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Reseña
de libro
Malaya: El abandono de la revolución
My Side of History
Chin
Peng
(Singapur:Media Masters, 2003)
S.R., un revolucionario veteranode Malaya1
Durante los siglos 19 y 20, Malaya presenció muchas largas
y arduas luchas de la población plurinacional2 contra la
dominación colonial y la opresión semifeudal. Sin
embargo, en noviembre de 1969 unos acontecimientos nuevos y sorprendentes
despertaron al país, sobre todo a los pobres y explotados.
La política de repente daba inspiración. Como un soplo
de aire fresco, de las grises fábricas a los brillantes campos
verdes, de los albergues universitarios a las celdas de prisiones,
una gran expectación se apoderó del país: las
transmisiones de la emisora “La voz de la revolución
malaya” desde la entonces China PopulaReseña de libro Malaya:
El abandono de la revolución My Side of History Chin Peng
(Singapur:Media Masters, 2003) S.R., un revolucionario veteranode
Malaya1 Durante los siglos 19 y 20, Malaya presenció muchas largas
y arduas luchas de la población plurinacional2 contra la dominación
colonial y la opresión semifeudal. Sin embargo, en noviembre de
1969 unos acontecimientos nuevos y sorprendentes despertaron al
país, sobre todo a los pobres y explotados. La política de repente
daba inspiración. Como un soplo de aire fresco, de las grises fábricas
a los brillantes campos verdes, de los albergues universitarios
a las celdas de prisiones, una gran expectación se apoderó del país:
las transmisiones de la emisora “La voz de la revolución malaya”
desde la entonces China Popular revolucionaria informaron a los
pobres y oprimidos de las heroicas batallas que llevaban a cabo
y ganaban los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional Malaya.
Dieron esperanza a los que no la tenían. La emisora rebelde,
Suara Revolusi como se llamaba en malayo, lanzó la primera
declaración en mucho tiempo del Partido Comunista de Malaya: “¡Mantener
en alto la gran bandera roja de la lucha armada y seguir valientemente
adelante!” El resurgimiento de la lucha armada revolucionaria signó
el 20º aniversario de los primeros disparos de la larga guerra de
liberación nacional contra la Inglaterra colonizadora. Durante la
mayor parte de los años 1970, el país bullía ante las transmisiones
de noticias y análisis.
Desde su formación, el Partido Comunista de Malaya (PCM) participó
en la lucha para la liberación. Pero desde la muerte de Mao Tsetung
en 1976 y el fin de la Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP),
en Malaya se fue disminuyendo la lucha revolucionaria. Hasta hace
poco, los líderes del PCM han dicho poco. A fines de los años 1990
los líderes del PCM rompieron el largo silencio con su vesión de
la prolongada y trágica saga del movimiento revolucionario malayo.
Abdulla Che Dat (“CD”), presidente del PCM, y su esposa, un miembro
del Comité Central, Eng Ming Ching, conocida como Suraini Abdulla,
escribieron sus versiones de los acontecimientos, en 1998 y 1999
respectivamente, en malayo: Perang AntiBritish dan Perdamaian (La
guerra antibritánica y la paz) de Abdulla CD (Hong Kong: Ediciones
Nan Dao, 1998) y Rejimen Ke10 dan Kemerdekaan (La independencia
y el X regimiento) de Suraini, de la misma editorial. El gobierno
de Malaysia prohibió ambos libros y, por lo tanto, no se consiguen
en malayo.
Chin Peng (su nombre chino: Chen Ping), secretario del partido y
líder de facto desde 1947, lanzó My Side of History (Mi versión
de la historia) en septiembre de 2003. En algunos aspectos es un
relato definitivo de los acontecimientos y contiene muchas anécdotas
muy interesantes. También contiene apologías y reconocimientos de
los errores suyos y del partido. Desafortunadamente, al igual que
Abdulla CD y Suraini, Chin Peng habla poco del nivel ideológico
comunista y de la línea política del partido, que supuestamente
guiaban sus actividades. Esto de por sí es revelador. Durante las
décadas en que Chen Ping encabezó el partido (de 1959 a 1989), vivió
en China. Este período abarca los tumultuosos años de la GRCP, posición
excepcional desde la cual Chen Ping pudo informar sobre los acontecimientos
históricos de la época y hasta entrevistarse con Mao Tsetung, pero
los lectores del libro que busquen un análisis de esos sucesos se
decepcionarán.
La historia del PCM
Hoy, Malaysia tiene una población de más de 20 millones, principalmente
malayos, chinos e indios3.También viven pequeñas poblaciones de
pueblos autóctonos en la selva o en los límites de la misma como
comunidades tribales que se dedican a cultivos semifijos, la caza
y la pesca. En el período colonial la mayoría de los malayos eran
pequeños agricultores o campesinos. La estructura de poder de la
sociedad estaba altamente estratificada, con los sultanes en la
cima. Los gobernantes feudales estaban subordinados a los gobernantes
británicos, que les habían dejado sin poder sobre el pueblo. No
eran más que testaferros. La sociedad era agraria, con latifundistas
y campesinos, y muchos aparceros. No hubo industria, y por ende
casi ninguna burguesía ni proletarios. Con el colonialismo británico,
se convirtió la Malaya feudal en una sociedad colonial y semifeudal.
En el siglo 19, los británicos trajeron a tantos obreros migrantes
chinos a Malaya que éstos llegaron a formar el mayor grupo étnico
hasta los años 1950.
El Partido Comunista de Malaya se fundó en abril de 1930 en una
aldea cerca de Kuala Pilah, del estado de Negri Sambilan. Antes,
se organizó como sección sur de ultramar del Partido Comunista de
China (PCCh): Partido Comunista de Nanyang (Partido Comunista de
los Mares del Sur, en mandarín). Lo construyeron casi exclusivamente
los obreros inmigrantes chinos y los que huyeron de la persecución
en China, sobre todo después del baño de sangre contrarrevolucionario
de 1927 que desató el Partido Nacionalista del Kuomintang de Chiang
Kaishek. Tras una directiva de la Oficina del Lejano Oriente de
la Comintern con sede en Shanghai, se celebró el primer congreso
del partido, y el 30 de abril de 1930 se fundó oficialmente el PCM.
Uno de los representantes de la Comintern en el congreso fue Ho
Chi Minh, el famoso revolucionario vietnamita e importante impulsor
de la fundación del movimiento comunista indochino. En los primeros
años, el PCM era una organización clandestina y padecía enormes
dificultades y severa represión bajo las autoridades coloniales
británicas. Éstas hicieron muchas detenciones de miembros del partido,
sospechosos de ser miembros del mismo y simpatizantes. En Singapur,
por ejemplo, entre 1931 y 1935, la policía allanó 432 casas y escondites
de miembros del partido. Deportaron a muchos detenidos a China,
pero también los encerraron en las prisiones del país. No obstante,
el partido logró organizar a los obreros en las plantaciones, minas
y en el transporte y a los estudiantes en las escuelas chinas (o
sea, las escuelas donde se impartían las clases en mandarín). Cuando
el imperialismo occidental inició la Guerra del Pacífico contra
Japón, que coincidió con la Operación Barbarossa de Hitler contra
la entonces Unión Soviética socialista, el PCM propuso a las autoridades
coloniales británicas un frente unido de resistencia contra la conquista
de Asia por Japón, a cambio de la liberación de sus miembros de
las prisiones. En esos años de colaboración entre el partido e Inglaterra,
el PCM organizó el Ejército Antijaponés del Pueblo Malayo (EAJPM)
para realizar operaciones guerrilleras “detrás de las líneas enemigas”
de los nuevos ocupantes del país, los japoneses. Inglaterra entrenó
y armó a los guerrilleros para hacer redadas, emboscadas y sabotaje.
El acuerdo duró de 1941 a 1945.
Cuando terminó la II Guerra Mundial en 1945, Inglaterra volvió a
ocupar a Malaya. Debido a la línea capitulacionista del entonces
secretario general, Lai Te, el PCM cooperó con los colonialistas
británicos. Después, el Comité Central del partido descubrió que
Lai Te era un espía encubierto de los británicos y de los japoneses.
En 1947 la dirección del PCM desenmascaró y eliminó al espía, pero
la línea capitulacionista de la dirección del partido seguía prevaleciéndose.
El partido nunca llevó a cabo una lucha política e ideológica entre
las dos líneas contra la línea política reformista y antiproletaria.
El partido cayó al abismo en la posguerra (194548): sostuvo que
adoptar un programa economista y en especial sindicalista, era la
mejor opción. Sin embargo, principalmente por razones cuantitativas
y de prestigio, Chin Peng declara que ésos eran los días de mayor
fuerza del PCM. La Administración Militar Británica reprimió brutalmente
al PCM (que ya había reclutado a sectores de la clase obrera y de
los campesinos de las nacionalidades malaya e india) y a las organizaciones
de masas bajo el control o influencia del partido. A mediados de
1948 ya era imposible para el partido funcionar abiertamente, y
de nuevo tuvo que entrar en la clandestinidad.
Entre 1948 y 1959
el PCM lanzó de nuevo la guerra de guerrillas contra los británicos.
El PCM la llamó la Guerra Antibritánica de Liberación Nacional,
pero los británicos (y después los gobiernos títeres coloniales
de Kuala Lumpur y Singapur, a quienes se “traspasó” el poder en
1957 y 1965 respectivamente), la llamaron la Emergencia (194860).
En esos años, Inglaterra intervino con sus fuerzas armadas de élite
y 24 batallones de soldados mercenarios de Fidji, África y Australia,
y soldados Gorka de Nepal. Además, obligó a varios regimientos malayos
del ejército títere británico, la policía militarizado auxiliar
y los “guardias de la patria” de la ciudadanía a combatir a los
ocho mil elementos del Ejército de Liberación Nacional Malaya (ELNM)
y la retaguardia de 60 mil miembros del Min Yuen (el movimiento
de masas del PCM). Los imperialistas británicos lanzaron ataques
aéreos, artillería, tanques, vehículos blindados y lo último de
armamento moderno. La contrainsurgencia británica se acompañó de
las más sanguinarias tácticas militares contra la población civil
del campo. Si bien una contienda muy desigual, Inglaterra nunca
logró vencer del todo a la rebelión. La Administración Militar Británica
aisló al ELNM de su base de la población civil rural, a la cual
evacuó a la fuerza de los pequeños y dispersos cultivos de paracaidistas
y concentró en las “nuevas aldeas” bajo vigilancia constante rodeadas
de alambre de púas. La dirección del partido decidió retirarse al
norte de la frontera y establecer campamentos en el sur de Tailandia.
A Chin Peng, para quien se ofrecía una recompensa, lo habían vilipendiado
tanto (llamándolo el líder de los “terroristas comunistas” y “el
hombre más buscado del imperio británico”) que se tenía que pronunciar
su nombre en susurros.
En 1955, Chin Peng encabezó un equipo de
negociadores en las Negociaciones por la Paz de Baling. Chin Peng
y el equipo abandonaron las negociaciones, porque el “ministro principal”
títere de Malaya, Tunku Abdul Rahman, exigió la rendición total
del PCM. En 1975, el partido reconoció los errores de su línea oportunista
de derecha (la “transición pacífica al socialismo” y el espejismo
de la política parlamentaria) de mediados de los años 1950 a 1961
(bajo la influencia de Jruschov y Liu Shaochi).
