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Música
popular iraní desde un punto de vista social
En el original
en persa, aparece la palabra “pop”. Se refiere al fenómeno
general de la música popular contemporánea y no al género
“pop” del occidente. — Nota del traductor.)
Reimpreso del periódico
Haghighat (#15, mayo de 2004) del Partido Comunista de Irán
(MarxistaLeninistaMaoísta). Traducido por UMQG.
La “música pop” llena hoy una parte importante
de las necesidades culturales y espirituales de los pueblos del mundo;
cada sociedad la produce. Cientos de millones de jóvenes que
la escuchan se animan o se deprimen, la cantan y la bailan. Los hace
razonar o ser libres de preocupaciones. Una canción de cuna
lleva a dormir o un grito de furia retumba en el pecho. “Pop”
se refiere a popular, al público en general y a la música
con que los jóvenes se identifican, por el ritmo, melodía,
letra y mensaje. Puede influenciar a amplios sectores sociales, sobre
todo los jóvenes, y reflejar los sentimientos y las cuestiones
sociales y políticas de un lugar y momento dados*. La música
pop está estrechamente ligada a la situación social
de cada país y asume un carácter y sabor “nacional”.
Si bien la expansión mundial de las comunicaciones en el arte
y cultura ha traspasado las fronteras y diferencias nacionales de
la música, aún quedan claras diferencias y características.
Las diferencias de idioma han limitado la capacidad de la música
de penetrar e integrar diferentes sociedades. Por las comunicaciones
científicas y culturales mundiales, algunas palabras y expresiones
de idiomas fuertes y dominantes se usan en otros, pero la textura,
musicalidad y manera de ser de un idioma cambian con lentitud y dificultad.
La situación es distinta en el caso del ritmo y melodía:
se traspasan con mayor facilidad entre los países y entre los
distintos estilos de música nacionales. Las actitudes políticas,
sociales y personales comunes se han abierto paso en la música
popular de varios países, por diversas razones: la mayor globalización
del sistema imperialista y la mayor información disponible
para las masas, y el debilitamiento o eliminación de aspectos
importantes de las relaciones tribales y de familia extendida en las
partes menos desarrolladas del mundo; por eso surgen mayores similitudes
en las relaciones entre mujeres y hombres, y entre padres e hijos,
entre diferentes países.
Las características de la música popular iraní
reflejan esa situación. Todo empezó en los años
1950 [a inicios de los años 1330 según el calendario
iraní] cuando emergió una tendencia a incorporar los
instrumentos y melodías occidentales. En el contexto del pensamiento
dominante en la música de entonces, esta tendencia era una
forma novedosa. Pero no emergió nada nuevo en la letra. El
mensaje era el mismo que el de los tradicionalistas, aunque a veces
dejó el tema de amor por el de la naturaleza. Tomaron las melodías
principalmente de la música sosa y conservadora italiana y
francesa y unos temas armeniorusos, arabesco, flamenco y música
folclórica española. La música se hizo tan famosa
como el jazz aunque distinta, pues el jazz roviene de las canciones
melancólicas de los esclavos negros en los Estados Unidos.
Esta música no se comparó con la entonces gran ola de
música en el occidente: el rock*nrol, que rompía muchas
barreras de ritmo, compás y melodía, idioma, ejecución,
instrumentos y letra. A pesar de su conservadurismo, el “jazz”
iraní abrió brecha para una nueva música pop
con las canciones La muerte del cisne, La fría brisa de Mehregans,
La dorada Charette y Cuando de noche en el desierto.
Es importante señalar algunas características del “jazz”
iraní para poder apreciar mejor la evolución que le
siguió.
Primero, la letra no tuvo contenido social y no trató asuntos
sociales y políticos ni por alusión. También
tuvieron efectos negativos el conservadurismo y el temor general tras
el golpe de Estado de 1953 [en que el gobierno del reformador nacionalista
Mossadegh cayó en el golpe de Estado de la CIA, que restauró
la monarquía del cha). Algunos cuantos músicos folclóricos
integraron la vida y trabajo del pueblo en el canto.
Segundo, con la excepción de unas canciones folclóricas
campesinas, se reflejaba el viejo romanticismo aristocrático
en el lenguaje e intereses de clase en la letra: descripciones de
los atributos físicos de la mujer amada, quejas y lloriqueos
de los engaños de ella e ideas feudales sobre la mujer como
propiedad del hombre.
