¡Celebremos el 50 aniversario de la revolución china!
Esta es una
versión editada de un discurso preparado por Un Mundo Que Ganar
que se dio en varias conferencias llevadas a cabo para celebrar
el 50 aniversario de la victoria de la revolución china en 1949.
Estamos celebrando el 50 aniversario de la revolución china. Los
trabajadores, campesinos y masas de China detentaron el Poder desde
1949 hasta 1976. Aquí hablaremos de lo que el pueblo hizo con ese
Poder, justo después de la toma del Poder, casi de la noche a la
mañana; así como lo que hicieron con él en el transcurso de casi
30 años. Estamos celebrando sus logros en la construcción de una
sociedad nueva y diferente.
La guerra revolucionaria dirigida por el partido comunista, hizo
posible ese cambio. Las salvas de la revolución rusa inspiraron
el nacimiento del Partido Comunista de China. Este partido fue algo
que en China jamás se había visto antes: un partido político cuya
columna vertebral la formaron los "culís" de los muelles,
los mineros que habían pasado la vida en las entrañas de la tierra
y otros trabajadores, y que atrajo a legiones de campesinos pobres
y otros del campo, y que los dirigió durante dos décadas de guerras
revolucionarias.
La visión y las metas revolucionarias de este partido tomaron forma
muy concreta en el Ejército Rojo que creó. Sus soldados nunca robaron
ni una aguja e hilo del pueblo, incluso entregaron todo lo que arrebataron
al enemigo. Encarnaron nuevos valores de desinterés, cooperación
y servir al pueblo. No sólo combatieron; también organizaron al
pueblo y trabajaron en el campo, cuando era posible, a fin de no
ser una carga para las masas.
Con su ingreso al Ejército Rojo, los pobres y otras personas se
transformaron. Dejaron de ser pisoteados y de buscar con desesperación
una salida de una vida insufrible, y empezaron a comprender que
la salida para el país y el mundo dependía de ellos y de sus hermanos
y hermanas de clase. Sostuvieron encuentros políticos, en que soldados
y oficiales criticaron sin reservas a las ideas retrógradas y hábitos
individualistas de cada quien. Estos soldados fueron capaces de
un heroísmo que ningún ejército mercenario podría combatir. Dondequiera
que ellos estuvieron llamaron a los pobres a levantarse y unírseles.
Con el paso del tiempo, el Ejército Rojo se volvió un torrente furioso
que destrozó al ejército reaccionario de Chiang Kai-shek, quien
tenía todos los tanques, aviones y soldados que el gobierno yanqui
podía suministrar.
El 1º de octubre de 1949 Mao proclamó el establecimiento de la República
Popular China. El pueblo chino, dijo, se ha puesto en pie. Estados
Unidos, Gran Bretaña, Francia, Japón y las demás potencias imperialistas
no lo aceptarían. Les dijeron a todo mundo que los comunistas chinos
no tendrían éxito. Un vocero del gobierno yanqui escribió un informe
diciendo que China simplemente tenía demasiada gente y que ningún
gobierno podría jamás alimentarla. Incluso muchos chinos pensaron
meiyu banfa ("no hay forma"). Pero Mao y los revolucionarios
no estuvieron de acuerdo.
"En unas pocas décadas, ¿por qué no han de poder 600 millones
de `pobres´, por su propio esfuerzo, crear un país socialista, rico
y fuerte?", preguntó Mao. "La riqueza de la sociedad la
crean los trabajadores, los campesinos, los trabajadores intelectuales.
Si ellos se toman el destino en manos propias, usan el marxismo-leninismo
como guía, y enérgicamente abordan los problemas en lugar de evadirlos,
no habrá dificultad en el mundo que no puedan superar".
Y Mao no alardeaba. Esta es una descripción precisa de lo que se
propusieron hacer e hicieron.
China había sido prisionera de terratenientes feudales; de imperialistas
extranjeros, quienes gobernaron directamente algunas partes de China
como si fuera su propio país; y de un puñado de grandes capitalistas
monopolistas, quienes estaban estrechamente asociados con los terratenientes
y eran socios menores de los imperialistas. Una vez derrotado el
ejército de la clases dominantes anteriores y derrocado su gobierno,
fue necesario destruir su poder económico. Su propiedad tenía que
ser confiscada inmediatamente si el nuevo gobierno quería satisfacer
las necesidades básicas del pueblo. Muchos millones habían combatido
por el nuevo gobierno y confiaron en él; muchas personas vacilantes
lo apoyarían si les pudiera aliviar sus problemas.