El partido volvió a lanzar la guerra de guerrillas contra la Malaya
“independiente”, que se llamaba Malaysia a partir de mediados de
los años 1960. Esta vez, en el contexto de la Gran Revolución Cultural
Proletaria de China, varias humillantes derrotas de las tropas estadounidenses
a manos del pueblo vietnamita y la gran ola mundial de lucha contra
el imperialismo encabezado por Estados Unidos, el PCM anunció una
lucha armada revolucionaria de liberación nacional para librar una
“revolución de nueva democracia” en Malaya. El partido se declaró
partidario del marxismoleninismopensamiento Mao Tsetung y se proclamó
“la vanguardia del proletariado y el máximo organismo del proletariado
organizado” y el “núcleo” que “dirige la revolución malaya” contra
“el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático” (Nuevos
Estatutos del PCM, mayo de 1972). El partido también dijo que corregía
los errores del oportunismo de derecha del pasado y que, como en
otos países neo y semicoloniales y semifeudales del tercer mundo,
seguía el camino de la guerra popular prolongada, de cercar las
ciudades desde el campo y de tomar el poder nacional con las armas.
Entre 1967 y 1977 los medios de comunicación del país informaban
de redadas armadas y emboscadas del ELNM liderado por el PCM, contra
la policía armada y las fuerzas armadas de lo que el partido llamaba
“el gobierno títere” del imperialismo, principalmente del británico.
A partir de 1969 las transmisiones del partido, “La voz de la revolución
malaya”, desde Junán en el sur de China, informaban de batallas,
victorias y derrotas y del análisis de los acontecimientos y de
la situación interna y mundial, en malayo, chino (mandarín), tamil,
inglés y varios dialectos chinos no mandarines. Fue una gran inspiración
para muchas personas de diferentes nacionalidades y sectores sociales.
Grandes cantidades de jóvenes con simpatías revolucionarias, sobre
todo los malayos chinos proletarios, ingresaron al ELNM y al Frente
de Liberación Nacional Malaya, a pesar de la enorme represión bajo
el “estado de emergencia”, en que se suspendieron las libertades
civiles fundamentales. Era motivo de encarcelamiento indefinido
sin juicio la posesión de literatura revolucionaria o de ejecución
o desaparición la captura en una zona de operaciones militares de
las “fuerzas de seguridad” de “Malaysia” o tailandesas.
La GRCP, que sembraba temores de un levantamiento revolucionario
en el seno de los privilegiados y poderosos del mundo y que encendía
esperanzas en el seno de los oprimidos y explotados, incidió en
Malaysia. La China revolucionaria dio apoyo al proletariado de Malaya,
como al de todo el mundo, en la forma de bases ideológicas y políticas
para las tempestades que se avecinaban. En las organizaciones de
izquierda de muchos países, se luchó contra las tendencias e influencias
oportunistas de derecha o revisionistas y se pusieron al desnudo
las posturas y puntos de vista correspondientes. En cierta medida
se dio el mismo fenómeno en Malaysia y en el PCM. La política parlamentaria,
las elecciones burguesas y el sindicalismo fueron blanco de intensas
críticas en toda la península malaya y en Singapur. Las instrucciones
del presidente Mao Tsetung “se justifica la rebelión contra los
reaccionarios”, “el poder político nace del fusil”, “sin un ejército
popular, nada tendrá el pueblo” y “nada es imposible en el mundo
para quien se atreve a escalar las alturas” resonaron en el corazón
de los jóvenes de Malaya y otros países.
Después de la muerte de Mao Tsetung y del golpe de Estado contrarrevolucionario
de 1976, cayó dramáticamente el nivel de los combates armados contra
las fuerzas armadas de Malaysia y fueron extinguiéndose de mediados
de los años 1970 a la “década perdida” de los años 1980. En 1989
la dirección del partido suspendió formalmente la lucha armada,
y firmaron un acuerdo al respecto el gobierno y el partido. En el
acuerdo negociado por medio del gobierno tailandés, el partido reconoció
al rey feudal y al gobierno de “Malaysia,” lacayo del imperialismo.
La
contrainsurgencia británica: Dos perspectivas, dos historias
Han escrito mucho sobre
la “Emergenia”, sobre todo los historiadores británicos que comparten
el punto de vista colonial y los antiguos oficiales británicos.
Las obras de los expertos en contrainsurgencia como Kitson y Thompson
dicen que la “campaña malaya” era “un gran éxito”, y en la prensa
y en el mundo académico reciben muchas loas, en muchos casos en
contraste con el fracaso de la guerra estadounidense contra Vietnam.
Unos oficiales británicos organizaron una fuerza armada clandestina,
Fuerza 136, que colaboró con el Ejército Antijaponés del Pueblo
Malayo dirigido por el PCM en operaciones clandestinas conjuntas
contra el gobierno japonés de Malaya. El enlace del PCM con los
agentes secretos británicos en la entonces Malaya fue Chin Peng.
Por lo tanto, éste da un relato presencial fascinante de los acontecimientos
grandes y pequeños, desde el punto de vista de un partidario apasionado.
Otros libros sobre esos años los han escrito militares y empleados
del gobierno británico. John Cross (Red Jungle, Londres, 1957) y
Spencer Chapman (The Jungle is Neutral, Londres, 1949) eran oficiales
de inteligencia del ejército británico que detrás de las “líneas
enemigas” (japonesas) trabajaron con los guerrilleros del EAJPM.
Son historias de la guerra de guerrillas antijaponesa desde adentro,
son bastante imparciales (al menos en cuanto al racismo) y dan descripciones
detalladas y acertadas de los cuadros del PCM en los campamentos
secretos de la selva.
Aunque en la mayoría de tales libros se jactan
del triunfo de Inglaterra sobre el PCM y de las medidas draconianas
aplicadas en los “combates contra los terroristas comunistas”, hay
excepciones. El análisis de John Newsinger (profesor de historia
en la Universidad de Bath) de la ocupación japonesa y de la “Emergencia”
(en el artículo, “La memoria militar en la cultura imperial británica:
El caso de Malaya”, que se publicó en la revista radical Race &
Class #35, 3, 1994), denuncia a fondo los crímenes de guerra británicos
contra el pueblo malayo. El punto fuerte del libro de Chen Ping
es el testimonio sobre el horror y brutalidad que acompañaron la
represión de la rebelión, como la evacuación forzosa de medio millón
de campesinos pobres de origen chino y su traslado a las “aldeas
nuevas”. Se suele decir que tal crimen, conocido como el “Plan Briggs”
(por el general Harold Briggs, el nuevo director de operaciones
en 1951), y la implacable persecución de los guerrilleros del PCM
en la selva, lograron “inclinar la balanza en contra” de la campaña
antibritánica del partido. A pesar de la propaganda de “ganar mentes
y corazones” en los escritos de la mayoría de los historiadores
y periodistas británicos y procoloniales, las atrocidades y atropellos
contra la población civil no armada fueron el pan de todos los días.
Aparte de decapitar a prisioneros y masacrar a civiles, aplicaron
la estrategia de “dividir para conquistar”, que contribuyó a aislar
el ejército guerrillero (conformado principalmente de personas de
origen chino) de las fuentes de comida y de los “ojos y oídos” del
gran campesinado malayo y de los trabajadores indios de las plantaciones.
Muchos historiadores que tienen alguna simpatía hacia la situación
de las masas, hablan de la manera “ilustrada” en que Inglaterra
libró las guerras contrarrevolucionarias. Newsinger y otros historiadores
afines señalan exclusivamente las debilidades políticomilitares
del partido y dicen que el PCM nunca debió haber recurrido a la
lucha armada, porque era inevitable que tarde o temprano los británicos
“sofocarían la rebelión comunista”. Para quienes desean conocer
a fondo la historia del movimiento revolucionario malayo, la información
disponible hasta ahora es muy parcial.
Está por escribirse un balance
global de la “Emergencia” y de la lucha armada de 196676 que tratase
la dimensión ideológicapolítica fundamental, principalmente la línea
política del PCM. Por lo general la dirección del partido no ha
dicho nada, salvo unas pocas declaraciones y un breve esbozo de
a historia del PCM (“El curso brillante y combativo del Partido
Comunista de Malaya”, 1975), y a pesar de la oportunidad de difundir
su punto de vista por la emisora Suara Revolusi. El libro de Chen
Ping no es una historia del Partido Comunista de Malaya ni un balance
global de la Emergencia. En sus propias palabras, es el “registro
de mi viaje”, de un “sueño” que tuvo “para su país”. Dice que su
generación “soñó con deshacerse del colonialismo británico en Malaya.
Estoy orgulloso de ese hecho”. Sin lugar a dudas, era justa la lucha
para poner fin al colonialismo, pero ¿por qué se necesitaba un partido
comunista para dirigirla? Chen Ping, desafortunadamente, no da ni
una pista, pues no hace un análisis de clases de la sociedad malaya
bajo el gobierno colonial británico.
Chin Peng dice que las obras
que pesaron en su formación antes de ingresar al partido eran obras
filosóficas marxistas, los escritos militares de Mao (sobre todo
“Sobre la guerra prolongada”) y Estrella roja sobre China, de Edgar
Snow, todos prestados por un profesor suyo. ¿Cómo aplicó lo que
aprendió a la realidad de Malaya? ¿Cómo rompió con el nacionalismo
estrecho y abrazó el internacionalismo, la lucha de clases y la
revolución bajo una ocupación extranjera? ¿Cómo analizó el carácter
(de clase) de la sociedad malaya? Para el partido, ¿qué fue la forma
más eficaz de unir la población de todas las nacionalidades de Malaya
y de movilizarla para una guerra revolucionaria que derrocase todas
las formas de la opresión? ¿Cómo analizó el partido el objetivo
del enemigo de dividir las diversas nacionalidades para conquistarlas
y cómo vencer sus estratagemas políticas? ¿Cómo proponía aplicar
la línea de masas de Mao Tsetung en el campo, si su base de apoyo
(principalmente de la población de origen chino) estuviera aislada
del ejército guerrillero? ¿Cómo proponían que los guerrilleros del
ELNM nadasen como peces en el mar de las masas? ¿Cómo analizó el
partido las importantes contradicciones y luchas al interior del
mismo? ¿Comprendió la dirección del partido que la lucha entre las
dos líneas era dinámica, que era la fuerza motriz del avance del
partido? ¿Cómo rompió la dirección del partido con la línea política
de derecha de los años antes de que adoptara la línea general para
la revolución de nueva democracia? Éstas y otras preguntas críticas
exigen respuestas.
Chin Peng decidió ingresar al PCM y no al Kuomintang
(que también tenía una presencia importante en la Malaya británica)
en gran medida debido al veloz curso de los acontecimientos en China
en ese momento. Eso era de esperarse en cierto sentido a causa del
carácter altamente segregado de la entonces sociedad malaya y la
muy limitada interacción entre las diferentes nacionalidades. Mucha
gente (sobre todo en las comunidades chinas de la península malaya
y Singapur) sostenía que el Kuomintang (bajo Chiang Kaishek) oponía
poca o ninguna resistencia a la invasión japonesa de China. Chin
Peng contempló unirse a la guerra de resistencia contra Japón en
China, pero de estudiante de preparatoria colaboró más con la “Sociedad
de apoyo antienemigo” iniciada y dirigida por el PCM, cuyo fin era
movilizar gente y organizar apoyo para la guerra contra los japoneses
en Malaya.
El relato de Chin Peng de la guerra del partido contra
los japoneses y de la traición del agente de la policía secreta,
Lai Te, es cautivante, y en él se aprecia a fondo las enormes contribuciones
del partido y de sus partidarios en esos años a la “liberación de
Malaya”. Lo que nos llama la atención ahora es que Lai Te, durante
la guerra antijaponesa, delató muchas veces a los miembros del Comité
Central del partido, pero ningún miembro de alto nivel del PCM nunca
cuestionó las directivas del mismo. Ante la rápida capitulación
del partido a Inglaterra después de esa guerra, es necesario analizar
a fondo su concepción de la revolución y su carácter de clase. Por
la falta de claridad ideol!gica y política, la dirección del partido
(en el entonces mundo turbulento) no captó la tarea central de entonces:
librar una guerra de liberación nacional y llevar a cabo las tareas
de una revolución de nueva democracia. . . incluso después de desenmascarar
y eliminar a Lai Te. De 1945 a 1948, como el partido decía que una
guerra de liberación nacional contra el gobierno británico no era
factible ni necesaria, sostuvo que la única opción que le permitiría
conservar su trabajo abierto y legal era la construcción “legal”
de organizaciones de masas y de trabajadores. Siguió la línea de
Lai Te sin él.
