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Hace
150 Años
- El
Grito de Batalla del Manifiesto Comunista:
¡Obreros
de Todos los Países, Uníos!
En todos los países, al reunirse con representantes de la lucha
revolucionaria de los obreros de otros países, los proletarios con
conciencia de clase se llenan de entusiasmo. Desean conocer todo
sobre los avances y las dificultades de la lucha de "allá" y están
ansiosos por expresar su apoyo a sus hermanas y hermanos de clase.
De igual manera, los obreros con conciencia de clase que, por los
motivos que sean, se encuentran viviendo y trabajando en otros países,
tras un determinado tiempo, sentirán unos lazos comunes que les
unen a los obreros que viven a su lado.
Por supuesto, los obreros, como los demás, pertenecen también a
determinadas naciones y eso también impregna sus conciencias y moldea
sus posiciones. En el caso de los obreros de las naciones oprimidas,
donde la lucha contra el imperialismo es el centro del trabajo revolucionario,
este sentimiento e identificación nacionales tiende a estar vinculado
con su participación en la propia lucha revolucionaria.
En los países imperialistas, la clase obrera está dividida en dos
"polos": de un lado, una minoría fuerte e influyente de obreros
muy privilegiados cuya posición material y puntos de vista les lleva
a alinearse con "su" clase dominante en oposición a los obreros
de otras naciones y a unirse con la dominación imperialista de las
naciones oprimidas; y, del otro, la masa de obreros que "no tienen
nada que perder más que sus cadenas", los cuales, con distintos
grados de conciencia de clase, odian a los déspotas imperialistas
y se identifican más fácilmente con el proletariado de otros países,
incluidos aquellos dominados directamente por su propia "patria"1.
Por muy fuerte que pueda ser el chovinismo y el nacionalismo, lo
cierto es que la realidad de los proletarios pertenecientes a la
misma clase a nivel internacional es aún más viva. En resumen, los
obreros tienen más en común con los proletarios de otros países,
incluso aquellos de países que los oprimen, que con los explotadores
y los ricos de sus "propios" países, incluso cuando sectores
de estas clases están participando en la lucha revolucionaria contra
el imperialismo. Los sentimientos espontáneos hacia el internacionalismo
no son sino un reflejo de una profunda realidad material: el proletariado
es una sola clase con el único interés de clase de
borrar la explotación y la opresión de la faz de la tierra.
Pese a esto, estos sentimientos hacia el internacionalismo, si se
dejan en manos del espontaneísmo, se verán sepultados bajo una corriente
espontánea aún más fuerte orientada hacia la ideología burguesa
del chovinismo y el nacionalismo, la que pregonan los reaccionarios
y los reformistas, y la que refuerza la tendencia del capitalismo
a enfrentar a obreros de un país a los de otro. Si los obreros y
los oprimidos fueran capaces de manera espontánea de comprender
plenamente su posición de clase y su misión de clase, el capitalismo
no sería este sistema demencial y opresivo que conocemos, y no habría
necesidad de una vanguardia comunista capaz de representar los intereses
histórico‑mundiales a largo plazo de la clase obrera. A este
respecto, Marx y Engels establecieron las tareas de los comunistas
en el Manifiesto Comunista: "¿Qué relación mantienen los
comunistas con respecto a los proletarios en general?.... [S]ólo
se distinguen...en que, por una parte, en las diferentes luchas
nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses
comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad
y, por otra parte, en que en las diferentes fases de desarrollo
por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan
siempre los intereses del movimiento en su conjunto" (del capítulo
II, "Proletarios y comunistas").
El inmenso crecimiento de las fuerzas productivas que ha marcado
la era moderna, con el resultado de un mundo objetivamente entrelazado
hasta un grado inconcebible anteriormente, une al proletariado como
clase atravesando las fronteras nacionales. Sin embargo, este crecimiento
se está dando en un mundo todavía plagado de grandes desigualdades
y dominado por Estados imperialistas rivales. Un puñado de naciones
controlan la riqueza y medios de producción del grueso del mundo,
mientras que en las ciudadelas imperialistas, los obreros de un
país son enfrentados con los de otro en feroz competencia entre
los capitales nacionales2.
En particular, la división del mundo entre naciones oprimidas y
opresoras es uno de los grandes obstáculos para solidificar la unidad
del proletariado, y superar la división es uno de los grandes desafíos
para el movimiento revolucionario. Será, en gran parte, resolviendo
este problema que se forjará el auténtico internacionalismo, cuando
los proletarios de los países imperialistas comprendan y apoyen
activamente la lucha en las naciones oprimidas y cuando la lucha
contra el imperialismo en las naciones oprimidas se infunda con
la perspectiva socialista de contemplar la batalla contra el imperialismo
tan sólo como la primera etapa de una revolución que tenga como
objetivo final la abolición de las clases mismas.
Esta comprensión de la base fundamental para la unidad entre los
proletarios (de que hay más en común, por ejemplo, entre un obrero
italiano y uno indonesio que entre cualquiera de estos dos obreros
y un representante de su "propia" burguesía), ha sido, por supuesto,
un principio fundamental del socialismo científico desde que Marx
y Engels redactaron el poderoso llamamiento de "¡Proletarios de
todos los países, uníos!" en el Manifiesto, hace 150 años,
en el invierno de 1848. Este atronador llamamiento por parte de
los fundadores del comunismo conlleva toda una serie de implicaciones
ideológicas, políticas y organizativas. Significa que la lucha en
cada país debe ser dirigida teniendo claro el comunismo a nivel
mundial como objetivo final. Significa que deben encontrarse medios
prácticos para el movimiento proletario de un país con el fin de
apoyar las luchas revolucionarias en otros países. Y significa igualmente
que el destacamento avanzado del proletariado, los comunistas, deben
estar unidos en lo organizativo a nivel mundial. No hay que olvidar
que el propio Manifiesto fue preparado como declaración política
de la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional,
en cuya constitución Marx y Engels jugaron un papel cave. Desde
sus inicios, el movimiento comunista ha sido, y sólo puede ser,
un movimiento internacional.
Pero se podría decir también que en la historia del movimiento comunista
internacional (MCI), y quizá en particular en las décadas del nuevo
movimiento comunista que surgió en oposición al revisionismo jruschovita,
algunos aspectos de los principios fundamentales del internacionalismo
proletario a veces han quedado borrosos ante los ojos de los comunistas
revolucionarios.
