UN MUNDO QUE GANAR
 

Hace 150 Años

- El Grito de Batalla del Manifiesto Comunista:

¡Obreros de Todos los Países, Uníos!

            En todos los países, al reunirse con representantes de la lucha revolucionaria de los obreros de otros países, los proletarios con conciencia de clase se llenan de entusiasmo. Desean conocer todo sobre los avances y las dificultades de la lucha de "allá" y están ansiosos por expresar su apoyo a sus hermanas y hermanos de clase.

            De igual manera, los obreros con conciencia de clase que, por los motivos que sean, se encuentran viviendo y trabajando en otros países, tras un determinado tiempo, sentirán unos lazos comunes que les unen a los obreros que viven a su lado.

            Por supuesto, los obreros, como los demás, pertenecen también a determinadas naciones y eso también impregna sus conciencias y moldea sus posiciones. En el caso de los obreros de las naciones oprimidas, donde la lucha contra el imperialismo es el centro del trabajo revolucionario, este sentimiento e identificación nacionales tiende a estar vinculado con su participación en la propia lucha revolucionaria.

            En los países imperialistas, la clase obrera está dividida en dos "polos": de un lado, una minoría fuerte e influyente de obreros muy privilegiados cuya posición material y puntos de vista les lleva a alinearse con "su" clase dominante en oposición a los obreros de otras naciones y a unirse con la dominación imperialista de las naciones oprimidas; y, del otro, la masa de obreros que "no tienen nada que perder más que sus cadenas", los cuales, con distintos grados de conciencia de clase, odian a los déspotas imperialistas y se identifican más fácilmente con el proletariado de otros países, incluidos aquellos dominados directamente por su propia "patria"1.

            Por muy fuerte que pueda ser el chovinismo y el nacionalismo, lo cierto es que la realidad de los proletarios pertenecientes a la misma clase a nivel internacional es aún más viva. En resumen, los obreros tienen más en común con los proletarios de otros países, incluso aquellos de países que los oprimen, que con los explotadores y los ricos de sus "propios" países, incluso cuando sectores de estas clases están participando en la lucha revolucionaria contra el imperialismo. Los sentimientos espontáneos hacia el internacionalismo no son sino un reflejo de una profunda realidad material: el proletariado es una sola clase con el único interés de clase de borrar la explotación y la opresión de la faz de la tierra.

            Pese a esto, estos sentimientos hacia el internacionalismo, si se dejan en manos del espontaneísmo, se verán sepultados bajo una corriente espontánea aún más fuerte orientada hacia la ideología burguesa del chovinismo y el nacionalismo, la que pregonan los reaccionarios y los reformistas, y la que refuerza la tendencia del capitalismo a enfrentar a obreros de un país a los de otro. Si los obreros y los oprimidos fueran capaces de manera espontánea de comprender plenamente su posición de clase y su misión de clase, el capitalismo no sería este sistema demencial y opresivo que conocemos, y no habría necesidad de una vanguardia comunista capaz de representar los intereses histórico‑mundiales a largo plazo de la clase obrera. A este respecto, Marx y Engels establecieron las tareas de los comunistas en el Manifiesto Comunista: "¿Qué relación mantienen los comunistas con respecto a los proletarios en general?.... [S]ólo se distinguen...en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad y, por otra parte, en que en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto" (del capítulo II, "Proletarios y comunistas").

            El inmenso crecimiento de las fuerzas productivas que ha marcado la era moderna, con el resultado de un mundo objetivamente entrelazado hasta un grado inconcebible anteriormente, une al proletariado como clase atravesando las fronteras nacionales. Sin embargo, este crecimiento se está dando en un mundo todavía plagado de grandes desigualdades y dominado por Estados imperialistas rivales. Un puñado de naciones controlan la riqueza y medios de producción del grueso del mundo, mientras que en las ciudadelas imperialistas, los obreros de un país son enfrentados con los de otro en feroz competencia entre los capitales nacionales2.

            En particular, la división del mundo entre naciones oprimidas y opresoras es uno de los grandes obstáculos para solidificar la unidad del proletariado, y superar la división es uno de los grandes desafíos para el movimiento revolucionario. Será, en gran parte, resolviendo este problema que se forjará el auténtico internacionalismo, cuando los proletarios de los países imperialistas comprendan y apoyen activamente la lucha en las naciones oprimidas y cuando la lucha contra el imperialismo en las naciones oprimidas se infunda con la perspectiva socialista de contemplar la batalla contra el imperialismo tan sólo como la primera etapa de una revolución que tenga como objetivo final la abolición de las clases mismas.

            Esta comprensión de la base fundamental para la unidad entre los proletarios (de que hay más en común, por ejemplo, entre un obrero italiano y uno indonesio que entre cualquiera de estos dos obreros y un representante de su "propia" burguesía), ha sido, por supuesto, un principio fundamental del socialismo científico desde que Marx y Engels redactaron el poderoso llamamiento de "¡Proletarios de todos los países, uníos!" en el Manifiesto, hace 150 años, en el invierno de 1848. Este atronador llamamiento por parte de los fundadores del comunismo conlleva toda una serie de implicaciones ideológicas, políticas y organizativas. Significa que la lucha en cada país debe ser dirigida teniendo claro el comunismo a nivel mundial como objetivo final. Significa que deben encontrarse medios prácticos para el movimiento proletario de un país con el fin de apoyar las luchas revolucionarias en otros países. Y significa igualmente que el destacamento avanzado del proletariado, los comunistas, deben estar unidos en lo organizativo a nivel mundial. No hay que olvidar que el propio Manifiesto fue preparado como declaración política de la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional, en cuya constitución Marx y Engels jugaron un papel cave. Desde sus inicios, el movimiento comunista ha sido, y sólo puede ser, un movimiento internacional.

            Pero se podría decir también que en la historia del movimiento comunista internacional (MCI), y quizá en particular en las décadas del nuevo movimiento comunista que surgió en oposición al revisionismo jruschovita, algunos aspectos de los principios fundamentales del internacionalismo proletario a veces han quedado borrosos ante los ojos de los comunistas revolucionarios.