LA SITUACION EN EL CAMPO
La abrumadora mayoría del pueblo eran campesinos que trabajaban
la tierra; no obstante, tenían poca o ninguna tierra propia. Eran
como alguien parado en piedras resbaladizas con el agua hasta el
cuello: mientras que todo iba bien, podría sobrevivir, pero, con
la ola más pequeña, se ahogaría. En años de vacas flacas, comieron
hojas y corteza, pidieron comida en los templos y murieron de frío.
En algunos años murieron millones.
Después de que el ejército revolucionario derrotó a los ejércitos
de Chiang Kai-shek y a las fuerzas terratenientes, rápidamente derrocó
al sistema feudal. En realidad, comenzó a derrocarlos en las zonas
liberadas antes de la victoria nacional, y después recorrió el país
como un río que revienta una presa. Brigadas de trabajo dirigidas
por el partido fueron a las aldeas para organizar largas y profundas
discusiones con los campesinos acerca de las condiciones y sus problemas.
El partido les dijo a los campesinos que debían de sublevarse, organizarse
y tomar la tierra. Los campesinos sostuvieron grandes protestas
contra los terratenientes y sus esbirros, y organizaron reuniones
de "agravios". Se cancelaron las deudas con terratenientes
y usureros. Los terratenientes tenían que regresar lo que habían
robado. Aquellos que habían cometido los crímenes más serios contra
el pueblo fueron castigados; si no, aquellos a que habían pisoteado
no se hubieran atrevido a hablar.
Los campesinos mismos repartieron la tierra, herramientas y animales
en reuniones de masas en que todos daban su opinión. Lo que lo hizo
más complicado fue el problema de cómo tratar las distintas clases
entre los campesinos en tal forma que los campesinos más pobres
pudieran obtener lo que necesitaban y aún así, unir a todos los
que fuera posible para apoyar el nuevo Poder. Cada persona recibió
tierras: hombres, mujeres o niños, no sólo los esposos. Esta fue
una medida muy revolucionaria. Nunca antes las mujeres habían recibido
trato de iguales o de propietarias de algo.
Como veremos, la revolución no se podía detener con la política
de "la tierra para quien la trabaja". Sin embargo tenía
que empezar por allí. Primero que nada, si los campesinos no tomaran
la tierra que cultivaban, nunca podrían sentirse libres. Segundo,
no había otra forma en que se pudiera dar de comer al pueblo y construir
las bases para el desarrollo de la industria y de una economía independiente
no controlada por el imperialismo.
A diferencia de las predicciones del gobierno yanqui, en 1952, cuando
se había consumado en lo fundamental la reforma agraria, China llegó
a ser autosuficiente en arroz. Esto significó que cada persona tenía
lo suficiente para comer. También significó que los imperialistas
ya no podrían amenazar con hambrear a China.
LAS CIUDADES
Antes de la revolución, las ciudades de China no fueron menos horrorosas
que el campo.
Consideremos a Shanghai, la ciudad más importante de China. Fue
una rugiente, pulsante y poblada metrópoli, una de las ciudades
más grandes del mundo. Sin embargo Shanghai era varias ciudades
diferentes en una, al igual que muchas ciudades del tercer mundo
de hoy. Tenía un centro moderno con congestionamiento de tráfico,
grandes hoteles estilo occidental y sedes de corporaciones. Había
almacenes departamentales de lujo y tiendas especiales donde los
ricos podían comprar productos de todo el mundo. Había centros nocturnos
en que oficiales, funcionarios y millonarios se podían entretener,
casinos y burdeles para cualquier presupuesto. El francés, el británico
y el norteamericano, cada uno, tenía su propio distrito, en que
los verdaderos amos de la ciudad podían vivir en mansiones con jardines,
sin que los chinos los molestaran. Los chinos trabajaron en barcos
y muelles; en bodegas, fábricas, restaurantes, cocinas y tiendas;
manejaron bicitaxis y otros vehículos; y en general sirvieron al
rico. Vivieron amontonados en cuartuchos por calles y callejones
estrechos, sucios y oscuros, o en la calle misma.