Esto es comprensible por distintos motivos. En los años en que se
conformó el nuevo movimiento comunista durante la gran batalla que
Mao emprendió contra Jruschov y sus sucesores, el movimiento revolucionario
estaba avanzando en los países oprimidos, en particular en Vietnam,
mientras que, por varias razones, se demoraron las luchas revolucionarias
en las ciudadelas imperialistas. Además, los revisionistas soviéticos
crearon confusión enarbolando la bandera del "internacionalismo
proletario" para justificar numerosos crímenes imperialistas como
las invasiones de Checoslovaquia en 1968 y de Afganistán en 1979.
Ellos desarrollaron otras justificaciones seudointernacionalistas
para su política socialimperialista, como "la división internacional
socialista del trabajo" y la "doctrina de la soberanía limitada".
Los líderes de la lucha contra el revisionismo moderno, el Partido
Comunista de China (PCCh), dirigido por Mao Tsetung, fueron particularmente
conscientes del problema de la igualdad entre partidos en el seno
del MCI, por haber sufrido ciertas experiencias negativas en la
historia de la revolución china, cuando los consejos (e incluso
presiones) del partido soviético y de la Tercera Internacional (Comunista),
o Comintern, fueron perjudiciales. Los cabecillas de líneas erróneas,
como Wang Ming en los años 30, utilizaron sus vínculos con el MCI
en su lucha por imponer estas posiciones erróneas en el partido
chino. En la actualidad, esta conocida historia se utiliza con frecuencia
como argumento en contra de los esfuerzos por reagrupar al MCI tanto
en lo organizativo como en lo político y lo ideológico.
Además, durante varias décadas no ha existido una Internacional
Comunista, y ha echado raíces el punto de vista de que tal Internacional
no es necesaria. Según este punto de vista, la existencia misma
de una organización internacional obstacularizará el desarrollo
en los diferentes partidos de jefaturas competentes e independientes,
que un centro internacional nunca logrará comprender las realidades
concretas de la revolución y que no existe una necesidad ni capacidad
para la coordinación internacional del movimiento revolucionario
proletario.
Los peligros y las dificultades asociados con una organización comunista
internacional, y al final de cuentas con una nueva Internacional
Comunista, son muy reales. Y también es cierto que la división del
mundo en diferentes Estados y el hecho de que la revolución mundial
se desarrollará a través de revoluciones en un solo Estado o grupos
de Estados, significa que la revolución mundial no se puede dirigir
de igual forma que se dirige en un Estado concreto.
No obstante, debe existir un "Estado Mayor" de la revolución mundial,
una nueva Internacional Comunista, que sea capaz de forma mucho
más profunda que hoy de unir las luchas revolucionarias proletarias
de todos los países. La verdad fundamental es que la revolución
proletaria mundial es un proceso dirigido contra un enemigo internacional:
el sistema imperialista mundial y los reaccionarios de todos los
países aliados con él. Una Internacional así alzaría a los revolucionarios
del mundo entero para acudir en apoyo de las revoluciones de distintos
países. Como respuesta a los crímenes de los imperialistas y reaccionarios,
la Internacional estará mejor capacitada para movilizar y concentrar
la respuesta internacional de los obreros y los oprimidos. Imagínense,
por ejemplo, cuán mayormente poderosa y coordinada hubiese sido
la respuesta a los crímenes imperialistas durante la guerra del
Golfo de 1991 en caso de que hubiera existido una nueva Internacional.
Más importante, sin embargo, será el papel político de la futura
Internacional. Difundirá y luchará por el Marxismo-Leninismo-Maoísmo
(MLM) en cada rincón de la tierra, ayudando a la formación de partidos
de vanguardia. La Internacional servirá de vehículo para dirigir
a escala mundial la necesaria síntesis de experiencia, discusión
y lucha entre los comunistas, que es necesaria para hacer
avanzar nuestro conocimiento colectivo de hacer la revolución.
La observación de Mao respecto a que si un partido no aplica una
política correcta, está entonces aplicando una política incorrecta,
y que si no aplica una política consciente, está aplicando una política
a ciegas, es cierta también en la esfera internacional. Cada partido
revolucionario necesariamente tendrá que abordar la realidad de
esta dimensión internacional de la lucha, y adoptar, consciente
o inconscientemente, una línea y una política en relación a la misma.
Además, el partido de un país determinado necesariamente comprenderá
este proceso de manera menos plena y menos correcta que una Internacional
que funcione sobre la base del MLM. Para dirigir el proceso de la
revolución mundial se necesita una Internacional.
Una vez más, esto no debe entenderse principalmente en el sentido
de movilizar fuerzas y coordinar la lucha práctica, por importante
que sea; más bien, es el papel de la Internacional como centro político
lo que es la característica que la define. Las líneas políticas,
al igual que las demás ideas, no respetan las fronteras nacionales.
Las grandes batallas del marxismo contra el revisionismo nunca han
quedado confinadas a un país individual y en la actualidad, con
el mundo mucho más entrelazado que nunca antes, la lucha entre líneas
en un país necesariamente está vinculada a los acontecimientos de
otros, y los afecta.
Un Estado Mayor de la revolución mundial tendrá que tener en cuenta
las extremas complejidades del proceso revolucionario. La revolución
se realizará país por país o en grupos de países, y se dará de forma
desigual y en diferentes grados de desarrollo. La nueva Internacional
no puede sustituir el proceso de integrar la ciencia del MLM con
la realidad concreta de cada país específico y de construir una
dirección fuerte y probada en cada país capaz de dirigir la revolución
a la victoria. La consigna original de la Comintern, "un partido
mundial para la revolución mundial", es errónea porque implica que
la revolución mundial tendrá la misma dinámica que la revolución
en un solo país o que será dirigida de igual forma. Por eso, la
Declaración del Movimiento Revolucionario Internacionalista
subraya la necesidad de una Internacional Comunista de "nuevo tipo",
que sirva como "centro político dirigente en general", y de "una
forma de centralismo democrático basado en la unidad ideológica
y política de los marxista‑leninista‑maoístas. Pero
no puede ser un funcionamiento del tipo de un partido a nivel de
un solo Estado, pues a la organización internacional la conforman
partidos distintos, cada uno con igualdad de derechos y la responsabilidad
de dirigir la revolución en cada país, en el sentido de la contribución
de cada partido a la preparación y aceleración de la revolución
mundial" (p. 46, ed. EU).