            Esto es comprensible por distintos motivos. En los años en que se conformó el nuevo movimiento comunista durante la gran batalla que Mao emprendió contra Jruschov y sus sucesores, el movimiento revolucionario estaba avanzando en los países oprimidos, en particular en Vietnam, mientras que, por varias razones, se demoraron las luchas revolucionarias en las ciudadelas imperialistas. Además, los revisionis­tas soviéticos crearon confusión enarbolando la bandera del "internacionalis­mo proletario" para justificar numerosos crímenes imperialistas como las invasiones de Checoslovaquia en 1968 y de Afganistán en 1979. Ellos desarrollaron otras justificaciones seudointernacionalistas para su política socialimperialista, como "la división internacional socialista del trabajo" y la "doctrina de la soberanía limitada".

            Los líderes de la lucha contra el revisionismo moderno, el Partido Comunista de China (PCCh), dirigido por Mao Tsetung, fueron particularmente conscientes del problema de la igualdad entre partidos en el seno del MCI, por haber sufrido ciertas experiencias negativas en la historia de la revolución china, cuando los consejos (e incluso presiones) del partido soviético y de la Tercera Internacional (Comunista), o Comintern, fueron perjudiciales. Los cabecillas de líneas erróneas, como Wang Ming en los años 30, utilizaron sus vínculos con el MCI en su lucha por imponer estas posiciones erróneas en el partido chino. En la actualidad, esta conocida historia se utiliza con frecuencia como argumento en contra de los esfuerzos por reagrupar al MCI tanto en lo organizativo como en lo político y lo ideológico.

            Además, durante varias décadas no ha existido una Internacional Comunista, y ha echado raíces el punto de vista de que tal Internacional no es necesaria. Según este punto de vista, la existencia misma de una organización internacional obstacularizará el desarrollo en los diferentes partidos de jefaturas competentes e independientes, que un centro internacional nunca logrará comprender las realidades concretas de la revolución y que no existe una necesidad ni capacidad para la coordinación internacional del movimiento revolucionario proletario.

            Los peligros y las dificultades asociados con una organización comunista internacional, y al final de cuentas con una nueva Internacional Comunista, son muy reales. Y también es cierto que la división del mundo en diferentes Estados y el hecho de que la revolución mundial se desarrollará a través de revoluciones en un solo Estado o grupos de Estados, significa que la revolución mundial no se puede dirigir de igual forma que se dirige en un Estado concreto.

            No obstante, debe existir un "Estado Mayor" de la revolución mundial, una nueva Internacional Comunista, que sea capaz de forma mucho más profunda que hoy de unir las luchas revolucionarias proletarias de todos los países. La verdad fundamental es que la revolución proletaria mundial es un proceso dirigido contra un enemigo internacional: el sistema imperialista mundial y los reaccionarios de todos los países aliados con él. Una Internacional así alzaría a los revolucionarios del mundo entero para acudir en apoyo de las revoluciones de distintos países. Como respuesta a los crímenes de los imperialistas y reaccionarios, la Internacional estará mejor capacitada para movilizar y concentrar la respuesta internacional de los obreros y los oprimidos. Imagínense, por ejemplo, cuán mayormente poderosa y coordinada hubiese sido la respuesta a los crímenes imperialistas durante la guerra del Golfo de 1991 en caso de que hubiera existido una nueva Internacional.

            Más importante, sin embargo, será el papel político de la futura Internacional. Difundirá y luchará por el Marxismo-Leninismo-Maoísmo (MLM) en cada rincón de la tierra, ayudando a la formación de partidos de vanguardia. La Internacional servirá de vehículo para dirigir a escala mundial la necesaria síntesis de experiencia, discusión y lucha entre los comunistas, que es necesaria para hacer avanzar nuestro conocimiento colectivo de hacer la revolución.

            La observación de Mao respecto a que si un partido no aplica una política correcta, está entonces aplicando una política incorrecta, y que si no aplica una política consciente, está aplicando una política a ciegas, es cierta también en la esfera internacional. Cada partido revolucionario necesariamente tendrá que abordar la realidad de esta dimensión internacional de la lucha, y adoptar, consciente o inconscientemente, una línea y una política en relación a la misma. Además, el partido de un país determinado necesariamente comprenderá este proceso de manera menos plena y menos correcta que una Internacional que funcione sobre la base del MLM. Para dirigir el proceso de la revolución mundial se necesita una Internacional.

            Una vez más, esto no debe entenderse principalmente en el sentido de movilizar fuerzas y coordinar la lucha práctica, por importante que sea; más bien, es el papel de la Internacional como centro político lo que es la característica que la define. Las líneas políticas, al igual que las demás ideas, no respetan las fronteras nacionales. Las grandes batallas del marxismo contra el revisionismo nunca han quedado confinadas a un país individual y en la actualidad, con el mundo mucho más entrelazado que nunca antes, la lucha entre líneas en un país necesariamente está vinculada a los acontecimientos de otros, y los afecta.

            Un Estado Mayor de la revolución mundial tendrá que tener en cuenta las extremas complejidades del proceso revolucionario. La revolución se realizará país por país o en grupos de países, y se dará de forma desigual y en diferentes grados de desarrollo. La nueva Internacional no puede sustituir el proceso de integrar la ciencia del MLM con la realidad concreta de cada país específico y de construir una dirección fuerte y probada en cada país capaz de dirigir la revolución a la victoria. La consigna original de la Comintern, "un partido mundial para la revolución mundial", es errónea porque implica que la revolución mundial tendrá la misma dinámica que la revolución en un solo país o que será dirigida de igual forma. Por eso, la Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista subraya la necesidad de una Internacional Comunista de "nuevo tipo", que sirva como "centro político dirigente en general", y de "una forma de centralismo democrático basado en la unidad ideológica y política de los marxista‑leninista‑maoístas. Pero no puede ser un funcionamiento del tipo de un partido a nivel de un solo Estado, pues a la organización internacional la conforman partidos distintos, cada uno con igualdad de derechos y la responsabilidad de dirigir la revolución en cada país, en el sentido de la contribución de cada partido a la preparación y aceleración de la revolución mundial" (p. 46, ed. EU).

