| |
Reimpreso
Histórico
Lenin sobre
la Cuestión de la Mujer
Los siguientes
pasajes son del libro Recuerdos sobre Lenin de Clara Zetkin,
una entrevista que ella le hizo en Moscú en el otoño
de 1920. Reimpreso de Lenin, La emancipación de la mujer,
Editorial Progreso, Moscú, 1971.
“Por eso es totalmente justo que presentemos reivindicaciones
en favor de la mujer. Esto no es un programa mínimo, no es
un programa de reformas en el espíritu socialdemócrata,
en el espíritu de la II Internacional. Esto no es el reconocimiento
de que creamos en la eternidad o al menos en una existencia prolongada
de la burguesía y de su Estado. Tampoco es un intento de
apaciguar a las masas femeninas con reformas y desviarlas de la
lucha revolucionaria. Esto no tiene nada de común con las
supercherías reformistas. Nuestras reivindicaciones se desprenden
prácticamente de la tremenda miseria y de las vergonzosas
humillaciones que sufre la mujer, débil y desamparada bajo
el régimen burgués. Con esto testimoniamos que conocemos
estas necesidades, que comprendemos igualmente la opresión
de la mujer, que comprendemos la situación privilegiada del
hombre y odiamos —sí, odiamos— y queremos eliminar
todo lo que oprime y atormenta a la obrera, a la esposa del obrero,
a la campesina, a la esposa del hombre sencillo e incluso, en muchos
aspectos, a la mujer de la clase acomodada. Los derechos y las medidas
sociales que exigimos de la sociedad burguesa para la mujer, son
una prueba de que comprendemos la situación y los intereses
de la mujer y de que bajo la dictadura proletaria las tendremos
en cuenta. Naturalmente, no con adormecedoras medidas de tutela;
no, naturalmente que no, sino como revolucionarios que llaman a
la mujer a trabajar en pie de igualdad por la transformación
de la economía y de la superestructura ideológica”.
Aseguré a Lenin que compartía su punto de vista,
pero que, indudablemente, este punto de vista encontraría
resistencia. Mentes inseguras y medrosas lo rechazarían como
“oportunismo peligroso”. Tampoco se debe negar que nuestras
actuales reivindicaciones para la mujer pueden ser comprendidas
e interpretadas equivocadamente.
“¡Qué le vamos a hacer!”, exclamó
Lenin, algo irritado. “Este peligro se extiende a todo cuanto
decimos y hacemos. Si por temor a él vamos a abstenernos
de actos convenientes y necesarios, podemos convertirnos sencillamente
en místicos contemplativos indios. ¡Nada de moverse,
nada de moverse, no sea que caigamos desde la altura de nuestros
principios! En nuestro caso no se trata sólo de lo que exijamos,
sino de cómo hagamos esto. Yo creo que lo he subrayado con
suficiente claridad. Como es lógico, en nuestra propaganda
no debemos repasar en actitud orante las cuentas del rosario de
nuestras reivindicaciones para la mujer. No, en dependencia de las
condiciones existentes debemos luchar ora por unas reivindicaciones,
ora por otras, luchar, naturalmente, siempre en relación
con los intereses generales del proletariado.
“Como es lógico, cada combate nos pone en contradicción
con la honorable camarilla burguesa y sus no menos honorables lacayos
reformistas. Ello obliga a estos últimos bien a luchar a
nuestro lado, bajo nuestra dirección —cosa que ellos
no quieren—, bien a quitarse la máscara. Por tanto,
la lucha hace que nos destaquemos con relieve, pone de manifiesto
nuestro perfil comunista. La lucha nos granjea la confianza de las
amplias masas femeninas, que se sienten explotadas, esclavizadas,
agobiadas por el dominio del hombre, por el poder de los patrones
y por toda la sociedad burguesa en su conjunto. Las trabajadoras,
traicionadas y abandonadas por todos, comienzan a comprender que
deben luchar junto con nosotros. ¿Debemos aún persuadirnos
unos a otros de que la lucha por los derechos de la mujer tiene
que estar vinculada con el objetivo fundamental: con la conquista
del Poder y la instauración de la dictadura del proletariado?
Esto es para nosotros en los momentos actuales y seguirá
siendo la esencia. Esto es claro, completamente claro. Pero las
amplias masas femeninas trabajadoras y populares no sentirán
el anhelo irresistible de compartir con nosotros la lucha por el
Poder del Estado si siempre trompeteamos exigiendo esta sola reivindicación,
aunque sea con las trompetas de Jericó. ¡No, no! También
en la conciencia de las masas femeninas debemos vincular políticamente
nuestro llamamiento con los sufrimientos, las necesidades y los
deseos de las trabajadoras. Estas deben saber que la dictadura proletaria
significa para ellas la plena igualdad de derechos con el hombre
tanto ante la ley como en la práctica, en la familia, en
el Estado y en la sociedad, así como también el derrocamiento
del poder de la burguesía”.