En mayo de 1948, la dirección del PCM (entonces dirigido
por Chin Peng) decidió pasar a la clandestinidad y librar la lucha
armada contra el gobierno colonial británico, porque se vio en la
necesidad de hacerlo, y no por comprender claramente que el proletariado
tiene que tomar el poder político por la fuerza de las armas ni
que la única justificación por tener un partido comunista es para
servir a ese objetivo y colocar a la clase que dirige (el proletariado)
en el Poder. El libro de Chin Peng no habla de esta tarea central
de un partido proletario. Pero la apremiante tarea del momento es
explicar por qué y cómo se llegó a abandonar la lucha revolucionaria
de Malaya por la liberación nacional y por la transformación de
la sociedad, para que las futuras fuerzas para la liberación puedan
evitar los mismos errores y sobreponerse a las dificultades. La
dirección del PCM abandonó su deber hacia las futuras generaciones.
Es mucho más decepcionante (en una persona de la estatura de Chin
Peng) esta gran ausencia de ideología comunista y de no aplicar
la ciencia de la revolución para analizar las complejidades de un
país de diferentes nacionalidades con diversas lenguas y culturas,
y clases y capas sociales y para armar a las masas para poder aprehender
más firmemente la metodología científica.
El rechazo de la experiencia socialista de la China revolucionaria
“Si en el futuro los revisionistas
usurparan la dirección en China, los marxistasleninistas de todos
los países deberían denunciarlos y combatirlos sin tregua y ayudar
a la clase obrera y a las masas de China en la batalla contra los
revisionistas”. Mao Tsetung, 1965
En los años tras la muerte del
presidente Mao y la derrota de la Gran Revolución Cultural Proletaria
de China, es decir tras el arresto de los cuatro líderes principales
del cuartel general proletario revolucionario, Chiang Ching, Chang
Chunchao, Wang Hungwen y Yao Wenyuan, el PCM dijo muy poco de China
y de aprender de la experiencia revolucionaria de la misma. Aclamó
a Jua Kuofeng como “líder sabio”, lo que en el mejor de los casos
evidenciaba confusión sobre los dos caminos (capitalismo versus
socialismo) en China y fuertes debilidades en su interpretación
de lo que entonces se llamaba marxismoleninismopensamiento Mao Tsetung
y sobre todo de las lecciones de la GRCP sobre la continuación de
la revolución bajo la dictadura del proletariado y la lucha de clases
en el socialismo. De ahí en adelante, no dijeron nada sobre China
ni la lucha contra el revisionismo contemporáneo.
En 1998, el nuevo
presidente del PCM, Abdulla CD, y casi ni menciona la situación
internacional de ningún período. Su esposa, Suraini, habla de la
“China socialista” en su defensa de la China revisionista, es decir,
después de la muerte de Mao (en un ataque a un anterior presidente
del PCM, Musa Ahmad). Musa Ahmad era un nacionalista malayo antibritánico
de la posguerra, que luego se unió al PCM antes de la Emergencia.
También era un líder importante del Frente Campesino Malayo dirigido
por el PCM. El partido lo mandó a China después de que el ELNM sufrió
reveses militares a fines de los años 1950. En octubre de 1980,
Musa abandonó el partido y regresó a Malaya. Luego, renunció al
comunismo, al partido y a la lucha armada. El libro de Suraini dice
que Musa apoyó a la “Banda de los Cuatro” dirigida por Chiang Ching,
“cuando estalló la Gran Revolución Cultural” y que los Cuatro “alentaron”
las “despreciables actividades contra el PCM” de Musa. En las páginas
180186, se lee que en 1999 el PCM dijo que la China revisionista
era socialista, ya que se insinúa que Musa “calumnió al Partido
Comunista de China y a la China socialista”. Chin Peng sobre la
Gran Revolución Cultural Proletaria
Las declaraciones oficiales
del PCM elogiaron mucho a la Revolución Cultural de China durante
los años álgidos. El 1º de junio de 1968, con motivo del 20º aniversario
del comienzo de la guerra de liberación contra Inglaterra y el 25
de abril de 1970, con motivo del 40º aniversario de la fundación
del partido, éste lanzó declaraciones que llamaban a desarrollar
enérgicamente un movimiento revolucionario de apoyo a la lucha armada
del ELNM contra el gobierno títere de los imperialistas. Las declaraciones
aclamaron la GRCP. En el análisis de 1974 de las nuevas relaciones
de China con Malaya, el PCM dijo: “Después de templarse en la Gran
Revolución Cultural Proletaria, la China socialista se ha vuelto
más fuerte que nunca. La línea revolucionaria proletaria del presidente
Mao y la línea revolucionaria sobre asuntos exteriores han obtenido
grandes victorias. China ha alcanzado éxitos notables en la revolución
y construcción socialistas. Como bastión revolucionario inexpugnable,
hoy aumentan las importantes contribuciones de China a la revolución
mundial” (citado en Broadsheet, China Policy Study Group, Inglaterra,
agosto de 1974).
De la Revolución Cultural se ha dicho que tocó
el alma de la nación china y de las personas con simpatías revolucionarias
del mundo. Estaba en juego el futuro de una parte liberada de la
humanidad y, de mayor importancia, de un faro rojo para los condenados
de la tierra, que anhelaban un mundo mejor. Chin Peng dice poco
de las actiidades que desarrolló cuando estuvo en China de 1959
a 1989. Nadie que entonces viviese en China pudo haberse excluido
de las tumultuosas jornadas de la GRCP; al parecer también impactaron
a Chin Peng. Pero en sus reminiscencias, ¡qué poco escribe sobre
la Revolución Cultural! Él y otros líderes del PCM radicados en
China se entrevistaron con el presidente Mao Tsetung en las primeras
etapas de la Revolución Cultural.
Chin Peng dice que en 1967 Mao
le preguntó sobre las conversaciones entre el PCM y el PCCh y “específicamente
quería hablar con nosotros sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria”.
Pero no indica qué dijo Mao sobre la GRCP ni qué punto de vista
tenía en ese momento. Observa: “Rápidamente capté que Mao se había
quedado muy aislado de la dirección del partido” (p. 447). En este
comentario y en su observación de que el Comité de la Revolución
Cultural del PCCh dirigido por Kang Sheng se había cobrado más peso
que el Secretariado del Comité Central del partido dirigido por
Chou Enlai, se ve que él sostenía que Mao estuvo aislado política,
si no ideológicamente, de personas como Chou Enlai y Deng Xiaoping.
Chin Peng habla de “un desbordamiento de locura proveniente de la
Revolución Cultural” que afectaba a su partido (p. 468). Así interpretó
la Revolución Cultural: no como si pusiera de manifiesto las contradicciones
internas de la sociedad socialista y que impulsara abiertamente
debates y luchas que determinarían el futuro de China, es decir,
si China continuara por el camino revolucionario socialista o si
tomara el camino capitalista y restaurara el capitalismo; no como
si fuera una trascendental lucha de vida o muerte sobre la línea
general del partido en el socialismo; sino como “desorden” y “locura”.
Chin Peng dice que el “desbordamiento de locura de la Revolución
Cultural... impulsaba olas de paranoia en nuestros cuatro campamentos”
de la región fronteriza malayotailandesa. Para Chin Peng en la GRCP
no se desencadenaba a las masas para debatir con audacia los asuntos
cardinales de la sociedad y del Estado, y las masas no elevaban
su capacidad de distinguir la línea política correcta (proletaria)
de la línea incorrecta (burguesa) en la transición socialista y
no se atrevían a cuestionar a los dirigentes seguidores del camino
capitalista, sino que sólo había luchas facciosas, “paranoia”, “emoción”
y “locura”, tal como pregonan los reaccionarios (entre ellos los
revisionistas) y las potencias imperialistas y sus medios de comunicación.
Como cerraron escuelas y colegios esporádicamente durante la Revolución
Cultural, Chin Peng se preocupó principalmente por la educación
de sus hijos y de los de otros líderes del PCM que radicaban en
ese momento en China. Se afanó organizando clases nocturnas para
los hijos de los altos líderes del partido en la provincia de Junán,
de donde se transmitía Suara Revolusi. Chin Peng dice que estaba
“atrapado en el cenagal de la Revolución Cultural”.
No dice nada
sobre los estudiantes de escuelas primarias y universidades que
fueron a las fábricas y a las granjas colectivas para aprender de
los trabajadores y campesinos. ¿Qué dice eso sobre cómo la dirección
del PCM interpretaba el fenómeno de la juventud china que participaba
con pasión en los asuntos del Estado (proletario) y se zambullía
en la lucha de clases? Sin duda el “desorden” de las intensas luchas
en la entonces China preocupaba a Chin Peng, pero ¿había captado
la instrucción del presidente Mao de transformar la concepción del
mundo de la juventud y de los estudiantes por medio de la participación
directa en el trabajo productivo y en la lucha de clases? ¿En qué
grado la dirección del PCM radicada en la entonces China revolucionaria
había captado la instrucción de Mao de que si bien la tarea de la
Revolución Cultural era derrocar a los seguidores del camino capitalista,
la meta era transformar la concepción del mundo de las masas? ¿Cómo
ve Chin Peng la China después de Mao y las catro modernizaciones
de Deng Xiaoping? “...En 1978 Deng lanzó la campaña ambiciosísima
de las #cuatro modernizaciones*, que preveía avances contundentes
para China en la agricultura, industria, ciencia y tecnología, y
defensa”. Pero no dice nada sobre la crítica de Mao al punto de
vista de Deng, de que “no importa que el gato sea negro o blanco,
con tal de que cace ratones”, es decir, que cualquier cosa que aumentara
la producción era buena, cosa que constituía una receta pragmática
para liquidar la lucha por la revolución y restaurar el capitalismo.
En retrospectiva, no es sorprendente que la dirección del PCM no
haya denunciado y luchado contra el camino capitalista que Deng
y su camarilla seguían ni que no haya ayudado a la clase obrera
y a las masas chinas a combatir el revisionismo. El PCM abandonó
el deber internacionalista que Mao declaraba con tanta energía a
los comunistas del mundo. Hoy, es obvio que el PCM analizaba desde
una óptica centrista la batalla de vida o muerte entre el cuartel
general revolucionario proletario dirigido por Mao y la “Banda de
los Cuatro” por un lado, y la cofradía de revisionistas y seguidores
del camino capitalista (Chou Enlai, Deng Xiaoping, Li Siennian,
Yeh Chingying y Jua Kuofeng) por el otro. Tal posición centrista
sobre la lucha entre las dos líneas hizo que el partido se inclinara
hacia la derecha, se volviera revisionista y se desintegrara tan
rápidamente después de la muerte de Mao Tsetung. No captar la importancia
central de la lucha entre las dos líneas significa no captar la
instrucción de Mao de que hay contradicciones en todas las cosas,
hasta en un auténtico partido comunista y que los dos aspectos de
la contradicción principal que contienden en un partido proletario
son la línea burguesa reaccionaria y la línea proletaria revolucionaria,
que bajo el socialismo representan el camino capitalista y el camino
socialista. No captar el “núcleo de la dialéctica” significa desconocer
la importancia central de la filosofía marxista en la vida del partido.