            Ciertamente, es sólo en este contexto de la contribución de un partido a la revolución mundial que se puede entender la cuestión de la igualdad entre partidos. Lenin señaló: "Existe una clase y sólo una de internacionalismo verdadero, y es trabajar abnegadamente para desarrollar el movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país, y apoyar (con propaganda, solidaridad y ayuda material) esta lucha, ésta y sólo esta línea, en todos los países sin excepción" ("Las tareas del proletariado en nuestra revolución"). Por tanto, el punto de vista leninista del internacionalismo tiene un ámbito mucho más amplio que la simple solidaridad material contra el enemigo común, por esencial que sea, pues el llamamiento a hacer la revolución "en el propio país" está inextricablemente vinculado a la obligación de apoyar "ésta y sólo esta línea" en todos los demás países. Lenin jamás respetó el "derecho" de los revisionistas de traicionar a los obreros de ningún país. Asimismo, Mao afirmó claramente que en caso de una restauración capitalista en China, el nuevo movimiento comunista internacional debería combatir a la nueva burguesía ahí.

            Es la forma centralista -democrática de organización la que mejor sirve a la lucha revolucionaria del proletariado. Esto es cierto tanto a nivel mundial como en partidos de países individuales, aunque la aplicación del centralismo democrático sea diferente en ambas instancias. Ciertamente, la mayoría de las argumentaciones en contra de una Internacional Comunista se podrían hacer en contra de la necesidad de un partido de vanguardia en cualquier país. A nivel de un país, es cierto también que la dirección central no puede ser sustituida por la iniciativa de aquellos a un nivel inferior, y que la justeza de la línea y las políticas que el centro desarrolla deben partir de la experiencia del partido como conjunto y basarse en la estructura de arriba a abajo de la dirección. De forma similar, es necesario probar, perfeccionar o rechazar, en última instancia, estas políticas a partir de la experiencia de aplicarlas en la práctica en los niveles inferiores.

            Este proceso de centralismo democrático concuerda con la tesis marxista‑leninista‑maoísta de la relación entre teoría y práctica y el papel de las masas como protagonistas de la historia. Es un vehículo para concentrar y sistematizar la comprensión avanzada del partido y las masas, expresada en la línea y la política, que puede luego pasar nuevamente a los niveles inferiores del partido y a las masas, y utilizarse para transformar el mundo. Los social demócratas y los anticomunistas de distinto pelaje hace tiempo declararon haber encontrado "el origen de la tiranía comunista" en la organización leninista del partido mismo, que tiene al ¿Qué hacer? como expresión más exacta. Afirman que la organización conspirativa del partido, la necesidad de una disciplina estricta, su estructura jerárquica, todo ello acarrea en sí la semilla de la "dictadura". Por supuesto, los críticos son exactos cuando dicen que la estructura leninista del partido prefigura de hecho la "dictadura del proletariado", que significa dictadura sobre un puñado relativo de explotadores y opresores y la correspondiente libertad y democracia para la gran mayoría de la sociedad que ejerce la dictadura. Lenin hizo hincapié en que la dictadura del proletariado es incomparablemente más democrática que la democracia burguesa y que es la clase dominante capitalista quien tiene que encubrir su dictadura de una pequeña minoría sobre las masas con la llamada "democracia para todos". Pero la vida enseña una y otra vez que realmente es sólo una democracia para la propia clase capitalista.

            Sin una organización centralista-democrática, es imposible para la línea proletaria dominar en el seno del movimiento revolucionario, y la dirección pasa inevitablemente, consciente o inconscientemente, a los representantes de otras clases. El proletariado, al que la sociedad capitalista niega una participación real en la vida política e intelectual, requiere una forma de organización que permita dar expresión a su experiencia y opiniones. Para ello, se necesita un sistema de comités y otros órganos colectivos que puedan usar el MLM para desarrollar líneas y políticas a fin de transformar el mundo.

            Es la forma democrático -burguesa de organización la que, mientras por un lado agita la bandera de la igualdad absoluta entre individuos, en realidad deja al proletariado como espectador pasivo y mudo, incapaz de hacer valer sus intereses de clase, guiado por oradores y manipuladores que ejercen su "libertad" a través de la supervisión y control del proletariado. ¿Cuántas veces hemos visto organizaciones "democráticas" de obreros, ya sean simples sindicatos o incluso organizaciones revolucionarias en los países oprimidos, cambiar su rumbo por decisión de un puñado de cabecillas irresponsables y traicionar los intereses de las bases? Ciertamente, las repetidas traiciones, la incapacidad de compaginar las palabras con los hechos, las palabras bonitas a una clase y el servicio real a la otra, todo ello ha engendrado bastante cinismo en el proletariado de distintos países.

            Sí, responderán nuestros críticos, pero vosotros, comunistas, habéis tenido vuestros traidores, también habéis construido partidos políticos que se decían instrumentos revolucionarios del proletariado y que acabaron traicionando sus intereses. Y, por supuesto, esto es cierto. Los reveses revisionistas en la Unión Soviética y China se dieron a nombre del partido de la clase obrera. Las propias estructuras que el proletariado había creado y construido se transformaron en máquinas opresivas para esclavizar nuevamente al proletariado y garantizar el dominio de una nueva burguesía.

            Mao Tsetung y los revolucionarios del PCCh trabajaron duro para analizar este problema y buscarle soluciones. Mao comprendió, tras estudiar los reveses en la Unión Soviética después de la muerte de Stalin, que ninguna forma organizativa exclusiva puede asegurar la dirección de los intereses de los obreros y los campesinos, y que ninguna serie de normas puede asegurar que el MLM prevalecerá. Mao vio como los soviets (el sistema de consejos obreros que se forjaron en el transcurso de la Revolución de Octubre) podían convertirse en instrumento de una nueva burguesía.

            Pero esto no quiere decir que el proletariado sea indiferente a las cuestiones de forma, que cualquier forma encaje a la vez al proletariado y a la burguesía. Por el contrario, una auténtica organización proletaria debe suponer necesariamente democracia proletaria auténtica. Debe asegurar el vínculo entre teoría y práctica, entre palabras y hechos, y dar un vehículo que permita dominar la experiencia, aspiraciones e intereses de clase de los obreros y de otros sectores de los oprimidos. Para repetir, la experiencia de la lucha de clases ha demostrado que una forma tal no puede ser otra que la organización centralista-democrática concebida por vez primera y elaborada por Lenin como una máquina de combate para preparar y llevar adelante la Revolución de Octubre.

            La lucha entre el marxismo y el revisionismo se expresa también en la lucha sobre la línea organizativa. El revisionismo siempre busca o bien reemplazar el sistema de centralismo democrático con otro sistema y/o trasformar el sistema de centralismo democrático en una cáscara vacía que esconda el control organizativo real de un grupúsculo opuesto a los verdaderos intereses del proletariado. El vigoroso partido de vanguardia de Mao estaba vinculado por medio de millones de lazos al proletariado y a las masas trabajadoras y combatió enérgicamente por hacer un balance de su experiencia en hacer la revolución y concentrar sus intereses. No tiene nada en común con la maquinaria burocrática de opresión y pillaje en que se ha trasformado el Partido "Comunista" de China bajo la dirección de los nuevos gobernantes.