Tercero, las canciones de amor se escribieron exclusivamente con un
punto de vista y lenguaje masculinos. Las descripciones del ser amado
y de las historias de frustración y rivalidad venían
de los hombres, aun si las cantaba una mujer. En general, las cantantes
no eran conocidas en este campo y no había compositoras. La
mujer tuvo un papel mínimo y secundario en un puñado
de dúos (en que mujer y hombre cantan la misma canción).
Aunque una mujer no era boba y pasiva y dialogaba con el hombre, éste
todavía la eclipsaba. Por el carácter cómico
y ligero de estos dúos, que por lo general tenían un
final feliz, eran marginales y poco serios.
Cuarto, la mayoría de las canciones mencionaron a dios, como
último sostén en quien el cantautor se refugia en el
abismo de la desesperanza y el engaño de su amada o de la vida
misma, o como al ser a quien el poeta le dirigía sus penas,
el elemento clave y determinante del destino humano. La omnipresencia
de dios en la letra y estrofas de las canciones habla del dominio
de la superstición, lo que minaba el espíritu de protesta,
rebelión y cambio en las obras.
Quinto, en este campo de la música, no había cantautores.
Sus homólogos franceses e italianos cantaban, escribían
y componían canciones, pero no fue así en Irán:
en el mejor de los casos el cantante tocaba un solo instrumento. Por
la falta de cantautores, muchas canciones padecían sentimientos,
contenido y estilos discordantes, y el contenido no correspondía
al estilo. Eso dio resultados pobres y débiles. La falla principal
de este campo fue la separación de los componentes de producción.
Cada persona tenía que hacer su parte sin relación con
los demás, al igual que los empleados de una oficina. No hubo
debate, diálogo ni influencia mutua entre cantautor, compositor,
cantante y arreglista. Por considerar que no era necesario o por el
orgullo y prejuicio feudales y la mentalidad de monopolio, se impedía
que unos entraran al campo de otros.
La música pop con conciencia
A fines de los años 1960 (1340), surgió una nueva onda
musical que cambió rápidamente el carácter y
timbre de las canciones y se granjeó un enorme público.
Los precursores eran jóvenes que no se sintonizaban al viejo
espíritu de derrota y letargo, conocían los cambios
de la música occidental y tenían suficiente valor y
autoestima como para subvertir la mentalidad reinante de la radio
y mercado de discos. No cayeron del cielo ni tenían ideas y
obras imbuidas de “talento divino”, sino eran producto
de las condiciones objetivas y subjetivas. Sus ideas y acciones en
la esfera cultural y artística se formaron y se desarrollaron
en las mismas condiciones.
En esos días, el tejido tradicional de la sociedad urbana vivía
cambios bruscos y agitados. La emigración del campo presionaba
enormemente a las ciudades. El desarrollo de las relaciones capitalistas
y el surgimiento del mercado de trabajo en las ciudades aceleraron
el ritmo de la vida. Entraron masas de migrantes de un lugar u otro
en busca de trabajo, y gran número de mujeres dejó el
hogar y se integró a la vida social. Los estudiantes conocieron
al mundo exterior y otras oportunidades, los pequeños capitalistas
corrieron a subir la escalera del éxito y amasar fortunas lo
más rápidamente posible, y los señores feudales
se levantaron de sus camastros para transformar en capital sus tierras
y riquezas. Las melodías de ayer, de la música tradicional
paralizante, ya no encajaban en la nueva situación.
Los iniciadores de la música pop iraní tenían
ideas políticas y conciencia social. Eran compositores, cantantes
y cantautores jóvenes que se oponían de diversas formas
al despótico poder dominante. No se conciliaron con la represión
y censura. Se identificaron con los intelectuales revolucionarios,
quienes habían prendido la mecha de la lucha armada contra
la monarquía. Algunos seguían las luchas por ideales
y las revoluciones de otros países y se inspiraban en Vietnam,
Palestina, la Revolución Cultural de China y la lucha revolucionaria
de los años 1960 en el occidente, como la lucha de los negros
y el movimiento contra la guerra en Estados Unidos. Muchos habían
escuchado a los Beatles, Pink Floyd, Bob Dylan, Janis Joplin, The
Doors, Theodorakis y muchos más. Este ánimo y conciencia
infundió creatividad y vida en las obras de este período
y fortaleció el espíritu de oposición y rebelión
de su público. Esta generación joven y bulliciosa buscó
y encontró un mensaje diferente en las metáforas, frases,
acordes, ritmos y golpes. Aunque expresaban desesperanza y ambigüedad,
las canciones abrigaban una furia y frustración producto del
descontento social. Las canciones románticas sabían
nuevas y naturales, como parte de las condiciones y vida de sus creadores.
