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¡Abdullá Ocalan Debe Ser Liberado!
Comunicado del Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista
18 de febrero de 1999
El Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI)
condena categóricamente el secuestro de Abdullá Ocalan, presidente del
Partido de los Trabajadores del Kurdistán, así como el asesinato y la
represión de las masas kurdas que han protestado contra su arresto.
El secuestro del líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán
(PTK), Abdullá Ocalan, es otro capítulo sangriento en el viejo afán imperialista
de aplastar la lucha del pueblo kurdo. Fue la culminación de una persecución
coordinada entre las policías secretas del mundo, que lo persiguieron
de un país a otro. El acercamiento entre Turquía e Israel, arreglado por
los Estados Unidos, llevó a su expulsión de Siria. En Rusia, la neo‑KGB
rechazó con desdén la bienvenida que le dio el Parlamento y lo echó, presuntamente
después de consultar con la CIA. Holanda no lo dejó entrar para abogar
por el caso de los kurdos ante la Corte Internacional de Justicia. Y el
hecho de que se mantiene un hermetismo absoluto sobre los pormenores de
su secuestro en Kenia apesta a intriga y conspiración reaccionarias.
Debajo del más delgado velo de democracia parlamentaria, Turquía
es un Estado torturador, gobernado por una junta militar completamente
sometida a los Estados Unidos, Alemania y otros países imperialistas.
Policías londinenses, gendarmes parisienses y otras fuerzas policiales
europeas dejaron brutalmente en claro que sus gobiernos apoyan al gobierno
turco con sus embestidas contra los jóvenes kurdos que reclamaban la libertad
de Ocalan. Cuando unos sicarios israelíes balearon y mataron a tres jóvenes
kurdos y dejaron muchos heridos, el gobierno yanqui apoyó ese acto de
terrorismo sionista con el pretexto de que el PTK es “terrorista”. ¿Qué
diferencia hay entre el PTK y las organizaciones armadas en otros países
que el gobierno yanqui califica de “luchadoras por la libertad”? La principal
diferencia es si están a favor o en contra de los intereses del imperialismo
yanqui.
Los miles de revolucionarios turcos y kurdos detenidos en los calabozos
de Turquía en los últimos años dicen que es como estar en una prisión
pequeña dentro de la prisión grande, que es Turquía. Amnistía Internacional
y otras organizaciones de derechos humanos han denunciado que el sistema
judicial turco aplica la tortura de manera sistemática y generalizada,
y que los escuadrones de la muerte del gobierno de plano asesinan a miembros
de la oposición en la casa, la oficina o la calle. ¿Qué se puede concluir
sobre el sistema judicial turco cuando todos los días vemos a miles de
kurdos arriesgar la vida sólo para pedir que una comisión de la ONU vele
por que no vayan a torturar ni a matar a Ocalan? Después de todo, en Turquía
la opresión de los kurdos es la ley. Sigue prohibido enseñar el idioma
kurdo en las escuelas, y hay parlamentarios y poetas kurdos presos simplemente
por hablar sobre los derechos de los kurdos. Para comprender lo que la
clase dominante turca quiere hacer con Ocalan, hay que ir más allá de
sus pocos convincentes palabras de que va a cumplir la ley y más bien
ver la promesa de que va a ser un juicio “corto y rápido”, el hecho de
que no dejaron entrar a sus abogados holandeses y el hecho de que han
arrestado a 350 miembros del partido parlamentario pro kurdo.
La clase dominante turca y sus amos de Occidente están bailando
de alegría. Pero ya su ostentosa fanfarronada está siendo ahogada por
los gritos de indignación y desafío que retumban en los centros urbanos
de Europa. Una nueva generación de kurdos se yergue, con un insaciable
deseo de liberación, para luchar contra su opresión. Lo que hace 50 años
era un problema limitado a un rincón del antiguo imperio otomano, está
hoy estremeciendo las capitales europeas y ganándose la simpatía y el
apoyo de millones de personas a la causa kurda. Las barriadas que rodean
las ciudades turcas, repletas de refugiados kurdos que huyen de la guerra
de contrainsurgencia de los militares, están que arden. Lo que Mao Tsetung
dijo sobre todos los opresores le cae a la clase dominante turca y sus
amos imperialistas, y eso es que no conocerán la paz. Abdullá Ocalan debe
ser liberado de sus garras.
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