“¡La Rusia Soviética está demostrando
esto”, exclamé, “y nos servirá de gran
ejemplo!”
Lenin prosiguió:
“La Rusia Soviética plantea nuestras reivindicaciones
para la mujer bajo un aspecto nuevo. En la dictadura del proletariado
esas reivindicaciones ya no son objeto de lucha entre el proletariado
y la burguesía, sino que son ladrillos para la edificación
de la sociedad comunista. Esto muestra a las mujeres de más
allá de nuestras fronteras la importancia decisiva de la
conquista del Poder por el proletariado. La diferencia entre su
situación aquí y allí debe ser establecida
con precisión, para que ustedes puedan contar con las masas
femeninas en la lucha de clase revolucionaria del proletariado.
Saber movilizarlas con una clara comprensión de los principios
y sobre una firme base organizativa, es cuestión de la que
dependen la vida y la victoria del Partido Comunista. Pero no debemos
engañarnos. En nuestras secciones nacionales no existe todavía
una comprensión cabal de este problema. Nuestras secciones
nacionales mantienen una actitud pasiva y expectante ante la tarea
de crear bajo la dirección comunista un movimiento de masas
de las trabajadoras. No comprenden que desplegar ese movimiento
de masas y dirigirlo constituye una parte muy importante de toda
la actividad del Partido, incluso la mitad del trabajo general del
Partido. El reconocimiento, a veces, de la necesidad y del valor
de un potente movimiento femenino comunista, que tenga ante sí
un objetivo claro, es un reconocimiento platónico de palabra,
y no una preocupación y un deber constantes del Partido.
“Nuestras secciones nacionales conciben la labor de agitación
y propaganda entre las masas femeninas, su despertar y su radicalización
como algo secundario, como una tarea que afecta exclusivamente a
las mujeres comunistas. Se reprocha a las comunistas que esta obra
no avanza con la debida rapidez y energía. ¡Esto es
injusto, totalmente injusto! Verdadero separatismo e igualdad de
derechos de la mujer à la rebours, como dicen los
franceses, es decir, igualdad de derechos de la mujer al revés.
¿En qué se basa esta posición errónea
de nuestras secciones nacionales? (No hablo de la Rusia Soviética.)
En definitiva, esto no es otra cosa que una subestimación
de la mujer y de su trabajo. Eso es. Lamentablemente, de muchos
de nuestros camaradas aún se puede decir: `Escarbad en un
comunista y encontraréis a un filisteo'. Naturalmente, es
preciso escarbar en el punto sensible: en su psicología con
relación a la mujer. ¿Existe prueba más evidente
que el hecho de que los hombres vean con calma cómo la mujer
se desgasta en el trabajo doméstico, un trabajo menudo, monótono,
agotador y que le absorbe el tiempo y las energías; cómo
se estrechan sus horizontes, se nubla su inteligencia, se debilita
el latir de su corazón y decae la voluntad? Naturalmente,
no aludo a las damas burguesas, que encomiendan todos los quehaceres
domésticos, incluido el cuidado de los niños, a personas
asalariadas. Todo lo que digo se refiere a la inmensa mayoría
de las mujeres, comprendidas las mujeres de los obreros, aunque
se pasen todo el día en la fábrica y ganen su salario.
“Son muy pocos los maridos, hasta entre los proletarios,
que piensen en lo mucho que podrían aliviar el peso y las
preocupaciones de la mujer, e incluso suprimirlos por completo,
si quisieran ayudar `a la mujer en su trabajo'. No lo hacen, por
considerarlo reñido con `el derecho y la dignidad del marido'.
Este exige descanso y confort. La vida casera de la mujer es un
sacrificio diario en miles de detalles nimios. El viejo derecho
del marido a la dominación continúa subsistiendo en
forma encubierta. Su esclava se venga de él objetivamente
por esta situación, también en forma velada.... Conozco
la vida de los obreros, y no sólo a través de los
libros. Nuestro trabajo comunista entre las masas femeninas, nuestra
labor política comprende una parte considerable de trabajo
educativo entre los hombres. Debemos extirpar hasta las últimas
y más pequeñas raíces del viejo punto de vista
propio de los tiempos de la esclavitud. Debemos hacerlo tanto en
el Partido como en las masas. Esto afecta a nuestras tareas políticas,
lo mismo que la imperiosa necesidad de formar un núcleo de
camaradas —hombres y mujeres— que cuenten con una seria
preparación teórica y práctica para realizar
e impulsar la labor del Partido entre las trabajadoras”.