Los temas de separación y pena personal de los versos cedieron
al dolor común y colectivo. En este ambiente, se crearon Olor
de trigo, Viernes, Eres la lluvia, Hogar, Sin salida, Ventanas gemelas,
Dos peces, Ríos, Espejo, Amigo siempre fiel, Pájaro,
Namaz [oración] (que bajo el cha, se rebautizó Niaz
[necesidad] a instancias del clero) y otras canciones. En las jornadas
de la revolución de 1979, la música pop rebasó
la censura e irrumpió en la calle con lenguaje directo, y las
alegorías y alusiones dieron cabida a alegría y consignas.
Tanto que decir, Mi tierra nace en sangre, Los cantantes del amanecer
y Engañador salieron en ese entonces. El establecimiento de
la República Islámica acabó con un luminoso florecimiento
de la música pop iraní.
Las limitaciones del pop
Aquí es importante señalar unas características
importantes de esta música antes de la revolución de
1979.
Primero, las palabras políticas contra el gobierno, directas
e indirectas, empaparon la música cotidiana, principalmente
con alegorías y personajes simbólicos. Aunque el mundo
vivía una gran efervescencia revolucionaria, eso no se expresaba
en las canciones. El pensamiento nacionalista de los artistas, si
bien no explícito, no aceptaba la solidaridad internacional
y el espíritu internacionalista. La canción Ah, afligido
del oriente fue una excepción: se inspiró en la guerra
de liberación de Vietnam. El punto de vista dominante reflejaba
las tendencias y aspiraciones de los intelectuales de la clase media
(la pequeña burguesía urbana y la burguesía media),
que iban del optimismo y combatividad a la desesperanza y frustración.
Segundo, por su contenido limitado y anticuado y separación
de la nueva vida urbana, no recibieron mucha atención las canciones
folclóricas. Por ende, el pop no tocó el trabajo, vida
y lucha de los oprimidos y pobres, ni siquiera en la música
folclórica. La música pop de los años 196070
tuvo menos pegue que la “música de la calle” tuvo
en los trabajadores y capas bajas de las ciudades. (Por “música
de la calle” se refiere a la que se tocaba en los taxis y autobuses
suburbanos, con el sabor y el espíritu de los oprimidos y pobres
y un lenguaje callejero.)
Tercero, el punto de vista masculino todavía dominaba. Las
canciones no contaban el sufrimiento de la mujer ni su odio a las
relaciones patriarcales y machistas, ni le daban alas a los sueños
de emancipación de las mujeres, aunque unas cuantas canciones
retrataban las relaciones románticas desde el punto de vista
de la mujer o desde una perspectiva común (por ejemplo, Compañero
de piso, Mi hombre, Divorcio y Par de peces). Los hombres también
dominaban el medio. Todos los compositores y arreglistas eran hombres.
Había pocas cantautoras. Las artistas buscaban y encontraban
un lugar principalmente como cantantes.
Cuarto, en las canciones se redujo el papel y presencia de dios. Pero
el destino todavía era tema de muchas canciones. En esos años,
claro está, salieron canciones fuertes y buenas, que cifraban
esperanzas en los seres humanos y no suplicaban a fuerzas celestiales
e imaginarias.
Quinto, se inició el trabajo en equipo en la música
pop, lo que elevó la calidad, profundidad y efecto. Unos artistas
jóvenes inspirados tomaron la iniciativa. Debatían los
elementos de la producción musical: contenido, tema, estilo,
letra y melodía. Desarrollaron compañerismo y un acercamiento
genuino y colectivo. Compartían lo que pasaba tras bambalinas
(las condiciones de trabajo y las políticas oficiales hacia
los artistas y los medios de difusión, y las luchas y sacrificios
de los revolucionarios). No buscaban el dinero y la fama personal,
pues tenían un compromiso para con el pueblo. Una y otra vez,
la ejecución de un revolucionario por el gobierno, una experiencia
directa con la pobreza y la miseria, o la noticia de un hecho social
hrrendo inspiraban nuevas canciones.