            Lo esencial de todo esto es que las cuestiones fundamentales de línea y orientación que exigen una organización centralista-democrática en un país concreto también hacen necesaria una Internacional  Comunista de nuevo tipo, capaz de dirigir el proceso general de la revolución mundial y a la vez tener en cuenta la complejidad de este proceso y el hecho de que la revolución, en general, se realiza país por país (o en grupos de países). Si en la arena mundial no existe un centro proletario sólido, si por el contrario existen "muchos centros" o "ningún centro", entonces acabarán dominando las líneas no proletarias y oportunistas. Se debe forjar una Internacional para preparar y hacer la revolución, en todos los países y a nivel mundial. Si no se construye con este propósito, no se corresponderá con la definición de Lenin del internacionalismo proletario y acabará como la Segunda Internacional, una hoja de parra que esconde la verdadera naturaleza de partidos y organizaciones que hace tiempo abandonaron la revolución y el internacionalismo.

            Algunos de los argumentos sobre los peligros que plantea una Internacional son: que la podría dominar un "partido padre", que su dirección central podría adoptar una mano dura para abordar las controversias con los partidos miembros, o que podría caer en la práctica de sustituir con las opiniones preconcebidas o desinformadas de la dirección central la necesaria aplicación viva de una línea MLM en determinado país. Pero nada más renunciando a una Internacional Comunista no se evitan estos peligros, por muy reales que sean. Por el contrario, una organización internacional con un funcionamiento correcto, y en especial una Internacional Comunista de nuevo tipo, estará en la más óptima posición para aplicar a conciencia el MLM al problema de las relaciones entre "la parte y el todo", es decir, la lucha revolucionaria en un determinado país y el avance en su conjunto a nivel mundial de la revolución proletaria mundial. Contará con la estructura organizativa más capaz para sintetizar la experiencia avanzada del conjunto del proletariado internacional, para permitir la más amplia discusión y debate entre los revolucionarios de todos los países, para promover y ayudar, sin ahogar ni desfigurar, el desarrollo de la dirección revolucionaria en cada país.

            La experiencia ha demostrado que la ausencia de una organización internacional no es protección en absoluto contra quienes siguen servilmente a otros. Por ejemplo, es bien conocido que durante los años 60 y 70 un gran número de partidos adoptaron de manera acrítica las posiciones del Partido Comunista de China. El enorme prestigio del PCCh bajo la dirección de Mao, ganado en el curso de una ardua lucha contra el revisionismo y en la construcción socialista, fue un factor positivo arrollador en ayudar a generar una nueva generación de revolucionarios y de nuevas organizaciones MLM por todo el mundo. Pero esto no negaba la necesidad de cada partido para examinar por su cuenta las cuestiones vitales de la revolución, en especial dado que existía una diferencia objetiva entre el papel de China como Estado socialista y la tarea de hacer avanzar la revolución en países concretos. Además, se cometieron igualmente errores en ese período, algunos sin duda iniciados o profundizados por los seguidores del camino capitalista dentro del PCCh que habrían de tomar el Poder después de la muerte de Mao. Con demasiada frecuencia organizaciones pro chinas por todo el mundo asumieron de manera ciega y defendieron los errores del PCCh, como la "teoría de los tres mundos" de Deng Xiao‑ping.

            La adopción generalizada de la "teoría de los tres mundos" de Deng reflejó, principalmente, las erróneas influencias ideológicas y políticas de quienes la asumieron, incluyendo la continuación de algunas tendencias erróneas de anteriores etapas del MCI. Sin embargo, el hecho de que no existiese una estructura internacional para desarrollar el debate y discusión sobre ésta y otras cuestiones vitales del momento, sólo hizo que fuera más difícil "alzarse" contra el uso impropio del prestigio del Partido Comunista de China. Asimismo, resultó que la mayoría de las fuerzas del MCI no estaban lo suficientemente preparadas para abordar la situación que se presentó en 1976 cuando, tras la muerte de Mao, Deng Xiao-ping y Jua Kuo-feng arrestaron a los más estrechos colaboradores de Mao, derrocaron la línea de Mao y comenzaron una carrera desbocada hacia la restauración capitalista, cuyos efectos estamos contemplando actualmente con todos sus rasgos más repugnantes. Una vez más, ninguna forma organizativa internacional podría haber asegurado que la línea revolucionaria habría triunfado a nivel mundial; en realidad, sería ingenuo pensar de modo tal. Pero habrá pocas dudas de que una forma organizativa tal habría fortalecido las fuerzas quienes se negaron a aceptar la contrarrevolución en China y habría facilitado su trabajo por establecer contacto entre ellos y hacer frente a Deng y su banda de usurpadores capitalistas3. Finalmente, estos esfuerzos fructificaron con la formación del Movimiento Revolucionario Internacionalista en 1984, pero este proceso sin duda habría sido más rápido y más eficaz en caso de que hubiera existido anteriormente una organización internacional de las fuerzas maoístas.

ESFUERZOS ACTUALES POR REAGRUPAR AL MCI

            En los últimos años desde el colapso de la URSS y su bloque, la situación internacional ha atravesado grandes cambios. Estos cambios, además de la agitación más general en los asuntos internacionales, también se han reflejado en el movimiento comunista internacional.

            En particular, además del Movimiento Revolucionario Internacionalista, han existido otros proyectos tendentes a dar algún tipo de vehículo para la unidad de los distintos partidos y organizaciones que declaran su adhesión al marxismo-leninismo.

            Las razones para este fenómeno son múltiples. Por supuesto, el deseo de las masas de unirse con sus hermanas y hermanos de clase de otros países es un factor importante que estimula las distintas iniciativas hacia la unidad comunista. El choque que supuso el colapso de la Unión Soviética sirvió también a algunas fuerzas como un "despertar", las cuales, aunque previamente habían formado parte del movimiento maoísta, de manera creciente se apartaron de sus orígenes y se vieron fuertemente atraídas hacia lo que los soviéticos presentaban como "el campo socialista".