Ciertamente, es sólo en este contexto de la contribución de un partido
a la revolución mundial que se puede entender la cuestión de la
igualdad entre partidos. Lenin señaló: "Existe una clase y sólo
una de internacionalismo verdadero, y es trabajar abnegadamente
para desarrollar el movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria
en el propio país, y apoyar (con propaganda, solidaridad
y ayuda material) esta lucha, ésta y sólo esta línea, en
todos los países sin excepción" ("Las tareas del proletariado
en nuestra revolución"). Por tanto, el punto de vista leninista
del internacionalismo tiene un ámbito mucho más amplio que la simple
solidaridad material contra el enemigo común, por esencial que sea,
pues el llamamiento a hacer la revolución "en el propio país" está
inextricablemente vinculado a la obligación de apoyar "ésta
y sólo esta línea" en todos los demás países. Lenin jamás
respetó el "derecho" de los revisionistas de traicionar a los obreros
de ningún país. Asimismo, Mao afirmó claramente que en caso de una
restauración capitalista en China, el nuevo movimiento comunista
internacional debería combatir a la nueva burguesía ahí.
Es la forma centralista -democrática de organización la que mejor
sirve a la lucha revolucionaria del proletariado. Esto es cierto
tanto a nivel mundial como en partidos de países individuales, aunque
la aplicación del centralismo democrático sea diferente en ambas
instancias. Ciertamente, la mayoría de las argumentaciones en contra
de una Internacional Comunista se podrían hacer en contra de la
necesidad de un partido de vanguardia en cualquier país. A nivel
de un país, es cierto también que la dirección central no puede
ser sustituida por la iniciativa de aquellos a un nivel inferior,
y que la justeza de la línea y las políticas que el centro desarrolla
deben partir de la experiencia del partido como conjunto y basarse
en la estructura de arriba a abajo de la dirección. De forma similar,
es necesario probar, perfeccionar o rechazar, en última instancia,
estas políticas a partir de la experiencia de aplicarlas en la práctica
en los niveles inferiores.
Este proceso de centralismo democrático concuerda con la tesis marxista‑leninista‑maoísta
de la relación entre teoría y práctica y el papel de las masas como
protagonistas de la historia. Es un vehículo para concentrar y sistematizar
la comprensión avanzada del partido y las masas, expresada en la
línea y la política, que puede luego pasar nuevamente a los niveles
inferiores del partido y a las masas, y utilizarse para transformar
el mundo. Los social demócratas y los anticomunistas de distinto
pelaje hace tiempo declararon haber encontrado "el origen de la
tiranía comunista" en la organización leninista del partido mismo,
que tiene al ¿Qué hacer? como expresión más exacta. Afirman
que la organización conspirativa del partido, la necesidad de una
disciplina estricta, su estructura jerárquica, todo ello acarrea
en sí la semilla de la "dictadura". Por supuesto, los críticos son
exactos cuando dicen que la estructura leninista del partido prefigura
de hecho la "dictadura del proletariado", que significa dictadura
sobre un puñado relativo de explotadores y opresores y la
correspondiente libertad y democracia para la gran mayoría de la
sociedad que ejerce la dictadura. Lenin hizo hincapié en que la
dictadura del proletariado es incomparablemente más democrática
que la democracia burguesa y que es la clase dominante capitalista
quien tiene que encubrir su dictadura de una pequeña minoría
sobre las masas con la llamada "democracia para todos". Pero la
vida enseña una y otra vez que realmente es sólo una democracia
para la propia clase capitalista.
Sin una organización centralista-democrática, es imposible para
la línea proletaria dominar en el seno del movimiento revolucionario,
y la dirección pasa inevitablemente, consciente o inconscientemente,
a los representantes de otras clases. El proletariado, al que la
sociedad capitalista niega una participación real en la vida política
e intelectual, requiere una forma de organización que permita dar
expresión a su experiencia y opiniones. Para ello, se necesita un
sistema de comités y otros órganos colectivos que puedan usar el
MLM para desarrollar líneas y políticas a fin de transformar el
mundo.
Es la forma democrático -burguesa de organización la que, mientras
por un lado agita la bandera de la igualdad absoluta entre individuos,
en realidad deja al proletariado como espectador pasivo y mudo,
incapaz de hacer valer sus intereses de clase, guiado por oradores
y manipuladores que ejercen su "libertad" a través de la supervisión
y control del proletariado. ¿Cuántas veces hemos visto organizaciones
"democráticas" de obreros, ya sean simples sindicatos o incluso
organizaciones revolucionarias en los países oprimidos, cambiar
su rumbo por decisión de un puñado de cabecillas irresponsables
y traicionar los intereses de las bases? Ciertamente, las repetidas
traiciones, la incapacidad de compaginar las palabras con los hechos,
las palabras bonitas a una clase y el servicio real a la otra, todo
ello ha engendrado bastante cinismo en el proletariado de distintos
países.
Sí, responderán nuestros críticos, pero vosotros, comunistas, habéis
tenido vuestros traidores, también habéis construido partidos políticos
que se decían instrumentos revolucionarios del proletariado y que
acabaron traicionando sus intereses. Y, por supuesto, esto es cierto.
Los reveses revisionistas en la Unión Soviética y China se dieron
a nombre del partido de la clase obrera. Las propias estructuras
que el proletariado había creado y construido se transformaron en
máquinas opresivas para esclavizar nuevamente al proletariado y
garantizar el dominio de una nueva burguesía.
Mao Tsetung y los revolucionarios del PCCh trabajaron duro para
analizar este problema y buscarle soluciones. Mao comprendió, tras
estudiar los reveses en la Unión Soviética después de la muerte
de Stalin, que ninguna forma organizativa exclusiva puede asegurar
la dirección de los intereses de los obreros y los campesinos, y
que ninguna serie de normas puede asegurar que el MLM prevalecerá.
Mao vio como los soviets (el sistema de consejos obreros que se
forjaron en el transcurso de la Revolución de Octubre) podían convertirse
en instrumento de una nueva burguesía.
Pero esto no quiere decir que el proletariado sea indiferente a
las cuestiones de forma, que cualquier forma encaje a la vez al
proletariado y a la burguesía. Por el contrario, una auténtica organización
proletaria debe suponer necesariamente democracia proletaria auténtica.
Debe asegurar el vínculo entre teoría y práctica, entre palabras
y hechos, y dar un vehículo que permita dominar la experiencia,
aspiraciones e intereses de clase de los obreros y de otros sectores
de los oprimidos. Para repetir, la experiencia de la lucha de clases
ha demostrado que una forma tal no puede ser otra que la organización
centralista-democrática concebida por vez primera y elaborada por
Lenin como una máquina de combate para preparar y llevar adelante
la Revolución de Octubre.
La lucha entre el marxismo y el revisionismo se expresa también
en la lucha sobre la línea organizativa. El revisionismo siempre
busca o bien reemplazar el sistema de centralismo democrático con
otro sistema y/o trasformar el sistema de centralismo democrático
en una cáscara vacía que esconda el control organizativo real de
un grupúsculo opuesto a los verdaderos intereses del proletariado.