Inevitablemente en el PCM eso condujo al revisionismo y al abandono
de la revolución y a aceptar el orden establecido. El centrismo,
preludio del revisionismo y del abandono de la revolución ¿Qué nos
enseña la media vuelta de la dirección del PCM sobre el GRCP? Es
claro que el pragmatismo y el centrismo predominaban en la dirección
del PCM durante los años en que el mismo supuestamente se había
limpiado de las influencias erróneas y oportunistas de derecha y
que supuestamente desde 1961 “había establecido una línea revolucionaria
proletaria”. La dirección del PCM dijo que necesitaba una “retaguardia”
segura para poder funcionar y que la China revolucionaria servía
como esa “retaguardia”. Por lo tanto, apoyó cada acción de China
en cada vuelta y revuelta de los acontecimientos, durante la marea
alta como durante la baja, pero es muy cuestionable a qué grado
la dirección captaba los deslindes de línea que comentaba, cuán
firmemente sostenía el internacionalismo proletario o en qué medida
obraba en pos de sus propios intereses estrechos. Eso sale a la
luz al poco tiempo de morir Mao, tras despejar el escenario luego
del arresto y encarcelamiento de los líderes del cuartel general
revolucionario proletario (la “Banda de los Cuatro”), dirigido por
Chiang Ching y Chang Chunchiao. ¿Se atrevió a “ir contra la corriente”
el PCM cuando los líderes revisionistas chinos tomaron el Poder
y traicionaron la revolución y el socialismo? ¿Se adhirió la dirección
del PCM al internacionalismo proletario cuando no ayudó a las masas
chinas a desenmascarar el triunfo de los seguidores del camino capitalista
y la restauración del capitalismo? La dirección del PCM dio la bienvenida
a la victoria de los “impenitentes” seguidores del camino capitalista
y su ascenso al Poder. En esa situación, el centrismo del PCM sobre
muchas cuestiones relativas a la lucha entre la línea burguesa reaccionaria
y la línea proletaria revolucionaria en China, entre el camino socialista
y el capitalista y entre el nacionalismo y el internacionalismo,
inevitablemente llevó a abandonar la línea revolucionaria y la lucha
armada en Malaya. La dirección de Chin Peng ejemplifica el servilismo
en el PCM. El servilismo en las relaciones internacionales del partido
con el Partido Comunista de China significaba el servilismo en el
partido, lo que sofocaba la sangre del mismo y obstruía el debate
político y la lucha entre las dos líneas, elementos cruciales para
revitalizar el dinamismo de la organización del partido a varios
niveles. Así es la visión maoísta de la vida de un partido comunista.
No captar eso quiere decir no captar a fondo que las contradicciones
están en todas las cosas; significa no captar la ley de la dialéctica
ni aplicarla al funcionamiento de un partido marxistaleninistamaoísta.
La visión monolítica de un partido comunista que predominaba bajo
la dirección de Chin Peng convirtió a sus miembros de luchadores
revolucionarios intrépidos y entusiastas en serviles seguidores
de los líderes del partido. Se erosionó la capacidad de los miembros
de distinguir entre la revolución y el reformismo y entre el internacionalismo
y el nacionalismo, y la chispa revolucionaria que al inicio impulsaba
al partido, se extinguió gradualmente. Por eso, un partido marxistaleninistamaoísta
se transformó rápidamente en un partido revisionista: comunista
de nombre, pero de esencia burguesa. La lucha, facciones y divisiones
en el partido A principios de los a9‘1970, en el momento en que
la guerrilla armada del PCM avanzaba hacia el sur desde sus campamentos
en la frontera sur de Tailandia, se levantaron acusaciones de traición
y espionaje en los campamentos. Un gran número de miembros del partido
y algunos del Comité Central, acusados de traición o de ser espías
de la policía, fueron ejecutados en esos campamentos. Con gran dolor,
Chin Peng cuenta esos sucesos, sobre todo los nombres de algunos
viejos camaradas de la guerra contra Japón y de la guerra colonial
contra los británicos. Aunque no acepta las acusaciones (contra
tantos miembros del partido y tantos viejos camaradas), no asume
ninguna responsabilidad al respecto. Dos campamentos, Betong Occidental
y Sadao que colindaban con Malaya, rompieron vínculos con el PCM
y formaron partidos separados: el PCM Marxista/Leninista y el PCM
(Facción Revolucionaria). Ambas facciones tachaban de “revisionista”
al Comité Central dirigido por Chin Peng, pero éste no dice nada
de los deslindes ideológicos centrales ni de la línea básica para
la revolución de nueva democracia en Malaya. La única insinuación
sobre la línea política e ideológica de esas facciones es una referencia
a su rendición a las autoridades tailandesas en 1987, dos años antes
de que Chin Peng firmara el “acuerdo de paz” con los gobiernos malayo
y tailandés que puso fin a la lucha armada. En un partido comunista
sano y vigoroso, la lucha entre diferentes ideas y líneas lleva
a una a prevalecer sobre la otra, lo cual impulsa el avance del
partido entero. Por la visión de unidad monolítica que prevalecía
en el PCM, los militantes temían expresar puntos de vista divergentes
y ocultaron la presencia de diferentes ideas sobre la aplicación
de una línea marxistaleninistamaoísta en la revolución de nueva
democracia y la guerra popular en Malaya. En el caso de una operación
enemiga exitosa, como la captura de algunos cuadros o el corte de
las líneas de comunicación entre los guerrilleros y sus partidarios
clandestinos, los altos cuadros del partido e integrantes del Comité
Central del cuartel general del partido levantaron sospechas de
la infiltración de espías enemigos, lo que llevó a juicios (sin
apelaciones) y ejecuciones. Luego, se levantaron más acusaciones
y contraacusaciones entre los campamentos bajo el control directo
del Comité Central y los demás. ¿Embrollaron esos sucesos la aparición
de líneas opuestas y de la lucha entre las dos líneas en el partido,
que reflejaban puntos de vista largamente sostenidos (contrarios
a los del Comité Central), dudas sobre la lucha armada y la revolución
de nueva democracia y el concomitante descontento latente sobre
el estilo de trabajo de la dirección del partido entremezclado con
la oposición a la campaña de entonces de “encontrar y eliminar”
a los agentes enemigos? Al parecer, Chin Peng lo admite al decir
que había problemas “profundamente arraigados”, pero no dice nada
más al respecto. La traición de Deng a los partidos fraternales
Como relata Chin Peng, desde 1981 Deng Xiaoping “lo animaba” a “buscar
conductos para alcanzar un acuerdo de paz” con el gobierno burocrático
capitalista de Malaysia. En ese año, Deng le ordenó bruscamente
desmantelar las operaciones de la emisora Suara Revolusi en el sur
de China. Chin Peng no podía sino obedecer. Deng ya había ordenado
cerrar la emisora del Partido Comunista de Tailandia, “La voz de
los tailandeses ibres”. Deng justificó las medidas diciendo que
China necesitaba buscar arreglos con el imperialismo y con los Estados
clientelares del imperialismo en el sureste de Asia, sobre todo
con el bloque del imperialismo occidental encabezado por Estados
Unidos. Esa posición contrastaba marcadamente con el firme apoyo
de Mao a las luchas revolucionarias en todo el mundo, incluso en
los momentos en que, bajo su dirección, China comenzó a “abrirse
al occidente”. Cuando el rival imperialista de Estados Unidos, la
Unión Soviética, apoyó a Vietnam, que había invadido y ocupado a
Camboya en 1978, Deng decidió que China tenía que alinearse con
Estados Unidos y con otras potencias imperialistas occidentales.
Eso se compaginó con su teoría de los tres mundos, que veía en la
Unión Soviética una amenaza a China, sostenía que la hegemonía soviética
y la expansión de su poder e influencia en el mundo amenazaban la
paz mundial, y subordinaba todo a la lucha contra la Unión Soviética.
O sea, China necesitaba mejorar sus relaciones con la Tailandia
proestadounidense y otros Estados neo y semicoloniales de la región,
tal como Malaysia, para poder reforzar su apoyo militar para los
Jemeres Rojos de Camboya, ya que la región oriental de Tailandia
servía de conducto para suministrar armamento chino. En ese contexto
político altamente volátil y ante el veloz curso de los acontecimientos,
los partidos comunistas prochinos que libraban luchas armadas en
el sureste de Asia, tales como el PCM, el Partido Comunista de Tailandia
y el Partido Comunista de Birmania, eran meros peones en la contienda
entre los bloques imperialistas rivales y pesaban cada vez menos
en los planes de los nuevos gobernantes revisionistas chinos. Esos
acontecimientos ocurrían en el marco de la reagrupación de los auténticos
comunistas revolucionarios maoístas del mundo. El Movimiento Revolucionario
Internacionalista, formado en 1984 sobre la base de la defensa de
las contribuciones revolucionarias de Mao, defendió con osadía la
GRCP de China y se dispuso a revocar el viento revisionista que
entonces soplaba sobre los comunistas del mundo y a levantar la
bandera roja del internacionalismo revolucionario. Lanzó ataques
demoledores al camino capitalista de Deng y puso al desnudo el revisionismo
de China. Se inició una poderosa guerra popular en el Perú. En 1993,
el MRI adoptó el marxismoleninismomaoísmo como nueva, tercera y
superior etapa de la ciencia de la revolución. Pero entonces como
hoy el oportunismo de derecha y el revisionismo siguen azotando
al PCM y a otros partidos comunistas del sureste de Asia, y, por
eso, para los que sueñan con un mundo sin opresión y explotación
aún es de máxima prioridad hacer la ruptura ideológica y política
que necesitan las masas para forjar una auténtica vanguardia revolucionaria
ahí. Conclusión Es de suma importancia la dimensión internacional:
que anteriormente existía una auténtica sociedad socialista en China
como faro para el proletariado mundial. Eso tiene más importancia
para el movimiento comunista del sureste de Asia dada la proximidad
de China y el fuerte apoyo material, moral y político y el internacionalismo
que ésta dio a los partidos comunistas de los países de la región.
Para comprender qué es el socialismo y qué no, es crucial tener
claridad acerca de la dinámica de los cambios que tuvieron lugar
en China durante la GRCP y después de la misma. Asimismo, esa claridad
es crucial para comprender el concepto de la lucha de clases enla
sociedad y cómo se manifiesta en el partido comunista en la forma
de la lucha entre las dos líneas. No tener claridad al respecto
conducirá a abandonar la esencia del marxismo. Los partidos comunistas
del sureste de Asia en general y de Malaysia en particular figuran
entre los partidos que no tienen claridad sobre este asunto primordial.
Como no colocan los deslindes de línea política e ideológica y de
la lucha entre las dos líneas al centro de la vida de sus respectivos
partidos, inevitablemente se quedan sin elementos para defenderse
del peso muerto del pasado y de la milenaria sociedad de clases
y son presa fácil de varias formas de ideología burguesa. Por tanto,
el golpe que acabó con la lucha armada revolucionaria de Malaya
no se dio en el campo de batalla contra el odiado enemigo, sino
en la misma dirección del partido. Este duro testimonio de la fuerza
de la línea política e ideológica constituye una lección para las
futuras generaciones de revolucionarios: Chin Peng nos da lo que
nuestros camaradas chinos solían llamar una “lección por ejemplo
negativo” Notas 1. El país de Malaya se ubicaba en el sureste de
Asia entre Tailandia e Indonesia y se constituía de 11 estados,
entre ellos la península de Malaya y Singapur. En 1963, se le unieron
los antiguos territorios británicos de Borneo, Sabah y Sarawak en
la Federación de Malaysia. Los colonialistas británicos se dispusieron
de este arreglo para prevenir que los territorios de Borneo cayeran
en las manos de la entonces radical, anticolonialista y nacionalista
República de Indonesia. Así se conservó la dominación imperialista
sobre esos territorios. Se denegó el derecho a la autodeterminación
nacional para los pueblos de Sabah y Sarawak. La izquierda en general,
y el Partido Comunista de Malaya en particular, nunca aceptaron
el concepto imperialista de Malaysia. 2. En Malaysia viven diferentes
nacionalidades: malayos, chinos, indios, varias tribus autóctonas
(llamadas en general orang asali), tailandeses, de Sri Lanka y muchas
nacionalidades más de varias partes de Asia. 3. La mayoría de los
indios originalmente eran pequeños campesinos desterrados del estado
de Tamil Nadu del sur de India que los británicos trajeron como
jornaleros bajo contrato obligatorio. Los jornaleros formaron el
grueso de la fuerza de trabajo en las plantaciones pertenecientes
a los británicos en Malaya.n r revolucionaria informaron a los pobres
y oprimidos de las heroicas batallas que llevaban a cabo y ganaban
los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional
Malaya. Dieron esperanza a los que no la tenían. La emisora
rebelde, Suara Revolusi como se llamaba en malayo, lanzó
la primera declaración en mucho tiempo del Partido Comunista
de Malaya: “¡Mantener en alto la gran bandera roja de
la lucha armada y seguir valientemente adelante!” El resurgimiento
de la lucha armada revolucionaria signó el 20º aniversario
de los primeros disparos de la larga guerra de liberación
nacional contra la Inglaterra colonizadora. Durante la mayor parte
de los años 1970, el país bullía ante las transmisiones
de noticias y análisis.
