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Nuevo Repunte de Lucha en las Mazmorras de Turquía
Después de un prolongado período en que las disputas en el seno
las clases gobernantes de Turquía no pudieron dar ni siquiera la
imagen de un gobierno, un repunte de la lucha en las mazmorras de
Turquía puso a prueba la nueva coalición gobernante.
Desde que en la primavera de 1995 la tormenta de la rebelión de
las masas estremeció las barriadas obreras en los alrededores de
Estambul, como la de Gazi Mahallesi y otros lugares, un nuevo espíritu
de protesta combativo y de lucha ha venido creciendo en Turquía.
La lucha se agudizó entre los miles de presos políticos contra los
programas de "reforma" de último recurso del Estado.
Los presos políticos en la prisión de Buca (Izmir) se levantaron
para parar este ataque, en septiembre de 1995, pero tres de ellos
fueron martirizados. Unos meses después, en enero de 1996, los presos
de Umraniye, en Estambul, se enfrentaron con valentía a las fuerzas
armadas del Estado, dentro de la prisión, en defensa de su identidad
revolucionaria y cuatro más fueron masacrados.
En la primavera de 1996, el nuevo gobierno de coalición islámico
aceleró la reestructuración de los programas para destruir esta
creciente resistencia dentro (y fuera) de las prisiones con el pretexto
de nuevas "reformas".
La respuesta de los reclusos fue amplia y veloz. Para el 20 de mayo
de 1996, 1.500 presos políticos revolucionarios se habían lanzado
a una huelga de hambre indefinida para rechazar esta nueva embestida
del Estado. Participaron presos de cerca de 41 penales de 38 diferentes
ciudades.
Para el 3 de julio de 1996, 159 presos políticos que estaban en
huelga de hambre indefinida, decidieron continuarla hasta vencer
o morir, exigiendo que las tácticas del Estado para crear colaboradores
y soplones cesaran, que las prisiones tabutluk (con pequeñas
celdas unipersonales del tamaño de un ataúd), en especial, la de
Eskisehir, desaparecieran. También exigían el fin de todos los ataques
e intimidaciones a los familiares de los presos y a la tortura,
las ejecuciones y las desapariciones por el Estado, así como el
derecho a un abogado defensor y atención médica. Su llamado también
incluía un fin al terror del Estado contra el pueblo trabajador,
ante todo el pueblo curdo, y el fin de la barbarie en las prisiones
de Erzurum y Diyarbakir en el oriente del país, en Curdistán.
El 13 de julio, 62 presos más se unieron a la huelga de hambre "hasta
la muerte", sumando un total de 221 huelguistas. Fuera de las prisiones,
el apoyo comenzó a crecer a saltos, se dieron batallas campales
callejeras en varias ciudades, así como choques entre las madres
de los presos y la policía, y la lucha rápidamente se extendió a
las universidades y otras escuelas. En Gazi, los jóvenes tomaron
la ofensiva atacando a los uniformados.
Con la inminente muerte de muchos huelguistas y con el apoyo explosivo
afuera, la creciente lucha de los reclusos obligó al gobierno a
maniobrar y por fin retroceder. Después de la muerte de 12 huelguistas
de hambre, el Estado cedió en algunas de sus reformas represivas,
en particular la del traslado de más presos políticos a la odiada
"cárcel de la muerte" Eskisehir. (Los mártires formaban parte de
grupos revolucionarios de izquierda, como el Partido Comunista de
Turquía [Marxista-Leninista], participante en el MRI.) Había otros
20 presos en estado de salud crítico y en peligro de muerte conforme
los días transcurrieron, algunos en estado de coma, con ceguera
permanente o daños irreparables en sus órganos.
Al momento de anunciar el acuerdo sobre algunas de las demandas,
con el fin de aplacar el descontento público en Turquía y el mundo,
el gobierno empezó a maltratar a los huelguistas en los hospitales.
La policía interfería con su tratamiento médico y les aplicaba ciertas
formas de tortura. Aunque tuvo que cumplir con algunos aspectos
de los acuerdos del 27 de julio dentro y fuera de las prisiones
en las grandes ciudades, el Estado aceleró sus embestidas en las
pequeñas prisiones y aplicó medidas especialmente drásticas en las
cárceles del oriente de Curdistán, incluyendo Diyarbakir y Erzurum.
A fines de septiembre, el Estado llevó a cabo otra masacre en Curdistán,
para poner la situación bajo control en las prisiones y lanzar una
nueva operación de contrainsurgencia contra el PKK [Partido de los
Trabajadores de Curdistán] y el pueblo curdo, después de que el
PKK dio fin al cese al fuego. En Diyarbakir, el gobierno mató a
diez prisioneros, hirió a 20, y trasladó a muchos más a otros penales.
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