuelto extremadamente populares,
con algunos de sus libros ya traducidos a varios idiomas) debido, en parte,
a su optimismo -esa vital convicción de que los seres humanos pueden comprender
y cambiar su mundo y alzarse por encima de la fealdad de las diversas
formas de relaciones forjadas por el opresor- que no se puede separar
de una clara convicción de que su corazón está con el pueblo.
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