El vigoroso partido de vanguardia de Mao estaba vinculado por medio
de millones de lazos al proletariado y a las masas trabajadoras
y combatió enérgicamente por hacer un balance de su experiencia
en hacer la revolución y concentrar sus intereses. No tiene nada
en común con la maquinaria burocrática de opresión y pillaje en
que se ha trasformado el Partido "Comunista" de China bajo la dirección
de los nuevos gobernantes.
Lo esencial de todo esto es que las cuestiones fundamentales de
línea y orientación que exigen una organización centralista-democrática
en un país concreto también hacen necesaria una Internacional Comunista
de nuevo tipo, capaz de dirigir el proceso general de la revolución
mundial y a la vez tener en cuenta la complejidad de este proceso
y el hecho de que la revolución, en general, se realiza país por
país (o en grupos de países). Si en la arena mundial no existe un
centro proletario sólido, si por el contrario existen "muchos centros"
o "ningún centro", entonces acabarán dominando las líneas no proletarias
y oportunistas. Se debe forjar una Internacional para preparar y
hacer la revolución, en todos los países y a nivel mundial. Si no
se construye con este propósito, no se corresponderá con la definición
de Lenin del internacionalismo proletario y acabará como la Segunda
Internacional, una hoja de parra que esconde la verdadera naturaleza
de partidos y organizaciones que hace tiempo abandonaron la revolución
y el internacionalismo.
Algunos de los argumentos sobre los peligros que plantea una Internacional
son: que la podría dominar un "partido padre", que su dirección
central podría adoptar una mano dura para abordar las controversias
con los partidos miembros, o que podría caer en la práctica de sustituir
con las opiniones preconcebidas o desinformadas de la dirección
central la necesaria aplicación viva de una línea MLM en determinado
país. Pero nada más renunciando a una Internacional Comunista no
se evitan estos peligros, por muy reales que sean. Por el contrario,
una organización internacional con un funcionamiento correcto, y
en especial una Internacional Comunista de nuevo tipo, estará en
la más óptima posición para aplicar a conciencia el MLM al problema
de las relaciones entre "la parte y el todo", es decir, la lucha
revolucionaria en un determinado país y el avance en su conjunto
a nivel mundial de la revolución proletaria mundial. Contará con
la estructura organizativa más capaz para sintetizar la experiencia
avanzada del conjunto del proletariado internacional, para permitir
la más amplia discusión y debate entre los revolucionarios de todos
los países, para promover y ayudar, sin ahogar ni desfigurar, el
desarrollo de la dirección revolucionaria en cada país.
La experiencia ha demostrado que la ausencia de una organización
internacional no es protección en absoluto contra quienes siguen
servilmente a otros. Por ejemplo, es bien conocido que durante los
años 60 y 70 un gran número de partidos adoptaron de manera acrítica
las posiciones del Partido Comunista de China. El enorme prestigio
del PCCh bajo la dirección de Mao, ganado en el curso de una ardua
lucha contra el revisionismo y en la construcción socialista, fue
un factor positivo arrollador en ayudar a generar una nueva generación
de revolucionarios y de nuevas organizaciones MLM por todo el mundo.
Pero esto no negaba la necesidad de cada partido para examinar por
su cuenta las cuestiones vitales de la revolución, en especial dado
que existía una diferencia objetiva entre el papel de China como
Estado socialista y la tarea de hacer avanzar la revolución en países
concretos. Además, se cometieron igualmente errores en ese período,
algunos sin duda iniciados o profundizados por los seguidores del
camino capitalista dentro del PCCh que habrían de tomar el Poder
después de la muerte de Mao. Con demasiada frecuencia organizaciones
pro chinas por todo el mundo asumieron de manera ciega y defendieron
los errores del PCCh, como la "teoría de los tres mundos" de Deng
Xiao‑ping.
La adopción generalizada de la "teoría de los tres mundos" de Deng
reflejó, principalmente, las erróneas influencias ideológicas y
políticas de quienes la asumieron, incluyendo la continuación de
algunas tendencias erróneas de anteriores etapas del MCI. Sin embargo,
el hecho de que no existiese una estructura internacional para desarrollar
el debate y discusión sobre ésta y otras cuestiones vitales del
momento, sólo hizo que fuera más difícil "alzarse" contra el uso
impropio del prestigio del Partido Comunista de China. Asimismo,
resultó que la mayoría de las fuerzas del MCI no estaban lo suficientemente
preparadas para abordar la situación que se presentó en 1976 cuando,
tras la muerte de Mao, Deng Xiao-ping y Jua Kuo-feng arrestaron
a los más estrechos colaboradores de Mao, derrocaron la línea de
Mao y comenzaron una carrera desbocada hacia la restauración capitalista,
cuyos efectos estamos contemplando actualmente con todos sus rasgos
más repugnantes. Una vez más, ninguna forma organizativa internacional
podría haber asegurado que la línea revolucionaria habría triunfado
a nivel mundial; en realidad, sería ingenuo pensar de modo tal.
Pero habrá pocas dudas de que una forma organizativa tal habría
fortalecido las fuerzas quienes se negaron a aceptar la contrarrevolución
en China y habría facilitado su trabajo por establecer contacto
entre ellos y hacer frente a Deng y su banda de usurpadores capitalistas3.
Finalmente, estos esfuerzos fructificaron con la formación del Movimiento
Revolucionario Internacionalista en 1984, pero este proceso sin
duda habría sido más rápido y más eficaz en caso de que hubiera
existido anteriormente una organización internacional de las fuerzas
maoístas.
ESFUERZOS
ACTUALES POR REAGRUPAR AL MCI
En los últimos años desde el colapso de la URSS y su bloque, la
situación internacional ha atravesado grandes cambios. Estos cambios,
además de la agitación más general en los asuntos internacionales,
también se han reflejado en el movimiento comunista internacional.
En particular, además del Movimiento Revolucionario Internacionalista,
han existido otros proyectos tendentes a dar algún tipo de vehículo
para la unidad de los distintos partidos y organizaciones que declaran
su adhesión al marxismo-leninismo.
Las razones para este fenómeno son múltiples. Por supuesto, el deseo
de las masas de unirse con sus hermanas y hermanos de clase de otros
países es un factor importante que estimula las distintas iniciativas
hacia la unidad comunista. El choque que supuso el colapso de la
Unión Soviética sirvió también a algunas fuerzas como un "despertar",
las cuales, aunque previamente habían formado parte del movimiento
maoísta, de manera creciente se apartaron de sus orígenes y se vieron
fuertemente atraídas hacia lo que los soviéticos presentaban como
"el campo socialista".