            Ahora que se han propuesto varias iniciativas a las fuerzas comunistas (y antes de abordar brevemente una de ellas), es importante considerar minuciosamente la cuestión de la unidad. ¿Cuál es el objetivo de la unidad, cuál es la base para dicha unidad, y qué vinculación tiene con el pasado, presente y futuro del movimiento comunista internacional?

            Es conocido que la historia del MCI está repleta de numerosas divisiones, grandes debates, asuntos conflictivos, etc. De hecho, hasta podemos afirmar que, en esencia, la historia del MCI ha sido la historia de repetidas luchas entre dos líneas entre el marxismo y el revisionismo. (Esta observación concuerda con la tesis maoísta del principio filosófico según el cual "uno se divide en dos".)

            La unidad del proletariado nunca se ha logrado ocultando las diferencias en el movimiento comunista. Por el contrario, se ha construido trazando claros deslindes sobre las cuestiones decisivas a las que se ha enfrentado el movimiento en un momento determinado y uniendo a los comunistas revolucionarios y a los obreros avanzados en una resuelta lucha contra el revisionismo y el oportunismo.

            Nadie debe olvidar la gran lucha que Lenin desarrolló contra los social chovinistas de la Segunda Internacional, quienes decían que los obreros debían apoyar a su propia burguesía durante la I Guerra Mundial. En los comienzos de esa gran lucha, Lenin y el partido bolchevique con un pequeño número de otros elementos revolucionarios auténticos dentro de la Segunda Internacional, como Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht de Alemania, fueron las pocas voces que apenas pudieron hacerse oír entre el coro de "líderes" que cantaban alabanzas a la burguesía de sus países. Incluso en aquellas secciones de la Segunda Internacional que se resistieron a dar un apoyo abierto a la burguesía de sus propios países, la posición revolucionaria de Lenin de "transformar la guerra imperialista en guerra civil", la ridiculizaron veteranos líderes, como el centrista Karl Kautsky, que sostenían que no era permisible romper con los social chovinistas de derecha.

            Pese a este aparente aislamiento, Lenin procedió a dirigir la exitosa Revolución de Octubre, que no sólo estableció el primer régimen proletario duradero, sino que despertó una inmensa ola de simpatía y apoyo de los obreros de los países capitalistas y pueblos oprimidos del mundo colonial y semico­lo­nial4. Poco después de la Revolución de Octubre, se dieron escisiones, en casi todos los viejos partidos socialistas, entre los obreros revolucionarios de estos partidos y las podridas direcciones derechistas. Se crearon partidos comunistas y se unieron en la nueva Internacional Comunista, la Tercera Internacional, fundada en 1919.

            ¿Por qué la línea de Lenin fue capaz de tener éxitos tan resonantes con tanta rapidez, pasando de una pequeña minoría a una poderosa corriente en una nueva Internacional? Se debió a que la controversia entre Lenin y los revisionistas, oportunistas y centristas de su época no era una simple controversia sobre temas de segunda fila o sobre teorías y consignas vacías. Este debate sobre la línea era en sí la expresión concentrada de los intereses de clase. La línea de Lenin representaba los intereses del proletariado para acabar con los horrores del capitalismo y la primera guerra mundial imperialista que había engendrado. La línea revisionista representaba los intereses de un pequeño sector privilegiado del proletariado (conocido como aristocracia obrera) que se beneficiaba hasta cierto grado de las grandes ganancias que el sistema imperialista exprimía de las naciones y los pueblos oprimidos. La aristocracia obrera contaba con una buena representación en las organizaciones obreras, sus representaciones parlamentarias, las sociedades de ayuda mutua, etc. Y fue esta capa superior de los obreros la que dejó de lado su cháchara sobre convicciones socialistas y corrió a ponerse del lado de la burguesía en cuanto se escuchó la primera descarga de pólvora.

            Debajo de este "colosal montón de basura" se encontraba el proletariado básico, que no tenía interés alguno en preservar el sistema imperialista. En la mayoría de los países los representantes de esta corriente revolucionaria eran pocos, desorganizados y perseguidos. Pero cuando la Revolución de Octubre irrumpió en el escenario mundial en 1917, los obreros de todo el mundo y en especial aquellos de los países beligerantes que recibían aún la orden de matarse unos a otros en la guerra mundial, reconocieron la Revolución de Octubre como su revolución. Aquellos con una mayor conciencia de clase rápidamente abrazaron al leninismo.

            En otras palabras, la Internacional Comunista no se formó simplemente porque Lenin tuvo éxito en la realización de la revolución. La lucha de clases del proletariado, incluida la lucha interna en los países capitalistas entre los dos sectores de la clase obrera (el proletariado revolucionario y la aristocracia obrera), junto a la intensificación de la miseria de las masas populares en los países beligerantes, sentaron sólidas bases materiales para una auténtica línea comunista, la línea por la que Lenin luchaba y representaba. Lenin consiguió que triunfara la Revolución de Octubre porque su línea internacionalista representaba los intereses de las masas del proletariado, no sólo a nivel general sino también en términos inmediatos, incluyendo la apremiante necesidad de salir del matadero de la I Guerra Mundial. Aunque esta base revolucionaria era muy fuerte en Rusia, en modo alguno se veía limitada ahí. Hay buenas razones para pensar que en caso de haber existido una sólida línea y organización revolucionarias en otros países, la revolución habría triunfado en más países que sólo la Rusia zarista5.

            Aquellos que sostienen que primero una revolución debe triunfar y sólo entonces se puede crear una Internacional, no comprenden las lecciones fundamentales de la lucha de Lenin contra el revisionismo de la Segunda Internacional. Esa lucha no fue en absoluto un "impedimento" para la lucha revolucionaria práctica por el Poder, algo que pudiera ser "aparcado" a la espera de avances prácticos. Desde el momento en que Lenin analizó la traición de la Segunda Internacional en 1914, redobló la lucha no sólo por una línea revolucionaria correcta en su "propio" país, sino en nombre del proletariado mundial y de sus organizaciones internacionales. Ciertamente, las dos batallas fueron inseparables, y en ese sentido el combate de Lenin contra la Segunda Internacional fue una de las condiciones mismas para el éxito de la Revolución de Octubre.

LA GRAN LUCHA DE MAO CONTRA EL REVISIONISMO MODERNO

            Empezando por el "discurso secreto" de Jruschov en 1956 que contenía un ataque frontal a Stalin y a la dictadura del proletariado que Stalin representaba, Mao Tsetung inició y dirigió una gran batalla internacional contra lo que vino a conocerse como "revisionismo moderno".