Muchos trabajadores llegaron a ser comunistas. Durante todo el período
de la guerra revolucionaria, muchos proletarios fueron al campo
para fortalecer al Ejército Rojo. Otros permanecieron y construyeron
organizaciones clandestinas del partido y organizaciones de trabajadores,
cuyo número de miembros incluía a cientos de millones. En secreto,
el partido organizó y dirigió a empleados de tiendas, estudiantes,
artistas, intelectuales y a todos aquellos quienes pudieran ser
unidos contra el enemigo común.
Cuando el Ejército Rojo marchó sobre Shanghai un día por la mañana,
meses antes de la liberación de Pekín y el sur de país, algunas
cosas empezaron a cambiar de inmediato. El ejército revolucionario
empezó a reemplazar o dirigir a la vieja policía, cuyos altos oficiales
habían huido. Los policías tenían prohibido maltratar al pueblo;
ya no podían detener a los conductores de bicitaxis, golpearlos
ni robar su dinero y los cojines de sus vehículos.
Las fuerzas de liberación inmediatamente empezaron a reparar las
alcantarillas. De Shanghai emanaba un insoportable hedor, porque
su viejo sistema de alcantarillado estaba lleno de fugas, especialmente
en los distritos pobres, ya que las viejas autoridades no se habían
molestado en arreglarlo durante cien años. Se habían construido
barrios pobres sobre cañerías rotas y mucha gente vivió rodeada
de aguas negras. Quitaron los montones de basura de las calles;
desecaron los enormes charcos de suciedad y agua estancada que producían
enfermedades. En ciudad y campo, millones podían vivir libres de
suciedad y tener agua potable y entubada, algo que hasta hoy miles
de millones del mundo entero no tienen.
A medida que se apoderaba de las ciudades más grandes, una tras
otra, el Ejército Rojo marchó sobre los más grandes bancos, fábricas
y otros negocios y los tomaron. Organizó el suministro de comida
de emergencia desde el campo, cosa interrumpida durante la guerra.
La abundante y muy barata mano de obra provista por el sistema feudal
no sólo había mantenido los salarios de hambre sino había trabado
la industrialización del país. Como en ese sistema era posible poner
a trabajar hasta morir a una interminable cantidad de emigrantes
del campo, no se molestó en obtener maquinaria moderna. El tratamiento
a muchos trabajadores no difirió en mucho al que recibieron los
campesinos. De noche, a las mujeres jóvenes que trabajaron en las
fábricas textiles las encerraron con llave como esclavas. Y los
amos golpearon a los jóvenes y señores quienes trabajaron en las
minas, y trataron a los asnos mucho mejor.
TRANSFORMACION REVOLUCIONARIA
El partido puso fin a todo esto de la noche a la mañana. Se abolió
el trabajo infantil; se redujo la jornada de trabajo de 12 y 16
horas a 8 horas; los salarios subieron dos o tres veces en los primeros
años. Debido a que sabían que su trabajo iba a liberar a China y
ayudar a que fuera un bastión de la revolución mundial, los trabajadores
ahora se interesaban en la producción y por primera vez se animaban
a reorganizarla para hacerla cada vez más eficiente. Todos los trabajadores
quienes nunca habían sido más que un par de manos fueron libres
para tomar parte en la transformación de la vida social, cultural
y política del país. Se animaron a ingresar al partido comunista.
Formaron sindicatos y otras asociaciones de todos los trabajadores
que empezaron a tomar parte en la administración de los lugares
de trabajo. Las fábricas construyeron nuevas viviendas, guarderías,
cafeterías y otras cosas previamente desconocidas en China.
El millón de prostitutas del país se organizaron en grupos dirigidos
por el partido. Antes, con frecuencia las habían vendido o secuestrado;
a muchas las habían tenido como prisioneras durante años. Estos
nuevos grupos ayudaron a las mujeres a comprender las razones para
su opresión y también combatieron cualquier tendencia para que otras
personas las despreciaran. Se capacitaron para trabajos en la ciudad
o para regresar al campo.