Ahora que se han propuesto varias iniciativas a las fuerzas comunistas
(y antes de abordar brevemente una de ellas), es importante considerar
minuciosamente la cuestión de la unidad. ¿Cuál es el objetivo de
la unidad, cuál es la base para dicha unidad, y qué vinculación
tiene con el pasado, presente y futuro del movimiento comunista
internacional?
Es conocido que la historia del MCI está repleta de numerosas divisiones,
grandes debates, asuntos conflictivos, etc. De hecho, hasta podemos
afirmar que, en esencia, la historia del MCI ha sido la historia
de repetidas luchas entre dos líneas entre el marxismo y el revisionismo.
(Esta observación concuerda con la tesis maoísta del principio filosófico
según el cual "uno se divide en dos".)
La unidad del proletariado nunca se ha logrado ocultando las diferencias
en el movimiento comunista. Por el contrario, se ha construido trazando
claros deslindes sobre las cuestiones decisivas a las que se ha
enfrentado el movimiento en un momento determinado y uniendo a los
comunistas revolucionarios y a los obreros avanzados en una resuelta
lucha contra el revisionismo y el oportunismo.
Nadie debe olvidar la gran lucha que Lenin desarrolló contra los
social chovinistas de la Segunda Internacional, quienes decían que
los obreros debían apoyar a su propia burguesía durante la I Guerra
Mundial. En los comienzos de esa gran lucha, Lenin y el partido
bolchevique con un pequeño número de otros elementos revolucionarios
auténticos dentro de la Segunda Internacional, como Rosa Luxemburgo
y Karl Liebknecht de Alemania, fueron las pocas voces que apenas
pudieron hacerse oír entre el coro de "líderes" que cantaban alabanzas
a la burguesía de sus países. Incluso en aquellas secciones de la
Segunda Internacional que se resistieron a dar un apoyo abierto
a la burguesía de sus propios países, la posición revolucionaria
de Lenin de "transformar la guerra imperialista en guerra civil",
la ridiculizaron veteranos líderes, como el centrista Karl Kautsky,
que sostenían que no era permisible romper con los social chovinistas
de derecha.
Pese a este aparente aislamiento, Lenin procedió a dirigir la exitosa
Revolución de Octubre, que no sólo estableció el primer régimen
proletario duradero, sino que despertó una inmensa ola de simpatía
y apoyo de los obreros de los países capitalistas y pueblos oprimidos
del mundo colonial y semicolonial4. Poco después de
la Revolución de Octubre, se dieron escisiones, en casi todos los
viejos partidos socialistas, entre los obreros revolucionarios de
estos partidos y las podridas direcciones derechistas. Se crearon
partidos comunistas y se unieron en la nueva Internacional Comunista,
la Tercera Internacional, fundada en 1919.
¿Por qué la línea de Lenin fue capaz de tener éxitos tan resonantes
con tanta rapidez, pasando de una pequeña minoría a una poderosa
corriente en una nueva Internacional? Se debió a que la controversia
entre Lenin y los revisionistas, oportunistas y centristas de su
época no era una simple controversia sobre temas de segunda fila
o sobre teorías y consignas vacías. Este debate sobre la línea era
en sí la expresión concentrada de los intereses de clase.
La línea de Lenin representaba los intereses del proletariado para
acabar con los horrores del capitalismo y la primera guerra mundial
imperialista que había engendrado. La línea revisionista representaba
los intereses de un pequeño sector privilegiado del proletariado
(conocido como aristocracia obrera) que se beneficiaba hasta cierto
grado de las grandes ganancias que el sistema imperialista exprimía
de las naciones y los pueblos oprimidos. La aristocracia obrera
contaba con una buena representación en las organizaciones obreras,
sus representaciones parlamentarias, las sociedades de ayuda mutua,
etc. Y fue esta capa superior de los obreros la que dejó de lado
su cháchara sobre convicciones socialistas y corrió a ponerse del
lado de la burguesía en cuanto se escuchó la primera descarga de
pólvora.
Debajo de este "colosal montón de basura" se encontraba el proletariado
básico, que no tenía interés alguno en preservar el sistema imperialista.
En la mayoría de los países los representantes de esta corriente
revolucionaria eran pocos, desorganizados y perseguidos. Pero cuando
la Revolución de Octubre irrumpió en el escenario mundial en 1917,
los obreros de todo el mundo y en especial aquellos de los países
beligerantes que recibían aún la orden de matarse unos a otros en
la guerra mundial, reconocieron la Revolución de Octubre como su
revolución. Aquellos con una mayor conciencia de clase rápidamente
abrazaron al leninismo.
En otras palabras, la Internacional Comunista no se formó simplemente
porque Lenin tuvo éxito en la realización de la revolución. La lucha
de clases del proletariado, incluida la lucha interna en los países
capitalistas entre los dos sectores de la clase obrera (el proletariado
revolucionario y la aristocracia obrera), junto a la intensificación
de la miseria de las masas populares en los países beligerantes,
sentaron sólidas bases materiales para una auténtica línea comunista,
la línea por la que Lenin luchaba y representaba. Lenin consiguió
que triunfara la Revolución de Octubre porque su línea internacionalista
representaba los intereses de las masas del proletariado, no sólo
a nivel general sino también en términos inmediatos, incluyendo
la apremiante necesidad de salir del matadero de la I Guerra Mundial.
Aunque esta base revolucionaria era muy fuerte en Rusia, en modo
alguno se veía limitada ahí. Hay buenas razones para pensar que
en caso de haber existido una sólida línea y organización revolucionarias
en otros países, la revolución habría triunfado en más países que
sólo la Rusia zarista5.
Aquellos que sostienen que primero una revolución debe triunfar
y sólo entonces se puede crear una Internacional, no comprenden
las lecciones fundamentales de la lucha de Lenin contra el revisionismo
de la Segunda Internacional. Esa lucha no fue en absoluto un "impedimento"
para la lucha revolucionaria práctica por el Poder, algo que pudiera
ser "aparcado" a la espera de avances prácticos. Desde el momento
en que Lenin analizó la traición de la Segunda Internacional en
1914, redobló la lucha no sólo por una línea revolucionaria correcta
en su "propio" país, sino en nombre del proletariado mundial y de
sus organizaciones internacionales. Ciertamente, las dos batallas
fueron inseparables, y en ese sentido el combate de Lenin contra
la Segunda Internacional fue una de las condiciones mismas para
el éxito de la Revolución de Octubre.
LA
GRAN LUCHA DE MAO CONTRA EL REVISIONISMO MODERNO
Empezando por el "discurso secreto" de Jruschov en 1956 que contenía
un ataque frontal a Stalin y a la dictadura del proletariado que
Stalin representaba, Mao Tsetung inició y dirigió una gran batalla
internacional contra lo que vino a conocerse como "revisionismo
moderno".