Desde su formación, el Partido Comunista de Malaya (PCM)
participó en la lucha para la liberación. Pero desde
la muerte de Mao Tsetung en 1976 y el fin de la Gran Revolución
Cultural Proletaria (GRCP), en Malaya se fue disminuyendo la lucha
revolucionaria. Hasta hace poco, los líderes del PCM han
dicho poco. A fines de los años 1990 los líderes del
PCM rompieron el largo silencio con su vesión de la prolongada
y trágica saga del movimiento revolucionario malayo. Abdulla
Che Dat (“CD”), presidente del PCM, y su esposa, un
miembro del Comité Central, Eng Ming Ching, conocida como
Suraini Abdulla, escribieron sus versiones de los acontecimientos,
en 1998 y 1999 respectivamente, en malayo: Perang AntiBritish dan
Perdamaian (La guerra antibritánica y la paz) de Abdulla
CD (Hong Kong: Ediciones Nan Dao, 1998) y Rejimen Ke10 dan Kemerdekaan
(La independencia y el X regimiento) de Suraini, de la misma editorial.
El gobierno de Malaysia prohibió ambos libros y, por lo tanto,
no se consiguen en malayo.
Chin Peng (su nombre chino: Chen Ping), secretario del partido y
líder de facto desde 1947, lanzó My Side of History
(Mi versión de la historia) en septiembre de 2003. En algunos
aspectos es un relato definitivo de los acontecimientos y contiene
muchas anécdotas muy interesantes. También contiene
apologías y reconocimientos de los errores suyos y del partido.
Desafortunadamente, al igual que Abdulla CD y Suraini, Chin Peng
habla poco del nivel ideológico comunista y de la línea
política del partido, que supuestamente guiaban sus actividades.
Esto de por sí es revelador. Durante las décadas en
que Chen Ping encabezó el partido (de 1959 a 1989), vivió
en China. Este período abarca los tumultuosos años
de la GRCP, posición excepcional desde la cual Chen Ping
pudo informar sobre los acontecimientos históricos de la
época y hasta entrevistarse con Mao Tsetung, pero los lectores
del libro que busquen un análisis de esos sucesos se decepcionarán.La
historia del PCM
Hoy, Malaysia tiene una población de más de 20 millones,
principalmente malayos, chinos e indios3.También viven pequeñas
poblaciones de pueblos autóctonos en la selva o en los límites
de la misma como comunidades tribales que se dedican a cultivos
semifijos, la caza y la pesca. En el período colonial la
mayoría de los malayos eran pequeños agricultores
o campesinos. La estructura de poder de la sociedad estaba altamente
estratificada, con los sultanes en la cima. Los gobernantes feudales
estaban subordinados a los gobernantes británicos, que les
habían dejado sin poder sobre el pueblo. No eran más
que testaferros. La sociedad era agraria, con latifundistas y campesinos,
y muchos aparceros. No hubo industria, y por ende casi ninguna burguesía
ni proletarios. Con el colonialismo británico, se convirtió
la Malaya feudal en una sociedad colonial y semifeudal. En el siglo
19, los británicos trajeron a tantos obreros migrantes chinos
a Malaya que éstos llegaron a formar el mayor grupo étnico
hasta los años 1950.
El Partido Comunista de Malaya se fundó en abril de 1930
en una aldea cerca de Kuala Pilah, del estado de Negri Sambilan.
Antes, se organizó como sección sur de ultramar del
Partido Comunista de China (PCCh): Partido Comunista de Nanyang
(Partido Comunista de los Mares del Sur, en mandarín). Lo
construyeron casi exclusivamente los obreros inmigrantes chinos
y los que huyeron de la persecución en China, sobre todo
después del baño de sangre contrarrevolucionario de
1927 que desató el Partido Nacionalista del Kuomintang de
Chiang Kaishek. Tras una directiva de la Oficina del Lejano Oriente
de la Comintern con sede en Shanghai, se celebró el primer
congreso del partido, y el 30 de abril de 1930 se fundó oficialmente
el PCM. Uno de los representantes de la Comintern en el congreso
fue Ho Chi Minh, el famoso revolucionario vietnamita e importante
impulsor de la fundación del movimiento comunista indochino.
En los primeros años, el PCM era una organización
clandestina y padecía enormes dificultades y severa represión
bajo las autoridades coloniales británicas. Éstas
hicieron muchas detenciones de miembros del partido, sospechosos
de ser miembros del mismo y simpatizantes. En Singapur, por ejemplo,
entre 1931 y 1935, la policía allanó 432 casas y escondites
de miembros del partido. Deportaron a muchos detenidos a China,
pero también los encerraron en las prisiones del país.
No obstante, el partido logró organizar a los obreros en
las plantaciones, minas y en el transporte y a los estudiantes en
las escuelas chinas (o sea, las escuelas donde se impartían
las clases en mandarín).
Cuando el imperialismo occidental inició la Guerra del Pacífico
contra Japón, que coincidió con la Operación
Barbarossa de Hitler contra la entonces Unión Soviética
socialista, el PCM propuso a las autoridades coloniales británicas
un frente unido de resistencia contra la conquista de Asia por Japón,
a cambio de la liberación de sus miembros de las prisiones.
En esos años de colaboración entre el partido e Inglaterra,
el PCM organizó el Ejército Antijaponés del
Pueblo Malayo (EAJPM) para realizar operaciones guerrilleras “detrás
de las líneas enemigas” de los nuevos ocupantes del
país, los japoneses. Inglaterra entrenó y armó
a los guerrilleros para hacer redadas, emboscadas y sabotaje. El
acuerdo duró de 1941 a 1945.
Cuando terminó la II Guerra Mundial en 1945, Inglaterra volvió
a ocupar a Malaya. Debido a la línea capitulacionista del
entonces secretario general, Lai Te, el PCM cooperó con los
colonialistas británicos. Después, el Comité
Central del partido descubrió que Lai Te era un espía
encubierto de los británicos y de los japoneses. En 1947
la dirección del PCM desenmascaró y eliminó
al espía, pero la línea capitulacionista de la dirección
del partido seguía prevaleciéndose. El partido nunca
llevó a cabo una lucha política e ideológica
entre las dos líneas contra la línea política
reformista y antiproletaria. El partido cayó al abismo en
la posguerra (194548): sostuvo que adoptar un programa economista
y en especial sindicalista, era la mejor opción. Sin embargo,
principalmente por razones cuantitativas y de prestigio, Chin Peng
declara que ésos eran los días de mayor fuerza del
PCM. La Administración Militar Británica reprimió
brutalmente al PCM (que ya había reclutado a sectores de
la clase obrera y de los campesinos de las nacionalidades malaya
e india) y a las organizaciones de masas bajo el control o influencia
del partido. A mediados de 1948 ya era imposible para el partido
funcionar abiertamente, y de nuevo tuvo que entrar en la clandestinidad.
Entre 1948 y 1959 el PCM lanzó de nuevo la guerra de guerrillas
contra los británicos. El PCM la llamó la Guerra Antibritánica
de Liberación Nacional, pero los británicos (y después
los gobiernos títeres coloniales de Kuala Lumpur y Singapur,
a quienes se “traspasó” el poder en 1957 y 1965
respectivamente), la llamaron la Emergencia (194860). En esos años,
Inglaterra intervino con sus fuerzas armadas de élite y 24
batallones de soldados mercenarios de Fidji, África y Australia,
y soldados Gorka de Nepal. Además, obligó a varios
regimientos malayos del ejército títere británico,
la policía militarizado auxiliar y los “guardias de
la patria” de la ciudadanía a combatir a los ocho mil
elementos del Ejército de Liberación Nacional Malaya
(ELNM) y la retaguardia de 60 mil miembros del Min Yuen (el movimiento
de masas del PCM). Los imperialistas británicos lanzaron
ataques aéreos, artillería, tanques, vehículos
blindados y lo último de armamento moderno. La contrainsurgencia
británica se acompañó de las más sanguinarias
tácticas militares contra la población civil del campo.
Si bien una contienda muy desigual, Inglaterra nunca logró
vencer del todo a la rebelión. La Administración Militar
Británica aisló al ELNM de su base de la población
civil rural, a la cual evacuó a la fuerza de los pequeños
y dispersos cultivos de paracaidistas y concentró en las
“nuevas aldeas” bajo vigilancia constante rodeadas de
alambre de púas. La dirección del partido decidió
retirarse al norte de la frontera y establecer campamentos en el
sur de Tailandia. A Chin Peng, para quien se ofrecía una
recompensa, lo habían vilipendiado tanto (llamándolo
el líder de los “terroristas comunistas” y “el
hombre más buscado del imperio británico”) que
se tenía que pronunciar su nombre en susurros.
En 1955, Chin Peng encabezó un equipo de negociadores en
las Negociaciones por la Paz de Baling. Chin Peng y el equipo abandonaron
las negociaciones, porque el “ministro principal” títere
de Malaya, Tunku Abdul Rahman, exigió la rendición
total del PCM. En 1975, el partido reconoció los errores
de su línea oportunista de derecha (la “transición
pacífica al socialismo” y el espejismo de la política
parlamentaria) de mediados de los años 1950 a 1961 (bajo
la influencia de Jruschov y Liu Shaochi).
El partido volvió a lanzar la guerra de guerrillas contra
la Malaya “independiente”, que se llamaba Malaysia a
partir de mediados de los años 1960. Esta vez, en el contexto
de la Gran Revolución Cultural Proletaria de China, varias
humillantes derrotas de las tropas estadounidenses a manos del pueblo
vietnamita y la gran ola mundial de lucha contra el imperialismo
encabezado por Estados Unidos, el PCM anunció una lucha armada
revolucionaria de liberación nacional para librar una “revolución
de nueva democracia” en Malaya. El partido se declaró
partidario del marxismoleninismopensamiento Mao Tsetung y se proclamó
“la vanguardia del proletariado y el máximo organismo
del proletariado organizado” y el “núcleo”
que “dirige la revolución malaya” contra “el
imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático”
(Nuevos Estatutos del PCM, mayo de 1972). El partido también
dijo que corregía los errores del oportunismo de derecha
del pasado y que, como en otos países neo y semicoloniales
y semifeudales del tercer mundo, seguía el camino de la guerra
popular prolongada, de cercar las ciudades desde el campo y de tomar
el poder nacional con las armas.