            Esta lucha condujo a una importantísima escisión en el movimiento comunista internacional entre su ala revolucionaria dirigida por Mao y el Partido Comunista de China, y los partidos revisionistas que siguieron la batuta de Jruschov y del partido soviético. Pese a que esta lucha no condujo a la formación de una nueva Internacional Comunista, sí impulsó la formación de un movimiento maoísta internacional con organizaciones de vanguardia en un gran número de países. Sobre la base del impulso de la lucha de Mao contra el revisionismo moderno y la Gran Revolución Cultural Proletaria, se formaron partidos maoístas que asumieron la preparación y el inicio de guerras populares. El heroico lanzamiento por revolucionarios maoístas de la lucha armada en la India, las Filipinas, Turquía, Bangladesh y otros países, es testimonio del amplio impacto de la gran ruptura que se dio en el MCI. Y la formación de un movimiento maoísta internacional ayudó a atizar las luchas revolucionarias de los pueblos oprimidos contra el imperialismo que entonces sacudían el mundo, incluida la heroica lucha del pueblo vietnamita6.

            La gran lucha contra el revisionismo moderno confrontó a dos destacados partidos, el Partido Comunista de China y el Partido Comunista de la Unión Soviética, uno contra el otro, cada uno quien detentaba el Poder a nombre de la clase obrera. Sin embargo, en el caso de Jruschov y su sucesor, esta afirmación no era más que una delgada capa de pintura roja para tapar el dominio de una nueva burguesía.

            Por tanto, incluso de forma más aguda que la lucha de Lenin contra los revisionistas de su época, el Gran Debate en el movimiento comunista reflejó intereses de clase divergentes y opuestos, y de ello se desprendió la intensidad y el carácter irreconciliable de esta lucha.

            Lo que estaba en cuestión no era ni más ni menos que la construcción de una sociedad sin clases, el comunismo. En la URSS y el bloque oriental en su conjunto, este objetivo se proclamaba de forma muy parecida a cómo los curas prometen un reino final de dios sobre la tierra. Pero este sortilegio religioso de los revisionistas estaba tan divorciado de la sociedad que presidían como lo está el "amor fraternal" del infierno del capitalismo.

            El maoísmo defendió la continuación de la revolución para que, paso a paso, se fueran creando las condiciones ideológicas, políticas y económicas en pro de una sociedad en la que el trabajo humano dejara de ser una mercancía de compraventa, donde la división del trabajo entre el campo y la ciudad, entre los obreros y los campesinos, y entre el trabajo manual y el intelectual se redujera progresivamente. El maoísmo representaba los intereses de los obreros y los campesinos en la lucha por conservar su dominio en la sociedad y prevenir que los nuevos explotadores usurparan y corrompieran los frutos del socialismo. Estos principios se hicieron vivos ante los pueblos del mundo entero cuando decenas de millones de obreros, campesinos e intelectuales revolucionarios se alzaron en China durante la Revolución Cultural para hacer avanzar la sociedad en el camino hacia el comunismo.

            El revisionismo, en especial el revisionismo en el Poder en la URSS y en los demás países de Europa oriental, defendía un programa completamente distinto. En estas sociedades no se hacía nada por romper con la división del trabajo y los demás "sellos de nacimiento" heredados del sistema capitalista. Por el contrario, los nuevos gobernantes luchaban por proteger y defender las desigualdades que les beneficiaban. El objetivo que se propagaba para los obreros no era rehacer el mundo sino conseguir una "tajada justa" mientras viviesen enriqueciendo a otros. Este punto de vista es el mismo que siempre ha caracterizado al sindicalismo reformista y al revisionismo en todos los países. Hace muchos años que Marx llamó a los obreros a rechazar la consigna de "salario justo diario por trabajo justo diario" y escribir sobre su bandera la consigna revolucionaria: "¡Abolición del sistema salarial!".

            Exigir, como algunos hicieron entonces, que exista unidad entre el maoísmo y el revisionismo moderno al estilo soviético, tiene tan poco sentido como exigir la unidad entre explotadores y explotados. La unidad entre revolucionarios marxistas y revisionistas empedernidos no puede durar, y donde parece existir es que simplemente está a punto de reventarse.

            Ahora que la Unión Soviética y su bloque se han derrumbado, algunas fuerzas están diciendo que las "viejas disputas" deben dejar de ser un obstáculo para la unidad de los comunistas. Este punto de vista se mantiene con bastante claridad en "Propuestas para la unificación del movimiento comunista internacional", elaborada por el Partido del Trabajo de Bélgica (PTB) y el Partido Comunista de los Bolcheviques de Toda la Unión (PCBTU) de la antigua Unión Soviética para uno de los seminarios anuales del PTB con motivo del 1º de Mayo (véase p. 28). Vale la pena citar un pasaje de la sección de la propuesta denominada "Es posible superar las viejas disputas entre los partidos marxista-leninistas":

            "Hoy, como resultado de la restauración del capitalismo bajo Gorbachov, la corriente _prosoviética' se escindió en innumerables corrientes. En los años 60, la corriente _prochina... emergió pero se dividió en varias corrientes después de la muerte de Mao. Ha habido una corriente 'proalbanesa'..., y una corriente 'procubana', principalmente en América Latina. Y, algunos partidos mantuvieron una posición 'independiente' con relación a las citadas corrientes.

            "A pesar de lo que se opine acerca de la justeza o de la necesidad de estas escisiones en cierto punto de la historia, hoy es posible superar estas divisiones y unir a los partidos marxista-leninistas, que están divididos en diversas corrientes".

            En primer lugar debemos señalar que, según estas propuestas, el capitalismo se restauró en la URSS bajo Gorbachov, es decir, ¡poco después de 1984! Los maoístas siempre han sostenido que una nueva burguesía tomó el Poder en la URSS en 1956 y restauró el capitalismo entonces. Aunque las propuestas hablan repetidamente del "revisionismo de Jruschov", atraviesan con relativo silencio el largo período del poder de Brezhnev en la URSS cuando, como analizó Mao, la Unión Soviética se había transformado profundamente en un país socialimperialista que desafiaba al bloque dirigido por los Estados Unidos por lograr el dominio mundial.