Esta lucha condujo a una importantísima escisión en el movimiento
comunista internacional entre su ala revolucionaria dirigida por
Mao y el Partido Comunista de China, y los partidos revisionistas
que siguieron la batuta de Jruschov y del partido soviético. Pese
a que esta lucha no condujo a la formación de una nueva Internacional
Comunista, sí impulsó la formación de un movimiento maoísta internacional
con organizaciones de vanguardia en un gran número de países. Sobre
la base del impulso de la lucha de Mao contra el revisionismo moderno
y la Gran Revolución Cultural Proletaria, se formaron partidos maoístas
que asumieron la preparación y el inicio de guerras populares. El
heroico lanzamiento por revolucionarios maoístas de la lucha armada
en la India, las Filipinas, Turquía, Bangladesh y otros países,
es testimonio del amplio impacto de la gran ruptura que se dio en
el MCI. Y la formación de un movimiento maoísta internacional ayudó
a atizar las luchas revolucionarias de los pueblos oprimidos contra
el imperialismo que entonces sacudían el mundo, incluida la heroica
lucha del pueblo vietnamita6.
La gran lucha contra el revisionismo moderno confrontó a dos destacados
partidos, el Partido Comunista de China y el Partido Comunista de
la Unión Soviética, uno contra el otro, cada uno quien detentaba
el Poder a nombre de la clase obrera. Sin embargo, en el caso de
Jruschov y su sucesor, esta afirmación no era más que una delgada
capa de pintura roja para tapar el dominio de una nueva burguesía.
Por tanto, incluso de forma más aguda que la lucha de Lenin contra
los revisionistas de su época, el Gran Debate en el movimiento comunista
reflejó intereses de clase divergentes y opuestos, y de ello
se desprendió la intensidad y el carácter irreconciliable de esta
lucha.
Lo que estaba en cuestión no era ni más ni menos que la construcción
de una sociedad sin clases, el comunismo. En la URSS y el bloque
oriental en su conjunto, este objetivo se proclamaba de forma muy
parecida a cómo los curas prometen un reino final de dios sobre
la tierra. Pero este sortilegio religioso de los revisionistas estaba
tan divorciado de la sociedad que presidían como lo está el "amor
fraternal" del infierno del capitalismo.
El maoísmo defendió la continuación de la revolución para que, paso
a paso, se fueran creando las condiciones ideológicas, políticas
y económicas en pro de una sociedad en la que el trabajo humano
dejara de ser una mercancía de compraventa, donde la división del
trabajo entre el campo y la ciudad, entre los obreros y los campesinos,
y entre el trabajo manual y el intelectual se redujera progresivamente.
El maoísmo representaba los intereses de los obreros y los campesinos
en la lucha por conservar su dominio en la sociedad y prevenir que
los nuevos explotadores usurparan y corrompieran los frutos del
socialismo. Estos principios se hicieron vivos ante los pueblos
del mundo entero cuando decenas de millones de obreros, campesinos
e intelectuales revolucionarios se alzaron en China durante la Revolución
Cultural para hacer avanzar la sociedad en el camino hacia el comunismo.
El revisionismo, en especial el revisionismo en el Poder en la URSS
y en los demás países de Europa oriental, defendía un programa completamente
distinto. En estas sociedades no se hacía nada por romper con la
división del trabajo y los demás "sellos de nacimiento" heredados
del sistema capitalista. Por el contrario, los nuevos gobernantes
luchaban por proteger y defender las desigualdades que les beneficiaban.
El objetivo que se propagaba para los obreros no era rehacer el
mundo sino conseguir una "tajada justa" mientras viviesen enriqueciendo
a otros. Este punto de vista es el mismo que siempre ha caracterizado
al sindicalismo reformista y al revisionismo en todos los países.
Hace muchos años que Marx llamó a los obreros a rechazar la consigna
de "salario justo diario por trabajo justo diario" y escribir sobre
su bandera la consigna revolucionaria: "¡Abolición del sistema salarial!".
Exigir, como algunos hicieron entonces, que exista unidad entre
el maoísmo y el revisionismo moderno al estilo soviético, tiene
tan poco sentido como exigir la unidad entre explotadores y explotados.
La unidad entre revolucionarios marxistas y revisionistas empedernidos
no puede durar, y donde parece existir es que simplemente está a
punto de reventarse.
Ahora que la Unión Soviética y su bloque se han derrumbado, algunas
fuerzas están diciendo que las "viejas disputas" deben dejar de
ser un obstáculo para la unidad de los comunistas. Este punto de
vista se mantiene con bastante claridad en "Propuestas para la unificación
del movimiento comunista internacional", elaborada por el Partido
del Trabajo de Bélgica (PTB) y el Partido Comunista de los Bolcheviques
de Toda la Unión (PCBTU) de la antigua Unión Soviética para uno
de los seminarios anuales del PTB con motivo del 1º de Mayo (véase
p. 28). Vale la pena citar un pasaje de la sección de la propuesta
denominada "Es posible superar las viejas disputas entre los partidos
marxista-leninistas":
"Hoy, como resultado de la restauración del capitalismo bajo Gorbachov,
la corriente _prosoviética' se escindió en innumerables corrientes.
En los años 60, la corriente _prochina... emergió pero se dividió
en varias corrientes después de la muerte de Mao. Ha habido una
corriente 'proalbanesa'..., y una corriente 'procubana', principalmente
en América Latina. Y, algunos partidos mantuvieron una posición
'independiente' con relación a las citadas corrientes.
"A pesar de lo que se opine acerca de la justeza o de la necesidad
de estas escisiones en cierto punto de la historia, hoy es posible
superar estas divisiones y unir a los partidos marxista-leninistas,
que están divididos en diversas corrientes".
En primer lugar debemos señalar que, según estas propuestas, el
capitalismo se restauró en la URSS bajo Gorbachov, es decir,
¡poco después de 1984! Los maoístas siempre han sostenido que una
nueva burguesía tomó el Poder en la URSS en 1956 y restauró el capitalismo
entonces. Aunque las propuestas hablan repetidamente del "revisionismo
de Jruschov", atraviesan con relativo silencio el largo período
del poder de Brezhnev en la URSS cuando, como analizó Mao, la Unión
Soviética se había transformado profundamente en un país socialimperialista
que desafiaba al bloque dirigido por los Estados Unidos por lograr
el dominio mundial.
Este "problema secundario" respecto a la naturaleza de la URSS,
no puede ser sencillamente olvidado, como las propuestas desearían.