En un tiempo corto, las calles urbanas y los caminos rurales, los
cuales habían sido entre los más violentos y peligrosos del mundo,
habían llegado a ser relativamente seguros. A los reaccionarios
les gustaba decir que para acabar con el crimen, era necesaria una
mayor represión del gobierno. China demostró lo contrario: que cuando
cambiaron las condiciones que dieron lugar al crimen, la tasa de
criminalidad cayó dramáticamente. Además, cuando el pueblo, en especial
los pobres, se liberó y empezó a gobernar a la sociedad, pudo ejercer
su propia fuerza colectiva contra el crimen. Hoy, los gobernantes
reaccionarios de los países donde cientos de miles y hasta millones
de personas están detrás de las rejas, suelen decir que el socialismo
es una gran cárcel. La verdad es que la China socialista sólo tuvo
a unos cuantos miles de personas en prisión, y hubo libertad para
ir a donde sea, a cualquier hora, sin miedo.
LAS MUJERES
En cuanto a la situación de las mujeres, se operaron grandes cambios
muy rápidamente. A las mujeres las habían gobernado hombres durante
toda la vida: de niñas, sus padres; de jóvenes, sus esposos; y de
viudas, sus hijos u otros parientes masculinos. Se solía decir:
"Nadie es feliz cuando nace una niña". Esto no era porque
los pobres eran de corazón duro. Algunas personas sintieron que
no podían darse el lujo de criar a una niña quien era destinada
a servir a otra familia.
Los trabajadores y los campesinos sufrieron bajo el yugo del feudalismo,
capitalismo e imperialismo, pero las mujeres sufrieron bajo todo
eso, además de algo más: las oprimieron porque fueron mujeres. Esto
dio a las mujeres tremendo potencial revolucionario. Además, China
no podía liberarse completamente del sistema feudal sin derribar
uno de sus principales pilares, el patriarcado: el dominio del jefe
masculino de familia sobre las mujeres y los niños. Las masas de
mujeres fueron una poderosa fuerza para derrocar todas las viejas
relaciones sociales, y las ideas retrógradas y los valores morales
en que descansaban, muy comunes en la sociedad.
Alguien dijo: "La reforma agraria es buena, la nueva moneda
es buena, pero cuando ya no dejan al hombre golpear a su esposa,
eso es ir muy lejos". Y para acabar con la violencia hacia
las esposas, la solución no fue recurrir a la represión del gobierno.
Por ejemplo, durante la reforma agraria, muchos hombres no querían
que sus esposas acudieran a las reuniones de las asociaciones de
campesinos. Cuando la mujer habló allí, los hombres se rieron con
desprecio. El partido comunista y las mujeres avanzadas, quienes
estaban organizadas en asociaciones femeninas, combatieron estas
actitudes retrógradas. Si un hombre golpeaba a su esposa, la asociación
femenina de la aldea podría hacerles una visita. Todo mundo podía
unirse con la esposa para criticarlo y debatir con él acerca de
por qué tal comportamiento servía a la vieja sociedad e iba contra
los intereses de los campesinos. En casos extremos, las mujeres
pudieron darle al hombre un poco de su propia medicina.
En comparación, en los mismos años, a las mujeres en muchos países
europeos todavía no se les permitía votar. En 1950, el divorcio
era difícil de obtener para las mujeres en casi todos los países
del mundo, no había métodos de control de la natalidad y el aborto
era ilegal. Las mujeres en los países ricos hoy apenas están empezando
a obtener algunos derechos jurídicos de las mujeres de la China
revolucionaria ganados hace dos generaciones. Sin embargo, otra
vez, como veremos en el caso de la reforma agraria, la revolución
china fue más allá de una simple igualdad jurídica y empezó a eliminar
las bases para la desigualdad y la opresión.
Todos estos fueron sólo los primeros pasos por un largo camino.
LUCHA EN EL PARTIDO
Desde el inicio, hubo luchas dentro del Partido Comunista de China
acerca del camino a seguir. Uno de los más grandes problemas fue
cómo alcanzar la modernización. ¿Debería ser poniendo las ganancias
al mando y simplemente modernizando el mismo tipo de economía como
lo tenía China antes, y así mantener la dependencia del país del
mercado mundial controlado por el imperialismo? Eso sería seguir
el camino capitalista y podría llevar de regreso a una vida que
los trabajadores, campesinos y mujeres odiaron. Con la industria
en forma de propiedad de todo el pueblo, había de ser desarrollada
en una forma diferente, y no simplemente inyectar recursos en aquellas
industrias que generaron las mayores ganancias. La meta de la economía
fue producir lo que el pueblo necesitaba e incluso fomentar el desarrollo
en todo el país. Esto significó dar prioridad a la agricultura,
para así poder alimentar al pueblo, suministrar materias primas
a la industria y establecer un mercado para bienes industriales.