Al ascenso de la reacción teocrática [198081] lo acompañó
la invasión de creencias e ideas de la edad media en el arte
y un monopolio en los medios de comunicación. Una gran cantidad
de artistas no encontraba cómo expresarse. Desde el principio,
a las mujeres se les prohibió cantar solas y se les redujo
a cantar en coros, lo que dictaba que, según el islam, en todos
los aspectos de la vida social, la mujer es secundaria y subordinada
al hombre y no puede trabajar por su cuenta en ningún campo.
Poco antes de febrero de 1979, los músicos profesionales allegados
de la monarquía, que creaban obras dentro de la estructura
ideológica y cultural de la reacción oficial, comenzaron
a dejar el país. Los artistas del pueblo, como los iniciadores
de la música pop que favorecían la revolución,
se quedaron, y con ojos incrédulos miraban mientras que el
gobierno islámico descabezaba la revolución y enterraba
las esperanzas y aspiraciones del pueblo. Al igual que miles y miles
de personas más, se enfurecieron y empezaron a resistir, pero
tuvieron que rendirse doblegados y batirse en retirada, confundidos
y desesperanzados. En esos días de sangre para la revolución,
se suprimieron No más canciones de cuna y otras tonadas, que
llamaban a la resistencia. No era de extrañarse que tales canciones
se inspiraran en el movimiento revolucionario del Kurdistán,
una trinchera revolucionaria del pueblo en lucha armada contra la
ola de reacción religiosa. Poco después, salió
Compañero de escuela, menos explícita, que sobrevivió
los primeros días de la guerra y pudo despegarse en la rebelión
de otra generación.
Ante la represión de la República Islámica, la
música pop salió al extranjero. Primero, reinó
un aire de nostalgia: los que antes de la revolución tenían
privilegios y altas posiciones añoraban la vida del pasado,
los nacionalistas añoraban el suelo de la patria, y los revolucionarios
y sus partidarios añoraban a los camaradas caídos y
las oportunidades de cambiar la vieja sociedad y liberar al pueblo.
Las canciones del destierro retrataban esos sentimientos. Los iniciadores
y la vanguardia de la música pop estaban heridos y confundidos,
pero sobre todo, dudaban de sus ideales. Las canciones daban los últimos
respiros de protesta y combatividad del futuro. Se veían bloqueadas
las formas de conectarse con el público de la música
pop en Irán. Una devastadora guerra, la represión y
la asfixia asolaban al país. El mercado de música fuera
del país lo controlaban comerciantes procha que habían
huido de la revolución de 1979. El mercado se orientó
a los gustos de quienes querían recrear el arte y cultura oficial
que dominó antes de 1979. Los principales clientes eran los
ricos exilados. En las fiestas necesitaban música alegre, y
para llorar y lamentar necesitaban música pasiva y nostálgica,
con sentimientos religiosos. Sumidos en la desesperanza, sin ideales
y ante las presiones del mercado, se dividieron los iniciadores. Se
distanciaron. Ya no componían y si sí, no era la letra
o melodías necesarias.
¡Pero aún había esperanza! El público de
la música pop abarcaba más que unos ricachones con malos
gustos. Cientos de miles de jóvenes escaparon del fuego de
la guerra reaccionaria y buscaron refugio en el extranjero. ¿Cómo
responder a sus necesidades espirituales y culturales? En Irán
anhelaban escuchar canciones. El canto traspasó muros y alambre
de púas y por miles de canales subterráneos llegó
al mercado negro. La letra salió de bocas antes de que los
guardianes reaccionarios pudieran taparlas. Había muchas canciones
como El pop de Los Ángeles con la típica superficialidad
de que todo va bien. De otro lado se crearon canciones influyentes
que llegaron al oído de las masas y les llenaron el corazón,
tales como Pan, queso y picante, Dulce, Hogar rojo, Selva agitada,
Ms Sol, Llévame a casa y Cometa. Pronto, las canciones pop
producidas en el exterior entraron al país y eharon a un lado
la cultura de lamentos y canto fúnebre musulmán.