En segundo lugar, vemos que las propuestas argumentan que estas
divisiones se pueden superar porque son simples disputas históricas.
A primera vista podría parecer que las propuestas están apelando
simplemente al pragmatismo: ¿Por qué discutir sobre "el sexo de
los ángeles" cuando los ángeles ya no se encuentran en escena?
En realidad, aquí las propuestas no hacen gala de honradez. Algunas
de estas "divisiones" históricas no son cuestionadas en las propuestas,
por ejemplo, la lucha del camarada Stalin contra Trotsky y Bujarín.
De hecho, éstas son las luchas del período anterior a 1956 que las
propuestas desean usar como punto de referencia. Otras "disputas
históricas" más recientes, como "la invasión de Checoslovaquia",
"la liquidación de la corriente en torno a Chiang Ching en 1976",
"la línea de Deng Xiao-ping a comienzos de los años 80, y así sucesivamente",
según las propuestas, "se exageraron tanto las verdaderas diferencias
que provocaron antagonismos y escisiones" (p. 29).
Por tanto, los autores de las propuestas están definitivamente preocupados
por la historia: comprenden bien que estas disputas están estrechamente
vinculadas con cuestiones vitales de línea. Así, los autores incluyen
su propia "historia" del MCI en la cual se lee: "Hasta 1956, mantuvo
su orientación revolucionaria y su unidad; su fuerza y su influencia
en el mundo jamás dejaron de aumentar. Para volver a aparecer en
el escenario mundial como corriente significativa, el Movimiento
Comunista Internacional debe reclamar su historia común".
En otras palabras, la cima del movimiento comunista internacional
fue el año 1956, antes del revisionismo de Jruschov, y "el sectarismo
y el ultraizquierdismo" condujeron a la desintegración de su
fuerza. Aparte de presentar a esta evaluación política como base
fundamental sobre la que reconstruir el MCI, se afirma que "diversas
opiniones sobre los méritos de Mao Tsetung permanecerán cierto tiempo
en el Movimiento Comunista Internacional".
¿Por qué "para desarrollar el movimiento marxista-leninista, es
necesario librar la lucha contra las ideologías social demócrata
y trotskista", como plantean los autores [énfasis agregado], mientras
que cuestiones tales como los "méritos" e Mao Tsetung no deben interferir
con "el deber de conservar la unidad del Movimiento Comunista Internacional"?
Esto se debe a que los autores, que escriben con tanta falsa humildad
sobre la necesidad de emprender la discusión científica, buscar
la verdad a partir de los hechos, etc., de hecho, ya han llegado
a la conclusión de que la dirección de Mao en la lucha contra
el revisionismo moderno, su análisis de la restauración del capitalismo
y del desarrollo del socialimperialismo en la Unión Soviética, la
Gran Revolución Cultural Proletaria, etc., fueron, en el mejor de
los casos, equivocados.
Los maoístas también empuñan y defienden todas las grandes proezas
del movimiento comunista internacional, incluidas la construcción
y la defensa del socialismo en la URSS bajo la dirección de Lenin
y Stalin. Pero también defendemos el penetrante análisis de Mao
sobre las contradicciones de la sociedad socialista, su evaluación
de los errores y puntos débiles de Stalin, y la línea que él desarrolló,
en gran parte sobre esta base, para llevar la revolución adelante.
Ciertamente, el conocimiento de Mao de la sociedad socialista en
la teoría y en su práctica de dirigir la Gran Revolución Cultural
Proletaria, no es simplemente su mayor contribución; concentra el
desarrollo cualitativo de Mao de la ideología revolucionaria proletaria,
de su posición, punto de vista y método. Es, ni más ni menos, que
el eje del maoísmo.
Por eso, todo esfuerzo de "unir el movimiento comunista" sin hacer
referencia a Mao significa unirse contra Mao. Y, de hecho,
esto es precisamente lo que las propuestas del PTB/PCBTU y el Seminario
del PTB quieren hacer. Mientras que las puertas del Seminario están
abiertas de par en par a una amplia variedad de fuerzas, incluidos
los rabiosos oponentes del maoísmo, al igual que algunos auténticos
revolucionarios, son las fuerzas del Movimiento Revolucionario Internacionalista
las que son excluidas7. Esto muestra una vez más que
el "pluralismo", o la práctica de tolerar lo que parecen puntos
de vista ampliamente divergentes, a veces oculta la supresión real
de la posición auténticamente proletaria revolucionaria.
Debido a su oposición al análisis de Mao sobre el socialismo
y a su liderato de la revolución socialista de China, los autores
de las propuestas desechan de manera tan despectiva la cuestión
de los acontecimientos en China después de la muerte de Mao Tsetung.
En esto, una vez más, la profesión de agnosticismo y la sinceridad
de los autores en realidad oculta una línea clara. El PTB apoyó
el derrocamiento de la línea de Mao por medio del golpe de Estado
de Jua y Deng, y desde entonces ha apoyado a los gobernantes revisionistas
chinos por las buenas y por las malas, como la destrucción de la
agricultura socialista, la campaña "enriquecerse es glorioso", la
masacre de la plaza Tien An Men de 1989, etc. En una conferencia
en la India en 1995, Nina Andreeva, la dirigente del PCBTU, declaró
que aquellos, como el MRI, que critican a los revisionistas chinos,
lo hacen porque "no tienen experiencia de construir el socialismo"8.
En realidad, sí tenemos experiencia de construir el socialismo,
y en concreto tenemos la experiencia de la Revolución Cultural y
el enorme ímpetu que dio al desarrollo del socialismo en todas las
esferas. No queremos la experiencia del tipo de "socialismo"
que caracterizó a la URSS durante sus últimos treinta años de existencia,
ni el "socialismo" que se practica hoy en China.
EL
MRI ES EL CENTRO EMBRIONARIO DE LOS MAOISTAS DEL MUNDO
Cuando en 1984 se fundó el Movimiento Revolucionario Internacionalista,
representó un gran paso para poner fin a la crisis en que se estaba
sumiendo el movimiento maoísta a nivel mundial y para establecer
un nuevo nivel de unidad ideológica, política y organizativa. La
formación del MRI tuvo el mérito de efectuarse sobre una clara base
ideológica y política, expresada en la Declaración del MRI.
En particular, reagrupó al núcleo de las fuerzas maoístas que habían
luchado contra la traición revisionista en China al tiempo que defendían
el desarrollo del marxismo-leninismo por Mao a una nueva y tercera
etapa. De esta forma, el MRI se deslindó claramente de las otras
tendencias que habían surgido del anterior movimiento maoísta, y
en particular de las tendencias prochina y proalbanesa que rechazaron
el pensamiento Mao Tsetung.