Entre 1967 y 1977 los medios de comunicación del país
informaban de redadas armadas y emboscadas del ELNM liderado por
el PCM, contra la policía armada y las fuerzas armadas de
lo que el partido llamaba “el gobierno títere”
del imperialismo, principalmente del británico. A partir
de 1969 las transmisiones del partido, “La voz de la revolución
malaya”, desde Junán en el sur de China, informaban
de batallas, victorias y derrotas y del análisis de los acontecimientos
y de la situación interna y mundial, en malayo, chino (mandarín),
tamil, inglés y varios dialectos chinos no mandarines. Fue
una gran inspiración para muchas personas de diferentes nacionalidades
y sectores sociales. Grandes cantidades de jóvenes con simpatías
revolucionarias, sobre todo los malayos chinos proletarios, ingresaron
al ELNM y al Frente de Liberación Nacional Malaya, a pesar
de la enorme represión bajo el “estado de emergencia”,
en que se suspendieron las libertades civiles fundamentales. Era
motivo de encarcelamiento indefinido sin juicio la posesión
de literatura revolucionaria o de ejecución o desaparición
la captura en una zona de operaciones militares de las “fuerzas
de seguridad” de “Malaysia” o tailandesas.
La GRCP, que sembraba temores de un levantamiento revolucionario
en el seno de los privilegiados y poderosos del mundo y que encendía
esperanzas en el seno de los oprimidos y explotados, incidió
en Malaysia. La China revolucionaria dio apoyo al proletariado de
Malaya, como al de todo el mundo, en la forma de bases ideológicas
y políticas para las tempestades que se avecinaban. En las
organizaciones de izquierda de muchos países, se luchó
contra las tendencias e influencias oportunistas de derecha o revisionistas
y se pusieron al desnudo las posturas y puntos de vista correspondientes.
En cierta medida se dio el mismo fenómeno en Malaysia y en
el PCM. La política parlamentaria, las elecciones burguesas
y el sindicalismo fueron blanco de intensas críticas en toda
la península malaya y en Singapur. Las instrucciones del
presidente Mao Tsetung –“se justifica la rebelión
contra los reaccionarios”, “el poder político
nace del fusil”, “sin un ejército popular, nada
tendrá el pueblo” y “nada es imposible en el
mundo para quien se atreve a escalar las alturas”– resonaron
en el corazón de los jóvenes de Malaya y otros países.
Después de la muerte de Mao Tsetung y del golpe de Estado
contrarrevolucionario de 1976, cayó dramáticamente
el nivel de los combates armados contra las fuerzas armadas de Malaysia
y fueron extinguiéndose de mediados de los años 1970
a la “década perdida” de los años 1980.
En 1989 la dirección del partido suspendió formalmente
la lucha armada, y firmaron un acuerdo al respecto el gobierno y
el partido. En el acuerdo negociado por medio del gobierno tailandés,
el partido reconoció al rey feudal y al gobierno de “Malaysia,”
lacayo del imperialismo.
La contrainsurgencia británica: Dos perspectivas,
dos historias
Han escrito mucho sobre la “Emergenia”, sobre todo los
historiadores británicos que comparten el punto de vista
colonial y los antiguos oficiales británicos. Las obras de
los expertos en contrainsurgencia como Kitson y Thompson dicen que
la “campaña malaya” era “un gran éxito”,
y en la prensa y en el mundo académico reciben muchas loas,
en muchos casos en contraste con el fracaso de la guerra estadounidense
contra Vietnam. Unos oficiales británicos organizaron una
fuerza armada clandestina, Fuerza 136, que colaboró con el
Ejército Antijaponés del Pueblo Malayo dirigido por
el PCM en operaciones clandestinas conjuntas contra el gobierno
japonés de Malaya. El enlace del PCM con los agentes secretos
británicos en la entonces Malaya fue Chin Peng. Por lo tanto,
éste da un relato presencial fascinante de los acontecimientos
grandes y pequeños, desde el punto de vista de un partidario
apasionado.
Otros libros sobre esos años los han escrito militares y
empleados del gobierno británico. John Cross (Red Jungle,
Londres, 1957) y Spencer Chapman (The Jungle is Neutral,
Londres, 1949) eran oficiales de inteligencia del ejército
británico que detrás de las “líneas enemigas”
(japonesas) trabajaron con los guerrilleros del EAJPM. Son historias
de la guerra de guerrillas antijaponesa desde adentro, son bastante
imparciales (al menos en cuanto al racismo) y dan descripciones
detalladas y acertadas de los cuadros del PCM en los campamentos
secretos de la selva.
Aunque en la mayoría de tales libros se jactan del triunfo
de Inglaterra sobre el PCM y de las medidas draconianas aplicadas
en los “combates contra los terroristas comunistas”,
hay excepciones. El análisis de John Newsinger (profesor
de historia en la Universidad de Bath) de la ocupación japonesa
y de la “Emergencia” (en el artículo, “La
memoria militar en la cultura imperial británica: El caso
de Malaya”, que se publicó en la revista radical Race
& Class #35, 3, 1994), denuncia a fondo los crímenes
de guerra británicos contra el pueblo malayo. El punto fuerte
del libro de Chen Ping es el testimonio sobre el horror y brutalidad
que acompañaron la represión de la rebelión,
como la evacuación forzosa de medio millón de campesinos
pobres de origen chino y su traslado a las “aldeas nuevas”.
Se suele decir que tal crimen, conocido como el “Plan Briggs”
(por el general Harold Briggs, el nuevo director de operaciones
en 1951), y la implacable persecución de los guerrilleros
del PCM en la selva, lograron “inclinar la balanza en contra”
de la campaña antibritánica del partido. A pesar de
la propaganda de “ganar mentes y corazones” en los escritos
de la mayoría de los historiadores y periodistas británicos
y procoloniales, las atrocidades y atropellos contra la población
civil no armada fueron el pan de todos los días. Aparte de
decapitar a prisioneros y masacrar a civiles, aplicaron la estrategia
de “dividir para conquistar”, que contribuyó
a aislar el ejército guerrillero (conformado principalmente
de personas de origen chino) de las fuentes de comida y de los “ojos
y oídos” del gran campesinado malayo y de los trabajadores
indios de las plantaciones.
Muchos historiadores que tienen alguna simpatía hacia la
situación de las masas, hablan de la manera “ilustrada”
en que Inglaterra libró las guerras contrarrevolucionarias.
Newsinger y otros historiadores afines señalan exclusivamente
las debilidades políticomilitares del partido y dicen que
el PCM nunca debió haber recurrido a la lucha armada, porque
era inevitable que tarde o temprano los británicos “sofocarían
la rebelión comunista”. Para quienes desean conocer
a fondo la historia del movimiento revolucionario malayo, la información
disponible hasta ahora es muy parcial.
Está por escribirse un balance global de la “Emergencia”
y de la lucha armada de 196676 que tratase la dimensión ideológicapolítica
fundamental, principalmente la línea política del
PCM. Por lo general la dirección del partido no ha dicho
nada, salvo unas pocas declaraciones y un breve esbozo de a historia
del PCM (“El curso brillante y combativo del Partido Comunista
de Malaya”, 1975), y a pesar de la oportunidad de difundir
su punto de vista por la emisora Suara Revolusi.
El libro de Chen Ping no es una historia del Partido Comunista de
Malaya ni un balance global de la Emergencia. En sus propias palabras,
es el “registro de mi viaje”, de un “sueño”
que tuvo “para su país”. Dice que su generación
“soñó con deshacerse del colonialismo británico
en Malaya. Estoy orgulloso de ese hecho”. Sin lugar a dudas,
era justa la lucha para poner fin al colonialismo, pero ¿por
qué se necesitaba un partido comunista para dirigirla? Chen
Ping, desafortunadamente, no da ni una pista, pues no hace un análisis
de clases de la sociedad malaya bajo el gobierno colonial británico.
Chin Peng dice que las obras que pesaron en su formación
antes de ingresar al partido eran obras filosóficas marxistas,
los escritos militares de Mao (sobre todo “Sobre la guerra
prolongada”) y Estrella roja sobre China, de Edgar Snow, todos
prestados por un profesor suyo. ¿Cómo aplicó
lo que aprendió a la realidad de Malaya? ¿Cómo
rompió con el nacionalismo estrecho y abrazó el internacionalismo,
la lucha de clases y la revolución bajo una ocupación
extranjera? ¿Cómo analizó el carácter
(de clase) de la sociedad malaya? Para el partido, ¿qué
fue la forma más eficaz de unir la población de todas
las nacionalidades de Malaya y de movilizarla para una guerra revolucionaria
que derrocase todas las formas de la opresión? ¿Cómo
analizó el partido el objetivo del enemigo de dividir las
diversas nacionalidades para conquistarlas y cómo vencer
sus estratagemas políticas? ¿Cómo proponía
aplicar la línea de masas de Mao Tsetung en el campo, si
su base de apoyo (principalmente de la población de origen
chino) estuviera aislada del ejército guerrillero? ¿Cómo
proponían que los guerrilleros del ELNM nadasen como peces
en el mar de las masas? ¿Cómo analizó el partido
las importantes contradicciones y luchas al interior del mismo?
¿Comprendió la dirección del partido que la
lucha entre las dos líneas era dinámica, que era la
fuerza motriz del avance del partido? ¿Cómo rompió
la dirección del partido con la línea política
de derecha de los años antes de que adoptara la línea
general para la revolución de nueva democracia? Éstas
y otras preguntas críticas exigen respuestas.
Chin Peng decidió ingresar al PCM y no al Kuomintang (que
también tenía una presencia importante en la Malaya
británica) en gran medida debido al veloz curso de los acontecimientos
en China en ese momento. Eso era de esperarse en cierto sentido
a causa del carácter altamente segregado de la entonces sociedad
malaya y la muy limitada interacción entre las diferentes
nacionalidades. Mucha gente (sobre todo en las comunidades chinas
de la península malaya y Singapur) sostenía que el
Kuomintang (bajo Chiang Kaishek) oponía poca o ninguna resistencia
a la invasión japonesa de China. Chin Peng contempló
unirse a la guerra de resistencia contra Japón en China,
pero de estudiante de preparatoria colaboró más con
la “Sociedad de apoyo antienemigo” iniciada y dirigida
por el PCM, cuyo fin era movilizar gente y organizar apoyo para
la guerra contra los japoneses en Malaya.
El relato de Chin Peng de la guerra del partido contra los japoneses
y de la traición del agente de la policía secreta,
Lai Te, es cautivante, y en él se aprecia a fondo las enormes
contribuciones del partido y de sus partidarios en esos años
a la “liberación de Malaya”. Lo que nos llama
la atención ahora es que Lai Te, durante la guerra antijaponesa,
delató muchas veces a los miembros del Comité Central
del partido, pero ningún miembro de alto nivel del PCM nunca
cuestionó las directivas del mismo. Ante la rápida
capitulación del partido a Inglaterra después de esa
guerra, es necesario analizar a fondo su concepción de la
revolución y su carácter de clase. Por la falta de
claridad ideol!gica y política, la dirección del partido
(en el entonces mundo turbulento) no captó la tarea central
de entonces: librar una guerra de liberación nacional y llevar
a cabo las tareas de una revolución de nueva democracia.
. . incluso después de desenmascarar y eliminar a Lai Te.
De 1945 a 1948, como el partido decía que una guerra de liberación
nacional contra el gobierno británico no era factible ni
necesaria, sostuvo que la única opción que le permitiría
conservar su trabajo abierto y legal era la construcción
“legal” de organizaciones de masas y de trabajadores.
Siguió la línea de Lai Te sin él.
En mayo de 1948, la dirección del PCM (entonces dirigido
por Chin Peng) decidió pasar a la clandestinidad y librar
la lucha armada contra el gobierno colonial británico, porque
se vio en la necesidad de hacerlo, y no por comprender claramente
que el proletariado tiene que tomar el poder político por
la fuerza de las armas ni que la única justificación
por tener un partido comunista es para servir a ese objetivo y colocar
a la clase que dirige (el proletariado) en el Poder. El libro de
Chin Peng no habla de esta tarea central de un partido proletario.