Era necesario desarrollar un equilibrio entre la industria pesada
y la ligera, construir una economía nacional autosuficiente y apoyar
la revolución por todo el mundo.
Mao dijo que la revolución de nueva democracia de China había abierto
la puerta al capitalismo pero que había abierto aún más la puerta
al socialismo. Por ejemplo, la reforma agraria había creado un país
de pequeños agricultores, pero la revolución no podía parar allí.
Primero, si lo hiciera, algunos quienes tenían un poco más de tierra,
herramientas y animales o sólo un poco más de fuerza de trabajo
podrían prosperar, mientras que quienes tenían menos podrían tener
que vender su tierra. El funcionamiento del capitalismo habría polarizado
el campo en rico y pobre. Segundo, aunque el derrocamiento del feudalismo
por los campesinos había comenzado a sacar al campo del estancamiento
y pobreza, para el mayor avance de la agricultura fue necesario
transformar la pequeña producción individual en colectiva. En tercer
lugar, este atraso bloqueó el desarrollo global de la economía socialista.
La necesidad para estos grandes cambios se topó con resistencia
desde dentro del partido mismo. Sin embargo Mao sostuvo que el entusiasmo
latente de los campesinos para la colectivización podía superar
todos los obstáculos.
Antes de la liberación nacional y aún antes de que se consumara
la reforma agraria, los campesinos formaron brigadas de ayuda mutua
para sembrar y cosechar. A unos cuantos años de la liberación habían
formado cooperativas de bajo nivel: cultivaron la tierra juntos
y distribuyeron los productos de acuerdo a la cantidad de tierra,
herramientas, animales y mano de obra, que cada familia había puesto.
Sin embargo, aún necesitaron canales, presas, control de inundaciones,
terrazas, zanjas de irrigación, etc. La propiedad individual detenía
la capacidad de los campesinos para producir.
A mediados de los años 50, los campesinos formaron cooperativas
de alto nivel. Quemaron las escrituras de su tierra porque ahora
poseían la tierra, las herramientas y los animales en común. Este
fue un proceso en zig-zag, en que cada zona avanzaba a su propio
ritmo. En muchos casos, los campesinos se asociaron a una cooperativa,
luego se retiraron, después se asociaron a una de nuevo y se alejaron
otra vez, de acuerdo a su estado de ánimo y fe en las nuevas cosas.
Pero en algunas etapas de este proceso hubo listas de espera de
campesinos quienes deseaban unirse. Cuando los campesinos mancomunaron
su tierra y mano de obra, desistiendo de sus anteriores parcelas
individuales y trabajando juntos para transformar la tierra, era
posible usar tractores y otra maquinaria en zonas donde jamás se
había visto un arado de hierro. El desarrollo de la agricultura
impulsó el crecimiento de la industria.
EL GRAN SALTO ADELANTE
China estaba lista para el Gran Salto Adelante.
El nivel básico de gobierno en la China rural es de provincia o
municipio. Con la unificación de todas las cooperativas de una provincia,
se creó algo nuevo: una unidad económica y política a través de
la cual decenas de miles de personas construyeran una vida común.
Estas comunas populares constituyeron un paso gigantesco en el movimiento
hacia la eliminación de la brecha entre los campesinos y el gobierno,
ya que ahora cada vez más ellos mismos podían administrar todo.
Aunque los brigadas de trabajo basadas en varias familias fueron
todavía la unidad básica, se superaron los confines del clan y de
la aldea a medida que estas brigadas llegaron a ser parte de una
más amplia organización. Era posible planificar a gran escala la
irrigación, control de inundaciones, caminos, etc., en que el conocimiento
y la participación de los campesinos jugaban el papel directriz
para determinar qué debía de hacerse y cómo.
La política de Mao puso énfasis en las zonas rurales para gradualmente
cerrar la brecha entre ciudad y campo y entre trabajadores y campesinos.