A mi pregunta sobre las condiciones existentes en la Rusia Soviética,
Lenin contestó:
“El Gobierno de la dictadura del proletariado, en alianza,
naturalmente, con el Partido Comunista y los sindicatos, hace todos
los esfuerzos necesarios para superar las concepciones atrasadas
de los hombres y las mujeres y acabar así como la base de
la vieja psicología no comunista. Huelga decir que se ha
efectuado la plena igualdad de derechos del hombre y la mujer en
la legislación. En todas las esferas se observa un deseo
sincero de llevar a la práctica esta igualdad. Estamos incorporando
a las mujeres al trabajo en la economía soviética,
en los organismos administrativos, en la legislación y en
la labor del gobierno. Les estamos abriendo las puertas de todos
los cursos y centros docentes para elevar su preparación
profesional y social. Estamos creando diversos establecimientos
públicos: cocinas y comedores, lavaderos y talleres de reparación,
casas-cuna, jardines de niños, orfanatos y todo género
de establecimientos educativos. En una palabra, estamos aplicando
de verdad la reivindicación de nuestro programa de transmitir
las funciones económicas y educativas de la vida doméstica
individual a la sociedad. De este modo, la mujer es liberada de
la vieja esclavitud doméstica y de toda dependencia del marido.
Se le brinda la plena posibilidad de actuar en la sociedad de acuerdo
con sus capacidades e inclinaciones. En cuanto a los niños,
se les ofrecen condiciones más favorables para su desarrollo
que las que pudieran tener en casa. En nuestro país existe
la legislación más avanzada del mundo en lo que atañe
a la protección del trabajo femenino. Delegados de los obreros
organizados la llevan a la práctica. Estamos organizando
casas de maternidad, casas para la madre y el niño, consultorios
para las madres, organizamos cursos para aprender a cuidar a los
niños de pecho y de corta edad, exposiciones sobre la protección
de la maternidad y de la infancia, etc. Hacemos los mayores esfuerzos
para satisfacer las necesidades de la mujeres cuya situación
material no está asegurada y de las trabajadoras en paro
forzoso.
“Sabemos muy bien que todo esto es todavía poco en
comparación con las necesidades de las masas femeninas trabajadoras,
que esto es aún completamente insuficiente para su efectiva
emancipación. Pero esto representa un paso gigantesco hacia
adelante con respecto a lo que existía en la Rusia zarista,
capitalista. Esto es incluso mucho en comparación con lo
que se hace allí donde el capitalismo ejerce aún su
dominio absoluto. Este es un buen comienzo. El rumbo es acertado,
y lo seguiremos de manera consecuente, con toda nuestra energía.
Ustedes, en el extranjero, pueden estar seguros de ello. Cada día
de existencia del Estado soviético nos hace ver con más
claridad que no avanzaremos sin la participación de millones
de mujeres. Figúrese lo que esto significa en un país
donde el 80% de la población por lo menos, son campesinos.
La pequeña hacienda campesina significa la economía
doméstica individual y el sometimiento de la mujer a ella.
En este sentido, la situación será para ustedes mucho
mejor, las cosas les serán más fáciles que
a nosotros, naturalmente, a condición de que vuestras masas
proletarias tomen conciencia de su madurez histórica objetiva
para la conquista del Poder, para la revolución. No desesperemos.
Nuestras fuerzas crecen junto con las dificultades. La necesidad
práctica hará que encontremos nuevos caminos en lo
que se refiere a la emancipación de las masas femeninas.
Unida al Estado soviético la solidaridad fraternal llevará
a cabo grandes empresas. Naturalmente, la solidaridad fraternal
en el sentido comunista, y no en el sentido burgués en que
la predican los reformistas, cuyo entusiasmo revolucionario se ha
evaporado como un vinagre barato. A la par de la solidaridad fraternal
debe manifestarse la iniciativa personal, que se transforma en actividad
colectiva y se funde con ella. Bajo la dictadura del proletariado,
la emancipación de la mujer mediante la realización
del comunismo tendrá lugar también en el campo. En
este sentido, cifro todas mis esperanzas en la electrificación
de nuestra industria y de nuestra agricultura. ¡Esta es una
obra grandiosa! Las dificultades que ofrece son grandes, gigantescas.
Para remontarlas es necesario desplegar y educar las poderosas fuerzas
de las masas. Millones de mujeres deben participar en esto”.
Durante los diez minutos últimos llamaron dos veces a la
puerta, pero Lenin continuó hablando. Al llegar aquí,
abrió la puerta y dijo en voz alta:
“¡Ahora voy!”
...Lenin me ayudó a ponerme el abrigo:
“Debía usted abrigarse mejor”, me dijo preocupado.
“Moscú no es Stuttgart. Hay que mirar por usted. No
se enfríe. Hasta la vista”.
Me estrechó fuertemente la mano.
|