Pero la apremiante tarea del momento es explicar por qué
y cómo se llegó a abandonar la lucha revolucionaria
de Malaya por la liberación nacional y por la transformación
de la sociedad, para que las futuras fuerzas para la liberación
puedan evitar los mismos errores y sobreponerse a las dificultades.
La dirección del PCM abandonó su deber hacia las futuras
generaciones. Es mucho más decepcionante (en una persona
de la estatura de Chin Peng) esta gran ausencia de ideología
comunista y de no aplicar la ciencia de la revolución para
analizar las complejidades de un país de diferentes nacionalidades
con diversas lenguas y culturas, y clases y capas sociales y para
armar a las masas para poder aprehender más firmemente la
metodología científica.
El rechazo de la experiencia socialista de la China revolucionaria
“Si en el futuro los revisionistas usurparan la dirección
en China, los marxistasleninistas de todos los países deberían
denunciarlos y combatirlos sin tregua y ayudar a la clase obrera
y a las masas de China en la batalla contra los revisionistas”.
– Mao Tsetung, 1965
En los años tras la muerte del presidente Mao y la derrota
de la Gran Revolución Cultural Proletaria de China, es decir
tras el arresto de los cuatro líderes principales del cuartel
general proletario revolucionario, Chiang Ching, Chang Chunchao,
Wang Hungwen y Yao Wenyuan, el PCM dijo muy poco de China y de aprender
de la experiencia revolucionaria de la misma. Aclamó a Jua
Kuofeng como “líder sabio”, lo que en el mejor
de los casos evidenciaba confusión sobre los dos caminos
(capitalismo versus socialismo) en China y fuertes debilidades en
su interpretación de lo que entonces se llamaba marxismoleninismopensamiento
Mao Tsetung y sobre todo de las lecciones de la GRCP sobre la continuación
de la revolución bajo la dictadura del proletariado y la
lucha de clases en el socialismo. De ahí en adelante, no
dijeron nada sobre China ni la lucha contra el revisionismo contemporáneo.
En 1998, el nuevo presidente del PCM, Abdulla CD, y casi ni menciona
la situación internacional de ningún período.
Su esposa, Suraini, habla de la “China socialista” en
su defensa de la China revisionista, es decir, después de
la muerte de Mao (en un ataque a un anterior presidente del PCM,
Musa Ahmad).
Musa Ahmad era un nacionalista malayo antibritánico de la
posguerra, que luego se unió al PCM antes de la Emergencia.
También era un líder importante del Frente Campesino
Malayo dirigido por el PCM. El partido lo mandó a China después
de que el ELNM sufrió reveses militares a fines de los años
1950. En octubre de 1980, Musa abandonó el partido y regresó
a Malaya. Luego, renunció al comunismo, al partido y a la
lucha armada.
El libro de Suraini dice que Musa apoyó a la “Banda
de los Cuatro” dirigida por Chiang Ching, “cuando estalló
la Gran Revolución Cultural” y que los Cuatro “alentaron”
las “despreciables actividades contra el PCM” de Musa.
En las páginas 180186, se lee que en 1999 el PCM dijo que
la China revisionista era socialista, ya que se insinúa que
Musa “calumnió al Partido Comunista de China y a la
China socialista”.
Chin Peng sobre la
Gran
Revolución
Cultural ProletariaLas declaraciones oficiales del PCM elogiaron
mucho a la Revolución Cultural de China durante los años
álgidos. El 1º de junio de 1968, con motivo del 20º aniversario
del comienzo de la guerra de liberación contra Inglaterra
y el 25 de abril de 1970, con motivo del 40º aniversario de la fundación
del partido, éste lanzó declaraciones que llamaban
a desarrollar enérgicamente un movimiento revolucionario
de apoyo a la lucha armada del ELNM contra el gobierno títere
de los imperialistas. Las declaraciones aclamaron la GRCP. En el
análisis de 1974 de las nuevas relaciones de China con Malaya,
el PCM dijo: “Después de templarse en la Gran Revolución
Cultural Proletaria, la China socialista se ha vuelto más
fuerte que nunca. La línea revolucionaria proletaria del
presidente Mao y la línea revolucionaria sobre asuntos exteriores
han obtenido grandes victorias. China ha alcanzado éxitos
notables en la revolución y construcción socialistas.
Como bastión revolucionario inexpugnable, hoy aumentan las
importantes contribuciones de China a la revolución mundial”
(citado en Broadsheet, China Policy Study Group, Inglaterra, agosto
de 1974).
De la Revolución Cultural se ha dicho que tocó el
alma de la nación china y de las personas con simpatías
revolucionarias del mundo. Estaba en juego el futuro de una parte
liberada de la humanidad y, de mayor importancia, de un faro rojo
para los condenados de la tierra, que anhelaban un mundo mejor.
Chin Peng dice poco de las actiidades que desarrolló cuando
estuvo en China de 1959 a 1989. Nadie que entonces viviese en China
pudo haberse excluido de las tumultuosas jornadas de la GRCP; al
parecer también impactaron a Chin Peng. Pero en sus reminiscencias,
¡qué poco escribe sobre la Revolución Cultural!
Él y otros líderes del PCM radicados en China se entrevistaron
con el presidente Mao Tsetung en las primeras etapas de la Revolución
Cultural. Chin Peng dice que en 1967 Mao le preguntó sobre
las conversaciones entre el PCM y el PCCh y “específicamente
quería hablar con nosotros sobre la Gran Revolución
Cultural Proletaria”. Pero no indica qué dijo Mao sobre
la GRCP ni qué punto de vista tenía en ese momento.
Observa: “Rápidamente capté que Mao se había
quedado muy aislado de la dirección del partido” (p.
447). En este comentario y en su observación de que el Comité
de la Revolución Cultural del PCCh dirigido por Kang Sheng
se había cobrado más peso que el Secretariado del
Comité Central del partido dirigido por Chou Enlai, se ve
que él sostenía que Mao estuvo aislado política,
si no ideológicamente, de personas como Chou Enlai y Deng
Xiaoping.
Chin Peng habla de “un desbordamiento de locura proveniente
de la Revolución Cultural” que afectaba a su partido
(p. 468). Así interpretó la Revolución Cultural:
no como si pusiera de manifiesto las contradicciones internas de
la sociedad socialista y que impulsara abiertamente debates y luchas
que determinarían el futuro de China, es decir, si China
continuara por el camino revolucionario socialista o si tomara el
camino capitalista y restaurara el capitalismo; no como si fuera
una trascendental lucha de vida o muerte sobre la línea general
del partido en el socialismo; sino como “desorden” y
“locura”.
Chin Peng dice que el “desbordamiento de locura de la Revolución
Cultural... impulsaba olas de paranoia en nuestros cuatro campamentos”
de la región fronteriza malayotailandesa. Para Chin Peng
en la GRCP no se desencadenaba a las masas para debatir con audacia
los asuntos cardinales de la sociedad y del Estado, y las masas
no elevaban su capacidad de distinguir la línea política
correcta (proletaria) de la línea incorrecta (burguesa) en
la transición socialista y no se atrevían a cuestionar
a los dirigentes seguidores del camino capitalista, sino que sólo
había luchas facciosas, “paranoia”, “emoción”
y “locura”, tal como pregonan los reaccionarios (entre
ellos los revisionistas) y las potencias imperialistas y sus medios
de comunicación.
Como cerraron escuelas y colegios esporádicamente durante
la Revolución Cultural, Chin Peng se preocupó principalmente
por la educación de sus hijos y de los de otros líderes
del PCM que radicaban en ese momento en China. Se afanó organizando
clases nocturnas para los hijos de los altos líderes del
partido en la provincia de Junán, de donde se transmitía
Suara Revolusi. Chin Peng dice que estaba “atrapado en el
cenagal de la Revolución Cultural”.
>
No dice nada sobre los estudiantes de escuelas primarias y universidades
que fueron a las fábricas y a las granjas colectivas para
aprender de los trabajadores y campesinos. ¿Qué dice
eso sobre cómo la dirección del PCM interpretaba el
fenómeno de la juventud china que participaba con pasión
en los asuntos del Estado (proletario) y se zambullía en
la lucha de clases? Sin duda el “desorden” de las intensas
luchas en la entonces China preocupaba a Chin Peng, pero ¿había
captado la instrucción del presidente Mao de transformar
la concepción del mundo de la juventud y de los estudiantes
por medio de la participación directa en el trabajo productivo
y en la lucha de clases? ¿En qué grado la dirección
del PCM radicada en la entonces China revolucionaria había
captado la instrucción de Mao de que si bien la tarea de
la Revolución Cultural era derrocar a los seguidores del
camino capitalista, la meta era transformar la concepción
del mundo de las masas?
¿Cómo ve Chin Peng la China después de Mao
y las catro modernizaciones de Deng Xiaoping? “...En 1978
Deng lanzó la campaña ambiciosísima de las
#cuatro modernizaciones*, que preveía avances contundentes
para China en la agricultura, industria, ciencia y tecnología,
y defensa”. Pero no dice nada sobre la crítica de Mao
al punto de vista de Deng, de que “no importa que el gato
sea negro o blanco, con tal de que cace ratones”, es decir,
que cualquier cosa que aumentara la producción era buena,
cosa que constituía una receta pragmática para liquidar
la lucha por la revolución y restaurar el capitalismo. En
retrospectiva, no es sorprendente que la dirección del PCM
no haya denunciado y luchado contra el camino capitalista que Deng
y su camarilla seguían ni que no haya ayudado a la clase
obrera y a las masas chinas a combatir el revisionismo. El PCM abandonó
el deber internacionalista que Mao declaraba con tanta energía
a los comunistas del mundo.
Hoy, es obvio que el PCM analizaba desde una óptica centrista
la batalla de vida o muerte entre el cuartel general revolucionario
proletario dirigido por Mao y la “Banda de los Cuatro”
por un lado, y la cofradía de revisionistas y seguidores
del camino capitalista (Chou Enlai, Deng Xiaoping, Li Siennian,
Yeh Chingying y Jua Kuofeng) por el otro. Tal posición centrista
sobre la lucha entre las dos líneas hizo que el partido se
inclinara hacia la derecha, se volviera revisionista y se desintegrara
tan rápidamente después de la muerte de Mao Tsetung.
No captar la importancia central de la lucha entre las dos líneas
significa no captar la instrucción de Mao de que hay contradicciones
en todas las cosas, hasta en un auténtico partido comunista
y que los dos aspectos de la contradicción principal que
contienden en un partido proletario son la línea burguesa
reaccionaria y la línea proletaria revolucionaria, que bajo
el socialismo representan el camino capitalista y el camino socialista.
No captar el “núcleo de la dialéctica”
significa desconocer la importancia central de la filosofía
marxista en la vida del partido. Inevitablemente en el PCM eso condujo
al revisionismo y al abandono de la revolución y a aceptar
el orden establecido.El centrismo, preludio del
revisionismo y del abandono
de la revolución¿Qué nos enseña la media
vuelta de la dirección del PCM sobre el GRCP?