Con el movimiento de las comunas populares, fue posible cerrar bastante
esta brecha construyendo hospitales, escuelas y nuevas industrias
en zonas rurales, en vez de sólo expandir las instalaciones existentes
en las ciudades, aunque esto último pudiera parecer "más barato"
en términos económicos estrechos.
El desarrollo de la industria en el campo no fue posible sin las
comunas populares. Se movilizó a mujeres y hombres a tomar la iniciativa
de organizar y poner en marcha nuevas fábricas, y encontrar nuevas
formas de satisfacer las necesidades del pueblo. El partido dirigió
este proceso y el gobierno dio apoyo de acuerdo con los planes económicos
globales del país, pero todo dependió de los esfuerzos e iniciativa
del pueblo.
El Gran Salto Adelante resolvió muchos problemas e hizo grandes
logros, pero tropezó con dificultades. Hubo tres años de sequía
muy severa; la Unión Soviética buscó sabotear la economía en venganza
por la crítica que hicieron los revolucionarios chinos al camino
capitalista que la URSS había tomado bajo Jruschov. Hubo oposición
al Salto desde adentro del partido. Los seguidores del camino capitalista
chinos aprovecharon estas dificultades para decir que China, también,
debía de cambiar de camino.
La revolución, dijeron, había llegado a ser una desviación del verdadero
deber del pueblo trabajador: es decir, trabajar. Dijeron que las
masas no debían preocuparse por los asuntos del Estado, cómo organizar
y administrar sus lugares de trabajo, y si su mano de obra servía
o no para liberar paso a paso todas las habilidades del pueblo y
en qué dirección la sociedad en conjunto avanzaba.
LA REVOLUCION CULTURAL
Por medio del estudio de las experiencias tanto en la Unión Soviética
como en China, Mao y otros revolucionarios chinos llegaron a comprender
que el socialismo no pone fin a la lucha entre clases antagónicas.
Más bien, una vez eliminadas las antiguas clases dominantes, la
batalla se traslada al seno del partido comunista mismo. El conflicto
entre políticas y estrategias opuestas, entre diferentes caminos,
representa una lucha entre clases opuestas. Los trabajadores y campesinos
y sus líderes del partido buscan continuar por el camino socialista.
Esto significa eliminar, paso a paso, las brechas y desigualdades
sociales salidas de la vieja sociedad y las viejas ideas que acompañan
estas relaciones, apoyar las revoluciones por todo el mundo, y hacer
del país una base de apoyo para el avance al comunismo en todo el
mundo. Los comunistas revolucionarios se encontraron en una cerrada
batalla de vida o muerte contra aquellos altos líderes del partido
quienes representaban una nueva clase explotadora emergente y que
buscaban obstinadamente proteger y expandir todas las relaciones
viejas y acomodarse al orden mundial imperialista. Estos revisionistas
tienen el peso de la tradición de su parte, junto con la posición
dominante del imperialismo en el mundo.
Esta lucha se agudizó con la Gran Revolución Cultural Proletaria.
En 1966, Mao y los revolucionarios en el partido llamaron a los
miembros del partido y a las masas a "cañonear el cuartel general",
a criticar a esas políticas capitalistas y a derrocar a aquellos
que trataban de imponerlas, y a estudiar y aplicar el marxismo y
a tomar la iniciativa de crear nuevas cosas socialistas que pudieran
transformar todavía más a la sociedad.
El objetivo inmediato de la Revolución Cultural fue derrocar a esos
líderes del partido que trataban de llevar a China por el camino
capitalista. Pero como Mao lo explicó, había una meta más profunda
también: transformar la concepción del mundo, para que el pueblo
pudiera comprender mejor la diferencia entre el marxismo y el revisionismo.
Esto significó que había que transformar la forma de pensar, junto
con las relaciones económicas y sociales que estas ideas representaron.
Las batallas iniciales de la Revolución Cultural las libraron los
Guardias Rojos: intrépidos estudiantes y jóvenes quienes atendieron
el llamado de Mao para oponerse a algunos de los más poderosos personajes
de China. Pero Mao también exhortó a la clase obrera a tomar la
delantera en todo, y luchó para fortalecer la capacidad del partido
para dirigir, como representante de los intereses de largo plazo
de los trabajadores, a la transformación de la sociedad y del mundo.