            Este "problema secundario" respecto a la naturaleza de la URSS, no puede ser sencillamente olvidado, como las propuestas desearían.

            En segundo lugar, vemos que las propuestas argumentan que estas divisiones se pueden superar porque son simples disputas históricas. A primera vista podría parecer que las propuestas están apelando simplemente al pragmatismo: ¿Por qué discutir sobre "el sexo de los ángeles" cuando los ángeles ya no se encuentran en escena?

            En realidad, aquí las propuestas no hacen gala de honradez. Algunas de estas "divisiones" históricas no son cuestionadas en las propuestas, por ejemplo, la lucha del camarada Stalin contra Trotsky y Bujarín. De hecho, éstas son las luchas del período anterior a 1956 que las propuestas desean usar como punto de referencia. Otras "disputas históricas" más recientes, como "la invasión de Checoslovaquia", "la liquidación de la corriente en torno a Chiang Ching en 1976", "la línea de Deng Xiao-ping a comienzos de los años 80, y así sucesivamente", según las propuestas, "se exageraron tanto las verdaderas diferencias que provocaron antagonismos y escisiones" (p. 29).

            Por tanto, los autores de las propuestas están definitivamente preocupados por la historia: comprenden bien que estas disputas están estrechamente vinculadas con cuestiones vitales de línea. Así, los autores incluyen su propia "historia" del MCI en la cual se lee: "Hasta 1956, mantuvo su orientación revolucionaria y su unidad; su fuerza y su influencia en el mundo jamás dejaron de aumentar. Para volver a aparecer en el escenario mundial como corriente significativa, el Movimiento Comunista Internacional debe reclamar su historia común".

            En otras palabras, la cima del movimiento comunista internacional fue el año 1956, antes del revisionismo de Jruschov, y "el sectarismo y el ultraizquierdismo" condujeron a la desintegración de su fuerza. Aparte de presentar a esta evaluación política como base fundamental sobre la que reconstruir el MCI, se afirma que "diversas opiniones sobre los méritos de Mao Tsetung permanecerán cierto tiempo en el Movimiento Comunista Internacional".

            ¿Por qué "para desarrollar el movimiento marxista-leninista, es necesario librar la lucha contra las ideologías social demócrata y trotskista", como plantean los autores [énfasis agregado], mientras que cuestiones tales como los "méritos" e Mao Tsetung no deben interferir con "el deber de conservar la unidad del Movimiento Comunista Internacional"? Esto se debe a que los autores, que escriben con tanta falsa humildad sobre la necesidad de emprender la discusión científica, buscar la verdad a partir de los hechos, etc., de hecho, ya han llegado a la conclusión de que la dirección de Mao en la lucha contra el revisionismo moderno, su análisis de la restauración del capitalismo y del desarrollo del socialimperialismo en la Unión Soviética, la Gran Revolución Cultural Proletaria, etc., fueron, en el mejor de los casos, equivocados.

            Los maoístas también empuñan y defienden todas las grandes proezas del movimiento comunista internacional, incluidas la construcción y la defensa del socialismo en la URSS bajo la dirección de Lenin y Stalin. Pero también defendemos el penetrante análisis de Mao sobre las contradicciones de la sociedad socialista, su evaluación de los errores y puntos débiles de Stalin, y la línea que él desarrolló, en gran parte sobre esta base, para llevar la revolución adelante. Ciertamente, el conocimiento de Mao de la sociedad socialista en la teoría y en su práctica de dirigir la Gran Revolución Cultural Proletaria, no es simplemente su mayor contribución; concentra el desarrollo cualitativo de Mao de la ideología revolucionaria proletaria, de su posición, punto de vista y método. Es, ni más ni menos, que el eje del maoísmo.

            Por eso, todo esfuerzo de "unir el movimiento comunista" sin hacer referencia a Mao significa unirse contra Mao. Y, de hecho, esto es precisamente lo que las propuestas del PTB/PCBTU y el Seminario del PTB quieren hacer. Mientras que las puertas del Seminario están abiertas de par en par a una amplia variedad de fuerzas, incluidos los rabiosos oponentes del maoísmo, al igual que algunos auténticos revolucionarios, son las fuerzas del Movimiento Revolucionario Internacionalista las que son excluidas7. Esto muestra una vez más que el "pluralismo", o la práctica de tolerar lo que parecen puntos de vista ampliamente divergentes, a veces oculta la supresión real de la posición auténticamente proletaria revolucionaria.

            Debido a su oposición al análisis de Mao sobre el socialismo y a su liderato de la revolución socialista de China, los autores de las propuestas desechan de manera tan despectiva la cuestión de los acontecimientos en China después de la muerte de Mao Tsetung. En esto, una vez más, la profesión de agnosticismo y la sinceridad de los autores en realidad oculta una línea clara. El PTB apoyó el derrocamiento de la línea de Mao por medio del golpe de Estado de Jua y Deng, y desde entonces ha apoyado a los gobernantes revisionistas chinos por las buenas y por las malas, como la destrucción de la agricultura socialista, la campaña "enriquecerse es glorioso", la masacre de la plaza Tien An Men de 1989, etc. En una conferencia en la India en 1995, Nina Andreeva, la dirigente del PCBTU, declaró que aquellos, como el MRI, que critican a los revisionistas chinos, lo hacen porque "no tienen experiencia de construir el socialismo"8. En realidad, tenemos experiencia de construir el socialismo, y en concreto tenemos la experiencia de la Revolución Cultural y el enorme ímpetu que dio al desarrollo del socialismo en todas las esferas. No queremos la experiencia del tipo de "socialismo" que caracterizó a la URSS durante sus últimos treinta años de existencia, ni el "socialismo" que se practica hoy en China.

EL MRI ES EL CENTRO EMBRIONARIO DE LOS MAOISTAS DEL MUNDO

            Cuando en 1984 se fundó el Movimiento Revolucionario Internacionalista, representó un gran paso para poner fin a la crisis en que se estaba sumiendo el movimiento maoísta a nivel mundial y para establecer un nuevo nivel de unidad ideológica, política y organizativa. La formación del MRI tuvo el mérito de efectuarse sobre una clara base ideológica y política, expresada en la Declaración del MRI. En particular, reagrupó al núcleo de las fuerzas maoístas que habían luchado contra la traición revisionista en China al tiempo que defendían el desarrollo del marxismo-leninismo por Mao a una nueva y tercera etapa. De esta forma, el MRI se deslindó claramente de las otras tendencias que habían surgido del anterior movimiento maoísta, y en particular de las tendencias prochina y proalbanesa que rechazaron el pensamiento Mao Tsetung.