Mullas sin ritmo
La República Islámica perdió el ritmo. Lo que
los medios de comunicación del gobierno querían imponer
como obra cultural y artística no tuvo eco y suscitó
odio y resentimiento. A la juventud, incluso a los hijos de los gobernantes,
no les gustó el “arte islámico”. Los encargados
de seguridad del gobierno temían la situación y buscaban
una solución. A inicios de los años 1990, copiaron las
instrucciones del FBI sobre amenazas de seguridad y cómo eliminarlas;
imitaron a sus padrinos norteamericanos en este campo. De acuerdo
a los funcionarios de seguridad interna yanquis, hay tres formas de
eliminar los peligros de seguridad. Primero, con el trabajo de reconocimiento
y prevención antes de que ocurra el peligro. Segundo, con la
represión después de que ocurra. Tercero, con la cooptación
y asimilación de la amenaza, al convertir un elemento negativo
en uno positivo para el gobierno. Por ejemplo, la manera en que la
industria cultural estadounidense trata a las corrientes de música
que entran en escena con un estilo de arte de protesta que se opone
al sistema y que se populariza rápidamente entre los oprimidos.
Los dueños de la industria y los encargados de la política
cultural no boicotean y suprimen, sino adoptan el estilo y le cambian
el contenido; tratan de comprar y corromper a los iniciadores o de
echarlos a un lado y silenciarlos. Con las obras deformadas producto
de esta política promueven su propia ideología, valores
e ideas en el seno del pueblo. La República Islámica
decidió hacer lo mismo con la música pop, en plan de
regresar al pasado y lavarle el coco a la juventud.
De repente, una música pop deformada abrió cancha en
la radio y televisión. El pop ya no era taghoti y haram [blasfemo
y pecador]. Los jóvenes que se escondían en sótanos
y cuartuchos para tocar y ensayar la música pop empezaron a
salir con cautela. Pero había barreras que no se podían
cruzar, y no era broma. ¡Estuvo prohibido cantar lo que implicara,
en cualquier forma o metáfora, cualquier resistencia, oposición
o lucha contra el gobierno! ¡Prohibido hablar de las injusticias
u horrores de la sociedad de clases! ¡Prohibido hablar del deseo
de las mujeres por la igualdad o de los sentimientos de las mujeres!
¡Prohibido decir que la humanidad debería de decidir
su propio destino y denunciar la superstición! ¡Prohibidas
las historias de amor y relaciones románticas genuinas y sentidas
entre hombres y mujeres! [Esta lista de “prohibiciones”
se basa en una canción de ese tiempo.] De acuerdo a las reglas
de los aparatos oficiales de represión y censura, los artistas
podían escribir canciones políticas y sociales a condición
de promover las políticas actuales del gobierno. Por ejemplo,
los artistas podían elogiar la “belleza y grandeza”
de la guerra reaccionaria o alabar al país y los súbditos
islámicos que lo ensalzaban en contra de los pueblos de otros
países, con nacionalismo fascista. No se permitía hablar
de amor, a no ser que fuera de un amor gnóstico, por dios,
profetas e imanes. Sólo se podía presentar el gusto
por el sexo opuesto de forma apagada, sin fuego de deseo, de forma
platónica enfermiza.
El reto de hoy
La música sin alma, artificial e impotente que se ha producido
y distribuido en Irán como música pop es producto de
estas políticas y reglas reaccionarias. Reina un grupo de compositores,
cantautores y cantantes oportunistas y mercenarios que produce “música
pop” de acuerdo a las instrucciones (“recomendaciones”)
del aparato cultural del gobierno. Por ejemplo, ¡piden que compongan
una canción que fomenta la oración (namaz) o la necesidad
de hablar de dios, o una que elogia a las fuerzas armadas con el mismo
sabor que las de Ebi [un cantante de Los Ángeles]! Hurtan las
melodías, letra, frases y alegorías de otros cantantes
y las mezclan con contenido reaccionario. Producen porquería
a sueldo. Hoy, dicen que ¡el canto fúnebre musulmán
e himnos son pop! Con la melodía de El rey de corazones elogian
al imán Hossein. Puede decirse que la canción Payaso
es la que más orientación social tiene en el pop oficial,
con su diluida y hueca compasión por los pobres, más
afín a una obra de caridad. La más política es
La calle de los sueños, que pretende la espada del imán
Alí y quiere ser “un verdadero chiíta” contra
los saqueadores del tesoro y los Ibn Moljem de hoy.