Sobre esta firme base política e ideológica inicial, el MRI pudo
establecer una estructura embrionaria organizativa y, por tanto,
con razón, declararse representar el centro embrionario de las fuerzas
maoístas del mundo. De hecho, en aquellos años, la tendencia principal
de las fuerzas maoístas fuera del MRI era huir rápidamente de cualquier
identificación con la línea revolucionaria de Mao Tsetung y la experiencia
del desarrollo de la revolución proletaria y la construcción socialista
en China bajo la dirección de Mao. En particular, la experiencia
de la Gran Revolución Cultural Proletaria, personificada en la dirección
de Chiang Ching, Chang Chun-chiao y otros héroes que fueron derrocados
con violencia por los seguidores del camino capitalista en China,
fue malinterpretada o incluso rechazada y denigrada por la mayoría
de las antiguas fuerzas maoístas.
Desde 1984, el MRI ha continuado avanzando. El hecho más importante
ha sido la adopción del Marxismo‑Leninismo‑Maoísmo por
el MRI en diciembre de 1993. Esta decisión fue el resultado de un
largo proceso de debate y lucha al interior del MRI, así como los
avances realizados en la aplicación del maoísmo en la práctica de
hacer la revolución, notablemente en el Perú, donde el Partido Comunista
del Perú, uno de los participantes en el MRI, ha estado dirigiendo
una auténtica Guerra Popular, pero igualmente en otros países.
Dado que la unidad política e ideológica del MRI aumentó con la
adopción del documento ¡Viva el Marxismo-Leninismo-Maoísmo!,
se adoptaron las medidas organizativas adecuadas para avanzar aún
más en la solidificación del MRI y en la dirección de una Internacional
Comunista de nuevo tipo, basada en el MLM.
Por supuesto que siempre han existido auténticas fuerzas maoístas
fuera del MRI. En particular, en los últimos años, como parte de
la intensa repolarización del movimiento comunista internacional,
un número de partidos y organizaciones han demostrado un renovado
interés sobre la necesidad de unir las fuerzas maoístas a nivel
mundial. Defender al MRI como el centro embrionario de los maoístas
del mundo no quiere decir en absoluto tener una actitud de "no ensuciarse
las manos" con estas fuerzas. Juntos, el movimiento maoísta en su
conjunto debe avanzar y avanzará aún más en la dirección de la Nueva
Internacional Comunista, que, de forma cualitativa, represente la
unidad del conjunto de las fuerzas maoístas del mundo. Pero este
proceso de avance y unificación se dará sobre la base de una línea;
es necesario dirigir este proceso, y no puede ser de otro modo.
No hay duda de que la lucha por una nueva Internacional Comunista
será prolongada y compleja. Todavía es necesario hacer un balance
de una serie de importantes cuestiones de la anterior experiencia
internacional, positiva y negativa, de unir a nivel mundial a los
comunistas. La lucha de clases y los acontecimientos internacionales
plantean constantemente nuevos problemas a resolver. Las fuerzas
comunistas revolucionarias son aún relativamente débiles, y nuestra
experiencia de desarrollar la lucha revolucionaria es, salvo algunas
excepciones, aún bastante limitada. Nuestra unidad organizativa
no puede echar por la borda el nivel de unidad ideológica y política
obtenido. Hoy vemos tanto la necesidad de una plataforma común para
los revolucionarios proletarios del mundo, como las dificultades
en la forja de dicha Línea General para el movimiento comunista
internacional. Todo ello es motivo para marchar adelante con audacia
pero concienzudamente en la lucha por unir a los marxista-leninista-maoístas
del mundo. Los intereses del proletariado internacional no demandan
otra cosa.
"Los proletarios no tienen nada que perder más que sus cadenas.
Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡PROLETARIOS DE TODOS
LOS PAISES, UNIOS!"
NOTAS
1. Durante la guerra de Vietnam, por ejemplo, un fenómeno significativo
fue la tendencia general en amplios sectores de proletarios en los
Estados Unidos, en especial proletarios negros, a identificarse
con los combatientes de liberación vietnamitas.
2. La actual tendencia hacia la "globalización" es una expresión
y una intensificación de estas dos tendencias de la época imperialista:
tener al mundo más entrelazado, fortaleciendo la base y la necesidad
para el internacionalismo proletario, e intensificar las desigualdades,
lo que acentúa la base y la necesidad de las luchas de liberación
nacional contra el imperialismo.
3. La lucha se complicó posteriormente a causa del papel traicionero
del Partido del Trabajo de Albania y su líder Enver Hoxha. Este
se opuso a los nuevos gobernantes chinos tras el golpe de Estado
de Deng, pero centró su atención casi exclusivamente en la crítica
a la "teoría de los tres mundos", e ignoró las cuestiones más esenciales
en la lucha en China, las que malinterpretó completamente. Pronto
se lanzó a ataques oportunistas contra el propio Mao Tsetung. Hoxha
se benefició igualmente de la falta de una estructura internacional
del MCI en sus esfuerzos por erigir a Albania como centro del MCI.
4. La Comuna de París en 1871 fue el primer intento del proletariado
de tomar el Poder. Pero la Comuna gozó de una breve existencia (sólo
90 días) y el movimiento era aún inmaduro.
5. Ciertamente, importantes tentativas revolucionarias se dieron
en Europa después de la Revolución de Octubre. En particular, se
dio la rebelión espartaquista en Alemania dirigida por Karl Liebknecht
y Rosa Luxemburgo, y la efímera república obrera en Hungría lidereada
por Bela Kun.
6. Los revisionistas siempre procuraron usar la lucha vietnamita
para exigir la "unidad del movimiento comunista", lo que para ellos
quería decir que debía desistirse y cesar la lucha contra el revisionismo
moderno. Esta posición igualmente la promovió el propio centrismo
del Partido de los Trabajadores de Vietnam en torno a las cuestiones
vitales de aquel momento. En realidad, sin embargo, fue la firme
posición del movimiento maoísta en apoyo de la lucha del pueblo
vietnamita, y en especial de la propia China revolucionaria bajo
la dirección de Mao, la que creó las condiciones externas más favorables
para el avance de esa lucha, incluyendo el estímulo a los elementos
más revolucionarios de Vietnam para luchar hasta un fin victorioso.
7. En 1996, de último momento "se le retiró la invitación" de participar
en el Seminario a UMQG. De forma similar, en 1997, de último
momento "se le retiró la invitación" de participar en el Seminario
al Partido Comunista Revolucionario de Estados Unidos, por su participación
en el MRI.
8. La Conferencia la organizó el Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista)
Janashakti, en Hyderabad.
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