En enero de 1967, después de meses de reuniones y debates feroces
para deslindar los campos, rebeldes de las fábricas, de las barriadas
y de las escuelas de Shanghai, dirigidos por miembros del partido
revolucionarios, echaron a la vieja administración de la ciudad,
la cual había sido una fortaleza de los seguidores del camino capitalista.
Reemplazaron la vieja administración con una nueva combinación triple:
representantes de las organizaciones rebeldes, líderes del partido
revolucionarios y representantes del Ejército Rojo. Las masas habían
tomado el Poder de una manera omnímoda y desde abajo. Para fines
de 1968, se habían formado estos comités revolucionarios en todo
el país.
Millones de jóvenes educados llevaron la Revolución Cultural al
campo. Muchos permanecieron allí. Los habitantes de las ciudades
que no trabajaban con las manos también fueron por plazos a trabajar
en el campo, a conocer a los campesinos y comprender mejor sus necesidades,
y a ayudar a transformar su propia concepción del mundo.
Comités de tres en uno de trabajadores, técnicos y gerentes administraron
las fábricas; en hospitales los comités los formaron doctores, trabajadores
y representantes de los pacientes. Como Mao predijo, cuando se revolucionara
el papel jugado por los trabajadores en la producción, cuando éstos
empezaran a actuar como pensadores y administradores y no sólo como
un par de manos, y cuando se revolucionara la forma de pensar de
todos, también se liberaría la producción. En una refinería petrolera
de Shanghai, cuyos gases contaminaban el aire, los trabajadores
estudiaron con detenimiento el problema, incluidos los detalles
más técnicos, y descubrieron cómo reciclar los gases y usarlos para
la manufactura de los químicos que se usan en ropa, plásticos y
medicinas. Había parecido más económico que las plantas simplemente
arrojaran los venenos al aire, pues eso hizo que unas plantas parecieran
más rentables, requiriera menos esfuerzo de los trabajadores e incluso
en algunos casos pusiera más fondos a su disposición. Pero todo
eso, los trabajadores demostraron, no fue lo que era mejor para
la sociedad o incluso la economía en conjunto.
Las actividades culturales chinas, como películas, obras de teatro,
ópera, libros, etc., eran un bastión de los seguidores del camino
capitalista y un remanente de la vieja sociedad, y su dominio de
las ideas y la concepción del mundo en la esfera de la cultura fue
un gran obstáculo para la mayor revolucionarización de la sociedad.
Mao dijo que "si el Ministerio de Cultura rehúsa transformarse,
tiene que cambiar su nombre por el de ministerio de emperadores
y reyes, generales y cortesanos, de letrados y beldades, o de extranjeros
de museo".
Chiang Ching avanzó como importante líder del partido por derecho
propio. Jugó un papel importante dirigiendo un levantamiento de
masas para derrocar a los seguidores del camino capitalista dondequiera
que tenían el Poder. También hizo una contribución especial a la
revolución en la cultura. La ópera fue muy popular y aún fue necesario
transformarla. En una reunión con 5000 representantes de compañías
de ópera de todo el país, lanzó una pregunta polémica: que si deseaban
servir a los intereses de las masas, o al puñado de seguidores del
camino capitalista quienes representaban la persistencia de los
males de la vieja sociedad. "Los cereales que comemos son el
producto del trabajo del campesino, los obreros hacen la ropa que
usamos y las casas que habitamos, y el Ejército Popular mantiene
guardia en los frentes de defensa nacional por nosotros, y aún así
no los representamos en el escenario. ¿Me permiten preguntarles
qué posición de clase toman ustedes los artistas?". La tarea
central en la ópera, dijo, era crear heroínas y héroes revolucionarios
y en especial producir algunas operas avanzadas como modelos para
la ópera y la cultura en general.
Con la Revolución Cultural, se remozó completamente la enseñanza.
Se establecieron universidades en el campo, para que maestros y
estudiantes pudieran aprender unos de otros y de las masas y formar
graduados con estrechos lazos con las masas y con entrenamiento
científico: en otras palabras, tanto rojos como expertos.
CONCLUSION
¿Qué hizo posible todo esto? El liderato de un partido comunista
guiado por la ideología que hoy le llamamos marxismo-leninismo-maoísmo.