Pero también están los marginados, o sea, la mayoría:
los jóvenes entusiastas sin ni un quinto, talentosos pero modestos.
No tienen aspiraciones ni misiones personales. Sueñan con ir
al extranjero, crear libremente y volverse famosos. Veneran a los
iniciadores de la música pop convencidos de que no se les pueden
asemejar, pero no están dispuestos a asumir el papel de iniciador
en las condiciones de hoy. En resumen, están atrapados en el
conservadurismo y censura propia. Algunos, a fin de ganar mucha plata
pero bajarle ante los censores islámicos, caen en la trampa
de cantar letras narcotizantes de amor a dios de cientos de años
atrás. Es decir, vino nuevo en odres viejos que no sirve a
las necesidades de hoy. O como se dice, para zafarse de la “decadencia
de Los Ángeles” vagan por los desiertos y montañas
y crean canciones inocuas acerca de la naturaleza y primavera. Sus
melodías infantiles y sosas traen a la mente canciones de “programas
de niños” desprovistas de altibajos repentinos, de movimiento,
de choques. Cuando quieran cantar con “osadía”
y dar un mensaje político, cantan refritos de Oh Irán
u otra canción con el mismo contenido nacionalista que no ofenda
a nadie. Cuando canten de amor o romance, la mojigatería no
puede contra las canciones y videos románticos y eróticos
del exterior. Para eso, prefieren ir al mercado pop extranjero.
Ante esta situación los jóvenes músicos honestos
hablan acerca de una sin salida de la música. No hablan de
una crisis temporal o pasajera, sino de que la música pop ha
llegado a un final sin salida en Irán. Es cierto que el “pop
iraní”, no solamente el pop en Irán, atraviesa
una crisis. Para que esta música se desarrolle y supere la
crisis, se necesita una nueva ola iniciadora de forma y contenido
con obras sociales jóvenes, nuevas y avanzadas que rompen tradiciones.
La represión y censura tratarán de bloquear la producción
y distribución oficial de tales obras. Pero no se puede bloquear
las ideas y actividades mentales de artistas creativos. Se pueden
crear obras clandestinamente, enviarlas al extranjero, y de ahí
emprender la distribución pra que regresen a Irán. Se
pueden canalizar la letra y melodías de estas canciones para
que las canten artistas comprometidos en el extranjero con su propio
talento y mayores recursos. Lo importante es que los artistas, de
dentro y fuera de Irán, reconozcan su misión y su compromiso
social. A los artistas avanzados que viven en el extranjero aún
les toca una parte importante del trabajo de superar esta crisis y
fijar la dirección de las cosas. Existen elementos favorables
para tal cambio. Existen innumerables temas sociales y políticos
que pueden inspirar a los artistas del pueblo. Tenemos a músicos
con décadas de experiencia, que han dominado la técnica
y lenguaje de la composición de canciones. Aumenta el número
de mujeres, si bien no tanto, en el campo de tocar y componer música.
Han enriquecido el pop iraní la influencia e integración
de melodías y ritmos de la música latina, y en menor
medida del hiphop y del rap. La experimentación e innovación
en el lenguaje de la letra han dado fruto, con expresiones e interpretaciones
creativas y sorprendentes. Prohibido, Arriba, Chovinismo machista,
Rómpelo, La desnudez y Flores raras son ejemplos del naciente
movimiento. Lo que falta es tomar conciencia de la causa de la liberación,
que debe sembrarse en la mente y las actividades de los trabajadores
en el campo del arte. Los iniciadores tienen que volver a encontrarla;
los viajeros jóvenes tienen que llegar a conocerla. Lo que
todavía se necesita es el espíritu de rebelión
y protesta que aporree los tambores, toque las teclas y rasguee las
cuerdas; que dispare canciones como flechas de los arcos de los instrumentos.
El público pide nuevas canciones.
En este artículo, no señalamos por nombre a ningún
cantante, cantautor ni compositor. Únicamente señalamos
las canciones. El objetivo del artículo no es crear autoridades
ni juzgar a individuos. Analiza el contenido de las obras. Con frecuencia,
un individuo crea tanto canciones progresistas como canciones retrógradas.
Pero las canciones mencionadas tienen el sello de ciertos artistas,
y al destacar el valor y papel de esas canciones, esperamos que se
haya expresado el correspondiente reconocimiento a los artistas. |
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