            Sobre esta firme base política e ideológica inicial, el MRI pudo establecer una estructura embrionaria organizativa y, por tanto, con razón, declararse representar el centro embrionario de las fuerzas maoístas del mundo. De hecho, en aquellos años, la tendencia principal de las fuerzas maoístas fuera del MRI era huir rápidamente de cualquier identificación con la línea revolucionaria de Mao Tsetung y la experiencia del desarrollo de la revolución proletaria y la construcción socialista en China bajo la dirección de Mao. En particular, la experiencia de la Gran Revolución Cultural Proletaria, personificada en la dirección de Chiang Ching, Chang Chun-chiao y otros héroes que fueron derrocados con violencia por los seguidores del camino capitalista en China, fue malinterpretada o incluso rechazada y denigrada por la mayoría de las antiguas fuerzas maoístas.

            Desde 1984, el MRI ha continuado avanzando. El hecho más importante ha sido la adopción del Marxismo‑Leninismo‑Maoísmo por el MRI en diciembre de 1993. Esta decisión fue el resultado de un largo proceso de debate y lucha al interior del MRI, así como los avances realizados en la aplicación del maoísmo en la práctica de hacer la revolución, notablemente en el Perú, donde el Partido Comunista del Perú, uno de los participantes en el MRI, ha estado dirigiendo una auténtica Guerra Popular, pero igualmente en otros países.

            Dado que la unidad política e ideológica del MRI aumentó con la adopción del documento ¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!, se adoptaron las medidas organizativas adecuadas para avanzar aún más en la solidificación del MRI y en la dirección de una Internacional Comunista de nuevo tipo, basada en el MLM.

            Por supuesto que siempre han existido auténticas fuerzas maoístas fuera del MRI. En particular, en los últimos años, como parte de la intensa repolarización del movimiento comunista internacional, un número de partidos y organizaciones han demostrado un renovado interés sobre la necesidad de unir las fuerzas maoístas a nivel mundial. Defender al MRI como el centro embrionario de los maoístas del mundo no quiere decir en absoluto tener una actitud de "no ensuciarse las manos" con estas fuerzas. Juntos, el movimiento maoísta en su conjunto debe avanzar y avanzará aún más en la dirección de la Nueva Internacional Comunista, que, de forma cualitativa, represente la unidad del conjunto de las fuerzas maoístas del mundo. Pero este proceso de avance y unificación se dará sobre la base de una línea; es necesario dirigir este proceso, y no puede ser de otro modo.

            No hay duda de que la lucha por una nueva Internacional Comunista será prolongada y compleja. Todavía es necesario hacer un balance de una serie de importantes cuestiones de la anterior experiencia internacional, positiva y negativa, de unir a nivel mundial a los comunistas. La lucha de clases y los acontecimientos internacionales plantean constantemente nuevos problemas a resolver. Las fuerzas comunistas revolucionarias son aún relativamente débiles, y nuestra experiencia de desarrollar la lucha revolucionaria es, salvo algunas excepciones, aún bastante limitada. Nuestra unidad organizativa no puede echar por la borda el nivel de unidad ideológica y política obtenido. Hoy vemos tanto la necesidad de una plataforma común para los revolucionarios proletarios del mundo, como las dificultades en la forja de dicha Línea General para el movimiento comunista internacional. Todo ello es motivo para marchar adelante con audacia pero concienzudamente en la lucha por unir a los marxista-leninista-maoístas del mundo. Los intereses del proletariado internacional no demandan otra cosa.

            "Los proletarios no tienen nada que perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!"

NOTAS

            1. Durante la guerra de Vietnam, por ejemplo, un fenómeno significativo fue la tendencia general en amplios sectores de proletarios en los Estados Unidos, en especial proletarios negros, a identificarse con los combatientes de liberación vietnamitas.

            2. La actual tendencia hacia la "globalización" es una expresión y una intensificación de estas dos tendencias de la época imperialista: tener al mundo más entrelazado, fortaleciendo la base y la necesidad para el internacionalismo proletario, e intensificar las desigualdades, lo que acentúa la base y la necesidad de las luchas de liberación nacional contra el imperialismo.

            3. La lucha se complicó posteriormente a causa del papel traicionero del Partido del Trabajo de Albania y su líder Enver Hoxha. Este se opuso a los nuevos gobernantes chinos tras el golpe de Estado de Deng, pero centró su atención casi exclusivamente en la crítica a la "teoría de los tres mundos", e ignoró las cuestiones más esenciales en la lucha en China, las que malinterpretó completamente. Pronto se lanzó a ataques oportunistas contra el propio Mao Tsetung. Hoxha se benefició igualmente de la falta de una estructura internacional del MCI en sus esfuerzos por erigir a Albania como centro del MCI.

            4. La Comuna de París en 1871 fue el primer intento del proletariado de tomar el Poder. Pero la Comuna gozó de una breve existencia (sólo 90 días) y el movimiento era aún inmaduro.

            5. Ciertamente, importantes tentativas revolucionarias se dieron en Europa después de la Revolución de Octubre. En particular, se dio la rebelión espartaquista en Alemania dirigida por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, y la efímera república obrera en Hungría lidereada por Bela Kun.

            6. Los revisionistas siempre procuraron usar la lucha vietnamita para exigir la "unidad del movimiento comunista", lo que para ellos quería decir que debía desistirse y cesar la lucha contra el revisionismo moderno. Esta posición igualmente la promovió el propio centrismo del Partido de los Trabajadores de Vietnam en torno a las cuestiones vitales de aquel momento. En realidad, sin embargo, fue la firme posición del movimiento maoísta en apoyo de la lucha del pueblo vietnamita, y en especial de la propia China revolucionaria bajo la dirección de Mao, la que creó las condiciones externas más favorables para el avance de esa lucha, incluyendo el estímulo a los elementos más revolucionarios de Vietnam para luchar hasta un fin victorioso.

            7. En 1996, de último momento "se le retiró la invitación" de participar en el Seminario a UMQG. De forma similar, en 1997, de último momento "se le retiró la invitación" de participar en el Seminario al Partido Comunista Revolucionario de Estados Unidos, por su participación en el MRI.

            8. La Conferencia la organizó el Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista) Janashakti, en Hyderabad.