Ese partido dirigió una guerra revolucionaria que destruyó el Poder
de las viejas clases dominantes y lo puso en manos del pueblo. Hizo
de esa ideología la propiedad de los desposeídos y los dirigió a
continuar la revolución, paso a paso, hacia la liberación de la
humanidad.
China siguió siendo un país pobre, pero su socialismo fue un sistema
superior.
Fue capaz de satisfacer las necesidades del pueblo. Desde los primeros
días después de la liberación, todos tenían garantizados comida,
vestido, combustible, un entierro digno y educación, trabajaran
o no. Nadie tenía que preocuparse acerca de lo que podría suceder
a sus hijos. En resumen, dejaron de ser esclavos sin pan y se podrían
desarrollar plenamente como seres humanos.
Este desarrollo tuvo lugar en una forma que nunca podría ocurrir
en un país capitalista. Fue posible satisfacer las necesidades del
pueblo, sin explotar a nadie de otros países, una explotación que
es el secreto tras el alto nivel de vida en los países imperialistas.
En lugar de polarizar al país cada vez más entre una rica minoría
y una pobre mayoría, la revolución fue reduciendo las brechas y
desigualdades en la sociedad, entre ciudad y campo, entre trabajadores
y campesinos, entre trabajo intelectual y trabajo manual, y entre
hombres y mujeres. Aunque aún no fue posible que todos simplemente
consiguieran todo lo que necesitaron, sin diferencias, todos pudieron
acceder a muchas necesidades básicas gratis o muy baratas.
La Revolución Cultural no pudo poner fin a todas las desigualdades
y contradicciones sociales. Como Mao dijo, no sería posible alcanzar
el comunismo hasta que las clases fueran abolidas, no sólo en China
sino en todo el mundo. Mientras que las clases existan, la línea
que el partido siga lo decide todo, o en otras palabras, la dirección
en que la sociedad avance.
Los seguidores del camino capitalista dieron un golpe de Estado
militar, arrestaron a los más cercanos camaradas de Mao, siendo
Chiang Ching y Chang Chung-chiao los más avanzados entre ellos,
y desataron una ola de terror contra los revolucionarios. Arrebataron
el Poder a las masas.
Las nuevas clases dominantes deshicieron todo. Desmantelaron las
comunas populares. Hoy, unos pocos campesinos se han enriquecido
y cien millones o más recorren el país, sin casa y hambrientos,
en busca de trabajo. Le han arrebatado el control de las cosas a
los trabajadores y les han ordenado callarse y agradecer que tienen
empleo, si es que tengan la "buena fortuna" de hallar
empleo en algo que los imperialistas encuentren rentable. La llamada
"modernización" de China ha significado parar mucha industria
pesada y dejar a mucha gente en la calle para valerse por sí misma.
Donde han surgido nuevas industrias, de costura y televisiones por
ejemplo, ha significado el empleo de mano de obra barata bajo la
bota del capital extranjero y con frecuencia del mercado extranjero.
El trabajo considerado peligroso y duro por los países ricos se
hace en países como China, donde los venenos industriales y desechos
tóxicos están por doquier. Los nuevos gobernantes administran al
país para beneficio de los imperialistas de quienes la economía
depende cada día más.
China tiene ahora una de las tasas de corrupción más altas del mundo
en todas las esferas. Ha habido importantes levantamientos campesinos
contra la pesada carga de impuestos y otras nuevas formas de explotación.
La tasa de infanticidio de niñas es alarmante. La prostitución y
la adicción a las drogas aparecen una vez más en forma desenfrenada.
El SIDA amenaza con rivalizar o hasta superar las epidemias de antes
de 1949.
Puede que los seguidores del camino capitalista quienes se han apoderado
del partido comunista estén al mando, mientras que eso les convenga
a sus amos extranjeros, pero el partido comunista no tiene nada
en absoluto de comunista. Una vez más, el pueblo chino tendrá que
tomar el Poder, con fusiles en mano, con el respaldo de los revolucionarios
y los pueblos del mundo. Pero el pueblo chino, y nosotros, no tenemos
que empezar desde cero, porque tenemos la experiencia del socialismo,
la línea y las lecciones de ese ejemplo viviente, desarrollado mediante
la lucha de cientos de millones. Fue una revolución que logró mucho
más que ninguna otra antes. Esa experiencia es la herencia común
de los pueblos del mundo, un luminoso ejemplo de la superioridad
del sistema socialista.
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