Es claro que el pragmatismo y el centrismo predominaban en la dirección
del PCM durante los años en que el mismo supuestamente se
había limpiado de las influencias erróneas y oportunistas
de derecha y que supuestamente desde 1961 “había establecido
una línea revolucionaria proletaria”. La dirección
del PCM dijo que necesitaba una “retaguardia” segura
para poder funcionar y que la China revolucionaria servía
como esa “retaguardia”. Por lo tanto, apoyó cada
acción de China en cada vuelta y revuelta de los acontecimientos,
durante la marea alta como durante la baja, pero es muy cuestionable
a qué grado la dirección captaba los deslindes de
línea que comentaba, cuán firmemente sostenía
el internacionalismo proletario o en qué medida obraba en
pos de sus propios intereses estrechos. Eso sale a la luz al poco
tiempo de morir Mao, tras despejar el escenario luego del arresto
y encarcelamiento de los líderes del cuartel general revolucionario
proletario (la “Banda de los Cuatro”), dirigido por
Chiang Ching y Chang Chunchiao. ¿Se atrevió a “ir
contra la corriente” el PCM cuando los líderes revisionistas
chinos tomaron el Poder y traicionaron la revolución y el
socialismo? ¿Se adhirió la dirección del PCM
al internacionalismo proletario cuando no ayudó a las masas
chinas a desenmascarar el triunfo de los seguidores del camino capitalista
y la restauración del capitalismo? La dirección del
PCM dio la bienvenida a la victoria de los “impenitentes”
seguidores del camino capitalista y su ascenso al Poder. En esa
situación, el centrismo del PCM sobre muchas cuestiones relativas
a la lucha entre la línea burguesa reaccionaria y la línea
proletaria revolucionaria en China, entre el camino socialista y
el capitalista y entre el nacionalismo y el internacionalismo, inevitablemente
llevó a abandonar la línea revolucionaria y la lucha
armada en Malaya.
La dirección de Chin Peng ejemplifica el servilismo en el
PCM. El servilismo en las relaciones internacionales del partido
con el Partido Comunista de China significaba el servilismo en el
partido, lo que sofocaba la sangre del mismo y obstruía el
debate político y la lucha entre las dos líneas, elementos
cruciales para revitalizar el dinamismo de la organización
del partido a varios niveles. Así es la visión maoísta
de la vida de un partido comunista. No captar eso quiere decir no
captar a fondo que las contradicciones están en todas las
cosas; significa no captar la ley de la dialéctica ni aplicarla
al funcionamiento de un partido marxistaleninistamaoísta.
La visión monolítica de un partido comunista que predominaba
bajo la dirección de Chin Peng convirtió a sus miembros
de luchadores revolucionarios intrépidos y entusiastas en
serviles seguidores de los líderes del partido. Se erosionó
la capacidad de los miembros de distinguir entre la revolución
y el reformismo y entre el internacionalismo y el nacionalismo,
y la chispa revolucionaria que al inicio impulsaba al partido, se
extinguió gradualmente. Por eso, un partido marxistaleninistamaoísta
se transformó rápidamente en un partido revisionista:
comunista de nombre, pero de esencia burguesa.
La lucha, facciones y divisiones en el partido
A principios
de los a9‘1970, en el momento en que la guerrilla armada del
PCM avanzaba hacia el sur desde sus campamentos en la frontera sur
de Tailandia, se levantaron acusaciones de traición y espionaje
en los campamentos. Un gran número de miembros del partido
y algunos del Comité Central, acusados de traición
o de ser espías de la policía, fueron ejecutados en
esos campamentos. Con gran dolor, Chin Peng cuenta esos sucesos,
sobre todo los nombres de algunos viejos camaradas de la guerra
contra Japón y de la guerra colonial contra los británicos.
Aunque no acepta las acusaciones (contra tantos miembros del partido
y tantos viejos camaradas), no asume ninguna responsabilidad al
respecto.
Dos campamentos, Betong Occidental y Sadao que colindaban con Malaya,
rompieron vínculos con el PCM y formaron partidos separados:
el PCM Marxista/Leninista y el PCM (Facción Revolucionaria).
Ambas facciones tachaban de “revisionista” al Comité
Central dirigido por Chin Peng, pero éste no dice nada de
los deslindes ideológicos centrales ni de la línea
básica para la revolución de nueva democracia en Malaya.
La única insinuación sobre la línea política
e ideológica de esas facciones es una referencia a su rendición
a las autoridades tailandesas en 1987, dos años antes de
que Chin Peng firmara el “acuerdo de paz” con los gobiernos
malayo y tailandés que puso fin a la lucha armada.
En un partido comunista sano y vigoroso, la lucha entre diferentes
ideas y líneas lleva a una a prevalecer sobre la otra, lo
cual impulsa el avance del partido entero. Por la visión
de unidad monolítica que prevalecía en el PCM, los
militantes temían expresar puntos de vista divergentes y
ocultaron la presencia de diferentes ideas sobre la aplicación
de una línea marxistaleninistamaoísta en la revolución
de nueva democracia y la guerra popular en Malaya. En el caso de
una operación enemiga exitosa, como la captura de algunos
cuadros o el corte de las líneas de comunicación entre
los guerrilleros y sus partidarios clandestinos, los altos cuadros
del partido e integrantes del Comité Central del cuartel
general del partido levantaron sospechas de la infiltración
de espías enemigos, lo que llevó a juicios (sin apelaciones)
y ejecuciones. Luego, se levantaron más acusaciones y contraacusaciones
entre los campamentos bajo el control directo del Comité
Central y los demás.
¿Embrollaron esos sucesos la aparición de líneas
opuestas y de la lucha entre las dos líneas en el partido,
que reflejaban puntos de vista largamente sostenidos (contrarios
a los del Comité Central), dudas sobre la lucha armada y
la revolución de nueva democracia y el concomitante descontento
latente sobre el estilo de trabajo de la dirección del partido
entremezclado con la oposición a la campaña de entonces
de “encontrar y eliminar” a los agentes enemigos? Al
parecer, Chin Peng lo admite al decir que había problemas
“profundamente arraigados”, pero no dice nada más
al respecto.
La traición de Deng a los partidos fraternales
Como relata Chin Peng, desde 1981 Deng Xiaoping “lo animaba”
a “buscar conductos para alcanzar un acuerdo de paz”
con el gobierno burocrático capitalista de Malaysia. En ese
año, Deng le ordenó bruscamente desmantelar las operaciones
de la emisora Suara Revolusi en el sur de China. Chin Peng
no podía sino obedecer. Deng ya había ordenado cerrar
la emisora del Partido Comunista de Tailandia, “La voz de
los tailandeses ibres”.
Deng justificó las medidas diciendo que China necesitaba
buscar arreglos con el imperialismo y con los Estados clientelares
del imperialismo en el sureste de Asia, sobre todo con el bloque
del imperialismo occidental encabezado por Estados Unidos. Esa posición
contrastaba marcadamente con el firme apoyo de Mao a las luchas
revolucionarias en todo el mundo, incluso en los momentos en que,
bajo su dirección, China comenzó a “abrirse
al occidente”.
Cuando el rival imperialista de Estados Unidos, la Unión
Soviética, apoyó a Vietnam, que había invadido
y ocupado a Camboya en 1978, Deng decidió que China tenía
que alinearse con Estados Unidos y con otras potencias imperialistas
occidentales. Eso se compaginó con su teoría de los
tres mundos, que veía en la Unión Soviética
una amenaza a China, sostenía que la hegemonía soviética
y la expansión de su poder e influencia en el mundo amenazaban
la paz mundial, y subordinaba todo a la lucha contra la Unión
Soviética. O sea, China necesitaba mejorar sus relaciones
con la Tailandia proestadounidense y otros Estados neo y semicoloniales
de la región, tal como Malaysia, para poder reforzar su apoyo
militar para los Jemeres Rojos de Camboya, ya que la región
oriental de Tailandia servía de conducto para suministrar
armamento chino. En ese contexto político altamente volátil
y ante el veloz curso de los acontecimientos, los partidos comunistas
prochinos que libraban luchas armadas en el sureste de Asia, tales
como el PCM, el Partido Comunista de Tailandia y el Partido Comunista
de Birmania, eran meros peones en la contienda entre los bloques
imperialistas rivales y pesaban cada vez menos en los planes de
los nuevos gobernantes revisionistas chinos.
Esos acontecimientos ocurrían en el marco de la reagrupación
de los auténticos comunistas revolucionarios maoístas
del mundo. El Movimiento Revolucionario Internacionalista, formado
en 1984 sobre la base de la defensa de las contribuciones revolucionarias
de Mao, defendió con osadía la GRCP de China y se
dispuso a revocar el viento revisionista que entonces soplaba sobre
los comunistas del mundo y a levantar la bandera roja del internacionalismo
revolucionario. Lanzó ataques demoledores al camino capitalista
de Deng y puso al desnudo el revisionismo de China. Se inició
una poderosa guerra popular en el Perú. En 1993, el MRI adoptó
el marxismoleninismomaoísmo como nueva, tercera y superior
etapa de la ciencia de la revolución. Pero entonces como
hoy el oportunismo de derecha y el revisionismo siguen azotando
al PCM y a otros partidos comunistas del sureste de Asia, y, por
eso, para los que sueñan con un mundo sin opresión
y explotación aún es de máxima prioridad hacer
la ruptura ideológica y política que necesitan las
masas para forjar una auténtica vanguardia revolucionaria
ahí.
Conclusión
Es de suma importancia la dimensión internacional: que anteriormente
existía una auténtica sociedad socialista en China
como faro para el proletariado mundial. Eso tiene más importancia
para el movimiento comunista del sureste de Asia dada la proximidad
de China y el fuerte apoyo material, moral y político y el
internacionalismo que ésta dio a los partidos comunistas
de los países de la región. Para comprender qué
es el socialismo y qué no, es crucial tener claridad acerca
de la dinámica de los cambios que tuvieron lugar en China
durante la GRCP y después de la misma. Asimismo, esa claridad
es crucial para comprender el concepto de la lucha de clases enla
sociedad y cómo se manifiesta en el partido comunista en
la forma de la lucha entre las dos líneas. No tener claridad
al respecto conducirá a abandonar la esencia del marxismo.
Los partidos comunistas del sureste de Asia en general y de Malaysia
en particular figuran entre los partidos que no tienen claridad
sobre este asunto primordial. Como no colocan los deslindes de línea
política e ideológica y de la lucha entre las dos
líneas al centro de la vida de sus respectivos partidos,
inevitablemente se quedan sin elementos para defenderse del peso
muerto del pasado y de la milenaria sociedad de clases y son presa
fácil de varias formas de ideología burguesa. Por
tanto, el golpe que acabó con la lucha armada revolucionaria
de Malaya no se dio en el campo de batalla contra el odiado enemigo,
sino en la misma dirección del partido. Este duro testimonio
de la fuerza de la línea política e ideológica
constituye una lección para las futuras generaciones de revolucionarios:
Chin Peng nos da lo que nuestros camaradas chinos solían
llamar una “lección por ejemplo negativo”
Notas
1. El país de Malaya se ubicaba en el sureste de Asia entre
Tailandia e Indonesia y se constituía de 11 estados, entre
ellos la península de Malaya y Singapur. En 1963, se le unieron
los antiguos territorios británicos de Borneo, Sabah y Sarawak
en la Federación de Malaysia. Los colonialistas británicos
se dispusieron de este arreglo para prevenir que los territorios
de Borneo cayeran en las manos de la entonces radical, anticolonialista
y nacionalista República de Indonesia. Así se conservó
la dominación imperialista sobre esos territorios. Se denegó
el derecho a la autodeterminación nacional para los pueblos
de Sabah y Sarawak. La izquierda en general, y el Partido Comunista
de Malaya en particular, nunca aceptaron el concepto imperialista
de Malaysia.
2. En Malaysia viven diferentes nacionalidades: malayos, chinos,
indios, varias tribus autóctonas (llamadas en general orang
asali), tailandeses, de Sri Lanka y muchas nacionalidades más
de varias partes de Asia.
3. La mayoría de los indios originalmente eran pequeños
campesinos desterrados del estado de Tamil Nadu del sur de India
que los británicos trajeron como jornaleros bajo contrato
obligatorio. Los jornaleros formaron el grueso de la fuerza de trabajo
en las plantaciones pertenecientes a los británicos en Malaya.
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