UN MUNDO QUE GANAR
 


Primero de Mayo de 1998

A 150 Años del Primer Toque de Clarín Comunista

¡Proletarios de Todos los Países, Uníos!


Comunicado del Comité del

Movimiento Revolucionario Internacionalista


En los años transcurridos desde 1848, cuando ante el horror de los gobiernos de la vieja Europa se publicó el primer programa comunista, el Manifiesto Comunista, la ciencia de la revolución ha avanzado a pasos agigantados hasta alcanzar el Marxismo-Leninismo-Maoísmo (MLM), a través de muchas luchas y experiencias en la forja de revoluciones. Hoy día, las verdades fundamentales expuestas con contundencia por Carlos Marx y Federico Engels en dicho documento histórico son plenamente vigentes:

“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”.

Es necesario que los oprimidos y proletarios de cada país formen un partido revolucionario, un partido comunista, y que forjen la más firme unidad política y organizativa posible en todo el mundo contra las potencias del viejo mundo imperialista y sus Estados reaccionarios, y eso es tan urgente hoy como hace 150 años. Constituye una de las principales tareas del Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI), que agrupa partidos y organizaciones MLM de todo el mundo.

A los imperialistas les encanta hablar de la globalización de su sistema, como si fuera todopoderoso. En lo básico, sus metas aún son las mismas en esta época moderna: su vil afán de exprimir jugosas ganancias del trabajo de los pueblos del mundo entero, ahora manchadas con cada mayor frecuencia con la huella sangrienta de las “trasnacionales”. De igual modo, la crisis se globaliza y aparecen enormes grietas en su imperio; muchas de ellas son demasiado grandes para remendar.

Fanfarroneaban acerca de las economías milagrosas de los Tigres Asiáticos y cacareaban que el tercer mundo puede “enriquecerse rápidamente” bajo su dominación. Pero la verdad del “desarrollo” imperialista en estos países se ve en los escombros de su país modelo, Corea del Sur, y en el desplome de las bolsas de valores de Asia, que siembra pánico entre los ejecutivos corporativos desde Tokio hasta Nueva York. Es una telenovela de la Mafia en la vida real, al nivel del imperialismo. Si tras el desplome, Corea del Sur, Tailandia, Indonesia y las Filipinas quieren más fondos de “rescate”, deben plegarse a las buenas o a las malas a las medidas del Banco Mundial/FMI, que los estrangulan y hacen más dependientes del imperialismo. Como las masas de Latinoamérica y Africa ya bien lo saben, lejos de traer seguridad económica, eso implica más miseria, desempleo y el despojo de los campesinos, y para las clases dominantes mayor inestabilidad política.

En Europa oriental y Rusia, las grietas del sistema son abismos. En el lapso de unos cuantos años desde el hundimiento de los gobiernos de capitalismo de Estado, las masas han conocido la pesadilla del capitalismo al estilo occidental.

Políticamente los imperialistas tienen grandes problemas para sanear y apuntalar su podrido orden social. ¿Cómo es que la clase dominante de los Estados Unidos, que es el mayor productor y usuario de armas de destrucción masiva, habla de atacar a un país chico como Irak porque no permite la inspección de sus instalaciones militares? ¿Por qué piensan atacar a Irak por segunda vez si no es para lograr mayor control del Medio Oriente y desplazar a sus rivales europeos en la contienda por el petróleo? ¿No se deben a eso las sanciones que impuso los Estados Unidos (aunque digan que son las “Naciones Unidas”)? Dicen que el propósito es castigar a Saddam Hussein, pero el “rescate” que los gángsters imperialistas exigen podría ser mucho más que los 200.000 iraquíes muertos de la vez pasada. Además de que no se olvide quién manda en el mundo de hoy, esos viles padrinos tienen otro motivo: dicen que hace falta “probar” sus nuevas bombas.

Piensan que el pueblo es tonto y pasivo, que no captamos que están masacrando a nuestras hermanas y hermanos de clase con el pretexto de “defender la democracia” y la “paz” regional, que no sabemos que su dominio existe gracias al terror. Pero eso se lo demuestra a diario al pueblo palestino el Estado policial de Israel, con el dinero de los Estados Unidos. De igual modo, en los países (llamados) avanzados como los Estados Unidos, construyen más cárceles que escuelas. En Alemania la clase dominante promulgó una nueva ley para expulsar de por vida a los extranjeros detenidos en manifestaciones que “insultan” al Estado.

Fomentan el oscurantismo religioso tanto en los países oprimidos como en los imperialistas. Además, quieren intimidarnos con sus leyes democráticas, tecnología informática y armas modernas para que pensemos que su imperio es invencible y que no podemos derrocarlo, para que perdamos confianza en nuestras luchas y nos paralicemos.

Sin embargo, todo eso da otro mensaje a millones de personas encabronadas, experimentadas y templadas de las generaciones de nuestra clase que han desafiado con heroísmo el terrible destino que el imperialismo impone a la gran mayoría de los pueblos del mundo. Es cierto que el terror y las ideas reaccionarias ponen obstáculos, pero las leyes sociales expresadas en las célebres palabras de Mao Tsetung, “Donde hay opresión, hay resistencia” y “Se justifica la rebelión”, se reafirman todos los días, pues la lucha estalla vez tras vez, en los mismos lugares o a veces en otros. A través de todo eso se destaca un hecho que las clases dominantes quieren ocultar a toda costa: el único objetivo común, inmediato y de largo plazo, de una sola clase, nuestra clase, el proletariado internacional, de plasmar en los hechos el llamamiento de hace 150 años de Marx y Engels: barrer la explotación y opresión de la faz de la Tierra.

De Chile a Indonesia, las masas se están alzando contra dictadores gastados; la sangre del pueblo regada por gángsters como Suharto y Pinochet corre a chorros por los brazos de sus amos imperialistas. La falta de un partido comunista en muchos países significa que las masas no tienen la dirección ni la capacidad de llevar sus luchas hasta la liberación completa y cabal.

En el Perú y en Nepal, las Guerras Populares siguen iluminando el camino hacia adelante y confirman un punto todavía vigente de Marx: la burguesía jamás dejará el Poder pacíficamente. El rasgo más importante de esas guerras revolucionarias es que la dirección está a cargo de partidos marxista-leninista-maoístas: el Partido Comunista del Perú y el Partido Comunista de Nepal (Maoísta), ambos participantes en el MRI. A pesar de muchas dificultades, el PCP ya lleva 18 años de guerra contra la clase dominante reaccionaria del Perú y sus comandantes yanquis. En Nepal, los oprimidos, contando con la participación de muchas mujeres, se suman a la naciente Guerra Popular, ahora en su tercer año. Esas Guerras Populares y las que preparan o libran fuerzas MLM en distintas partes del mundo representan el único camino a la revolución.

Que el toque de clarín ¡Proletarios de todos los países, uníos! retumbe el Primero de Mayo conforme a la tradición internacionalista proletaria de lucha de nuestra clase, sobre todo en este año, que cumple 150 años el Manifiesto Comunista, escrito por los fundadores del comunismo.


¡Viva la Guerra Popular en el Perú, en Nepal y en todo el mundo!

¡Romper las cadenas! ¡Desencadenar la furia de la mujer como una fuerza poderosa para la revolución!

¡Construyamos y fortalezcamos los partidos marxista-leninista-maoístas unidos en el MRI!

¡Apuntar alto y hacer lo máximo por juntar fondos para el MRI!

¡Viva el Movimiento Revolucionario Internacionalista!