UN MUNDO QUE GANAR
 


Lima, Perú: "No Hacer Presos"

Masacre Ordenada por Washington

           Una vez más, el gobierno peruano de Fujimori se ha cebado con sangre; y esa sangre ha salpicado al gobierno yanqui y otros gobiernos que hicieron posible la masacre a sangre fría de todos los militantes del MRTA que se apoderaron de la embajada.

           Justo después de la toma de la residencia del embajador japonés en diciembre de 1996, el gobierno envió a los Estados Unidos, ola tras ola, unidades especiales del ejército y la policía para entrenarse para una misión especial: la que acaban de cumplir con saña. ¿Puede alguien dudar que desde el momento en que se concibió este plan, su expresa intención, a fin de dar el mensaje que querían, era de no hacer presos?

           Después, la oficina del presidente Clinton alabó a Fujimori por "cumplir con los intereses de su gobierno y su pueblo". ¿Hubiera dicho eso si esta bárbara masacre no le conviniera al imperialismo yanqui? Cuando le preguntaron a los voceros del gobierno yanqui si desempeñaron algún papel en el asalto a la embajada, prácticamente guiñaron el ojo y sólo dijeron que no tuvieron notificación "oficial" previa. El propio Fujimori le dijo a la prensa que Vladimiro Montesinos, su mano derecha y conocido agente de la CIA, jugó un papel central. Aunque a la fecha se conocen pocos datos, la prensa ni siquiera se molesta en negar que fue una operación de los Estados Unidos.

           El propio Fujimori es una operación de los Estados Unidos. En vísperas de asumir la presidencia en 1990, lo mandaron llamar a Washington para decirle que tenía que implementar un programa económico completamente diferente al que delineó durante su campaña. En 1992, cuando ordenó la ejecución a sangre fría de más de 50 líderes y militantes presos del Partido Comunista del Perú (PCP), el gobierno yanqui le aumentó su ayuda económica y militar. El embajador yanqui aplaudió discretamente cuando meses después, ante las rencillas intestinas de la clase dominante que estaban mermando la capacidad de combatir del gobierno, Fujimori envió tanques al parlamento para disolverlo y tomó todo el poder en sus manos. A Fujimori le gusta pavonearse y dárselas de "hombre fuerte", pero para lo único que sirve es para hacer el trabajo sucio de los Estados Unidos.

           La residencia del embajador japonés era una réplica de la mansión esclavista de la película Lo que el viento se llevó. Pero el blanco de los militantes del MRTA que la tomaron no era el sistema que esclaviza al Perú, manejado por el capital extranjero, capitalistas criollos lacayos y tiranos feudales, a pesar de que sus rehenes eran destacados representantes de ese sistema. A cambio de su libertad, el MRTA exigía la libertad de sus militantes presos (unos 500 de los 4200 hombres y mujeres que el gobierno reconoce como presos políticos) y un "diálogo" para participar en un "proceso político" pacífico de tipo electoral.

           A pesar de los deseos del MRTA, los reaccionarios no los trataron a ellos con la misma gentileza con que ellos trataron a los reaccionarios. Desde el momento en que se iniciaron las negociaciones, empezaron a cavar túneles y a elaborar planes para matar a todos y cada uno de los rebeldes en cuanto fuera posible. De los tres individuos que formaban la "Comisión de Garantes" de las negociaciones, el asistente del jefe de la Cruz Roja Internacional en Lima fue expulsado del Perú la víspera del asalto; el arzobispo de Ayacucho, que muchas veces ha bendecido a las fuerzas armadas del gobierno y su sagrada trinidad de violación, tortura y masacres, decidió, curiosamente, irse de vacaciones ese día; el embajador canadiense, según dice la prensa, pudo haber aprovechado su visita a la embajada poco antes del asalto para facilitarlo.

           Los maoístas no nos oponemos a toda clase de negociaciones. Entrar o no en negociaciones en un momento dado es una consideración táctica, que se juzga según los intereses revolucionarios del pueblo. Pero, la estrategia de luchar para presionar al otro lado a negociar es ineludiblemente una trampa mortal. Como dijo Mao Tsetung, y como ha demostrado Fujimori nuevamente, los imperialistas y sus secuaces nunca dejarán de lado sus cuchillas de carnicero y nunca dejarán de ser sanguinarios carniceros. Y como también afirmó Mao, y se ha demostrado nuevamente, sin un ejército popular, nada tendrá el pueblo. La alianza reaccionaria de la clase dominante peruana y el imperialismo ha repetido la lección, a un terrible precio, de que el Poder nace del fusil.

           Desde 1980, el PCP (llamado "Sendero Luminoso" en la prensa), un partido participante en el Movimiento Revolucionario Internacionalista, viene dirigiendo a las masas populares, en especial al campesinado pobre, en la construcción de bases de apoyo revolucionarias en el campo. Ahí, los más pisoteados ahora detentan el poder político y empiezan a construir una sociedad completamente distinta. El objetivo es acumular fuerzas a lo largo de un período prolongado y cercar las ciudades desde el campo hasta que el pueblo armado constituya un ejército revolucionario con suficiente fuerza para conquistar el Poder en todo el Perú y transformarlo sirviendo a la revolución mundial. Las bases de apoyo (el apoyo organizado y armado del pueblo) son el "secreto" que ha permitido al PCP resistir constantes ataques y superar difíciles situaciones. Sin las bases de apoyo y el Ejército Popular de Liberación dirigido por el PCP, las fuerzas armadas reaccionarias, sin duda alguna, se desbocarían y ensañarían contra el pueblo, y destruirían al PCP. Esta Guerra Popular, que cuenta con gran apoyo en todos los continentes, es hoy más claramente que nunca la única esperanza de las masas peruanas y una gran fuente de inspiración para los pueblos del mundo. Hoy Fujimori y sus amos están borrachos de sangre, pero en la mañana, cuando se despierten, tendrán que hacer frente a la realidad. Por todo el mundo se está repudiando este crimen y a los responsables, y sacando lecciones.

           Buró de Información del Movimiento Revolucionario Internacionalista

           23 abril 1997